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Breves de septiembre-1

No siempre podemos predecir qué películas quedan en cartelera por más de dos semanas pero siempre pensamos que si fue un filme especial—esos que nos hacen pensar y vibrar—permanecerá en los cines, especialmente los Fine Arts, hasta que el público deje de asistir. Detroit fue uno de esos filmes que por ser muy especial—temática, cuadro histórico-político, directora premiada—estábamos seguras que tendría una buena temporada. Nada más lejos de la realidad: solo duró dos semanas en una sola sala de Fine Arts de Miramar y me la perdí. Así que los tres que comento pueden seguir en cartelera o haber desaparecido, pero todos son excepcionales por la temática, su presentación y su alejamiento de los elementos hollywoodenses.

Maudie

(directora Aisling Walsh; guionista Sherry White; cinematógrafo Guy Godfree; elenco Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett, Zachary Bennett, Gabrielle Rose, Billy MacLellan, Marthe Bernard, David Feehan)

Lo que destaca este hermoso y emotivo cuadro de una mujer que poco a poco y a pesar del ambiente y circunstancias que le han tocado vivir sobrevive y florece como artista es su sencillez. Comienza en la década de 1930 en el pueblo de Marshalltown en Nova Scotia, Canadá. Al perder a sus padres, Maud Dowley también perdió su casa ya que su hermano la hereda y la vende sin consultarla. Le toca entonces vivir con una tía que no entendía cómo una mujer soltera y en sus treinta no podía quedarse en su casa y ser parte de su congregación religiosa. No importa si Maudie caminaba medio tullida por una condición artrítica severa, a ella le gustaba ir al pueblo en las noches cuando había música y baile y podía beber alcohol. Ya se imaginarán como esto le caía a su tía Ida. Su único entretenimiento en esta casa donde le recordaban a cada momento que no pertenecía era dibujar y pintar con juegos de colores que su madre le había dejado.

En una de sus caminatas al pueblo —pues no importaba si se le hacía difícil la travesía ya que era una manera de liberarse del encierro en que vivía— encuentra un anuncio de trabajo como sirvienta de un campesino que vivía solo y responde presentándose y convenciéndolo de que podía hacer el trabajo de limpieza a pesar de ser pequeña de estatura y caminar raro. Así convencerá a Everett Lewis de dejarla transformar su vivienda, una casita de una sola habitación y buhardilla, y llenarla de pájaros, hojas, flores pintadas en colores brillantes. Poco a poco tanto la gente a su alrededor como extraños de muy lejos conocerán su arte y pasarán por su pequeña casa a comprar sus postales y pinturas.

Sally Hawkins como Maudie es una obra maestra e Ethan Hawke nos sorprende por su interpretación de un personaje tan diferente a lo que nos tiene acostumbradxs. Todos los elementos de producción hacen de este cine minimalista un ejemplo de cómo se puede contar una historia con mínimo de diálogo, gestos casi congelados, cámara contemplativa pero también en movimiento para seguir a sus personajes y el relato de una vida relevante como son todos los que nos rodean.

The Big Sick

(director Michael Showalter; productor Judd Apatow; guionistas Emily Gordon y Kumail Nanjiani; cinematógrafo Brian Burgoyne; elenco Kumail Nanjiani, Zoe Kazan, Holly Hunter, Ray Romano, Anupam Kher, Zenobia Shroff, Adeel Akhtar, Bo Burnham, Aidy Bryant, Kurt Braunohler)

Puede que los comediantes ‘stand-up’ sean muy exitosos en sus presentaciones ante un público en vivo o en programas diseñados por ellos en Comedy Central, pero eso no traduce a un largometraje de ficción con una historia que vaya más allá del chiste fácil o de montaje difícil. Aunque con diferentes experiencias pero todos con la base de reírse de la vida, sí lo lograron en Funny People (2009), dirigida por Judd Apatow y protagonizada por Adam Sandler, 50/50 (2011), escrita casi como autobiografía por Will Reiser y Trainwreck (2015), escrita y protagonizada por Amy Schumer y dirigida también por Apatow. En The Big Stick, Kumail Nanjiani es co-guionista y protagonista de una historia que recoge lo que pareciera ser algo inventado en vez de una experiencia de vida.

