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La fuerza de la resistencia

 

El Departamento de la Reserva del Ejército de Estados Unidos en Puerto Rico realizó este miércoles, 7 de enero de 2026, una demostración de fuerza a gran escala con vehículos y gran cantidad de personal militar uniformado, en un aparente simulacro de lo que sería una movilización de «emergencia» de sus fuerzas estacionadas en nuestro país. El anuncio de los ejercicios militares fue hecho por el Teniente Coronel a cargo de la Reserva del Ejército estadounidense en Puerto Rico y El Caribe, y ampliamente divulgado por los medios de prensa.

Aunque el portavoz militar hizo énfasis en que dicho despliegue no está relacionado al ataque armado de Estados Unidos contra Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente constitucional de dicho país, Nicolás Maduro y su esposa y compañera, Cilia Flores, está claro que lo que dijo no es cierto.

Primero, porque desde hace cerca de dos meses, Puerto Rico y las aguas del Caribe han sido ocupados y tomados por los ejércitos de Mar,Tierra y Aire del imperio estadounidense, en una ocupación nunca vista desde los tiempos de la Guerra Fría, cuando en pleno fragor de las hostilidades con la entonces  Unión Soviética las fuerzas armadas y de inteligencia imperiales campeaban por su respeto en nuestra región, y quitaban y ponían gobiernos a su antojo, extendiendo masivamente la persecución y represión hacia quienes consideraban obstáculos o enemigos de sus objetivos.

Fueron tiempos terribles aquellos, y muchas vidas fueron segadas  y destruidas por los crímenes de Estados Unidos. Pero, los imperios son los imperios: fuertes, atropellantes, crueles y rapaces, y arrasan todo a su paso. Solo que de antaño, y aunque parezca contradictorio, las peores acciones y traiciones trataban de ocultarse, de encubrirse. Se justificaban tras una alegada  «superioridad moral» o tras supuestas amenazas o provocaciones reales o fabricadas.

Pero ahora el imperio estadounidense se ha despojado totalmente de la careta. Es explayado, ostentoso, amenazante, descarado. Tiene el obvio objetivo de intimidar, crear caos, «shock» y un terror paralizante que detenga la respuesta defensiva rápida y quiebre la resistencia de quienes se interpongan en su camino.

Abiertamente se dirige a regresar a la era de la «superpotencia única», con todo el poderío que confiere una superioridad tecnológica y militar sin paralelos en esta parte del mundo.

El imperio estadounidense bajo Donald Trump ha adoptado una misión aún más expansiva que la de sus predecesores, y por tanto, más peligrosa: poner bajo su dominio a todo el hemisferio occidental, lo cual  es ruta de colisión con las convenciones, acuerdos y negociaciones dadas entre países y naciones, desde la segunda mitad del siglo veinte hasta nuestros días.

Los motivos son los mismos de siempre: acceso, apropiación y control de las riquezas y recursos de otros países para garantizar su hegemonía sobre cualquier otra nación del planeta. En el presente, hegemonía es sostener la primacía monetaria, y poseer y controlar las principales fuentes geo estratégicas de esta era: petróleo, gas y metales raros, materias primas esenciales para la producción de energía, y para el desarrollo y expansión de las industrias de defensa (armamentos) y la tecnología (incluyendo la inteligencia artificial)

La supuesta excusa de proteger a la población estadounidense de la escoria del narcotráfico y la adicción a estupefacientes es solo eso. Una excusa barata y falaz. Ya se confirmó lo que anticipamos en CLARIDAD: que no existe el llamado Cartel de los Soles que supuestamente dirigía el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que desmonta el andamiaje de mentiras sobre el supuesto trasiego de drogas de Venezuela hacia Estados Unidos.

Pero la intervención armada y las exigencias sobre  Venezuela y su gobierno legítimo no son ni serán un hecho aislado. También se ha difamado y amenazado al presidente de Colombia,  la presidenta de México, y a los gobiernos de Cuba y Canadá, todas naciones soberanas de largo historial y logros, y se lanzan sobre Groenlandia, un territorio autónomo del reino de Dinamarca, que está en la mira para ser obtenido y ocupado  por Estados Unidos. Eso sería consumar una traición imperial a otro estado miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte ( OTAN), el supuesto «pacto defensivo» entre Europa y Estados Unidos, creado con el objetivo de mantener a raya a la entonces Unión Soviética, y ahora a Rusia y China.

Desde la conferencia de prensa sobre el ataque armado a Venezuela aún resuenan las palabras cínicas de Donald  Trump que resumen su visión de la política exterior y del poder de su país:  «Nosotros (Estados Unidos) estamos en el negocio de tener a nuestro alrededor países que son viables y exitosos, y donde se le permite al petróleo fluir libremente.»

