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El Fidel que conocí

Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos –Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka– que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América Latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamín, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace más de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la guerra fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas –Alpha 66 y Omega 7– hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3 500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los líderes vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América Latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro – le guste o no a sus detractores – tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel íntimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”…Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes – todos jóvenes y brillantes de unos 30 años – estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas… No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de sí. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retórica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

Ignacio Ramonet es Director de “Le Monde diplomatique en español”, autor de Fidel Castro: biografía a dos voces.

‘Brotes’ de Esperanza

Félix Aponte Ortiz /Especial Para CLARIDAD

Apoco más de dos meses del impacto del huracán María, y cerca de tres meses desde el huracán Irma, el País continúa profundamente limitado en su funcionamiento social y económico. Más de la mitad de los habitantes no poseemos aún el servicio del sistema eléctrico y todavía muchas decenas de miles tampoco cuentan con servicio de agua potable y tratamiento de aguas residuales. La capacidad de acceder a alimentos de forma continua y segura es todavía muy limitada para una parte significativa de la población. El servicio de salud pública sigue manejándose de forma precaria. La movilidad por el sistema vial, particularmente en horas nocturnas, carente de controles en las intersecciones y falta de señales de tránsito, hacen inseguro el desplazamiento de vehículos de motor y de los peatones. Éstos y otros factores han generado el cierre temporal y permanente de miles de centros de trabajo que, en conjunto con el desasosiego e indignación que produce la pobre y en algunos casos predeciblemente corrupta gestión gubernamental, está auspiciando la emigración masiva de decenas de miles de compatriotas. El panorama social y económico del País se muestra inseguro y con gran incertidumbre sobre cómo, cuándo y a base de qué gestión política se encaminará un proceso de recuperación sostenida hacia el desarrollo del País.

Siento que en algunos sectores de la sociedad se adjudica como factor principal de la precariedad de las circunstancias de vida en las que actualmente nos desenvolvemos al resultado natural del impacto de los dos huracanes. Sin embargo, entiendo que el escenario de desasosiego en el que actualmente se desenvuelve nuestra vida es un producto de nuestra prevalente realidad política y social. En otras ocasiones hemos señalada en este espacio en Claridad que los desastres no son naturales, sino que son construcciones sociales que se van gestando durante generaciones hasta que hacen expresión súbita por el efecto de un factor o evento de peligro que produce la naturaleza o por la misma actividad humana (conflictos bélicos, accidentes tecnológicos, actos de terrorismo). La fragilidad en la que se desenvuelve nuestro País, subordinado al poder político, económico y militar del gobierno de los EE.UU., y, en consecuencia, la incapacidad de ejercer nuestra soberanía como Pueblo en la comunidad internacional, producto de esta relación colonial, hace muy vulnerable a Puerto Rico a fenómenos naturales como lo han demostrado los huracanes Irma y María.

La vulnerabilidad de Puerto Rico se tornará más compleja y más profunda en los años venideros puesto que la incidencia de huracanes intensos pasando cerca o sobre Puerto Rico irá en aumento en las próximas décadas como resultado del calentamiento global y el cambio climático que éste genera. La realidad política de dependencia y subordinación a los EE.UU., profundizará nuestra fragilidad, vulnerabilidad social y económica a eventos climáticos intensos y de mayor recurrencia (huracanes, sequías, inundaciones, erosión costera, alza en el nivel del mar y otras expresiones de anomalías ambientales), comprometiendo nuestro futuro hasta tanto efectuemos un giro significativo en la manera en que organizamos los procesos de vida y de desarrollo del País en un derrotero político soberano y no colonial. La subordinación política exacerba la inseguridad alimentaria, la inseguridad a fuentes de energía, la inseguridad a fuentes de agua potable, la inseguridad a un ecosistema estable. Este cambio hacia un derrotero no colonial, de menos vulnerabilidad social y económica es indispensable para la construcción de una sociedad libre y democrática, que no esté subordinada a élites corporativos multinacionales, ni al capital financiero internacional y sus agentes en Wall Street o sus agentes políticos (electos y no electos), o de ejecutivos, algunos corruptos, de la metrópoli como de la colonia, que operan en acuerdo con las claques capitalistas que controlan nuestro quehacer cotidiano.

