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“Las Antillas para los antillanos…” y su tierra para su gente: Betances y la naturaleza

 

 

A la compañera Mary Ann Merril Ramírez, por su labor patriótica todos estos años.

 

Buenas tardes a todas y todos los que hoy se han dado cita en esta, la cuadragésima cuarta edición de la Jornada a Betances.

Quiero comenzar agradeciendo profundamente a todas las manos que durante más de cuarenta años han hecho posible este espacio.

Antes de entrar en materia, quisiera compartir algo personal: mi primer acercamiento a la figura de Ramón Emeterio Betances y Alacán no fue en una sala de clases ni en un libro, sino caminando por estas mismas jornadas, de la mano de mi papá. Él me trajo por primera vez, como quien siembra sin saberlo. Me transmitió un profundo respeto por nuestro prócer caborrojeño. Y quizás sin proponérselo, me sembró también una inquietud que ha ido creciendo: el deseo de conocer y entender la historia de este archipiélago que habitamos.

Ahora bien, hace un par de semanas, se me asignó una tarea nada sencilla. Una “tremendísima” empresa historiográfica: identificar el pensamiento de Betances sobre la naturaleza. Sí, así mismo: ¿qué pensaba Betances sobre la naturaleza? Una pregunta sencilla según Mary Ann Merril Ramírez. Ella me lo dijo con una confianza muy bonita en mí, pero también con la firmeza de quien no acepta objeciones. Lo que ella llamaba “una idea sencilla” era, en realidad, una orden disfrazada de elogio.

De ahí me surgió la siguiente pregunta: ¿Cuál era la visión particular sobre la naturaleza y su relación con el ser humano, enmarcada en el contexto caribeño y antillano, que desarrolló el hombre más insigne de Puerto Rico?  Es esa la pregunta tesis que intentaré contestar esta tarde. Y bueno, aquí estoy, cumpliendo la orden y compartiendo con ustedes lo que he encontrado.

Así que, empecemos por ahí, Betances nació a pocos metros de donde nos encontramos esta tarde-noche, en un pueblo costero, rodeado de un entorno natural rico en biodiversidad. Desde su infancia, desarrolló un vínculo afectivo con el paisaje de su tierra natal, como lo demuestra su evocación nostálgica en una carta que le escribió al también caborrojeño Salvador Brau y Asencio en 1889 y cito:

“Mi patria es Puerto Rico cuyo recuerdo me obsesiona, y crea usted, que no me resigno a morir sin volver a aquel Cabo Rojo inolvidable, para ver de nuevo Los Guayabos, donde correteaba cuando niño, y remojarme en las aguas de La Pileta…”[1]

Hoy no quedan Guayabos como tampoco las aguas prístinas de La Pileta, que han sido encajonados en cemento en aras del progreso y la modernidad y se han convertido en un canal de las aguas pluviales del casco urbano. De forma similar, con añoranza, en una carta de diciembre de 1882, a su siempre amiga, Lola Rodríguez de Tío, Betances escribía sobre Cabo Rojo y cito:

 

“¡Mi pobre Cabo Rojo! Se me llenan los ojos de agua, de pensar en él. ¡Tan hermoso país tan desgraciado! Me acuerdo cuando salimos, Segundo y yo, huyendo de aquellas tinieblas, fue a parar el bote a una playita de arena blanca, por el Boquerón. Yo tenía una calentura furiosa. Así saltamos a tierra y arrastrándome llegué primero a la sombra de un uvero del mar donde descansé y luego trepándome en cuatro pies a un cerrito que nos separaba del resto de la isla, eche una mirada y le mando… un beso a Patria. ’’[2]

¿Playa de arena blanca en Boquerón y “un cerrito que nos separaba del resto de la isla”? ¿Dónde será eso? ¿Acaso no será en Los Pozos? Bueno, no creo necesario especular, porque me parece que es claro que se refiere a Los Peñones de Melones, donde se pretende construir el llamado Proyecto Esencia, pero lo cierto es que, en ambas cartas, Betances describe los paisajes de Cabo Rojo con un tono nostálgico, resaltando la belleza de sus costas y quebradas. Esta conexión emocional con la naturaleza no era solo personal, sino que también influyó en su pensamiento político y social. Para Betances, el territorio no era un mero espacio geográfico, sino un elemento constitutivo de la identidad nacional y antillana. En su visión, el territorio antillano es parte de la libertad misma. Su constante ir y venir entre islas—como médico, revolucionario y exiliado— marcó su biografía, pero también ejemplifica una forma de habitar el Caribe como espacio político compartido.

El pensamiento de Betances en torno a la naturaleza debe entenderse en su debido contexto histórico del siglo XIX. En la segunda mitad de ese siglo, las discusiones sobre la naturaleza en el Caribe y en América Latina se desarrollaban en torno a dos grandes corrientes:

  1. La primera corriente la llamo la visión colonial y extractivista: que supone la perspectiva de las potencias europeas y las élites locales que concebían a la naturaleza como un recurso a explotar ilimitadamente, especialmente en el contexto de las plantaciones, que dominaron las economías de las Antillas desde colonización. No es casual que el Caribe aparezca hoy entre las regiones con mayor deterioro ecológico en las Américas, debido a la prolongada explotación de monocultivos, en particular el azúcar. Sin embargo, esta perspectiva lamentablemente continua, pues muy pesar de lo que quisiéramos, el Caribe sigue siendo una plantación, hoy enfocado en el turismo de resort y, su función dentro de la economía mundial sigue siendo una muy parecida a la que vivió Betances.
  2. Ahora bien, la segunda corriente en torno a la naturaleza que se desarrolló en el siglo XIX fue la del romanticismo, en la que la naturaleza se representaba como un reflejo del alma humana: viva, emocional y poderosa. Donde la naturaleza no era solo un escenario, sino un personaje más—cómplice del dolor, del amor o de la rebeldía. Se le atribuía un carácter sublime, misterioso, incluso espiritual. Era un refugio frente a la corrupción de la incipiente civilización industrial. Por eso, tormentas, montañas, ríos o selvas eran formas simbólicas de expresar estados del alma. Y es desde este marco donde muchos intelectuales y revolucionarios—como Betances—comenzaron a asociar la naturaleza con la identidad nacional, y con la resistencia anticolonial desde los territorios antillanos.

