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El fin del anexionismo puertorriqueño: Lo que el viento (de María) se llevó

Especial para CLARIDAD

En 1941, cuando mi mamá fue al estreno de la película Lo que el viento se llevó en el cine Calimano de Guayama, cometió la torpeza de quitarse los zapatos en la oscuridad para estar más cómoda. Ya casi al final de la cinta, en la escena en que Rhett Butler le entrega el pañuelo a la lacrimosa Scarlett O’Hara, mi madre tanteó con sus pies el piso del teatro. No tardó en darse cuenta de que le habían robado los zapatos. Mi tía Lola, que era la cajera del cine, le reprochó el descuido, pero ni con las luces encendidas pudieron encontrarlos. Así, mi mamá tuvo que irse, bajo la lluvia y descalza, para Carioca, un barrio de gente pobre y negra en las orillas de Guayama. Pero, la imagen varonil de Clark Gable, anunciando su partida de Tara mientras refrenaba la insinceridad de Scarlett, fue algo que la conmovió para siempre. A ella y a todo Puerto Rico.

Años después, mi mamá seguiría contando la experiencia de esa noche, una y otra vez, pero dejando fuera el asunto de los zapatos. Efectivamente, la cinta Lo que el viento se llevó, influenció, como pocas cosas, la visión que la gente de Guayama y de Puerto Rico tuvieron de Estados Unidos por décadas y décadas. No sé por qué, pero en cuanto vi la devastación causada por el huracán María, volví a ver la película. Con ella se inmortalizaron los personajes de la petulante Scarlett y el oportunista Rhett. Voy a dejar de lado el tono racista de la historia, que romantiza el sur esclavista y, al final del día, condena la abolición de la esclavitud. También voy a dejar de lado el hecho, de que, en mi opinión, es una película medio insufrible. La escena conclusiva, marcada por el desencuentro final entre Scarlett y Rhett, es la única toma que se salva. Ante el desplome total del sur, Scarlett le ruega a Rhett que no la abandone. Con lágrimas en los ojos, doblegado su espíritu engreído por el peso brutal de la derrota militar de las fuerzas confederadas, ella le confiesa un amor falso al buscón de Rhett. Este, con la frialdad con que siempre había aceptado los hechos –trágicos o no– para adelantar su agenda personal, pronuncia la frase que justifica la estatuilla del Oscar: Frankly, my dear, I do not give a damn.

En lo que es casi una réplica de la escena final de Lo que el viento se llevó, el 3 de octubre de 2017 el zorro de Trump le dio tremendo plantón al gobernador anexionista de Puerto Rico. De muy poco sirvieron los ruegos, las lágrimas y adulaciones del mandatario colonial. Al igual que Rhett, el presidente de Estados Unidos es un narcisista consumado. Eso se le notaba en la cara todo el tiempo, durante su estadía en Puerto Rico. Ante esa escena de rebajamiento, no pude evitar pensar en el diálogo final de «Lo que el viento se llevó».

—“Solo sé que te quiero, Rhett”, dijo Scarlett en tono de ruego.

—“Esa es tu desdicha”, le dijo Rhett, y le extendió un pañuelo.

Cambie usted los personajes, y ahí está el gobernador de Puerto Rico frente Trump. “Te felicito, Rosselló. En un verdadero desastre habría muerto más gente”. Y como no tenía un pañuelo para darle, el presidente de Estados Unidos le extendió un rollo de papel sanitario.

Tras la escena final del melodrama entre Scarlett y Rhett, sin embargo, había algo más significativo que la relación enfermiza entre ellos. Era el momento en que, a ambos, desde perspectivas personales distintas, les tocaba decir adiós a todo un modo de vida, si se quiere a toda una civilización, que había sido trastocada por las tropas del norte. La esclavitud había llegado a su fin en Estados Unidos, cultural y económicamente. No había marcha atrás. El curso de los eventos puso fin, con la crueldad que siempre acompaña a las guerras, al mundo estable y fantasioso de Scarlett. No le quedaba a ella otro camino que el de aceptar la realidad. Y él, oportunista al fin, no veía manera de seguir manipulándola; al menos, sin comprometerse de veras. Por eso, aunque le ofrece el pañuelo, también le recuerda que ella, en momentos de crisis, nunca lo había necesitado. No se trataba pues de una relación de amor sincero, sino de una conexión de mutua conveniencia, narcisista a narcisista. ¡Ah, que muchas extrapolaciones podrían hacerse entre la conducta del gobernador colonial de Puerto Rico y Trump, durante la visita del 3 de octubre!

Desafortunadamente, las semejanzas entre el huracán María y la trama de Lo que el viento se llevó no se agotan con el conflicto de temperamentos entre los personajes principales. Aunque la creadora de la película, Margaret Mitchell, exagera hasta el extremo la destrucción de bienes personales causada por las tropas del general William T. Sherman en su marcha sobre Atlanta y Savannah, Georgia, la realidad es que este les dio un golpe mortal a las fuerzas productivas materiales del sur esclavista. Esa era su misión: destruir la base material del régimen de producción de algodón con mano de obra esclava. Personalmente, Sherman dibujó un mapa detallando dónde estaba las plantaciones más grandes, y ordenó que las quemaran hasta que no quedara ni una planta. “Quémenlas hasta la tierra misma”, les dijo a sus soldados. Las flamas de miles de acres de algodón encendido podían verse a kilómetros de distancia. Con el general Sherman, comienza la moderna teoría de la guerra total, de romperle el espinazo sin piedad al adversario.

