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Obsesión con pijamas

Por Alana V. Álvarez Valle

Especial para CLARIDAD

Desde hace tiempo me pregunto ¿cuál es la obsesión que tienen en los Estados Unidos con vestir en pijamas?

Se ven en todas partes; en hombres, mujeres, jóvenes, mayores, todos y todas con pijama. Así van al supermercado, a la farmacia, a la gasolinera, a la Universidad, ¡al aeropuerto! Y no es solo en pijamas, de pantalón y camisa, también calzan pantuflas de felpa suave para completar su ajuar.

Parece una epidemia que se riega y es altamente contagiosa.

Es tanta la obsesión que un legislador en Memphis, Tennesee propuso un código de vestimenta para cuando los padres y las madres van a la escuela de sus hijos, sea para llevarlos o recogerlos, o para algún otro asunto.

El representante estatal Antonio Parkinson explicó a la prensa que después de hablar con líderes escolares, educadores y otros constituyentes, había escuchado suficientes “historias de horror” acerca de la forma en que los adultos visten y se comportan cuando visitan las escuelas públicas de Tennessee. Por eso entiende que ya es hora de darles sus propias reglas de vestimenta a padres y madres. Una de las peores delincuentas, en esa ciudad, fue una madre que visitó la escuela elemental de su hijo en lencería, que aparentemente era translúcida.

El día que esperaba afuera del preescolar de mi chico a que sonara la campana de entrar al salón, me quedé sorprendida de que la mamá de un compañerito llevaba unos pantaloncitos tan cortos, que como diría mi abuela, se le veían las ‘cachas de las nalgas’. Eran unos ‘hot pants’ negros de lo más ‘putis’. Entonces la susodicha me dice de lo más casual: “Literalmente me acabo de tirar de la cama”. “Te lo creo”, dije bajito.

Ya es casi un comportamiento normalizado. En las escuelas hay día de pijama y los niños y niñas lucen su ropa de dormir de sus personajes preferidos de lo más emocionados. Mi chiquito lloró cuando no pudo ir al pasado “Pijama Day” por estar enfermo, ya que no pudo mostrarle su pijama del Hombre Araña a sus amiguitos.

No sé desde cuando son así, pero al parecer es desde hace mucho. Cuando mi santa madre estudiaba su bachillerato en Terre Haute, Indiana, allá para la década de los 60, las estudiantas tenían la costumbre de usar pijama debajo de su toga y birrete para ir a la misa de domingo. Ella, que venía de un Puerto Rico en que se usaba medias de nylon y tacones para ir a la universidad y al trabajo asalariado, quedó bastante sorprendida –y hasta un poco horrorizada– de dicha costumbreå.

Porque en invierno es peor. Todos y todas piensan que es aceptable usar pijamas cuando hace frío, porque como por encima va el abrigo, pues no importa. ¡‘Jelou’! Como si no se viera parte del pantalón de franela de Hello Kitty debajo del abrigo y encima de las pantuflas.

Y muchas veces es cómico, como cuando una amiga de mi prima hermana la invitó a una cena de amistades. “Puedes venir en pijama. Yo estaré en pijama también”, dijo la gringa de lo más casual. A lo que la boricua respondió, “Amiga yo soy puertorriqueña. La única ocasión en que uso pijama es cuando me voy a acostar a dormir”. ¡Plop! Cuando me lo contó reímos a carcajadas de que piensen que usar pijamas para una cena es algo aceptable.

“Lost in translation” o “Perdido en la traducción”

Es de muchos conocido que los habitantes de los Estados Unidos son –en su mayoría– muy casuales en el vestir. Usan ‘leggins’ y sudaderas a diario. No obstante, ya con lo de los pijamas se pasaron.

En definitiva es algo cultural, porque confieso que a veces no puedo entender el pensamiento de salir a la calle así. En especial porque en Europa y Latinoamérica este comportamiento no es común, como lo es en EE.UU.

