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Mesa de Lares

Creo no equivocarme, más aún estoy convencido de que existe un consenso en el país de que Puerto Rico es claro ejemplo de una situación colonial que ha hecho crisis. Una crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo aún no acaba de nacer.

Es ley de vida que todo lo que nace muere. Lo terrible sin embargo es ese interludio entre la vida y la muerte, cuando la cosa empieza a deteriorarse, degenerarse, corromperse.

Emmanuel Sieyès lo describe bien: “El viejo caduco no se consuela de morir, por fresco y vigoroso que pueda ser el muchacho que ve dispuesto a reemplazarlo. Los cuerpos políticos, como los cuerpos naturales, se defienden mientras pueden del último momento”.

Decisiones recientes de la judicatura y la legislatura de la metrópoli, que huelga reseñar revirtieron el estatuto político de Puerto Rico a tiempos pretéritos a la Ley Foraker. Nunca fue más cierta aquella expresión del jurista alemán Kirchmann: “Tres palabras rectificadoras del legislador convierten bibliotecas enteras en basura”.

De repente –como en el cuento infantil de Andersen, “El Traje Nuevo del Emperador”– se desnuda a la vista de todos cruda y descarnadamente la miseria colonial.

Más de cinco siglos de coloniaje son mucho tiempo. Sus efectos en generaciones de puertorriqueños son imponderables: falta de autoestima, sentido de inferioridad con el colono, dependencia (antivalor este opuesto a la independencia). Se traducen todos en miedo a la libertad, que a decir de Paul Nizan, no es otra cosa que “el poder real y la voluntad de querer ser uno mismo”. No es de extrañar entonces, la afirmación de Albert Memmi en el sentido de que “la primera tentativa del colonizado es cambiar de condición cambiando de piel”.

Es evidente que revertir el sedimento de siglos de aculturación colonial no es tarea fácil. Pero, por otro lado, desprovista de maquillaje y velos encubridores se palpa con menos dificultad la realidad colonial que se sufre y padece.

Como aquellos procónsules del imperio romano, los miembros de la criatura del congreso de la Metrópolis – PROMESA – solventan sus astronómicos gastos operativos con las rentas de la colonia en bancarrota. Y en no poca medida la tan cacareada ayuda federal a su colonia a raíz de los destrozos de los huracanes Irma y María, recuerdan aquella vieja economía de las haciendas, en las cuales emitían su propia moneda con la cual pagaban el salario a sus trabajadores, y obligaban luego a estos a gastarlos en la tienda de su propiedad, en la hacienda. En efecto, un auténtico ejército de carpetbaggers provenientes del norte son los beneficiarios de los grandes contratos federales. En tanto otros hacen fila para adquirir a precio de ganga todo aquel patrimonio de que el gobierno de Puerto Rico –o peor aún la Junta de Control Fiscal– proponga deshacerse.

En definitiva, este apretadísimo recuento de eventos que cobra más fuerza cada día, es fiel reflejo de la descomposición de la relación de servidumbre colonial que hemos sufrido y padecido por espacio de más de cinco siglos. El diagnóstico es claro. Su remedio no lo es menos. El antónimo de dependencia es independencia.

El discurso estadoísta diagnostica correctamente el mal, pero yerra en el remedio. La desnacionalización que exige la anexión, con su requerimiento E Pluribus Unum es lo opuesto a la descolonización. Su teoría es que todos nuestros males desaparecerán como por abracadabra con la estadidad.

Es como la concubina maltratada a diario por su pareja, que piensa que su maltrato terminara una vez formalizado su matrimonio.

Puerto Rico es una Nación, con lengua, cultura, valores e idiosincrasia diferente a la anglosajona. En la realpolitik hay que distinguir entre la igualdad formal y la igualdad real. En rigor no puede calificarse como descolonización la participación vicaria de una soberanía en la cual la Nación Puertorriqueña seria eterna minoría con dos senadores y cinco congresistas en un universo de ciento dos senadores y cuatrocientos cuarenta y cinco congresistas.

Pero ya hay quien incluso abandona el argumento de la representatividad, sugiriendo tímidamente hacer de Puerto Rico un condado de la Florida en caso de la inviabilidad de la estadidad.

En todo caso, el cambio de piel al cual se refiere Memmi, como metáfora de la asimilación de cuerpo y alma, representaría una opción individual (para la cual bastaría el precio de un pasaje), no el suicidio colectivo de una nación

Llegados a este punto, donde van conjugándose, la situación objetiva y la situación subjetiva, resulta imperativo preguntarnos ¿qué hacer?