Podría objetarse, con razón, que María fue un fenómeno atmosférico y no un general como Sherman, quien intencional y selectivamente destruyó las fuerzas productivas materiales del sur esclavista. Además de los cultivos de algodón, los militares del norte arrasaron con los puentes, las vías de ferrocarriles, los almacenes de algodón, las facilidades portuarias, las despalilladoras de algodón y los mercados de venta de negros de Georgia, Tennessee y Carolina del Sur. Todo lo que servía para producir materia prima sobre la base de la sujeción de esclavos se fue, no tanto con el viento, como con las flamas. Pero lo que es innegable es que, aunque María no procedió con discernimiento, escogiendo qué destruir, arrasó con la isla como si hubiera sido una guerra total. Voy a dejar de lado, momentáneamente, la terrible pérdida de vidas, bienes personales y sitios de valor cultural, provocadas por las ráfagas y lluvias de María. Quiero poner el énfasis en lo que Marx llamó las fuerzas productivas de la sociedad, o sea, todos los “instrumentos” con los cuales una sociedad produce.

Lo primero que hay que señalar es que, siguiendo a Marx, las fuerzas productivas de una sociedad no se limitan a los instrumentos y maquinarias que intervienen directamente en el proceso de producción y que, generalmente, están contenidos en las fábricas. De igual importancia, son los medios de transporte, las comunicaciones, los puertos, carreteras, etc. Es decir, todas las “condiciones generals” que hacen posible el que una sociedad produzca. Por eso, Sherman no solo quemó los sembradíos de Georgia, también les destruyó, como se ve en la película Lo que el viento se llevó, todo lo que garantizaba que el algodón despalillado llegara a los puertos para ser exportado. En el caso de nuestra isla, el ciclón tuvo un impacto similar: golpeó severamente todos los componentes generales de las fuerzas productivas de la sociedad puertorriqueña. Nos destruyó las carreteras, el sistema de lagos y acueductos, la producción de energía eléctrica, la red comunicaciones alámbricas e inalámbricas, el sistema de lagos y acueductos, los puentes y todo un conjunto de condiciones materiales, que, hasta la llegada de María, dábamos por sentado para lograr el funcionamiento de la economía.

Poco importa que esas fuerzas productivas hayan sido creadas en una isla sometida al dominio colonial de Estados Unidos y bajo relaciones capitalistas de producción. En ellas, materialmente, se plasmó el trabajo y sudor de la clase trabajadora puertorriqueña por décadas y décadas. Sí, podemos afirmar que antes de la llegada de María las “condiciones generales de producir” no funcionaban bien y presentaban problemas serios. Las calles estaban llenas de rotos, el sistema de teléfonos exhibía problemas graves, la producción de energía eléctrica necesitaba de reparaciones urgentes, en fin, lo que sea. Pero, en su conjunto, no dejaban de ser fuerzas productivas sociales, el legado material de la actividad creadora, aún bajo el colonialismo, de los trabajadores de Puerto Rico. Al momento de la llegada del ciclón, eran la base objetiva con que contábamos para mirar al futuro, especialmente en una época de crisis y cambios sociales como la que vivimos desde hace décadas. Todavía hoy, a pesar del golpe que han recibido por María, lastimadas como están, no han dejado de ser fuerzas productivas de vital importancia para el pueblo puertorriqueño. Poco importa que, en papel, sean propiedad ajena. En eso, la clase trabajadora del país, particularmente los sindicatos, han dado una lección enorme. Ni se habían calmado los vientos, cuando ya los trabajadores y trabajadoras de la energía eléctrica y las comunicaciones habían salido, arriesgando sus vidas, para rescatar lo que había que rescatar y reparar lo que había que reparar. ¡Alabanza a las manos que trabajan!

Es en el marco de lo anterior que debemos evaluar la conducta y las expresiones de Trump durante su visita a Puerto Rico. Yo no creo que el actual ocupante de la Casa Blanca sea un personaje tan precipitado que no piense en absoluto lo que dice. No, él lo piensa; pero por su personalidad prepotente y mentalidad racista, lo expresa sin que se activen los filtros lingüísticos de una persona mínimamente decente. ¿Qué le dijo Trump al gobernador de Puerto Rico? Pues, lo que este último ya sabía antes de la conferencia de prensa: que al gran capital financiero estadounidense no le interesa renovar las fuerzas productivas materiales destruidas por María. A lo sumo, invertirán en unas reparaciones mínimas. De lo que habló, sin miramientos algunos, fue de que el asunto de “salvar vidas” ya le estaba costando mucho al imperio. El gobernador de la isla, a pesar de su mentalidad sumisa y colonialista, no pudo decir ni una palabra. Tiene que haberse impresionado con la grosería del mandatario imperial, que, sin duda, deja chiquitos incluso a algunos de los inciviles del patio. El gobernador Roselló “lo dijo todo” con el silencio y con la cara de sandio que puso. “Ahí tienes un rollo de papel toalla para que te seques las lágrimas”, le dijo Trump.

Quizás lo más revelador de la conferencia de prensa que dio Trump el 3 de octubre de 2017, fue su referencia a que él había estado muchas veces en Puerto Rico. Efectivamente, durante la primera década del siglo XXI, el magnate de la banca y los bienes raíces vino a Puerto Rico una y otra vez a celebrar los eventos de “Miss Universo” y a sustraer fraudulentamente todo lo que podía. Ahí está, para mencionar tan solo una bribonada, la deuda que tiene con Puerto Rico por $34 millones de un campo de Golf que quebró, y que probablemente dedujo de sus planillas federales. ¿Y quién le dio entonces la mano para que viniera a la isla a robar? La misma burguesía puertorriqueña y, en particular, los anexionistas. Alguien debería buscar en los archivos del rotativo El Nuevo Día para que recordemos la cobertura que este medio de prensa burgués y colonialista hizo de las visitas de Trump a la isla en 2007 y 2008. En lugar de denunciar que este grosero capitalista estaba en Puerto Rico porque en Ciudad de Panamá la gente no quería verlo ni en pintura, por pillo y antiobrero, el gran periódico del anexionismo puertorriqueño, le consagró varias portadas en que elogiaban su “porte osado y su cabellera dorada”. Ni en la escena del gallinero de la película de Nino Manfredi, Pan y Chocolate, se despliega una adulación tan patética e indigna, como la que hicieron los editores de El Nuevo Día, a un viejo pícaro y bellaco, que lo que venía a Puerto Rico era a tasar mujeres como si fueran propiedades de bienes raíces. Parafraseando a Malcom X, el 3 de octubre de 2017 en San Juan, “el pollo regresó al gallinero”.

