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Breves del tormentoso septiembre-3

Como muy puertorriqueños que somos siempre le encontramos algo bueno a cualquier catástrofe o tragedia. En este caso me uno al coro de los que nos sentimos muy privilegiados de que Irma decidiera hacer un pequeño movimiento para alejarse de nosotros y que no sufriéramos los estragos y las pérdidas de vida en nuestras islas caribeñas hermanas de St. Bart, St. Martin/St. Marteen, Barbuda, Islas Vírgenes USA y UK y por supuesto, Cuba cuya Habana sufrió una terrible sorpresa de mares furiosos. Y aunque todavía no se ha reestablecido el alumbrado eléctrico en su totalidad (provisionalmente llegó a Vieques ayer) y Culebra y pueblos costeros como Loíza necesitan reconstruirse, sin duda estamos camino a una normalidad que puede quebrarse con el aviso/paso del próximo huracán.

Debido a que todavía algunos centros comerciales que albergan las salas de cine no tienen alumbrado la cartelera no ha cambiado tanto. Lo mismo sucede con los Fine Arts (en Miramar se reservaron el viernes y sábado de la semana pasada para programar la cancelación de los dos últimos días del Festival de Cine Internacional). Para muchos el cine ahora no es solamente un lugar de “entretenimiento” pero además donde podemos pasar los calores pos-huracán. Aunque sé que es muy popular—ha estado en cartelera por casi dos meses—aléjense de la española El Bar y si les gustó (como a mi) el tipo de comedia macharrana pero autocrítica de la serie de The Hangover (2009, 2011, 2013), pero especialmente la comedia de mujeres Bridesmaids (2011) entonces deben ver Girls Trip, comedia de mujeres afroamericanas con una hermosa e imponente Queen Latifah y Tiffany Haddish, una chaplinesca con boca de cuneta.

Wind River

Director y guionista: Taylor Sheridan; cinematógrafo: Ben Richardson; elenco: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen, Kelsey Asbille, Graham Greene, Julia Jones, Teo Briones, Apesanahkwat, Tantoo Cardinal, Eric Lange, Gil Birmingham, Althea Sam, Gerald Tokala Clifford.

Este filme, ganador por Mejor Director en la categoría de Un Certain Regarde del festival de Cannes de este año, es una historia tensa e íntima como son todos sus personajes. Esto va de la mano con la temperatura bajo cero en esta región del estado de Wyoming. El entorno es la Reservación Indígena Wind River con sus leyes internas que pueden entrar en conflicto con leyes estatales y federales. El personaje principal es Cory Lambert, un agente rastreador y protector de la agencia Fish & Wildlife que ha vivido muchos años aquí y conoce muy bien a sus habitantes y casi de memoria cada recoveco de la Reservación. Por eso cuando descubre el cuerpo casi congelado de una joven, sabe de inmediato que es Natalie Hanson de 18 años. Conoce a su familia y por tener un interés personal en el caso y ser un excelente rastreador se vuelve el guía tanto del jefe policíaco tribal (Ben) y de la novata agente del F.B.I. (Jane Banner) que han enviado para determinar si la muerte de la joven fue un accidente o asesinato.

Así comienza una historia que no sobrepasa las 24 horas en un clima brutal (el frío y la nieve) donde se cubre mucho terreno para encontrar las pistas que los llevarán a reconstruir la noche de los incidentes y la culpabilidad de individuos cometiendo crímenes atroces. En la trama íntima casi sin darse cuenta se recoge la tristeza e impotencia de dos padres que pierden a sus hijas sin poder hacer nada para prevenirlo o castigarlo; el sufrimiento de una madre que solamente puede expresarse a través de sus ritos; la imposibilidad de ofrecerle a los hijos una mejor vida dentro de las limitaciones culturales y económicas de la Reservación.

Wind River es uno de los mejores filmes, en cualquier idioma, exhibido este año en Puerto Rico y sus actuaciones son de primera aunque sobresale Jeremy Renner como Cory Lambert (anteriormente nominado por The Hurt Locker 2008 y por The Town 2010) por su habilidad de decir y expresar tanto con apenas varias palabras, gestos y miradas.