Quedé con una amiga estadounidense en ir a tomarnos unos tragos y picar algo de comer. Nada elegante, algo casual. Llegué a recogerla y me increpó un poco molesta “no me dijiste que te ibas a vestir de forma elegante”. “No estoy elegante. A qué te refieres”, le pregunté sorprendida. Llevaba unos mahones, unas sandalias ‘flat’ y una camisa casual. “Si estuviera elegante llevaría tacones puestos”, añadí. “¿Cómo? ¡Pero si estás maquillada y todo!”. “¡Por supuesto! Nunca salgo de mi casa, y menos a janguiar, sin maquillarme”. Mi amiga no entendía. Y yo tampoco.

Porque esa es otra, son casuales en el vestir y en el arreglo personal.

Quedé patidifusa el día de la graduación de PreKinder de mi nene cuando vi las familias en pantalones cortos, camisetas, chanclas mete dedos y demás. Nosotros no estábamos bótate, pero sí teníamos camisas de vestir, vestido, tacones, bemba colorá y toda la producción de costumbre. Entonces salió la principal de la escuelita a darnos la bienvenida. Ms Amber llevaba puesto un vestido muy casual y, como decía mi abuelo QEPD, tenía la cara lavada. Los dos niños boricuas del salón, uno llevaba guayabera de hilo y pantalones de vestir (el mío) y el otro lucía un traje nuevo de chaqueta, pantalón y corbata.

Ah, claro, los que somos diferentes somos nosotros.

Porque eso de la ‘cara lavada’ no era aceptable en mi casa. En innumerables ocasiones escuché a mi abuelo decir: “Nena, por lo menos pásate una mota por esa cara y ¡péinate!”. Y ya estaba cansada de escuchar a mi abuelita decir que siempre hay llevar ropa interior limpia –que incluía medias sin hoyitos– por si tienes un accidente. O lo de ir al médico muy bien vestido, porque nunca sabes… Eso de salir a la calle con ropa que parece que estabas limpiando la casa era inaceptable e inaudito. Como lo es ahora para mí salir sin corrector, polvo y labial.

Por eso ahora en vez de tratar de entender, acepto que ni mi familia ni yo somos así. Que somos boricuas de pura cepa. Que prefiero estar emperifollá, pecar de estar más elegante de la cuenta, y de que me tilden de “antes muerta que sencilla”.

Y por supuesto, tenemos clarísimo que nunca iremos a ningún sitio en pijama… excepto el crío al ‘Pijama Day’ de su escuela, por supuesto.

Un gobierno sin compasión

Por Félix Córdova Iturregui

Especial para CLARIDAD

Teresita Fuentes, Secretaria de Hacienda, renunció el 25 de enero de 2019 después de ocupar el puesto apenas unos meses. La carta enviada al gobernador es realmente sorprendente. Le expresa que no está a tono con la política del gobierno y después de citar a Roberto Clemente le indica que su mayor deseo es ver un gobierno que tenga compasión, con una política prudente y cuidadosa, con amor al prójimo y amor patrio. El listado de términos escogidos para despedirse del gobierno es muy revelador: compasión, prudencia, cuidado, amor al prójimo y amor al país. Si su mayor deseo es ver un gobierno con estas cualidades, lo que indica es que el gobierno que abandona no las tiene. A esto se añade la cita de Clemente que trae al recuerdo un hombre que dio su vida por ayudar al prójimo.

