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Será otra cosa: Se buscan carpinteros

Por Ana Pérez Leroux/Especial para En Rojo

Zona Metropolitana de San Juan, año 1956, llega un estudiante.

En Nueva Inglaterra hay un dicho que hace falta un carpintero de verdad para levantar un granero, pero que cualquier idiota te lo desbarata.

Los humanos tenemos la capacidad, que no siempre ponemos en uso, de usar la imaginación para resolver problemas. Podemos visualizar lo que podría suceder, y plantearnos en el ojo de la mente, simulaciones virtuales de realidades alternativas que nos permiten predecir el futuro, o más importante aún, cambiarlo. No hay más poderosa clarividencia que la claridad de un pensamiento lúcido.

La Escuela de Medicina Tropical de la UPR era uno de los dos mejores lugares del mundo para ser estudiante de salud pública cuando llegó Amiro en 1956. Había querido dedicarse a las matemáticas o a la ciencia, pero en los años oscuros de la dictadura dominicana, a la universidad se iba a ser médico, ingeniero o abogado. También se podría ser agrimensor, maestro o enfermero, pero eran carreras de malos estudiantes, o para mujeres. Le entusiasmó la naturaleza deductiva del proceso de diagnóstico, y pensó que encontraría más oportunidad de hacer ciencia allí que en el juzgado o en una construcción. Así que después de terminar medicina se fue a San Juan a hacer una maestría en medicina tropical, con la misma maleta vieja que usaba para cambiarse de pensión en sus años de estudiante en Santo Domingo. Más tarde, en los interrogatorios, sus torturadores le preguntaban que de qué se trataba de esconder cuando se mudaba de pensión cada mes. Les dijo la verdad, pero los esbirros no tenían suficiente imaginación para creerle. Cuando le alquilaban un cuarto, las dueñas de pensión siempre le prometían que le cocinarían comida aparte, sin nada de carne, para satisfacer sus requisitos de vegetariano. A los pocos días, comenzaban a echarle caldo y manteca al arroz y a los frijoles, y tenía él que salir a seguir buscando una pensión donde le sirvieran comida comestible.

La Escuela de Medicina Tropical era mucho más que un bello edificio, era un hervidero de ideas. Y en el centro del torbellino estaba ese gigante de la medicina social, hoy olvidado, el Dr. John B. Grant. La División Internacional de Salud de la Fundación Rockefeller lo había transferido a San Juan en el 1954 con el mandato de “asistir con un estudio de métodos de coordinación de recursos de salud”. Impredecible, brillante, impaciente, la verdad era que la fundación no sabía qué hacer con él.

Grant había sido siempre uno de esos que hace impresión: alto, delgado, tan miope que tenía que nadar con lentes, era un hombre enérgico, profundamente educado, “capaz de mezclarse con gente de situaciones muy diversas”, es decir, tanto en el campo como en la ciudad. Hijo de misioneros canadienses en la China finisecular, creció feliz, suelto entre las calles de Ningpo y los libros que devoraba con atención. Estudió primero en el Acadia College de Nova Escocia, luego medicina en la Universidad de Michigan, y Salud Pública en John Hopkins. Los de la Rockefeller lo reclutaron en seguida. Su primer trabajo de campo fue en un proyecto de control de bilarcia, entonces parada obligatoria de todo especialista en salud pública. La bilarcia es ese parásito feo que antes cundía los ríos tropicales, y que puede penetrar por los pies. Era uno de esos monstruos sin rostro de mi infancia temprana: hoy se pueden espiar en el internet. Abuela me regañaba, niña, no juegues descalza, que te vas a coger un parásito…

Grant pasó 19 años en China, donde concibió sus principales ideas: que a los médicos hay que educarlos no en el hospital sino en el campo y la calle; que el curar debe ir de la mano con el prevenir; y que la enfermedad debe enfocarse dentro del contexto de la sociedad. Nos es difícil entender cuanto esfuerzo dedicó Grant a promover estas ideas, que hoy parecen obvias. En aquella época, ninguna de las escuelas de medicina de Norteamérica estaba dispuesta a hacerle caso. Pero China era otro universo, y se tomaron pasos para fundar una nueva escuela de medicina en Pekin, en la cual, siguiendo sus ideas, se darían cátedras de epidemiología, estadística, administración en salud, fisiología, higiene, bioquímica y nutrición.

Este gran proyecto de forjar un nuevo prototipo de facultad de salud fue interrumpido por la invasión japonesa a China. De ahí fue a la India, donde descubrió que el legado postcolonial resultaba el principal impedimento para la modernización de la educación y el manejo de la salud.

Al llegar a San Juan, lo que quería era ver cambios reales, evaluaciones científicas, traslado de las ideas en acciones, y de las acciones en resultados. Fue a la vez un maestro temido y adorado. Dicen que cuando venía un estudiante con una pregunta, Grant solía escuchar sin levantar los ojos de su lectura. Le indicaba entonces al estudiante el lugar preciso de su estante donde estaba un libro relevante, y le decía: “Tómalo y vuelve en dos días para que podamos hablar de tu pregunta.” Fue en 1956 cuando redactó un proyecto visionario proponiendo completa integración de la educación en medicina y en salud pública. Ahí queda articulada su profunda tesis de que la enfermedad no es sólo una expresión de los patógenos sino también una expresión del estado de la sociedad.

Amiro regresó a Santo Domingo con la maleta llena de libros, y la cabeza repleta de ideas. La prisión política le interrumpió los planes. Guillermo Arbonna, otro seguidor de Grant, escribió cartas airadas pidiendo que las organizaciones internacionales de salud presionaran al gobierno dominicano a nombre de esta última víctima de la dictadura. Amiro nunca supo si fueron las diligencias de estos amigos en el extranjero, las velas y promesas de mi abuela a la Virgen de las Mercedes, o la simple suerte ciega lo que le salvó la vida a él, entre tantos compañeros caídos. Lo que sí sabía, al salir de la cárcel, era que nuestra media isla era donde iba a poner en práctica las visiones de Grant. Se pasó veinte años evaluando, inventándose medios para predecir los picos de las oleadas de polio que asediaban el país. Educó médicos y, de paso, ayudó a transformar dos facultades de medicina. Acumuló datos, ideas, propuestas. Y cuando le vino la oportunidad, dirigió una serie de acciones de salud basadas en voluntarios de barrio. A pesar de la tenaz oposición del establecimiento médico y del estrecho presupuesto, estas acciones voluntarias tuvieron un tremendo impacto, incluyendo la eliminación completa de la polio. Puro discípulo de su maestro, tal vez la más ingeniosa de sus iniciativas fue la de instalar una fuente de agua en cada aldea de campo y enseñarle a la gente a manejar el agua limpia.