Un mensaje similar, pero aún más burdo, fue expresado en entrevista con la cadena televisiva CNN, por el subjefe de personal de Casa Blanca y asesor principal del presidente Trump en política exterior, Stephen Miller, que así resumió los objetivos geopolíticos de Washington: «Vivimos en un mundo en el cual se puede hablar todo lo que se quiera sobre las lindezas debidas en asuntos internacionales, pero vivimos en el mundo real…que es gobernado con fortaleza, y mediante la fuerza y el poder. Esas son las leyes de hierro del mundo. Nosotros (Estados Unidos) somos una superpotencia, y bajo el presidente Trump, nos vamos a conducir como una superpotencia.» Y añadió: «Estados Unidos es la gran superpotencia de la OTAN. Y para que Estados Unidos pueda asegurar la región del Ártico, y defender a la OTAN y sus intereses, obviamente Groenlandia tiene que ser parte de Estados Unidos.»

Más claro no canta un gallo. Del Ártico a la Patagonia se extiende la ambición de dominio del imperio estadounidense. El Hemisferio Occidental completo es su objetivo. Y todos los países en ese recorrido, sus cielos y sus mares son fichas del tablero. Pero la ley de la Física es inexorable: la resistencia es lo único que puede detener la fuerza. Y la resistencia en todas sus formas ha sido siempre el arma ganadora de nuestros pueblos para burlar la fuerza bruta de un Imperio que quiere mantenernos sometidos y al margen de nuestra propia historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Unidos y la victoria por la guerra de dos horas

 

 

 

 

NCM

Lejos de aceptar el reclamo de victoria de Estados Unidos luego de un par de horas de guerra y del apresamiento de su presidente, Venezuela -que mantiene intactos su ejército, su armada y su fuerza aérea- ha hecho un llamado a la unidad con Colombia, México y Brasil para enfrentar las pretensiones de Washington.

En el otro lado, la Casa Blanca asegura que ahora gobierna a Venezuela, exige de 30 a 50 millones de barriles de petróleo venezolano y amenaza con llevar sus operaciones bélicas a Colombia y México, además de insistir en que necesita anexar a Groenlandia.

Se trata de mucho más que un diferendo de puntos de vista.

Estados Unidos insiste en que tiene el poder en Venezuela, a pesar de que sus tropas no ocupan ese país, pero que suple esa deficiencia con la advertencia de volver a atacar si no se cumplen sus órdenes. Además, quiere que se le envié una cantidad de petróleo correspondiente a un mes de la producción exportada por Venezuela.

Venezuela aclaró que se trata de una negociación comercial en curso, para un acuerdo como el que tiene con Chevron.

Fuera del cálculo expresado por EEUU quedó la opositora fugitiva María Corina Machado, sobre la que se afirmó que no contaba con el respeto ni el respaldo necesario para tomar el poder, a pesar de que estuvo en todo momento respaldando la estrategia y el ataque estadounidense.

La base para los reclamos de victoria y control, así como de indemnización, es el éxito de la breve operación armada.

A la 1:50 de la madrugada del día 3 de los corrientes, EEUU comenzó su ataque, en el que lanzó algunas bombas misileras contra siete localidades del norte de Venezuela y 200 soldados tomaron por asalto la casa en la que se encontraba el presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, a los que se llevaron prisioneros para juzgarlos en Nueva York. Para esa operación, se lanzaron cohetes desde la flota y se enviaron cerca de 150 aeronaves desde una veintena de bases, pero la fuerza expedicionaria, que no estableció siquiera una cabeza de playa, se retiró rápidamente sin hacer frente a las defensas venezolanas y con un helicóptero averiado.

El saldo de vidas confirmadas para Venezuela es de al menos 55 muertos -entre ellos 32 soldados cubanos- y 90 heridos, entre militares y civiles, mientras que los estadounidenses han reconocido haber tenido siete heridos. En términos de daños materiales, EEUU logró derribar antenas y equipos en el cerro El Volcán, destruir un almacén de medicinas para pacientes renales en la ciudad portuaria en la Guaira,  dañar un aeropuerto civil en Higuerote, destruir algunas viviendas en vecindarios civiles e impactar con misiles las bases del Fuerte Tiuna, la Generalísimo Francisco de Miranda -mejor conocida como “La Carlota”- y Academia Militar de la Armada Bolivariana, en las que dejó destruidos algunos tanques y autobuses, pero sin dañar ni aviones ni barcos.

De inmediato, la sala constitucional del tribunal supremo de Venezuela designó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como “presidenta encargada” de la nación, mientras se exige el retorno de Maduro. La Casa Blanca ha amenazado con un golpe “peor” que a Maduro si Rodríguez no cumple las órdenes que se le den, pero la mandataria respondió que su destino lo decide Dios y llamó a los presidentes Luis Ignacio Lula da Silva, de Brasil, Gustavo Petro, de Colombia y Claudia Sheinbaum, de México a forjar una estrategia unida para enfrentar a EEUU.

