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Investigar bajo sospecha: periodismo investigativo e independiente ante la nueva mordaza administrativa

 

Eliseo R. Colón Zayas

 

Las enmiendas contenidas en el Proyecto del Senado 63 del 2 de enero del 2025 a la Ley 141-2019, convertidas en ley por la gobernadora Jenniffer González hoy domingo 14 de diciembre, no prohíben el periodismo de investigación. Hacen algo más eficaz: lo encarecen, lo ralentizan y lo desgastan. No se trata de censura directa, sino de una reconfiguración administrativa del silencio. La transparencia no se elimina; se convierte en trámite. El derecho a saber no se niega; se posterga hasta la fatiga.

Para el periodismo de investigación e independiente, esta ley enmendada funciona como advertencia pedagógica: investigar tomará más tiempo, exigirá más notificaciones, más requisitos, más paciencia. Y ese mensaje no va dirigido a los grandes consorcios mediáticos de la prensa tradicional que cuentan con departamentos legales, acceso privilegiado y relaciones estructurales con el poder—, sino al periodismo independiente y al periodismo de investigación, a los proyectos pequeños, a los periodistas que operan desde márgenes financieros y políticos.

LA MORDAZA QUE NO SE LLAMA MORDAZA

El error sería leer esta ley como un obstáculo meramente técnico. En realidad, es una intervención política sobre las condiciones materiales de la investigación periodística. Al extender términos, redefinir solicitudes “defectuosas” y desplazar el acceso hacia jerarquías administrativas más altas, el Estado produce un efecto claro: investigar se vuelve un acto de resistencia sostenida, no una práctica institucionalizada.

Esta es la mordaza del siglo XXI: no silencia la voz, agota al sujeto que pregunta.

PERIODISMO CORPORATIVO Y COLONIALIDAD INFORMATIVA

El periodismo corporativo en Puerto Rico de los periódicos tradicionales, los canales de televisión y estaciones de radio y portales de internet no es simplemente un problema de línea editorial; es un problema de posición estructural. Responde a intereses comerciales, a anunciantes, a alianzas políticas y a una lógica de estabilidad del sistema. Su dependencia del acceso privilegiado —entrevistas exclusivas, filtraciones selectivas, “off the record”— lo coloca siempre en una relación de cooperación tácita con el poder.

En ese ecosistema, la Ley de Transparencia enmendada no es una amenaza. Para los consorcios mediáticos corporativos de periódicos, canales de televisión, estaciones de radio, portales de internet, la Ley de Transparencia enmendada es una herramienta negociable. El periodismo corporativo no depende del acceso ciudadano a documentos; depende de relaciones. Por eso, rara vez confronta el procedimiento como problema político. La burocracia no lo asfixia: lo protege.

EL PERIODISTA COMO COMUNICÓLOGO

Ante este escenario, el periodismo independiente y de investigación no puede limitarse a “seguir investigando como siempre”. Eso sería ingenuo. Lo que se requiere es un desplazamiento epistemológico: del periodista como comunicador al periodista como comunicólogo.

El comunicador transmite información. El comunicólogo analiza sistemas de producción de sentido, poder y silencio.

Ejercer el periodismo de investigación hoy implica investigar no solo qué oculta el Estado, sino cómo, mediante qué procedimientos, con qué lenguajes y bajo qué regímenes de legitimidad. La ley misma se convierte en objeto de investigación. El trámite es noticia. El retraso es dato. La negativa técnica es evidencia de diseño institucional.

ESTRATEGIAS DE INVESTIGACIÓN BAJO LA LEY ENMENDADA

Frente a esta mordaza solapada, el periodismo independiente debe responder con inteligencia estratégica, no sólo indignación:

  1. Documentar el procedimiento como historia

Cada solicitud, cada prórroga, cada silencio administrativo debe registrarse y publicarse. El proceso mismo revela la arquitectura del poder. Investigar cómo se investiga es parte del reportaje.

  1. Trabajo colaborativo y en red

La investigación aislada es vulnerable. Las alianzas entre medios independientes, periodistas, académicos y organizaciones civiles diluyen el desgaste individual y fortalecen la presión pública.

  1. Archivo paralelo

Ante un Estado que dilata, el periodismo debe construir sus propios archivos: bases de datos ciudadanas, repositorios de documentos previos, memoria histórica de decisiones públicas. La transparencia no depende sólo del Estado; también se produce socialmente.

  1. Narrar la ley como tecnología de poder

No basta con decir que la ley “dificulta” el acceso. Hay que explicar a quién beneficia, a quién desalienta y qué modelo de ciudadanía presupone. La pedagogía pública es parte del trabajo investigativo.

  1. Internacionalizar la mirada

El colonialismo administrativo se incomoda cuando se expone fuera del perímetro local. Vincular investigaciones a redes internacionales de periodismo y derechos humanos reconfigura el balance de poder.

INVESTIGAR CUANDO LA LEY INVESTIGA AL PERIODISTA

Las enmiendas a la Ley 141-2019 obligan al periodismo de investigación y al periodismo independiente a asumir una verdad incómoda: la ley ya no es sólo un marco; es un actor dentro de la investigación. Ignorarla no es valentía, es desventaja estratégica. Investigar bajo restricción legal exige aprender a leer la ley no sólo como norma, sino como dispositivo narrativo del poder.

  1. Convertir la restricción en objeto de investigación

Cuando una solicitud se declara “defectuosa”, cuando un término se extiende, cuando la respuesta llega mutilada o tardía, eso no es un obstáculo externo: es información. El periodista debe documentar el itinerario completo del acceso fallido como parte del reportaje.

El expediente administrativo —fechas, correos, silencios, prórrogas— se convierte en evidencia empírica de cómo el Estado regula el saber. Bajo este régimen, la opacidad se prueba procesualmente, no sólo discursivamente.

  1. Investigación por capas (layered investigation)

Ante la dilación institucional, el periodismo independiente debe trabajar por capas simultáneas:

  • Capa documental: solicitudes formales, reglamentos, contratos, informes previos.
  • Capa relacional: entrevistas, fuentes internas, exempleados, testigos indirectos.
  • Capa histórica: archivos pasados, informes legislativos, patrones de conducta institucional.
  • Capa comparativa: cómo se manejan casos similares en otras jurisdicciones.