Cuatro años más tarde, la primera orden del gobierno de turno siguiente fue el de desmantelar el equipo de voluntarios de salud.

Pero los carpinteros no solo serruchan y martillan; también siembran futuros carpinteros. En años como este, es importante recordar eso.

En Memoria: Iris Martínez “Le sirvo a Dios y a mi Patria”

Amada por su pueblo, al que ha dedicado su vida como actriz y militante independentista, Iris Martínez no cambiaría casi nada de su vida,excepto tal vez algunos períodos de tiempo muerto. Un tiempo muerto cuando el dinero para hacer teatro escasea demasiado. Esta es una profesión que hay que practicar siempre”, dice Iris, con su voz suave, que puede tornarse todavía en voz de trueno. Esta apasionada del teatro, nació en la Isla Nena pero cuando tenía diez años la familia se mudó a Santurce para que ella asistiera a la Escuela Superior Central.

Desde ahí su vida es un encuentro cada vez más cercano con un mundo extraordinario poblado de personajes de ficción y de la vida real, como Pedro Albizu Campos y Juan Mari Brás.

La entrevista que presentamos hoy en homenaje a Iris Martínez es parte de una anterior que le hice a la amiga y a la actriz para Agenda de Hoy, en Radio Universidad de Puerto Rico.

¿Cómo fue ese cambio de Vieques a Santurce que para esa época era el centro de todo?

Pues verás, cuando me dijeron que venía para acá, yo le dije a mi mamá que yo no quería venir, que me quedaría en Vieques. Ella me contestó que las niñas de diez años no se quedaban sin su familia, por lo que si todos venían, yo también tenía que venir. Entonces le hice prometer tres cosas que en estos días he recordado mucho.

Le hice prometer que me llevaría todos los días a la playa, lo que significaba que a las 5:00 de la mañana (porque en esa época no había ningún peligro), ella me llevaba a la playa, luego me llevaba a la iglesia y en la tarde me llevaba a la Legislatura, todo el mundo se quedaba bobo.

¿Más que bañarte en la playa tú lo que querías era ver el mar, en Vieques tu veías el mar por todas partes?

Sí, ver el mar nada más. Y pasear un poco por el mar, meter los pies e irme nuevamente.

¿Y tu mamá, te dijo que sí, y lo hacía?

Mi madre era una mujer muy extraña,en el sentido de que siendo una mujer de Vieques y una mujer que no salía nada más que a la iglesia y a cosas naturales de una mujer de su situación económica y de sus estudios, era una mujer inteligente y muy estudiosa,le gustaba leer mucho, por lo que a veces entendía cosas que a uno le eran difíciles de entender. Por ejemplo era bien católica, bien religiosa, pero entendía perfectamente el socialismo y los líderes socialistas del mundo.

¿Cuál fue tu primera experiencia de trabajo teatral?

Yo empecé recitando, diciendo poemas a la virgen en la iglesia y entonces pasé a certámenes, gané varios. A mí me llamaba mucho la atención tanto la política como la iglesia, y el teatro yo lo veía como algo que se hacía en la escuela pero no lo veía como una posibilidad futura. Cuando estudiaba en la universidad que ya me interesaba ser importante en el sentido de trabajo y luchas, pensé que la mejor forma era ser actriz porque como me gustaba tanto así podía servirle a Dios y a mi Patria a través del teatro.

Luego pasaste a la Universidad de Puerto Rico, ¿quiénes fueron tus maestros en la Universidad?

En la Universidad tuve maestros excelentes,la doctora Margot Arce de Vázquez, el doctor Cesáreo Rosa Nieves, Francisco Matos Paoli, el poeta y pues en el teatro, Leopoldo (Poldín) Santiago Lavandero y Ludwig Schajowicz. Poldín era puertorriqueño y Schajowicz era europeo-alemán.

¿Como te uniste a la militancia independentista?

Pues siempre lo fui, desde muy niña, ya te digo que desde los ocho años pensaba que la solución de Puerto Rico estaba en la independencia y cuando crecí pues quise cooperar y empecé a cooperar en mítines. A los 19 años ya estaba en la tribuna del Partido Independentista Puertorriqueño, ayudé a organizar el partido y tuve grandes amigos en ese sector como Juan Mari Brás.

¿Y con Juan estuviste en la universidad, en la huelga universitaria del 48?

Estudiamos juntos y trabajamos juntos, exacto, éramos presidente yo de mi clase y él de la suya y participamos en esa huelga. Fui expulsada pero por cuatro años.

¿Y qué hiciste durante ese tiempo?

No pude seguir estudiando porque había que admitir ante la administración universitaria que uno se había equivocado durante la huelga, y yo encontraba que no me había equivocado nada. Estaba tan segura. Una de las cosas que me enseñaron en mi casa mi hermano mayor y mi mamá fue que uno nunca debe decir “si yo hubiera sabido”, sino que uno tiene que estar seguro de lo que va a hacer para entonces no lamentarse. Aunque seas joven, uno debe estar seguro de lo que quiere y de lo que desea.

Es decir que en el ‘48 tuviste la fuerza de tomar esa decisión.

Fue muy doloroso porque yo había solicitado estudios graduados en Estados Unidos, porque Ernesto Ramos Antonini me había conocido a través de Nimia Vicéns y del doctor Cesáreo Rosa Nieves. Nimia Vicéns era otra poetisa excelentísima, y ellos deseaban para mí lo mejor como es natural y en esa época aunque participé en la huelga, Ramos Antonini me había conseguido una beca para estudiar fuera. O sea, que me quedé sin esos estudios. Bueno, estudios tenías…

Sí y he seguido estudiando porque la actriz tiene que estudiar siempre.