Ahora bien, en el caso específico de Betances, esta idea romántica de la naturaleza no puede separarse de su formación intelectual en Francia ni de su exposición a los ideales liberales y científicos de la época. Su visión crítica frente al modelo colonial de explotación de la tierra y de los cuerpos fue también una expresión de esa formación. Para que tengamos una idea, Betances, llegando a París y con tan solo 20 años le tocó presenciar la revolución de 1848. Pero allí, Betances no fue un mero contemplador de aquel proceso, sino que participó activamente en la revolución antimonárquica del 24 de febrero del 1848, en la que se declaró la Segunda República Francesa y se abolió la esclavitud negra en las colonias, incluyendo en el Caribe. Al respecto, escribió Betances tiempo después:

“Yo soy también un viejo soldado de la República francesa. En 1848 cumplí con mi deber. Cuando se trata de la libertad todos los pueblos son solidarios.”[3]

Este proceso revolucionario moldeó significativamente sus ideologías políticas que definieron su postura abolicionista y anticolonial, que puede evidenciarse en su “Diez mandamientos del hombre libre’’ de (1867, en el que plantea que el primer paso para lograr la igualdad en Puerto Rico frente al gobierno colonial era, precisamente, la abolición de la esclavitud. Betances partía de una premisa ética y filosófica inquebrantable: la libertad es inherente a la condición natural del ser humano. Según él: “La naturaleza no ha hecho esclavo a nadie, sino a todos libres.”

La mirada de Betances no se limitó a Puerto Rico y miró hacia Las Antillas. En esta visión antillana, se concebía a las islas como un espacio interconectado, como un ecosistema. En ese sentido, el antillanismo de Betances era visión territorial y ecológica de soberanía compartida. Betances entendía a las Antillas como una unidad natural, histórica y cultural que debía defenderse del colonialismo español y del expansionismo estadounidense bajo la consigna: “Las Antillas para los antillanos”. Por eso promovió la idea de la Confederación Antillana. En este proyecto, la soberanía territorial de las Antillas se entrelaza así con la soberanía ecológica: el derecho de los pueblos a controlar y preservar sus propios recursos naturales.

Algo de esto se puede ver en la novela “Los dos indios. Episodio de la conquista de Borinquén” (1855) donde se refleja el interés Betances por las raíces indígenas y la resistencia ante la dominación extranjera, expresando una conexión entre la tierra y la lucha por la libertad dentro de una identidad antillana.[4]

En esta novela, Betances representa la naturaleza como un ser viviente, casi cómplice y doliente del drama humano. La selva, los árboles, los arroyos, los animales—todos actúan con agencia, como si compartieran el dolor, la lucha, y la memoria de los pueblos indígenas. Uno de los momentos más reveladores es al inicio, durante la tormenta y cito: “La naturaleza gemía. ¿El huracán sobre la montaña y bajo el bosque el huracán!”

Aquí Betances describe el entorno y lo anima con emociones humanas, lo convierte en un personaje más que padece y resiste junto con el pueblo indígena. La tormenta no solo era un fenómeno meteorológico, sino un agente de protección y ocultamiento para los protagonistas. Y más adelante, cuando se menciona cómo el paisaje ha sido alterado por la violencia colonial Betances con su voz narradora nos dice: “El hacha de los cristianos abatía los álamos y los plátanos de la selva. Solo el roble permanecía de pie.”

Este simbolismo del roble como último árbol, resistente, es un eco de la resistencia indígena y su conexión profunda con el entorno natural. La naturaleza aquí es parte del conflicto, testigo del genocidio, y símbolo de la tenacidad. Así que cuando Betances representa la tormenta, “el bosque que gime, el arroyo que murmura,” está en modo romántico caribeño, pero usando la naturaleza como testigo y eco del conflicto humano con su entorno natural. ¿Acaso sus palabras en esta novela no son una crítica a la sociedad de plantación, de la que sus padres eran partícipe? ¿Acaso ese conflicto inherente en esta novela por el control de la naturaleza no sigue aún vigente?

Así que, para Betances, la naturaleza era un escenario activo en la historia de resistencia de los pueblos antillanos. Esta relación de Betances con la naturaleza también se puede ver su actividad masónica, particularmente en los márgenes de la masoneria convencional. Según el fenecido profesor Mario Cancel Sepúlveda, Betances fue uno de los fundadores de la Logia Yagüez No. 10, junto a su compañero de lucha Segundo Ruiz Belvis. A diferencia de las logias tradicionales, la Logia Yagüez practicaba una “masonería forestal”, sin templo físico, en lo que los comentaristas describen como “templo abierto”, una modalidad influida por los carbonarios europeos, que recurrían al bosque como espacio simbólico y operativo.[5] Esta práctica sugiere una lectura de la naturaleza como espacio sagrado y político, donde se gestaban visiones de libertad fuera del alcance de la vigilancia colonial. Así, la naturaleza se convierte en una escenografía revolucionaria, donde se conjugan los ideales ilustrados de la masonería con la espiritualidad romántica de Betances. Más que un entorno, el bosque era el templo vivo de una ética libertaria: un lugar donde se hermanaban la conspiración, el ritual y el compromiso por la justicia antillana.

Todas esas relaciones de Betances con su entorno, también las podemos muy bien documentar en las experiencias de la resistencia taína, las de las personas esclavizadas y cimarronas a lo largo de la historia en nuestras Antillas y en el Caribe. Es decir, como para Betances las Antillas era un ecosistema, los problemas estructurales tenía una misma raíz. De ahí la importancia de su crítica a la esclavitud y al sistema de plantaciones implicaba una denuncia al modelo de explotación que degradaba tanto a los seres humanos como a la tierra.

