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Crucigrama: Sotero Figueroa Hernández

Horizontales

1. Farola.

3. Primera mujer.

6. _____; ciudad natal de Sotero Figueroa. Algunas fuentes opinan que nació en San Juan.

8. _____ María de Hostos; ensayo de Figueroa.

9. Reza.

11. Antes de Cristo.

13. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

14. _____ literarios; colección de cartas sobre literatura de Hispanoamérica de Figueroa.

15. Composición en verso, del género lírico.

19. En Chile, persona de talento, instruida, diestra.

22. Respuesta que una deidad daba a una consulta, a través de un intermediario y en un lugar sagrado.

24. Don _____; zarzuela de Figueroa con música de Morel Campos. Esta obra fue una sátira mordaz de aquellos que traicionan sus ideales a causa del oportunismo político.

25. Apócope de mamá.

26. 22 de _____ de 1851; nacimiento de Figueroa.

27. Sexta nota musical.

28. Partido Revolucionario _____; en Nueva York, Figueroa fue secretario de la Junta Ejecutiva del partido fundado por Martí.

29. _____ Figueroa Hernández; periodista, dramaturgo, orador y autor de ensayos biográficos. También fue impresor de libros y periódicos. En su imprenta se editaba todo tipo de publicación de contenido patriótico.

31. Tercer hijo de Adán y Eva.

33. De esta manera.

34. Sotero Figueroa _____; en Nueva York, su espíritu de solidaridad y devoción a la unidad del separatismo antillano le ganó el respeto y admiración de sus correligionarios cubanos y puertorriqueños.

37. Onomatopeya de la risa.

39. Lengua provenzal.

40. Señor, abrev.

41. Conozco.

42. Escuché.

43. Pájaros.

44. Símbolo del oxígeno.

45. Habitación principal de la casa.

Verticales

1. Sotero _____ Hernández; publicó en periódico Patria donde publicó su ensayo “La verdad de la historia”, donde resume las luchas y aspiraciones emancipadoras del pueblo puertorriqueño bajo el régimen colonial español. Autor de “Don Mamerto”, “Estudios biográficos” y “Reparos literarios”, entre otros escritos.

2. Recoger, arrancar y suspender el ancla que está fondeada.

3. Exceso de autoestima.

4. La _____ de la historia; ensayo de Figueroa.

5. _____ Belén Montes; puertorriqueña prisionera política.

6. Escasos.

7. _____ biográficos; colección de ensayos de Figueroa que fueron premiados en Ponce.

10. Negación.

12. Sri Lanka.

13. Húrtalo.

16. Asistir.

17. Especie de elefante que vivió en las regiones de clima frío.

18. Rey de Israel esposo de Jezabel.

19. Del verbo celar.

20. Labrará.

21. Símbolo del platino.

23. Jobo, en Ecuador.

24. Adjetivo posesivo plural.

28. Nombre de la letra c.

30. Forma de pronombre.

32. Periódico _____; órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano. Figueroa estuvo a cargo del trabajo editorial de ese periódico.

34. Conjunto de partículas o rayos luminosos de un mismo origen, pl.

35. Emperadores.

36. _____; país caribeño donde Figueroa murió y está sepultado.

37. _____ Martí; Figueroa y él entablaron una estrecha amistad.