Ya esos tres presidentes habían hecho declaraciones fuertes contra la intervención armada perpetrada por EEUU y, en particular, Sheinbaum dijo que esa pretensión hegemónica se puede enfrentar con éxito por “los pueblos y la fortaleza de México”.

El haber insistido en la anexión de Groenlandia, un territorio autónomo del Reino de Dinamarca, sin siquiera haber concluido el capitulo sobre Venezuela, ha complicado las cosas todavía más. El problema ahí es que Dinamarca es parte de la alianza militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que ha sido base del liderato estadounidense sobre Europa.Ese liderato queda en entredicho por la oposición de Dinamarca, Francia, Inglaterra, Alemania, Polonia, Italia, España, Suecia, Noruega, Islandia y Finlandia.

En ese marco internacional, otro papel importante lo está tomando Cuba, que EEUU ha mantenido bajo bloqueo por décadas, pero que ya cuenta con el respaldo mayoritario en la Organización de Naciones Unidas para que se termine esa amenaza permanente a su seguridad y su economía. Cuba ha sido uno de los impulsores de la defensa de Venezuela en la ONU.

Pero EEUU no ceja en su empeño de aumentar los frentes y al cierre de esta crónica anunció haber tomado, en el océano Atlántico otros dos buques, uno de ellos el tanquero de petróleo Marinera, antes Bella 1, que navegaba bajo bandera de Rusia. Ese tanquero logró evadir el bloqueo en el Caribe y era perseguido desde el 21 de diciembre pasado, pero ya en el Atlántico solicitó y obtuvo la protección de Rusia, que pidió oficialmente a EEUU respeto para dicha nave.

Tampoco da señales de retirar sus fuerzas aeronavales de la región del mar Caribe. Por el contrario, se informó que el Pentágono ha decidido alquilar parte del aeropuerto Mercedita, en el sur de Puerto Rico, con lo que aumenta su presencia armada en esta colonia estadounidense. La acción suma el aeropuerto de Ponce a las bases ya activadas en los aeropuertos de Ceiba, en el este, Aguadilla en el oeste y en la base Muñiz del aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín.

De hecho, el incremento en el gasto militar en Puerto Rico tiene de plácemes al gobierno anexionista de esta pequeña nación isleña del noreste del Caribe -equidistante de Cuba y Venezuela- que busca realzar su papel estratégico militar para la nueva aventura de Washington y así alejar la posibilidad de la independencia.

 

 

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El Proyecto Esencia: crecimiento económico o corrupción ambiental

Manifestación 14 de junio contra el proyecto Esencia.Foto por Christopher Powers Guimond/Esepcial para CLARIDAD

 

 

Especial para CLARIDAD

Cada cierto tiempo, Puerto Rico vuelve a enfrentarse a la misma promesa: un megaproyecto que, según sus promotores, traerá empleo, inversión y progreso. El Proyecto Esencia en Cabo Rojo es el ejemplo más reciente de esa narrativa. Pero más allá de los eslóganes de “desarrollo” y “crecimiento económico”, vale la pena preguntarnos con honestidad: ¿de qué tipo de crecimiento estamos hablando y quiénes realmente se benefician? Otro debate es la corrupción ambiental que es una de las problemáticas más graves y menos visibles de nuestro tiempo. Se refiere a las prácticas ilegales o poco éticas que permiten la explotación, degradación o destrucción del medio ambiente a cambio de beneficios económicos o políticos. Este tipo de corrupción no solo afecta a la naturaleza, sino que también tiene profundas consecuencias económicas y sociales que impactan de manera directa en la calidad de vida de las personas.

El crecimiento económico, tal como se presenta en proyectos como Esencia, suele medirse en cifras rápidas: millones en inversión, empleos temporeros en la construcción y un aumento momentáneo en la actividad comercial. Estas métricas, aunque atractivas en el papel, no cuentan la historia completa. Una vez terminada la construcción, muchos de esos empleos desaparecen y los beneficios se concentran en manos de desarrolladores e inversionistas que, en muchos casos, no viven ni reinvierten en las comunidades afectadas.

El desarrollo económico, en cambio, es otra cosa. Implica mejorar la calidad de vida de manera sostenida, proteger los recursos naturales que sostienen economías locales y garantizar que las comunidades tengan voz en las decisiones que transforman su entorno. Desde esta perspectiva, el Proyecto Esencia genera más preguntas que certezas. Cabo Rojo no es un lienzo vacío; es un municipio con ecosistemas frágiles, acuíferos limitados y actividades económicas —como la pesca, la agricultura y el turismo ecológico— que dependen directamente de un ambiente sano.

La corrupción ambiental ocurre cuando actores con poder —ya sean funcionarios públicos o privados— manipulan o violan procesos de gestión ambiental para beneficio propio o de terceros, en detrimento del bien común y de los recursos naturales. Esta corrupción puede implicar conflictos de interés, hasta captura regulatoria, manipulación de estudios de impacto o exclusión de participación pública en decisiones ambientales significativas.