¿Y conociste a don Pedro Albizu Campos?

Sí, a través de Yeyita Cervoni, que era la madrina de todos los artistas, en una ocasión le hablé de mi deseo de conocerlo y ella me hizo una cita con él cuando él vivía en el Hotel Normandie.

¿Y como fue ese encuentro?

Fue extraordinario. Fui a verlo con dos compañeros y cuando uno dijo su apellido, Albizu comenzó a preguntarle por todo el mundo, él hacía tantos años que se había ido de Puerto Rico. Y al otro, a quien había conocido en Barrio Obrero en una biblioteca también lo recordó. De él aprendí lo importante que es recordar, porque ellos se emocionaron, ellos no podían creer que Albizu recordara tanta gente y que los recordara a ellos.

Entonces yo utilicé eso de aprenderme los nombres de cada uno de mis estudiantes cuando fui a Nueva York. Y en las películas que fui asistente de producción me aprendía los nombres de cada persona, de don Modesto y de don Hermenegildo. Me lo decían una vez y yo lo grababa en mi memoria, entonces se emocionaban ellos cuando yo los llamaba por su nombre completo y le preguntaba por su esposa (si ella había estado con él en la filmación) se sentían importantes.

¿Y qué recuerdas además de don Pedro?

Bueno de don Pedro yo recuerdo tantas cosas, entre ellas, la dedicación, el amor a Puerto Rico pero en serio. Yo recuerdo que una vez Albizu dijo “de la política no se habla, la política se hace” y eso es cierto hay que hacer las cosas.

¿Cuál fue la primera obra teatral en la que trabajaste?

Como experiencia que yo recuerde, la primera obra teatral como actriz y directora fue en la Escuela del Aire, porque se trabajaban muchos programas con libretos de teatro pero en radio. Después trabajé con Diplo (Ramón del Rivero) en La Farándula Bohemia, donde declamaba y hacía “pasada”… que significa que muchachas jóvenes “pasan” frente a Diplo, él se enamoraba de ellas y le decía tonterías pero muy bonito y con muy buen gusto.

Ay pero qué gracioso eso de las “pasadas”, ¿pasada era que tú pasabas?

Yo pasaba, ellos me decían algo y yo le contestaba, pero era muy bonito porque no era yo sola eran otras distintas muchachas, jóvenes todas.

¿También recitabas?

Siempre recité y cogí mucha confianza y aprendí mucho. Diplo era un hombre con una amplia cultura, él estudió deportes, pero se desarrolló como un hombre muy culto oyendo música, leyendo mucho era una persona extraordinaria, y él me conoció a mí durante la huelga universitaria, porque antes yo estaba trabajando nada más que en radio; luego trabajé en teatro con otros grupos como Tinglado Puertorriqueño que dirigía Francisco Arriví.

Me constaste una anécdota de cuando estabas sentada con un grupo de estudiantes…

Nosotras nos sentábamos en unas banquetas que había en la UPR para hablar de teatro, de planes y entonces ese día estábamos muy contentos porque ya se acababa el semestre y habíamos tenido muy buenas notas. Estaban Victoria Espinosa, Nilda González, Nilda Martínez, José Luis (Chavito) Marrero y tantos otros, y entonces yo les dije “Mira les voy a decir a ustedes que me voy a ir con una compañía, pienso que me van a contratar y uno de ustedes se va a ir conmigo”, y entre todos escogí a Chavito. Entonces les dije “es la primera compañía que pase por aquí”. (Refiriéndose a Puerto Rico) Al tiempo pasó una compañía que no era española, era una compañía cubana que iba por todos los países, pero da la casualidad que no necesitaban a nadie así que no nos fuimos. Al otro día todos los estudiantes se rieron de nosotros y yo les dije “pero viene otra compañía” y en esa próxima compañía que fue la Compañía Lope de Vega viajamos Chavito y yo, nos contrataron.

¡Qué interesante! Una compañía española de visita en Puerto Rico.

Sí, dirigida por José Tamayo y en la que trabajaban actores importantes. Pero lo gracioso fue que a todos los estudiantes que estaban ese día conmigo los llevé a conocer a Tamayo, porque yo tenía relación con Manuel Méndez Ballester, quien era uno de los productores de la compañía en ese momento. Así que yo sencillamente les presenté a los compañeros y entre todas nos escogieron a mí y a Chavito.

¿Qué otras obras de teatro recuerdas en las que trabajaste?

Trabajé en Al final de la calle de Gerald Paul Marín, hice Mariana Pineda de Federico García Lorca, de Lola Rodríguez de Tió hice su vida, La casa de los siete balcones de Alejandro Casona, que fue la primera obra que hice con el Instituto de Cultura Puertorriqueña cuando se hizo el Primer Festival de Teatro Internacional (1964). Fui la primera mujer que hizo teatro en un bar que fue en el Viejo San Juan.

¿Cómo se hacía teatro en un bar?

Poníamos escenografía y todo en el centro del bar y trabajaron conmigo algunos de los mejores actores de Puerto Rico, como Jacobo Morales y Walter Mercado que es muy buen actor. Entonces en televisión fui jefa de producción de Mi querida Silvia de Venevisión. Hice cine educacional con libretos de Emilio Díaz Valcárcel, hice la Casa de un amigo, con dirección de Amílcar Tirado.

¿Eso fue en cine de Educación de la Comunidad?

Sí, Un milagro en la montaña de René Marqués, de quien fui asistente de producción, y La Botija de Emilio Díaz Valcárcel, con quien trabajé como asistente de dirección.

He hecho teatro en Estados Unidos en Nueva York con Miriam Colón y con Pedrito Santaliz. Hice Cadencia en el Teatro Pobre de América de Santaliz y con el Teatro Rodante Puertorriqueño de Colón hice Flag Inside de Jaime Carrero y Al final de la calle de Gerald Paul Marín. Acá al regreso en el ‘75 hice Heroica de Buenos Aires de Osvaldo Dragún. También actué en Los cocorocos de Manuel Méndez Ballester con la que nos ganamos un premio.

¿Iris, de los dramaturgos que eran amigos tuyos como René Marqués, Méndez Ballester y Gerald Paul Marín, cuál de ellos era tu favorito para interpretar la obra?

