Inicio Nación Editorial Editorial-Fuerza y movilización en este momento crucial 

Editorial-Fuerza y movilización en este momento crucial 

173
Picú participó de la gran marcha por la renuncia de Ricky Rosselló. Fto. Alina Luciano

 

La guerra está declarada. Es un sálvese quien pueda. En el desgobierno de Jenniffer González y el PNP imperan la división y el desasosiego. Un gabinete a medias, y sin candidatos o candidatas que digan «yo» a los puestos neurálgicos con » sillas vacantes», como las secretarías de Estado y Justicia.  En las agencias, los cabilderos- todos del PNP- se » tumban» unos a otros los contratos más jugosos en una pugna abierta como nunca antes se había visto. Tanto, que han llamado la atención del mismísimo Negociado Federal de Investigaciones ( FBI).

Por su parte, los «contratistas» fabrican compañías de hoy para mañana, con la prisa del que no puede esperar, porque es posible que después no quede nada. Los «consultores» abundan, tanto de aquí como importados. En el gobierno, la Legislatura y la Junta de Control Fiscal los tienen de todas clases y para todo. Hay algunos con dotes especiales.»Sabelotodos» bajo «firmas sombrilla», que realizan » estudios» de cualquier cosa que a menudo terminan influenciando, lo mismo sobre política pública, que sobre presupuesto, o si viene al caso, también sobre» imagen y proyección», que mucha falta les hace a los gastados «productos» de la política colonial puertorriqueña.

Los buitres, de la mano de sus propios «consultores» y cabilderos duchos en la compra y venta de influencias, hacen cada cual lo suyo. Prometer como lo hacen los «inversionistas» de la Ley 60, antes Ley 22, para saquear lo que nos queda de patrimonio. Solventar sus fallidas operaciones con dinero público, como lo hacen LUMA, Genera y AES. Cobrar su acreencia de la deuda pública de la AEE a rajatabla, como Golden Tree, amparado en un Tribunal más poderoso y fuerte que el de Título III de la Ley PROMESA, que se suponía que tuviera la última palabra sobre cuánto de esa deuda puede pagar Puerto Rico con los recursos disponibles. Todas estas fuerzas oscuras juntas tienen de rehén al pueblo puertorriqueño y aunque a veces se opongan entre sí, siempre se mueven al unísono para hacer avanzar sus intereses de poder o de dinero, a costa de lo que sea, en el caso nuestro, un caos de ingobernabilidad y desinformación que deja » en carne viva» a nuestro país, desde adentro y desde afuera.

Solo basta leer los titulares de prensa y escuchar el parloteo por radio y televisión para darse cuenta que las élites políticas y económicas en Puerto Rico, y su comitiva de asesores, contratistas y demás, tienen un pánico paralizante a los recortes del dinero del Gobierno de Estados Unidos destinado a Puerto Rico, recortes que tal parece que son inminentes, dado el objetivo del Congreso Republicano y la administración de Donald Trump de balancear el presupuesto federal sobre las espaldas de los que menos tienen, tanto en los estados como en los llamados territorios o colonias de los que Puerto Rico forma parte.

Por eso, el pánico tiene peleando a políticos, burócratas e, incluso, a intereses privados entre sí mismos, y ya no se sabe ni a qué bando pertenece quién. Sí se sabe que unos y otros, desde la Fortaleza, el Senado y la Cámara de Representantes, los Tribunales en todas sus instancias, y hasta la Junta de Control Fiscal  se embarcarán en el ejercicio de hacer un presupuesto para Puerto Rico que, a fin de cuentas, será un ejercicio especulativo, y por ende inútil, en un gobierno de Puerto Rico que depende en un 40 por ciento de fondos federales para su operación. Mientras no se sepa a ciencia cierta la magnitud de los recortes de Trump, no hay presupuesto que valga.

Esa dependencia servil es el verdadero caos que vivimos y la razón por la cual el pánico los tiene paralizados, mientras el bando de los buitres, cabilderos, contratistas y consultores se mantiene al acecho, como aves de rapiña a punto de pelearse por los huesos, donde ya no queda carne.

¿Cómo es posible, se preguntan algunos, que Puerto Rico, con una población laboral tan altamente educada y diestra, se encuentre en esta situación de tan extrema fragilidad, vulnerabilidad y total dependencia de transferencias que llegan del Tesoro de Estados Unidos? ¿ Qué nos diferencia hoy de la Isla que una vez fuimos, donde nuestra gente moría esperando el » situado» que desde el virreinato de México nos enviaba la Corona Española, nuestra dueña de entonces? Pasamos de manos de un dueño a otro, y al cabo de casi 532 años todavía se nos mantiene en el imperturbable estado de sujetos coloniales de dos imperios sucesivos,  ambos ciegos y sordos ante nuestros reclamos. Como dijo una vez, ya viejo, nuestro querido Padre de la Patria, doctor Ramón Emeterio Betances: » ¿ qué hacen los puertorriqueños que no se rebelan»?

La respuesta es solo una:  hemos cultivado por años y décadas el desarrollo de dos castas políticas que,  resumidas en las siglas PNP-PPD, se han ido pudriendo desde la raíz y arrastrando a nuestro pueblo hasta la encerrona en que nos encontramos hoy. Y no puede seguirse permitiendo esto, porque los que han luchado en el pasado y luchamos hoy por la aspiración de un Puerto Rico soberano y justo, con oportunidades por méritos para toda nuestra gente, y estamos convencidos de que lograrlo es posible, tenemos que denunciar, confrontar y movilizar contra ese junte letal de políticos, buitres, cabilderos, contratistas y consultores que hunden literalmente a nuestro país en el fondo de un asfixiante abismo. Esto incluye al gobierno colonial, y a la impuesta y fracasada Junta de Control Fiscal, creada por el Congreso de Estados Unidos para reestructurar la deuda pública y que Puerto Rico pudiera acceder nuevamente a los mercados, y tras nueve años y tres cambios internos de composición, no ha logrado ni lo uno ni lo otro.

La acción popular ante esta encerrona dependerá de la voluntad de nuestra gente. Un frente cívico, amplio y masivo, que reivindique nuestra dignidad y exija cuentas y reparación de daños a los responsables de este desastre, sería un gran paso en el camino del pueblo puertorriqueño hacia la realización de su propio destino. No debe permitirse que un gobierno incorpóreo, volátil e incapaz de gobernarse a sí mismo, termine por arrastrar al vacío las posibilidades de todo un pueblo.

 

Artículo anteriorNombramientos fracasados
Artículo siguiente¿Hay mensaje de estado?
Traducir»