Resulta preocupante que, en nombre del crecimiento, se normalice la idea de que los procesos ambientales pueden flexibilizarse o acelerarse. La percepción de permisos otorgados con prisa o con poca participación ciudadana no solo afecta al ambiente, sino que debilita la confianza en las instituciones públicas. Y sin confianza, no hay desarrollo real. Lo que hay es un modelo económico frágil, dependiente de excepciones y privilegios.

Además, insistir en megaproyectos turísticos como motor principal de la economía perpetúa una dependencia peligrosa. Cuando los recursos naturales se degradan y el costo de vida aumenta, las comunidades locales pagan el precio, mientras los beneficios se privatizan. Ese no es desarrollo; es una transferencia de riqueza y de riesgos.

El debate sobre Esencia no es un rechazo automático a la inversión ni al progreso. Es una discusión necesaria sobre el modelo económico que queremos para Puerto Rico. ¿Uno basado en el crecimiento rápido y el sacrificio ambiental, o uno que apueste por la sostenibilidad, la equidad y la planificación a largo plazo?

Al final, la pregunta clave no es si el Proyecto Esencia puede generar dinero, sino si puede generar bienestar duradero. Porque el verdadero desarrollo no se mide solo en dólares invertidos, sino en comunidades fortalecidas, recursos protegidos y un futuro que no se construya a costa del presente.

Las críticas al proyecto señalan que el desarrollo propuesto podría comprometer acuíferos, zonas costeras y hábitats sensibles, poniendo en riesgo actividades económicas tradicionales que han sustentado a Cabo Rojo por generaciones. Cuando los recursos naturales se degradan, también se debilita la base económica futura de la región.

Un elemento clave en este debate es la forma en que se han otorgado los permisos ambientales. Procesos percibidos como poco transparentes o acelerados afectan la confianza pública y generan dudas sobre si el proyecto responde al interés colectivo o a intereses particulares. La gobernanza ambiental sólida no es un obstáculo al desarrollo, sino una condición esencial para atraer inversión responsable y duradera.

Cuando las reglas parecen flexibles para algunos actores, se distorsiona el mercado y se incentiva un modelo de negocios que prioriza la ganancia rápida sobre la sostenibilidad. Esto puede ahuyentar inversionistas comprometidos con prácticas éticas y limitar oportunidades económicas más resilientes.

Cuando las autoridades encargadas de proteger el medio ambiente actúan por intereses privados, se debilitan las leyes ambientales y se facilita el uso irresponsable de los recursos naturales. Como resultado, ecosistemas enteros pueden quedar dañados o destruidos de forma irreversible.

Desde el punto de vista económico, la corrupción ambiental genera pérdidas significativas. Aunque a corto plazo algunos actores obtienen ganancias, a largo plazo los costos son mucho mayores. La degradación ambiental reduce la productividad de sectores clave como la agricultura, la pesca y el turismo. Además, el Estado suele perder ingresos debido a la evasión de impuestos, multas no cobradas o contratos fraudulentos. También aumentan los gastos públicos en salud y en la reparación de daños ambientales, lo que afecta negativamente al desarrollo económico sostenible.

En Puerto Rico, aunque existen normas ambientales relativamente robustas, su aplicación efectiva ha sido históricamente débil, y con frecuencia los mecanismos de transparencia y participación ciudadana son subutilizados o erosionados en favor de intereses económicos o políticos.

Esencia es un megaproyecto turístico-residencial proyectado en Cabo Rojo que contempla más de 1,500 viviendas, hoteles, zonas comerciales, campos de golf y otras amenidades en terrenos costeros y ecologicamente sensibles.

La Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe) emitió la Determinación de Cumplimiento Ambiental (DIA) del proyecto el 24 de diciembre de 2025, justo en vísperas de Nochebuena, lo cual reducirá el tiempo efectivo que las comunidades tendrán para impugnar la decisión antes de que venza el plazo para hacerlo. Esta táctica —publicar decisiones importantes en fechas de baja atención pública— ha sido usada repetidamente para limitar la transparencia y participación ciudadana, un patrón típico de prácticas que pueden facilitar la corrupción ambiental.

Se ha denunciado que la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) carece de estudios básicos como análisis de suelo, hidrología o evaluación de riesgos geológicos y de recursos hídricos, aunque estos son críticos en un entorno seco y con acuíferos frágiles. Organizaciones ambientalistas y comunitarias han señalado que la DIA contiene incongruencias sustanciales, por ejemplo, presenta al proyecto como de “baja densidad”, pero excluye del cálculo superficies como campos de golf y zonas ajardinadas que también alteran el ecosistema, lo que puede ser interpretado como manipulación técnica de los datos. La exclusión de participación y decisiones de deslinde previas cuando en el 2024, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) certificó el deslinde de zona marítimo-terrestre para el desarrollo sin consulta pública ni vistas sobre una materia que afecta derechos públicos y acceso a bienes comunes, según denuncias de organizaciones comunitarias.

