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Chiqui Vicioso: Julia en el Caribe, el Caribe en nosotras

El texto contiene dos entrevistas a dos personalidades cumbres de la República Dominicana: Juan Bosch y Juan Isidro Jimenes Grullón. Ambos hablan sobre Julia. Coincidieron en La Habana. Son entonces par de documentos que ayudan enormemente a comprender el contexto histórico de momentos cruciales en la vida de la escritora puertorriqueña.

0. La escritora Chiqui Vicioso estuvo recientemente en la isla para presentar Julia de Burgos en Santo Domingo. Se trata de un libro en el que la autora continúa su afán de dar a conocer a la poeta puertorriqueña al pueblo dominicano y, por supuesto, en el nuestro. Además es un modo de mantener vivo el vínculo histórico entre las dos islas.

El texto contiene dos entrevistas a dos personalidades cumbres de la República Dominicana: Juan Bosch y Juan Isidro Jimenes Grullón. Ambos hablan sobre Julia. Coincidieron en La Habana. Son entonces par de documentos que ayudan enormemente a comprender el contexto histórico de momentos cruciales en la vida de la escritora puertorriqueña.

El libro cuenta además con una reproducción de la obra gráfica de Alí Francis García exhibida durante la celebración del Centenario de Julia de Burgos en Santo Domingo, así como una galería de fotos y una recopilación bibliográfica de artículos periodísticos.

1. Mientas Vicioso estudiaba en New York escuchó por vez primera el nombre de Julia de Burgos gracias a un poeta puertorriqueño. Luego de la curiosidad inicial por la mayor poeta de Puerto Rico, la escritora dominicana se convirtió en una estudiosa de la vida y obra de aquella mujer caribeña, “un ser determinado y radical como evidencian sus escritos políticos, y su poesía”.

Durante nuestra conversación la escritora demostró un conocimiento detallado de la historia del nacionalismo puertorriqueño y, por supuesto, una gran admiración y respeto por los escritores del país, sobre todo a Julia. Le parece irrespetuoso que se halla biografiado a la poeta a partir de publicar rumores o un increíble “dicen las malas lenguas”. 

Destaca además el vínculo emocional estrecho de Julia con la República Dominicana, a pesar de que nunca estuvo allí: “Julia era estudiosa, lectora voraz, excelente ensayista para Pueblos Hispanos y siempre estuvo al tanto de nuestra historia. Combatió con su voz y su escritura las dictaduras. La de Somoza en Nicaragua, pero más que nada, sobre todo, dejó ese formidable poema contra el tirano Trujillo que ningún poeta, ni siquiera Aida Cartagena Portalatín. Himno de sangre a TrujilloEs un poema de una fuerza avasalladora. Ahora que hay un nieto del dictador dando vueltas por aquí (estuvo recabando apoyo en Puerto Rico) habría que rescatar ese poema, publicarlo y distribuirlo en masa en Santo Domingo y en San Juan”.

2. Que ni muerto las rosas te sostengan,

General de la muerte, para ti la impiedad.

Que la sangre te siga, general de la muerte,

hasta el hongo, hasta el hueso, hasta el breve gusano

condenado a tu estiércol

General Rafael, Trujillo General,

que tu nombre sea un eco eterno de cadáveres

rodando entre ti mismo, sin piedad, persiguiéndote:

que los lirios se tapen sus ojos de tus ojos,

vivo y muerto por siempre;

que las flores no quieran germinar en tus huesos,

ni la tierra te albergue,

que nada te sostenga, general, que tus muertos

te despueblen la vida y tú mismo te entierres.

(Himno de sangre a Trujillo, fragmento)

3. Para Chiqui Vicioso es necesario insistir en el rasgo político de la vida y obra de la poeta. “Ahora que hay ese proyecto de convertir al Caribe, y a Puerto Rico, por supuesto, en un basurero tecnológico, tóxico; ahora que desde esta isla hay una terrible emigración de sus jóvenes y de los que reciben educación superior; por esa avanzada contra la Universidad de Puerto Rico, que es con el propósito de reducir al mínimo la posibilidad de formar a una juventud pensante, crítica y combativa, rescatar a figuras como Julia de Burgos es imperativo para mantener viva la puertorriqueñidad. Pero la puertorriqueñidad integrada al imaginario del Caribe, como lo pensaba Betances, hijo de un dominicano, como lo pensaba Hostos, un puertorriqueño universal, y como lo vivía Julia. En ese imaginario del Caribe la mujer es central. De hecho, ya en el siglo XIX Hostos señalaba la necesidad de la educación integral de la mujer y tendríamos que repetirlo, estudiarlo, y volver a mirar la vida y obra de tantas mujeres que han sido protagonistas de ese Caribe. 