38. Infusión.

40. Preposición.

Nuevo Cuento de María

El apartamento era una habitación sencilla con balcón y baño, que mi padre había adquirido para pasar los fines de semana en el pueblo de Isabela, donde vivía la mayoría de mis parientes. Nada me llamaba la atención del apartamento, excepto el hecho de que había que llenar una piscina poco profunda de agua dulce si no queríamos ir a la playa y que apenas había otros habitantes en el complejo, que no fueran la esposa de un ingeniero al que le gustaba bucear, con sus hijos. Por lo demás no había casi más nadie en todo aquel lugar. Sin embargo, no muy lejos de allí, había una especie de hotel constituído por una serie de cabañas de madera, muy bien hechas y con tratamiento contra la polilla, construídas por un alemán que vivía en el pueblo y que era famoso por tocar el violín. Durante un año nos quedamos en el apartamento recien comprado y caminamos hasta el hotel, donde se quedaban las muchachas. Cierta muchacha me dirigió la palabra y decidí visitarla en su casa. Me decía que vivía con un hermano que criaba palomas, pero cuando la fui a ver a una fiesta a la que el hermano me había invitado, no la encontré. Tener un apartamento en la playa no dio resultados, pues resulté ser más impopular de lo que se esperaba, y como mi padre en realidad estaba haciendo el esfuerzo de adquirir la propiedad, para hacerme conocer, decidió venderlo enseguida y prefirió comprar una finca de plátanos en la que se quedaba solo.

Obviamente, su deseo era darme a conocer. Lo logró en cierta medida, ya que en el próximo año, cuando mi padre alquiló una de las cabañas como lo hacía el resto de los muchachos, trajeron a una muchacha que me llamó la atención también. Ya la primera muchacha, la hermana del joven que criaba palomas, me había dicho que no, pero de cualquier modo seguimos yendo a Isabela. El único detalle era que María se quedaba en el hotel con una familia que no era la suya, como una invitada de mayor edad, y que yo estaba con mis padres, muy protegido. Ello me restó atractivo, como es natural, y el próximo año mi padre incluso dejó de alquilar una de las cabañas. Ya no fuimos más al pueblo de Isabela para darnos a conocer socialmente. Hablé con mi padre sobre María.

–María era una muchacha buena– le dije. –Aunque era algo mayor que yo, me dijeron que estaba en noveno grado. Pero se notaba que era más vieja.

–Eso con el agravante de que es tu pariente– me dijo mi padre. –Conoces el caso de tu abuela, que está mal vista porque sirvió de jurado en el Tribunal que apresó a su marido. Si puedes no casarte con una de tus parientes, no serías tan impopular.

–¿Cómo saberlo?– le pregunté. –A veces no usan sus nombres de pila. Se nos presentan con otros apellidos como si no tuvieran nada que ver con nosotros. Y cuando vienes a ver estás casado con una prima.

–Yo no voy a alquilar otra cabaña– dijo mi padre. –Te advierto que si te casas con ella, está la mala fama que tienen los parientes que apresaron a mi padre.

–Pero, ¿por qué lo apresaron?– le pregunté. –¿Cómo es que murió tan joven?

–Creo que no se casó con mi mamá– me dijo. –En realidad no tengo ni la menor idea de lo que sucedió antes de que yo naciera.

María, como es natural, era persona de cuidado, aunque se notaba que era buena. Algo ya era raro, y es el hecho de que me dijera que estaba en noveno grado cuando en realidad era mucho mayor que yo. Aunque no volvimos al complejo hotelero, me quise despedir de ella y el próximo año acampé con mi primo en una caseta, muy cerca de ella en el complejo hotelero. Cuando me vio de nuevo, se puso nerviosa y me presentó a una amiga más joven. Era cierto que no era menor, sino mayor que yo. Y que se puso tan preocupada cuando me vio de nuevo, que definitivamente comprendí que no estaba en noveno grado, como me decían. Cierto que por delicadeza, no se lo hice saber cuando encendió la fogata que siempre se hacía por las noches, cuando estábamos todos reunidos. María era morena y su amiga era rubia, como mi madre. Digo que me la presentó, pero en realidad no dijo nada. La rubia habló.

–Ven a verme a mi casa– me dijo.

Desmonté la caseta y no me quedé allí ni una noche más. Con cierto dejo de tristeza me alejé de la viejita María, que me pareció decididamente nebulosa, aunque por cumplir salí con la rubia. Claro, la llevé al cine con su hermano menor. Lo hice por amabilidad. No íbamos a vernos de nuevo, pero pasamos juntos una tarde en Ocean Park. Estaba claro que María, mi pariente, fue la que en realidad me interesó.