No son estos tiempos para emular al convidado de piedra. Irónicamente ha sido el partido anexionista, quien en varias ocasiones ha expuesto que se propone crear una crisis a la relación colonial.

Allá para la década de los años sesenta el independentismo organizó La Mesa de Lares. Este instrumento procuraba tomar consensos mínimos entre la diversidad de las organizaciones independentistas. Los tiempos son propicios para retomar esa iniciativa. El primer punto de consenso debería dejar claro que no es posible considerar la desnacionalización como descolonización.

La mesa está servida.

La Madre Tierra y el cuidado

En el calendario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el día 22 de abril es el Día Internacional de la Madre Tierra. Ese día fue creado para recordar la urgencia de un mayor cuidado con el planeta. De hecho, en el año 2000, la Carta de la Tierra, documento de la UNESCO, nos hacía esa advertencia: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en lo cual, a humanidad debe escoger su futuro… La elección nuestra es: o formamos una alianza global para cuidar de la vida, de la Tierra y cuidar de los demás, o arriesgamos nuestra propia destrucción y la de la diversidad de la vida” (Preámbulo).

Actualmente en todo el mundo, los grupos comprometidos con el futuro de la humanidad y los movimientos sociales están de acuerdo: la sostenibilidad de la vida en el planeta debe ocupar el primer lugar en nuestras preocupaciones y compromisos sociales.Y ese cuidado con la Tierra no puede suceder sólo porque si la Tierra se vuelve inhabitable, la primera víctima de esta tragedia seremos nosotros mismos, seres humanos. Por supuesto, no podemos ser indiferentes a esa constatación. Sin embargo, éticamente, la Tierra y la naturaleza tienen derechos a su integridad y la vocación humana es hacer de nosotros los jardineros de la creación y no sus asesinos. La Tierra es Madre fecunda. Sin embargo, ese modelo de desarrollo destruye la naturaleza y hace con que la Tierra ya tenga sobrepasado en un 40% su capacidad de reposición de los recursos necesarios para las demandas humanas. Las consecuencias de eso son desastrosas y pronto, pueden ser fatales. En la encíclica Laudato sii, el Papa Francisco propone como salida para ese impasse una alianza de la humanidad por la vida. En concreto, sugiere que esta alianza sea motivada y conducida por una unidad de las religiones y tradiciones espirituales en defensa de la Tierra.

De hecho, desde los tiempos más antiguos, las culturas y religiones siempre han testimonio la creencia en la Tierra como Gran Madre, Magna Mater, Inana y Pachamama. Los pueblos originarios de ayer y de hoy tenían y tienen clara conciencia de que la Tierra es generadora de todos los vivientes. Sólo un ser vivo puede producir vida en sus más diferentes formas. La Tierra es, pues, nuestra Madre universal.

Es urgente cambiar nuestro modo de ver la Tierra. Es necesario retomar nuestros más profundos sentimientos de compasión e los sueños que inspiran acciones salvadoras. Para los cristianos, celebrar la resurrección de Jesús es contemplar la Tierra y todo lo que ella contiene como un grande cuerpo cósmico de Dios a nos abrigar y acoger en su regazo maternal.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

Pablo Guardarrama: Posmodernidad y marxismo

Hablo con Carlos Rojas Osorio. Es filósofo, profesor, investigador. Ha vivido varias décadas en la isla y ha sido distinguido con la cátedra de honor Eugenio María de Hostos. Ha publicado varios libros. Entre ellos, Pensamiento filosófico puertorriqueño (2001) que es el primero y el único que de manera sistemática da cuenta del tema. ¿Será que no nos creemos capaces de filosofar? Es una pregunta retórica. Pero lo cierto es que esperamos que ese trabajo de historiar nuestro pensamiento espera un relevo.

De los otros libros de Rojas Osorio, recuerdo con agrado Foucault y el posmodernismo (2001) que logra exponer la obra del filósofo francés de modo que sirvió como modelo para “explicarlo” a quienes quieren alguna introducción a esa obra. Además, habría que añadir Foucault y la literatura donde expone el papel de los análisis literarios del filósofo cuyo hermoso Las palabras y las cosas, empieza, precisamente, con una evocación de Jorge Luis Borges.