Prácticamente toda la historia se desarrolla en interiores comenzando con el club donde Kumail hace su rutina junto a sus amigos y compañero de cuarto: Mary, CJ y Chris. Esas improvisaciones ensayadas de los comediantes se miden por la aceptación (muchas risas y especialmente carcajadas) del material presentado. En este caso, alguien del público decide volverse participante: así conoce a Emily. Lo que parece un romance muy interesante y con potencial de desarrollo se torna complicado por las familias de ambos. Kumail es pakistani y musulmán y si quiere continuar con el lazo familiar tiene que seguir las normas culturales, no importa dónde residan. Enamorarse de alguien diferente es un insulto a la familia. A través de la historia Kumail aprende a cómo establecer prioridades y balancear el amor y respeto hacia su familia y la mujer que ama a pesar de su negación. Todo esto sucede en medio de una crisis de salud cuando Emily se enferma seriamente y tienen que inducirle un estado de coma para salvar su vida. Todo esto parece un drama pero lo fabuloso del filme es que la audiencia/espectador estamos riéndonos a carcajadas. Muy de ‘stand-up’ los personajes entran y salen de escena con ‘one-liners’ pero tener a Holly Hunter y Ray Romano como los padres de Emily es darle otra dimensión a esta comedia romántica.

A Ghost Story

(director y guionista David Lowery; cinematógrafo Andrew Droz Palermo; elenco Casey Affleck, Rooney Mara, McColm Cephas, Kenneisha Thompson, Grover Coulson, Liz Franke, Barlow Jacobs, Richard Krause, Dagger Salazar, Sonia Acevedo, Carlos Bermúdez, Yasmina Gutiérrez)

Nuevamente en un estilo minimalista, este filme apenas tiene diálogo y depende casi en su totalidad de la cinematografía: las tomas de los personajes, la presencia del fantasma en su cubierta reconocida, los colores en interiores y exteriores, la escenografía casi desnuda, la distancia establecida entre lugares y presencias. Pero ante todo es una historia de cómo se apropian o no los espacios que ocupamos ya sea por corto o largo tiempo. Cuando conocemos a la pareja que habita la casa, C y M, reconocemos su intimidad pero a la misma vez la distancia que parece rodearles. Las pocas palabras que escuchamos tienen que ver con la casa que habitan y las que habitaron y quedan en su memoria. Cuando la pareja se separa, la casa ya es ajena y observamos cómo se vende o alquila, los nuevos inquilinos y su manera de llenar los espacios tan distinto a sus anteriores moradores. También el tiempo dejará de ser consecutivo y dará saltos hacia el pasado reciente y lejano para luego lanzarse a toda prisa a un futuro donde la casa ya sea irrelevante y sus fantasmas no tengan razón para requedarse.

La narración sin palabras, con imágenes y música, es como un poema silente que sentimos porque nos hace recordar casas no enteramente olvidadas, imaginar el pasado del presente que habitamos y las historias que quedaron flotando entre paredes.

Será otra cosa: La pecera

Cuando lo colocó, justo a la altura de los ojos, la mujer pudo apreciar en detalle la diminuta silueta de aquella criatura que parecía danzar solo para ella. Quiso sentir que había entre las dos alguna conexión, pero inmediatamente descartó la idea. Qué tontería, las cosas que se me ocurren, y siguió con lo suyo.