¿A qué vino, entonces, el presidente Trump a Puerto Rico? Pues a lo mismo que vinieron los representantes del National Bank of North America el 19 de agosto de 1899, en medio de la devastación del ciclón San Ciriaco. Vino a facilitarle un billete fácil a los bancos y especuladores de bienes raíces estadounidenses, a expensas del sufrimiento del pueblo puertorriqueño. La diferencia es que ahora nuestra isla no está solamente devastada material y socialmente como en el 1899, sino que sobre nuestras cabezas se mece, como si fuera la espada de Damocles, una deuda ficticia de $71 billones. Y la van a cobrar; disfrazada, por supuesto de “ayuda humanitaria”.

María le asestó un golpe mortal al anexionismo puertorriqueño. Los sueños y proclamas del gobernador colonial de convertir a Puerto Rico en un estado para 2020 se fueron con los vientos del huracán. El gran capital financiero estadounidense va a buscar el modo de cobrar la deuda, aunque le tenga que romper el espinazo a la debilitada economía de la colonia. A eso está decidido. Y si en 1899 se inventaron una deuda que no existía para asirse con la mayor parte de la riqueza nuestra, ¿qué podemos esperar ahora en que, precisamente, la clase dominante de Puerto Rico le ha facilitado, a precios de quemarropa, quedarse con todo?

En ese sentido, el anexionismo puertorriqueño ha llegado a su momento final. Mas de 119 años después de que un sector de la clase política de Puerto Rico celebrara apasionadamente la invasión por parte de Estados Unidos, luego de más de un siglo en que los anexionistas han suplicado de rodillas la transformación de la isla en un “estado provincial” de la nación imperial, les van endilgar un colonialismo más franco y grosero que el que hasta ahora habían tenido. ¿De qué cree usted que hablaron la comisionada residente, Jennifer González, y el presidente Trump, en la travesía por avión de Washington a Puerto Rico? ¿De la estadidad? ¡Bendito! Si a la pobre delegada del gobierno colonial de Puerto Rico en Washington probablemente le cobraron hasta los snacks que se comió en el Air Force One.

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Programa y tareas para la reconstrucción

Especial para CLARIDAD

En nuestros artículos anteriores sobre el impacto del huracán María hablamos sobre las lecciones del huracán y sobre algunas bases para la reconstrucción.[1] Ahora debemos resumir las ideas en un breve programa para la reconstrucción, tanto la reconstrucción planteada por el paso del huracán, ciertamente, como la reconstrucción que ya estaba planteada antes del paso del huracán.[2] Como indicamos, el huracán ha acentuado la triple crisis, de la deuda, económica y energética que ya vivíamos antes del 20-21 de septiembre, además de evidenciar los graves problemas de desigualdad (entre clases y también entre regiones). Nada garantiza que logremos lo que necesitamos, pero cuánto logremos dependerá, para empezar, de una formulación clara de lo que consideramos justo y adecuado. Este programa incluye:

1.    Énfasis inmediato en el rescate y estabilización inicial (provisión de agua, servicios médicos, transporte, combustible, etc.) en el interior de la isla, donde el impacto del huracán ha sido mayor por razones naturales (trayectoria del fenómeno) y sociales (más altos niveles de pobreza en estos municipios).

2.    Suspensión de todo bloqueo a la ayuda que pueda recibir Puerto Rico. Hemos escuchado denuncias (que no hemos podido confirmar) de que se impide la llegada de apoyos de Venezuela en particular, quizás de otros países también. Todo bloqueo de ayuda debe cesar. Puerto Rico necesita y debe recibir toda la ayuda solidaria disponible.

3.    Anulación y repudio de la deuda por razón de fuerza mayor, cambio significativo de situación y estado de necesidad. Es necesario completar una auditoría ciudadana de la deuda para determinar que parte es ilegal, inconstitucional o ilegítima.[3] Pero la propuesta de renegociación de la parte restante según las prioridades de proteger las pensiones, los servicios esenciales y los medios necesarios para la recuperación económica ahora debe ser remplazada por la propuesta de repudio y anulación de la deuda por razón de fuerza mayor, cambio de circunstancia y estado de necesidad.[4] El paso del huracán ha obligado a que la posibilidad de anulación se empiece a mencionar. El gobierno de Puerto Rico debe actuar ahora con la audacia y decisión que le faltó cuando debió reconocer que la deuda era insostenible (inicios de 2014, a más tardar) y cuando debió declarar una moratoria cuando al fin lo reconoció (junio de 2015). ¡Basta de sumisión y pasividad![5]

4.    Aportación federal significativa para la reconstrucción. El impacto del huracán ha abierto la discusión sobre una aportación federal a la reconstrucción (que habíamos planteado hace mucho). Se habla de cantidades que antes se decía eran imposibles ($7 a $10 mil millones, o cerca de $30 mil millones que FEMA distribuiría entre distintos estados y territorios), pero que son inadecuadas, en el caso de Puerto Rico. Si el Congreso puede aportar las cantidades que se han mencionado este o el próximo año, sin que ello le cause mayores crisis presupuestarias, debemos exigir un fondo de reconstrucción de al menos $5 mil millones anuales. Esto no es ni caridad, ni aumentar la dependencia. Debe verse como compensación y reparación por el impacto de una relación colonial, perpetuada por el Congreso, de cuyo impacto económico (pobreza, desempleo masivo permanente, sobre-endeudamiento, etc.) esa autoridad colonial es, por lo menos en parte, responsable.[6] Buena parte del producto del trabajo realizado en Puerto Rico ha salido años tras año de Puerto Rico. Ese ha sido el destino del país, que reiteradamente, luego de cada época de crecimiento se encuentra desposeído, descapitalizado y sin los medios para impulsar su desarrollo económico: esto es típico de la condición colonial.[7] Es hora de recuperar una parte de esa riqueza para nuestra reconstrucción. Como señala un reciente estudio del Center for Economic Policy: «There is a substantial case for federal aid to Puerto Rico as well as sufficient debt cancellation to allow for speedy economic recovery.»[8] De igual forma, hay que indicar que el desastre económico actual cuesta al pueblo trabajador de Estados Unidos, por vía de los fondos federales necesarios para mitigarlo: conviene, tanto al pueblo de Puerto Rico como al de Estados Unidos que se dote a la isla de una economía saludable y sustentable, que no necesite tales compensaciones por niveles de pobreza y desempleo. Existe el precedente del proyecto de ley para la descolonización del congresista Vito Marcantonio en 1936, que proveía para este tipo de compensación. En la actualidad puede tomarse como punto de partida (para ser mejorado y enmendado) el proyecto sometido por el senador Bernie Sanders en 2016 «Puerto Rico Humanitarian Relief and Reconstruction Act».[9] ¡Basta de rescatar a Wall Street y de abandonar a los pueblos a su suerte!