Siempre he disfrutado mucho haciendo distintos trabajos, yo no tengo un dramaturgo que me guste, me gustan muchos, me gusta mucho Luis Rafael Sánchez. Produje La farsa del amor compradito con otras actrices, porque aunque me gusta trabajar mucho como actriz me gusta darle oportunidad a mis compañeras porque no hay tanto trabajo. Aquí se escogen obras con muy pocos personajes por lo caro que es hacer teatro, no hay dinero para poner 25 personas en un escenario. Y en ocasiones la gente por mucho tiempo no puede trabajar, entonces en una ocasión había trabajo y me dirigió Dean Zayas en Isabel viendo llover en Macondo de Gabriel García Marqués, la hice en Nueva York primero y después acá en distintas universidades y en el teatro.

¿Pero hiciste también Los soles truncosde René Marqués?

La primera persona que hizo Los soles truncos fue Madeline Williamsen, hizo una maravilla de actuación, es una obra extraordinaria. Yo la hice en el 1977 y después en el ‘91 y en el ‘98, la hice en Bayamón y en el Teatro Tapia con otra dirección (la dirigieron Dean Zayas y Victoria Espinosa).

¿Pero siempre interpretaste el mismo personaje, el de Emilia?

Sí, pero el director siempre pone algo que ve distinto.

¿Cuál de estas obras te ha marcado más?

Bueno, esa me emocionó mucho porque a René le gustó mucho mi trabajo, pero de una manera tal que la fue a ver muchas veces y encontraba que yo había hecho el trabajo que él quería se hiciera con ese personaje. Y sinceramente no siempre es fácil, después hice El apartamento (Marqués, 1965). Esa es una obra de mis favoritas, El apartamento, me encanta es bien adelantada a su época. Muy adelantada y muy difícil.Parecería sencilla porque están estos dos seres y están pasando una cinta mientras hablan y discuten, ¿por qué es difícil? Bueno porque es sencillamente muy difícil decir números seguir con una conversación y actuación.

Fíjate que interesante que digas una obra dramática, que no es dramática sino que es anti dramática yo diría, se te queda en la cabeza esa obra, yo la recuerdo siempre, cerrar los ojos y verte a ti y a Ramón Enrique Saldaña interpretando esa obra.

La hice con Saldaña, la primera vez la hizo María Judith Franco con Saldaña también. Entonces recuerdo ese pasar, leer los números mientras hablan de cosas de la vida. Eso no es fácil, no se te puede olvidar número, porque tienes que decir el tal como va porque a veces es el pie para que el otro hable, no es decir cualquier número, no puedes cambiar el número.

A mi me impresionó mucho, es una obra que no se ha hecho mucho.

No, no se ha hecho, de hecho que yo sepa esas dos veces. Una de las cosas hermosas de esa época era la amistad que había entre nosotros, el grupo de la Escuela del Aire, salíamos por la tarde íbamos a Cataño en la lancha y siempre estábamos inventando y cuando había alguna actividad como fuera, la gente no tenía carro, yo no sé que es esto cuando veo tanto carro, pero íbamos en guagua a todo.

¿Iris, cómo son los diferentes públicos en tu vida artística, como reacciona el público en un bar a diferencia del público de teatro en el Tapia o el que se interpreta en la plaza de un pueblo?

La gente que te está viendo por ejemplo en un bar va a ver la obra, fueron en la época que yo lo hice muchos intelectuales,iba Tomás Blanco, Alexander Schnider, muchos músicos, muchos profesores universitarios, o sea que no iban a embromar y yo lo hice en un sitio que era un restaurante, las personas que iban a tomar algo o a comer tenían que pedirlo mucho antes, porque no se permitía ningún ruido mientras estuviera la obra.

¿Cómo diferencias tu actuación en un teatro como el Tapia donde tienes que proyectar mucho la voz a tu actuación frente a una cámara?

En el cine hay que cortar mucho los gestos, no se pueden hacer gestos fuertes porque se tienen que usar los ojos, la emoción, la palabra. Un gesto fuerte puede quedar como una caricatura. Ya ves las actrices buenas que pasan a la historia son como Katherine Hepburn, profunda, Betty Davis era muy dramática pero no era buena actriz. Trabajaste en las películas Clara Lair y Julia de Burgos de la cineasta Ivonne Belén

¿Cómo es la diferencia de la dirección por ejemplo de Amílcar Tirado a Ivonne Belén que es una mujer joven?

En ambas trabajé. Yo no conocía a Ivonne Belén cuando fui a trabajar con ella, fue Edwin Reyes quien me vino a decir que ella necesitaba hablar conmigo para trabajar y yo me preocupé mucho ¿por qué ella me llama a mí y ahora, si ella está trabajando con Yeyita desde el año pasado? y es que hizo la película por etapas porque no tenía dinero, tenía que hacer un pedazo y después hacía otro cuando podía, y así la hizo en tres etapas o sea cuando yo la hice, ya Yeyita y Felisa Rincón de Gautier habían terminado sus partes que eran de narración.Entonces se hacían las partes mías y las otras dramáticas. En Clara Lair fue eso y después en Julia de Burgos lo mismo, ella fue a Cuba, trabajó con Benicio del Toro en Estados Unidos y después más tarde fue que hizo la parte dramática.

A mí me gusta más la de Clara Lair, me parece más compacta, más profunda, a pesar de que en la de Julia hay buenísima gente declamando y recitando su poesía. Clara Lair me parece más íntima, me gusta tu actuación también. Yo conocí a Clara Lair también, el profesor y poeta Cesáreo Rosa Nieves quiso que yo conociera a Clara Lair para que escribiera un ensayo sobre ella para darme nota, entonces fui donde ella y ella fue bien amable conmigo, la vi una o dos veces, y ella me dijo que quería seguir viéndome y hablábamos de todo, de política, de literatura, de viajes que yo nunca había hecho.

Me has dicho que cuando caminas por el Viejo San Juan la gente te habla, te toca,¿cómo sientes el cariño de la gente?