También ha publicado La filosofía en el debate posmoderno, Filosofía de la educación: de los griegos a los tardomodernos, y Estética filosófica en Latinoamérica. Sin embargo, Rojas Osorio quiere hablarnos de la visita de Pablo Guadarrama, intelectual cubano, que nos visita por primera vez. No que no lo haya intentado antes. Es que, por fin, las autoridades norteamericanas se lo permiten.

Pablo Guadarrama González (Santa Clara, 1949). es profesor de Mérito de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (2013); Doctor en Filosofía Universidad de Leipzig (1980) y Doctor en Ciencias. (UCLV, 1995). Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba (1998-2012). Autor de varios libros sobre teoría de la cultura y el pensamiento filosófico latinoamericano. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas, de Estados Unidos, Japón, España, Rusia, Italia y Alemania. A partir de esta semana impartirá un curso que consiste en varias conferencias en torno al marxismo y la postmodernidad.

De Guadarrama he leído Antinomias en la crisis del socialismo, publicado en La Habana en 1992, en el contexto de “la caída del socialismo” en Europa del Este. En penas 26 páginas, Guadarrama expone, entre muchas otras cosas, las antinomias en la llamada “crisis del socialismo”. Concluye que la crisis de toda teoría científica es el momento alternativo para poner a prueba también la objetividad y la validez de sus tesis fundamentales; es el punto de decantación de lo transitorio y coyuntural, aunque también puede significar el momento agónico de la desaprobación de una teoría. Para un filosofo, un comprometido, un interesado, se tratará no de reivindicar la teoría por la teoría o el marxismo por el marxismo, “sino el hombre por su condición de humano que exige ser rehumanizado permanentemente “. Para ello hay una vía: la eliminación de las diversas formas de explotación de uno por el otro.

En aquellos años, 1988-1992, no era la primera vez que se ponía a prueba o entraba en fase de crisis la teoría marxista (y su práctica). “También la lógica formal aristotélica ha sido innumerables veces en la historia del pensamiento humano situada en la picota por las nuevas y superiores formas del pensamiento entre las que se encuentran la propia lógica dialéctica. Sin embargo, jamás se ha podido prescindir ni se podrá prescindir de ella. No porque sea aristotélica, sino porque es lógica. Del mismo modo, jamás se podrá prescindir del marxismo, no porque sea de Marx, porque la denominación gentilicia es secundaria cuando se trata de reivindicar una concepción dialéctica y, sobre todo, porque es profundamente humanista. La historia se encargará de demostrarlo mejor cuando lo que termine no sea la historia sino la prehistoria humana”.

Guadarrama desde entonces reflexiona sobre la posmodernidad. Para él ser moderno siempre exigió una actitud critica y renovadora del presente ante lo establecido y comúnmente aceptado en el pasado como normal o adecuado por eso toda educación auténtica en cierto modo fue siempre moderna. Una postura moderna es cuestionadora de lo existente por considerar que no ha cumplido con las exigencias de los tiempos nuevos. La postmodernidad se presentó como la insatisfacción con la presunta satisfacción de la modernidad. En tal sentido todos parece que somos algo posmodernos querramos o no, por lo que negar la existencia de la posmodernidad puede resultar superficial, tal como planteaba Fredric Jameson. El filosofo cubano no acepta esto sin asumirlo como un asunto problemático. Citando a Touraine, es imposible aceptar tranquilamente que la disociación de la sociedad y actores sea completa, como lo sugería a fines del siglo pasado y aún ahora,. Es decir, ta coexistencia del neoliberalismo y del postmodernismo resulta en un modo de entender el mundo describiendo, por un lado, una sociedad reducida a no ser otra cosa que un mercado sin actores y por el otro imaginar actores sin sistema, encerrados en su imaginación y en sus recuerdos.

El asunto es que el Dr. Pablo Guadarrama, como decíamos, está en la isla para impartir conferencias toda la semana. El Departamento de filosofía de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras lo invita a impartir este minicurso, America Latina: marxismo y posmodernidad en la sala Jorge Enjuto de la Facultad de humanidades. Las conferencias son en torno al marxismo latinoamericano, la democracia y los derechos humanos, Marx, doscientos años después y la presentación del libro Epistemología: cómo ayuda a los profesores e investigadores. Les dejamos una pequeña bibliografía accesible en línea.

Topografía / Fábula imposible: el gato y el ratón

“Nuestra política es como toda política de colonia: una asamblea de ratones donde ninguno se atreve a ponerle el cascabel al gato.” –Luis Palés Matos, 1926.

He querido escribir una fábula pero ha sido imposible.