5.    Las propuestas anteriores suponen la revocación de PROMESA como marco estrecho, inadecuado e injusto para atender la crisis de la deuda. La ley no provee mecanismo alguno para la recuperación económica, como ha reconocido el presidente de la Junta de Control Fiscal creada por dicha ley. Tan solo provee para la aplicación de medidas de austeridad que son socialmente injustas y contraproducentes económicamente. El plan fiscal aprobado no preve crecimiento económico hasta 2024: otra década perdida para Puerto Rico. La aplicación de medidas de austeridad que antes eran injustas y contraproducentes sería, luego del paso del huracán, sencillamente criminal.

6.    No más medidas contra el pueblo trabajador y empobrecido. No podemos permitir que se use la emergencia actual o los trabajos de reconstrucción (como ocurrió en Nueva Orléans con el huracán Katrina) para imponer agendas de desplazamiento de comunidades (gentrificación o aburguesamiento), privatización (de escuelas, por ejemplo, con el modelo de las escuelas charter) o eliminación de protecciones y derechos laborales. ¡No más cierres de escuelas sin la participación activa e informada de las comunidades y los trabajadores y trabajadoras afectados!

7.    No hay que confundir, como sistemáticamente hacen las organizaciones patronales, productividad con explotación. Puerto Rico necesita más productividad, no más explotación de sus trabajadores y trabajadoras: necesita mayor participación laboral en el ingreso y la organización del trabajo y los servicios. Deben cesar las medidas anti-obreras y revertirse las que ya se han aprobado, empezando con la mezquina reforma laboral, que golpea brutalmente a los trabajadores y trabajadoras del sector privado. Sin estas acciones toda mención de «unidad de propósitos» ante la crisis es pura hipocresía que esconde las terribes desigualdades existentes y las políticas que las acentúan.

8.    No utilización de la crisis para imponder agendas patronales. Debe garantizarse que aquellas grandes empresas que cuentan con seguro por cese de operaciones pasen a los trabajadores y trabajadoras los beneficios que corresponden al pago de nómina (payroll), algo que han tratado de evadir algunas empresas en el sector de turismo. De igual forma hay que rechazar y denunciar los intentos de patronos como GFR media, que, a la vez que elevan cantos editoriales a la unidad de propósitos, pretenden quitar a sus empleados las protecciones de su convenio, bajo amenaza de despido, y reducir sus condiciones de empleo (pago horas extra, días de vacaciones, etc.) a las de la mezquina contrarreforma laboral. Este uso de la crisis para despojar más a los trabajadores es realmente indignante.

9.    Suspensión del IVU y reforma contributiva progresiva. La crisis ha provocado la suspensión temporal del cobro del IVU. Esto debe ser estímulo para una reforma contributiva que reduzca los impuestos regresivos, como el IVU (que afectan más a los que menos tienen) y que recupere para el país la extraordinaria cantidad de riqueza que hoy se acumula en pocas manos y que se dedica a fines especulativos e improductivos.

10.Debe considerarse una aportación o impuesto único (one-time) de recuperación a las más grandes empresas que operan en Puerto Rico (se puede designar un volumen de negocios o ganancias para determinar a cuáles aplica).

11.Reforma gubernamental con participación laboral y ciudadana. No podemos confundir eficiencia y privatización. Si algo ha demostrado la crisis provocada por el huracán es la necesidad de un seguro de salud universal y la reconstrucción gradual de un sistema de salud público que sea integral, planificado y abarcador, así como de verdaderos sistemas de transporte colectivo. La superación del malgasto e ineficiencia existentes en los servicios públicos exige su democratización con participación laboral y de los usuarios, no la entrega de lo público a la lógica de la ganancia privada de unos pocos.

12.Plan de reconstrucción económica asentado en los fondos liberados o recuperados por la anulación de la deuda, las aportaciones federales, la reinversión en Puerto Rico de las ganancias que aquí se generan (sea de mutuo acuerdo con las empresas o por vía de contribuciones), la reforma contributiva que capte fondos acaparados improductivamente y nuevas inversiones externas sujetas a prioridades bien diseñadas y condiciones que convengan al desarrollo del país.[10] De nada sirve que recibamos aportaciones y recuperemos recursos si no los dedicamos a la creación de una economía propia y sustentable, justa socialmente y ecológicamente responsable.

13.Leyes de cabotaje. El paso de huracán ha provocado que se tome una acción que desde hace mucho se había planteado, sin lograr acción del gobierno federal: la suspensión temporal de leyes de cabotaje. Esta acción debe ser preámbulo para su eliminación, como límite a la recuperación económica de Puerto Rico. A la vez se deben garantizar los empleos en tierra a los trabajadores que hoy realizan esas tareas y residentes en Puerto Rico.