A diario realizo distintas observaciones de las precariedades que han resultado de los efectos de los huracanes. Me llama mucho la atención dos circunstancias que discurren paralelas, pero sin relacionarse de forma directa dentro de la crisis que algunos han denominado ‘humanitaria’, y que aún nos abruma. Veamos. Durante las primeras horas de la mañana es notable en la atmósfera sobre el área metropolitana de San Juan una especie de nube o bruma con un color tenue anaranjado. El color que muestra esa bruma es el resultado de la concentración de óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, material particulado ‘fino y grueso’ (PM2.5 y PM10, refiriéndose a la medida de cada partícula en unidades de millonésimas de metro, es decir, muy pequeñas) y otras sustancias contaminantes que resultan del uso masivo de plantas de generación de electricidad que usan gasolina o diésel como combustible. La necesidad de generación de electricidad usando estas plantas, tanto en residencias individuales, en condominios, en instalaciones gubernamentales (como el sistema de suplido de agua potable y tratamiento de aguas residuales) y en comercios, ha incrementado las concentraciones de estas sustancias tóxicas en el aire que respira más de un millón de habitantes en esta región. Sospecho que es probable que esta situación de potencial contaminación se haya incrementado con la autorización de la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, por sus siglas en inglés) que ha permitido el uso de diésel y otros combustibles con concentraciones de azufre más altas de las reguladas ordinariamente por la Ley de Aire Limpio y el Reglamento de Estándares de Calidad de Aire de Puerto Rico. Es decir, que como resultado de la crisis en la operación de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) se ha tenido que recurrir, como respuesta a la emergencia, al uso de combustibles fósiles en equipo e instalaciones con poco o ningún dispositivo de control de contaminación atmosférica.

Tengo curiosidad por saber si en la importación de gasolina y diésel para operar las “plantas” de generación eléctrica, tanto privadas como las que opera la AEE y otras entidades gubernamentales, se ha favorecido al mercado que maneja combustible con altas concentraciones de azufre y otras sustancias que ordinariamente están prohibidas o muy limitadas para su uso en Puerto Rico. Me pregunto si algún actor gubernamental (federal o nacional) está supervisando y auditando estos procesos. Como sea, el huracán ha suprimido por meses el acceso al servicio de energía eléctrica producida con ciertos niveles de control de contaminación atmosférica a todo el País, y en aquellos que han contado con medios para autoabastecerse de energía con generadores individuales, se ha tolerado este uso sin ningún control de contaminación ambiental. Esta situación de potencial contaminación, plantea un potencial problema, no sólo de salud ambiental sino de salud pública a la crisis humanitaria que han producido los huracanes. Todo lo arriba mencionado dramatiza nuestra inseguridad de fuentes de energía para una eficaz operación social y la carencia de fuentes de energía renovable no contaminantes, como las solares y eólicas, para estos propósitos.

La segunda observación, que imagino la lleva a cabo y disfruta cada lector, tiene que ver con la recuperación de la flora afectada durante los huracanes. A pocos días de la masiva defoliación y caída de árboles producida por los vientos huracanados, prácticamente todos los troncos que quedaron en pie comenzaron un hermoso proceso de producción de brotes de hojas que comenzó a decorar el paisaje, tanto urbano como de la ruralía, con el verdor que caracteriza nuestro entorno tropical. Los brotes, renuevos para el desarrollo de las plantas, ha continuado de forma acelerada y al momento que escribimos, ya se ha disimulado o cubierto el panorama de desolación que produce la pérdida de la hojas y flores en la cubierta forestal. Este proceso de recuperación de hojas y flores a través de brotes en los tallos defoliados, está vinculado a la actividad fundamental de las plantas en su capacidad casi exclusiva de convertir la energía de la luz del sol en energía química estable que a su vez es materia prima para la producción de alimento que forman la estructura de ese reino vegetal y del cual depende todo el reino animal para su subsistencia. Cada una de los trillones de hojas que han surgido de brotes de los árboles defoliados, funcionan como si cada una fuera un “panel solar”. Este aprovechamiento natural de la energía de sol que hace cada hoja de cada planta, asegura el funcionamiento de todo el sistema ecológico en su proceso de recuperación de los efectos de los huracanes.