Varios años después, cuando ya era estudiante universitario, volví a ver a la rubia. No estaba ya en la Facultad de Ciencias porque tenía planificado mudarme a los Estados Unidos, buscar otra vida lejos del caso de mi abuelo, y dejar esos pueblos en donde nunca nos quisieron. Cuando la rubia se me acercó en la librería, seguí de largo sin hacerle mucho caso. Eso, aparentemente, tampoco estaba bien. Entonces se me acercó una mujer desconocida con el nombre de pila de mi pariente. Le dije a mi madre que la desconocida usaba el nombre de mi pariente.

–Yo diría que esa desconocida va a ser tu novia– me dijo.

No convenía estar de malas con nadie. Así que me mudé rápidamente con la desconocida. Compartimos la beca Pell, hicimos nuestras compras en Domingo Domínguez, estudiamos juntos todas las materias. Me llevaba bien con ella, aunque me celaba mucho porque no estaba usando su nombre verdadero, sino el de mi pariente. Me pidió que me casara con ella con el nombre de mi pariente y llegó a insinurme que estaba embarazada.

–No pienso procrear al bebé– me dijo. –Lo voy a dejar en el dispensario, que tu prima se las arregle como pueda.

–Eso no lo vamos a hacer– le dije. –Mi pariente es inocente. No quiero ser motivo de infelicidad para ella.

Nos casamos como ella me pidió, pero no hubo nada de hijos. Todo fue una borrasca.

II

La Historia muchas veces cuenta que mis parientes fueron personajes importantes alguna vez. Cuando era estudiante, quise leer algunos recortes de periódico para enterarme de los hechos que hicieron desaparecer a mi abuelo tan joven. La verdad es que nunca supe gran cosa. Mi alegría principal era saber que no había sido motivo de pena para María, mi pariente, pues terminé mi relación con aquella desconocida que aparentemente la quería condenar. Sin embargo, muchos años más tarde, alguien llamó a mi casa con la intención de visitarme.

–Soy tu amiga Nayda. Quiero verte en cuanto sea posible. Voy a tu casa esta tarde.

No sabía quién pudiera ser la famosa Nayda. Recordaba vagamente haber visto a una estudiante con ese nombre cuando pasaban la lista de asistencia en la Facultad de Ciencias, pero no era ni lejanamente la persona con la que me había casado en el Tribunal de Hato Rey. Le pregunté a mi padre si sabía quién era. No me supo decir tampoco y la que llegó en un pequeño compacto japonés fue María, mi pariente. La viejita me porfió mil veces que su nombre era Nayda, que María no era su nombre en realidad, aunque efectivamente estaba emparentada conmigo.

–Es mejor que te mudes conmigo– me dijo. –Recoje todos tus libros y tus discos y vente a Trujillo Alto, ya que allí si te puedo cuidar en lo que pasa el problema. Ignoro quién pueda ser la mujer que se casó contigo en la Universidad.

Me mudé con mi pariente en lo que se arreglaba el asunto. No podía graduarme de bachillerato, ni seguir estudios superiores debido a la irregularidad con la que había estudiado en la ciudad. No podía convalidarme nada y al parecer, los créditos buenos que tenía en la Facultad de Ciencias también iban a caducar. Iba a tener que empezar a estudiar de nuevo. Aunque mi padre me decía que no sería bueno casarme con mi pariente, no me quedó otra alternativa y allí mismo en el apartamento la reverenda del pueblo de mi abuela ofició la ceremonia.

