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Carlos Delgado ante el Salón de la Fama del Béisbol 

«La entrada del copioso jonronero boricua le daría un esplendor y profundidad únicos al banco de inmortales del béisbol de Grandes Ligas»

 

Carlos Juan Delgado Hernández, el poderoso pelotero aguadillano que durante más de dos décadas fue leyenda dentro y fuera del Diamante, tiene cita con la historia del béisbol de Grandes Ligas este próximo domingo, 7 de diciembre de 2025.

Ese día, el Comité de la Era Contemporánea del Béisbol de Grandes Ligas se reunirá para elegir a quienes entrarán al Salón de la Fama de Cooperstown (SF) de entre un grupo de grandes estrellas del béisbol, de las décadas de 1980 en adelante, que no lograron en citas anteriores los votos suficientes de los miembros de la asociación de cronistas deportivos de Estados Unidos para llegar al máximo sitial del béisbol de Grandes Ligas.

Carlos Delgado merecía entrar al SF desde su primera nominación en 2015. No sólo le sobran los «números» impresionantes que tanto encandilan a estadísticos y fanáticos, sino también, porque además de su desempeño sobresaliente como pelotero, Carlos Delgado brilló en Grandes Ligas por su conducta impecable dentro y fuera del terreno de juego, y por su  consistencia, concentración,  estabilidad y carisma, cualidades que le ganaron el respeto y los aplausos de sus compañeros y fanáticos por igual.

Veamos los datos que confirman el paso  extraordinario de Carlos Delgado por el béisbol de Grandes Ligas que lo hacen merecedor indiscutible de estar en el Salón de la Fama.

El primera base boricua fue la estrella de tres equipos: los Azulejos de Toronto de 1993-2004, los Marlins de Florida en 2005, y los Mets de Nueva York de 2006 a 2009. Considerado uno de los mejores bateadores de su generación, registró un total de 473 jonrones y 1,512 carreras impulsadas durante su carrera, números que lo sitúan entre las mejores estrellas del béisbol de su época.

Por diez temporadas consecutivas conectó más 30 jonrones y en 9 de esas temporadas empujó más de 100 carreras. Fue miembro de la selección del Juego de Estrellas en los años 2000 y 2003, obtuvo tres Bates de Plata en 1999, 2000 y 2003. Recibió el premio Hank Aaron de la Liga Americana en el año 2000 y el premio Roberto Clemente del Béisbol de Grandes Ligas en 2006. En 2003 fue líder en carreras impulsadas de la Liga Americana y el 25 de septiembre de 2003 conectó cuatro cuadrangulares en un solo juego. Fue el cuarto jugador en la historia del Béisbol de Grandes Ligas en batear 30 jonrones en 10 temporadas consecutivas. El 4 de febrero de 2015 fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol de Canadá.

Pero, también su vida después del béisbol es  un testimonio de su grandeza personal. Boricua sensible, de profundas creencias, valores e ideales humanistas y patrióticos, Carlos Delgado se ha destacado  también por su continua labor social y filantrópica en favor de la niñez necesitada en Puerto Rico. A través de la Fundación Extra Bases, fundada por él en el año 2000, aporta fondos indispensables para que niños y niñas de Puerto Rico tengan acceso a servicios especiales en las áreas de salud y educación, desde cuido y estudios fuera de horario escolar, hasta cirugías y terapias de rehabilitación críticas para la vida y el desarrollo de niños y niñas que, de otro modo, no tendrían el acceso a los mismos.

Este es el Carlos Delgado que Puerto Rico reconoce y aplaude. La estrella que nos trajo gloria, alegría y orgullo con su desempeño rutilante en el exigente mundo del béisbol de Grandes Ligas. El que supo usar esa plataforma para protestar contra la agresión militar y la injusticia en su patria y otros países del mundo. El puertorriqueño comprometido que cultiva sus raíces y comparte lo que tiene con nuestros niños y niñas que lo necesitan.

Hoy, nuestro jonronero y el ex lanzador mexicano ya fallecido, Fernando Valenzuela, son los dos únicos latinoamericanos del grupo estelar que integran también Barry Bonds, Roger Clemens, Jeff Kent, Don Matingly, Dale Murphy y Gary Sheffield, cuya trayectoria será revisada por el Comité de la Era Contemporánea del Béisbol de Grandes Ligas, con miras a ser seleccionados para el SF. Para lograrlo, deberá obtener el 75% de los votos de los 16 integrantes de dicho comité especial, compuesto por miembros del SF, ejecutivos y veteranos cronistas del béisbol.