Desde allí arriba el pez no veía mucho y se aburría. Un pez aburrido puede confundir. A veces la perplejidad se toma por vanidad, sabiduría, desconcierto. Esto pasa mayormente con los cangrejos, las tortugas y los tinglares, pero ninguna de estas criaturas comparte su universo de forma tan íntima como este pez. En aquel cuarto no se daban grandes acontecimientos, como podía suceder en mar abierto, ni sufría grandes transformaciones, como ocurre con las costas. Sólo la luz se afanaba en un espectáculo mañanero a través de las cortinas y jugaba con los reflejos del agua por la tarde, cuando los rayos del sol calentaban un poco la reducida pecera que ocupaba el solitario pez encima del mueble.

La mujer se acostumbró muy pronto al pez, como quien se acostumbra a un cuadro o al paisaje cambiante a través de una ventana. De vez en cuando el movimiento de la criatura, como un celaje azul, le recordaba que era diferente al cuadro y al paisaje. Entonces se acercaba al pez y lo alimentaba.

Desde allí, el pez mataba el tiempo pensando en lo que veía. Su reducida pecera no tenía adornos, aparte de un castillo sin puertas ni ventanas, como una piedra cuadrada que hubieran lanzado al fondo sobre los guijarros azules, de manera que no le quedaba más remedio que mirar hacia fuera. El pez rodeaba los límites de la fortificación y se asomaba por la curvatura del cristal que le hacía ver más cercanos los objetos: todo era verde, azul y amarillo. Su único espectáculo era el monótono y predecible ir y venir de las enormes criaturas que ocupaban el cuarto.

Poco a poco el pez aprendió a reconocer las siluetas de los individuos que se presentían en la oscuridad. Cuando la luz le permitía distinguir las figuras, vigilaba a aquellos seres que se desplazaban por el cuarto, en un espacio aparentemente más suave y cristalino que el agua y que les permitía movimientos a un ritmo incomprensible para el ocupante de la pecera.

Algunas veces entró otro animal a la habitación. Era un cuadrúpedo amarillo de ojos endiabladamente feroces y largos bigotes picudos. Parecía fascinado por aquel receptáculo y el pez llegó a pensar que el pobre padecía de una sed perpetua, pues solía beber del agua de la superficie mientras él mantenía discreta distancia en el fondo, muy cerca del castillo. En una de esas ocasiones, el pequeño monstruo fue sorprendido por la mujer, que lo sacó del cuarto como si el animal la hubiera ofendido con su presencia. El asunto llegó a intrigarle. Algo había en él, siniestro y maligno, que hacía a las criaturas mayores reaccionar violentamente.

El pez se propuso combatir su aburrimiento y comenzó a llevar cuenta de las rutinas de los otros y a imaginar lo que pasaba más allá de las puertas y ventanas del cuarto. No tenía muchas pistas para hacerlo, pero desde el minúsculo abismo de su pecera, junto al falso castillo, hacía lo que podía. Pronto conoció sus costumbres, que se limitaban a las primeras y finales horas del día. Nadie sabe cómo es eso de vivir en una pecera, pero en este caso el pez fue muy cuidadoso en no exagerar sus ideas y se atuvo a lo que podía constatar en el tránsito cierto de aquellas criaturas lastimosas, tan ignorantes del ritmo de las mareas y corrientes submarinas. El pez imaginaba el pasado de la pareja desde su perspectiva de pez o jugaba a que era él quien determinaba los desplazamientos de los personajes: era él quien los levantaba con la luz por la mañana, quien los hacía retirarse después de cambiarse de piel, quien los hacía moverse en la penumbra y quien los dejaba inmóviles hasta el otro día.

Así las cosas, una mañana, el pez imaginó que ya era una criatura feliz, que había conseguido entender el adentro y el afuera de su pecera, y se quedó muy quieto en el fondo. Tan quieto estaba que dejó pasar las horas de la noche y la mañana, dejó pasar el momento de alimentarse, dejó de seguir a la pareja por el cuarto y tan quieto se quedó que al otro día la mujer pensó que todo había terminado para el pez.