¿Cuál es el proceso que ocurre en cada hoja de cada planta, de cada árbol, de todas las especies de la flora que observamos en el paisaje natural? De forma continua, en cada individuo de la flora, se desarrolla un proceso de absorción, conducción, fotosíntesis y procesamiento de sustancias en el suelo y en el aire para producir el alimento que nutre y forma las raíces, los tallos, las hojas, las flores y las semillas de cada planta que observamos a nuestro alrededor. Las plantas producen sus propios alimentos a partir de la savia bruta (agua y sales minerales en el suelo, dióxido de carbono y luz solar de la atmósfera) con la fotosíntesis, en cada hoja se inicia el proceso de formación de savia elaborada, compuestos de biomoléculas conteniendo azúcares con la que se construyen hidratos de carbono y otros materiales que dan forma y contenido a toda la estructura de cada planta. El proceso de producción y distribución de esa savia elaborada es similar al proceso sanguíneo en nuestro cuerpo. Siempre he mirado con asombro la similitud estructural y funcional entre el rol que desempeña la clorofila (responsable del verdor de las plantas) en el tejido de las hojas y la hemoglobina en la sangre. En la clorofila está presente un mineral, magnesio (Mg) al cual están adheridos cuatro átomos de nitrógeno (N) conectados a moléculas más complejas que incluyen hidrógeno (H), oxígeno (O) y carbono (C). En la hemoglobina tenemos un átomo de hierro (Fe) igualmente conectado con cuatro enlaces de nitrógeno que a su vez se enlazan a moléculas complejas conteniendo hidrógeno, oxígeno y carbono. La fuente de energía de este proceso en el reino vegetal la suple el sol, continuamente, de forma silenciosa y ‘gratuita’. Este proceso es la fuente de vida de todos los seres vivos que habitamos el planeta, incluyendo nuestra especie.

Contrasta el eficiente proceso de fotosíntesis que llevan a cabo todas las plantas en nuestro alrededor, proveyendo para el sostenimiento y la reproducción de todas las formas de vida, con el ineficiente proceso que llevamos los humanos para producir la energía que utilizamos en nuestras actividades sociales y económicas. Este contraste entre el sistema natural y el sistema que hemos construido (y sustancialmente destruido por los huracanes) se hace dramáticamente marcado al mantenerse los procedimientos de quema de combustible fósil importado al País. La manera como venimos operando durante este estado de emergencia es completamente insostenible. Valida los reclamos históricos sobre la urgencia de un cambio profundo del paradigma del sistema político y económico, colonial y dependiente de la metrópolis extranjera. Los “brotes” en nuestra flora muestran la viabilidad y la esperanza de la reconstrucción de una sociedad más digna y menos vulnerable ante las circunstancias políticas y naturales que nos afectan. Cada hoja que crece en el tallo de una planta, nos enseña una lección magistral sobre la manera más eficiente de llevar a cabo los procesos de vida de forma permanente para nuestro atribulado Pueblo. Observemos y aprendamos esa lección pues cada hoja es un “brote de esperanza”.

Breves poshuracanados: The Mountain Between Us, Marshall, Murder in the Orient Express

A pesar de que todavía no están abiertas todas las salas de cine de Caribbean Cinemas, las que sí están nos dan un sentido de normalidad que posiblemente no recuperemos en nuestras vidas hasta muchos meses en un futuro muy incierto. Acabo de ver (18 de noviembre cuando comienzo a escribir) el especial de autismo que Jon Stewart organiza todos los años con el propósito de proveer fondos para iniciativas de educación y empleo para toda persona autista no importa su edad o lugar de residencia dentro de los Estados Unidos. Tanto Stewart como Sarah Silverman le recordaron a la audiencia presente y sintonizados a HBO que los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses y que tienen que ser recipientes de toda la ayuda posible para recuperarse después del huracán Maria. Silverman terminó su intervención grabada ondeando una pequeña bandera nuestra.