Lady Macbeth

Director:William Oldroyd; guionista: Alice Birch, autor Nikolai Leskov; cinematógrafo: Ari Wegner; elenco: Florence Pugh, Cosmo Jarvis, Paul Hilton, Naomi Ackie, Christopher Fairbank.

A pesar de su título y su referente shakespeareano, la historia se basa en la novela de 1865 del escritor ruso Nicolai Leskov, y se desarrolla dentro de la sociedad oligarca y feudal de la época. Como sucedía con todo lo referente a esta clase, tanto la tierra, los siervos/sirvientes y las mujeres para esposas se compraban a la conveniencia de los dueños absolutos de la región. El realizador inglés William Oldroyd adapta la historia a la Inglaterra victoriana. En esta ocasión la muy joven Katherine es comprada para esposa de Alexander, el hijo de Boris, patriarca y dueño de las tierras, para asegurar su descendencia. Claramente a Alexander no le interesa esta unión y trata a Katherine como si fuera un objeto que entorpece su camino. Ella resiste el maltrato y poco a poco aprende a cómo manipular y conseguir lo que en verdad quiere: sexo y poder.

Katherine utiliza a Sebastian, obrero/siervo, para satisfacer sus necesidades y poco a poco neutraliza a sus opositores en este sistema patriarcal: suegro, marido, hijastro ilegítimo, amante, con el método más efectivo—desde veneno a armas blancas—para centralizar su poder sobre todo y todos. Las actuaciones son de primera en un ambiente tenso que no afloja en ningún momento. La escenografía y la fotografía establecen el escenario para los actos y palabras de cada uno de los integrantes de esta muestra de la sociedad de la época.

Las sanciones de Trump contra Venezuela ¿Será posible la recuperación económica?

Por Mark Weisbrot

Las sanciones impuestas la semana pasada por el gobierno de Trump han cambiado significativamente la situación económica a la que se enfrenta Venezuela, y las opciones en materia de políticas abiertas al gobierno para recuperarse de una profunda depresión. Esto se suma a los daños inmediatos y al sufrimiento que causarán en cuanto a una agudización de la escasez de alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad, junto al daño a la economía.

Previo a estas últimas sanciones, el gobierno contaba con la posibilidad de poner en marcha un programa de recuperación económica que pudo haber reiniciado el crecimiento económico. A diferencia de la mayoría de los países que sufren una crisis de balanza de pagos, Venezuela no necesariamente tendría que pasar por un periodo de “ajuste estructural”, como solía llamarse hasta que los programas del FMI dieron a este término una mala reputación. Con este tipo de ajuste, los niveles de vida suelen caer, al menos a corto plazo, porque el país tiene que recortar las importaciones para equilibrar las cuentas externas. Pero las importaciones en Venezuela ya se han visto recortadas en más de 75 por ciento desde 2012. Esta es una cifra asombrosa. Para comparar, Grecia ha recortado sus importaciones por aproximadamente 31 por ciento después de sufrir una depresión por la mayor parte de los últimos siete años, es decir dos veces la duración de la depresión actual en Venezuela.

Esto significa que la economía venezolana podría comenzar a recuperarse con bastante celeridad en respuesta a las reformas adecuadas, sin tener que sufrir nuevas reducciones en la producción o en el empleo. Por lo menos esa era la situación hasta el pasado viernes, cuando Trump emitió su orden ejecutiva.

El ajuste que requiere Venezuela tiene que ver principalmente con los precios relativos, y en particular su tipo de cambio. Esto lo podemos constatar al observar lo ocurrido durante los últimos cinco años. Para octubre de 2012, la inflación se ubicaba en una tasa anual de 18 por ciento, y el precio de un dólar en el mercado negro era de Bs. 13. Hoy en día, la inflación se alza a más de 600 por ciento para el pasado año, y un dólar cuesta más de 17.000 BF.

Ambas tendencias se refuerzan mutuamente en lo que se denomina una espiral “inflación-depreciación”. A medida que aumenta la inflación a nivel nacional, más gente busca hacerse de dólares; mientras más los compran, más se dispara el precio del mercado negro. Esto aumenta el costo de las importaciones, lo cual aumenta la inflación, y el ciclo se mantiene.