14.Las demandas y propuestas que formulamos en Puerto Rico (anulación de la deuda, aportación federal para la reconstrucción, seguro de salud universal, programas de creación empleo, energía renovable, etc.) coinciden con las exigencias y propuestas que también plantean movimientos en Estados Unidos, y que corresponden a los intereses del pueblo trabajador en ese país: propuestas de impuestos al gran capital y corporaciones, proyectos de renovación de infraestructura y creación de empleo, de anulación de la deuda estudiantil y de alivio a familias endeudadas, de seguro de salud universal tipo single-payer, de reducción del gasto militar a favor de gasto social, contra oleoductos y por la energía renovable, de exigencia de derechos para comunidades discriminadas racialmente e inmigrantes. Tenemos que vincular nuestras demandas a esos movimientos, hacer que nuestro programa, incluyendo nuestra necesidad de descolonización y autodeterminación como pueblo, sea parte de su programa. Las propuestas de desarrollo vinculado en lo más posible al consumo local, de aportación de los países ricos a la transición a la energía renovable en los países más pobres o con menos recursos coinciden igualmente con las del movimiento contra el cambio climático.[11]

15.Debemos aprovechar el interés internacional por la situación en Puerto Rico, resultado del paso del huracán, para alertar a la opinión pública sobre la situación de Puerto Rico: que Puerto Rico ha sido colonia de Estados Unidos desde 1898; que sigue siendo colonia a la altura del siglo XXI; que el Congreso nunca ha permitido al pueblo de Puerto Rico votar por distintas opciones de status en un proceso vinculante; que bajo la relación existente la economía de Puerto Rico ha sido dominada por el capital externo; que bajo tal dominio su economía ha sido siempre, tanto unilateral como incapaz de proveer empleos para buena parte de su fuerza laboral; que en la actualidad Puerto Rico tiene una participación laboral de 40%, más de 45% de su población bajo el nivel de pobreza, un ingreso per cápita de cerca de la mitad del estados más pobre de Estados Unidos y una economía estancada desde hace una década; que nada de esto es resultado de la limitación sino del movimiento sin impedimento del dinero, las mercancías y el capital entre metrópoli y colonia[12]; que al abismo entre ambas, luego de cerrarse levemente durante la expansión de postguerra se ha mantenido igual o ha crecido en épocas recientes; que, por tanto, la emigración, masiva en algunas épocas, creciente en la actualidad, ha sido un aspecto constante de la realidad colonial; que esto también explica la magnitud de la economía informal, incluyendo (también gracias a políticas prohibicionistas erradas) el narcotráfico, con su consecuencias violentas; que su pueblo trabajador ha sido sometido a medidas de austeridad como el IVU (impuesto regresivo) en 2006, la ley 7 (despido de empleados públicos) en 2009, la ley 66 (reducción de condiciones y derechos laborales públicos) en 2014 y la contra-reforma laboral (eliminación de derechos laborales en sector privado) en 2016, entre otras; que el Congreso removió el mecanismo insuficiente de estímulos contributivos (Sección 936) sin proveer mecanismos alternos; que a pesar del estancamiento y la crisis las corporaciones externas que operan en la isla generan o declaran ganancias de alrededor de $35 mil millones anuales, equivalentes a cerca del 35% del PIB; que en lugar de reconocer su responsabilidad o corresponsabilidad por la crisis económica y de la deuda, el Congreso aprobó la ley conocida como PROMESA que acentúa el carácter colonial de la relación existente, no provee medidas o fondos para el desarrollo económico y que tiene la encomienda de implantar aun más y más severa medidas de austeridad (como la drástica reducción del presupuesto de la universidad pública) que son injustas socialmente y contraproducentes económicamente; que Puerto Rico necesita un plan de reconstrucción, los poderes necesarios para implantarlo y los aliados internacionales indispensables para vencer las imposiciones del gran capital y los más grandes acreedores; que, al igual que otros países empobrecidos, Puerto Rico no tiene los medios propios para completar la transición acelerada a la energía renovable que la humanidad necesita para atender la amenaza del cambio climático y que, por tanto, necesita, como otros países en igual situación, tanto alivio de la deuda y apoyo de los países ricos.[13] Todo esto es necesario explicarlo con datos, argumentos y ejemplos concretos, serena pero firmemente, no como resultado de acciones malévolas de los «americanos», generalización sin fundamento, sino de estructuras y políticas que responden a los intereses de las clases privilegiadas que predominan en el Congreso y que encuentran aliados en Puerto Rico, intereses que también son opuestos a los de la mayoría del pueblo trabajador estadounidense.

16.Esta solidaridad y apoyo mutuo entre los pueblos de distintos territorios debe darse entre poblaciones de un mismo país o nación y también entre poblaciones de países y naciones distintas, bajo una misma jurisdicción política o bajo jurisdicciones distintas: por tanto, no depende del status de Puerto Rico ni presente, ni futuro, ni del status existente, ni del status a que se aspire. Colaborando con nuestros aliados fuera de Puerto Rico podemos construir el Puerto Rico democrático, solidario, sustentable que necesitamos, cualquiera que sea el status por el que optemos.[14]

17.Para resolver el problema colonial es necesaria la convocatoria, cuando las condiciones lo permitan, de una asamblea constitucional de status, según el modelo elaborado por el Colegio de Abogados de Puerto Rico. Dicho organismo debe formular opciones de status no coloniales, negociar con el Congreso aquellas opciones que lo requieran y someter al pueblo esas opciones para que escoja entre alternativas no coloniales. Tomando en cuenta la actual emergencia, la realización de esa asamblea podría aprobarse en 2018 para convocarse en 2019.

El autor es portavoz del Partido del Pueblo Trabajador

[1] «Algunas lecciones del huracán», 1ro octubre 2017; «Bases para la reconstrucción», 5 octubre 2017. Ambos disponibles en varias páginas de Internet. Entre ellas 80 grados y la página CADTM.org

[2] Ya que seguimos muy incomunicados, este programa es responsabilidad del que escribe. Cuando los organismos dirigentes del PPT se reúnan podrán corregir, enmendar, modificar y ampliar lo que aquí se propone provisionalmente.