The Mountain Between Us

(director Hany Abu-Assad; guionista Chris Weltz; autores J. Mills Goodloe y Charles Martin; cinematógrafo Mandy Walker; elenco Kate Winslow, Idris Elba, Beau Bridges, Dermot Mulroney, Raleigh/Austin)

Aunque este filme pertenece al género de supervivencia en circunstancias naturales (The Revenant, por ejemplo, con otras circunstancias añadidas como la traición y la venganza) es un excelente desarrollos de personalidades y una atracción individual o mutua por personas al parecer tan diferentes. Alex Martin y Ben Bass quedan varados en el aeropuerto cuando su vuelo es cancelado por tormentas de nieve en el área. Ambos tienen motivos urgentes para llegar a su destino lo más pronto posible: él, neurocirujano, tiene un paciente esperándole y a ella, periodista y fotógrafa, la espera la ceremonia de su boda. Alex con más iniciativa y más arriesgada le propone a Ben alquilar un avión privado para llegar antes de la tormenta a su destino. Como imaginarán la idea resulta en algo desastroso.

¿Cómo ser encontrados en medio de una tormenta sin manera de comunicarse ni haber dejado un trazo de su viaje en un avión privado? Según pasan las horas y luego días ¿adónde ir a pedir ayuda en medio de montañas cubiertas por nieve y hielo donde no parece existir vida humana (aunque sí animal)? En este largo viaje donde lxs espectadorxs, al igual que con el personaje de Leonardo Di Caprio, se adentran en las caminatas, los errores de dirección, los accidentes y los refugios. Alex y Ben tendrán sus propias nociones del otro pero a través de los días que se convierten en semanas descubrirán otras facetas que han escondido hasta de sí mismos. Es un hermoso filme con dos actorazos que nos hacen olvidar que son solamente ellos los que habitan este espacio además de un hermoso perro que nos da esperanza.

Marshall

(director Reginald Hudlin; guionistas Jacob Koskoff y Michael Koskoff; cinematógrafo Newton Thomas Sigel; elenco Chadwick Boseman, Josh Gad, Sterling K. Brown, Kate Hudson, Dan Stevens, James Cromwell, Keesha Sharp)

A pesar de que Thurgood Marshall fue un hombre que rompió barreras y se convirtió en un defensor de la justicia para todos por igual esa personalidad no se ha podido captar bien en el cine. Lo mismo pasa con gigantes como Martin Luther King, Malcolm X, Paul Robeson y Muhammad Ali, para mencionar a los destacados universalmente en la lucha de la igualdad de razas. Y lo entiendo perfectamente porque el recuerdo de su existencia y sus acciones, sus hazañas cubiertas por los periódicos y guardados en archivos especializados y los libros escritos en las diferentes fases de sus vidas hace casi imposible reducirlo a la limitada extensión de una película. Por eso a pesar de una gran actuación de parte de Denzel Washington, Malcolm X (1992) de Spike Lee, de politizar justamente las acciones del campeón mundial de boxeo en Ali (2001) de Michael Mann y más recientemente Selma (2014) de Ava DuVernay sobre un incidente en la vida de King, es casi imposible humanizar estas figuras históricas.

Tal como lo hizo DuVernay pero esta vez con solo un caso de los cientos que argumentó y ganó (29 de 32 frente a la Corte Suprema de los EU), Reginald Hudlin escoge el caso en Connecticut de 1941, donde un hombre negro, Joseph Spell, es acusado de violar a su empleadora blanca y rica, Eleanor Strubing. Sin duda el referente de la novela de Harper Lee, To Kill a Mockingbird, junto a su excelente versión cinematográfica de 1962 de Robert Mulligan, salta a la vista. El problema es que el caso de Marshall no tiene el sentido de enlace humano por ser un caso de discrimen de clase primero (los ricos siempre dicen la verdad y si no, tienen el dinero para transformarla) y luego de raza. Su investigación y resolución no lo hace tampoco un buen “court drama”. Marshall fue el primer abogado de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) y por eso la defensa de casos de negros acusados por crímenes que no habían cometido pero que eran juzgados culpables por su color de piel lo llevaron por todos los Estados Unidos, tanto norte como sur. ¿Por qué escoger este caso y no otro que revelara la personalidad de Marshall en la década de 1940? La ambientación es muy buena para reflejar las diferencias y similitudes entre judíos y negros, artistas y abogados, relaciones maritales y el miedo a ser ajusticiado por los blancos que palpita en cada persona negra. Pero necesitamos un Thurgood Marshall (con su imponente estatura que daba miedo a cualquiera, lo que no pasa aquí al escoger a Chadwick Boseman por su popularidad y no su físico) exponiendo el racismo del país a través de otros casos mucho más interesantes y que reflejan su compromiso con cambiar las leyes existentes. Es difícil creer que este Marshall fue el que argumentó y ganó la decisión de la Corte Suprema de Brown VS Board of Education of Topeka y que fuera escogido en 1967 como el 1er juez negro de la Corte Suprema de los EU donde siempre defendió el derecho al aborto y se opuso firmemente a la pena capital.