Yo creo que los artistas más queridos son los de Puerto Rico, que tal como me quieren a mí quieren a todas las personas, a nosotros los que no nos quieren tanto son los productores, o sea los que ponen el dinero, porque no conozco ningún actor rico trabajando y han trabajado toda la vida se han dedicado a trabajar, pero a ninguno han vuelto rico y en ocasiones hemos tenido que recoger dinero para enterrarlos, y eso es muy doloroso. Yo no sé si es que los quiero mucho pero los actores puertorriqueños son extraordinarios y te estoy hablando de todas las épocas. Porque ahora mismo los que se están graduando de la universidad son excelentes. Sí, ese es el amor que te tiene tu público. Sí pero estoy segura que es a mí y a todas y todos.

Bueno pero yo creo que es porque has tenido una vida tan noble. ¿Tu trabajaste mucho con la APATE (sindicato de actores)?

Sí estuve en su directiva todo el tiempo. David Ortiz fue presidente en determinado momento y trabajó muy bien. Y primero fue José Antonio Torres Martinó, hubo unos años que pintaba, pero muy poco porque todo el tiempo lo dedicaba a ese grupo y a otros grupos, fuimos miembros del MOU (Movimiento Obrero Unido). Yo me acuerdo que por ejemplo cuando había un lro. de mayo siempre iba la gente que sentía el sindicalismo de verdad.

¿Iris si pudieras mirar hacia atrás hay algún momento en especial que tu recuerdas con mucho cariño?

Bueno yo creo que la carrera de teatro, tal vez en Puerto Rico por lo que sea, porque la gente es encantadora y la gente le coge mucho cariño a uno y también antes se hacía muy buen teatro se trabajaba para hacer buen teatro y lo mismo en la televisión.

El teatro no se puede hacer sin pasión ni amor ese es un ingrediente importante, amar el teatro.

¿Y de tu lucha como militante independentista?

Si militante y además sindicalmente y en trabajo… Con Yoyo Boing que ya era un actor y trabajó en teatro hicimos Marianela juntos, él hacía el galán y lo hicimos gratis y lo llevamos a sitios pobres marginados, y también lo hicimos en el patio de la casa de Fernández. Con María Judith Franco y Ester Mari hicimos teatro en contra del servicio militar obligatorio que en ese momento era un problema grave en Puerto Rico.Entonces todos estudiamos la ley con un abogado y sencillamente la violamos y no nos castigaron.

Así, la vida de Iris Martínez, actriz y maestra, independentista y sindicalista, ha sido un suave vaivén de activismo a favor de pasiones siempre a beneficio del PuertoRico y del teatro a los a los que ha dedicado su vida buena.

Publicado en En Rojo en marzo de 2013.

Clásico Mundial de Béisbol: Violaron sus reglas para favorecer a Israel

En el Clásico Mundial de Béisbol los requisitos de elegibilidad se han violentado de forma burda, especialmente para favorecer a Israel.

Y conste, que no me refiero a los cambios de reglas que han jamaqueado los cimientos del Béisbol, como establecer límites de participación a los lanzadores o abrir de la undécima entrada en adelante, con corredores en segunda y primera. Además, terminan los juegos abiertos por nocaut (mercy rule), cuando un equipo tiene quince carreras de ventaja en la quinta entrada o diez en la séptima.

Israel sorprende con mayoría inelegible

Uno de los cuatro equipos que estaban invictos en el Clásico, al momento de preparar este escrito, era Israel, proyectado para llegar último por un grupo de estudiosos del juego, en trabajo comisionado por una de las principales casas de apuestas de Las Vegas, que los ubicó en proporción de 300-1. Los otros invictos eran Japón (4-0), Dominicana (3-0) y Puerto Rico (3-0).

Pero Israel no había sido el único generador de sorpresas, pues desde temprano se produjeron varios resultados inesperados y en general, partidos muchísimo más reñidos de lo esperado.

Como Israel nunca ha sido una plaza de béisbol para que pudiera presentar un equipo competitivo, le permitieron utilizar jugadores sin vínculo de tipo alguno con el país, pero que alegaron compartir su religión, lo que es una abierta violación a lo reglamentado.

Las Grandes Ligas son dueños del Clásico

Es importante recordar que, aunque el Clásico necesita el aval de la Federación Internacional de Béisbol es organizado y producido por los dueños de los equipos de las Grandes Ligas, en conjunto con la Asociación de Peloteros de las Mayores.

Las Grandes Ligas no están dispuestas a interrumpir su torneo o permitir la salida de las principales figuras para que participen en los Juegos Olímpicos en representación de sus respectivos países. Sin embargo, y tomando como modelo la Copa del Mundo de Fútbol, inventaron este Clásico.

Además del dineral que el evento les produce, los magnates de las Mayores lo ven como un vehículo para internacionalizar su deporte, que hasta hace muy poco era jugado casi exclusivamente en América del Norte (Estados Unidos y Canadá), los países que hablamos español y bañados por el Mar Caribe y en sectores del lejano oriente, al principio limitado a Japón.

Torneos previos para ampliar la base

En el Clásico participan 16 países, cuatro de los cuales salieron de torneos clasificatorios celebrados el pasado año. Uno de ellos fue precisamente Israel, que se impuso a Brasil, Gran Bretaña y Pakistán, que entró a sustituir a Tailandia, pero que resultó inferior. A los cariocas los vencieron 1-0 en el partido que decidió la clasificación.

Los otros equipos que entraron por esa vía fueron México, Colombia y Australia. Los mexicanos se impusieron a Nicaragua, Alemania y la República Checa. Colombia hizo lo propio con España y Francia y en el final venció de forma dramática a Panamá 2-1. Australia, por su parte, dispuso de Nueva Zelanda, Filipinas y África del Sur.

Obviamente, esos torneos cumplieron con el objetivo de regar el béisbol por todos los confines del planeta. En esos torneos clasificatorios comenzó el descarado proceso de violación de los requisitos de elegibilidad de los participantes.

Israel tiene al menos 21 “chivos”

El reglamento dice específicamente que para poder participar en el Clásico, los interesados tienen que llenar al menos uno de los siguientes requisitos:

– Ser ciudadano del país que interesa representar.

– Si el pelotero nació en otro país, pero reúne los requisitos para obtener el pasaporte y/o la ciudadanía del que busca representar, aunque NO se lo hayan otorgado.