¿Cuál fue la reacción de Ricardo Rosselló? De inmediato decidió enviar a Raúl Maldonado otra vez a la silla del Departamento de Hacienda. Ni tan siquiera se molestó por proyectar un gesto de reflexión. No, actuó como si pisara el acelerador. Raúl Maldonado vio cómo se arremolinaron varios sombreros en su cabeza: Secretario de la Gobernación, Secretario de Hacienda, Principal Oficial Financiero, y Director de OPG. Teresita Fuentes, a su vez, dejó el puesto en una coyuntura crucial: 1) en el proceso de concluir los estados financieros auditados del gobierno, de los años 2016, 2017, y 2018; 2) cuando el gobierno insistía en su pedido a las autoridades federales para que liberaran los fondos asignados; 3) en el momento de poner en función la llamada reforma contributiva; 4)en el proceso de aprobar un nuevo código de incentivos; 5) en el contexto de la preparación del presupuesto del próximo año fiscal. ¿Por qué una persona identificada con la política del gobierno y en circunstancias tan complejas abandonó su puesto?

Antes de abrir el espacio para una posible contestación a esa pregunta, debemos hacer otra: ¿quién es Teresita Fuentes? La interrogación es necesaria porque una Secretaria de Hacienda, o un Secretario, no es una persona que uno tienda a vincular con la compasión, el amor al prójimo o el amor patrio. Teresita Fuentes tuvo una larga carrera muy exitosa como socia de Ernst & Young, una conocida firma que actualmente tiene importantes vínculos contractuales con la Junta de Control Fiscal. Además, ocupó un importante puesto en Hacienda bajo el gobierno de Pedro Rosselló entre 1993-1996. Cuando Luis Fortuño ganó las elecciones de noviembre de 2008, ese mismo mes, antes de comenzar a gobernar nombró el Consejo Asesor de Reconstrucción Económica y Fiscal, conocido como el CAREF. Teresita Fuentes fue una de las personas escogidas para formar parte de ese cuerpo, presidido por Richard Carrión. Otro miembro del CAREF fue Rodolfo Colberg, Socio Administrador de Ernst & Young. El CAREF tuvo una destacada participación en el proceso de elaborar la política del gobierno de Luis Fortuño: la Ley 7, con decenas de miles de despidos, la política de privatizaciones y de Alianzas Público Privadas, la consolidación de agencias, el dejar sin efecto los convenios, etc. En resumen, Teresita Fuentes participó en la formulación de una política que prefiguró en muchos aspectos la política del actual gobierno. ¿Por qué entonces ahora se retira hablando de compasión?

Si esta distinguida contable se quita de un puesto por falta de compasión en el gobierno, después de esa trayectoria política, algo tenebroso debió haber observado. En el mismo proceso en que el gobernador recibió la renuncia, que se hizo pública, y que la Junta de Control Fiscal aprobó su decisión de nombrar otra vez al Principal Oficial Financiero como Secretario de Hacienda, salió a relucir la madeja de contratos millonarios vinculados con el hijo de Raúl Maldonado, en múltiples agencias del gobierno. Este escándalo, de enormes proporciones, no hizo titubear al gobernador en su apoyo a Maldonado. La política de austeridad, desde hace décadas, esgrimida para salvar el país, ha dejado ver otra vez su verdadero rostro. Ni el gobierno ni la Junta reaccionan ante la organización del despojo de fondos públicos y el asalto a los recursos del estado. Teresita Fuentes se escandalizó ante los contratos otorgados por su viejo amigo, Raúl Maldonado, a empresas como Virtus, Optima Consulting, OGP Technology, y al tejido complejo de otras empresas que subcontrataban a su hijo: como Integrity y Centurion Consulting. La fórmula neoliberal seguida por el gobierno y la Junta funciona con precisión: mientras unos pocos hacen festivales de contratos y se enriquecen, la mayoría sufre y se empobrece. La llamada eficiencia de la empresa privada consiste en el acomodo político para llegar hasta el dinero del estado. Hacienda es el lugar perfecto para este despojo. Pero este es un mundo, ciertamente, ajeno a la compasión.