–Nunca me has dicho quién era Nayda. Recuerdo haber visto a una estudiante con ese nombre, pero cuando se me apareció la muchacha que usaba tu apellido no la volví a ver. Sé que te quería inculpar por el pasado. Condenarte históricamente a tí y a los tuyos. Ya en realidad yo no sé quiénes son mis parientes. Mi papá decía que tú eras mi pariente, que no sería bueno casarme contigo. Pero, ¿quién era la muchacha que estudió conmigo en la Universidad? Lo hice todo con ella, las compras en el Cash and Carry, el matrimonio en la corte, la vida en común. Todo.

Mi esposa sonrió.

–Ni idea. No sé quién es.

Será otra cosa: En un techo, un cuerpo baila.

1

Un joven negro, alto, delgado, fibroso danza en el techo de un residencial de San Juan. Cae la tarde y su cuerpo se mueve difuminando el espacio. La precariedad del paisaje de techos, rectángulos de cemento sucios que se repiten casi hasta el infinito, contrasta con la alegría acompasada de ese cuerpo joven, que baila solitario algunos pasos de ballet. Como si en ese instante el cuerpo superara la pesada existencia de la desigualdad social, y prometiera nunca rendirse a la violencia cotidiana del crecer en el lugar equivocado. Los espectadores, nos regocijamos con la promesa de posibilidad, con la ganancia que insistimos deben tener las pérdidas.

Es mi escena favorita del último documental de Karen Rossi, Ser grande (2017).

En él, la documentalista presenta la vida de tres jóvenes del Residencial Lloréns Torres, Juan Miranda Pietri, Ivianyd del Valle Andrades y Rushian Feliciano durante 2014 al 2016. Son los años duros de la adolescencia. El tiempo en que un sujeto debe definir su futuro. Como si el reto de crecer no fuera inmenso, estos jóvenes lo hacen a contrapelo de un país que les niega espacio, oportunidad, futuro.

El documental es la suma de escenas que corroboran la estructura de desigualdad en que se ha construido nuestro país. Traba sobre traba, los protagonistas intentan superar su suerte. Antes de la escena final, se presenta cuando a Juan, el joven bailarín, le deniegan su solicitud a la Escuela Especializada de Ballet Julián Blanco de San Juan. El muchacho había apostado a que lo aceptarían; era su puerta al porvenir. Ante la pena de Juan, la madre lo consuela, como le corresponde: vendrán más oportunidades, ya verás. No sé si la madre lo diría convencida, no lo creo. Ella sabrá mejor que él lo que es vivir en un espacio negado. Pero su apuesta conmueve, casi tanto como la de los jóvenes, sus maestros, sus consejeros y la documentalista.

¿Por qué no existen más escuelas de baile? Es una pregunta retórica que no debemos dejarnos de hacer. Ante la inminente destrucción de la educación pública del país, que evidencia el cierre de las 283 escuelas y su venta o alquiler a instituciones “educativas” privadas, y el draconiano plan fiscal que provocará la aniquilación de la Universidad de Puerto Rico, el cerco se sigue cerrando.

¿Para quiénes se administra este país? La pregunta es retórica también.

2

La semana pasada se aprobó el proyecto 39 del Senado que amplía la definición de morada del proyecto “Legítima Defensa”. La ley faculta, en palabras del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, a “la familia puertorriqueña, la gente honrada y decente en Puerto Rico” a defenderse, incluso letalmente, contra cualquier persona que invada su propiedad. La definición de propiedad se ha extendido con el nuevo proyecto, y se determina como morada “cualquier espacio íntimo donde se desarrolla la unidad familiar y permite el descanso, relajación y disfrute de vulnerabilidad inherentes a la dignidad humana”. Dicha ampliación del concepto morada implica, según la expresión del Senador en Facebook, el “área de trabajo y los vehículos”, así “la gente honrada y decente del país… tendrá una protección adicional”. La nueva ley se uniforma a las leyes vigentes en Estados Unidos con respecto al espacio donde es legal defenderse, que ya no se limita a la morada, sino que se amplía al lugar de trabajo, al vehículo y cualquier otro espacio público donde un individuo tenga derecho a estar.