[3] El estudio preliminar por la Comisión para la Auditoría de la Deuda creada por la ley 97 de 2015, recientemente disuelta por la presente administración, ya señaló la probabilidad que parte importante de la deuda sea ilegal por razón de violación de disposiciones constitucionales de presupuestos balanceados, margen prestatario y duración de la deuda y por violación de reglas de la Securities Exchange Commission.

[4] La fuerza mayor y el cambio de situación existen cuando «a government or public body finds itself, due to external circumstances beyond its control, unable to fulfill its international obligations, including repayment of a debt.» El estado de necesidad existe cuando el pago de la deuda impediría al gobierno garantizar las necesidades de la población. No se trata, explican Toussaint y Millet, de que el gobierno esté «absolutely prevented from fulfilling international obligations but of recognizing that to do so would necessitate sacrifices on the part of the population that go beyond what is reasonable. The state of necessity may justify repudiating the debt, since it implies establishing priorities among the different obligations of the state.» (Eric Toussaint, Damien Millet, Debt, the IMF and the World Bank, New York: Monthly Review, 2010, pgs. 246-47) Estas descripciones aplican claramente a nuestro caso.

[5] Desde enero de 2014 el PPT planteó que la deuda era insostenible, el impago inevitable y que era necesario declarar una moratoria al pago de la deuda. Se nos dijo que esto era incorrecto e inapropiado. Pero en junio de 2015 se reconoció que deuda era insostenible y a principios de 2016 se aprobó una ley de moratoria, en ambos casos con un retraso que debilitó al país ante los acreedores y abrió paso a medidas como PROMESA.

[6] Así lo reconoce y señala el actual partido de gobierno, el PNP, como puede verse en el preámbulo de la ley 51 de 2016 (la ley del plebiscito).

[7] Ese fue el caso luego del fin de la expansión del azúcar con trabajo esclavo a mediados del siglo XIX, el fin de la expansión del café a finales del siglo XIX, el fin de la expansión del azúcar capitalista en la década de 1930 y de la semi-industrialización, tanto de la época de Manos a la Obra a mediados de la década de 1970, como de las empresas 936, desde 2006.

[8] Lara Merling, Kevin Cashman, Jake Johnson, Mark Weisbrot, Life After Debt in Puerto Rico: How Many More Lost Decades? (Washington D.C.: Center for Economic Policy and Research, July 2017).

[9] El proyecto establece paridad de fondos Medicare y Medicaid y provee para fondos en áreas como carreteras, energía renovable, aeropuertos, agua potable, servicios en zonas rurales, ferries y muelles para ferries, preparación y respuesta desastres, banda ancha, vivienda y desarrollo comunitario. Uno de los defectos del proyecto es que canaliza los fondos a través de programas federales existentes, en lugar de agencias bajo control nuestro, creadas para atender la situación de Puerto Rico de manera integral. Las cantidades totales también son insuficientes: cerca $9 mil millones en 10 años, si se suman distintas disposiciones, según nuestros cálculos.

[10] Sobre esto hay propuestas en los programas del PPT, del PIP y de organismos como el Centro para una Nueva Economía, entre otros. Este plan debe dar rol destacado a las iniciativas públicas y cooperativas y debe incluir entre otros objetivos el logro de la soberanía alimentaria. En términos de orientación general el programa del PPT plantea: «Puerto Rico necesita una reconstrucción económica que lo dote una economía propia, que, sin eliminar la inversión externa enfatice la iniciativa interna (pública, privada y cooperativa); que sin subestimar la exportación aumente la producción para el mercado interno (incluyendo la recuperación de la agricultura); que promueva la reinversión aquí del excedente que aquí se genera; que estimule el mercado interno y la productividad con una redistribución de la riqueza y la mayor participación del trabajador en el producto y la organización del trabajo; que democratice la gestión pública y combata la corrupción con los presupuestos participativos y otros mecanismos de incorporación ciudadana. Tal proyecto debe incluir la recuperación –por vía de contribuciones o de la reinversión– de una mayor porción de los $35 mil millones que hoy se fugan como ganancias de las empresas que operan en la isla.» Y más adelante: «Puerto Rico necesita una economía propia, que, sin eliminar la inversión externa enfatice la iniciativa interna (pública, privada y cooperativa); que sin subestimar la exportación aumente la producción para el mercado interno (incluyendo la recuperación de la agricultura y las industrias anexas); que promueva y logre la reinversión en el país del excedente que aquí se genera; que estimule el mercado interno y la productividad con una política de redistribución de la riqueza y de más justa participación del trabajador en el producto y la organización de su trabajo y que se comprometa, entre otras medidas ambientales urgentes, a la transición acelerada al uso de fuentes de energía renovable.»

[11] Ver sobre esto mi artículo «El capitalismo fósil» en 80 grados, reseña del libro This Changes Everything de Naomi Klein.

[12] Al contrario de lo que afirman los dogmas del neoliberalismo y el fundamentalismo de mercado, estos son los resultados que cabe esperar. Como plantea el economista Anwar Shaikh: «Simply opening up the markets of a developing country exposes its businesses to powerful international competition, whether or not they are internationally competitive. And if they are not, they will lose out on a large scale. This can be offset to some extent by foreign investment… But… the unemployment created by the displaced domestic industries need not be absorbed by any new production by foreign firms, for the latter will generally be far less labor intensive… Without the intervention by appropriate institutions that counter these tendencies of free trade, the problems will tend to be chronic.» Globalization and the Myth of Free Trade, (London/New York: Routledge, 2007), 63-64.

[13] Ver sobre esto el libro de Naomi Klein indicado en una nota anterior.

[14] El PPT incluye defensores de todas las opciones de status, que estamos de acuerdo en esta perspectiva. El que escribe es independentista y socialista y defiende, por tanto, la independencia desde esa perspectiva internacionalista.