Mientras tanto, el país lleva largos meses escuchando un inacabable relato de la angustia. No bastó la dolorosa incertidumbre sobre la abultada cifra de muertes a causa del tenebroso huracán de septiembre 21 de 2017. Una vez pasada la violencia de la tempestad, la muerte sigue revolcando la tragedia debido a la incapacidad del gobierno, que no es otra cosa que falta de voluntad, falta de interés. Si en los pasados meses el Negociado de Ciencias Forenses, por escasez de recursos y por su desorganización gerencial, no ha podido evitar la acumulación de cadáveres, de la manera más inesperada se ha hecho visible un aspecto siniestro de la crisis económica y política. Los familiares en protesta colectiva han tenido que manifestarse con doloroso coraje frente al edificio que retiene los cuerpos de sus seres queridos. Han pronunciado la palabra que describe al gobierno: la insensibilidad. No usaron el término compasión, porque están en el lado de los que sufren.

¿Quién hubiera imaginado un piquete de esta naturaleza en el pasado? No para luchar por una conquista laboral o para defenderla, no para ampliar un derecho político, sino para pedir con el pecho acongojado la devolución de un cadáver para darle la sepultura con amor y respeto. El caso de los cuerpos amontonados y de los familiares lastimados es dramático. No hay duda. Pero no es el único. ¿Quién puede olvidar las decenas de madres y padres, hasta de niños muy pequeños, exigiendo explicaciones sobre el cierre de sus escuelas? Allí también se expresó la misma actitud que en el Negociado de Ciencias Forenses: la insensibilidad. Estamos ante los frutos de la política que se expresa con el viejo enunciado de Pedro Rosselló: que el mercado decida. El fundamentalismo de mercado, ayer del padre y hoy del hijo, genera riquezas para un grupo cada vez más reducido y propaga pobreza para la mayoría de la sociedad. Si el mercado, en cualquier sociedad del mundo, abandonado a la pureza de su dinámica, polariza la riqueza, en la situación colonial de Puerto Rico, se convierte en una máquina implacable de subordinación y de crueldad.

El término insensibilidad, expresado reiteradamente por familiares, padres, madres y niños, no es casual. Recoge con precisión la maduración de una política que se ha descrito como neoliberal: dejar que el mercado funcione con la más amplia libertad para garantizar la reproducción de los intereses empresariales. ¿Cómo puede pensarse que la condición colonial, en tiempos de los grandes espectáculos globales, se puede resolver con esta política que pone simultáneamente sobre el escenario el escándalo y la miseria?

La distraída firma deBorges

“Quien a buen árbol se acerca buena sombra lo cobija”, advierte un sabio refrán popular. Hoy, más que nunca, este decir cobra renovada vigencia. En estos tiempos de redes sociales y vertiginosa difusión es INDISPENSABLE compartir con el orbe entero cualquier cercanía, contacto o mera coincidencia en el espacio-tiempo que uno haya tenido con alguna celebridad o persona eminente. De esa savia chupará nuestro frágil ego para sobrevivir al escrutinio del monstruoso ojo que nunca duerme. Porque entre esas redes se debate nuestra existencia virtual, como sardina en atarraya. Hoy me toca a mí farolear, alardeando de un encuentro cercano que tuve con Jorge Luis Borges, ¡nada menos!

Corría el año 1969 y era yo un joven estudiante de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Columbia, Nueva York. En pleno auge de contracultura hippie y manifestaciones contra la guerra de Vietnam, Borges y otros notables habían sido invitados a participar en un panel de sesudas conferencias. Después de dictar la suya, alguien del público le gritó improperios por haber aceptado una medalla del dictador augusto Pinochet y lo amenazó con pegarle un ladrillazo en la cabeza si se lo encontraba por la calle. El incidente hizo que Borges se retirara discretamente, dando por terminado el encuentro. Yo llevaba conmigo un ejemplar de su Historia Universal de la Infamia y todo parecía indicar que, al cancelarse la sesión, se quedaría sin dedicatoria.