La Doctrina del Castillo, como se le quiere llamar al proyecto 39 del Senado, corresponde a un imaginario de lo público como espacio privado: pensar la calle, la acera, el callejón, la plaza, el balneario, la autopista, los puentes, la escuela como parte del Castillo de un señor feudal destruye implacablemente el deteriorado espacio público de Puerto Rico. La medida se cuece en la estructura de desigualdad social del país.

¿Quiénes serán los “sospechosos” que “amenazarán” a la “gente decente del país”? ¿Quiénes son esa “gente decente”? ¿Acaso son los caballeros, casi feudales, que celebran torneos para vender el país y legislan para defenderse del pueblo desde sus torres? ¿Qué color, apariencia, preferencia sexual, género, acento, procedencia y nivel económico tendrán esos sospechosos?

Pienso en Juan bailando en el techo del Residencial Lloréns Torres, pienso en su cuerpo vivo.

Eli, te escribo.

Vanessa y yo siempre nos mofamos levemente de ese ejercicio de duelo tan bizarro que es hablarle directamente al difunto. En las esquelas lo hacen todo el tiempo. Antes las comentábamos bastante. Ahora, con el Feisbúk y todo eso, la gente constantemente resuelve su misterio de la vida, el amor y la muerte deseándole al falleciente “que vuele alto” y revelándole todo tipo de sentimientos e información que, por diversas circunstancias, nunca pudo decirle en vida.

Pues te informo que a ti te voy a escribir así, Elizardo. Lo siento si tú también eras de este corillito de los que pensábamos que era una modalidad extraña y hasta borderline ridícula o sinsentido. Te voy a hablar directamente. Porque no pude despedirme de ti. Me quedan entonces cosas, muchas, que decirte aunque no me quepan todas aquí.

Sí llegué a decirte lo bello y romanticón que se sentía llevarle un manuscrito al editor a su casa. Andar las calles del Viejo San Juan con el libro en mano, llamarlo por las rejas antiguas: “Eeeeeli, Maaari”. Previo a aquel día, no sé si te acordarías pero te envié un imeil. No era sobre mi libro. Quería saber si te interesaba evaluar el libro de Arturo, mi compañero, unas memorias sobre cómo se ganó la lucha contra el gasoducto. Te decía lo que pensaba del libro y por qué debías considerarlo, a lo que me contestaste: “Si a ti te gustó, perfecto. Con muchísimo gusto. Tráemelo”. Ese día, llegando a tu casa, te dije que por fin sabía lo que se sentía llevarle el manuscrito en papel, en persona, a un gran editor, en su casa, al atardecer, frente al mar, un lugar hermoso, único, estupendo. “Esto sí es ser escritora”, vacilé contigo. En el fondo, Eli, era cierto que tú eras un gran editor. Ese importante punto estaba cubierto en la especie de broma que era todo lo demás. Pero sí quise decirte que ser tu amiga y que comentaras con exceso de generosidad mis columnas y ahora también el libro de Arturo, me honraba.

Vanessa, Sofía y yo publicamos nuestros dos libros de Fuera del quicio con otras editoriales. Cuando te envié la invitación de la última presentación, me contestaste: “No voy. Me caen mal. Aunque sea literatura erótica”. Qué mucho nos reímos. Te acusé de estar mordío con la competencia, de no habernos rogado para publicarnos el libro. Y te conté de un libro erótico del siglo XVII que estaba escribiendo y que ése sí lo publicaría con Callejón, que sería escandaloso, pornográfico y raro, aseguraba en mi fantasía grandiosa. Obvio que sí te apareciste por la presentación de nuestro libro (Del desorden habitual de las cosas). Siempre ibas. No faltabas nunca a estas cosas, Eli, ni a las de tanta gente a la que siempre nos levantabas, nos exaltabas con comentarios tremendos, exageradamente generosos. Yo juraba que pertenecía a un selectísimo grupo de columnistas que leías con gozo y devoción pero ya veo que no. A todos nos tratabas así. Somos un ejército de escritores –tanto finos escritores como escritoras de oficio como yo– al que te desvivías por mantener en alto, animado, en condiciones emocionales productivas, contra todo el pronóstico que nos pudiera deparar la realidad del trabajo cultural en el País. Sé que ya lo ha dicho el mundo entero, Eli, pero eras un hombre bueno y amoroso, un tipo divertido y buen conversador, siempre siempre cariñoso y reconciliador ante todo. Es realmente raro que alguien tan culto como tú sea así. Por eso con Maritza hacías una pareja tan sensacional, porque en eso son iguales, dos gotas de agua que refrescan los efectos y malestares del País adoquín por adoquín.