La mujer lo miró desde arriba, muy triste y compungida –el pez sólo había durado año y medio y habría que explicarle al niño qué había pasado–, y decidió deshacerse de él y limpiar la pecera. Algo llorosa, la mujer fue sacando las piedritas azules del fondo, sacó el castillo y el liviano cuerpo del pececito, y, acaso por tener empañados los ojos, no alcanzó a notar cierto movimiento en las aletas cuando lo echó, en actitud melancólica, por el inodoro. Esa noche la mujer se dormiría pensando en aquel pobre ser que nunca escuchó música, ni conoció el mar, ni se enteró de que había otras criaturas marinas.

El pez, que había permanecido quieto y catatónico, los ojos puestos en la mirada compasiva de la mujer, concentrado él en aquel instante de exultada emoción, no opuso resistencia. Otro pez hubiera sacudido su cuerpo, buscando desesperado el regreso a la pecera, pero no así el pez de esta historia. Adiós, mundo maravilloso, se habrá dicho el pez mientras la fuerza del agua lo revolvía en la taza. Con el último aliento que le quedaba, alcanzó a ver la silueta de aquella otra criatura triste, y, mientras se sumía en la oscuridad de los desagües, se conmovió pensando en una vida dispersa y vulnerable, sin la tibia protección de una pecera. Cuánta hermosura y fragilidad en el desasosiego, pensó el pez, embelesado, y después: nada.

crucigrama: Juan Rius Rivera

Horizontales

1. Juan _____ Rivera; revolucionario militar puertorriqueño de más alto rango en el Ejército Independentista Cubano.

2. Grito de _____; Rius participó en la gesta desde la junta revolucionaria mayagüezana Capá Prieto.

5. _____ Rius Rivera; abandona sus estudios en España y viaja a Nueva York. Se presenta ante la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico, organismo rector desde el exilio y de apoyo a la guerra de independencia de 1868 y en una de esas primeras expediciones sale hacia la manigua cubana.

7. Símbolo del aluminio.

8. Ciudad de Caldea.

10. Regimiento de Caballería _____; su mando le fue entregado a Rius en Cuba.

14. Cuatro en números romanos.

15. Juntárase.

16. Juego infantil hondureño.

18. Otorgan.

19. En el juego del escondite, grito que dan los escondidos para que los empiecen a buscar.

20. Antiguamente, caudillo militar.

23. 26 de _____ de 1848; nacimiento de Rius.

26. _____ Cañas; barrio donde nació Rius en la hacienda cafetalera de sus padres.

27. Presidiario.

29. Hembra del oso.

31. Acción de copiar.

34. Arbusto de la familia de las apocináceas, venenoso, muy ramoso, de hojas persistentes semejantes a las del laurel.

37. General _____ Gómez; envió por Rius a Honduras para que se integrara a la guerra cubana de 1895.

40. Embarcación muy ligera movida a remo y con vela.

41. Grito de _____; gesta revolucionaria cubana de 1895. A su estallido, Rius regresó desde Honduras a la lucha contra la ocupación española.

42. Persia.

43. Apócope de mamá.

44. Asistir.

46. Que tiene ánimo, fem.

47. Anillo.

48. Pacto de _____; tratado con España que Rius no favoreció. Este acuerdo no garantizaba ninguno de los dos objetivos fundamentales de la Guerra de los Diez Años 1868 –1878: la independencia de Cuba, y la abolición de la esclavitud.

49. Friedrich _____; filósofo y revolucionario alemán.

Verticales

1. Juan Rius _____; alcanzó el rango de Mayor General del Ejército Libertador de Cuba desde 1896 al 1898. Gobernó la Provincia de La Habana en 1899. Fue Secretario de Agricultura, Industria y Comercio en 1900, Vicepresidente de la Asamblea Constitucional de Cuba y uno de los pocos extranjeros que podía aspirar a la Presidencia de ese país por su heroísmo en las guerras de Independencia.