Este enfoque reduce la dependencia exclusiva del acceso oficial y desarma la ley como único punto de entrada a la verdad.

  1. Escritura preventiva

Bajo restricción legal, el periodista investiga escribiendo desde el inicio. No se espera a tener “todo” para publicar. Se publica el proceso, se explica la dificultad, se narra el camino. Esto cumple una doble función: protege al periodista —al hacer público el intento— y educa a la audiencia sobre cómo opera el poder administrativo.

La ley apuesta al silencio prolongado. La escritura fragmentada, estratégica y continua rompe esa temporalidad.

INVESTIGAR DESDE LA HERIDA ADMINISTRATIVA

La teoría decolonial nos permite nombrar lo que la técnica jurídica pretende naturalizar. Aníbal Quijano en sus ensayos sobre la colonialidad, modernidad y racionalidad del poder, lo formuló con precisión: la colonialidad no es sólo dominación política, sino control del conocimiento, de su producción y de su circulación. En Puerto Rico, ese control no siempre se ejerce mediante censura directa; se ejerce mediante procedimientos que jerarquizan quién puede saber, cuándo y cómo.

Las enmiendas a la Ley 141-2019 operan dentro una matriz colonial del poder. Son enmiendas que maniobran una red de normas, saberes y prácticas que presenta la restricción como racionalidad administrativa. El Estado no dice “no preguntes”; dice “pregunta correctamente”. Y en esa corrección se esconde la exclusión.

EL TIEMPO COMO TECNOLOGÍA COLONIAL

La dilación no es neutral. El tiempo es una tecnología de poder. Hacer esperar al periodista, al ciudadano, al investigador es una forma de subordinar el ritmo del saber al ritmo del Estado. Fanon ya había advertido que el colonialismo no sólo controla territorios, sino que controla la energía vital del sujeto colonizado, su capacidad de insistir, de sostener la confrontación.

En ese sentido, la ley no busca impedir la investigación, sino regular el umbral de cansancio aceptable.

EL PERIODISTA COMO SUJETO DECOLONIAL

El periodismo de investigación, entendido como ejercicio decolonial, no se limita a revelar escándalos. Su función es desnaturalizar el orden que produce el silencio. El periodista-comunicólogo no pregunta sólo “¿qué pasó?”, sino:

  • ¿Por qué esta información se considera sensible?
  • ¿Quién decide cuándo deja de serlo?
  • ¿Qué tipo de ciudadano presupone esta ley?
  • ¿Qué saberes quedan fuera del archivo oficial?

Ejercer este tipo de periodismo es rechazar la ficción de neutralidad del procedimiento y afirmar que toda regulación del acceso al saber es una decisión política.

EPÍLOGO: PERIODISMO COMO EJERCICIO DECOLONIAL

Investigar bajo esta ley enmendada no será fácil. Y no debe romantizarse la precariedad ni el desgaste. Pero tampoco debe aceptarse la pedagogía del miedo administrativo. La historia del periodismo de investigación —en Puerto Rico y fuera de él— demuestra que las mejores investigaciones nacen cuando el acceso se vuelve problemático, porque ahí el poder se delata.

El periodismo independiente no compite con el periodismo corporativo en acceso privilegiado; compite en lucidez estructural. Su fuerza no está en la inmediatez, sino en la lectura profunda del sistema que produce la noticia y de la ley que intenta administrarla.

Cuando la transparencia se convierte en trámite, investigar se convierte en una forma de desobediencia informada. Y esa, hoy, es una de las prácticas más urgentes del periodismo decolonial.

Ejercer el periodismo de investigación hoy, bajo esta ley enmendada, es un acto decolonial no porque use ese nombre, sino porque rechaza la lógica del consentimiento administrativo. Es decolonial porque no acepta que el acceso al saber sea una concesión del poder; lo entiende como un derecho que se ejerce incluso cuando se dificulta.

La pregunta no es si la ley intimidará al periodismo independiente. La pregunta es si el periodismo aceptará la pedagogía del cansancio o responderá con una pedagogía de la persistencia.

Porque investigar, hoy más que nunca, no es sólo revelar datos. Es desmontar los dispositivos que intentan impedir que esos datos lleguen a existir.

Y en un país donde el silencio se administra por ley, seguir investigando es, en sí mismo, una forma de decir la verdad.

 

El autor es Presidente de la Fundación Periodismo Siglo XXI

 

La historia de un machetero: la reconciliación nacional como instrumento descolonizador

 

 

 

 

Permítanme antes de cualquier cosa agradecer a los organizadores y organizadoras de esta actividad el haberme invitado a presentar esta noche una reflexión sobre esta obra que recién ve la luz pública. Es para mí un verdadero privilegio porque la obra es producto de dos puertorriqueños que desde diferentes vertientes han contribuido a la cultura política de nuestro país. Julio Fontanet muy al principio del libro nos cuenta de la incuestionable realidad de que todo libro tiene siempre -cuando menos- un contexto, pero a menudo todo libro tiene muchos contextos. Hay contextos propios relacionados con la tarea de cómo concebir y escribir un libro en Puerto Rico, lo cual es siempre algo cuesta arriba y que requiere del mayor de los compromisos y empeño para finalizarlo.

Están también los contextos que, a decir del gran filósofo Immanuel Kant, provienen de la cronología y de la corología, es decir, del tiempo y la localidad misma de lo que se escribe o se narra, cómo lo es en este caso particular al tratarse de un libro de entrevistas. En este libro la dimensión cronológica del contexto nos obliga a situarnos en las postrimerías de la Guerra Fría y la localidad nos ubica necesariamente en la región caribeña y latinoamericana, en la que los avatares del devenir político mundial tuvieron unas incidencias muy particulares que se concretaron en formas de luchas de resistencias, de liberación nacional como también en luchas de carácter revolucionarias. Se me antoja pensar que no podemos entender cabalmente este libro sino lo imbricamos en ciertos procesos mundiales que arrojan mucha claridad y precisión sobre la trama de los diálogos que contiene. Así que permítanme explicar un tanto la relación de este libro con importantes conexiones políticas e históricas. Aunque no lo parezca a primera vista, este libro está históricamente relacionado con las repercusiones de lo que la entonces recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableciera como parte de sus objetivos fundamentales en el año 1945.