Porque no olvidemos: el sistema de plantación ha sido, desde sus orígenes, uno de los mayores responsables de la degradación ambiental en nuestra región. Hoy lo llamamos crisis climática, pero sus raíces están en siglos de monocultivo, de tala masiva, de agotamiento del suelo y apropiación de los recursos. Y aunque los trópicos—con su riqueza ecológica—son los más afectados por el cambio climático y la actual crisis climática, también es cierto que esto ha sido también consecuencia de siglos de explotación y de un modelo de desarrollo económico que se ha basado en la explotación infinita de sus recursos naturales, como fue el sistema de plantación y el monocultivo de la caña de azúcar en Las Antillas.

Por eso Betances nunca dejó de pensar en el mejoramiento social de los pueblos antillanos. Desde su formación médica en Francia, Betances adoptó una perspectiva científica sobre la naturaleza, influenciada por el positivismo y los avances en la medicina higienista. Consideraba que el estudio de la naturaleza y la salud pública eran fundamentales para mejorar las condiciones de vida en Puerto Rico, denunciando la insalubridad y las enfermedades como problemas agravados por la pobreza y el sistema colonial. Un ejemplo concreto de lo anterior fue su desempeño durante la epidemia de cólera que llegó a las costas del oeste de Puerto Rico en julio de 1856, afectando especialmente a la región de Mayagüez, donde Betances fue uno de los médicos que atendió a cerca de 24,000 residentes y donde destacó por su compromiso por la salud pública, pero sobre todo por las personas pobres de esta región, incluyendo a las personas esclavizadas. [6] De ahí que a Betances también se le conociera como el médico de los pobres.

Reflexiones finales:

 

Si bien es cierto que Betances no fue un ecologista en el sentido moderno, su pensamiento integró una visión de la naturaleza como parte de unas interseccionalidades que tenían que ver con la identidad, la libertad y la justicia social. Las Antillas eran entendidas como parte de un ecosistema. Por eso para él, la lucha por la independencia de Puerto Rico y de las Antillas no solo era solo política, sino también una reivindicación del derecho de los pueblos a vivir en armonía con su entorno. Esta visión se expresa también en su poesía. En su poema «Plegaria al sol», Betances representa al sol como símbolo de vida, igualdad y emancipación. Lo describe como una “chispa que fulges inmortal”, una fuerza que “da luz al cautivo” y “despierta al arbusto dormido”, con una potencia que bendice y fecunda sin distinción. A través de esta imagen luminosa y cósmica, Betances proyectó una naturaleza activa, generosa y moralmente superior a las jerarquías humanas. Sin embargo, cerraba el poema afirmando que ni siquiera el sol posee “la fuerza de un rayo de amor”, lo que subraya la dimensión ética de su pensamiento: la naturaleza es poderosa, pero el amor —como principio de justicia, libertad y solidaridad— es aún más transformador. Así, Betances combina el romanticismo, la ciencia y lucha política para ofrecernos una visión profundamente humanista y ecológica del mundo natural.

En un siglo marcado por la explotación colonial e imperialista, el antillanismo de Betances anticipó debates contemporáneos sobre la soberanía ambiental y justicia climática en el Caribe. Dicho eso, y extrapolando las ideas betancinas previamente discutidas cabría preguntarse, ¿qué diría Betances sobre las problemáticas ambientales que enfrentan nuestras Antillas? Definitivamente sería crítico. Repasemos un poco algunas problemáticas que aquejan nuestras Antillas y que de seguro serían de preocupación para Betances.

  1. Cuba, la mayor de las Antillas, arrastra la degradación de sus suelos tras siglos de monocultivo azucarero, incluso después de la Revolución Cubana. La industrialización acelerada también trajo consecuencias ambientales severas, visibles en lugares como la bahía de La Habana o la de Cienfuegos, donde se instalaron complejos petroquímicos sin contemplar los impactos ecológicos
  2. Haití, la primera nación antillana libre y negra del mundo, sufre aún las secuelas de una explotación colonial brutal que agotó sus suelos y provocó una deforestación masiva, resultado directo de la economía de plantación.
  3. República Dominicana enfrenta hoy múltiples luchas: el turismo masivo en costas como Samaná, Punta Cana o Boca Chica ha desplazado comunidades enteras y a privatizado de facto el acceso a las playas, y la minería—impulsada principalmente por capital extranjero—contamina suelos y ríos en zonas como Bonao, La Vega o Cotuí, afectando gravemente a comunidades campesinas.
  4. Mientras que, en Puerto Rico, enfrentamos múltiples conflictos ambientales: la contaminación incesante en las comunidades del sur por la carbonera AES, a la que el actual gobienro le extendió el contrato a costa de los residentes aledaños, la privatización y acceso limitado a playas, el desplazamiento de comunidades costeras, los proyectos de construcción descontrolada en zonas costeras, agrícolas o protegidas por su valor ecológico, así como la amenaza constante del turismo masivo e insostenible.

Ejemplos reciente es el llamado Proyecto Esencia en el Cabo Rojo de Betances o Punta Moncayo, en el Fajardo de Antonio Valero de Bernabe, que ejemplifican estos conflictos: mega desarrollos residenciales y turístico para multimillonarios que amenazan directamente a los ecosistemas costeros,  que restringen el acceso a la playa, que fragmentan el hábitad de especies en peligro de extinción, como el Guabairo y la Marquita, que ponen en riesgo el suministro de agua potable para los residentes y amenazan con desplazar a las comunidades aledañas, un proceso que definitivamente debemos llamar colonialismo de asentimiento, que no es exclusivo de Puerto Rico pues este modelo de saqueo tiene varios ecos históricos en el Caribe y el Sur Global, donde los paraísos turísticos son solo la cara amable del ecocidio.