“Hay varios discursos en los que Julia le da voz a esa necesidad de integrarse a la lucha por la independencia. Por ejemplo, el 24 de octubre de 1936, en el Ateneo Puertorriqueño, Julia da un discurso como Secretaria General del frente Unido Femenino Pro Convención Constituyente de la República de Puerto Rico. Dice allí que la organización de la mujer es una necesidad histórica. Sin la mujer no hay lucha, ni independencia ni nación. Y de nuevo, la libertad de Puerto Rico es la libertad de América. No hay una sin la otra”

“Hoy, es imperativo, aquí y en el mundo, abandonar la machocracia. La fuerza intelectual y la fuerza organizativa de la mujer ha sido sub-utilizada. las organizaciones deben contar con mujeres en posiciones de liderato. Las organizaciones políticas ¿por qué tan pocas son candidatas a dirigir? No hablo de mujeres burguesas, hablo de mujeres de izquierda. Pero hasta eso nos han robado. La derecha se asume como discurso natural, y se han robado hasta el concepto de nacionalismo. La izquierda tiene que hablar de la nación. De esa nación grande, que nos incluye a todas y a todos. No le podemos dejar la nación a la derecha porque nos divide”.

4. Chiqui Vicioso es una poeta con un profundo conocimiento de la historia y la política caribeña. Su postura militante en defensa de las organizaciones de mujeres y de la renovación de los discursos progresistas la lleva a flor de piel. Esta es apenas nuestra primera conversación. Pero esta incansable trabajadora de la cultura y de la fraternidad caribeña es parte de un proyecto que crecerá en las próximas semanas. Gracias, poeta, por la energía que llevas a donde vas. Sin duda Julia no ha encontrado mejor compañera en el Caribe.

TIAGO participa de importante proyecto internacional de arte público

“Durante los últimos años me he concentrado en crear proyectos de arte colectivos que se centran en temas sociales y giran en torno al concepto de la empatía y la solidaridad. Esta invitación vino en un momento en el cual me encuentro desplazado a causa del huracán pero trabajando profundamente por mantener el tema de Puerto Rico sobre la mesa”,

TIAGO (Richard Santiago) fue invitado a participar en la exhibición internacional de arte publico, New Monuments for New Cities.  Visitará cinco ciudades de Norte America durante el 2019. 

New Monuments for New Cities es el proyecto inaugural de la High Line Network Joint Initiative de Nueva York, una nueva colaboración entre proyectos de reutilización industrial en América del Norte. Las ciudades participantes son: 

• Buffalo Bayou, Houston, Texas; Febrero – Abril, 2019 • Waller Creek, Austin, Texas; Marzo – Mayo, 2019 • El 606, Chicago, Illinois; Mayo – Julio, 2019. • The Bentway, Toronto, Ontario; Mayo – Agosto, 2019. • The High Line, Nueva York, Nueva York; Septiembre – Octubre, 2019 

“Esto fue concebido el año pasado, durante la eliminación de los monumentos de la Confederación, y después de lo que ocurrió aquí en Nueva York con la comisión que evaluó los monumentos”, dijo Cecilia Alemani, quien es la directora y curadora principal de High Line Art. “Realmente sentí que había algo en el aire que valía la pena capturar”. 

El debate nacional sobre monumentos, placas y memoriales a menudo se ha centrado en figuras confederadas como John C. Calhoun y Robert E. Lee. A raíz de un violento mitin de blancos nacionalistas en Charlottesville, Virginia, decenas de monumentos fueron eliminados en los Estados Unidos. En Nueva York, el debate más acalorado fue sobre la estatua de Cristóbal Colón que se alza sobre Columbus Circle. Muchos pidieron su eliminación debido a la explotación y brutalidad de Colón hacia los pueblos indígenas, pero fue defendida por algunos estadounidenses de origen italiano como una parte importante de su patrimonio. “Hay tanta esperanza y optimismo en el proyecto de Friends of the High Line, de querer crear espacios verdes a partir de la nada o de algo que se suponía que debía ser demolido”, dijo la Sra. Alemani. “Y el arte es ahora un componente importante de esa experiencia. 