Masticando mi frustración encaminé mis pasos hacia el West End Bar con intención de tomarme unas cervezas, pero antes sentí necesidad de ir al baño. Apenas me había posicionado yo frente a uno de los orinales cuando veo llegar al mismísimo Borges, ayudado por el Decano de Estudios Graduados que lo guiaba sosteniéndolo del brazo.

Inmediatamente guardé lo mío y me subí la cremallera. Con el corazón saltándome de alegría, esperé con mi ejemplar de Historia Universal de la Infamia en la mano a que cesara el menguado y vacilante chorro del gran escritor para pedirle su firma. Pero pudo más mi juvenil impaciencia. Aun antes de que Borges hubiera acabado del todo ya estaba yo poniéndole el libro abierto frente a los ojos ciegos.

–¿Me lo hace único, Maestro?– imploré, recordando una frase que había visto en algún lado.

–Como no– murmuró Borges, divertido. Con mucho gusto. Deme un bolígrafo y se lo firmo.

Busqué y rebusqué desesperado entre mis cosas pero no encontré ni bolígrafo ni pluma fuente ni nada para escribir. Tampoco el Decano tenía uno –mucho menos Borges, que ya hacía años que dictaba en voz alta sus escritos. Entonces, haciendo gala del humor que lo caracterizaba, me ofreció una curiosa alternativa:

–Si quiere se lo meo…

No dudé ni un instante:

–Para mí sería un honor, Maestro.

Borges sacudió distraídamente y unas pocas gotas cayeron sobre el papel.

Pasados los años su rastro amarillea pero aun sigue visible. El valor de este ejemplar único es ya incalculable, acrecentándose cuanto más “vintage” se pone. Algún día llegará a superar, inclusive, al tan afamado chicle de Britney Spears, estoy seguro. Munido de una prueba de ADN que certifique la autenticidad de las gotas, me propongo llevarlo a una subasta de Sothesby’s. Cuando lo haga seré famosillo yo también, salpicado por la grandeza de este genio de la literatura universal.

Será otra cosa: Cáncer y fake news

Nos ha pasado alguna vez: la traumática experiencia de pedir una explicación médica, de compartir nuestras dudas y ansiedades con un doctor o doctora, y encontrar a un individuo hostil, o simplemente cansado, mortificado o torpe, que explica como mejor puede, y no puede mucho. En esos momentos pienso que habría que entrenar al personal médico en comunicación interpersonal, pero también pienso en la necesidad de incluir instrucción médica básica en nuestra educación, al menos los nombres de los huesos y los músculos, algunas nociones del funcionamiento del sistema inmunológico, qué es eso de sistema linfático, en dónde exactamente están el hígado, el vaso, el páncreas, los riñones, cómo funcionan los dichosos glóbulos blancos, qué es una infección… Qué mucho tiempo y energías se malgastan en la escuela, con tanta cosa útil que necesitamos aprender. En esos momentos siento que nos han privado de algo, nos han engañado. Cómo es que hemos llegado hasta aquí, tan ignorantes sobre nuestro propio cuerpo a pesar de los títulos y los muchos años de dedicación al conocimiento. Lo peor es cuando es cuestión de vida o muerte, cuando necesitamos tomar una decisión y de momento toda la inteligencia que ejercemos día a día se desvanece en un balbuceo bobalicón. No entiendo nada. Pero bueno, al menos nos queda la internet, y ya ven, hasta en eso hay que ir con cuidado.

Por otro lado, lo habrán notado, últimamente la profesión médica también está pegada a la red, ya sea a su vieja computadora, su ipad o su teléfono (ya sea en formato común o a lo Dick Tracy), lo que provoca algunos malos entendidos y miradas estrábicas que aportan poco a la serenidad del paciente (¡y a la del doctor!). A mí me enternecen estos esfuerzos por modernizarse, pero echo de menos, sobre todo en momentos críticos, la mirada compasiva. Ya sé que lo hacen por exigencias de los planes médicos, que tienen muchos pacientes esperando fuera, pero, en algunos casos, quisiera que se tomaran un momento, me engañaran y me convencieran de que de veras les importa mi bienestar.