Ante todo esto, Betances nos dejó un principio contundente: “¡Las Antillas para los antillanos!” Este llamado implica que nuestros territorios—y sus ecosistemas—no deben estar al servicio de intereses externos ni del capital depredador que nos ha conducido a donde nos encontramos y que nos obliga, hoy más que nunca, a entablar vínculos con nuestras vecinas islas y sus luchas, como un acto de resistencia y de existencia. Esto también es urgente: defender lo nuestro, cuidar la vida, y garantizar que el desarrollo no se construya sobre la destrucción.

La visión betancina sobre la naturaleza sigue viva como una invitación a defender nuestros territorios, preservar nuestra biodiversidad y asegurar que nuestras Antillas sean, verdaderamente, para sus pueblos.  Por eso Betances no formuló una pregunta retórica sino un desafío urgente: “¿Y qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan?”. La respuesta late en las trincheras del presente: ¡NO A PUNTA MONCAYO! ¡NO AL PASEO CILCISTA DE RINCÓN! ¡NO A THE CLIFF EN AGUADILLA! ¡NO A COLUMBUS LANDING EN PLAYUELA! ¡NO A LA CARBONERA DE AES! ¡NO A LA CANALIZACIÓN DEL RÍO PIEDRAS! ¡NO A PUNTA BANDERA! Y vamos, repitan conmigo ¡NO AL PROYECTO ESENCIA!

 

Palabras pronunciadas en la 44ma Jornada a Betances,sábado, 12 de abril de 2025

 

 Referencias:
 Cancel Sepúlveda, Mario. “Otros Betances: Una Teoría de La Libertad y La Revolución.” Claridad, 29 de marzo de 2022. https://claridadpuertorico.com/otros-betances-una-teoria-de-la-libertad-y-la-revolucion/.
Cancel Sepúlveda, Mario. “Segundo Ruiz Belvis y Ramón E. Betances Alacán Masones: Unos Apuntes.” Horomicos, 21 de mayo de 2018. https://horomicos.wordpress.com/2018/05/21/segundo-ruiz-belvis-y-ramon-e-betances-alacan-masones-unos-apuntes/.
Ojeda Reyes, Félix. El Desterrado de París Biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances (1827-1898). San Juan: Ediciones Puerto, 2001.
Ojeda Reyes, Félix y Paul Estrade.  Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Escritos íntimos. Vol. II. San Juan, Puerto Rico: Ediciones Puerto, 2008.
___________y Paul Estrade. Ramón Emeterio Betances.  Obras Completas. Escritos literarios. Vol. III San Juan, Puerto Rico: Ediciones Puerto, 2008.
___________y Paul Estrade. Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Escritos políticos proclamas, discursos y estudios. Vol. IV
___________y Paul Estrade: Ramón Emeterio Betances. Obras Completas. Escritos políticos correspondencia relativa a Puerto Rico. Vol. V. San Juan, Puerto Rico: Ediciones Puerto, 2008.
[1] Félix Ojeda Reyes y Paul Estrade, Ramón Emeterio Betances. Obras Completas (II), 117.
[2] Patria era la hija de Lola Rodríguez de Tío. Disponible en Obras completas, (V).181-182.
[3] Obras Completas (V), 18
[4] Disponible en Obras Completas, (III), 113-164.
[5] Mario Cancel Sepúlveda. “Segundo Ruiz Belvis y Ramón E. Betances Alacán Masones: UNOS Apuntes.” Horomicos, 21 de mayo de 2018. https://horomicos.wordpress.com/2018/05/21/segundo-ruiz-belvis-y-ramon-e-betances-alacan-masones-unos-apuntes/.
[6] Obras completas (I), 35-44.

 

Por Annie Ponce Rosa

La política enseña que el poder no se cede, se arrebata . Históricamente, quienes detentan el poder tienden a aferrarse a él usando estrategias como reformas legales, manipulación de la opinión pública y el uso de recursos estatales. En Puerto Rico, el bipartidismo del PNP y el PPD ha utilizado esas tácticas para sostener su dominio, dificultando la inscripción de nuevos partidos, restringiendo alianzas y controlando organismos como la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).

Ante este panorama, las fuerzas progresistas deben organizarse, movilizarse y construir una alternativa estratégica que confronte directamente al sistema establecido porque el sistema no se va a transformar por sí solo. . Cambiar el país requiere inteligencia, unidad, apertura y desprendimiento

Una vía para ese cambio ha sido la Alianza de País entre el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) , que logró avances significativos en las elecciones de 2024. Pero más que una alianza táctica, se necesita una coalición estratégica , estructurada, diversa y con una visión clara de país.

 

El valor histórico de las alianzas.

 

Las alianzas han sido fundamentales en procesos de transformación política en el mundo. En América Latina, coaliciones amplias han permitido derrotar regímenes dominantes, como ocurrió en Chile, Uruguay y Argentina , donde fuerzas con diferencias ideológicas se unieron reconociendo que lo que las unía era mayor que lo que las separaba .

En Puerto Rico también ha habido precedentes:

  • En 1978, el PIP, el PSP y figuras del PPD colaboraron en la ONU defendiendo el derecho a la autodeterminación.
  • A principios del siglo XX, Luis A. Ferréganó apoyo electoral mediante candidaturas coligadas.

Sin embargo, hoy día las posibilidades de alianzas están restringidas por el Código Electoral de 2020 , que:

  1. Prohíbe candidaturas coligadas, pese a haber sido parte del sistema por décadas.
  2. Aumentan los obstáculos para la inscripción y permanencia de partidos nuevos.
  3. Centralizar el poder en la presidencia de la CEE, controlada por el partido en el poder (PNP).
  4. Permite el uso extendido del voto adelantado sin controles suficientes.
  5. Modifica el financiamiento político, eliminando asignaciones fijas del Fondo Electoral y reemplazándolas por el pareo de fondos, favoreciendo a los partidos con más capacidad de recaudación, como el PNP y el PPD.

Estos elementos refuerzan el bipartidismo y dificultan la competencia de nuevos movimientos. Por eso, la alianza entre MVC y PIP no fue solo conveniente, sino necesaria para enfrentar las barreras impuestas.