Murder on the Orient Express

(director Kenneth Branagh; guionista Michael Green; autora Agatha Christie; cinematógrafo Haris Zambarloukos; elenco Kenneth Branagh, Michelle Pfeiffer, Penélope Cruz, Judi Dench, Olivia Colman, Daisy Ridley, Johnny Depp, Derek Jacobi, Josh Gad, Willem Dafoe, Leslie Odom, Jr., Tom Bateman, Manuel García-Rulfo)

Todos los que vieron recientemente por streaming la versión original de Sidney Lumet de 1974 o lxs que recuerdan los detalles y especialmente el elenco en ese momento no van a estar satisfechos con la nueva versión de Kenneth Branagh. Como yo no tengo esa visión tan cercana pues disfruté de las innovaciones que le hace Branagh al texto de Agatha Christie para adaptarlo a las temáticas contemporáneas. Por eso ubicar el preludio del caso principal en la Muralla de los lamentos de Jerusalén—unas escenas hermosísimas de todo tipo de ángulo—y reunir allí a un rabino, un sacerdote y un imán para resolver el misterio es una manera de invocar la paz de los pobladores de este territorio antes de convertirse en el juego político de la entreguerra. Mientras Branagh siempre indaga los textos literarios para de ahí partir a revivir el texto con su montaje visual, como lo vimos en su Mary Shelley’s Frankenstein (1994), Hamlet (1996) y otras adaptaciones shakesperianas, va a darle a los clásicos un giro que muchas veces es rechazado por los públicos acostumbrados a siempre “respetar” el original.

La primera gran sorpresa es haberlo filmado para verse en salas especializadas de pantalla gigantesca y sonido esparcido por todo el teatro (Montehiedra CXC). Dentro de este medio ambiente avasallador entran los personajes, con impecable vestuario de época, profesión y clase social, al lujoso tren (para los de 1era clase) The Orient Express que recorre del este al oeste de Europa. Aunque cada uno tiene prisa por llegar a su destino, con pocas excepciones, no parecen muy interesados en socializar con otros pasajeros. Poirot es el único que parece complacido de hablar con cualquiera, escuchar sus historias y también rechazar ofertas que considera deshonestas (como la de Edward Ratchet o Caroline Hubbard). Cuando el tren sufre un desvío por la tormenta de nieve que cruzan (como The Mountain Between Us) y se descubre un cadáver, Poirot tiene que reevaluar a cada pasajero para descubrir al o la asesino/a. Eso sí, tanto los sospechosos como lxs espectadorxs tenemos que estar atento a los detalles para poder seguir el pensamiento lógico y los enlaces que hace Poirot.

La vía boricua hacia la independencia

Las verdaderas revoluciones son eventos originales. Siempre llegan a contrapelo de las opiniones revolucionarias prevalecientes. Esta máxima puede aplicarse a todos los grandes cambios políticos y sociales de la historia mundial, así como de nuestro continente. Tan única fue la Revolución Haitiana de 1791, como lo fue la Revolución de Estados Unidos en 1776. Y ni hablar de la Revolución Rusa o de la Cubana. Cada una fue un acontecimiento completamente original en sus desenvolvimientos; y sus inicios y desenlaces no estuvieron ni siquiera exentos de la influencia de accidentes históricos. No olvidemos: el derrocamiento del zarismo en Rusia en febrero de 1917 ocurrió inmediatamente después de una de las peores tormentas de nieve en San Petersburgo. Y el desembarco del Granma por poco se frustra por las lluvias y vientos del Mar Caribe. Eso sí, en cada una de las instancias revolucionarias mencionadas siempre estuvo presente un liderato nuevo que, contra viento y marea, supo convencer a las masas de la futilidad de los esquemas defendidos hasta entonces por los líderes tradicionales. Así es la vida.

