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Privatización, capitalismo del desastre y la red de transmisión de electricidad

Especial para CLARIDAD

La privatización es un evento financiero donde un bien en manos del gobierno pasa al sector privado. Desde el punto de vista ético no es ni bueno ni malo. Desde el punto de vista político esa visión es diferente. Para la derecha capitalista es un evento deseable. Para la izquierda de la social democracia no necesariamente lo es. Una nueva tendencia es el capitalismo del desastre. Esto es cuando luego de un desastre natural llegan ofertas para privatizar bienes gubernamentales a precios altamente descontados. Esto ocurre a cambio de capital, exigiendo la eliminación de múltiples reglamentos y regulaciones, y acompañado con la promesa de mayor eficiencia.

Mucho se habla de privatizar la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Particularmente, las plantas generadoras de electricidad y la producción de energía eléctrica. Todos proponen que la red de transmisión y distribución se quede en manos del gobierno, ya que «no es rentable», «no deja ganancias». Un dato interesante es que las plantas generatrices resistieron los embates de Irma y María, pero se cayó la red de transmisión y distribución, como en todos los huracanes de nuestra historia moderna. Por lo tanto, con las propuestas de privatización en el tapete muy poco habría cambiado de lo que estamos viviendo. Estaríamos discutiendo cómo renergizar al país y por qué los esfuerzos toman demasiado tiempo, la ineficiencia del proceso y del diseño de la red. Ya llegaron ofertas de capitalismo de desastre para el sistema de energía eléctrica que van desde la propuesta de la compañía Tesla, una propuesta experimental interesante pero donde falta todo tipo de detalles, y varias alianzas público-privadas no solicitadas que crearían monopolios privados de servicio al gobierno.

La privatización no ha sido una panacea. Vemos las dificultades de múltiples sectores privados en restablecer sus servicios. Vivimos las dificultades en restaurar las telecomunicaciones en esta crisis, los problemas con la distribución de combustible, las limitaciones de la banca, los obstáculos en la cadena de distribución de alimentos y bienes de consumo, por mencionar algunos. El sistema gerencial de inventario de «just-in-time» y de «lean operations», basado en minimizar costos de operación y costos de servicio como primera prioridad, demuestran su vulnerabilidad en los desastres. Los análisis de riesgo operacional fallaron al no tener planes de contingencia efectivos para eventos extremos («black swan events») como dos huracanes consecutivos (María de categoría 5). El impuesto retrógrada al inventario empeora esta situación.

La dependencia de la sociedad moderna en el suplido y distribución de energía eléctrica es la gran vulnerabilidad de la sociedad digital. Somos una sociedad dependiente de los sistemas de transporte terrestres y marítimos para asegurar suficientes abastos de todo tipo de bienes y materiales; una isla que depende del transporte aéreo y de sus puertos para asegurar su supervivencia.

Estoy seguro de que en un futuro cercano, si se da la privatización de la AEE según propuesta, vendrá un nuevo cargo, altísimo, para «mantenimiento y mejoras capitales a la red de transmisión y distribución».

No podemos volver a construir un sistema energético similar al que tenemos. Este fue diseñado basado en una industria petroquímica en el sur que dejó de existir hace unos 40 años. Si se construyen nuevas plantas de generación hay que considerar una mejor distribuEsepcición geográfica por las diversas regiones de Puerto Rico y eliminar la concentración de fuentes energéticas. Hay que hacerlo de forma estratégica protegiendo los recursos naturales del país. California y Alemania son lugares de los que podemos tomar los ejemplos de diseño y financiación de un sistema «semi-privado» de energía.

Dada la situación geográfica de Puerto Rico, necesitamos una red de transmisión de alta eficiencia que resista vientos de huracanados de 200mph y terremotos de 8.0 en la escala Richter con sus marejadas, inundaciones, derrumbes y fuegos, entre otros desastres. Esa red puede que sea demasiado costosa usando las tecnologías existentes. Hay que inventar nuevos diseños y nuevos materiales que hagan esas especificaciones posibles y costo efectivas. Por ahora se puede mitigar parcialmente con las nuevas tecnologías solares y de energía renovable. Pero aun estas tienen limitaciones. Necesitamos una red de tecnologías diversificadas, robustas, y con alta redundancia. Este tipo de avances se ha logrado en la industria aeroespacial.