2. Del verbo llenar.

3. Corté el pelo casi a la raíz.

4. Empapara en sudor.

6. Pueblo originario del oeste de América del Norte.

7. Compareció.

9. Quito a los filos de las espadas las ondas, resaltos o torceduras, dejándolos en línea seguida.

11. Preposición.

12. Tablar de huerta.

13. Conozco.

14. Satélite del planeta Júpiter, descubierto por Galileo Galilei.

17. _____; ciudad española donde Rius permaneció en la prisión de Montjuich tras ser herido y capturado en 1897.

21. Símbolo del litio.

22. 20 de _____ de 1924; fallecimiento de Rius. Sus restos descansan en el Cementerio de Colón en Cuba.

24. Forma de pronombre.

25. Pasar de dentro afuera.

27. Voz para arrullar.

28. Escuché.

30. _____; ciudad natal de Rius.

31. Antonio _____ Vale (El Topo); cantautor puertorriqueño.

32. Queréis.

33. _____; nación centroamericana donde vivió y murió el general Rius.

35. Primera nota musical.

36. Artículo, fem.

38. Decimocuarta letra del alfabeto griego.

39. Símbolo del megaamperio.

43. 26 de _____ de 1897; Rius fue herido en el combate de Cabezas de Río Hondo, capturado y deportado a España.

45. _____ Emeterio Betances; al Rius ser herido y capturado, Betances inició una campaña diplomática que ejerció presión al gobierno español y aseguró que no mataran a Rius.

Hacia una definición de la ciencia ficción: Los criterios de Aldiss.

No basta que la idea reclame la realidad, también la realidad tiene que tender al pensamiento. Entonces se verá que el mundo posee desde hace mucho tiempo el sueño de una cosa, de la que le basta tener conciencia para poseerla realmente.

Karl Marx

0. El escritor inglés, Brian Aldiss ha fallecido. Mi primer acercamiento a su obra se lo debo a la gentileza del escritor José Liboy. En 1986, Pepe me regaló Bang Bang y donde las líneas convergen, una novela del inglés traducida en España y que, aún así, con los modismos peninsulares, era muy entretenida. Logré conseguir un ejemplar en el idioma original (Brothers of The Head and Where The Lines Converge) y desde entonces la tengo entre mis lecturas favoritas. Lo que sigue es mi homenaje a esa experiencia.

1. Nadie sabe, a ciencia cierta lo que es ciencia ficción. Valga la redundancia. Para Brian Aldiss, uno de los que la crítica especializada llama maestros del género, la etiqueta ciencia-ficción se presta a confusiones. Cobija a muchos creadores diferentes bajo la misma bandera. Se ha cargado de significados peyorativos. Así, el escritor británico presenta una solución a ese desorden. Propone olvidarse del término ciencia ficción y denominar ese corpus textual simplemente como surrealismo.

Sin duda Aldiss no es muy bueno aclarando cosas. Su propuesta crea más confusión. Yo, sin tomar en consideración que provengo de un pequeño satélite flotando en el Caribe, voy a proponer una analogía que acabará con estas discusiones académicas. Me explico: si las necesidades mínimas para producir la fusión se llaman Criterios de Lawson, y son criterios de densidad iónica y tiempo mínimo de confinamiento necesario, entonces, por analogía, las necesidades mínimas para producir ciencia-ficción se llamarían Criterios de Aldiss: criterios de 1. densidad onírica; 2. fusión tecnológica, y 3. tiempo mínimo de desarrollo.