Eli, ahora vas a ser como el Gabo, que cuando murió, todo el mundo tenía un cuento con él (Sofía escribió esa columna). Hubiese querido despedirme de ti. Hubiese querido decirte que te quería inmensamente, que te extrañaría, que nos dejarías un vacío muy profundo en el País pero que todo estaría bien. La muerte es lo más triste, es temible su estricta soledad pero es también muy bella cuando se vive como tú lo hiciste. Ese momento en que se va consumiendo el último ápice de energía de un cuerpo siempre me parece que es como un parto pero al revés. Bueno, tú sabes, Eli. Como en los cuentos más tremendos, como en una novela de Hemingway.

Ni la lluvia ni los apagones pararon la fiesta beisbolera en el Bithorn

Como toda actividad realizada en Puerto Rico tras el paso del huracán María, la celebración de los juegos de las Grandes Ligas no estuvo exenta de complicaciones. El pasado martes, ni el diluvio que cayó en el área metropolitana, ni el apagón general que hubo el miércoles siguiente y que afectó toda la Isla, lograron que el país dejara de gozarse la celebración de estos juegos en el Estadio Hiram Bithorn. Sobre 39,000 fanáticos se dieron cita para ver jugar a los cuatro boricuas: Francisco Lindor y Roberto Pérez por los Indios de Cleveland, y Eddie Rosario y José Berrios por los Mellizos de Minnesota.

Desde tempranas horas de la tarde se podían ver familias enteras gozando del espectáculo y fanaticada buscando fotos y autógrafos de sus peloteros preferidos. Cabe destacar que éstos son los primeros juegos de las Grandes Ligas realizados en Puerto Rico desde el 2010.

Lindor con el momento emotivo de la serie

Pese a que solo conectó un imparable durante el transcurso de los dos juegos, no cabe duda de que el cuadrangular conectado por el campocorto puertorriqueño Francisco Lindor fue el gran momento de la serie. Con el juego empatado a 0, Lindor bateó un elevado fly al jardín izquierdo que estaba bien cerca de la verja en la que el jardinero derecho de Minnesota trató de hacer una gran atrapada, pero la bola pasó unas dos pulgadas por encima de su guante para convertirse en cuadrangular. De inmediato, se escuchó un estruendo en el parque que yo no escuchaba desde el año 2013, última vez en que se realizó en Puerto Rico un Clásico Mundial de Béisbol. El jonrón creó tanta euforia entre la fanaticada que obligó a Lindor a salir del dogout para recibir la ovación del público (lo que se conoce en el béisbol como un curtain call).

Lindor, con sus ejecutorias, se ha convertido en uno de los máximos ídolos de la juventud y hasta de adultos que siguen el béisbol en la isla. Me resultó sumamente gracioso escuchar a un padre decirle a su hijo tras el batazo: “ok mijo, ya con ese jonrón esto valió el precio de la taquilla”.

El batazo de Lindor también pareció despertar los bates de los Indios, quienes luego conectaron tres cuadrangulares adicionales para alzarse con la primera victoria de la serie 6 a 1.