Apoyos estratégicos del PIP y el MVC a la Alianza: Apertura y Amplitud

El PIP , históricamente ideológico y conservador en cuanto a las alianzas, dio un giro importante bajo el liderazgo de Juan Dalmau , quien en 2024 convocó a electoral de todas las preferencias de estatus a unirse a un proyecto de país justo, transparente y ético. Esta fue clave de apertura para ampliar su base electoral.

Por su parte, el MVC ha funcionado como puente político al no estar atado a una posición específica sobre el estatus. Su enfoque en la justicia social, la transformación política y la lucha contra la corrupción lo ha hecho atractivo para opuestos diversos, incluyendo independentistas, estadistas desencantados, libres asociacionistas y no afiliados.

Este enfoque permitió que muchos electores votaran por Juan Dalmau sin sentir que votaban directamente por la independencia , y ayudó a neutralizar el miedo al cambio de estatus , una herramienta utilizada históricamente por el bipartidismo para sembrar incertidumbre.

Resultados históricos de la Alianza en 2024

En las elecciones de 2024, la Alianza logró lo siguiente:

  • Juan Dalmau ganó en 13 municipios y quedó segundo en los demás.
  • Obtuvo 391.945 votos(30,81%), superando al PPD y consolidándose como la segunda fuerza política del país.
  • Aunque Jenniffer González (PNP)ganó con 41.22%, es importante recordar que el gobernador anterior ganó con solo 34%, lo que refleja un electorado fragmentado.

. En San Juan, el Lcdo. Manuel Natal, en alianza, logró ser favorecido por un 38% del electorado superando los votos que obtuvo en el 2020.

Este avance evidencia un cambio en la conciencia política del país , pero también muestra que la Alianza necesita fortalecerse aún más. Ni el PIP ni el MVC por separado pueden alcanzar la gobernación en 2028, debido a:

  1. La persistencia del bipartidismo, con control legislativo, mediático y financiero.
  2. La inercia del electorado, que aún vota mayoritariamente dentro del esquema tradicional, especialmente a nivel municipal.
  3. Las restricciones del Código Electoral.
  4. La necesidad de atraer el voto del centro político.5. Los resultados de 2020 y 2024: el PIP nunca ha superado el 14% solo, y el MVC sin alianza no alcanza el nivel del 2024.

 

Dividir el voto de oposición en 2028 garantizaría otra victoria del PNP, posiblemente con solo el 30-35% del electorado, como ha sucedido antes. Por tanto, la continuidad y expansión de la Alianza no es solo aconsejable: es esencial.

Hacia una nueva etapa: una Alianza para gobernar

La Alianza de 2028 no debe limitarse a lo electoral. Tiene que ser un proyecto de país con, estrategia y estructura. Además del MVC y el PIP, debe incluir:

  1. Sectores políticos fuera del bipartidismo: exlíderes del PNP y PPD decepcionados, alcaldes o legisladores con liderazgo local, candidatos independientes con base electoral propia.
  2. Movimiento cooperativista y empresarios de la economía social: fundamentales para una nueva visión económica.
  3. Sindicatos y movimientos laborales: como defensores de derechos y servicios públicos.
  4. Movimientos ambientales y de energía renovable: esenciales ante la crisis climática y energética.
  5. Movimientos feministas y de derechos humanos: con un historial de lucha por la equidad.
  6. Juventud y tecnología: para modernizar el gobierno y atraer a nuevas generaciones.
  7. Organizaciones comunitarias y del tercer sector: con capacidad real de transformación desde las bases.

¿Qué debe hacer la Alianza desde ahora?

  • Fortalecer sus estructuras comunitarias y sus bases electorales en todo el país.
  • Atraer a jóvenes, abstencionistas y votantes desencantados con una visión de esperanza y transformación.
  • Ejercer una oposición concertada y estratégica a nivel municipal y estatal, fiscalizando con fuerza al gobierno actual.
  • Diseñar una hoja de ruta clara para gobernar, con propuestas concretas en economía, salud, educación, energía y el problema del estatus.

El bipartidismo se sostiene dividiendo a la oposición, sembrando miedo y cambiando las reglas del juego. La única forma de vencerlo es con unidad, estrategia y una visión clara del país que queremos construir .

Conclusión

La pregunta no debe ser si es aconsejable continuar la alianza entre el MVC y el PIP. La verdadera interrogante es:

¿Estamos listos para construir un nuevo Puerto Rico en Alianza?

 

 

La autora es la Coordinadora MVC Humacao

 

 

Un nuevo triunfo del «anticorreísmo» en Ecuador

 

Por Daniel Kersffeld

 

¿El miedo a la continuidad de la derecha neoliberal y a Donald Trump o el miedo a la izquierda y al regreso de Rafael Correa? Esa fue la pregunta central del balotaje del 13 de abril en Ecuador.

Lamentablemente, la sociedad ecuatoriana le dio su apoyo mayoritario a Daniel Noboa por sobre Luisa González (foto), si bien la diferencia de cerca de 12 puntos entre ambos candidatos resulta llamativamente alta, en tanto que agrega sospechas de todo tipo la falta de crecimiento en el volumen de votos de la candidata entre los dos turnos electorales.

Concluido el exitoso ciclo de Rafael Correa, la derecha no habría regresado al poder de no haber sido por la traición de Lenín Moreno, el candidato de izquierda que, ya para fines de 2017, y en poco más de medio año de gobierno, devino en el siniestro ejecutor del establishment ecuatoriano.

Moreno se convirtió así en el responsable del retorno de lo peor de la política local, caracterizada por esa funesta combinación de autoritarismo, ineficiencia y corrupción, tan presente en las reiteradas acusaciones contra Correa, pero que la derecha gobernante no tuvo mayor inconveniente en ostentar desde un primer momento, tal como sería expuesto en los aciagos días de la pandemia del covid 19, entre robos de vacunas, falta de ataúdes y muertos hacinados en las calles.