Debo admitir que había pensado desde hace mucho tiempo, antes de la caída del muro de Berlín, que uno de mis escritores favoritos, Walter Benjamin, había intuido y quizás demostrado, que la imbricación entre el surrealismo y algún modo particular, sistemático, de interpretación de la realidad era un develamiento importante y políticamente significativo. He podido leer en Benjamin una suerte de animé japonés con una carga que ni siquiera Mamoru Oshii es capaz de repetir. Es suficiente ver Tenshi no Tamago (El huevo del ángel) para tener una idea de cómo la mitología, el sueño, la metáfora, son los modos de anticiparse al presente. El mundo es ya post-apocalíptico. Sin embargo, es la belleza de las imágenes lo que nos permite apurar el trago y entender que creando esa visión cuasi futurista hablamos sobre el pasado y el presente. ¿De qué otro modo puedo ilustrar la concepción de la historia del intelectual alemán? Quiero decir, ¿no es un tanto manga, dibujo caprichoso, su alegoría? En su Tesis de Filosofía de la historia, Benjamin ataca la concepción positivista de la historia como sucesión de eventos ilustrándola con un panorama desolador de la mano de Paul Klee:

Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso

Walter Benjamin: Tesis de Filosofía de la Historia, Discursos interrumpidos I, Taurus, Madrid, 1971, § 9

Creo que con Benjamin, lo dicho por Brian Aldiss no suena tan simplista. Pero aún así la idea de Aldiss supone una explicación amplia para la que no tenemos espacio ni tiempo.

2. Por supuesto, no todo surrealismo es ci-fi. Ni viceversa. Una fracción de este movimiento podría catalogarse de literatura de anticipación. Entonces, ¿por qué Aldiss lo llama de esa manera? Quizás Aldiss se refiere a su propia obra. la ya mencionada, Brothers of the Head, por dar un ejemplo. En esta novela dos hermanos siameses, Barry y Tom, comparten en un apartado pueblo de la costa inglesa con una tercera cabeza que dormita en el hombro de Barry. Las relaciones entre los dos hermanos (y la cabeza) es turbulenta. Un empresario de espectáculos los convierte en estrellas de rock conformando el grupo The Bang Bang. Suficientemente surreal. Pero esas fábulas punk no son las más célebres en el mundillo ci-fi que también tiene sus escritores y críticos conservadores. Asimov no tiene nada de surreal. Tampoco Robert Heinlein. Se trata de un escritor célebre, con títulos como The Moon Is A Harsh Mistress, The Puppet masters (desaparecen seis agentes de servicios supersecretos tras el aterrizaje de una nave aérea desconocida) y de un estilo correcto, de narraciones lineales.

Entonces, ¿quién es el mejor ejemplo de surrealismo ci-fi? Sin duda sería, Philip K. Dick, que vivió como un surrealista automedicado. La locura como método. En cualquiera de sus novelas. Y, ¿qué son algunos textos de Calvino? Pensemos, estrictamente en su libro Las cosmicómicas. Se trata de narraciones en boca de un personaje llamado Qfwfq que parten de axiomas de la ciencia y se transforman en una delirante mitología. Poemas en prosa, sería más exacto decir. Pero también lo son Las ciudades invisibles, si me apuran mucho. Esas delimitaciones casi concretas de espacios imaginarios son ciencia ficción.

Dicho esto de manera somera, propongo una lectura profunda del género en el Caribe Hispano. Y mi homenaje al fallecido escritor inglés incluye este pequeño aparato crítico con el que delimitar el género: los criterios de Aldiss.

Cuerpo del poema: mirada,luz,palabra

En ese saludo inicial, nos miramos todos: poeta, lectora, fotógrafo, reportera. Cerca estaba la pared, el fondo que había sido telón abierto para el quién soy de todos y todas los poetas retratados. Lo próximo fue conversar sobre Cuerpo del poema, un catálogo, registro, pieza de colección, acervo histórico, libro para el futuro que recién publica el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP).