De lograrlo, se uniría a nuestros otros exaltados Roberto Clemente, Roberto Alomar, Orlando «Peruchin» Cepeda,  Ivan Rodríguez y Edgar Martínez.

Deseamos de todo corazón que lo logre porque cuenta con méritos de más para llegar al sitial. Y esperamos que los integrantes del Comité de la Era Contemporánea del Béisbol de Grandes Ligas sepan reconocer y aquilatar el valor de su gesta deportiva en aquellos tiempos turbulentos del béisbol, y rectifiquen la equivocación que se  cometió en 2015 por la asociación de cronistas deportivos de Estados Unidos al dejar fuera del SF a Carlos Delgado.

Indudablemente, la entrada del copioso jonronero boricua al Salón de la Fama le daría un esplendor y profundidad únicos al banco de inmortales del Béisbol de Grandes Ligas.

 

Solo Venezuela decide sobre su espacio aéreo

Especial para CLARIDAD

Ahora el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido extender su campaña de hostigamiento y amenazas contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela haciendo creer válida su declaración del cierre de su espacio aéreo en un intento de crear confusión y dar la impresión del aislamiento de país.

La jurisdicción sobre el espacio aéreo de Venezuela pertenece al gobierno de Venezuela. Ni el gobierno de Estados Unidos ni Trump tienen jurisdicción sobre el espacio aéreo de Venezuela. Por tanto, es una decisión soberana del gobierno de Venezuela cerrar su espacio aéreo, cosa que ese gobierno no ha hecho.

A través de su Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés), el gobierno de Estados Unidos y Trump puede tomar decisiones sobre las líneas aéreas de Estados Unidos y sus rutas hacia o desde Venezuela en particular por consideraciones de seguridad. Autoridades y líneas aéreas de otros países pueden tomar decisiones sobre sus rutas. pero de ninguna manera pueden tomar decisiones sobre el espacio aéreo de Venezuela. Por su parte Venezuela puede tomar medidas por las decisiones de líneas aéreas sobre sus rutas.

A partir de la presente campaña de hostigamiento y amenazas militares contra Venezuela varias líneas aéreas internacionales de hecho cancelaron sus rutas con Venezuela, pero hay una gran distancia entre eso y el cierre de su espacio aéreo y dar la impresión de que Estados Unidos o cualquier país puede decidir sobre el espacio aéreo de la República Bolivariana de Venezuela, un espacio soberano del país.
La confusión creada sobre el espacio aéreo de Venezuela es una estrategia adicional contra Venezuela, como también es una estrategia adicional crear la imagen del supuesto aislamiento internacional del país. Igual Estados Unidos ha intentado dar la impresión del aislamiento de Cuba, a pesar de que desde 1959 Cuba rompió paulatina y exitosamente el cerco que Estados Unidos intento tender sobre Cuba por su política revolucionaria.

En el caso de Venezuela, el país tiene una amplia gama de relaciones diplomáticas y de comercio bilaterales y multilaterales. Sus relaciones bilaterales se extienden alrededor del mundo y es miembro pleno de organizaciones internacionales multilaterales como Naciones Unidas, la comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), UNASUR, y el Movimiento de Países No Alineados entre otros. Incluso ha ocupado la presidencia de los No Al. Por otro lado, organismos de Venezuela participan en organizaciones como el Foro Sao Paolo y el Movimiento Pueblos ALBA, que agrupan organismos que no son parte del gobierno. Además, es miembro de organismos comerciales y de otra índole como la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés).

Sus alianzas estratégicas con la Federación Rusa y la República Popular China son explicitas y de una manera u otra Rusia y China han hecho llegar a Estados Unidos el mensaje en contra de su intervención en Venezuela. En días recientes Rusia ha aumentado marcadamente su envío a Venezuela de armamentos sofisticados.
Un ejemplo de la política de aislamiento de Venezuela, que se extiende a Cuba y Nicaragua, fue la intención de excluir esos países de la Cumbre Iberoamericana que habría que celebrarse en República Dominicana. El evento no se celebró cuando varios países, incluyendo México y Colombia declararon que no participarían si Venezuela, Cuba y Nicaragua no eran invitados.

En su interés de no perder su hegemonía en el hemisferio occidental el afán de Estados Unidos de “cambio de régimen” en Venezuela no se ha limitado a la etapa actual de su enorme movilización militar al Caribe. Ha incluido severas sanciones económicas contra el país, intentos de magnicidio con el presidente de Venezuela Nicolás Maduro, incluso ofreciendo $50 millones de dólares por la asistencia para su arresto, la determinación de Venezuela como un narcoestado en un momento en que el gobierno de Estados Unidos equipara la lucha contra el narcotráfico con la lucha contra el terrorismo. Ha incluido como parte de su estrategia la guerra mediática.