Berríos demostró su nivel y Rosario su garra

El segundo juego de la serie tenía un elemento especial pues el boricua José “La Máquina” Berríos- quien ha tenido un comienzo de temporada extraordinario- estaría en la lomita para comenzar el juego. El boricua se veía un poco nervioso en la primera entrada, donde permitió dos imparables, pero pudo colgar el 0 y luego entrar en calor pues apenas permitió un hit más en sus próximas seis entradas de labor y retiró los últimos 16 bateadores que enfrentó.

Pese a que no tuvo que ver con la decisión, entiendo que la salida de Berríos lo consolida como uno de los iniciadores más sólidos actualmente de todo el béisbol. Tras el juego, su efectividad bajó a apenas 1.63 y se convirtió en el primer lanzador desde Roger Clemens en 1991 en lanzar tres juegos en 0 en tres de sus primeras cuatro presentaciones. Recordemos que ese año Clemens ganó el premio Cy Young.

Por su parte, el jardinero Eddie Rosario fue pieza clave en el rally final que le dio la victoria a los Mellizos en ese segundo encuentro que se extendió por 16 entradas. Este fue el juego más largo de la historia del béisbol moderno en cualquier jurisdicción que no sea Estados Unidos o Canadá.

Rosario comenzó la parte baja de la 16ava con hit y pareció lastimarse el hamstring en el corrido a primera. Sin embargo, pese a que los dirigentes y el training staff querían que saliera de juego para protegerlo, éste los convenció de que se encontraba bien y que podía continuar. Así lo demostró cuando con un sencillo del campocorto Escobar, adelantó a tercera base. Esto hizo que los Indios tuvieran que cambiar la estrategia de juego para los próximos bateadores, lo que eventualmente lo llevó a anotar la carrera que ganaría el juego.

Fue justicia poética que Lindor empujara las primeras dos carreras de la serie y Rosario anotara la última.

Satisfecho MLB

Para Major League Baseball el evento fue un rotundo éxito y manifestaron que este tipo de evento ayuda a hacer crecer el béisbol. “Puerto Rico siempre ha sido una plaza importante y vamos a seguir viniendo con la frecuencia que podamos. Estos juegos ayudan a masificar el deporte y los boricuas tienen una gran tradición de béisbol” dijo John Blundell, vicepresidente de comunicaciones de MLB. Incluso desde ya se habla de la posibilidad de volver a Puerto Rico para la temporada del 2020 (con otros equipos) y que pudiéramos volver a ser sede de una ronda del Clásico Mundial de Béisbol en 2021.

Favorecidos los Astros si regresan

Ante los posibles planes de MLB de regresar en el 2020, hicimos una encuesta sobre cuáles equipos le gustaría ver a la fanaticada, siendo los Astros de Houston el equipo de preferencia. Esto se debe en gran medida no sólo a que ese equipo es el actual campeón, sino que le daría la oportunidad a la fanaticada de ver a Carlos Correa, quien es junto a Lindor otra de las máximas estrellas de todas las Grandes Ligas.

Otros equipos mencionados fueron las Medias Rojas de Boston (que tiene tanto a Christian Vázquez como Alex Cora, su dirigente), los Cardenales de St Louis (con Yadier Molina), los Cachorros de Chicago (con Javier Báez) y los Yankees, que aunque actualmente no tienen un boricua en su róster, tienen una larga tradición con el beisbol en Puerto Rico. Cabe destacar que, según nuestras entrevistas, la serie más esperada sería una entre los Astros y las Medias Rojas de Boston.

Nuevamente el deporte nos une

El deporte en Puerto Rico siempre ha sido el espacio donde todos los boricuas empujamos hacia la misma dirección. Este tipo de evento no solo ayuda al turismo y al desarrollo económico de la Isla, sino que también trae alegría al país en momentos donde el resto de las noticias no son nada halagadoras.

Si alguien tiene alguna duda, solamente vean la repetición de cómo vibró el Bithorn con el jonrón de Lindor.