Convocados por la poeta Irizelma Robles y el fotógrafo Adál Maldonado, más de una veintena de poetas puertorriqueños revelaron su yo en un autorretrato literario, se miraron introspectivamente para luego, dejarse mirar por otros ojos. La mirada de Adál acompaña los versos y es otra manera de quedar los y las poetas descubiertos y plasmados en papel. Aquella tarde de plática con EN ROJO, el estudio del fotógrafo fue más que eso, fue testigo de las múltiples miradas ancladas en el poemario que se estrena en las librerías del país.

“Los rostros y los cuerpos de los poetas se exponen a la luz. Esa exposición los deja al descubierto, a la intemperie del estudio fotográfico. Adál manipula la luz para crear la mejor imagen, pero no retrata la superficie, sino que indaga profundamente en la persona expuesta hasta llegar a los rasgos que delinean su identidad”, tal y como expresa Irizelma en la nota preliminar.

La idea de este junte de palabra y luz surgió a principios del año pasado cuando repentinamente, mientras el fotógrafo trabajaba con una serie de portraits de artistas de Puerto Rico, entró un mensaje de Áurea María Sotomayor a su correo electrónico. En el mensaje, la destacada poeta le cuestionaba a Adál cuándo haría una serie de retratos de poetas. Y es que el portrait ha sido pieza clave en la carrera artística de este utuadeño criado en Nueva York. Sus inicios en estos menesteres se remontan al 1975, cuando publicó su libro The Evidence of Things not Seens.

“Siempre – desde un inicio – se pensó el proyecto como una reunión de portrait y poemas de autobiografía literaria. Siempre pensamos que debía existir esa correspondencia entre foto y poema. Por eso se le dio la libertad a todos los poetas de la muestra para que ellos elaboraran su poema a su tiempo, a su ritmo, llevando en mente esa mirada interna, ese volcar hacia su ser”, contó Irizelma durante el encuentro con EN ROJO.

La correspondencia entre foto y poema no necesariamente se dan en todos las instancias del poemario, aseguró Irizelma, quien fungió como curadora de esta iniciativa. “No tienen que ir a la par porque son dos miradas distintas. De esa forma, los poemas pueden leerse en contraposición con la foto, alineados con la foto o en absoluto contraste…pero la mirada es lo que queríamos que persistiera”, comentó.

Para Adál, en este libro existen tres espacios propiciados por las distintas miradas: “la foto existe sola, el texto existe solo, entonces, cuando uno lee y mira, crea un tercer espacio en el que se crea una realidad nueva”. En ese sentido, Cuerpo del poema se puede definir como un documento histórico, una muestra en la que quedan registrados poetas puertorriqueños desde la generación del 1970 al presente. Para ambos gestores, eso es lo novedoso y es lo que hace importante este libro.

Respecto a ese segundo espacio que trabajó Adál desde la fotografía, Irizelma destacó que “no es pose lo que busca Adál, si no la expresión de un algo que define a esa persona”. La mirada de Adál prevaleció al momento de tomar la decisión final sobre la foto que quedaría atrapada en el poemario. He ahí el juicio del fotógrafo que crea poemas en cada captura.

Irizelma Robles se inspiró en la Antología de las sospechas – publicada en los ’70 – de Josérramón ‘Ché’ Meléndes para armar Cuerpo del poema. Según contó, en esa antología se encuentran “los grandes poetas del país, no los únicos, pero los grandes que a mi generación y a mí nos han enseñado tanto”. Además de algunos poetas de esa época, Irizelma incluyó en este poemario “nuevos sospechosos”, poetas de novísimas generaciones como Rubén Ramos y Xavier Valcárcel, “que tienen una poesía poderosa…Más que sospecha, [los y las poetas jóvenes incluidos] son la gran sorpresa de que hay una poesía que se gesta”.

Por otro lado, con esta muestra se propusieron acortar la distancia entre los escritores de la isla y los de la diáspora, “franquear los límites de la tradición literaria que nos han impuesto desde antaño, donde la hispanofilia ha descartado las expresiones culturales en inglés de nuestra identidad puertorriqueña”, como esboza la nota preliminar.