Ese es el gran reto social y tecnológico que tenemos los ingenieros, físicos, químicos, planificadores, ambientalistas y científicos computacionales. Ese es el gran reto que Irma y María nos presentaron al asolar nuestra Patria y llevar al colapso a la sociedad digital actual.

El autor es Catedrático de la Escuela de Medicina de la UPR.

*Las opiniones presentadas aquí son únicamente del autor y no representan la posición de la UPR o de su Escuela de Medicina.

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El hombre que trató de subir la montaña

Una antigua fábula rusa nos habla de una remota región de los Montes Urales en que había un pequeño poblado localizado en la base de un pico bien alto. Los habitantes del pueblito soñaban desde tiempos inmemoriales con escalar la elevada montaña. Todos los días, al acabar las labores del campo, se reunían para diseñar un plan que los llevara a cima. Pero nunca lograban ponerse de acuerdo. Querían un delinear un plan perfecto, sin riesgos ni azares. Así, diariamente trazaban un bosquejo de acción, que luego descartaban por ser imperfecto. «Nunca podremos escalar la montaña, si antes no damos con el plan perfecto», se decían unos a otros.

Un día, uno de los habitantes trazó su propio plan, y se fue a subir la montaña por un camino nunca probado. Y subió y subió y subió, hasta llegar a un lugar del camino al que nunca persona alguna había llegado. Su corazón latía con gran entusiasmo, por la altura alcanzada. Pero entonces se dio cuenta de que su plan no había funcionado por completo. Tropezó con un obstáculo imposible de superar. Su corazón se llenó de gran desaliento, pues no había alcanzado la cima. Peor aún, bajar no sería nada fácil. Además de los peligros inherentes a descender la inclinada pendiente, estaba la poca excitación que provoca volver al lugar de partida. Sin embargo, emprendió el difícil y penoso descenso. Y bajó y bajó y bajó. En el camino sufrió caídas y rasguños. Según se fue acercando a la base de la montaña, pudo escuchar las burlas y risas de los demás habitantes del pueblo: «Ya lo ven: tuvo que virar sin llegar a la cima», decían algunos. Otros replicaban, en tono petulante: «Se lo merece. Eso le pasó por querer subir la montaña sin un plan perfecto».

Esa noche el pueblo volvió a reunirse. No pararon de burlarse del hombre que había intentado subir la montaña. Pero, como sucedió en otras tantas ocasiones, no pudieron ponerse de acuerdo. No daban con un «plan perfecto» que los convenciera de poder llegar a la cima sin contratiempos. Cansados de tanta porfía, descartaron sus ideas y se marcharon a dormir. «Mañana nos reuniremos de nuevo a buscar el plan perfecto», dijeron frustrados al no alcanzar el consenso.

Al otro día, muy temprano en la mañana, se dieron cuenta de que el hombre que fracasó en el empeño de subir la montaña ya no estaba entre ellos. Se había marchado, con un nuevo plan, a escalar el elevado pico. Desde abajo lo pudieron observar, como una hormiguita, subiendo por un camino enteramente distinto. Y subió y subió y subió, hasta llegar a una elevación mucho mayor que la que él mismo había alcanzado en su primer intento. Pero entonces se dio cuenta de que su segundo intento tampoco había funcionado por completo. Al igual que en la primera ocasión, tropezó con un obstáculo imposible de vencer. Su corazón se llenó otra vez de mucho desánimo. Había fallado en su segundo intento de llegar a la cima. Sería ahora todavía más difícil bajar la peligrosa pendiente. A pesar de eso, emprendió nuevamente su descenso. Y bajó y bajó y bajó, sufriendo incluso caídas y rasguños más dolorosos. Y conforme se acercó a la base de la montaña, pudo reiteradamente escuchar las burlas y risas de los demás habitantes del pueblo: «Es un necio, mira, y que querer ascender hasta la cima sin un plan perfecto», dijeron cargados todavía de más socarronería. «¿De veras se cree que va a llegar sin un plan perfecto?», se repitieron unos a otros. Pero el hombre, asido ahora a una soga amarrada a un arbusto, continúo bajando la empinada y difícil montaña, más rasguñado que antes, pero pensando ante todo en qué camino podría tomar la próxima vez para finalmente llegar a la cima…

Es de este modo en que, quizás, debemos comenzar a reflexionar sobre los esfuerzos libertadores de nuestros antepasados. ¿Qué sacamos con decir que no lograron la meta final de la independencia? ¿Por qué se arriesgaron a sabiendas de que no tenían un plan perfecto? ¿Qué pudieron o no pudieron haber hecho hacer distinto? ¿Y qué nos impide a nosotros y nosotras intentar llegar por un nuevo camino? ¿La ausencia de un plan perfecto?