El proyecto ha recibido casi $498 millones en créditos contributivos y exenciones fiscales sin establecer mecanismos claros de supervisión o penalizaciones por incumplimiento. Críticos señalan que esto favorece a los desarrolladores sin proteger adecuadamente al Estado o a la comunidad si no se cumplen compromisos económicos o ambientales. La ausencia de mecanismos independientes de fiscalización suele considerarse una práctica asociada a corrupción o captura regulatoria, donde el regulador se vuelve demasiado permisivo o complaciente con los intereses corporativos.

En Puerto Rico, la Ley 416-2004 y su Reglamento de Evaluación Ambiental exigen que proyectos con impactos significativos presenten una DIA y que ésta sea objeto de participación pública antes de cualquier aprobación. El proceso incluye vistas públicas y un periodo para comentarios y concurrencias, diseñado para evitar decisiones arbitrarias. La observancia estricta de estos procedimientos es fundamental para asegurar que la agencia reguladora no abuse de su discreción legal. La participación ciudadana no es solo una formalidad administrativa: es un derecho reconocido en estándares de justicia ambiental.

La corrupción se manifiesta en la captura regulatoria —cuando el regulador actúa más en favor de los intereses regulados que del bien público— es una forma sutil de corrupción. Puede materializarse en decisiones que consistentemente favorecen proyectos empresariales pese a evidencias técnicas contrarias o a la oposición pública, captura reglamentaria.

El análisis del caso Esencia revela cómo fallas en la transparencia, participación pública y cumplimiento riguroso de leyes ambientales no solo generan preocupación comunitaria, sino que ponen en evidencia riesgos reales de corrupción ambiental —entendida como la manipulación estructural de procesos para favorecer intereses privados— aunque no siempre conducentes a cargos penales inmediatos.

Este fenómeno no es aislado, tiene resonancias históricas, donde instituciones debilitadas y prácticas de opacidad han socavado la confianza pública y la protección efectiva del ambiente. Resolver este problema requiere no solo reformas legales, sino también fortalecimiento institucional, fiscalización independiente y participación ciudadana robusta, para asegurar que los recursos naturales sean gestionados de manera justa, sostenible y democrática.

El Proyecto Esencia se sitúa en la frontera entre dos visiones económicas: una centrada en el crecimiento inmediato y otra orientada al desarrollo integral. La pregunta clave no es si Puerto Rico necesita inversión, sino qué tipo de inversión y a qué costo. El verdadero desarrollo no se mide solo en cifras económicas, sino en la capacidad de una sociedad para prosperar sin comprometer su entorno, su cohesión social y su futuro.

La corrupción ambiental facilita modelos de negocio basados en la explotación (extractivismo) intensiva de recursos naturales, como desarrollos costeros, minería o deforestación, sin planificación a largo plazo. La dependencia económica de este modelo extractivo tiene efectos económicos en las economías locales que se vuelven dependientes de actividades de corta duración. Se destruyen sectores económicos sostenibles como agricultura, pesca y ecoturismo. Al agotarse los recursos, quedan comunidades empobrecidas y sin alternativas productivas.

La corrupción ambiental tiende a beneficiar a grandes actores económicos con acceso a poder político, mientras perjudica a pequeñas y medianas empresas, comunidades locales y trabajadores. Esta desigualdad económica y concentración de riqueza tiene efectos económicos como la concentración de tierras y recursos. La pérdida de economías comunitarias. Y la mayor desigualdad en ingresos y oportunidades.

La corrupción ambiental no solo daña la naturaleza, sino que reconfigura negativamente la economía al alterar cómo se hacen negocios, distorsiona mercados, aumenta riesgos, concentra riqueza y debilita la confianza institucional. A largo plazo, genera economías frágiles, desiguales y dependientes de prácticas insostenibles.

El Proyecto Esencia no es solo un caso aislado, sino un reflejo del modelo de desarrollo que Puerto Rico enfrenta como decisión histórica. Apostar exclusivamente por megaproyectos turísticos de alto impacto puede generar crecimiento momentáneo, pero también profundizar desigualdades, dependencia económica y vulnerabilidad ambiental.

En cambio, un enfoque de desarrollo sostenible —basado en planificación participativa, protección ambiental y fortalecimiento de economías locales— puede producir beneficios económicos más modestos en el corto plazo, pero más estables y equitativos a largo plazo.

Combatirla no es un obstáculo al desarrollo económico, sino una condición necesaria para un crecimiento justo, competitivo y duradero.

Un año sin luces

 

 

CLARIDAD

El nazismo no triunfó en Alemania en 1933 cuando en enero de ese año Hitler fue invitado a formar gobierno tras su partido resultar el más votado (37.2%) en la elección anterior. Su triunfo verdadero vino después, cuando convirtió sus fuerzas paramilitares en parte del estado y utilizó su enorme poder represivo para liquidar todo asomo de oposición. Así, en lugar de un periodo definido con un gobierno de derecha que los políticos tradicionales esperaban, Alemania advino a un régimen totalitario con aspiraciones perpetuas que llegaría a niveles de brutalidad nunca vistos.