La aspiración de eliminar las causas más profundas de las guerras europeas y sus repercusiones mundiales se concretó finalmente en la decisión de la ONU de impulsar un abarcador proceso de descolonización mundial. Por supuesto que eso solo era posible a través del desmantelamiento de los imperios colonialistas. Esa decisión fue nutrida e impulsada en gran medida por el ambiente de frustración generalizada que prevaleció debido al desastroso final que tuvo la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo fue posible una tan arrojada decisión? Llegar a un tal convencimiento no fue fácil y guarda además un vínculo muy estrecho con este libro que presentamos hoy. La imagen fresca en la memoria colectiva mundial por la pérdida irremplazable de millones de vidas en dos guerras mundiales y una destrucción general sin paralelos -incluyendo la detonación fatal de dos bombas de destrucción masiva en 1945- crearon las condiciones que justificaron tratar de ir a la raíz misma de las causas responsables de la situación de guerras intestinas europeas de implicaciones mundiales.

Era ineludible concluir que para finalmente aspirar a acabar con las guerras intestinas europeas había que apuntar a la responsabilidad histórica en esta trama de un sistema-mundo dominado por un grupo de potencias industriales (a decir de Wallerstein) en una competencia continua, rapaz y agresiva por materias primas que no tenían. Así se produjo el reparto del mundo y se consolidó el sistema imperial-colonialista. Así surge el colonialismo contemporáneo que es en alguna medida uno de los elementos protagónicos de este libro de diálogos entre Julio Fontanet y Juan Segarra Palmer.

Las materias primas fueron las que a última instancia impulsaron maquinarias de guerra y destrucción, pero también de miserias humanas inventadas como el racismo, la xenofobia, la ausencia de justicia social, las desigualdades y por su puesto el propio colonialismo. El desmantelamiento del sistema imperialista-colonialista era una decisión esencial para lograr un mundo diferente donde la idea de la paz tuviera una oportunidad real. Ese sistema imperialista-colonialista comenzó a derrumbarse en la Primera Guerra Mundial con la derrota y disolución del imperio Otomano. En la posguerra de 1945 fue relativamente fácil desmantelar el imperialismo-colonialista en Italia, Japón, Alemania, Portugal y España porque precisamente no figuraban entre las potencias vencedoras. Lo más difícil ha sido la ruptura imperial-colonial del Reino Unido, de Francia y de los propios Estados Unidos que se ha negado, por razones de haber sido una colonia, a reconocerse a sí mismo como un Estado poseedor de colonias. De ahí que los Estados Unidos hayan eufemísticamente llamado “territorios” a sus colonias.

Realmente durante los últimos ochenta años se logró avanzar mucho en ese objetivo de la descolonización y para muestra un botón basta. En el 1945 a penas 51 Estados fueron los miembros fundadores de la ONU y hoy día la membresía de la sucesora de la Sociedad de las Naciones tiene 193 miembros de pleno derecho. La inmensa mayoría de esos Estados que se fueron integrando a la comunidad de naciones soberanas en los últimos 80 años fueron precisamente antiguas colonias que se independizaron bajo el llamado mundial de la ONU para la descolonización. Por su puesto que estos procesos de descolonización no estuvieron siempre exentos de conflictos y guerras por las multiformes resistencias de los imperios-colonialistas, pero eso es harina de otro costal.

En general, las luchas políticas de la segunda mitad del siglo XX llevaron al continente latinoamericano y caribeño a una situación muy sui generis. Las terribles dictaduras represivas y antidemocráticas que florecieron por todos lados en nuestra región jugaron un rol fundamental en preservar el ordenamiento colonial y neocolonial y cancelaron además cualquier posibilidad de lograr que se consolidaran procesos políticos para garantizar los más básicos derechos civiles y humanos en sociedades democráticas.

El Caribe y la América Latina vivieron en un espectro político de extremos polarizados representado por las dictaduras, por un lado, y la proliferación de movimientos armados y clandestinos que luchaban en contra de la represión y por la democracia, por el otro. No fueron pocos los movimientos y partidos políticos de la región que se radicalizaron, ante la cruda realidad política prevaleciente. Así, nuestra región se caracterizó por un clima de conflictos armados y guerras civiles que sin duda se amplificaron con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 y su poderosa resonancia por todo el continente. Puerto Rico no fue una excepción. En la isla se vivía un deterioro acelerado de la democracia (el fraude electoral colosal de 1980 fue clave como dice Segarra Palmer en durante una de las entrevistas) y una represión política brutal incluyendo el vil asesinato político. Muchos de los cuales desgraciadamente hoy permanecen sin resolverse ni adjudicación de responsables. Es ese uno de múltiples aspectos por los cuales este libro resulta ser muy importante al recoger valiosos contenidos de esa época de la que lamentablemente se ha investigado rigurosamente muy poco.

En Puerto Rico desgraciadamente, vivimos mayormente en una realidad descontextualizada y desconectada de lo que ocurre en nuestra región y en otras partes del mundo en una suerte de jaula geopolítica.

El movimiento clandestino y armado del Ejército Popular Boricua “Los Macheteros” fue parte de esa realidad latinoamericana y caribeña que hemos descrito anteriormente.