– Si posee residencia permanente legal de la nación o territorio que lo inscribe.

– Si al menos uno de sus padres es ciudadano del país por el que interesa jugar, aunque el pelotero no lo sea.

– Si al menos uno de sus padres nació en el país o territorio, que lo inscribe para participar.

O sea, que los nietos NO son elegibles, como tampoco lo son los que comparten la misma religión, toallazo tirado exclusivamente a Israel. De hecho, solo uno de sus peloteros nació en Israel y apenas otros seis tienen al menos uno de sus padres, que sí lo hizo. Por lo tanto, los restantes 21 son “chivos” inelegibles, pues no cumplen con ninguno de los requisitos establecidos en el reglamento.

Por el contrario, aunque la mayor parte de los 23 que no nacieron en Italia, pero que lo representan, tienen padres y/o abuelos que sí lo hicieron. Diecisiete de ellos nacieron en Estados Unidos, cuatro en Venezuela, uno en Dominicana y uno en Canadá.

De los 22 no nacidos en Holanda, pero que lo representan, hay veinte que lo hicieron en Curacao (16) y Aruba (cuatro), por lo que cuentan con la ciudadanía del imperio. Los restantes son un dominicano y un estadounidense.

Hay casos y hay caso. Por ejemplo, nadie puede negarle a Adrián González o a Sergio Romo que representen a México, aunque hayan nacido en Estados Unidos. Otros diez de sus compañeros de equipo tienen características similares.

Colombia y Puerto Rico tienen ocho que no nacieron en sus territorios nacionales. Seis de los que juegan por Colombia nacieron en Venezuela, uno en Dominicana y el otro en Estados Unidos. Precisamente en ese país vieron la luz los ocho que forman parte de nuestra diáspora.

De la enorme comunidad dominicana nacida y/o residente en Estados Unidos son el lanzador Dellín Betances y el antesalista Manny Machado. Todos los restantes nacieron en Quisqueya.

Llamó la atención que el lanzador Bruce Chen, nacido en Panamá, salió de su retiro para jugar por China, de donde son sus antepasados. Otros dos de sus compañeros de equipo, son hijos de chinos, nacidos en Estados Unidos.

Canadá presentó a dos nacidos en Estados Unidos, país que tiene a uno que lo hizo en Arabia Saudita, donde estaba asignado su padre militar.

Por el contrario, Cuba, Venezuela, Australia, Japón, Taipei y Korea del Sur, solo participaron con peloteros nacidos en sus territorios nacionales.

Agradecimiento a Humberto Charneco por su incansable labor en pro del béisbol y los peloteros puertorriqueños.

La emigración en Puerto Rico

La migración es el movimiento de un lugar a otro. Éste puede ser de personas, de animales y de plantas inclusive. Cuando hablamos de inmigración de seres humanos nos referimos al movimiento de personas desde afuera hacia dentro: por ejemplo: de otro país, hacia el nuestro. Se conoce como emigración, el movimiento de personas, desde su propio lugar o país hacia otro.

En Puerto Rico han ocurridos diferentes movimientos poblacionales emigratorios desde principio del Siglo XX. Después del gran huracán San Ciriaco de 1899, la agricultura quedó devastada incluyendo la caña de azúcar y como consecuencia había un gran desempleo en el agro. Reclutadores de obreros procedentes de Hawaii, vinieron a Puerto Rico en diferentes ocasiones y se llevaron alrededor de 5,000 obreros para trabajar en la caña. La vida de estos obreros no era fácil. Las compañías tenían un sistema discriminatorio de pagos y de viviendas. También las compañías propagaron la información falsa de que los puertorriqueños habían llevado muchas enfermedades a Hawaii.

Hoy día la comunidad puertorriqueña en Hawaii, consta de más de 30,000 personas. Éstos puertorriqueños mantienen sus gustos de comida, incluyendo lo “pasteles,” su música y gran parte de su cultura. Anualmente un nutrido grupo de puertorriqueños radicados en Hawái visita la isla en búsqueda de sus raíces.

Durante la primera década del Siglo XX, algunos puertorriqueños emigraron a Cuba y República Dominicana. Otros se fueron a Ecuador, reclutados para trabajar en la construcción de un ferrocarril.

La emigración puertorriqueña se intensificó hacia Estados Unidos continentales, aunque sólo emigraron 2,000 personas en la primera década. Este movimiento emigratorio continuó durante todo el Siglo XX. Entre los años 1940 al 1950 emigraron un total de 151,000 personas. Con el cambio económico que sufrió la Isla hacia la industrialización durante la década de 1950 a 1960, la emigración aumentó a 470,000 personas. Estas se dirigieron principalmente hacia las ciudades de Nueva York, Filadelfia, Hartford, Chicago, Tampa y Boston.

Durante las últimas décadas del Siglo XX, la emigración puertorriqueña hacia Estados Unidos disminuyó.

En los primeros 15 años del Siglo XXI, emigraron hacia Estados Unidos una gran cantidad de puertorriqueños, principalmente hacia el estado de la Florida. Esta emigración aumentó vertiginosamente a partir del 2006, cuando comenzó la gran recesión económica que dura hasta nuestros días.

Las razones principales que argumentan los puertorriqueños para emigrar son: el alto costo de vida, demasiados y elevados impuestos, los empleos, incluyendo los profesionales que no son bien remunerados, alto índice de desempleo y el deterioro social. Además, la Florida está relativamente cerca y pueden regresar de visita a Puerto Rico para ver sus familiares.

Algunas de las características demográficas de estos emigrantes son: la mayor parte son jóvenes, emigran con toda la familia, incluyendo sus niños, muchos de ellos estaban empleados en Puerto Rico pero se van buscando un mejor salario y una mejor calidad de vida. La mayoría de ellos se graduó de escuela superior y alrededor de una cuarta parte son profesionales.

El autor es profesor retirado de historia

La Colonia al Desnudo*

Por Jenaro Rentas Rodríguez

Especial para CLARIDAD

Desbrozar el camino a toda inversión máximo-redituable figura en la cartilla de fundamentos del modo capitalista de producción. Como se logre no es asunto que perturbe el sueño a ningún inversor o a CEO alguno. La vieja sentencia de que el capital no tiene patria ha resistido lozanamente las arrugas del tiempo rejuveneciéndose con exportaciones, continuos implantes tecnológicos y la cirugía bélica.