El Caribe actualmente se convierte en un barril de pólvora a pesar de la declaración de la CELAC de nuestra región como Zona de Paz. La falta de poder soberano de Puerto Rico lo ha convertido en pieza clave en la peligrosa coyuntura actual del Caribe y Latinoamérica y la paz y tranquilidad del pueblo de Vieques y gran parte de Puerto Rico han sido perturbadas nuevamente por la política imperial de Estados Unidos.
Han impuesto restricciones a el espacio aéreo de partes del mar frente a Ceiba y pretenden parecidas restricciones para Venezuela como parte de su objetivo de “cambio de régimen”. Por incontables vías aspiran a que Venezuela se convierta nuevamente en una neo colonia, pero la resistencia de Venezuela da fe de su defensa de su transformación social y política y su verdadera soberanía incluyendo de su espacio aéreo.

 “Empezar a serlo” en el 98 aniversario del natalicio de Juan Mari Brás

JUAN MARI BRAS

 

La Fundación Juan Mari Brás (FJMB) celebrará este año el 98 aniversario del natalicio de Juan Mari Brás con un conversatorio titulado ‘Empezar a serlo, en alusión a la famosa frase de Ramón Emeterio Betances “Querer ser libre es empezar a serlo”. La actividad se llevará a cabo mañana martes 2 de diciembre a las 6:00PM en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y reunirá a cuatro figuras que reflexionarán sobre cómo podemos “empezar a serlo”: Alejandra Castrodad Rodríguez, economista; Arturo Massol Deyá, director de Casa Pueblo de Adjuntas; Ian Pagán Roig, agricultor y fundador del proyecto agroecológico El Josco Bravo y Rolando Emmanuelli, abogado y fundador de Plan B. La periodista Perla Franco moderará la conversación.

Con el panel Empezar a serlo, la FJMB propone un diálogo profundo sobre preguntas urgentes en el momento histórico actual: si es posible alcanzar la independencia a corto plazo; qué ejercicios de independencia ya están ocurriendo en nuestras comunidades; cómo estos esfuerzos alimentan la imaginación colectiva hacia la soberanía; y qué acciones resultan indispensables para evitar que Puerto Rico repita procesos de despojo y desplazamiento colonial similares a los vividos por el pueblo hawaiano y el palestino.

La Lcda. Wilma Reverón Collazo, presidenta de la Fundación, destacó que “Juan Mari Bras siempre tuvo una fe inquebrantable en el triunfo de nuestra lucha por la independencia. Su fe emanaba de su profundo conocimiento de la historia de los pueblos que han reclamado su soberanía, y de su comprensión de que la libertad requiere atender no sólo las aspiraciones políticas, sino también las económicas y sociales. Por ejemplo, la necesidad de defender los recursos naturales, las necesidades alimentarias y energéticas. Sin restarle a la cualidad romántica del amor a la patria, Juan conocía y defendía las necesidades de su pueblo. Esa conjunción que logró la Nueva Lucha por la Independencia, liderada por él, marcó un antes y después en nuestra centenaria lucha por la independencia”.

Mari Mari Narváez, directora ad honorem de la Fundación Juan Mari Brás, expresó: “En el mejor espíritu betancino, Juan Mari Brás nos enseñó que la independencia no se delega ni se posterga. Se practica. Este conversatorio honra ese legado. Es una invitación a reconocernos como protagonistas de nuestra propia libertad. La independencia no es un ideal lejano: se vive, se practica y se construye desde el ahora. En un momento en que el colonialismo nos expone cada vez a más violencia institucional, económica y social, necesitamos espacios de pensamiento y acción que nos devuelvan claridad, esperanza y dirección”.

Durante la actividad, la economista y activista de la equidad Alejandra Castrodad Rodríguez abrirá la conversación examinando la creciente preocupación de que Puerto Rico pudiera convertirse en “otro Hawai’i”. A partir de datos, tendencias y luchas comparadas, profundizará en las características del colonialismo de asentamiento en el archipiélago boricua y compartirá lecciones de movimientos en Hawai’i y Palestina, así como acciones concretas para resistir esta transformación.

El abogado y profesor Rolando Emmanuelli Jiménez, reconocido por sus aportaciones en torno a la Ley PROMESA y el régimen colonial fiscal impuesto al país, presentará las propuestas de Plan B, una ruta para una transición inmediata hacia la independencia y conversará sobre la posibilidad de que Puerto Rico alcance su independencia en un corto plazo.