Si vemos los datos de los últimos cinco años, este proceso ha sido más o menos continuo; hubo algunas pausas en la espiral cuando el gobierno indicó que iba a abandonar este sistema de tipo de cambio disfuncional, pero después se reanudó. Hoy en día, el gobierno todavía regala más del 90 por ciento de sus dólares a una tasa de10 BF por dólar. Normalmente sirve para la importación de comida, medicina y otros artículos esenciales. Pero se puede imaginar los fuertes incentivos para la corrupción cuando un dólar que cuesta 10 BF se puede vender por más de mil veces ese precio en el mercado negro.

No cabe duda de que el colapso de los precios del petróleo que tuvo lugar en 2014 hizo que todo fuera mucho más difícil para Venezuela, ya que el petróleo representaba el 95 por ciento de sus exportaciones y la mayor parte de los ingresos del gobierno. Pero Venezuela entró en recesión ese año cuando el petróleo aún estaba por encima de los 100 dólares el barril, debido al fracaso de la política económica. Y la respuesta al colapso del precio del petróleo, especialmente al mantener un sistema de tipo de cambio económicamente letal, aseguró una catástrofe prolongada.

La única forma de escapar a esta situación es flotar la moneda y dejar que llegue a un equilibrio. Una vez que haya tocado fondo, es de esperar que buena parte de los ahorros que tienen los venezolanos en dólares, principalmente en el extranjero, volvería al país, ya que todo es barato en dólares y tendrían la certeza de que el tipo de cambio se habría estabilizado. Esto fue lo que ocurrió en Argentina luego de que flotara su moneda, lo cual derivó en una gran devaluación a principios de 2002. En el caso de Venezuela, la estabilización de la moneda pondría fin a la actual espiral inflación-depreciación y eliminaría por completo el mercado negro del dólar.

Por otra parte, el tipo de cambio no es el único ajuste de precios relativos que requeriría la economía. Existen muchos controles de precios disfuncionales que no han logrado su propósito y tendrían que eliminarse. En 2015, por ejemplo, la inflación alcanzó un 180 por ciento anual. No obstante, los precios de los alimentos que estaban sujetos a controles de precio, aumentaron casi el doble. Además, miles de millones de dólares en alimentos subvencionados cruzaban la frontera en contrabando hacia Colombia.

Los subsidios del gobierno a la energía doméstica, que incluyen electricidad y gasolina prácticamente gratuitas, también tendrían que reducirse con el tiempo. Son bastante elevados: proporcionalmente al tamaño de la economía, viene siendo casi equivalente a toda la recaudación de impuestos sobre la renta y corporativos en Estados Unidos. El dinero que se gasta en dichos subsidios podría destinarse a subsidiar alimentos a los consumidores de forma directa.

Sin embargo, la orden ejecutiva de Trump cambia dramáticamente la situación. Incluso si Venezuela llegara a estabilizar el tipo de cambio y su economía, y ésta volviera al crecimiento, se le negarían los préstamos, las inversiones, e incluso las fuentes propias de ingresos, como los dividendos de la empresa CITGO en EE.UU. que pertenece a Venezuela. Esto hace que una recuperación sostenida se vuelva casi imposible sin ayuda externa, o un nuevo gobierno que cuente con la aprobación del gobierno de Trump.

Precisamente para eso están diseñadas las sanciones: destruir aún más la economía y asegurarse de que no se puede recuperar. No cabe duda alguna en este sentido. Las sanciones también empujan al país hacia un default, lo cual generaría toda una nueva serie de problemas financieros graves, incluyendo el posible embargo de activos petroleros venezolanos a nivel internacional, junto a una merma en el precio del crudo del país.

Otra forma en que las sanciones impiden la recuperación es hacer imposible una reestructuración de la deuda. Dicha reestructuración sería otra manera de darle a Venezuela un margen de respiro al llegar a un acuerdo voluntario con los acreedores, a modo de posponer los pagos de deuda actuales a cambio de nuevos bonos. Sin embargo, la orden ejecutiva de Trump le prohíbe a instituciones financieras y a individuos el participar en tales nuevas emisiones de bonos.