Precisamente al contender en la Guerra Cubano-Española, al rescoldo de la doctrina Monroe, el joven imperialismo abrió las Antillas a la masiva exportación de sus capitales. En Puerto Rico en menos de cuarenta años se convirtió en inversor-propietario mayoritario. Mientras, complementariamente, el botín de guerra era convertido en mercado cautivo para sus exportaciones. Entre 1910 y 1935 pasó de ser el duodécimo en el mundo al tercero (Dietz).

Durante el trayecto otra ley provisional (Jones, 1917) redondeó el dominio sobre la colonia. Con la imposición de su ciudadanía incluyó el servicio militar, ató la fuerza de trabajo para poder utilizarla en la metrópoli en momentos en que allá crecía una oleada antiinmigratoria y la guerra en Europa drenaba su fuerza trabajadora y, con todas las de la ley, aseguró una base clave al sistema naval, luego también aéreo, defensivo. En esa dirección, entre julio de 1939 y junio de 1947 los gastos de las autoridades federales en Puerto Rico ascendieron a $656,000,000 de los que tanto como $532,000,000 correspondieron a gastos para fortalecer el andamiaje militar (J. Rodríguez Beruff, Strategy as Politics…). Ya en 1960 las fuerzas militares ocupaban en condición de propietario el 13% de las tierras cultivables. Es decir, 108,000 cuerdas, incluyendo 28,000 cuerdas en reservas forestales y 24,000 de las 27,000 de Vieques. Habían establecido 9 bases militares principales con algunas convertidas en depositarias de todo tipo de armamento nuclear (Tesis Politica MPI, 1963).

La Segunda Guerra Mundial

Fue Jauja para las corporaciones gigantes que habían ido marginando desde 1880 al capitalismo familiar. Con el patriótico reclamo de Only If Paid Properly, los jefes de la Standard Oil, la General Motors y compañía acordaron contratos con el Estado por $117 billones como condición para involucrarse en la guerra. Al mando de la War Production Board, por orden presidencial, asumieron el control del 75% del valor de las propiedades gubernamentales y de 26 billones de fondos del gobierno federal para la construcción de plantas y la adquisición de nuevo equipo para la conversión hacia la industria de guerra. Estando la guerra en todo su apogeo el torrente de ganancias fluyó con un chorro de 250% por sobre las obtenidas previo a la conflagración, cuyo resultados aun se hacen sentir (Boyer y Morais, Labor’s Untold Story).

Al finalizar la guerra, las corporaciones se hicieron del 70% de las plantas industriales pagando el 60% de su costo de construcción y se tragaron 2400 empresas industriales y mineras (Boyer, Morais). En tanto, la economía registró aumentos de 2/3 en el Producto Nacional Bruto (E. Hobsbawn, Historia del Siglo 20). Con las bases de la economía intactas, en posesión de La Bomba, la Marina de Guerra y la CIA, las corporaciones pusieron sus miras en Latinoamérica. Donde movimientos progresistas pugnaban por políticas reinvindicativas de sus recursos a favor de los suyos. La respuesta imperialista fue meridianamente clara: Los paises latinoamericanos debían complementar la economía de los Estados Unidos, no competir con ella. De tal manera quedó consignado en una Carta Económica para las Américas aprobada en una Conferencia Panamaericana celebrada en Mexico en 1945 (N. Chomsky, New Left Review, 2000).

La acumulación de capitales industriales, comerciales y bancarios y su concentración y centralización como capital financiero cuajó en la formación de un excedente exportable ávido de maximizar ganancias que no tardó en registrarse. Provenientes, sobre todo del mundo subdesarrollado, aumentaron de un 11.5% en 1945 a un 19.8% en 1948. Mientras en Estados Unidos los márgenes fueron de 7.7% y de 13.8% respectivamente (Ernest Mandel, Tratado de Economía Marxista). En La Política Colonial en la Post Guerra, el autor V. Barushev cita de Survey of Current Business, de noviembre de 1954, en Latinoamerica con una inversión de $662 millones en 1951, las corporaciones generaron ingresos por $3,256 millones en 1954. Las corporaciones empezaron exportando industrias de la primera generación, se entusiasmaron, y continuaron exportándolas de todo tipo con el auxilio de la Marina, la revolución en la transportación y las comunicaciones más el venenoso anticomunismo. Con ellos, fueron consumándose transnacionalismo y neocolonialismo que habían debutado con la Guerra del ’98 y sus consecuencias.

La Operación Manos a la Obra

Acá, en ese contexto, tras varios intentos de desarrollo en la onda latinoamericana, la dirigencia del Partido Popular, tomando distancias de un tímido contagio independentista, cambió de rumbo y se hizo cómplice, promotor y hasta financista, desde la administración de la colonia, de un proyecto proto-imperialista. Operación Manos a la Obra llamaron a la propuesta.

En 20 años, 1950-1970, el capital importado aumentó apabullantemente con altos registros en el Producto Nacional Bruto, en el Producto Interno Bruto, en los índices de empleo y de salarios. Pero ya, al 1970, el modelo, objeto de todo tipo de encomio, mostraba claros síntomas de no poder trascender los limites insertos en su propia naturaleza. Mientras aumentaban extraordinariamente las ganancias corporativas, se fue desdibujando el acercamiento al estado más pobre de los Estados Unidos que se había fijado como meta-estrategia para sacar al país de la miseria. En significativa medida, las alabadas ventajas que el nuevo embeleco colonial daba al proyecto acabaron por contribuir a descalabrarlo junto a la criminal explotación contenida en sus dispositivos.