Pero más allá de eso, trabajos de investigación y reflexión como las entrevistas que se recogen en este libro son los espacios que nos ayudan a intelectualmente convencernos, por ejemplo, de la falsedad del mito del colonialismo de excepción que impera en Puerto Rico ejemplificado en su máxima expresión mitológica: el mal llamado “problema del estatus”. Me disculpan, pero en Puerto Rico no existe ningún problema de estatus, en Puerto Rico existe un problema de colonial. El mal llamado problema del estatus es una ficción que debe ser superada. La visión intelectual sobre el tema de la descolonización que expone Juan Segarra Palmer en este libro derrota tal concepción reiteradamente en diferentes momentos de sus diálogos con Julio Fontanet. A propósito debo destacar que el jurista Fontanet se devela a lo largo del libro como un gran entrevistador, sagaz y con sólidos conocimientos históricos sobre su entrevistado y su razonar político. De hecho, es también pertinente hacer referencia al calificativo de “Los Macheteros” que fue una aportación muy pertinente que Juan Segarra Palmer legó a la organización en conexión histórica con luchas que se produjeron a principios de siglo XX en contra de la ocupación estadounidense y de las cuales se sabe también muy poco.

El fenómeno político de Los Macheteros no surge como una realidad criolla producto de circunstancias sui generis. Los Macheteros fueron parte integral de una dimensión política latinoamericana y caribeña de luchas armadas y clandestinas que en un momento dado arroparon prácticamente todo el continente desde México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, hasta Chile, Uruguay y Argentina. Por supuesto que Los Macheteros fueron también herederos de la agenda descolonizadora inconclusa de las Naciones Unidas al Puerto Rico haber quedado atrapado en esa situación que hoy nos golpea con más claridad y contundencia que nunca. Cuando uno lee las páginas de este libro y escucha la conversación entre el entrevistado y el entrevistador no nos queda duda de esa realidad.

De hecho, es indudable el peso que tuvo la dimensión latinoamericana en el desarrollo de la personalidad y conciencia política de Juan Segarra Palmer mediante la decisiva y trasformadora experiencia que vivió en Cuernavaca, México, desde su primera visita. Allí no solo conoció la efervescencia del palpitar político latinoamericano, sino que también pudo conocer la opulencia de la oligarquía mexicana y cómo esos sectores oligárquicos allí -y en la mayoría de los países de la región- han oprimido y discriminado al campesinado y a los pueblos originarios a través de un servilismo abyecto y racista. México fue para el entrevistado una suerte de gran choque cultural de múltiples  significados que nos brindan pistas importantes de su proceder político posterior.

Este libro está muy bien estructurado. La lógica secuencial es muy sencilla pero inevitable para poder entender a cabalidad el desarrollo de la personalidad de Juan Segarra Palmer y qué circunstancias obraron en su desarrollo intelectual que le permitieron ir creando un nivel de conciencia social que era ciertamente muy atípico considerando su extracción de clase social. Esta parte de la biografía temprana de Juan es muy reveladora, no porque no la conociéramos, sino porque es narrada por el propio entrevistado con una extraordinaria claridad y contundencia. Esos párrafos nos llevan a recordar aquel famoso “dictum” de Carlos Marx (quizás uno de los más lúcidos de la historia de la ciencias sociales) en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte donde dice y citamos libremente: “los seres humanos hacen su propia historia, pero no en condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias con las que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”[1]. La personalidad de Juan Segarra Palmer se desarrolla así en diferentes circunstancias que lo fueron exponiendo a diversas realidades que en ocasiones chocaban con su profunda sensibilidad humana de la que nunca en su devenir como militante se pudo deshacer del todo y que lo llevó incluso a grandes dilemas en su accionar político.

El proceso educativo de Juan fue muy relevante pasando desde muy niño por instituciones elites en el Condado hasta llegar a la prestigiosa Universidad de Harvard, luego de haber tenido una formación académica preuniversitaria impecable en una de las más antiguas y prestigiosas escuelas de varones de los Estados Unidos conocidos como “Prep Schools”. Vale la pena destacar que él mismo seleccionó esa institución y convenció a sus padres que lo enviaran allí a la “Phillips Academy” en el poblado de Andover, Massachusetts.

Ya al llegar a Harvard su cabeza estaba inquieta y repleta de preguntas y cuestionamientos sin respuestas que lo llevaron a razonar sobre la manera más efectiva en la que él podría hacer una contribución a la lucha por la descolonización e independencia de su país atrapado en el colonialismo. Entre luchas estudiantiles y protestas emerge la radical idea de la lucha clandestina, la cual comenzó a dominar en su evolución política.

Este libro aborda momentos clave de la lucha política en la que participó Juan y es él quien nos habla con gran honestidad y capacidad de análisis sobre todo eso acompañado de un profundo sentido autocrítico que es muy aleccionador. Y digo aleccionador, ante todo, porque en gran medida vivimos en una cultura política que usualmente rehúsa reconocer el valor que tiene en la política -y en otros ámbitos también- una cultura autocrítica de honestidad intelectual que nos permita convertir los errores en excelentes maestros a futuro. En este libro el entrevistado nos narra con mucha humildad sobre sus visiones acertadas, pero se expresa con mucha comodidad sobre lo que él considera fueron errores cometidos. Juan Segarra Palmer vivió la vida que a conciencia plena escogió, pero en las circunstancias que el destino directa o indirectamente le legó. Pero nunca nos habla de arrepentimientos, todo lo contrario, es notable un sentido de haber enfrentado lo incierto del destino con entereza y convencido del deber cumplido en una acertada valoración histórica y dialéctica de su propio pasado.

En las entrevistas del libro se abunda en particular sobre dos operativos que marcaron profundamente el devenir y el legado histórico de Los Macheteros en múltiples sentidos: el ataque a la Base Aérea Muñiz, en Carolina, y el robo a la Wells Fargo en Hartford, Connecticut.

Sobre el ataque a la Base Aérea Muñiz, Segarra Palmer narra con lujo de detalles importantes aspectos sobre cómo se logró ese operativo que ayudó a consolidar una mirada cuasi mitológica de Los Macheteros entre diversos sectores. Aquel acto de infiltrarse sigilosamente –luego de una planificación minuciosa y prácticamente perfecta- en la más importante base aérea de la Guardia Nacional de Puerto Rico y destruir diez aviones operativos de combate procedentes de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, valorados en cuando menos en 45 millones de dólares, es a menudo tildado por diversas fuentes como el golpe más grande contra una instalación militar dentro de los Estados Unidos. A provecho el momento para hacer un llamado a nuestros jóvenes talentos cinematográficos de que esa historia, así como otras de Los Macheteros, son un material excelente que debería ser llevado a la pantalla grande.