“La presencia de lo nuyorican y de los nuyoricans siempre fue importante para esta antología”, opinaron ambos gestores. Sobre su identidad, Adál narró que nació en Utuado, pero desde los 12 años de edad hasta el 2011 vivió en Nueva York, por lo que se siente nuyorican y tiene “una manera híbrida de mirar la vida”. “Esa hibridez la percibo dentro de mi obra porque hago mucho trabajo en el que fusiono diferentes medios. Para mí, eso es ser nuyorican, el que fusiona diferentes experiencias: la de ser puertorriqueño, aunque sea una memoria rota que viene desde los abuelos, y la de crecer allá en la diáspora”, continúo el fotógrafo, quien en octubre próximo expondrá dos muestras alusivas a sus 40 años de trayectoria: una en el Museo de Arte Contemporáneo de Santurce y otra, en Casa Blanca, justo al lado de la sede de la editorial del ICP en Viejo San Juan.

A juzgar por la curadora de la muestra, hay dos aspectos que se establecieron como requisitos para la confección de este libro: que todos los poetas crearan su autorretrato literario y, en términos de la fotografía, que los y las poetas residentes en la isla aparecieran en la foto con una pared blanca de fondo y los de la diáspora, se expusieran en “su ambiente” en Nueva York.

“Este libro de alguna manera es un homenaje a la generación del ’70”, sentenció Irizelma, quien también mencionó que un elemento unificador entre los poemas de este libro es que en ellos, los poetas se definieron a partir de su poética, de esa expresión de sí mismos.

Irizelma y Adál tuvieron siempre presente que no podían “explotar toda la riqueza que hay en la poesía puertorriqueña actual”, por eso este libro es solo una muestra. Sin embargo, no se trata de otra muestra más de portraits y poemas, si no que aquí se rescata la trayectoria de Adál, se homenajea a poetas puertorriqueños en la isla y la diáspora, y se les presta importancia a las diferentes formas de mirar.

“Este libro une las voces más disímiles de la poesía puertorriqueña en una entrega variada de poéticas, y recoge las palabras y los rostros de distintas generaciones desde el setenta hasta la fecha. Como se dijo antes, cada poema es una poética, como si atravesados por la luz, los poetas hubieran decidido expresar lo que cada uno concibe de la palabra escrita. Palabra y luz, Cuerpo del poema es un libro donde mirar es tan importante como leer”, concluye Irizelma en la nota preliminar.

Aunque aún no hay fecha definida, prontamente se realizará una presentación oficial del poemario. “Quisiéramos hacer una gran fiesta con todos los y las poetas, incluso con los nuyoricans”, acotó la curadora de esta edición, quien también celebra sus próximas dos publicaciones: El libro de los conjuros (Folium, 2017) y Alumbre (ICP, 2017).

Participantes

Rafael Acevedo Rodríguez

Néstor Barreto

Sheila Candelario

Ángel Darío Carrero

Mayda Colón

Nicole Cecilia Delgado

Vanessa Droz

Servando Echeandía Colón

Elizam Escobar

María Teresa “Mariposa” Fernández

Sylvia Figueroa

Hjalmar Flax

José Raúl “Gallego” González

Víctor Hernández Cruz

Cindy Jiménez-Vera

Tato Laviera

Yara Liciega

Noel Luna

Josérramón “Ché” Meléndes

Urayoán Noel

Luz Yvonne Ochart

Mara Pastor Willie Perdomo

Lilliana Ramos-Collado

Rubén Ramos

Guillermo Rebollo Gil

Etnairis Ribera

Irizelma Robles

Juan Carlos Rodríguez

Ángel Antonio Ruiz Laboy

Mayra Santos-Febres

Karen Sevilla

Yván Silén

Áurea María Sotomayor

Edwin Torres

Xavier Valcárcel

Esteban Valdés Arzate

Carlos Vázquez Cruz