También participará Arturo A. Massol Deyá, quien desde Casa Pueblo en Adjuntas ha liderado luchas históricas por la protección ambiental y, más recientemente, por una independencia energética basada en la democratización de fuentes limpias, renovables y comunitarias. Massol Deyá discutirá cómo, desde la montaña, ya se está forjando un modelo de país que reduce la dependencia colonial y fortalece la autogestión ciudadana.

El agricultor y educador Ian Pagán Roig, fundador del Proyecto Agroecológico El Josco Bravo, compartirá su experiencia en prácticas agrícolas sustentables dirigidas a crear independencia alimentaria para el País. Su trabajo demuestra que la soberanía puede construirse desde la tierra, con procesos arraigados en la comunidad.

El panel Empezar a serlo se presenta como un llamado a compartir, discutir y organizarse. Es también una celebración de la vida y la visión de Juan Mari Brás y de la vigencia de su proyecto político. La Fundación invita al público a asistir, compartir la información e invitar a sus comunidades a participar de este espacio de pensamiento crítico y compromiso colectivo.

La Fundación Juan Mari Brás tiene el propósito de preservar el legado de Juan Mari Brás y dar a conocer su pensamiento, su obra y su trayectoria de lucha por la independencia de Puerto Rico a actuales y futuras generaciones.

Las hermanas Mirabal: Rostros de la conciencia

 

 

Especial para En Rojo

En la novela En el tiempo de las mariposas, de Julia Álvarez, las hermanas Mirabal -Patria, María Teresa y Minerva- asisten a un baile en el palacio presidencial. Trujillo, el dictador, a invitado a la familia. No pueden negarse. Al generalísimo Chapita le interesa acercarse a Minerva. Un alzacolas hace todo lo necesario para que ella termine aceptando bailar. Entonces la escritora, Álvarez, hace hablar a Minerva:

«Empujo un poco para que aflojé la presión, pero él me acerca más. Siento que me hierve la sangre, que aumenta mi enojo. Lo aparto, con más decisión, pero él vuelve a apretarme contra su cuerpo. Empujo fuerte, y por fin debe dejarme ir.
-¿Qué pasa? -Hay indignación en su voz.
-Sus medallas -me quejo, señalando la banda sobre su pecho-. Me lastiman.
Demasiado tarde recuerdo el afecto que siente por esas chapitas.
Me fulmina con la mirada, luego se quita la banda por encima de la cabeza. Se aproxima un asistente para recibirla con reverencia. El jefe sonríe con cinismo.
-¿Hay alguna otra cosa de mi vestimenta que la moleste, para poder quitármela? -Me tira de una muñeca, haciendo un movimiento vulgar con la pelvis, y veo que mi mano se levanta, como con una mente propia, y descarga una bofetada sobre la alelada, maquillada cara.”

Pero no fue ese rechazo lo que motivó la muerte de estas tres hermanas. Las Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, jugaron un papel fundamental en la lucha por los derechos humanos en la República Dominicana durante la dictadura de Rafael Trujillo. Formaron parte del grupo «14 de Junio», que buscaba derrocar al régimen. Su valentía y compromiso con la justicia social las convirtieron en figuras emblemáticas de la resistencia.

Aparte de su oposición política, las Hermanas Mirabal también fueron defensoras de los derechos de las mujeres. Su lucha contribuyó a visibilizar la situación de las mujeres en la sociedad dominicana y a fomentar un movimiento que abogara por la igualdad de género. Su activismo se centró en la oposición a la represión política y la defensa de la democracia, así como en la promoción de los derechos de las mujeres en un contexto de grave violación de derechos humanos. Por eso fueron perseguidas. Arrestadas, torturadas, fueron liberadas de la cárcel con el único propósito de poderlas asesinar simulando un accidente.

Aquél terrible suceso, ocurrido el 25 de noviembre de 1960 en la República Dominicana, tuvo profundas repercusiones tanto a nivel nacional como internacional. Este crimen se convirtió en un símbolo de la lucha contra la opresión y la violencia hacia las mujeres.

A nivel nacional, el asesinato generó una fuerte indignación y movilización en la sociedad dominicana. Las Hermanas Mirabal, conocidas por su activismo político y su oposición al régimen de Trujillo, se convirtieron en símbolos del movimiento por los derechos humanos y la democracia en el país. Su muerte contribuyó a debilitar la imagen del régimen y a fomentar la resistencia contra la dictadura.