·Basado en la historia titulada «Ascender una montaña: Los peligros del desaliento», por V. I. Lenin, febrero de 1922.

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«Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta»

Fueron tantas las veces que escuchamos al compañero Irvin Flores Rodríguez repetir estas palabras que las grabamos en su tumba. Precisamente en estos días le mencioné a María de los Ángeles que a cada rato me pasaba Irvin por la mente. Me recordó que quizás era porque precisamente en este mes hubiera cumplido año. Este 1 de octubre Irvin hubiera cumplido 94 años.  Sé que por la situación que está pasando nuestro pueblo, en que además del coloniaje nos devastó un huracán, Irvin no estaría celebrando su cumpleaños sino que como siempre, silenciosamente, estaría buscando qué hacer para el bien de su pueblo. Al recordar a Irvin también recuerdo a Lolita, aquella mujer puertorriqueña que sacrificando su vida le dio a conocer al mundo la verdad sobre la situación colonial de su patria.

Antes de llegar a lo que voy a decir, quiero que sepan que nunca he participado ni participaré en elecciones coloniales pues siempre he sabido quién, ilegalmente, gobierna en Puerto Rico, pero siempre he respetado a quienes de buena fe participan, sean PNP, populares o independentistas.

Ahora a lo que voy que es enviarle un abrazo de un puertorriqueño que se respeta a sí mismo a otra mujer, que al igual que Lolita, puso en alto la dignidad puertorriqueña, confrontando de tú a tú a quien quiso humillar a su pueblo. Carmen Yulín, nuestra verdad recorrió el mundo en tu voz. Contigo el señor Trump aprendió que a las mujeres se les respeta, sobre todo si es una mujer puertorriqueña. Gracias por tu valor y tu honestidad puertorriqueña. Gracias por atreverte a ajustarte bien las faldas ante quien a tantos supuestos hombres se le aflojaron los pantalones. Tú, al igual que Irvin, demostraste que «Nadie sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta». ¡Gracias!

Habla el hermano menor del Che: Juan Manuel Guevara

Por Felipe Pigna.

Cómo era el clima familiar y la casa donde se criaron?

–Mis hermanos eran cuatro y estaban muy unidos en cuanto a edad. Yo nací diez años después, así que la realidad familiar que viví fue diferente. Ellos tenían alrededor de 20 años cuando yo empecé a jugar al fútbol en la calle. Mi vida era la calle, distinta a la de ellos, que era una vida de estudiantes. Todos los hermanos eran profesionales, estudiantes, todos se recibieron de algo y yo me dediqué a la calle. Mi viejo, aunque no era un profesional, era un amante de la fotografía y la imagen. El viejo representaba eso, y la vieja, los libros. En la casa no podían faltar ni libros ni cámaras, filmadoras, fotos. Era una gran mezcla.

–Era raro tener filmadora en esa época.

–Sí, el viejo le trasladó a Ernesto el gusto por la fotografía y la imagen. Un día en Cuba, cuando Ernesto ya era el Che, un fotógrafo cubano le preguntó si le podía hacer una sesión de fotos. Él le contestó que pasara al otro día a las seis de la mañana por el Ministerio de Industria. Cuando el fotógrafo llegó al lugar, el Che le pidió que se subiera a un ómnibus con él. Se fueron a realizar trabajo voluntario en una plantación de caña de azúcar. Ernesto lo hizo trabajar hasta el mediodía y después le dio la sesión de fotos. Después de eso, se formó una especie de vínculo y un día, en un discurso grande, el fotógrafo también estaba sacándole fotos a él pero con una cámara mucho más moderna. Cuando el Che lo vio, le pidió que le prestara la máquina y comenzó a sacar fotos al público. Las fotos quedaron y cuando este fotógrafo realizó una exposición sobre fotos que le había sacado al Che, también expuso las fotos que él sacó. Les puso un epígrafe que decía: “Estas fotos fueron sacadas por el Che con mi máquina”.