En aquel momento del operativo en la base Múñiz la lucha de Los Macheteros llega a un nivel de apogeo sin precedentes dentro de los que admiraban su capacidad táctico-estratégica como incluso para sus detractores. La capacidad impecable de ejecución, así como sus sofisticados y desconcertantes niveles de operación clandestina, llevaron la noticia de aquella acción militar de gran envergadura a darle la vuelta al mundo sin dilación llamando la atención sobre el problema colonial puertorriqueño. Uno de los aspectos más sobresalientes de aquel osado operativo es que a pesar de la envergadura del atentado no hubo ni tan siquiera una persona herida.  Eso fue algo de mucho significado que en aquel momento separó estratégicamente a Los Macheteros de otras luchas de liberación nacional armadas que fueron extremadamente sangrientas como el Ejército de Liberación de Irlanda (IRA), la ETA (Euskadi Ta Asktasuna) en España o las Brigadas Rojas, en Italia, organizaciones armadas que no les temblaba el pulso por tener que incurrir en daños colaterales y víctimas mortales como parte de sus operativos.

De alguna manera esa operación en la Base Aérea Muñiz dejó meridianamente claro que había una preocupación grande para que Los Macheteros no se fueran a ser vistos simplemente como un grupo armado sin fronteras ético-morales en su proceder militar. De los propios comentarios de Segarra Palmer se desprende con claridad la idea de que Los Macheteros se consideraban un ejército en guerra pero con mucha conciencia y respeto hacia los estatutos de los acuerdos de Ginebra sobre la guerra que disponen no incurrir en daños ni en muertes a civiles. Pero también es evidente que esa dimensión ideológica tan particular llegó a convertirse en una tensión política significativa en la organización clandestina. En una operación previa a la destrucción masiva de los aviones de guerra, la emboscada a un bus que transportaba marinos estadounidenses en Sabana Seca, y donde murieron dos militares, Segarra Palmer deja entrever cierto grado de inconformidad con esa acción, aunque haya sido exclusivamente entre militares sin civiles involucrados.

Esa visión de ser una suerte de guerrillero que valora y respeta la vida de los otros se va consolidando en Juan Segarra Palmer a través de su historia en la organización. La búsqueda y la evolución de una paz mental y una espiritualidad muy especial nos delata que estamos ante un actor político muy especial. Un ser humano de un compromiso inquebrantable con la liberación de su patria, pero que al mismo tiempo persiste en su razonamiento una contradictoria nobleza.  Parece que en Juan existió el dilema de una aspiración estratégica que consistiera tan solo en hacer daño a las infraestructuras militares de los enemigos. Esa parte tan interesante de su personalidad tiene su propio aparte en el libro, que por cierto lo consideramos muy bien logrado y acertado por parte de Julio Fontanet.

En el proceder bondadoso de Segarra Palmer no solo se manifiesta el no querer privar a nadie de la vida como parte de los operativos. Esa bondad, que quizás no sea muy representativa de un militar curtido, llega tan lejos como su lamento -que aún perdura- por el enorme sacrificio que tuvo que hacer Víctor Gerena de vivir por el resto de su vida en el clandestinaje dejando atrás para siempre a su madre, hijos, hermanos, compañera y amigos. Al presente Víctor Gerena lleva 42 años que desapareció de la vida pública y Juan narra con tristeza y pesar, como si hubiera sido ayer, aquel último abrazo que se dieron en la frontera entre los Estados Unidos y México en la ciudad de Laredo. Nos resulta indudable que la acción posterior de Los Macheteros de llevar a los Santos Reyes a repartir regalos a los niños pobres en Hartford y Puerto Rico el día 6 de enero de 1985, utilizando parte del dinero de apropiado de la Wells Fargo, es una prueba más de lo que hemos querido enunciar. No me cabe duda de que Juan tuvo un rol relevante en la concepción y diseño de esa acción de mitigación política y mediática evocando la famosa figura e historia de Robin Hood.

El otro operativo de Los Macheteros que ocupa un rol relevante en este libro fue el asalto al camión de la Wells Fargo en Connecticut sobre el que ya hemos descrito algo. En aquel operativo la organización clandestina logró apropiarse de sobre 7 millones de dólares con la colaboración esencial de Víctor Gerena, conductor de la icónica empresa de movimiento y custodia de valores, y quien no pertenecía a la organización por lo menos inicialmente. De la propia narración de Segarra Palmer se desprende de que ya durante este momento hubo discusiones en las que afloraban diferencias políticas que tenían implicaciones en la propia toma de decisiones prácticas en la organización y con su futuro en la misma.

Esta presentación estaría incompleta si dejamos de comentar nuestras impresiones sobre uno de los segmentos más importantes del libro. El tema de los procesos judiciales brilla mucho por diferentes aspectos. Primero porque se desarrolla como una conversación profunda entre dos jurisconsultos. Sobre el entrevistador no tenemos que abundar mucho porque es un jurista de gran relieve. El entrevistado fue una vida que literalmente se escapó al derecho porque durante su juventud temprana veía en las leyes la posibilidad de emular a su padre abogado de profesión y además de complacer a su madre. Sin embargo, posteriormente los avatares de la vida acercan irremediablemente a Juan Segarra Palmer al derecho. La experiencia en sus procesos judiciales se convirtió en una escuela de derecho informal y más tarde, al quedar en libertad, ha trabajado como intérprete contratista en la Corte Federal lo que ha expandido aún más sus conocimientos jurídicos.

