Toronto en mocasines

 

 

En Rojo

0.Viajo al Canadá un día después de leer que a un director de cine de ese país  se le   impidió desfilar por la alfombra roja  en el Festival de Cannes. Llevaba puesto un par de   mocasines que le hizo su hermana. El cineasta, Kelvin Redvers, viajó con una delegación   de compañeros del Séptimo Arte pertenecientes a las primeras naciones del Canadá. Por   mi parte llego a ese país con unas zapatillas Converse y nadie me impidió caminar por   ningún lugar.

  1. Llegué a Toronto  apenas  ayer.  Es la capital financiera del país. Un ciudad hermosa. Situada al noreste del lago de Ontario, parece un buen ejemplo de buena planificación urbana, ornato, eficiencia. Puedes visitar museos, parques, acuarios, tomar un tour por las islas o llegar a las cataratas.  Sin embargo lo primero que llama la atención es la diversidad de la geografía humana.  La mitad  de la población de Toronto no nació en Canadá. ¿Pienso, dónde están los que llevan mocasines? ¿Caminan por estas avenidas ordenadas, limpias, llenas de flores?
  2. El estado canadiense reconoce tres grandes grupos originRios: amerindios,  inuit y métis. Constituyen apenas el 4.9 % de la población total. Una ley de «amerindios» del 1985 engloba a unas 600 primeras naciones y 60 lenguas.Pero ha sido un reconocimiento, una visibilidad, muy lenta y ominosa. Aún en 2007 Canadá fue uno de los cuatro países que votaron en contra de la Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas. Solo hace cinco años este país aprobó la Declaración sin condiciones.  Y aparentemente sin compromisos. El día riman contra la niñez en los servicios sociales y el de salud es vergonzoso. Los asesinatos y desapariciones de mujeres y niñas ocurren con frecuencia y son apenas investigados.
  3. Mi compañera y yo caminamos por la ciudad de Toronto admirando su arquitectura, el paisajista en los parques, la inclusividad en las iglesias episcopales, y otra vez, la limpieza. También he leído que es muy baja la incidencia criminal.  Lo cierto es que resulta agradable pasear, llegar hasta el lago, ver rostros diversos. Y sin embargo, siento una profunda incomodidad. ¿Dónde están los rostros de esas primeras nacio es? ¿Dónde está el espacio que recuerda las fosas comunes de centenares de niñas y niños enviados a escuelas residencias donde intentaban la erradicación de sus costumbres y lenguaje? ¿Por qué está diversidad de Toronto no incluye a las primeras naciones? ¿La belleza de las ciudades siempre se funda sobre horribles crímenes?
  4. La poeta, artista y activista, Jeannette Armstrong, tiene la palabra. Nada que pueda yo decir recorriendo en zapatillas Converse ciudades de este país tendrá el alcance de quien nace y vive en una de estas naciones originarias. Armstrong nació en la reserva indígena Penticton, en el Valle Okanagan de la Columbia Británica, Canadá, en 1948. Pertenece a la Nación Okanagan.

***

LECCIÓN DE HISTORIA

Desde el vientre de la nave de Cristóbal
una muchedumbre estalla,
Corriendo en todas las direcciones
desuella pieles de animales,
Dispara al búfalo,
se disparan unos a otros
a diestra y siniestra.

Padre buenas intenciones
Agita su varita improvisada
Perdona indígenas de ojos absortos

Caballeros revestidos de rojo
galopan por la pradera
en busca de hombres
para construir un nuevo mundo

Pioneros y comerciantes
traen regalos
Viruela, Seagrams
y Rice Krispies

La civilización ha llegado a
la tierra prometida.

Entre el sonido crujiente y el pop
de chimeneas
y ríos multicolores
acrecentándose con detergente aroma floral
son agricultores sembrando cráneos y huesos
y mineros
halando desde agujeros enormes
caras de papel verde
de sonriente dama inglesa

Los gigantes
en los cuales confían
mientras entierran
bosques y campos vivos
bajo concreto y acero
están de pie, sacudiendo sus puños
esperando mutilar
civilizaciones enteras,
diez generaciones de un solo golpe.

En algún lugar entre los restos
de animales desollados
es la terminación
de un largo viaje
y la búsqueda impía
de poder
vislumbrado en un jardín
Para siempre cerrado
Para siempre perdido.

***

MUJER INDÍGENA

Soy una indígena
una pagana
una salvaje
básicamente un mamífero

Soy una hembra
sólo en la capacidad
de reproducir
y alumbrar bebés
a ser cargados
pintorescamente
en un tablón
o perdidos
en el sistema estatal

No tengo sentimientos

Los sinuosos planos
de mi cuerpo marrón
no llevan indicio
de la necesidad
de ser acariciados
deseados
amados
Su único uso
ser violados
golpeados y apaleados
en una película mala
de vaqueros

No tengo belleza

Las arrugas
que cortan profundo
en mi rostro envejecido
no son de amargura
o desesperación
al ver mi clan destruido
uno por uno
aquí las tengo
para ser pintadas o fotografiadas
vendidas
y colgadas en paredes de abogados

No tengo emociones

La risa ronca
un roce de alas
detrás de los ojos
suave y buscando
que toca levemente a los demás
no es de cuidar,
sino por el devastado
golpe de alas negras
sacudiendo los barrotes
de una locura
que me dice
algo está mal aquí.

Alguien miente.

Soy una mujer indígena

Donde camino
la belleza me rodea
hierbas se inclinan y florecen
sobre valles y colinas
inmensos y multicolores
en la gloria estrellada

Soy la guardiana
de las generaciones

Acaricio al amante suavemente
canturreo mientras envuelvo al bebé
con tranquilidad
hablo a los ancianos
y cuidadosamente pongo a descansar
a los seres queridos

Soy la fuerza
de las naciones

Canto al susurro
de vientos de otoño
en la nieve
bailo
lentamente
llenando mi cuerpo
de polvo
sintiéndolo
conociéndolo

Soy dadora de vida
a tribus enteras

Cargo las semillas
cuidadosamente a través de peligrosos
páramos
dándoles vida,
dispersas
entre frío y altísimo
hormigón
viéndolas crecer
maltratadas y lisiadas
bajo todas las mentiras
les enseño las canciones
les ayudo a oír
les doy la verdad

Soy un legado sagrado
Soy una mujer indígena

 

Artículo anteriorEn Reserva: Makapansgat
Artículo siguienteUna salva por Edgar Quiles