Para buena parte del exacerbado anticorreísmo, la llegada al poder de Guillermo Lasso representó el regreso del Ecuador a una senda de progreso (para unos pocos) de la que nunca debió apartarse, y que, si lo hizo, fue por culpa de los encantadores de serpientes del populismo y de la izquierda.

Lasso, el articulador de una efímera e improbable alianza de la derecha, el político-banquero de las incontables offshores en los paraísos fiscales del Caribe, dispuso al Estado como parte de su patrimonio personal. Pero descuidó la más simple institucionalidad frente a una oposición cada vez más rearmada y que no dudó a enfrentar al poder central desde la Asamblea.

La amenaza de juicio político y, finalmente, la «muerte cruzada», sellaron el destino y en noviembre de 2023 anticiparon la inexorable salida del empresario que prometía generar millones de puestos de trabajo y que una vez en el gobierno aumentó el desempleo y la precarización laboral.

Por último, Daniel Noboa tuvo casi todo a favor para construir hegemonía: su triunfo en las elecciones presidenciales de 2023 fue también el intento deliberado por erigir una figura joven, heredero de la principal fortuna del país y, por lo tanto, capaz de situarse por encima de los desgastantes conflictos interclasistas que desde siempre habían nutrido a la derecha ecuatoriana.

Su mandato de apenas año y medio, para terminar el período presidencial de su antecesor, estuvo enmarcado en un inusitado aumento de la corrupción y, sobre todo, de la violencia armada. La proliferación de bandas delincuenciales y de presuntas organizaciones terroristas no sólo abrió las puertas a la represión estatal, ahora como «lucha contra la inseguridad»: también confirmó el nuevo lugar del Ecuador como uno de los principales polos de atracción para las redes internacionales del narcotráfico, en la que según varias denuncias también participaría el propio Noboa.

Los pedidos desesperados a Washington inclinaron la balanza a su favor, por lo que el presidente ecuatoriano exhibe ahora su orgullo por ser otro peón más con los que Donald Trump sabe que cuenta en América latina. A cambio, y entre otras medidas, Quito no sólo permitió el libre ingreso de fuerzas de seguridad extranjeras al país, sino que también se comprometió a entregar las islas Galápagos para la instalación de una base militar de los Estados Unidos.

La ratificación de Daniel Noboa en el gobierno marca el rumbo de un Ecuador que prefiere mantener un alineamiento externo sin fisuras de ningún tipo y sin conflicto alguno con un mandatario como Trump, que alardea xenofobia contra los propios ecuatorianos que sobreviven en Estados Unidos con miedo a la deportación inmediata y bajo la presión económica del cese irremediable de las remesas que tanto ayudan a las familias de los inmigrantes.

Contra el más positivo de los pronósticos, Noboa demostró que la derecha ha sido capaz de recrear un bloque histórico encabezado por el sector empresarial y al que han incluido a grupos y actores políticos de distinto pelaje, ilusionados con la «apariencia» brindada por el poder y por el dinero, y con lograr su aceptación para intervenir en la mesa de negociaciones.

Es preciso reconocer que a partir de una idea tan básica y voluble como la del «anticorreísmo», la derecha ha sabido construir hegemonía, es decir, un sentido común en el que todo lo que oliera a progresismo y que tuviera contenido plebeyo fuera inmediatamente neutralizado.

En este proceso, un papel fundamental fue el cumplido por los medios de comunicación, propiedad de capitales externos y de las familias más acaudaladas del país, que no han dudado en establecer un «cerco informativo» mediante la reproducción infinita de discursos clasistas, xenofóbicos y misóginos. Siempre en su cruzada contra el populismo y para que Ecuador no se termine convirtiendo en Venezuela…

El correísmo y la izquierda en general deberán analizar y tomar medidas no sólo frente a las causas de esta nueva derrota: también deberá encausar los reclamos y las denuncias frente a la posibilidad real de un nuevo fraude electoral. Pero, más importante aún, deberá trabajar más fuerte para desarmar el consenso social y político generado por la derecha neoliberal y construir colectivamente una alianza renovada, mucho más amplia, participativa y democrática.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

Vigilias

Luna llena Myrna Baéz, 1979

 

 Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños exaltan a los necios. Como quien quiere agarrar la sombra o perseguir el viento, así es el que se apoya en los sueños. – Eclesiastés, 34, 1-2. (Cita de Libro de sueños (1976), Jorge Luis Borges)

Confieso que me cuesta descansar. A menudo me desvela lo mundano.

Hace poco un reconocido comentarista de televisión, radio y podcasts lanzó una pregunta venenosa al aire. En el contexto de las amenazas de pausas, cierres y consolidaciones de programas universitarios, preguntaba con su acostumbrado cinismo: “¿Y el paro de la UPR en Río Piedras de hoy es para que [sic] precisamente…?” Ante la respuesta de Rafael Bernabe, que enumeraba cinco demandas medulares de los sectores más activos de la comunidad universitaria, el comentarista respondía: “Faltó la paz mundial”. Más adelante, le reprochaba a diversas personas, propagar “un wish list sin ton ni son”. Se ha quedado conmigo esa frase. Acusaba una naturaleza arbitraria y extravagante en las posturas del movimiento. Para el comentarista político, algunos reclamos pertenecían a ese plano en que lo aparentemente inalcanzable se confunde con lo risible: algo así como la paz mundial en boca de reinas de belleza.

¿Qué era lo que le resultaba ridículo? ¿La exigencia de una reforma universitaria? ¿El retorno al 9.6% del fondo general? Sin importar que la mayoría de estos reclamos sean completamente realizables, cualquier propuesta le evocaba el material de los sueños.

He ahí el misterio. Defender la restauración –por no hablar del fortalecimiento– de nuestra mejor institución social ha caído en el territorio de lo ilusorio, aquello sin lógica. En el orden que se nos ha dispuesto, lo concreto es sacrílego: por incomprensible, por vano, por ocupar un espacio que se debe reservar vacío.