Los acusados por el operativo contra la Wells Fargo decidieron establecer una estrategia legal diferente a la de otros casos como el de los miembros de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) quienes optaron por desconocer la autoridad del tribunal federal sobre ellos como prisioneros de guerra. Los acusados del Ejercito Popular Boricua entendían, sin embargo, luego de importantes reflexiones internas y consultas legales, que en su caso (y dada la naturaleza particular de las acusaciones plagadas de errores y fabricaciones por parte del FBI) la mejor estrategia era enfrentar juicio y defenderse sin menos cabo de exponer la situación colonial de la isla durante el proceso. El juicio era una oportunidad de denunciar las contradicciones que adolece la propia superestructura jurídica de los Estados Unidos en lo referente al colonialismo. En toda la narración de los múltiples procesos legales a los que Juan Segarra Palmer fue sometido se puede evidenciar todo el aprendizaje que el acusado fue adquiriendo para comandar su propia defensa legal más allá de un gran equipo de abogados que lo acompañó. Juan enfrentó con serenidad lo que él mismo sabía que ocurriría a base de sus conocimientos jurídicos que fue aprendiendo. El resultado fue una condena de 65 años para lo cual él estaba preparado a pesar del inevitable costo emocional que algo así implica.

Sin embargo, también figuraba en los cálculos de Segarra Palmer que, a pesar de la condena, no estaría solo y que todo un pueblo, incluso más allá de líneas ideológicas, finalmente se involucraría solidariamente para exigir su liberación y la de sus compañeros/as.

En Juan Segarra Palmer hay un gran sentido de gratitud por la solidaridad de su pueblo que llevó al presidente Clinton a dar los pasos necesarios hacia la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños. Valora con especial respeto, cariño y agradecimiento a todo su equipo legal. De igual manera habla con especial cariño, añoranza y respeto de los gestores de las nobles campañas para la liberación de los prisioneros políticos puertorriqueños en la década de los ochenta y noventa. Juan nos narra cómo conoció y en qué circunstancias al doctor Luis Nieves Falcón, digno representante de la estirpe, hoy en peligro de extinción, del profesor y académico de gran vuelo intelectual y rigor que a la vez nunca claudicó en su afán por estar del lado correcto de la historia. Igual debo hacer mención en esa gesta para la liberación de los prisioneros políticos a la figura de del buen amigo isabelino y ex presidente de esta ilustre institución, Eduardo “Tuto” Villanueva. Para ambos extraordinarios puertorriqueños, y con el permiso de esta distinguida audiencia, solicito en agradecimiento, y de todas y todos los que con ellos colaboraron, un gran aplauso por favor.

En general, sobre el libro debo decir que este ha sido muy bien realizado. Su diagramación es muy buena y está concebida de manera que favorece una lectura ágil y amena. Las entrevistas tienen un hilo conductor que las hilvana creando una atmósfera narrativa interesante con una tensión creciente tal cual un filme de suspenso. El libro, además, tiene una redacción, edición y corrección verdaderamente impecable que hoy día es muy importante destacar. No me extrañaría verlo pronto asignado a cursos universitarios particulares para que las nuevas generaciones se puedan beneficiar de sus contenidos interdisciplinarios. Mis felicitaciones a la casa editorial Laberinto y todas las personas que trabajaron para la publicación de este importante texto.

Finalmente reitero que para mí ha sido un verdadero privilegio hacer esta presentación que me ha dado la oportunidad de adentrarme en un proceso que explica la génesis y el desarrollo de una organización esencial en la historia política puertorriqueña contemporánea.  A través de su lectura he podido conocer mejor al amigo Julio Fontanet en un excelente y comprometido trabajo académico como entrevistador y conceptualizador de la obra y además me honra haber podido entrar en conocimiento de todos estos procesos mediante uno de sus propios protagonistas. Juan Segarra Palmer es un patriota que merece nuestro respeto, reconocimiento y admiración por ser un ejemplo de gran valentía y humildad. Valentía doble, no solo por lo arrojado de su proceder sino valiente en reconocer aciertos y desaciertos políticos con toda honestidad. Las virtudes de Juan Segarra Palmer y su sabiduría política son elementos esenciales del capital político necesario para la construcción de una necesaria reconciliación nacional en el país que es un llamado que se hace en este libro por ambos autores.

¡Enhorabuena y gracias a todas y todos por su amable atención!

Palabras en la presentaciónn del libreo el 3 de diciembre de 2025 en elColegio de Abogados/as de Puerto Rico

[1] En el texto de las traducciones originales se escribió “los hombres”. Tomando en cuenta que ese texto se escribió en el siglo 19 aquí lo hemos citado libremente cambiando la alocución “los hombres” por “los seres humanos”.

Crónica de una derrota anunciada

 

Progresismo tibio, poder entregado y el retorno disciplinado de la derecha en América Latina.

Otto Taracena

  1. Cuando se gobierna pidiendo permiso El problema no fue la derecha.

Nunca lo es.

El problema fue un progresismo que llegó al poder sin vocación de poder, que confundió gobierno con buenas intenciones y liderazgo con tono amable. Un progresismo que creyó que bastaba con no ser el enemigo para ser alternativa. Error infantil. Error histórico.

Boric en Chile, Fernández en Argentina, Arévalo en Guatemala: tres contextos distintos, un mismo patrón. Presidentes que ganaron elecciones, pero nunca ocuparon el centro del tablero. Administraron expectativas, moderaron conflictos, explicaron derrotas antes de dar batallas.

La derecha no tuvo que arrebatar nada.

El poder le fue entregado prolijamente, con acta, excusa y relato.

  1. Boric: la épica generacional que se disolvió en gestión tímida

Gabriel Boric llegó como símbolo. Joven, ruptura, promesa de futuro.

Se fue convirtiendo —demasiado rápido— en administrador de límites.

El error fundacional fue creer que el problema de Chile era solo institucional y no estructural. El proceso constituyente, dejado a la deriva de una convención sin conducción política real, fue el laboratorio perfecto del fracaso: maximalismo sin pedagogía, identidad sin pueblo, moral sin estrategia.

Cuando el texto fue rechazado por una mayoría contundente, el gobierno no entendió el mensaje:

no era un “rechazo al cambio”,

era un rechazo al desorden, a la soberbia y a la falta de sentido común político.

Boric eligió entonces el repliegue, el tono bajo, el giro al centro sin épica. Resultado:

agenda perdida,

relato capturado por la derecha,

y un país que asoció transformación con caos.

La derecha no convenció: esperó.

El progresismo hizo el resto.

III. Fernández: un presidente sin mando en un país sin paciencia

Alberto Fernández gobernó Argentina como quien administra una herencia en disputa permanente. Nunca fue el centro del poder. Fue su portavoz confuso.