–También se lo vio con sus cámaras en su viaje a Europa.

–Ernesto estaba de viaje a Checoslovaquia y tenían que hacer escala en Madrid y París. Pidieron un permiso para él y su escolta y se lo dieron. Había un fotógrafo en Madrid que seguía a Ernesto por todos lados y le sacó varias fotos que hasta el día de hoy siguen apareciendo. Era una cosa medio clandestina porque habían salido del aeropuerto con un permiso estatal en tránsito. Hay otro documental donde aparece José Mendoza Argudin, que fue escolta del Che en su primera gira por la Europa comunista.

–Hay una anécdota muy interesante en la Capilla Sixtina.

–Sí. En un viaje que estaban haciendo para Checoslovaquia en 1959, hicieron escala en Roma, pidieron permiso y bajaron del aeropuerto para recorrer la ciudad. Entonces decidieron ir al Vaticano a visitar la Capilla Sixtina. Ninguno de los que formaban la escolta entendía mucho de ese lugar ya que todos venían de la Sierra Maestra. Cuando llegaron a la capilla, un guardia le dice a Argudin que mujeres con pantalones no podían entrar, haciendo referencia a su pelo largo. El teniente se pone mal y empieza a discutir con el guardia. El Che interfiere: “Bueno, bájate los pantalones y demuéstrale que eres hombre”. Cuando ya estaba por bajárselos, el guardia los dejó pasar. En ese documental, Argudin cuenta lo maravilloso que le resultaba este jefe, que había sido jefe de él en la guerra, hablando de la Capilla Sixtina, de los frescos, de Miguel Ángel. Haciendo de guía artístico y turístico en la Capilla Sixtina.

–¿Qué edad tenías cuándo él partió de viaje?

–Para el segundo viaje tenía 10 años. En 1953. Y lo volví a ver recién en 1959, seis años después.

–Ya como el Che.

–Sí, él comenzó a ser el Che hacia 1957. Entonces empezó a aparecer en los diarios como un médico argentino comunista. El primer reportaje que le hicieron es de un estadounidense llamado Matthews, después viene el de Jorge Masetti. No recuerdo cuándo él empieza a firmar como “Che”. Salvo para la familia, que firmaba Ernesto o Ernestito. En una firmó Teté porque era una carta donde nos decía que estaba bien. Firmaba Teté para que supiéramos que era de él ya que ese era un sobrenombre de cuando él era bebé. Después fue teniendo sobrenombres a medida que fue creciendo. Lo del Che ya es un nombre.

–¿Cuál fue la reacción de la familia cuando se enteraron del triunfo de la Revolución Cubana?

–El proceso de modificación del viajero al político y luchador definitivo lo fuimos viendo a través de las cartas. Él inició la carrera de Ingeniería en Córdoba, y entonces mi abuela Ana tuvo un derrame. Él tenía adoración por su abuela, entonces vino a Buenos Aires y se quedó cuidándola. Cuando murió la abuela, él decidió salir de Ingeniería y anotarse en Medicina. Nunca lo dijo claramente, pero todos dedujimos que fue una reacción frente a la impotencia de no haber podido hacer nada por la abuela. A partir de su estudio él fue viendo la imposibilidad de resolver los problemas de salud individuales y de resolver los problemas sociales. En cada viaje se encontraba con gente con menos posibilidades de acceso a la salud. Él siempre tuvo  esa tendencia de ir a buscar abajo, de ir a buscar la base. Además de ser investigador. Él fue un médico investigador. Incluso acá en la Argentina, él como médico hizo investigación, no medicina. La única medicina que hizo fue estudiando cuando tuvo querealizar las prácticas en los hospitales.

–¿Su estadía en Guatemala implicó un antes y un después en su vida?