La verdadera tarea del momento para nuestro movimiento, programáticamente hablando, no consiste en estar pendientes de si Carmen Yulín gana o pierde la nominación de Time Magazine o si se pone una camiseta con bandera o no. Nuestra tarea intelectual, la que no estamos efectuando correctamente, es la de descifrar si hay hoy en Puerto Rico una serie de condiciones, objetivas y subjetivas, que apuntan a una vía original para la solución de nuestro problema nacional. Si es ése el caso, y yo creo que lo es, es entonces hora de encontrar una manera original y más efectiva de comunicarnos con nuestro pueblo. No podemos seguir malgastando nuestras energías machacándole a la gente la tesis de que la colonia se desplomó. ¿Y quién no sabe eso? La pregunta es adónde se dirige todo esto. En la vida todo es ir…

El punto de partida de todo análisis no puede ser sino nuestro pueblo. Uno de los eventos más importantes en la historia moderna de Puerto Rico, digamos de las dos últimas décadas, ha sido el tremendo salto cualitativo en la conciencia anticolonial de nuestra gente. Sí, hay en la cultura boricua muchos resabios y vestigios del pasado colonial. ¿Y que esperábamos?Ya lo decía José Martí: «Un pueblo que ha sufrido siglos de coloniaje, tarda otro siglo en liberarse». Pero este pueblo antillano, que no deja de exhibir conductas exasperantes y que calman la paciencia de cualquiera, también ha sabido decir que no al imperio, es decir, rechazar lo injusto y subyugante, en asuntos de no poca monta: el bombardeo de Vieques, la encarcelación de nuestros prisioneros y prisioneras políticas, el asesinato de don Filiberto, el aprisionamiento de Óscar, aparte de las múltiples luchas sociales y ambientales de los últimos veinte años. ¿Y qué es lo que queremos? ¿Un pueblo que se quite el coloniaje como quien se quita un pantalón o una camisa? Cuando se le ha puesto ante una injustica mayor, que ofende su sentido de ser, la nación boricua (y especialmente sus valientes mujeres luchadoras) han dicho que no. ¡Y cuando ha dicho que no, es no!

La razón de lo anterior es una: nuestra cultura. El salto cualitativo en la conciencia anticolonial de nuestro pueblo ha estado nutrido de una explosión cultural, que no ocurría desde la década de los treinta, en todas las comunidades boricuas. Basta con caminar por los barrios de la diáspora, por ejemplo, para ver cómo el baile de bomba se ha convertido en el himno de afirmación cultural y sobrevivencia de la juventud puertorriqueñas. En la Isla no es distinto. Es el renacer de nuestra espiritualidad afroantillana, con su sueño de libertad para El Caribe entero. Seamos justos: De Vieques para acá también ha florecido nuestro arte en las calles, en los murales, en la literatura, en la música y en todos los renglones del quehacer cultural. María no se ha llevado nada de eso. Por el contrario, le ha dado más fuerza. Sin esa vitalidad cultural nuestra gente no habría sobrevivido ni la tormenta ni lo que ha venido después.

Igualmente, significativo, es el reencuentro de la diáspora con «los que no se fueron». Años de distanciamiento físico entre los distintos componentes de la nación boricua, no socavaron en nada nuestro sentido de pertenecer a un mismo pueblo, de compartir una historia de logros, sufrimientos y aspiraciones. La emigración masiva de familias boricuas, particularmente entre 1940 y 1960, con lo dolorosa que fue, significa que hoy tenemos en el interior de Estados Unidos una reserva permanente de sentimiento cultural y patriótico, el cual no lo ha tenido, desgraciadamente, ningún otro proceso revolucionario de América Latina. Cierto, no falta uno que otro boricua en la diáspora que quizás exhibe desdén había lo nuestro y admiración ciega del déspota que nos maltrata. Pero de ahí a que haya en la diáspora un esfuerzo organizado para luchar en contra de las aspiraciones anticoloniales de Puerto Rico, ¡eso jamás! Repito: ¡Nunca lo ha habido, y jamás lo habrá! Si cuando allá en la Isla, ya fuere por el cansancio, el peso del coloniaje o la propaganda imperial, han faltado brazos para enarbolar en alto nuestra bandera y sus causas, acá no hemos faltado al deber y, con amor desprendido, hemos dicho presente. ¡Qué lujo, hermanos y hermanas! No hay tal cosa como una gusanera boricua en las “entrañas del monstruo”.