Su presidencia estuvo marcada por: indecisión,contradicción interna, economía sin rumbo,y un discurso progresista divorciado de la vida cotidiana.

Mientras la inflación destruía salarios y futuro, el gobierno ofrecía explicaciones técnicas, batallas simbólicas y nostalgia. Mucha palabra, poca autoridad. Mucho pasado, ningún mañana tangible.

El resultado fue devastador: el progresismo dejó de ser esperanza y pasó a ser sinónimo de desgaste. Así apareció Milei, no como genio político, sino como síntoma brutal de una sociedad harta de gobiernos que hablan bien y gobiernan mal.

No fue la ultraderecha la que ganó primero.

Fue el progresismo el que perdió credibilidad.

  1. Arévalo: decencia sin ruptura en un Estado capturado

Bernardo Arévalo llegó a la presidencia de Guatemala como milagro democrático. Y gobierna como si el milagro fuera suficiente.

Su mayor virtud —»la decencia»— es también su límite. Porque Guatemala no es una democracia imperfecta: es un Estado cooptado por redes mafiosas, judiciales, empresariales y criminales. Allí no alcanza con respetar reglas: hay que romper equilibrios.

Arévalo eligió el institucionalismo defensivo, el tono correcto, el gradualismo. Cree ingenuamente que el sistema puede reformarse desde dentro. El sistema solo espera.

Hoy el escenario es claro: la decepción social prepara el terreno para un nuevo gobierno de derecha, que no será novedad sino restauración. Orden sin justicia, legalidad sin democracia, eficiencia para pocos.

No porque Arévalo fuera corrupto, sino porque fue insuficientemente político.

  1. La derecha no duerme (y no necesita hacerlo)

Mientras el progresismo duda, la derecha actúa. No por ideología, sino por estructura. El mercado no descansa.

Las multinacionales no esperan elecciones.

El capital financiero no tiene moral, pero sí memoria.

La derecha política es solo la punta visible de una maquinaria que opera:

en tiempo real, con disciplina, con recursos, y sin culpa.

La izquierda, en cambio, sigue creyendo que la legitimidad moral compensa la falta de poder. No lo hace. Nunca lo hizo.

  1. Los tres bastiones: Petro, Lula, Sheinbaum

Hoy la izquierda latinoamericana resiste en tres frentes. No es poco. Pero tampoco es suficiente.

Petro.

Tiene diagnóstico y voluntad de conflicto, pero gobierna con un Estado débil y un Congreso hostil. Resiste a puro pulso, siempre al borde.

Lula.

Tiene experiencia y capacidad, pero gobierna con la derecha adentro. Su proyecto es evitar el desastre, no transformar el sistema. Administra tensiones para que no vuelva Bolsonaro.

Sheinbaum.

Es la más estable. Hereda un proyecto con base social y control territorial. Pero está atada a EE. UU., a la militarización y al riesgo tecnocrático. Estabilidad no es sinónimo de avance.

Son bastiones, sí. Pero bastiones a la defensiva.

VII. Resistir no alcanza

La pregunta no es si la izquierda puede resistir.

Puede.

La pregunta es si puede avanzar en un contexto de: crisis económica global, transición energética conflictiva, desigualdad creciente, y derechas cada vez menos democráticas.

Si la izquierda se limita a:no molestar a los mercados, gestionar el miedo,

y explicar por qué no puede, entonces perderá igual. Solo que más lento y con mejores modales.

VIII. La lección que no se quiere aprender

El progresismo latinoamericano no cae por radical.

Cae por tibio.

Cae por: confundir moderación con neutralidad, diálogo con desarme, ética con estrategia.

Cuando una fuerza política no cree en su propio derecho a ejercer poder, alguien más lo hará por ella.

Y la derecha siempre está lista.

Epílogo: la historia no espera a los indecisos

La historia no castiga a quien pierde luchando.

Castiga a quien pudo pelear y eligió administrar.

Boric, Fernández y Arévalo no fueron traidores.

Fueron algo peor para la historia:

símbolos de una oportunidad desperdiciada.

La próxima vez, si la hay, la izquierda tendrá que decidir si quiere gobernar… o solo volver a ganar elecciones para perder después.

 

«No escribo para exponer certezas, sino para incomodar inercias. Si algo de esto te hace dudar, entonces ya empezamos a pensar

— Chepe Fellini

 

El autor  es escritor guatemalteco.

La sátira en su mejor momento: Jay Kelly y La cena

 

 

En Rojo

Poder ver en tres días, tres excelentes historias satíricas nos devuelven un poco la fe que muchxs hemos perdido en esta realidad que vivimos a diario. Porque lo triste es que lo que nos rodea es la realidad, aunque parezca una comedia de errores que nunca va a corregirse. Jay Kelly se exhibe en pantalla grande y ya está disponible en Netflix (recuerden que la sala de cine SIEMPRE es preferible) con un George Clooney dispuesto a romper y crear imágenes propias. La cena es un banquete de pedazos de historia oficial y tras bastidores con un elenco que nos transporta a otra época que sigue siendo una pesadilla en nuestro presente. Rental Family lo protagoniza un Brandon Fraser dispuesto a transformarse según los papeles que tiene que interpretar para ganarse un sueldo en un país no tan extranjero. Por cuestiones de espacio, lo incluyo en mi próximo escrito.

Jay Kelly

Director: Noah Baumbach; guionistas: Noah Baumbach y Emily Mortimer; cinematógrafo: Linus Sandgren; elenco: George Clooney, Adam Sandler, Billy Crudup, Laura Dern, Stacy Keach, Jim Broadbent, Patrick Wilson, Grace Edwards, Riley Keough.