TIAGO es el unico artista puertorriqueño invitado a participar junto a artistas del calibre de Guerrilla Girls, Hans Haacke, Nicole Awai, y Judith Bernstein entre otros. “Durante los últimos años me he concentrado en crear proyectos de arte colectivos que se centran en temas sociales y giran en torno al concepto de la empatía y la solidaridad. Esta invitación vino en un momento en el cual me encuentro desplazado a causa del huracán pero trabajando profundamente por mantener el tema de Puerto Rico sobre la mesa”, explicó Tiago. 

El artista ha estado presentando diferentes formatos de su instalación The Frailty of Strength & viceversa desde mayo en diversos lugares de Estados Unidos que incluyen El Museo de Arte Contemporaneo de Chicago, Rutgers University, y Connecticut College. La misma trata sobre las 911 cremaciones por parte del gobierno de Puerto Rico luego del Huracan María. 

Sin embargo, para el proyecto del High Line Network, TIAGO se enfocó en el tema de la gentrificación. “Nuestro pueblo sufre actualmente un desplazamiento masivo con intención de genocidio a través de un proceso denominado ethnic cleansing. Creé el diseño, el cual es sencillo y minimalista, con la intención de manifestar la gentrificación que sufren nuestros hermanos boricuas de Chicago y la que está sufriendo Puerto Rico a gran escala”, expresó el artista. 

El temor de los Imperios

Cándida Cotto / Especial para En Rojo

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (SGM), los gobiernos de los países triunfantes, bajo el manto de luchadores por la “libertad”, todavía mantenían preciadas colonias, contra las cuales igual desataron una guerra contra sus movimientos libertadores. La colonia de Puerto Rico no fue la excepción, y fue el Movimiento Nacionalista liderado por el Maestro Pedro Albizu Campos, el que en nuestra isla protagonizó esa lucha emancipadora. 

En su segundo libro,  El temor de los Imperios, el joven historiador, Amílcar Tirado Aguilú, coloca a la lucha nacionalista en el contexto de otras colonias que ejercieron  luchas armadas  inmediatamente después de la SGM. El momento se supone era el propicio,  las acciones del Partido Nacionalista,    no fueron unas aisladas  respondieron al momento histórico que vivía el resto del mundo. 

“El  periodo es crucial porque ahí es  que nace la ONU y nace una esperanza de los distintos pueblos de obtener su libertad y Puerto Rico  es parte de eso.  Por ejemplo  Oscar Collazo en sus memorias él dice que cuando entró a la cárcel pensaba que era cuestión de tiempo para su liberación porque el ataque al Congreso iba a generar una conciencia que iba a generar un cambio en la ONU que no se dio”, expresa en entrevista Tirado Aguilú, sobre la tesis que presenta en su libro. 

El temor de los Imperios, cubre los años de la  post guerra  hasta el 1952 a 1954. Para combatir esos movimientos liberadores los imperios  se organizan  y Estados Unidos, no fue la excepción. Estados Unidos se organizó para reprimir a los nacionalistas por un lado, para crear una imagen del ELA (Estado Libre Asociado)  por otro a nivel Estados Unidos  y mundial que diera la impresión que la isla logró un nivel de autogobierno, de que es un milagro económico. Así que de hecho EE UU, su Departamento de Estado,  temió que las acciones nacionalistas en última instancia le pusiera un freno a los planes para con Puerto Rico.  

En su primer libro, Posicionamiento de una mentira, Cintrón Aguilú, examina el nacimiento del ELA  y los procesos de represión que se dieron en la década del ‘50 con la insurrección nacionalista. En la medida en que fue   sistematizando la información que surgía de los documentos oficiales del gobierno de Luis Muñoz Marín ésta se fue  volviendo mas compleja y fueron saliendo muchísimas temas que se quedaron algunos en el tintero de ahí nació  entonces este  segundo libro.  

Del  primero al segundo libro -comentó- le tomó siete años preparar el material, en particular por el examen de los informes de la Policía. Cada informe tiene  una síntesis de todos los cuarteles, por lo que  clasificarlos por temas, luego ver algunas tendencias en la vigilancia a los nacionalistas,  le tomó bastante tiempo,  hacer una correlación de lo que pasaba a nivel mundial, con lo que pasaba en EE UU y con lo que pasaba en la isla y por último   revisar la literatura para hacer otras  relaciones.  