Internacionalmente, el caso de las Hermanas Mirabal llamó la atención de organismos internacionales y activistas de derechos humanos. La ONU, reconociendo la importancia de su legado, estableció el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en 1999. Hoy aún se lucha por erradicar la violencia de género en todo el mundo y Patria, María Teresa y Minerva, son parte de los rostros en la conciencia global sobre este tema.

Comentarios a: flavhoff@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

La semántica protofacha: más notas de campo desde el mal

 

Believing, with Max Weber, that man is an animal suspended in webs of significance he himself has spun, I take culture to be those webs… [C]ulture is a context, something within which [social phenomena] can be intelligibly—that is, thickly—described.

-C.Geertz, The Interpretation of Cultures.

 

El robo en real time

Las campañas —y la subsecuente victoria— de Zohran Mamdani en Nueva York me trajeron de regreso a las noticias, a la tele, a las redes. A esos espacios que había casi abandonado para proteger la poca cordura que me queda de la crueldad y el disparate (cotidianos, sin respiro) a los que la era de MAGA nos tiene particularmente acostumbradas. En un momento en que el derrotismo se siente lógico, casi inevitable, Mamdani me devolvió algo parecido a la esperanza, incluso—¿me atrevo a decirlo?—hasta un poco de impulso.

¿Un líder político hablando con gente de carne y hueso, de cualquier etnia o afiliación, todo el día, todos los días? ¿Usando las redes no como universo alterno, sino como herramienta para relacionarse con personas reales? ¿Hablando de problemas concretos y sus soluciones, no de abstracciones que jamás llegan a convertirse en política pública? ¿Transparente? ¿Escuchando con atención y hablando de cosas serias sin abandonar lo lúdico, la broma, el gato de la bodega, la bailaíta de bomba y son? ¿Gufearse a sí mismo, a sus defectos e inseguridades, a su español goleta, al tiempo que proyecta la pericia que, ay, tanta falta hace en la clase política? ¿Conectar las muy mentadas «ansiedades económicas» no para manipular y desviar la ira hacia los más vulnerables, sino para insistir en que Nueva York es para los neoyorquinos, y que la comida, el techo y la guagua no deberían ser lujos? Eso es lo que me devolvía Mamdani.

Por supuesto que el Donald, incapaz de tolerar que la atención del mundo se pose sobre alguien que no sea él, reaccionó con su habitual elegancia: llamó a Mamdani un «lunático comunista» y «terrorista», describió sus propuestas sobre affordability como «socialismo radical», amenazó con deportarlo (no nos queda claro a dónde), se describió a sí mismo (sin que nadie le preguntara y confundiendo a las rubias de Fox) como «mucho más guapo» (!) que Mamdani, y amenazó con quitarle fondos federales a la ciudad si lo elegía como alcalde.

Pero apenas horas después de la victoria en Nueva York, el mismo Trump que demonizaba a Mamdani cada cinco minutos no sólo dejó de mencionarlo, sino que se apropió—sin sonrojarse—de las mismas frases que definen la plataforma del neoyorquino. Se auto declaró campeón de los pobres. Despotricó en cuanto foro visitaba que «We are the ones that have done a great job on affordability.» Celebró, falsamente, que su mandato había asegurado más apoyo alimentario y creado millones de empleos domésticos para el norteamericano común. Sin mencionar a Mamdani. Sin citarlo. Sin reconocerlo. Como si las palabras —esas mismas palabras que pocos días antes declaraba peligrosas, sospechosas, casi subversivas— fueran ahora de él.

Las mismas palabras. Con el peso emocional que les da fuerza. Pero ahora huecas, sin la carne del significado que permitiría su tránsito de retórica populista a política pública.

Ya me conocen, a mí y a la reacción automática de la antropóloga frente al absurdo: parpadear, abrir un ojo y sospechar que esa prestidigitación lingüística no es una morisqueta aislada. Que lo que acabo de describir no es un capricho ni un accidente, ni siquiera una excentricidad particular de Trump, sino un patrón reconocible, casi rutinario. Un ingrediente esencial para el caldero de la alquimia protofacha. Agarrada del hilo de esa sospecha, abrazo mi libreta y me amparo en la descripción, para alejarme del precipicio del desespero y la resignación. 

Nombrando la bestia

Clifford Geertz describe nuestra condición humana como suspendida en redes (¿telarañas?) de significado que nosotros mismos tejemos. Esas redes, esos sistemas de símbolos compartidos, son más que partes de la cultura, son la cultura misma. Y aunque esos significados se imprimen y transmutan en cultura de múltiples modos (paisaje, ritual, vestimenta, arquitectura), el lenguaje es probablemente el principal. Lo que nombramos determina, de alguna manera, que ese algo existe. Lo que ese algo significa. El impacto de ese algo en la definición de nuestra realidad cultural y material. Las palabras no sólo expresan pensamientos: nos permiten pensar. No sólo describen el mundo: lo constituyen.