Ahora, cuando a lo largo de 2025 hemos visto surgir varios gobiernos de ultraderecha en países considerados “democráticos”, resulta imperativo preguntarnos si pudiera volver a ocurrir algo así. La contestación a esa pregunta no puede ser definitiva porque el más importante de esos nuevos gobiernos -el de Donald Trump en Estados Unidos- apenas comienza y otros, como el de José Antonio Kast en Chile, ni siquiera se han inaugurado, mientras en Francia y otros países europeos sólo hay barruntos. Sin embargo, en Estados Unidos en particular, de forma evidente ya está en marcha un proceso dirigido a trastocar el entarimado institucional tradicional de ese país. Aunque el “trumpismo”, contrario a gobiernos de ultraderecha del pasado, carece de fuerzas paramilitares importantes que le puedan facilitar una demolición institucional en poco tiempo, sin duda lo está intentado con la ayuda de algunas de esas mismas instituciones.

A lo largo de 2025 vimos muchas acciones dirigidas a alterar el comportamiento institucional tradicional de Estados Unidos. La primera fue la imposición de cambios importantes en política pública mediante decretos en lugar de legislación. Impulsado por su descomunal ego, Trump comenzó su gobierno con una friolera de “órdenes ejecutivas” dirigidas a imponer nuevas políticas en materia de migración, educación, estructura de gobierno, comercio, política internacional y en la utilización de las fuerzas armadas, entre otras. Hasta la doctrina de obtención de ciudadanía por nacimiento, vigente durante siglos, se ha pretendido cambiar de esta manera. También ha tratado, mediante decreto, de utilizar fuerzas militares en funciones de represión ciudadana, algo que en Estados Unidos recuerda al imperio británico.

Tradicionalmente, estas políticas solo se podían cambiar mediante acción legislativa y, efectivamente, todas han sido impugnadas en los tribunales lográndose que foros judiciales de primera instancia o intermedios paralicen los decretos. No obstante, los fallos judiciales adversos a Trump han sido revertidos consistentemente por un Tribunal Supremo dominado por jueces de derecha, algunos de ellos tan ultras como el propio presidente. Durante 2026 veremos hasta dónde va a llegar esa alianza judicial con Trump porque las impugnaciones a decretos claves, como el relacionado con la movilización militar contra algunas ciudades y el de la ciudadanía por nacimiento, se adjudicarán de forma final.

Otro evento clave de 2026 serán las elecciones de medio término, cuando se renovará la totalidad de los escaños en la Cámara de Representantes y una tercera parte del Senado. Hasta ahora ambas cámaras están bajo control de Partido Republicano y, aunque en ocasiones algunos sectores de ese partido levantan bandera contra el extremismo trumpista, nada hacen en la práctica. Esa batalla por el control legislativo del próximo noviembre será crucial. Las elecciones locales celebradas durante 2025 -Nueva York, New Jersey y Virginia- fueron negativas para el trumpismo, pero no es posible proyectar esos resultados al resto del país, particularmente lo ocurrido en Nueva York con Zohran Mamdani.

Donde el trumpismo está dejando una marca indeleble en Estados Unidos es en el tratamiento a los inmigrantes, y no precisamente porque haya logrado grandes cifras de deportaciones. En cuanto a estas últimas, la cantidad deportados hasta ahora no compara con los expulsados durante los ocho años del “muy liberal” Barack Obama, quien expulsó a casi tres millones de los mismos inmigrantes que ahora los Demócratas dicen defender. La diferencia entre uno y otro periodo es en cuanto a hostilidad y brutalidad, algo que efectivamente ha logrado crear el clima de terror que buscaba el movimiento MAGA. Nada indica que, al menos durante el término que le resta a la actual administración, ese ambiente pueda cambiar, más bien lo contrario. Ahora mismo están perfeccionando la fuerza policial necesaria para incrementar la persecución de inmigrantes quienes, además, seguirán sin encontrar amparo en el foro judicial. Todo supone que la cifra récord de Obama será ampliamente superada en los próximos años.

En el nivel internacional el trumpismo también intentó imponer su marca, pero como de ordinario sucede con los guapos de barrio, el resultado es mixto porque se pliegan ante los también poderosos y solo sacan pecho ante los más débiles. El año comenzó con amenazas histéricas por el déficit comercial con la República Popular China, a la que llegaron a imponerle aranceles de 150%. También contra Brasil se anunció algo semejante, no por déficit comercial, sino para intentar proteger al ultra Jair Bolsonaro. Con estos grandes que, igual que algunos países europeos, no se plegaron, todo terminó en acuerdos muy distintos a los originalmente anunciados. En el caso de China, su poder exportador sigue creciendo sin que el escarceo trumpista tenga mayor efecto. México y Canadá, que además de aranceles vieron su pacto comercial anulado, han sufrido más, pero hasta ahora han podido aguantar el golpe manteniendo firme su soberanía. Mientras tanto, en Estados Unidos la población está sufriendo por los altos precios y algunos sectores de la economía, como los agricultores, enfrentan pérdidas. Lo que habían anticipado los economistas serios ante esa política anacrónica basada en aranceles, se está cumpliendo.