Para el autor de las experiencias y luchas anti coloniales examinadas en el libro, es la de Argelia la que tiene algunos paralelismos políticos  con la nuestra. Esta se puede comparar con la existencia del  partido político Ulema, el cual  buscaba un rescate cultural, del idioma, el islam, pero en términos políticos era bastante tibio y de centro. Por el otro lado  estaba el Frente de Liberación Nacional que era un movimiento de lucha armada. Otras experiencias interesantes dijo, es por ejemplo Jomo Kenyatta y su lucha por lograr la liberación de Kenia, mientras tenía  tenia unas libertades en Inglaterra para dar sus discursos  por el contrario en Kenia se le reprimía. Igual  es interesante la lucha en Indonesia y cómo se da en un contexto de vacío de poder, en momentos en que los japoneses no habían salido, los holandeses tampoco todavía habían llegado,  coyuntura que aprovecharon  los indonesios   para adelantar su liberación. 

En el caso de nuestra lucha ambos coincidimos en reconocer que todavía es difícil para algunos abordar ese activismo de los nacionalistas, todavía hay un recelo a contar, “es obvio que estamos en una colonia que reprime con rudeza y obvio el trato fue atroz lo que vivieron en la cárcel”, expresa Cintrón Aguilú sobre los presos políticos nacionalistas.

“Ahora a mi me preocupa más la imagen que el gobierno y el orden político tal como lo tenemos ahora ha generado sobre los nacionalistas, una imagen distorsionada y cómo entonces también han  distorsionado esa lucha por la liberación y cómo también han sembrado el miedo y cómo ha habido un esfuerzo de muchos años a través de la prensa para crear esa impresión en la opinión pública”. 

El autor explica que, El temor de los imperios,  trabaja los logros del PN con el ataque al Congreso, cómo afectó al gobierno de Muñoz Marín  y cómo afectó a la política internacional de EE UU. “Llegue a ese periodo porque entiendo que hay un antes y un después, tengo muchísimos documento de finales de la década del ‘50 y principios del ‘60 pero obviamente una vez triunfa la Revolución Cubana la política estadounidense hacia Puerto Rico  cambia dentro del contexto caribeño hay otras dinámicas y se ve en los documentos del FBI”. 

Ese cambio y nuevo escenario, es lo prometido por Cintrón Aguilú en un tercer libro, quien a su vez invita a que la lectura de, El temor de los imperios,  sea una inspiración para  hacer otras lecturas y profundizar mas en ese periodo.  

Derecho a tener derechos

Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Esta es el aniversario de los 70 años de la Declaración de los Derechos Humanos, proclamada por la Organización de Naciones Unidas. Hoy, el problema no es que ése o aquel derecho no sea respetado. Es que la sociedad dominante y los gobiernos niegan a la mayoría de las personas, como expresaba la filósofa Hannah Arendt, hasta el derecho a tener derechos. 

Cada día, en el mundo, más de 4000 niños mueren por enfermedades debidas a la falta de acceso al agua potable. Millones de labradores sin tierra pasan hambre. Un millón 300 de personas no tienen trabajo. 60 millones de refugiados atraviesan mares y desiertos en busca de un lugar para vivir. En ese modo de organizar el mundo, no hay lugar para derechos humanos, ni derechos de la naturaleza y de la Tierra. Los seres vivos, las personas y la propia vida se convierten en mercancía. En la naturaleza, cada año, más de 15 mil especies vivas desaparecen, debido a nuestros modos de producción y de consumo predadores.

Para reaccionar a eso, movimientos sociales de todo el mundo se han unido para proponer otras formas de organización. Además de los foros sociales, encuentros continentales y de organizaciones de trabajadores, como también de pueblos indígenas y otros segmentos, esta semana, en Verona, Italia, se ensaya una propuesta nueva de diálogo y acción común que busca fortalecer una Alianza de la humanidad por la Vida. En diversos continentes, intelectuales y militantes sociales se organizan en lo que ha sido llamado “Ágora de los Habitantes de la Tierra”. (En el mundo antiguo, en las ciudades griegas, Ágora era el lugar de encuentro y decisiones democráticas).