Es significativo que, según estudios de varias instituciones sanitarias europeas, quienes buscan información sobre su salud acudan cada vez más a googlear y navegar en la red que a consultar a su médico de cabecera. En el caso de Puerto Rico, ya ven, no debe sorprendernos, si consideramos el costo de los planes médicos, la carencia de días por enfermedad en muchos de los contratos y las dificultades para hacer una cita médica, factores que desalientan una relación saludable entre pacientes y “proveedores” de salud. Es más fácil –y pensamos que más seguro– consultar las autoridades en la pantallita del teléfono. Al menos eso creemos.

El problema es que hay mucho paquete rondando por ahí. Es tan alarmante la situación que (según he averiguado de pasada en internet, precisamente) la sociedad médica internacional ha preparado páginas de rectificación científica desde sus centros de investigación, como por ejemplo saludsinbulos.com y tumoremaeveroche.it, manejadas por profesionales de la medicina española e italiana, respectivamente. Sospecho que debe haber muchas más, y detengo mi búsqueda antes de caer en uno de esos hoyos negros de la red plagados de noticias y datos tan supuestamente contundentes como alarmantes.

Los puertorriqueños exploramos páginas en inglés y en español, sobre todo las de centros médicos que podrían estar a nuestro alcance (si es que tenemos seguro médico), según la localización de familiares y amigos de la diáspora. En español, además de las versiones traducidas de muchas de esas mismas páginas, les podemos echar un vistazo a páginas españolas, mexicanas, colombianas, etc. No sé si esto sea una ventaja o una sobrecarga informativa perjudicial para nuestra salud mental. Ya los doctores se están quejando, siempre en guardia contra las páginas médicas equivalentes al rincondelvago.com, preparadas por individuos irresponsables, posiblemente buenas almas que pretenden ayudar al prójimo y a la prójima con su excelsa sabiduría y su exceso de iniciativa. Muchos de sus pacientes, antes de llegar a la oficina, buscan información en internet y los bombardean (así parecen percibirlo algunos) con preguntas (muchas veces las mismas preguntas) que ponen a prueba su paciencia (de la que carecen algunos de estos profesionales). No ayuda a las largas esperas en las salas de consulta, por supuesto.

Salud Sin Bulos (es decir, sin embustes), una iniciativa de la Asociación de Investigadores en Salud (AIES), es, según informa la prensa, “un observatorio que nació de una inquietud al detectar sus integrantes que la respuesta a los engaños de salud por parte de organismos científicos se producía solo en algunas ocasiones y muy tarde.” Intentan rectificar, pues, la desinformación provocada, ahora a mayor velocidad debido al fácil acceso de buena parte de la población a la internet, y dan como ejemplo un bulo que todavía está haciendo de las suyas: la falsa noticia propagada por un presentador de televisión de que las vacunas producían autismo.

Sucede, sin embargo, que es en el ámbito del cáncer donde se producen más fake news, y ha llegado al punto de que Salud Sin Bulos y la Asociación Española contra el Cáncer firmaron un convenio de colaboración para combatirlas. Creo que es provechoso que cite lo siguiente, para beneficio de las desorientadas:

“Los engaños sobre este tema son frecuentes: que el sujetador con aros aumenta el riesgo de cáncer, que los móviles lo provocan o que calentar comidas y bebidas en recipientes de plástico está tras la causa de hasta 52 tipos de enfermedad. Asimismo, existen falsas creencias sobre el componente emocional, de forma que algunos bulos defienden que una actitud positiva o negativa puede determinar las posibilidades de curación de un cáncer, algo que han aprovechado algunos gurús para enriquecerse.”