–Guatemala indicó un cambio ya que ahí hubo una definición: él dice que Jacobo Árbenz tiene pelotas. Después dice que Árbenz se comportó como un buen militar y no dio las armas que tenía que dar. Él ya estaba tratando de crear milicias. En fin, se mostró desencantado con la no resistencia en Guatemala, pero ya él estaba hablando de los yanquis. Entre joda y joda, él ya iba definiéndose políticamente. A cada uno le ponía lo que más le molestaba. Él se definía a sí mismo como una mezcla entre turista y socialista. De ahí llegó a México y entonces las cartas empezaron a decir muy poco. Fue cuando ya estaba metido hasta las manos. Hablaba de que vendía estampitas, de las fotografías de los Panamericanos, hasta que lo metieron en cana, y le dice a mi familia que está metido con la gente de Fidel Castro. Después desapareció por tres meses y le mandó una carta a Tita Infante donde decía que el embajador argentino, Nicasio Sánchez Toranzo, había tenido la mala idea de creer en su palabra de que se iba a ir para la Argentina. Estaba hacía tres meses escondido esperando por subirse al Granma.

–¿Cómo se enteraron del desembarco en Cuba?

–Nos enteramos por los diarios de que el desembarco se había producido, que había sido un desastre y habían muerto todos. Un desastre fue, pero no murieron todos. La primera noticia que recibimos fue esa carta a Tita. Hay una que trajo Nicolás Guillén a casa. Después otra que trajo Jorge Masetti. Y así fuimos teniendo algunas noticias esporádicas. Las peores eran las que salían en los diarios y las que los contradecían eran las directas. No eran muy continuas pero existían. Hasta que se dio el 1° de enero, cuando apareció en todos los diarios que Batista se había ido de Cuba y que dejaba el gobierno. En ese momento, Camilo Cienfuegos organizó un viaje de todos los exiliados. Es algo que se desconoce bastante de Cuba, cómo fue la dictadura de Fulgencio Batista. Hubo 20 mil muertos en Cuba durante el batistato. Cuba era un país de seis millones de habitantes, es decir que fue una dictadura muy sangrienta, violenta, corrupta y proyanqui. Por eso hubo muchísimos exiliados, algunos en la Argentina, otros en Venezuela y en distintas partes del continente. Entonces fletaron un avión de Cubana Aviación para recoger a los exiliados. Camilo hizo todos los trámites para que nosotros pudiéramos ir en ese avión, pero no le avisó nada a Ernesto hasta que llegamos a Cuba.

–¿Quiénes viajaron?

–Varios que viajaron ahí después formaron parte del gobierno, personas del 26 de Julio que estaban desparramadas porque tuvieron que exiliarse. De la familia viajamos la vieja y el viejo; Celia, mi hermana; Luis Rodríguez, el marido de Celia; yo y algunos que el viejo coló. Llegamos y ahí se produjo la famosa foto de Ernesto dándole un abrazo a la vieja. Siempre digo que la foto es igual a la realidad, porque es estática y ellos estaban estáticos, era un abrazo que no terminaba más.

–¿Cómo fue tu reacción al ver a ese hermano que habías dejado viajando y ahora era el comandante Guevara, el Che?

–Ya había ocurrido para mí ser hermano del Che, con todo lo que eso significaba. Tuvimos algunos atentados en mi casa. La etapa de la lucha en la Sierra para mí fue de aprendizaje. Cuando llegué a Cuba a los 15 años, ya era diferente a los pibes de 15 años de la Argentina. Quería hablar con un hermano pero no podía hablar como hermano. No se podían hacer las mismas jodas de antes. A esa altura él también estaba necesitando ser hermano y dejar de ser el Che conmigo. Entonces empezaba a joder, no se nos ocurría hablar de otra cosa más que de pelotudeces. Era lo que él necesitaba, y yo también.

–¿Y pudo darse ese momento de distensión entre hermanos?

–Sí, se dio en varias oportunidades. Nosotros teníamos una forma de llamarnos. Él me decía “tudito” por pelotudito y yo le decía “tudazo” por pelotudazo. Era nuestra forma de conversar. En la casa mi vieja era la vieja, no era mamá. Mi viejo era el viejo. Como Ernesto había estado en una revista Tackle y firmaba “Chanchito”, entonces toda la familia era la familia de los chanchos: el chancho padre, la chancha madre y los chanchitos. Mi viejo, enfurecido porque le decían chancho. La formalidad no era lo nuestro, pero había que guardarla frente al comandante. Entonces cuando desaparecían los demás, desaparecía el comandante y podíamos empezar a joder.

–¿Y tu madre qué te comentaba de lo que veía en tu hermano?