No voy a detenerme en la tesis del desplome de la colonia. ¡Ya! No es justo continuar machacándole a la gente las múltiples maneras en que, con su conducta electoral previa, ha contribuido a la crisis que hoy vivimos. Aquí no hay inocentes, si hasta a la izquierda «le toca su agüita».

Qué es lo decisivo sobre la coyuntura actual, lo que puede hacer la gran diferencia? Pues lo que tenemos al frente: el prestigio internacional que han alcanzado hoy nuestros reclamos anticoloniales y denuncias del despotismo del imperio. María, paradójicamente, lo ha puesto en su sitial más alto. En ese prestigio universal hay que incluir, además de los que siempre han estado ahí, como Cuba, al pueblo estadounidense. Nuestro tesón y voluntad de sobrevivencia no han pasado desapercibidos para el ciudadano común del imperio, especialmente para los que sueñan con un mundo de justicia y paz. María ha sido nuestra embajadora por el mundo. Somos un pueblo humilde, gente de paz, que nunca ha tenido ni ejército propio ni ha invadido nación hermana, buscando ventajas para sí. Entre nosotros y la comunidad internacional no hay animosidad alimentada por intereses egoístas y mezquinos. Ése es nuestro capital más grande: el prestigio internacional de nuestra lucha anticolonial. ¡Sepámoslo usar! Albizu, estoy seguro, lo habría hecho.

Ante ese conjunto de hechos, finalmente, hay que destacar la dialéctica de los huracanes en El Caribe. Desde el gran ciclón de 1780, en que la clase blanca dominante eurocaribeña sacrificó criminalmente más de 20,000 esclavos negros en todas las Antillas, prefiriendo salvar los animales de trabajo antes que “capital humano”, cada tormenta, con sus vientos e inundaciones, ha despertado la espiritualidad antillana, es decir, nuestra cultura universal y deseo perenne de libertad. No va a ser ésta una excepción. En lo que va de María para acá, la nación boricua ha dado muestras de una valentía y voluntad de vida colosales. María ha sido la gran escuela que nos viene preparando para la tarea fundamental: la independencia. Ese gran proyecto sólo puede llevarlo a cabo una nación que ha resistido las más complejas vicisitudes, el coloniaje, la emigración, la pobreza, dos huracanes y el despotismo y la arrogancia imperial. Sí, hay pesimismo, «esperanza desesperada». Yo, sin embargo, veo más optimismo, más temple forjado al calor de la adversidad. Me perdonan la certidumbre.

Logros para despedidos de ENDI y PH

ccotto@claridadpuertorico.com

Trabajadores despedidos  por la empresa GFR Media, (El Nuevo Día y Primera Hora)  lograron que el patrono, les pague la liquidación de sus  vacaciones acumuladas, días por enfermedad y el  bono de navidad. Representados por  la United Steel Workers, Local 6135, después de negociación y la presión de una campaña en las redes sociales lograron el acuerdo.

A los pocos días del azote del huracán Maria, 59 compañeros entre periodistas, foto periodistas, artistas gráficos y personal de operaciones de la empresa de la millonaria familia Ferré Rangel, GFR Media, que publica los diarios, El Nuevo Día y Primera Hora, fueron sorprendidos con la noticia de despido, que se concretizó el 26 de octubre.

El abogado de la unión, Manuel Rodriguez Banch, denunció que  a unos pocos días del huracán el patrono llamó a la Unión a una reunión, y mientras la sindical  pensaba que las intenciones eran discutir los efectos del huracán sobre los trabajadores, en especial de aquellos que lo habían perdido todo: “ … el patrono nos sorprendió primero planteando que  el su dinero efectivo se había reducido, las ventas se habían reducido y que era necesario tomar medidas, que si no se tomaban iban a tener consecuencias del despido del 50% de la matricula de los miembros de la unión”.