Estos profesionales de la salud, entre médicos y comunicadores que componen el equipo, se encargan de difundir las correcciones de los disparates que pululan en la red, analizan titulares alarmistas sobre salud así como los argumentos pseudo científicos viralizados por la internet.

En Puerto Rico, con parecido propósito, ha estado publicando sus columnas sobre salud (primero en Claridad y luego en El Nuevo Día, valga apuntar) el Dr. Fernando Cabanillas, director del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo, y hace poco acaba de editar una colección de ellas bajo el título Consejos de cabecera. Prevenir y tratar: alimentos y vitaminas contra el cáncer. Cúrcuma, Guanábana, Ajo, Probióticos, Vitamina D, Moringa, Cannabis… Las ganancias del libro están destinadas a apoyar a los pacientes del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo en el pago de costos no cubiertos por los planes de salud, y se consigue en las principales librerías del país y en la farmacia del hospital. El libro ofrece explicaciones sencillas que además nos aleccionan sobre la complejidad y lo fascinante de la ciencia curativa. Da cuenta de fake news, fraudes médicos y faltas de supervisión como para poner los pelos de punta. Denuncia estas prácticas, sobre toda la de la mal llamada “medicina alternativa”, y, en todo caso, aboga por los probióticos y el vino tinto. Sus denuncias además rebasan el ámbito exclusivamente médico, como hace con “Las cenizas tóxicas de Peñuelas” y la curiosa historia de la bacteria Wolbachia y los mosquitos, “¿Una infección venérea contra el dengue?”, artículos cuyos importantísimos planteamientos, fundamentados en datos científicos, bien merecen la pena atender.

La sobreinformación y la ansiedad nos pueden llevar a la perplejidad y el terror. Como Cabanillas, soy escéptica y necesito pruebas, pero soy, como toda hija de vecina, susceptible a las advertencias, amenazas y consejos que andan por ahí. Necesito certezas para algo que sigue siendo un misterio. Me declaro navegante de internet, y muchas dudas las resuelvo con una búsqueda disciplinada de páginas que supongo autorizadas (medlineplus.gov, cancer.net, cancer.org, mayoclinic.org, entre otras) pero el libro de Cabanillas tiene un efecto cercano y familiar en mí, como si a alguien le importara mi bienestar, como parte de un país que también padece graves enfermedades. Deja la impresión de que hay no sólo un contingente de científicos en un afán constante por encontrar remedios a todos nuestros males, sino también un grupo de gente compasiva, preocupada por la salud de un país muy maltratado, que busca soluciones. Y esto, a veces, nos tranquiliza de una forma que ningún portal cibernético y lejano podría.

Una versión más amplia de este escrito se publicó en 80grados el 7 de diciembre de 2018 bajo el título “Cáncer, fake news y un libro reparador”.

Textos de José Liboy

El asunto de las sagas

El asunto de ls sagas es otra cosa que me da qué pensar. Para los historiadores ingleses, el escritor de sagas no se ocupa de la política. Los asuntos de sangre y familia son más importantes que los asuntos legales. Una saga le da más importancia al matrimonio de la hermana de un heredero que ha nacido por inseminación, como Amadis de Gaula, con la participación de una madre que no es la biológica y que para el autor de una saga tiene estatura sobrenatural. Eso para mí es lo más importante de las sagas, aunque para el inglés tenga menos importancia. Claro, esa es mi herencia educativa y la traigo desde la escuela superior. Mi escuela estaba muy orientada hacia la biología y por eso siempre nos contaron historias con ese marco de referencia biológico. Lo noto ahora que comparo el Amadís de Gaula, que era la mía, con Tirante el Blanco, que era la novela preferida de mi profesora en la Universidad. La del catalán era una novela de estrategia, como las Amistades Peligrosas, y las que yo acostumbraba leer eran biológicas. Por eso lo que me atrajo de la saga y que me hace pensar en la tragedia de Islandia es el problema familiar. Los textos que tengo a la mano es verdad que son bastante complicados, pero en lo esencial se puede ver el problema familiar. Lo escribe ahora para tenerlo presente. Espero que les agrade a los seguidores del blog.