–Es que con mi vieja, ya desde antes y con la revolución consumada, los dos fuimos militantes. Ella militaba en el Malena, el Movimiento de Liberación Nacional, donde estaba Ismael Viñas. Ellos se habían abierto del frondizismo y la vieja militaba ahí. Yo militaba en una agrupación escindida del socialismo que era pro-Cuba. Con la vieja teníamos conversaciones muy politizadas. Hablábamos mucho de Cuba, por supuesto. La vieja fue una difusora de la Revolución Cubana, se jugó mucho en atentados que sufrió, estuvo en cana en la época de José María Guido. Viajó a Cuba varias veces. Para ella fue un revivir y para mí fue una sorpresa ver a mi vieja en ese rol. La vieja había estado muy jodida, tuvo dos veces cáncer y operaciones muy grandes. Estaba deprimida, se había separado del viejo, la familia toda desparramada, y esto la convirtió en otra vieja.

–Después lo volvieron a ver en Punta del Este, ¿no?

–Sí, lo vimos en agosto de 1961 en Punta del Este, donde se hizo la reunión de la OEA para debatir la Alianza para el Progreso. Esa fue la última vez que estuvimos los siete miembros de la familia juntos: los cinco hermanos, la vieja y el viejo.

–Hubo momentos complicados en Punta del Este.

–Sí, él venía del triunfo de Playa Girón y planteaba en su discurso que todo lo que recibieran iba a ser gracias a Cuba. Todas las dádivas que les pudiera dar Estados Unidos iban a ser gracias a la posición cubana. Luego Ernesto vino a la Argentina, donde se reunió con Frondizi, y pasó por la casa de la tía María Luisa, que estaba postrada porque tenía una hemiplejia. Después volvió a San Fernando y se fue con la avioneta con la que había llegado. Prácticamente era un viaje clandestino.

–Le trajo a Frondizi una cantidad de dolores de cabeza por los riesgos que corría y el peligro inminente de un atentado.

–Sí, estaba con toda la escolta. Estaban todos armados y constantemente cuidándolo. Estaba en un territorio que no era el suyo. Él decía que cuando estaba por subir a la avioneta uno de los contactos no iba a viajar y Ernesto dijo: “No, vos viajás también, si me caigo yo nos caemos todos”. Hay cosas que van apareciendo con el tiempo y, probablemente, algo se aclare de aquel gran peligro que asumió viajando desde Montevideo hasta Buenos Aires.

–¿Qué pasó después del fracaso de África?

–Ya en el discurso de Argelia había un planteo directo del Che de que el socialismo no estaba actuando como tenía que actuar. Entonces los países que se quisieran liberar se tendrían que liberar por sí mismos. Como en El Congo no dio resultado y los congoleses se abrieron cada uno por su lado, fue un desastre. Incluso hay una carta de Fidel Castro que le dice que fuera directo primero para Cuba, que no fuera de Praga a Bolivia, cosa que hizo. Los cuadros que se sumaron indicaron que el gobierno o Fidel estaban apoyando claramente. Antes de que se cortaran las comunicaciones, hubo un par de contactos que se hicieron desde Bolivia que ya se estaban vislumbrando como una traición de la dirección del Partido Comunista boliviano. Estuve en Bolivia hace muy poco y me preguntaron si en la ruptura con Fidel el Che buscaba un lugar donde hacerse fuerte y ser protagonista. Mi respuesta fue que no, ya que siempre había habido la necesidad de la liberación de América para poder triunfar en general, algo que Cuba no podía hacer sola. Eso lo tenía claro Fidel como cualquier otro. Podía haber diferencias en la dirección cubana. Pero entre Fidel y el Che, respecto del concepto y la estrategia de liberación y la dependencia, no había ninguna duda, había que ser independiente para liberarse.

–¿Cuál es tu hipótesis sobre la elección de Bolivia?

–El criterio del viaje a Bolivia era un concepto continental. Lograr la liberación de América, pensando en la Argentina con una gran cercanía. No hay que olvidarse de que ya Masetti había estado acá, había gente en Perú, en Guatemala, en Venezuela. Todos apoyados por Cuba, es decir que no era una novedad que Cuba apostaba por la liberación de América. Esta ruptura entre el concepto fidelista y el concepto guevarista que se quiere plantear es algo que no coincide realmente con aquella etapa. Lo cual no quiere decir que todo el gobierno cubano estuviera de acuerdo.