Rodríguez Banch censuró que la propuesta que presentó GFR Media tuviera todos los aspectos negativos de la contra reforma laboral recién aprobada por la actual administración gubernamental; que incluye reducir la acumulación de los días de licencia por enfermedad, por vacaciones, reducir el bono de navidad, eliminar la aportación del patrono al plan de retiro. Esta propuesta es al margen de los despidos. Ante la propuesta del patrono la Unión le solicitó  que esperará hasta este mes de diciembre cuando se vence el convenio y que abordaran el asunto de los despidos, pero la postura de GFR Media fue que aun cuando los trabajadores cedieran a  la propuesta nada evitaba los despidos. El patrono, ademas, faltó a su palabra de mantener el plan médico de los trabajadores despedidos hasta el 30 de noviembre.

La conducta de GFR Media, comentó Rodriguez Banch,  contrasta con la de otros patronos que conoce que tras el paso del huracán se han mostrado solidarios con sus trabajadores y han negociado extensión de salarios, el seguro médico y otras excepciones.

En una segunda reunión en la que el patrono limitó el acceso a la Unión a examinar los estados financieros de la empresa- tras su palabra de que tendrían acceso-  y en la cual se planteó por parte de la Unión  que las concesiones no guardaban  relación con los despidos, una vez mas se cerró el dialogo por parte del patrono. Luego de una campaña en las redes sociales lanzada por la Unión, se realizaron otras dos reuniones.

El viernes 17 de noviembre la Unión logró que se atendieran las peticiones de los remedios que por ley le corresponden a los trabajadores despedidos, los cuales se redujeron de 59 a 53. Rodriguez Banch indicó que como había adelantando la Unión,  GFR Media tuvo que volver a llamar a seis de los trabajadores despedidos para poder continuar sus operaciones. En la reunión se acordó que el patrono pagara la liquidación de licencia por enfermedad y vacaciones al día siguiente y el bono de navidad este próximo 24 de noviembre. Todavía queda por dilucidar  la paga por despido, o en su lugar la devolución de sus puestos de trabajo, lo que está pendiente a discutir en reunión el 28 de noviembre.

Rodríguez Banch confirmó que  en una reunión GFR Media  pretendió imponerle  a los trabajadores que serían despedidos que no podrían desempeñarse en otro empleo hasta dentro de un año. “El  patrono ha estado impulsando esa idea, la contestación es que en Puerto Rico se  abolió la esclavitud y la servidumbre voluntaria hace tiempo, el trabajador tiene derecho a escoger cómo ganarse la vida y sobre todo en profesiones como el periodismo. Agregó que la Unión  le está diciendo a sus  trabajadores  que busquen trabajo que el ‘la firma’ de cada periodista es propiedad personal.

El abogado sindical denunció que la propuesta de las empresas Ferré Rangel de negarse a cumplir con lo que dispone la ley sobre los despidos, a que los patronos pretenden actuar con impunidad, debido a la lentitud del  Negociado de Conciliación y Arbitraje del Departamento del Trabajo (DTRH). Apuntó que la propuesta de GFR Media no responde a que esté perdiendo dinero, sino que tiene una reducción en su “dinero disponible en efectivo”. Según ha divulgado, el periódico de negocios Caribbean Business  las ganancias  de GFR Media en el 2015 fueron de $170 millones.

“Yo creo  que al final  GFR se va a dar cuenta de la perdida que va a tener, lo importante   que han sido para labor periodística estos compañeros  en el espacio que su línea editorial permite, pero no hay duda de que son unos recursos importantísimos, que estamos  viviendo momentos  muy duros en Puerto Rico,  cuando  el rol de la Prensa es importante, mantener informada a la población sobre todo para que podamos estar en una posición de tomar decisiones de manera informada, y  no hay duda que este golpe que ha dado GFR a los trabajadores, es un golpe que recibe el país, salvando las diferencias que podamos tener en linea editorial”, manifestó.

Algunos de los periodistas despedidos son Rebecca Banuchi, Cynthia López Cabán, Istra Pacheco,  Karla Pacheco y Raúl Álzaga, hijo, así como el caricaturista Gary Javier.