Sobre crónicas inglesas

He leído un ensayo sobre la forma en que los abogados ingleses leen la famosa crónica de Geoffrey de Monmouth. Es un texto más enrevesado el que leen los abogados. Los estudiantes de literatura simplemente conocemos la historia del obispo romano moderadamente probritánico que resulta asesinado por sus llamadas a la moderación y al respeto a las leyes. Leemos un texto mucho más sencillo. Yo recuerdo que era como una crónica de Fernandez Juncos de las nuestras, en un estilo directo y nada adornado. Misteriosamente, ha aparecido entre mis papeles el texto adornado que leen los abogados. Geoffrey es un recuerdo que tengo del curso del Rey Arturo que nos diera la profesora Rowley, quien fue la maestra que me interesó en la idea de tener una dirección electronica. Yo no tenia una hasta que ella me lo sugiere. Sin embargo, el texto de Goeffrey que ella nos dio no hablaba de Arturo, hablaba solamente del obispo romano. En una revista del periodo de la regente Isabel, que era hija de una agente alemana, Ana Bolena, y un rey inglés, Enrique VIII, que tuvo más de una esposa, se habla de las revisiones de la Edad Media que hacían los abogados. Sin embargo, la impresión que me da el ciclo del Rey Arturo es que se trata de una literatura nueva y tardía, como la de Fernandez Juncos. El abogado Ross revisó a Geoffrey, según dice el artículo de la revista que tengo a la mano. De esa clase de literatura, el asunto del asesinato del religioso fue el que me parecía más relevante porque explica obras americanas, como Murder in the Cathedral de T.S. Elliot, que habla también del asesinato del otro religioso que se llamaba Beckett.

Sociedades secretas y sociedades anónimas

Las sociedades secretas siempre han sido un tema fascinante y desconocido para mí. López Dzur dice algo sobre ellas en sus libros de historia de San Sebastián, y para Muñoz Rivera son cosa prohibida, que en sus cartas al Directorio del Partido Autonomista comenta sin ocultar que el asunto lo atrae. En una biografía de Mao que leía de niño, se habla de la Sociedad del Loto Blanco, que llevaba al poder a una inmensidad de personas contra el Emperador chino. Algunas las fundaban los desgraciados y los visionarios. Se parecían a los sindicatos de hoy en día, pero eran mucho más pintorescas que las organizaciones obreras porque las integraban campesinos. La verdad es que sé muy poco del asunto y a veces parece un tema poco serio políticamente.

Me resultan más familiares las organizaciones financieras. Puedo entender lo que es el mercado de bonos y lo que es un cierre, como en 1940 cuando el hijo de Muñoz Rivera cerró el mercado de bonos de la Central Soller. Medida que protestó la secretaria del abogado que Muñoz Marín contrató para terminar con las operaciones de la central. La carta de esa señora es famosa en el mundo de los nacionalistas puertorriqueños y la historiadora Acosta la consigna en su libro de historia sobre el Partido Nacionalista. Me da la impresión de que el hijo de Muñoz Rivera no obraba de mala fe cuando le pone límites a la especulación con las inversiones de los independentistas.

Los visionarios o llamados illuminati son casi siempre conservadores en materia religiosa y social. Este cierre, que en 1940 le puso límites a la economía, es típico de un tipo visionario. Hoy los cierres son medidas conservadoras, no hay duda de que se llevan a cabo para ponerle coto a los inversionistas. La ley 121 la aplauden muchos porque efectivamente es un cierre. No está claro si en efecto se hace para ponerle fin a la servidumbre de muchas mujeres, o si por el contrario, favorece el coloniaje. Eso es algo que la posteridad tendrá que juzgar.