Relean el epígrafe. El vate Palés hablaba desde la década del veinte. Por lo menos, tres veces, y de forma dramática, se le ha puesto el cascabel al gato: el 30 de octubre de 1950, el 1ero de noviembre del mismo año y el 1ero de marzo de 1954; la insurrección nacionalista y los ataques a la Casa Blair y al Congreso respectivamente. El gran animal ha sido identificado. Se le han puesto las banderillas. Falta deshacerse de él o ponerse a salvo. ¿Desunión permanente?

Es claro que la analogía de la asamblea ratonil no aplica con toda exactitud, lo cual comprueba que el tiempo histórico no pasa en vano. No obstante, me “obsede la remota visión” palesiana de un pueblo de ratones. Me interesa el recurso retórico empleado por el poeta. El guayamés, evocando la famosa fábula de Esopo, recurrió a la animalización para describir la política (colonial) del país. Esa técnica no pasa de moda (un misterio de nuestra especial especie). A los humanos nos gusta compararnos con los animales para burlarnos de nosotros mismos o para vernos mejor. ¿No es lo mismo?

Motivado, pues, por la senil y alucinante colonia, he intentado escribir una fábula irónica sobre los atropellos y ridiculeces del poder, pero no logro domesticar los animales símbolos. He consultado fábulas antiguas y modernas. Si bien me atrae la pareja de enemigos íntimos del gato y el ratón algo me aguanta. No me decido. Siento un gran respeto y aprecio por los gatos. Además, ni Bengala, la gata de casa, ni Tigri, su antecesora, desde su cielo, me perdonarían que representara a su especie bajo una luz negativa, pues, según el estereotipo, generalmente el felino es el malo de la antagónica pareja.

Otro artista puertorriqueño, Pedro Flores, en su conocida canción “Borracho no vale” emplea la misma oposición animal. Aquí la cantidad de roedores no es signo de su potencial de victoria, o sea, muchos pequeñines unidos le pueden ganar a un grandullón. Cosa que sería ejemplo de la (a veces) respetable lógica tradicional. No. Esta vez, el ratón supera al gato gracias a su astucia. Giro este afín al espíritu de ciertas fábulas de Esopo, y además, en clave simbólica, muy a tono con la creencia de que Puerto Rico puede con éxito pasarse de listo frente a EE UU. Podríase decir que cierto sector ha querido crear el mito de que el país, eludiendo toda lucha contra el Imperio, se puede salir con la suya gracias a su ingenio: no estábamos sobrios cuando hicimos un convenio, nada nos obliga con el gato, y este nos deja ir tranquilos. Como la colonia es alucinante, hay que tener cuidado con la tendencia a autoengañarnos.

Pero, a lo mejor todavía, a pesar de las dificultades, la enemistad entre ratones y gatos pueda ser útil como analogía de la lucha de un pueblo contra poderes imperiales. (Claro está, salvando las distancias y con el perdón de los animales, que no son humanamente malos.) Y tal vez sea precisamente el contenido humorístico de la tradición de ficciones populares, dibujos animados etc. –elemento que le resta rigidez al heroísmo– lo que hace atractiva a tan dispareja pareja para burlarse de los poderosos. ¿Habrá algo mejor que reírse de aquel que posee el poder de hacerte la vida imposible? Sí. La victoria, para, entre otras cosas, no tener que reírse nunca más de él. Pero en lo que el hacha va y viene, mientras tanto, todos los medios de lucha y resistencia siguen vigentes. (Esa sentencia también hay que tomarla con humor y cautela.) Aunque ¿me temo o celebro? que posiblemente el deseo o la necesidad de reírse sea otro rayo que nunca cesa (parafraseando a Miguel Hernández). (Como ven, todavía no escribo la fábula.)

Ahora acude socarronamente a las teclas la pareja de dibujos animados Tom y Jerry como objeción a todo simbolismo simple y didáctico. El ratón Jerry sí que era un pequeño y cruel demonio. Además, con ellos se complica el panorama porque también entra en juego un tercer jugador, una especie de padrino poderoso, el perro. En este minúsculo sistema de relaciones el astuto ratón siempre se las ingenia para hacerle algún mal al gato. Y lo que es mejor para él y peor para el felino: el roedor cuenta con la simpleza y cooperación del animal más grande y fuerte del triángulo y a quien manipula a su antojo para que termine dándole una paliza al pobre gato. Aquí, sin duda, el felino es digno de nuestra compasión.