El bien vivir juntos y la seguridad de la existencia son cuestiones colectivas, comunes y planetarias. A partir de las bases, se intenta garantizarlo. La fe en un plan divino para el mundo debería llevar a religiones e Iglesias a ser las primeras a interesarse por ese tipo de iniciativa. Para quien es cristiano, el término griego “católico” significa ser llamado a la universalidad, eso es, abierto a todo lo que es humano. Es un escándalo que Iglesias y religiones estén tan poco insertadas en ese camino.

En los evangelios, Jesús proclamó benditas de Dios (bienaventuradas) a las personas que, en cualquier religión, o fuera de ellas, vivan la simplicidad (pobreza de corazón), se consagren a la construcción de la paz, sean solidarios (misericordiosos) y vivan el hambre y sed de justicia (Mt 5, 1-12). Es lo que se busca en ese encuentro de la Ágora para crear bases nuevas y revolucionarias para una alianza de la humanidad por la Vida.

El autor es monge benedictino y ha escrito más de 40 libros

Vuela alto

Leo siempre estaba pendiente de lo que yo escribía y solía darme instrucciones e ideas para las historias que publicaba entonces en el semanario para el que trabajaba. Las ruedas de las camillas de funeraria, me decía, como quien no quiere la cosa, son como las de los hospitales. El ruido es el mismo que hace la cunita con ruedas de los recién nacidos –añadía, después de un corto silencio, con la misma expresión de no pasa nada que solía poner cuando decía cosas tremendas. También se parece a los carros con las bandejas de las comidas, rodando por los pasillos lustrosos de los hospitales, añadía, con tono siniestro, disfrutando mi estupor.

Sofía I. Cardona  /Especial para En Rojo

Al sentir su presencia, los pájaros se espantaban. Minutos antes de aparecer en el patio, sentíamos el aletear alocado de las palomas. Al poco tiempo, ella llegaba y nosotras lo celebrábamos: “Leo, has vuelto a sembrar terror en la plumífera población”, y lo cogíamos a relajo, “vamos a contratarte para que desalojes los balcones”. 

–Volvieron a escoger el sitio de los pájaros– nos reclamaba en tono acusatorio, porque siempre le dejábamos vacío el asiento más peligroso, el más cercano a los nidos.

–No nos dimos cuenta, te lo juro.

Y era verdad que no nos dábamos cuenta, aunque todas las vecinas conocíamos su horror cuando presentía a alguno de aquellos animales. Alguna vez le pregunté sobre el origen de esa fobia, pero me respondía que no tenía memoria de ningún incidente en particular, que siempre les había tenido manía. Al pasar los años esto fue cada vez menos importante, pero ahora que me dispongo a contar la historia de las cenizas, estoy segura de que debo comenzar por su aversión a los pájaros. 

Leo me contaba que era la menor de tres hermanos, uno de esos casos en que los padres, sin proponérselo, seleccionan una hija para que los cuide en la vejez. La súbita muerte de la madre, que gozaba de buena salud, pudo haberle asegurado su salida al mundo, pero aquello no pudo ser. El padre le sobrevivió varios años y no sólo agonizó dolorosamente, sino que además hizo todo lo posible por amargarle la existencia.

El señor había sido en su juventud un hombre dominante y enérgico. Hizo lo que le dio la gana y procuró controlar a quienes le rodeaban, pero por eso mismo era admirado. Es todo un hombre, un hombre decente, decía Leo que decían –y al decir eso hacía una mueca que me inquietaba. En algún momento decidió que no respondería nunca a la autoridad de nadie, así que abandonó su familia y se mudó lo más distante posible de todos ellos. Nunca tuvo trabajo estable, ni fue propietario de absolutamente nada. No puede reprochársele su escasa herencia, porque tampoco legó ninguna deuda. Jamás tomó prestado. Nunca hizo nada importante, ni bueno ni malo, nadie lo recordaba ni él recordaba a nadie, pero cuando se enfermó, regresó a la casa familiar meses antes de la muerte de la esposa abandonada y se instaló con todo su infortunio y su tristeza, a tiempo para derrumbarle a Leo sus planes de libertad. Los hermanos mayores ya se habían ido, y le tocó a ella cuidar al viejo patriarca. Y eso hizo hasta el día en que murió. Yo lo hubiera abandonado, pero nunca se lo dije a Leo, así que no viene al caso.