La exención contributiva, los salarios bajos y el acceso libre de aranceles al mercado gringo constituyeron los tres pilares básicos del proyecto. Pero resultó que en el mes de octubre de 1947, 23 países reunidos en Suiza, firmaron el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, en inglés) que liberalizó el intercambio internacional de mercancías. Entonces, la producción industrial de Estados Unidos equivalía a más del 40% de la producción mundial, por lo que le era del todo conveniente exportar buena parte de la misma (Javier Oyarzun, economista en la Universidad de Madrid). Pero, a la vez, Estados Unidos tenía que reducir los aranceles proteccionistas de su economía. Así las cosas, se sucedieron los acuerdos bilaterales, la aprobación de nuevas leyes que permitieron la repatriación de ganancias con la reducción de impuestos asociados a la exportación de capitales hacia países con costos de producción sumamente bajos, sobre todo en el renglón de los salarios y en la escasa o ninguna sindicación de la clase obrera.

En el caso particular de Puerto Rico, por su condición colonial, el mantener salarios bajos que le permitieran competir con otros países, se torno infranqueable por las ataduras al caro mercado norteamericano y las leyes de cabotaje que objetivamente obligaban a una lucha constante por aumentos salariales. En consecuencia, la industria liviana que se sostenía precisamente de salarios bajos vio pasar sus mejores días. Ante ese escenario, se inició una nueva etapa en la economía con la atracción de capital ausentista en las industrias petroquímicas y farmacéuticas.

El establecimiento de las petroquímicas fue favorecido por los bajos precios del petróleo en el mercado mundial y la liberalización de la política petrolera de los Estados Unidos que dispuso la entrada del crudo con menos restricciones. Este tipo de industria demandaba fuertes inversiones de capital, pero generaban pocos empleos. Se les conoce como empresas de uso intensivo de capital. Por ejemplo, el promedio de inversión por empleo potencial, según cálculos del estado, aumentó de $4,837,000 a $12,402,000 en 1976-79. Pero el sector petroquímico y otros de los llamados pesados, solo generaron el 4,2% del empleo total (P. Parrilla, Geografía Industrial de Puerto Rico). La crisis petrolera que se inició en 1973, dio al traste con el intento. Hacia 1983 la CORCO que se montó con unos $120 millones acabó en la Corte de Quiebra.

A partir de 1976, la inversión de capital corporativo en Puerto Rico recibió un fuerte impulso cuando el Congreso le dio paso a la Sección 936 del Código de Rentas Internas que dispuso que las possession corporations estarían exentas del pago de contribuciones por las ganancias obtenidas en la colonia. Según estudios del Tesoro, al cabo del tiempo, el ahorro de las 936 por no pagar impuestos allá ascendia a $22,000 por empleado. Es decir, más de 150% de los ingresos de un empleado promedio en una corporación 936 con un salario de $14,210 anuales (John T. Skelly, END, 14/3/1980). En Puerto Rico las farmacéuticas, principales beneficiarias de la exención, entre 2001 y 2006 habían invertido unos $3,600,000 pero entre ellas y otras productoras de químicos solo representaron el 10,1% del empleo total en la manufactura a pesar de que representaron el 32,1% de la producción bruta total de la industria (Dietz). Quede claro que aunque pagan mejores salarios emplean mucho menos trabajadores. De modo que mientras aumenta el valor de la manufactura se reduce la cantidad de industrias y empleos. Según un censo económico que se realiza cada cinco años la producción del sector manufacturero ascendió a $80,172 millones en 2007. Sin embargo, la cantidad de industrias se redujo de 2195 en 2002 a 2151 en 2007 y los empleos se redujeron en el mismo lapso de tiempo de 126,707 a 110,691 (R. Banuchi, END, 17/3/2011).

Otros Indicadores Claves

En 1974, a solicitud del entonces gobernador Hernández Colón, el renombrado economista James Tobin, en un Informe sobre las finanzas del país, hizo constar que desde el punto de vista de los residentes, las estadísticas indicativas de altos niveles del Producto Interno Bruto (lo que produce el país) vale poco si no son acompañadas de un alto y creciente Producto Nacional Bruto (los ingresos de los residentes por lo producido y las remesas del exterior). Pues resultó que la relación ha operado en detrimento del Producto Nacional Bruto. De un déficit de $347,000,000 en 1960, subió a $27,000 millones en 2015. Es evidente que los pagos de intereses y dividendos sobre la inversión externa drenan irremediablemente los recursos del país (Varias fuentes).

Tal vez sea suficiente para ir resumiendo que a todo lo largo del proyecto de industrialización por invitación la tasa de desempleo jamás ha sido menor del 10% de la fuerza trabajadora y que la tasa de participación lleva un ritmo descendentemente alarmante. En el 1950 era de 54,6%, en el 2003 era de 46,6%, y hoy está al nivel del 40% (E. Irizarry Mora). Mientras, como sabiamente documenta el economista residente en Ponce, Luis R. Quiñones Soto, del 1950 al 2015 se han expatriado ganancias por el monto de $725,000 millones. Deudas, déficits, quiebras y PROMESAS tienen una muy claramente identificable raíz: el capitalismo colonial ha implosionado sin necesidad de conspiración comunista alguna.

Por dónde andamos

Perplejidad, desasosiego, escape y la cruel incertidumbre se hacen sentir para todas y todos. ¿Y qué del independentismo?

Hace rato que transita en derechización hacia el centro. Y hacia el centro solo hay más colonia y más neoliberalismo guiados por el Consenso de Washington: privatización, desregulación, reducción al máximo del servicio público y total libertad a un mercado armonioso y autoregulable. Sin una base social sólida, se intentan atajos procesales de dudosa realización amarrándose a un partido desgastado. Ahora, se intenta saltar del camino único de la Asamblea de Estatus al “resuelvelotodo” del callejón plebiscitario. Es que también la debilidad del independentismo tiene raíces: la frágil y alienante estructura económica ha condicionado una formación clasista-social caracterizada por una burguesía nacional, un campesinado que fue aniquilado y una clase trabajadora que no ha podido consolidarse por los rápidos cambios registrados en la economía, la pérdida de miles de los suyos por vía de la emigración; el reduccionismo economicista atosigado por el sindicalismo gringo; la camisa de fuerza de la represiva ley Taft-Hartley y la Ley de la Mordaza, el carpeteo y la conversión del Estado en una agencia de empleo.

Pero nadie se llame a engaño. Sobra espacio. Abundan condiciones. Y tenemos suficiente valor y entereza para avanzar y vencer. Elementos que atenderemos a continuación.

El autor es profesor retirado.