Pero la figura del ratón, sin tener que ser cruel, tendrá una especie de apoteosis como poderoso héroe justiciero. Super Ratón, parodia de Supermán, representará el máximo poder al que adviene tan pequeño animal. Ya, con él, la nómina de sus rivales irá más allá del gato (“Oil Can Harry”), pues incluirá a otros enemigos (que varían según las circunstancias). Aquí cabe preguntarse por el posible sentido ¿remoto? de una casualidad biográfica. Curiosamente, en la década del ochenta, Ralph Bakshi (ya famoso por El gato Fritz) se hizo cargo de revivir otra vez para la televisión el personaje de Super Ratón. El cineasta y animador había nacido en Haifa, en 1938, tierra palestina –ahora de Israel– en aquel entonces bajo control británico. Me pregunto si habrá algún significado irónico, casi como un guiño de la historia a modo de acertijo, en el hecho de que aquel niño llegado a EEUU, con apenas un año, huyendo de la guerra con su familia y procedente de una tierra que sería ocupada y robada por otro país, haya sido el renovador de un pequeñín superhéroe que enfrenta a los grandotes abusadores. ¿Habrá habido alguna secreta identificación entre el animador y la imagen del ratoncito animado? Quién sabe.

Y retomando el tema de la relación entre cantidad, pequeñez y arrojo, ¿no serán los frecuentes choques de palestinos contra las fuerzas militares de Israel (apoyado por grandes potencias abusadoras) como una multitud de ratoncitos que enfrenta a poderosos gatos equipados con el armamento más moderno y mortífero de la tecnología bélica? No se ofendan los amigos palestinos con la analogía. Vernos como animales no es ofensa. Lo ofensivo y doloroso son los defectos de la conducta tan demasiado humana que se revela a través de ellos, como la injusticia. Además, es claro el significado de los enfrentamientos: más allá de ponerle el cascabel al gato, también hay que deshacerse de él, y eso intentan los palestinos.

En fin, que me ha sido imposible escribir la fábula irónica sobre el indignante dominio imperial norteamericano y la ridiculez de sus servidores coloniales puertorriqueños. El gato y el ratón se fueron por otros caminos. Quizás fue una estrategia de resistencia de su parte. Ellos, dignos y nobles, acaso no han querido prestarse para el juego. Mejor así. Cuando regrese a casa, podré mirar a los ojos a Bengala sin sentir ningún reproche.

Festival de Cine Europeo: Un éxito a pesar de los apagones

El éxito de este 9no Festival, organizado por la Alianza Francesa y que cuenta con una amplia selección de los mejores filmes producidos o co-producidos por países europeos en 2017, se mide por la diversidad y calidad de sus filmes. Pero además, como en años anteriores, su atención a las producciones fílmicas puertorriqueñas, lo convierten en una oportunidad única para el desarrollo de nuestro cine. Esta vez la competencia de cortometrajes se enfocó en documentales con tres finalistas: Oswaldo Colón, Llaima Sanfiorenzo y Gisela Rosario. El Festival además auspició la premiere en Puerto Rico del primer largometraje de Alvaro Aponte Centeno, El silencio del viento, con una función el sábado 14 en dos salas repletas seguidas por un intercambio con el director, productora, protagonista (Israel Lugo) y otros actores. En el mes de mayo comenzará su exhibición en las salas de cine de Puerto Rico y comentaré este logro del director del también premiado cortometraje, “Mi santa mirada”.

Este año el Festival le rinde homenaje a Jeanne Moreau, protagonista de Jules et Jim (1962) y de tantos otros filmes de François Truffaut, figura clave del movimiento Nouvelle Vague. Jules et Jim fue presentado en su versión restaurada y lo que sorprende es su tono experimental al dejar a un lado la narrativa y fotografía tradicional para contar una historia de un menage-a-trois de dos hombres y una mujer que buscan la felicidad con otros y con ellos mismos. Moreau muere en julio 2017 después de una extensa vida en el cine. Anteriormente el Festival había presentado Une Estonienne à Paris de 2012 con una hermosa Moreau a los 84 años. Sus dos parejas en Jules et Jim lo fueron el austriaco Oskar Werner destacado en la década de 1960 en Ship of Fools y Fahrenheit 451 y quien muere en 1984 y Henri Serre, muy destacado en cine y series para la TV francesa.

Destaco los filmes que pude ver porque todos sirvieron como ventanas a mundos poco conocidos o extraños por la distancia y el poco contacto que tenemos con sus culturas.