Por eso, lo que Trump le hizo a affordability no es un simple truco publicitario ni una mentira de político cualquiera. Ilustra algo más estructural, más insidioso. Es el secuestro de una herramienta semántica—una palabra cargada de anhelo, de reclamo legítimo, de promesa de justicia, de posibilidades prácticas—para vaciarla, invertirla y lanzarla, como un bumerán corrupto, en contra de su propio origen.

Ese robo es tan común, especialmente en este MAGA-momento, que ya casi ni nos sorprende. Se repite. Se perfecciona. Se amplifica. Se naturaliza. Y, en su conjunto, estas operaciones lingüísticas construyen las condiciones culturales que permiten y facilitan nuestro aparente descenso al fascismo y al autoritarismo.

A esa alquimia semántica que convierte la palabra en arma, escudo, señuelo, basura o, sencillamente, en su propio antónimo, le he puesto el mote de semántica protofacha.

Porque no es sólo la mentira, qué va: esa ha estado con nosotros desde siempre. Esto va más allá: es reconfigurar el terreno semántico mismo, hacer que las palabras pierdan su capacidad de anclar significados compartidos, erosionar la posibilidad de diálogo, de desacuerdo productivo, de resistencia articulada. Se trata, en el sentido más literal, de un acto de guerra cultural. Y si es la cultura, como dice Geertz, lo que nos hace humanos, se trata entonces de una guerra contra nuestra humanidad.

Maniobras de guerra

Estas pequeñas operaciones del lenguaje—que por sí solas serían curiosas, tal vez cómicas o ligeramente irritantes—se repiten, se recrean, se hacen eco, se imponen. Y, en su conjunto, construyen una nueva realidad.

Pienso, por ejemplo, en lo que le pasó a la palabra «woke»: un término nacido en comunidades negras para hablar de estar alerta, despierto, consciente de la violencia racial y dispuesto a entender el mundo tal como es. Una palabra que nombra(ba) vigilancia necesaria, lucidez política, negativa a dormir o sonreír mientras te matan.

Y luego—a fuerza de burlas, editoriales, paneles de opinión, memes infinitos e infinitamente estúpidos—la convirtieron en sinónimo de exageración, fragilidad, histeria progre. En un espantapájaros de paja que se parece muy poco a su significado original y que, de hecho, nos roba el uso de la palabra misma. Porque la contaminaron, como quien le pasa la lengua sucia al helado ajeno para que nadie más lo quiera.

Aquí vemos varias maniobras a la vez: el robo (apropiarse de una herramienta semántica ajena), la inversión (convertir alerta en histeria) y la caricaturización (distorsionar hasta que nadie recuerde el problema original). El resultado: ahora decir «woke» en ciertos espacios es invitar el ridículo, no la reflexión. Peor aún: etiquetar algo como “woke” puede tornar ese algo en ilegal.

También pienso en ese cliché instantáneo que encierran frases como«I do my own research». Research,  investigación, ese vocablo que alguna vez significó rigor intelectual, responsabilidad epistémica, escepticismo saludable, acciones como leer, estudiar, evaluar la legitimidad de fuentes, hacer fact-checking, y ahora sólo requiere indignación, credulidad y Wi-Fi. Nada de universidad, biblioteca o laboratorio, que para eso están FourChan, la iglesia y el rally.  Doing my own research sale de la marmita convertido en contraseña para celebrar el acto de dejarse arrastrar por un algoritmo poblado de comentaristas malcriados (algunos humanos, otros no), memes, deep fakes, influencers y podcasteros que confirman lo que ya queríamos creer y, de paso, nos venden un suplemento milagroso para perder peso o recuperar la virilidad con la misma soltura con la que nos conminan a desconfiar de las vacunas.

Aquí la maniobra es el disfraz: la estructura de la palabra se mantiene («research»), la operación básica también (buscar información), pero el valor epistémico—el rigor, la verificación, el método—se volvió no sólo prescindible, sino hasta sospechoso. Es como un uniforme de médico usado por alguien que te vende humo, timos y aceite de serpiente, y que encima, odia a los médicos y teme que los médicos lo envenenen.