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Un sátrapa en la presidencia de Estados Unidos

Por Oscar Ugarteche, Armando Negrete

Según la Academia de la Lengua Española, se entiende por sátrapa a la “persona que gobierna despótica y arbitrariamente y que hace ostentación de su poder”. No existe un sustantivo adjetivado más exacto para definir al actual presidente de EEUU. Este tipo de gobernante fue más común observarlo en Estados frágiles con burguesías dependientes de la época de la doctrina de seguridad y desarrollo (1950 a 1980). Ésta era la época cuando EEUU auspiciaba golpes de Estado y prefería militares afines a ellos –ante la posibilidad de la amenaza comunista – que demócratas reformistas. Algunos ejemplos son Fulgencio Batista de Cuba (1940 a 1959), Rafael Leónidas y Héctor Trujillo de República Dominicana (1930 a 1960) y los Somoza, padre e hijos de Nicaragua (1934 a 1979), todos ejemplares de libro de texto.

Se hará un ejercicio de comprensión sobre la manera cómo: 1) un sujeto como el actual presidente de EEUU, más cerca del Americano Feo de Eugene Burdick y William Lederer, que de un presidente al servicio de la libertad y la democracia, capaz de antagonizar a propios y ajenos, llegó a ser el actual presidente estadounidense, y 2) qué tipo de gobierno podría implementar. Una explicación posible a la primera cuestión gira en torno a la masa de votantes estadounidense, ignorante, xenófoba, racista, homofóbica y clasista. Los otros no parecen haber votado. El problema al margen de la arbitrariedad, para la segunda, es que como jefe de Estado del país más influyente del mundo debe ser tolerado por los líderes políticos mundiales, asimilado por la estructura interna administrativa de EEUU y, en ocasiones, incluso ser frenado.

Trump es un sátrapa en el cargo de Presidente sin la talla de un Jefe de Estado ni el conocimiento de los intereses del Estado. Ha demostrado no tiene ni la más menor idea de qué implica que el Presidente de EUU diga una cosa u otra, ni le interesa. Sus declaraciones son después de un curso de golf, en alguno de sus clubs, acompañado generalmente por su esposa e hija.

Otro rasgo de su satrapía radica en cómo considera a la prensa: si es de oposición genera comunicación falsa (fake news) mientras que la alineada y leal genera buenas noticias (good news). En su mundo simplista polarizado de fuerzas del bien y del mal, él es la fuerza del bien y el resto, la del mal. No obstante, en ningún plano se han normalizado sus bravuconadas y desatinos diplomáticos, su ignorancia histórica, su búsqueda de impunidad (ante la no presentación de su declaración jurada de impuestos y las numerosas investigaciones sobre sus relaciones empresariales y políticas con Rusia) y el desdén por la opinión pública. Él, por su parte, se vuelve cada vez más violento.

Para gobernar, un sátrapa avanza con el vaciamiento del Estado e instala a su familia en los puestos de control; el sátrapa gobierna con su familia, para su familia y en familia. Este vaciamiento se muestra en las numerosas y crecientes vacantes en el Poder Ejecutivo estadounidense. A pesar de esto, no ha tenido fuerza ni para impulsar ninguna de sus promesas de campaña ni ha completado todos los puestos en el Poder Ejecutivo. Están vacantes, o no han sido ratificados, el Consejo de asesores económicos de la Casa Blanca, el Consejo de Representantes de Comercio, el Consejo Estratégico de Comercio del Departamento de Comercio, la Agencia de Protección Ambiental, puestos altos del Departamento de Estado, y diversos puestos de representantes y cuerpos de asesores del aparato de Estado.

Bajo estas condiciones, la posibilidad de gestión política de los problemas económicos, militares y sociales no puede ser democrática. Frente a la renegociación del TLCAN con México y Canadá, ¡el futuro del 26.5% del PIB global!, EEUU no cuenta con un Consejo de Asesores Económicos, no tiene confirmados al Director de la Oficina de Políticas de Ciencia y Tecnología, ni al Director de la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas. Incluso, semanas previas al inicio de las rondas de negociación, Trump desmanteló el Consejo de Asesores de Manufacturas y el Foro de Política y Estrategia, cuyos miembros son los directores de firmas transnacionales como: Boeing, General Electric, IBM, Tesla, JPMorgan, Intel, Ford, Dell, Wallmart, entre otras.

Así como las renegociaciones del Tratado de Libre Comercio más importante del mundo tiene implicaciones en el resto de la estructura comercial y productiva global, la aparición de un sátrapa en el ejecutivo de EEUU ha comenzado a tener implicaciones en el resto del mundo. La derecha radical encontró apoyo moral en Trump, como se vio en la marcha de Charleston, Virginia. Globalmente ha podido observarse, también, el ascenso de las fuerza radicales de derecha tras el Brexit en Gran Bretaña; del partido neonazi Alternativa para Alemania al Parlamento Alemán; el creciente apoyo a Marine Le Pen en Francia. Aunque sátrapa, este hombre tiene, no obstante, el mando militar y ejecutivo de EEUU.

Trump, el sátrapa, ha afianzado su deseo de sustituir la política exterior por política militar, lo cual es un riesgo para Latinoamérica y el mundo. Será vital la respuesta regional que den los gobiernos latinoamericanos, a la arbitrariedad comercial, las intervenciones militares, las pseudo-ayudas humanitarias y las incursiones democráticas.

– Oscar Ugarteche es Investigador Titular IIEc-UNAM / SNI. Coordinador del proyecto OBELA

– Armando Negrete, integrante del Proyecto OBELA

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La fragilidad de un Papa

Cada vez más grupos católicos tradicionales y miembros de la jerarquía se han posicionado contra las posturas, palabras y propuestas del papa Francisco. Esos católicos tradicionalistas proclaman la fidelidad al Papa como sucesor de Pedro, cuando se trata de un papa con el cual ideológicamente están de acuerdo. En el caso de Francisco, que asume posiciones que interpelan al mundo y a la Iglesia, expresan su descontento al criticarlo abiertamente. Es un grupo minoritario. Sin embargo, existe un grupo más numeroso de eclesiásticos que no hablan el mismo idioma del obispo de Roma.