Junto a su enfrentamiento económico basado en aranceles el trumpismo ha enfilado cañones contra el resto de América reviviendo la vieja doctrina Monroe. Cuando esta se promulgó hace doscientos años se disfrazó de apoyo a los vecinos continentales frente a las potencias europeas que aún mantenían colonias en la región. Al rescatar la vieja doctrina, por su torpeza y arrogancia, Trump la despojó de todo eufemismo presentándola como lo que es, una descarnada pretensión imperial. El efecto inmediato ha sido el reforzamiento del bloqueo a Cuba y el acoso naval a Venezuela, junto amenazas a Colombia.

Gaza en el corazón; Ucrania desmembrada     

Izando la bandera de Palestina. Foto por: Víctor Birriel

Es imposible hacer un análisis de los eventos del 2025 sin mencionar la noticia internacional más importante: el martirio de los palestinos y el genocidio en Gaza. Al comenzar el año el proceso destructivo estaba a todo dar y Donald Trump, tras inaugurarse, hablaba abiertamente de terminar de expulsar a los palestinos de Gaza convirtiendo el área en un gran resort para blancos. Las protestas internacionales contra el genocidio redujeron el empuje destructor y el año terminó con menos bombardeos y una débil tregua, pero el genocidio continúa.

Entre los esfuerzos internacionales contra el genocidio en Gaza debe destacarse el importante papel jugado por el gobierno de España, en particular el de su presidente Pedro Sánchez. Cuando todos los otros países de la Unión Europea apoyaban a Israel o, chantajeados por el “antisemitismo” mantenían un silencio cómplice, España asumió una postura clara y contundente llamando las cosas por su nombre y decretando un embargo de armas al agresor.

En cuanto a Ucrania, todo indica que la invasión rusa se saldará con una pérdida de su territorio -el muy preciado Dombás- junto a promesas de no ingreso a la Unión Europea y a la OTAN. La decisión de Estados Unidos de retirarle el apoyo militar la obligará a entregar una parte importante de su territorio. Como vemos, desde los tiempos de Catalina la Grande pocas cosas han cambiado en la región.

Amanda y MVP dieron un gran espectáculo

Amanda Srrano y Reina Tellez. Fotos Alina Luciano/CLARIDAD

 

 

Especial para CLARIDAD

El pasado fin de semana se llevó a cabo en el Coliseo Roberto Clemente la que es para mí una de las carteleras más sólidas de boxeo que he tenido la oportunidad de cubrir en tiempos recientes.  Aunque fue una jornada maratónica de trece peleas, cada una de ellas tenía su importancia particular.  En términos generales, todas las peleas estuvieron a la altura del tan esperado evento.

Lucen en grande Elise y Krystal

Kristal Rosado (trusa negra) VS Tania Walters Peso Bantam Weight 6 asaltos-5 Fotos Alina Luciano/CLARIDAD

Entre lo más sobresaliente creo que las actuaciones de las dos jóvenes boricuas Elise Soto y Krystal Rosado merecen primera mención.  Elise, quien fue añadida a la cartelera a última hora, demostró que sigue progresando y, con apenas 20 años, su mentalidad y estilo de pelea hacen recordar un poco a un joven Rocky Martínez.  Soto noqueó fulminantemente, en dos asaltos, a la dominicana Liliana Martínez.  Con 10-0 (y 9 KOs), si  sigue progresando, es un problema para cualquiera en las 130 libras.  Por su parte Krystal Rosado obtuvo la victoria más importante de su carrera al dominar ampliamente a la canadiense Tania Walters con marcadores de 60 a 54 en todas las tarjetas. Rosado venía de sufrir la primera derrota de su carrera el pasado mes de octubre, cuando fue víctima de una decisión localista, contra la estadounidense Shuretta Meltcaf y necesitaba esta victoria para reencaminar su ascendente carrera.

Auspicioso debut de Caleb Tirado

El exmedallista centroamericano Caleb Tirado dejó una gran impresión en su debut profesional al noquear en apenas 2 asaltos al estadounidense Justin Hill.  Tirado demostró gran condición y una variedad tanto de golpes a la cara como al cuerpo que no es normal para alguien que está haciendo la transición al boxeo profesional.  Habrá que observar detenidamente su desarrollo.