–¿Qué te dejó el Che en cuanto a tu voluntad de compromiso político? ¿Cómo te marcó ese hermano?

–Volví a militar. Hubo un ínterin después de que salí de la cárcel en el que descubrí que los compañeros se peleaban más entre ellos que en afrontar a los verdaderos enemigos. Yo dije que iba a trabajar donde yo sé, en el nido tienen que estar los huevos, y me puse a trabajar con Cuba. Fui representante del tabaco, con lo que me aparté de la vida política. Pero sí estuve muy cerca de lo que era Cuba. Como en el tabaco fui más un empresario, me separé bastante de la militancia de la calle. Lo que había sido mío siempre. Fui camionero, sindicalista, dirigente estudiantil, fui calle. La empresa no me cerraba. Hoy, con la asociación Por las Huellas del Che, siento una reivindicación por un lado, mandato por otro, legado por otro. Pero para mí es una nueva militancia. Me siento como la vieja después de 1959, estoy renaciendo. Eso es lo que me dejó.

Colaboró Tomás Montalá

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Un desperdicio la quema de material vegetativo

ccotto@claridadpuertorico.com

Como una medida “insensata y hasta irresponsable”, así calificó el planificador ambiental, Luis Jorge Rivera Herrero, las pretensiones del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos (USAE), de quemar la basura que ha generado el paso del huracán María por la isla.

En una entrevista radial, el director del Cuerpo de Ingenieros, José Sánchez, reconoció que ante la enorme cantidad de basura generada por el huracán se contemplaba la posibilidad de quemarla en la isla o hasta exportarla.

A preguntas de este semanario sobre su parecer con respecto a esta medida, Rivera Herrero fue enfático y denunció que las mismas razones por las que no se debe construir Energy Answer (EA) le aplican a esta quema, debido a que Puerto Rico es la jurisdicción de EE UU con la mayor incidencia de condiciones respiratorias, como el asma, entre otras: “En estos momentos muchas de esas situaciones se agudizan con el paso del huracán. No es sensato y sería hasta irresponsable recurrir a la quema de cualquier tipo de desperdicios”.

El planificador ambiental rechazó que la quema de basura sea una alternativa para su disposición independientemente del lugar que se escoja y la basura que sea. Aun cuando dijo no saber cuáles son los planes, recordó que en el paso del huracán Hugo el Cuerpo de Ingenieros hizo algo similar. “No han explicado cómo sería la quema pero viendo que estamos en una situación de emergencia difícil y dado todo el material que hay difícilmente puede haber algún tipo de equipo que pueda manejar eso en términos efectivos para reducir las emanaciones resultantes”. Advirtió que, por lo regular, se supone que los materiales de basura se separen, precisamente, para reducir los contaminantes y, aun en un momento de emergencia, uno prevé que se debe  separar todo el material vegetal: ramas, troncos, hojas del resto de los residuos domésticos que es realmente lo que es basura.

Rivera Herrero expresó que hay que sacarse de la mente que todo el material vegetativo que se ha caído es basura y que tampoco significa que sea necesario quemarlo: “En  Puerto Rico  hay muchos terrenos vacantes un tanto alejados de áreas densamente pobladas, donde ese material una vez triturado se puede depositar y esperar que se descomponga de forma natural para el  control de erosión, relleno o como materia orgánica que se puede utilizar para fertilizar los suelos en tareas agrícolas”.

Hizo la salvedad de que para triturar el material vegetativo se requiere maquinaria, pero llamó la atención a que la Administración para el Manejo de Desastres (FEMA, por sus siglas en inglés) en otras jurisdicciones y situaciones ha transportado maquinaria para ese proceso. Prosiguió que en Puerto Rico hay de esas trituradoras y aunque duda que haya suficientes para manejar la actual situación indicó que como parte de los esfuerzos de recuperación es indispensable que FEMA o el Cuerpo de Ingenieros embarque esos equipos a la isla. “Pero para nada es necesario quemarlo ni para nada exportarlo. Ese material se puede aprovechar y lo mismo con otros residuos de la basura doméstica, sobre todo muchos metales que ya de por sí hay personas recogiéndolos, sería un gran desperdicio”, insistió.

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