Esas críticas al Papa se deben a que él insiste en renovar la Iglesia según el evangelio de Jesús. Su visión revela una distancia entre la tradición de la jerarquía y la propuesta del reino de Dios, y la bienaventuranza de los pobres. Sin embargo, lo más grave es que esa división debilita la lucha por otro mundo posible. Tenemos que ser solidarios con las propuestas por las cuales el Papa está luchando. Por otro lado, al responder de forma pacífica, sin tomar ninguna posición represiva con relación a sus críticos y detractores, el papa Francisco hace un gran bien a la Iglesia. En los años 60, Juan XXIII y Pablo VI afirmaron que nunca más la jerarquía usaría los medios de represión, sino el lenguaje del amor. Sin embargo, dos de sus sucesores retomaron la práctica de la represión. Ahora, al aceptar críticas y disensiones, el papa Francisco da un paso fundamental: ayuda a la Iglesia de Roma y a las iglesias locales de la comunión católica a vivir la catolicidad de forma nueva en un mundo plural.

Los católicos y creyentes de iglesias históricas reconocen el primado del obispo de Roma. Desde siglos antiguos, la tradición atribuye al obispo de Roma una misión especial con relación a todas las Iglesias. En cuanto a la forma y al estilo del papado, el propio Juan Pablo II pidió a los cristianos de otras Iglesias que le ayudaran a descubrir cómo transformar (Ut unun sint, 96). Actualmente, el papa Francisco ha retomado la importancia de las Iglesias locales y propone la descentralización. Él necesita de nuestra oración y apoyo para que sus propuestas puedan llegar a las bases y, de hecho, poner a la Iglesia a servicio de la humanidad. No podemos dejarlo aislado. Él nos llama a la profecía. Todos sabemos que la profecía nunca convivió bien con la unanimidad. Todos los profetas y profetizas sufrieron marginación. Lo que es nuevo ahora es que eso sucede hasta cuando el profeta, por casualidad, es un papa.

En el MAC programa educativo y cultural para afectados por huracanes

Por Redacción

En Rojo

Desde el pasado miércoles, 4 de octubre el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC) ha estado ejecutando un programa comunitario de emergencia dirigido a personas afectadas por el paso de los huracanes Irma y María.

La iniciativa forma parte de “El MAC en el Barrio”, programa artístico de acción e integración social diseñado e implementado por el MAC desde el 2014 y que brinda servicio directo a varias comunidades de San Juan. El programa de emergencia incluye tres componentes principales: un Programa Escolar de corta duración dirigido a 70 estudiantes de 4 a 16 años; un Programa de Apoyo Psicosocial para personas de la tercera edad y familias; y por último, la realización de actividades artísticas y culturales para el disfrute de público general.

El Programa Escolar se está ejecutando en la sede del MAC en Santurce, de lunes a viernes de 10:00am a 2:00pm a estudiantes de los barrios Hipódromo, Machuchal, Figueroa, Tras Talleres, Los Lirios, San José y Buenos Aires. Mientras, el Programa de Apoyo Psicosocial se ofrecerá directamente en diferentes égidas y las comunidades de Santurce y Río Piedras. Ambos programas incuyen la participación de reconocidos artistas y educadores tales como Rosa Luisa Márquez, Teresa Hernández, Irizelma Robles, Omar Obdulio Peña-Forty, Bárbara Díaz Tapia, Nibia Pastrana, José Luis Vargas, Joudy Santaliz, Edgard Rodríguez Luiggi, Marili Pizarro, Lío Villahermosa, Jaime Suárez, Rosaura Rodríguez, Yolanda Velázquez y Maidelisse Ríos.

“El objetivo de este programa de emergencia es poder incidir de manera aún más directa en la recuperación comunitaria con un proyecto cultural que nutra no sólo el espíritu y promueva la sana convivencia, sino que también atienda las necesidades prácticas de los ciudadanos más afectados por las recientes catástrofes naturales que enfrentamos en Puerto Rico”, afirmó Marianne Ramírez Aponte, Directora Ejecutiva y Curadora en Jefe del MAC.

“Nos preocupa el bienestar físico y emocional de nuestras poblaciones más vulnerables. Por eso, y con el fin de subsanar el cierre temporal de las escuelas, pusimos en marcha un Programa Escolar corto que integra las bellas artes con otras materias para trabajar temas relacionados a la geografía, cambio climático, ecología, trabajo en colectivo, escritura creativa, reciclaje, solidaridad y convivencia ciudadana”, continuó Ramírez Aponte.

Para apoyar a envejecientes, la iniciativa está ofreciendo consultas individuales, talleres y apoyo psicosocial.

“Por otra parte, y como ha sido siempre una constante en el caso del MAC, este esfuerzo también es uno orientado a contribuir al sustento económico de nuestra clase artística, que también se ha visto gravemente afectada” continuó la directora del museo.

Como tercer y último componente, esta inicativa del MAC incluye la realización de actividades culturales para todos los públicos. Tal es el caso de la presentación de la obra teatral “Hijas de la Bernarda” que se efectuará libre de costo el próximo sábado, 14 de octubre a las 5:00pm en el MAC.

Este programa comunitario de emergencia es posible gracias a la Comisión Especial Conjunta de Fondos Legislativos para Impacto Comunitario, Fundación Ángel Ramos, Miranda Foundation, Foundation for Puerto Rico, restaurante Metropol, Voces – Fundación Topy Mamery y los voluntarios que han brindado su apoyo al MAC.

El Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico está ubicado en el Edificio Histórico Rafael María de Labra, Ave. Ponce de León, esquina Ave. RH Todd, Parada 18, en Santurce. Más información a través de la página de facebook MuseoMACPR.