 Despertemos y pongamos pies en la tierra aquí, en nuestro enclave histórico. Con la consolidación de una nueva derecha a nivel global y el agravante de nuestra situación colonial, los proyectos de orientación social no sólo son incompatibles con el espíritu de los tiempos, sino que han perdido el sentido y hasta han llegado a convertirse en la fuente de todo mal colectivo. Así, la universidad pasa de ser la piedra angular del progreso socioeconómico y el emblema del alto grado de desarrollo técnico de nuestra sociedad a ser una ineficiencia presupuestaria y peor aún, el germen de ilusiones nocivas.

Esta degradación de lo común no es exclusiva del ámbito universitario, aunque sí se manifiesta ahí con mayor virulencia. Corresponde al espíritu tan irracional como inexorable de un modelo económico en crisis. Nuestra economía de enclave, cautiva de la crisis global que atraviesa el capitalismo del siglo XXI, se retuerce y delira.

Los síntomas abundan en el cuerpo social. Para las mismas fechas, el ex-secretario de Hacienda Francisco Parés se oponía enfáticamente a la implementación del impuesto mínimo global, arguyendo que eliminaba “esa competitividad para fines competitivos” que ofrece el modelo económico (histórico) de Puerto Rico. En la misma conversación profesaba la necesidad de cerrar hospitales, por ser ineficientes y por estar en condiciones deplorables, a la vez que denunciaba la insensatez de mantener once recintos universitarios. Hacía alarde de decirlo dentro del mismo recinto, como si se tratara de un intento de combatir la enfermedad desde el foco de infección. El recorte de lo inútil asegura la salud del organismo a pesar de “la incomodidad” que supone perder la visión del crecimiento.

Ceñirnos a nuestras nuevas circunstancias implica reducir la vista a nuestra siempre decreciente existencia. Cercenar lo que hemos sido para continuar siendo.

No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable! ¡qué vértigo! – Jorge Luis Borges, “Las ruinas circulares”, 1944

El son de nuestros tiempos nos ordena a marchar despiertos por senderos más estrechos. ¿Qué es lo que no entiendes de simples sumas y restas? ¿Por qué no confías e insistes en construir? En este dilatado fin de la historia, ¿acaso no oyes nuestros pasos firmes sobre los abismos?

Fíjate que la vigilia nos ha permitido atestiguar verdaderas maravillas en estos firmamentos, ahora despejados por abandonos y ausencias. Sobre nuestras cabezas hemos visto volar la lluvia de estrellas de dos mil millones de dólares de riqueza colectiva a las manos de diez firmas consultoras. La reestructuración de nuestra deuda ha caído en las buenas manos de quienes no sufren de sueño.

Dicen que abramos los ojos. Que entendamos que las vigilias son por nuestro bien. ¿No oyes el son de los tiempos? No dejes de buscarle la música. No vaya a ser que con esa materialidad que tienen tus anhelos se sedimente una tierra que nos sostenga, en la que podamos descansar.

Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado ahí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…¿entonces qué?– Coleridge (Cita de Libro de sueños (1976), Jorge Luis Borges)

 

 

Dicen de Mario Vargs Llosa, en su muerte

En Rojo

 

Mario Vargas Llosa ha muerto. Los homenajes, elegías, notas periodísticas, epitafios y epítetos en el muro de Facebook y otras redes no se han hecho esperar. No hay dudas de que el escritor peruano, ciudadano español y dominicano, destacado miembro de la Real Academia Española y de la Academia Francesa es uno de los más destacados escritores del siglo XX. Recibió el premio Nobel de Literatura (2010) y antes había recibido el Rómulo Gallegos, el Cervantes o e Príncipe de Asturias de las Letras, entre otros. Los lectores y lectoras tendrán sus experiencias particulares con su larga y meritoria obra.

Debo decir que me marcó la lectura de La ciudad y los perros (1963) una novela que explora la vida en un colegio militar en Perú y que además es una dura crítica al sistema y a la masculinidad tóxica antes de que el concepto fuese de uso común. La casa verde (1966) una obra compleja  como lo es Conversación en la Catedral (1969) o la monumental La guerra del fin del mundo(1981) son suficientes para hablar de su legado. Quizás su último libro de maestro fue La fiesta del chivo, otra novela histórica como La guerra (…).

Para el múltiple espectro de la izquierda, sin embargo, su obra se ve obstaculizada por consideraciones ideológicas. Vargas Llosa se convirtió en un vocero de la derecha desde los años setentas y eso no hizo crisis con los años. Al contrario, sus posiciones extremistas se acrecentaron con el tiempo.  Por esa razón muchas valoraciones sobre su obra o sobre su persona -en un sentido teatral- están dichas desde ese tono político. Algunas declaraciones en las redes son muy lúcidas, otras son pura moralina de lo políticamente correcto o diatribas desde la pureza ideológica. Esas no nos interesan. Comparto algunas que me parece tienen juicio crítico. Así, por ejemplo, la escritora y crítica cultural uruguaya, Mabel Moraña se ha expresado en estos términos en su muro de Facebook:

Me pidieron unas palabras sobre Vargas Llosa con motivo de su fallecimiento. Creo que fue autor de algunas de las mejores novelas que se escribieron en el siglo XX, y no solo en castellano. También de algunas malas, que perjudicaron su perfil. Pero eso no es lo peor: nadie es perfecto. Lo peor fue su ideología, que no debe ser ni olvidada ni dejada de lado, su desprecio por el pueblo llano, y luego su arrogancia y falta de criterio que lo hicieron un hablador fastidioso que como buen escritor debió saber el valor del silencio. Su lamentable etapa de pretensión hollywoodiense lo puso en ridículo y desmereció su alto perfil literario. Se convirtió en personaje de alguna de sus peores novelas, cuando debió quizá haber vivido a la sombra-a la luz- de las mejores.