Y luego está ANTIFA: una palabra tan simple y, pensaría una, razonable, convertida en un enemigo público tan nebuloso, omnipresente y peligroso que “justificó” la ocupación militar de Portland (¡Portland!). Pero lo más perverso es esto: al convertir «anti-fascista» en una amenaza, nos colocan en la posición extraordinaria de declararnos anti-anti-fascistas. Y si el álgebra elemental no me falla, eso es lo mismo que decir… fascistas.

Aquí la maniobra es pura inversión con una buena dosis de descaro y cara de lechuga: lo que debería ser obvio—estar contra el fascismo—se vuelve sospechoso, peligroso, casi criminal. Y quien se opone al fascismo se convierte en el verdadero enemigo del orden. Eso tiene tanto sentido como decir que Trump es más guapo que Mamdani.

O tome la muy celebrada figura del «inversionista»: ese tipo que invierte poco y extrae mucho, que amasa su fortuna no de la producción sino de la especulación, de la deuda, del arbitraje, de hacer de la economía un casino y exigir un bailout cada vez que la quiebran. Y que, increíblemente, es presentado como una suerte de héroe que merece incentivos tributarios, flexibilidad regulatoria, alfombra roja.

En Puerto Rico lo conocemos bien—especialmente desde las leyes 20, 22, ahora 60. El «inversionista», que no invierte en Puerto Rico y se dedica a desplazarnos y a generar riqueza sólo para sí. El que nos invita a confiar en que los beneficios llegarán, estilo trickle down, ese trickle down neoliberal que, francamente y ya que hablamos de palabras, me suena menos a un gotero de beneficios económicos y más a que los inversionistas se divierten orinando sobre nuestras cabezas.

Aquí la maniobra es la impostura: una palabra que suena técnica, casi noble (¿quién está contra la inversión?), pero que de hecho nombra extracción, parasitismo, despojo. El traje parece respetable, pero el cuerpo que cubre es todo cinismo y codicia.

Uy, y qué decir de esa “libertad de expresión» que tanto invocan? Esa merece algún premio infernal, tipo “demon of the month”, y se utiliza para justificar lo que debería ser su antónimo más obvio: la censura, el acoso, la cancelación. Elon Musk cerrando las cuentas que lo critican y demandando a los que le “faltan el respeto.” Charlie Kirk gritando obscenidades y luego quejándose (“me cancelaron, qué malos son”)  porque alguien expresó su desacuerdo. Los recortes al trabajo científico y humanístico a diestra y siniestra, porque el estudio de la historia ofende y la salud pública atenta contra la libertad individual. La censura de libros, que ya hasta parece sátira: hay cada vez más bibliotecas sin libros de Toni Morrison o Maya Angelou, eliminados a cuenta de ser (¡ay!) “woke”, pero con la biografía de Hitler ahí en la tablilla, muy tranquila y más popular que nunca.

La libertad de expresión, en esta versión, significa: mi derecho a decir lo más sexista, racista o maligno que se me ocurra, y tu obligación de callarte, porque si hablas me estás oprimiendo. El opresor es quien denuncia. El oprimido es el gritón. (¡Y luego dicen que los “woke” son de cristal!)

Aquí hay robo, distorsión (tomar un reclamo legítimo de movimientos de derechos civiles), inversión (convertirlo en escudo para el abuso) y weaponización (desplegarlo contra quienes originalmente lo necesitaban).

Los ejemplos sobran. El punto es que el truco—la prestidigitación semántica—se repite. Las maniobras no son infinitas: robo, inversión, disfraz, impostura, caricaturización, weaponización. Pero se combinan, se amplifican, se refuerzan mutuamente y le sirven de ancla a persecuciones y abusos muy reales. Funcionan como reactivos principales de esta neolengua dispersa, privatizada y memética: una mezcla extraña, a medio camino entre el Newspeak y el Doublethink de Orwell, pero sin Ministerio de la Verdad y con algoritmos; sin Partido Único, pero con influencers, “analistos” y plataformas que amplifican cada torcedura hasta convertirla en sentido común. Se impone desde arriba pero burbujea desde abajo, desde el caldero de la alquimia protofacha.

La pátina del caldero

Pero estas maniobras no nacieron con MAGA. El caldero ya tenía sedimentos, ingredientes viejos que llevan décadas—siglos, en algunos casos—cocinándose a fuego lento.