Uno de esos días raros, Leo llegó a casa exigiéndome que inventara un cuento sobre las ruedas de las camillas. Leo siempre estaba pendiente de lo que yo escribía y solía darme instrucciones e ideas para las historias que publicaba entonces en el semanario para el que trabajaba. Las ruedas de las camillas de funeraria, me decía, como quien no quiere la cosa, son como las de los hospitales. El ruido es el mismo que hace la cunita con ruedas de los recién nacidos –añadía, después de un corto silencio, con la misma expresión de no pasa nada que solía poner cuando decía cosas tremendas. También se parece a los carros con las bandejas de las comidas, rodando por los pasillos lustrosos de los hospitales, añadía, con tono siniestro, disfrutando mi estupor. Es el mismo ruido de los carritos de postres de los restaurantes. Qué raro, –me decía sin mirarme, y yo sentía un escalofrío al verla tan ensimismada– sobre esas ruedas puede venir la pena o la alegría. ¿Verdad que los carritos de postres son alegres? Haz algo con esto –insistía, sin cambiar su mirada entre malévola y traviesa, y yo le prometía usarlo en algún relato, a sabiendas de que ya la historia estaba hacía rato en su cabeza.

A su madre, después de incinerarla, se la devolvieron en una cajita 8 x 11. Leo, por supuesto, fue a casa a comunicarme su desconcierto. Cómo es posible, me preguntaba fríamente ante la taza de café, que mi madre esté tan compacta como este libro, me decía, blandiendo el volumen de la Historia de la literatura que tomaba de la mesa como si fuera una bandera, como este libro, repetía, y yo temía que Leo estuviera entrando en alguno de esos trances que ya le conocíamos, o que fuera a aparecer una paloma en la ventana.

Cuando llegó el momento, después de la muerte del padre, no quiso quedarse con las cenizas y se las entregó a uno de sus hermanos para que de una vez se llevara las dos cajitas en el equipaje de regreso. Quedaron en verse en Thanksgiving y hacer un viaje para disponer de los padres en un lago de New Hampshire.

Ella se mudó, nos dejamos de ver, y poco a poco fui olvidando toda esa historia, lo de las cenizas, sus frecuentes intervenciones en mi trabajo, pero no su fobia a los pájaros. Meses después me encontré a Leo en el supermercado. Había regresado a bregar con el apartamento de sus padres, que por fin ponían a la venta. Allí mismo, frente a una alta estiba de turrones y palitos de menta me contó el final de la historia, para que “hiciera algo con ella”, por supuesto. 

Con el mismo tono neutro de todos sus informes, Leo me relató lo que soy ahora mismo incapaz de reproducir con la misma gracia. Los tres hermanos llegaron a aquel paisaje idílico con las dos cajas de cenizas, como dos tomos de unas obras incompletas, tomaron sin permiso el bote de uno de los vecinos, porque confiaban que con el frío ninguna de las casitas del vecindario estaría ocupada. Llegaron hasta el medio del lago y allí, lejos de su país y de sus vidas, como si estuvieran dentro de una película gringa, abrieron las cajitas del padre y la madre de Leo para depositarlas en las calmadas aguas. Fue entonces que ella, al otro lado de la barca y de espaldas a sus hermanos, vio acercarse amenazadoramente los dos pájaros –patos, gansos, cisnes, ella no pudo distinguir– y pensó en huir. Ella jura que no se movió, de tan aterrada que estaba, pero algo se habrá movido en el bote para que los hermanos cayeran con todo y cenizas a las heladas aguas. Antes de que los hermanos lograran montarse de nuevo, pudo ver de cerca aquellas extrañas criaturas retozando felices entre las cenizas del padre y la madre, y para su sorpresa –me dijo con alegría demencial– esta vez no sintió miedo. 

Cuando concluyó su historia, Leo se fue sin despedirse, pero antes me volvió a echar una de aquellas miradas de reproche que solía darme cuando me quejaba de no encontrar historias para contar. Ahí tienes, me decían sus ojos, haz algo con eso. Y según se iba, sonaban las rueditas de su carrito de compras como las de las camillas de la morgue, las de las bandejas de postres y las cunas de los recién nacidos.

No me volví a encontrar a Leo y pasé mucho tiempo debatiéndome con esta historia de las cenizas y los pájaros, pero esta tarde me he enterado de que ha muerto –“vuela alto” han dicho, y a mí me ha dado gracia. Luego me ha dado pena, mucha. He sabido que ella también será dispersa en las aguas tranquilas de New Hampshire, y he escrito esto, en lo que se me ocurre una mejor historia que contar.