Superaron pruebas duras Echevarría, Lozano, Rivera y Chaparro

Una de las cosas que habla de lo bien coordinada que estuvo la cartelera fue que, en la rama masculina, los cuatros prospectos principales tuvieron que superar duras pruebas para llevarse la victoria.  En el caso de Yandiel Lozano y Alexis Chaparro estos se vieron obligados a pelear la distancia para obtener sus victorias por decisión unánime.  Mientras, Echevarría y Jean Paul Rivera sobrevivieron difíciles pruebas de Gabriel Bernardi  y Alfredo Cruz para obtener victorias por decisiones mayoritarias.

Moncho lució como un contendor mundial

Henry-22Moncho22-Lebron-con-barbita-VS-Juan-Tapia-combate-130lbs-3.jpg. Fotos Alina Luciano/ ClARIDAD

El aguadillano Henry “Moncho” Lebrón era una de las grandes interrogantes de camino a esta cartelera.  Moncho había vencido al excampeón contendor mundial Christopher Diaz en diciembre de 2024 pero, luego de eso, una lesión y problemas con su promotora Matchroom Boxing habían creado dudas sobre dónde estaba su boxeo y si estaba listo para la oportunidad titular de la cual hace tiempo venía tocando a la puerta.  Esas dudas se despejaron con una sólida actuación frente al estadounidense Juan Tapia, noqueándolo en siete asaltos y forzando a la esquina de Tapia a tirar la toalla.  Moncho demostró unas dimensiones distintas:  mayor pegada y mejor condición que en el pasado y es una amenaza seria para el que gane la pelea de unificación del 28 de febrero entre los mexicanos Sugar Núñez y Emanuel Navarrete.

Bomba demostró que le queda boxeo

Fotos Alina Luciano/ CLARIDAD

En lo que fue la pelea más esperada de la noche, el excampeón mundial Bomba González demostró que no es escalón, sorprendiendo al exolímpico invicto Yankiel Rivera. Muchos habían descartado a Bomba tras haber sido noqueado por el actual campeón de la OMB Anthony Olascagua en un solo asalto en octubre de 2024.  Sin embargo, para esta pelea, Bomba se preparó al 100%  y utilizó su relampagueante velocidad para darle grandes problemas a Yankiel, tumbarlo en el segundo asalto, y obtener una merecida decisión unánime,

Por su parte Yankiel, en mi opinión, debe coger un descanso y reevaluarse pues viene de dos peleas duras que requieren una reflexión y quizás hasta unos cambios en su equipo de trabajo.

Muere el sueño de Holy y sorprenden a Ebaines

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La australiana excampeona Ebaine Bridges peleaba por primera vez desde que dio a luz.  Sin embargo, en ningún momento pareció sentirse cómoda y fue dominada de principio a fin por la estadounidense Alexis Araiza quien obtuvo, sin duda, la victoria más importante de su carrera y el hecho de que lo haya hecho en una plataforma como DAZN  le debe dar un gran impulso a su carrera mientras pone en duda la de Ebaines.

En la pelea semiestelar la estadounidense Stephanie Han retuvo su título al vencer por decisión técnica (fueron a las tarjetas por un cabezazo accidental) a la también estadounidense Holy Holm quien trataba de convertirse en campeona mundial trece años después de haberlo logrado por primera vez y haber conquistado el mundo del Kickboxing y UFC.

Sin embargo, ninguna de las dos se vio espectacular y fue una pelea medio lenta donde Han fue un poco más rápida pero tampoco forzaba el ataque y Holm no lució ni siquiera como la sombra de la peleadora que conocemos y debe reconsiderar su futuro.

Amanda ganó, pero no noqueó 

Amanda Serrano finalmente hizo su regreso al ensogado boricua peleando aquí por primera vez desde el 2021 y superando la debacle ocurrida en el 2024 donde, a última hora, tuvo que cancelar su pelea con Nina Meinke.

Amanda forzó la pelea desde el principio lo cual fue una buena señal pues no había hecho eso en su último combate contra Katie Taylor.  Sin duda conectó los mejores golpes, aunque tuvo que enfrentar a una aguerrida rival en la mexico-estadounidense Reina Téllez que tuvo buenos momentos e  incluso logró cerrarle el ojo a la boricua aunque la decisión fue una merecida para la nuestra con tarjetas de 98-92 y 97- 93 (2).

Amanda buscaba en esta pelea empatar el récord de nocauts que posee la estadounidense Christy Martin con 32.  Ella misma admite que es una de las razones por las que sigue peleando, aunque no tenga nada que probar, pero el hecho de que de sus últimas diez rivales solo ha podido noquear a una, pone en duda si lo logrará.  Ha manifestado que a los 37 años este será el último año de su carrera y hará dos combates más por lo que necesitaría un nocaut en ambos para romper la marca.

Lo que sí dejó demostrado es que ella y su compañía montaron un show de primer orden y que, de seguir haciéndolo, podrían ayudar mucho al talento en desarrollo del boxeo puertorriqueño; ojalá lo sigan haciendo.