Por otro lado, el escritor Eiric Durandal, director de la editorial Gnomo Literario escribió:

Para celebrar la obra de un escritor fallecido que era BUENO como escritor, no hay que ignorar que fue una terrible y mala persona, además de haber sido un derechista de mierda. No es tarde para que muchos de nosotros aprendamos la difícil, pero súper útil y uber básica destreza de separar al artista de su obra. El arte, en este caso la literatura, NO ES UNA MEDALLA DE HONOR que se les da solo a quienes se portan bien y son progre. Existe una gran camada de artistas y escritores buenísimos que, en sus vidas personales, fueron o son nazi, fascistas o capitalistas liberales de los peores. O simplemente, son antisociales, o unos bellacos malos. ¿Qué es lo que decía el apóstol Pablo? ¿Léelo todo y quédate con lo bueno o algo así?

Recojo el guante y puedo señalar como en  1 Tesalonicenses 5:21 “Examinen todo; retengan lo bueno”. Como dice Durandal, leer todo y quedarse con lo bueno. Vargas Llosa, como he dicho, tiene tres o cuatro novelas excepcionales. Eso es formidable. Y era un arrogante derechista. Se casó con su tía y luego con su prima. Le quiso vender un apartamento nuevo a Borges. O sea, vale la pena leerlo. De la misma forma que es bueno leer a Borges, Heidegger, o a Ezra Pound, todos de derecha -en los últimos dos casos simpatizantes nazis- con una obra filosófica y literaria importante.

Siguiendo esa línea de la conversación, Magali García Ramis, que ha escrito un clásico de nuestra literatura (Felices días, tío Sergio) ha escrito:

 Sí, tiene novelas excepcionales, y sí, era demasiado de derecha para mi gusto, pero se entregó de lleno a su vocación, que es más de lo que muchos hacen a lo largo de su vida. Como sucede con la obra magna de Gauguin, logro separar al hombre de la obra.

Por otra parte, Raúl Guadalupe, autor de Espectros del indigenismo en la narrativa de Mario Vargas Llosa opina que:

Fue un buen narrador pero con una perspectiva colonizadora euroccidental. Desdeñaba a los peruanos y su perspectiva sobre las culturas de los pueblos originarios era horrible aun en La casa verde, en términos formales buena novela pero la filosofía de la historia es horrible, cercano a Hegel sobre los pueblos sin historia. Muy parecido a las perspectivas de Conrad en El corazón de las tinieblas.

Añado a estas notas lo que ha manifestado un dramaturgo, poeta y crítico cubano a quien admiro, Norge Epinosa Mendoza

ÚLTIMA CONVERSACIÓN SOBRE/CON MARIO VARGAS LLOSA

 Dos, tres libros suyos, están entre los títulos de la novela latinoamericana que leí con admiración y placer. La guerra del fin del mundo, Conversación en la Catedral y La casa verde.

 Hace solo unas horas, revisando ediciones digitales de la prensa cubana de los 60, releí alguna entrevista hecha a su paso por La Habana, cuando fue jurado del Premio Casa de las Américas, poco antes de su aparición en nuestro país de Los cachorros, por la editorial de esa institución en 1968, y de su ruptura con ella, tras haber ganado con La ciudad y los perros el premio Biblioteca Breve.

 Ahora que la noticia de su muerte se añade a los titulares, y a su premio Nobel, y a su carrera literaria y política, pienso en los otros libros suyos que leí y no añado a mi lista de preferencias, esos que, para decirlo con Borges, «no he merecido». El tiempo pondrá todo eso en su sitio justo.

 En Cuba lo leímos a escondidas, de trasmano, en horas donde mencionarlo era complicado: una complicación que la persona política que fue él no dejó de dilatar. En La Habana, están mis ejemplares de esos libros suyos que recuerdo. Una Habana que no es ya la de esta foto, tomada en Casa de las Américas, donde aparece junto a Lezama Lima, Jaime Sabines, Camilo José Cela y otros invitados a ser jurados de esa institución, antes de que él rompiera el diálogo con sus representantes y los (d)efectos del caso Padilla, en 1971 impidieran otras ediciones cubanas de sus obras y otras imágenes como esta en ese tiempo durante el cual él siguió escribiendo, y atravesando tantas contradicciones.

 No soy un buen lector de novelas, pero le agradezco esos tres títulos. Y uno más: su ensayo La orgía perpetua, dedicada a ir al fondo de ese libro que ambos admiramos: Madame Bovary. No sé cómo despedirá la prensa cubana a Mario Vargas Llosa, el último gran nombre del Boom Latinoamericano, eso que inventó Emir Rodriguez Monegal y del cual aún nos llegan destellos sorprendentes. A cada autor, su lector, me digo siempre. Recibo la noticia en una librería de Ciudad de México, y a solo unos pasos están aquí varias de sus obras: un clásico incómodo, porque él encarnó a su manera ese oxímoron. Lo despido como el lector de esos títulos suyos que ahora he mencionado, como quien los redescubre en esa biblioteca que también Borges imaginó entre las escalas de la muerte y el tiempo.

Tampoco sé cómo lo despedirá la prensa cubana, pero el presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, comentó en las redes: Muere un gran escritor, un Dr. Jekyl, que es al mismo tiempo un Mr. Hyde ganado por el odio contra las ideas más nobles. Que descanse en Paz.

Ahora bien, sobre el tema creo que es mejor cerrar con las palabras de la periodista peruana, Laura Arroyo en Canal Red, de España: Como peruana, como lectora acérrima de alguna de sus novelas, como una adolescente que creció leyendo La ciudad y los perros’ o Conversación en la Catedral veo importante completar algunos epitafios que lamentablemente están obviando, voluntariamente o no, algunos aspectos de este personaje que no fue solo un escritor, sino un intelectual orgánico que hizo política activamente desde todas las tribunas que tuvo a su disposición. Para Arroyo, Vargas Llosa se convirtió en vocero de proyectos de ultraderecha internacional reaccionaria, como Kast en Chile, Bolsonaro en Brazil o a Keiko Fujimori en Perú.

 ¿Cómo lo ha despedido la prensa corporativa de Puerto Rico? Véanla ustedes. Mi invitación siempre es a leer con libertad.