Pienso, por ejemplo, en «oportunidad de inversión»: una frase que en Puerto Rico (y más allá) ya todos reconocemos como código y guiño para los esquemas Ponzi. Amway, Herbalife, time-shares, crypto. Suena simpática, casi técnica, muy American Dream. Pero en cuanto la escuchas, sabes que la “oportunidad” en cuestión es para enriquecer a otro, y que una vez engañado, tus ganancias dependen de que engañes a otros más. Esa impostura lingüística no la inventó Trump—ya estaba en el caldero, normalizando la idea de que «inversión» puede significar extracción disfrazada de oportunidad y engaño disfrazado de marketing. El “inversionista” de este siglo es un vendedor de humo, un buscón glorificado y sin pudor, un explotador sin escrúpulos, un capitalista bestial.

También recuerdo cuando el entonces gobernador Fortuño miró con desprecio a la multitud de estudiantes que protestaban una cuota excesiva e injusta en el 2010, y describió a la UPR como una «república bananera en revolución.» Algunos chillamos inmediatamente: ¿pero este señor acaso no conoce la historia de esa expresión? ¿No sabe que en su propia metáfora, el problema no es la protesta de los trabajadores sino la codicia de las corporaciones, la sed de poder de las clases políticas, el abuso de militares y paramilitares? ¿Que en la fraseología que eligió, el malo de la película no es el estudiantado, sino él mismo y lo que representa? No importa si sabe o no: la movida es la misma que se usa en estos días con “woke” o con “Antifa”. 

Y claro, ese revolú semántico tampoco empezó con Fortuño. Venía cocinándose desde antes, en el lenguaje del neoliberalismo y con palabras que solían ser útiles y hasta bonitas: «reforma» pasó a designar recortes, no cambio. «Modernización» se convirtió en privatización y desbaratar uniones. «Eficiencia» (ay, esa palabra tan bonita) casi ni la podemos usar sin pensar en despidos, precariedad, exprimir al otro. «Flexibilidad» ahora significa precariedad permanente. Palabras respetables, casi técnicas, usadas para envolver el despojo en papel de regalo.

Y raspando, con nuestro cucharón de alquimista, las paredes y el fondo del caldero, llegamos a sedimentos aún más viejos y, por lo mismo, más densos y fragantes. Hace dos siglos y medio, cuando el concepto  «libertad» se hizo popular pero de alguna manera mezcló dos cosas que parecerían (y son) contradictorias: libertad para los humanos y libertad para el mercado. No sé si fue conspiración, confusión histórica o un accidente conceptual de la Ilustración que, en una suerte de horrendo butterfly effect, hoy tiene a la gente oprimida protegiendo los intereses de las corporaciones que los oprimen. Un accidente que dejó a generaciones enteras pensando que democracia y capitalismo son lo mismo, que regular el mercado es oprimir al ciudadano, que los derechos de las corporaciones y los derechos humanos habitan la misma categoría moral.

El caso es que la cultura proto- facha no es sólo “facha” sino también “proto”, porque surge de un caldero antiguo y una sopa de centenario hervor; y que el cambio cultural que MAGA promueve cuenta con esa marmita ya caliente, los ingredientes ya mezclados, las maniobras ya probadas. Lo único que tiene que hacer es subir el fuego y añadirle unas onzas de reality show, dos tazas de redes sociales y una de inteligencia artificial, una pizca de pólvora, una biblia picada, gasolina barata y el zumo de muchos egos inflados. Tomó esas operaciones viejas—el robo, la inversión, el disfraz, la impostura—y las convirtió en algoritmos. Las hizo virales, meméticas, descaradas. Las amplificó y normalizó hasta que dejaron de ser trucos de relaciones públicas y se convirtieron en la gramática misma que rige nuestra vida y discurso.

Regresando a las telarañas del querido Geertz: Si estamos suspendidos en esas redes que nosotros mismos tejimos—si el lenguaje no sólo describe, sino que constituye nuestra realidad y nos permite (o nos impide) actuar sobre ella—entonces lo que estamos viendo, y tal vez bebiendo, no es una simple guerra de palabras. Es un intento sistemático de seguir alimentando un brebaje cada vez más maligno y viscoso, un caos malicioso que, como un veneno sin olor, se mezcla lento, se vuelve costumbre y, sin que nos demos cuenta, termina infusionando el tuétano mismo de lo que somos.

Cuando roban «affordability» y la vacían de justicia, cuando convierten «woke» en insulto, cuando hacen de «libertad» un escudo para el abuso, cuando la ciencia es «conspiración» y los antifascistas son «fascistas»—no solamente están mintiendo. Están deshaciendo los hilos que nos permiten nombrar problemas, imaginar resistencia, recordar el pasado, articular desacuerdo.

Por eso las notas de campo. Por eso la descripción densa. Por eso los ojos abiertos, aunque el humo venenoso del caldero nos ahogue.