Desde que se presentó en el Festival de Venecia en septiembre, este filme ha sido destacado—en términos positivos y negativos—por críticxs y público por ser sencilla en su apreciación de lo que es ser un actor exitoso de cine. Aquí no hay grandes dramas de triunfo y fracaso ni intimidades que contrastan con los personajes representados en la pantalla. Es y no es una comedia que dice la verdad, la explora y la descarta para algo + conveniente que asegure un triunfo personal. Jay Kelly es sin duda un doble de George Clooney, el actor que la cámara adora porque no esconde lo no bello y resalta la verdad del paso de los años y el intento de forjar un alguien muy particular en la vida real y proyectada. Es difícil saber—ni él mismo lo puede descifrar—cuándo Kelly es actor, personalidad mediática reconocida por un gran público, padre de dos hijas cuyas madres hace tiempo han desaparecido de su vida, amigo o sencillamente empleador de Ron (Adam Sandler), su agente y mucho + y Liz (Laura Dern), asistente publicitaria. Su presente parece muy estable: proyectos fílmicos completados y por hacer, reconocido y admirado por un público diverso tanto doméstico como internacional, todavía en conversación abierta con su hija menor, Daisy. Pero también hay sombras que invaden su presente: negarse a ayudar a su mentor, Peter Schneider (Jim Broadbent) cuando necesita su endoso y mantener su propia historia de sus comienzos como actor cuando se reencuentra con Timothy (Billy Crudup), su amigo de la escuela de actuación.

Pero en este filme se comparten historias y una de las + sorprendentes—narrada en pedacitos de memoria y diálogos—es la de Ron Sukenick, el que guía a Jay para que no se desvíe de su camino al éxito de cada una de sus producciones y el que sacrifica la atención que le debe a su familia para atender cada una de las necesidades de su supuesto cliente. Para nosotrxs no hay duda de la lealtad y amistad que le profesa Ron a Jay, pero esto no lo entenderá el protagonista hasta que se detiene a mirar su vida y ver lo que es verdadero y lo que es creado por conveniencia, como su propia imagen. En ese homenaje en Toscani que abre casi como una comedia de personajes risibles desde el comienzo, termina con la reflexión que por fin hace Jay de lo válido y verdadero en su vida profesional y personal. En un teatro lleno de desconocidos vemos cortos de sus filmes + conocidos (que son en verdad de Clooney) mezclado con flashbacks de sus hijas juntas en lo que en un futuro espera poder recuperar.

La cena

Director: Manuel Gómez Pereira; guionistas: José Luis Alonso de los Santos, Yolanda García Serrano, Manuel Gómez Pereira, Joaquín Oristrell ; autor: José Luis Alonso de los Santos; cinematógrafo :Altor Mantxola; elenco: Mario Casas, Alberto San Juan, Asier Etxeandia, Nora Hernández, Oscar Lasarte, Martín Páez, Elvira Minguez, Toni Agustí, Ferran Gadea, Eleazar Ortiz, Carlos Serrano, Carmen Balagué, Eva Ugarte, Xavi Francés

Madrid, abril 1939: Franco y los Nacionalistas cantan victoria y el final de una guerra que dejó miles de muertos, encarcelados, fusilados y exiliados. Para celebrar su victoria y dejar saber a todos los españoles quiénes son los que están y estarán al mando del país, al teniente Santiago Medina (Mario Casas) se le da la tarea de organizar una cena ‘gloriosa’ para Franco y sus generales en el Hotel Palace, ahora casi destruido, pero todavía en pie y sirviendo de hospital. En tan pocas horas se tendrá que borrar todo rastro de muerte y enfermedad, habilitar el gran salón y encontrar a un gran chef y sus ayudantes para cocinar los platos requeridos por Franco y sus gustos. Todas estas órdenes van dirigidas al maître d’hotel, Genaro Palazón (Alberto San Juan) quien intenta razonar con el teniente que lleva días sin dormir y tiene los nervios de punta. Y dentro de esta relación impuesta por los nuevos vencedores se revela cómo la guerra habrá terminado, pero la matanza e injusticia seguirá creciendo. El público y el teniente se enteran de que los responsables de las deliciosas cenas aquí están en las nuevas cárceles a la espera de fusilamiento o condenas perpetuas. Para complacer en cada instancia al “gran” caudillo, se traslada a estos especialistas de gourmet a la cocina del hotel donde cada uno y en grupo planifica su escape no importa si son fusilados en el intento. A este grupo se le suma el de los servidores—todos comprometidos con el nuevo gobierno y listos para delatar y hacer daño a los que una vez fueron parte de los trabajadores del Hotel Palace. A todo esto, se le añade un militar superior, Alonso, que abusa del poder que tiene, se burla hasta de Franco y no lo piensa dos veces antes de disparar a una rata, un chef casi indispensable y cualquiera que lo contradiga.

Todos estos personajes se juntan con el propósito primordial de preparar la gran cena y el reloj marcará el momento en que empiece el gran agasajo y cómo se desarrolla dentro de la cocina y en el gran comedor. Nos reímos a carcajadas por lo dicho, lo insinuado y la realidad de España a 50 años de la muerte del dictador.

 

  1. SATIRA: Discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a censurar o ridiculizar
 Composición en verso o prosa cuyo objeto es censurar o ridiculizar a alguien o algo.

Marta un documental de Irma Salcedo

Marta es un documental que se adentra en la vida de una extraordinaria activista puertorriqueña. Su historia comienza entre las aulas y las calles de Chicago, donde, siendo apenas una estudiante, encontró en la organización comunitaria y en la protesta social un camino que marcaría para siempre su destino. Desde los pasillos de la Escuela Superior Rafael Cancel Miranda, donde se forjó su conciencia política, su voz comenzó a alzarse en defensa de la justicia y la dignidad de su pueblo.

A lo largo del documental, la acompañamos en su incansable lucha por la excarcelación de los presos nacionalistas y, más tarde, de los presos políticos puertorriqueños. También la vemos sumarse a la resistencia por Vieques y solidarizarse con la causa palestina, siempre guiada por la profunda convicción de que la libertad es un derecho irrenunciable. La narrativa se enriquece con dos entrevistas exclusivas a los patriotas Rafael Cancel Miranda (QEPD) y Oscar López Rivera, cuyas memorias y reflexiones aportan un contexto íntimo y poderoso a la trayectoria de Marta. Así, el documental no sólo retrata la vida de una activista, sino también la fuerza colectiva de un movimiento que ha marcado generaciones.