The Other Side of Hope del veterano director y escritor finlandés, Aki Kaurismäki (The Match Factory Girl 1990, The Man Without a Past 2002, Le Havre 2011) presenta el gran problema europeo (no de Estados Unidos porque sencillamente le cierra su entrada y punto): la movilización de miles de hombres, mujeres y niños de países en guerra que buscan asilo humanitario. Dentro de la aparente frialdad (no de clima naturalmente) de las culturas nórdicas se dan enlaces y relaciones casi por accidente. En este caso, un joven sirio pide asilo legalmente, es denegado y entonces se convierte en alguien sin nombre ni vivienda huyendo de los representantes de la legalidad. Pero cada persona tiene un lado benévolo aunque todavía no lo haya descubierto y por eso surgen nuevas oportunidades. La poesía visual de Kaurismäki es excepcional.

El cortometraje de ficción Les Misèrables de Ladj Ly desarrolla su historia al estilo de Training Day (Antoine Fuqua 2001): un día de patrullaje policíaco en Seine-Saint-Denis donde la gran mayoría de sus habitantes provienen de países de Africa y Medio Oriente. Lo que atestiguamos es cómo estos jóvenes policías intimidan a los que se supone que están protegiendo y creen que esa es la forma de conseguir que los adolescentes y niños los respeten. Crean sus propias leyes en la calle y luego pretenden representar la ley y el orden.

En el mismo programa se presentó Speak Up/A voix haute: La force de la parole de Stephane de Freitas y co-dirigido por Ladj Ly. La localización en este caso del documental es la misma pero esta vez los jóvenes logran apartarse de la cultura de la violencia y encaminarse hacia una carrera universitaria. 93 estudiantes, en su gran mayoría ellos y sus padres provenientes de Africa y Medio Oriente deciden participar del concurso de Eloquentia de L’Université de Saint-Denis. Allí pasarán por un entrenamiento muy riguroso para apoderarse de la palabra como un instrumento de comunicación directa, de explicación de ideas y de la elocuencia de su manejo. Serán apadrinados (sin paños tibios) por Bertrand Perier, abogado y el increíble poeta Loubaki Loussalat,. Al final quedarán cuatro finalistas: Eddy, Souleila, Leila, Elhadj a quien tendremos el placer de escuchar y ver para convencer al jurado de su “elocuencia”.

Razzia (redada/ataque en árabe), co-producción de Marruecos, Francia y Bélgica, dirigida por Nabil Ayouch, comienza en 1982 en las montañas para trasladarse 33 años después a la ciudad de Casablanca. Son cinco historias que apenas se tocan pero que se enlazan en las aspiraciones de cada uno de no conformarse con la vida que la sociedad y religión pretenden imponer. Su rebelión los hará marginados aunque parezca que siguen las normas pero poco a poco encontrarán la manera de reconocerse y ser ellxs: Yto expresará su amor por el maestro rural e irá en su búsqueda no importa el tiempo que le tome encontrarlo; Salima más y más dejará atrás el papel de mujer complaciente dentro de la no-religiosidad de la clase privilegiada y urbana; Josef debatirá sus emociones entre lo tradicional y sus deseos de liberarse de esas ataduras; Ines querrá crecer apresuradamente para encontrar su propio espacio; Hakim expresará su rebelión a través de la música occidental que escoge imitar y la búsqueda de su sexualidad.

Men Don’t Cry de Alen Drijevic revive las guerras yugoslavas entre serbios, croatas y bosnios de 1991 a 2001. Como un estudio psicológico con el propósito de sanar heridas, Ivan convoca y persuade  (compensación monetaria) a varios ex combatientes de estas guerras a pasar unos días hablando y compartiendo en un hotel vacío en las montañas. De inmediato crean un ambiente hostil hacia cada uno de ellos aunque sean de la misma religión. Además, despliegan toda su violencia verbal y depreciación hacia la mujer, ya que parece ser que la guerra no ha terminado y siguen en el campo de batalla y en los pueblos y ciudades saqueadas asesinando y violando a “las enemigas”. Poco a poco enfocarán en un solo incidente para recordar los detalles y, como les dice Iván, admitir que todos cometieron barbaridades.

Los apagones del jueves 12 y el miércoles 18 de abril sirvieron de marco del Festival de Cine Europeo y lograron seguir su programación transfiriendo las películas al Fine Arts de Hato Rey que gracias a su mega planta se convierte en un oásis cuando todas las luces se apagan.