Si damos un paso atrás y vemos a Venezuela desde lo lejos, ¿cómo puede un país con 500 mil millones de barriles de petróleo y cientos de miles de millones de dólares en otros minerales en su subsuelo ir a la quiebra? La única forma de que algo así pueda suceder es si el país se ve aislado del sistema financiero internacional, afectando los préstamos y la inversión. De lo contrario, Venezuela podría vender o incluso canjear parte del petróleo o minerales en su subsuelo, con el fin de obtener los dólares necesarios. Los $ 7,5 mil millones en oro que se conservan en las reservas del Banco Central podrían servir rápidamente de garantía para un préstamo. En los últimos años, el Departamento del Tesoro de EE.UU. ejerció su influencia para asegurarse de que los bancos que querían financiar un canje, como por ejemplo JP-Morgan Chase y Bank of America, no lo hicieran.

Pero ninguna de las anteriores opciones se encuentran disponibles para un gobierno que se enfrenta a una expulsión del sistema financiero internacional, tal como lo impone actualmente el gobierno de Trump. Ciertamente, Venezuela ya había sido en gran parte excluida de los mercados internacionales de bonos para nuevos préstamos, antes de la orden ejecutiva de Trump, pero no se trataba de algo irreversible. (En fechas tan recientes como el año pasado, una reestructuración de la deuda que habría pospuesto miles de millones de dólares en pagos casi llegó a concretarse). Hoy por hoy, la falta de acceso a los mercados financieros internacionales por parte de Venezuela es irreversible, por lo menos mientras que Trump o su sucesor así lo deseen.

¿Qué se puede hacer? Ahora que el gobierno de Trump se ha comprometido firme y abiertamente a un cambio de régimen mediante la destrucción de una ya debilitada economía venezolana, queda claro que Venezuela tendrá que buscar ayuda externa para poder sobrevivir, tal como lo hizo Nicaragua, cuando Ronald Reagan (de igual modo, sin motivo legítimo y buscando un cambio de régimen violento) declaró un embargo económico en contra de ese país en 1985. Por supuesto, estamos en un mundo diferente al de la Guerra Fría de los años 80 (a pesar de los paralelos que se vienen acumulando en los últimos tiempos), pero todavía existen otros países que cuentan con una política exterior independiente, entre los cuales destaca China. Al tener la mayor economía del mundo, China podría ayudar a Venezuela a sobrevivir estas sanciones unilaterales.

China emitió un fuerte comunicado condenando las últimas sanciones de Trump. China apoyó las últimas sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra Corea del Norte en agosto, a iniciativa del gobierno de EE.UU. (Probablemente haya sido un error). Pero al igual que el resto del mundo, los chinos entienden que las sanciones contra Venezuela no son otra cosa que un evidente intento de derrocar a un gobierno soberano. Si las sanciones de Trump se sometieran a votación ante la Asamblea General de la ONU, obtendrían un nivel de apoyo cercano al del embargo de EE.UU. contra Cuba. La última vez que Estados Unidos votó sobre esa cuestión, en el año 2015, 191 países votaron a favor de condenar el embargo, mientras que sólo Israel apoyó a Estados Unidos.

Hasta ahora, ningún gobierno que no sea de Trump ha expresado su apoyo para estas sanciones contra Venezula.

China cuenta con más de 3 billones de dólares en reservas y le ha prestado decenas de millardos de dólares a Venezuela, de los cuales la mayor parte ha sido cancelada, y se espera que el resto se pagará en envíos petroleros.

Puede que China esté dispuesta a ayudar. No hay forma de saber lo que el gobierno en Beijing estaría dispuesto a hacer, pero tendría sentido para el gobierno venezolano acercarse a éste con un plan económico que brinde ciertas garantías de que su dinero no se desperdiciaría. Esto implica un plan que incluye las reformas básicas necesarias para estabilizar el tipo de cambio y la inflación, a modo de permitir la reanudación del crecimiento económico. Los chinos son famosamente reacios a decirle a cualquier gobierno soberano cuáles han de ser sus políticas económicas, y no colocarían condiciones de este tipo en cuanto a préstamos o inversiones — a diferencia del gobierno de Estados Unidos o el FMI o el Banco Mundial, dominados por Estados Unidos

Pero puede que China esté más dispuesto a ayudar a Venezuela en esta situación si se les presenta un plan sensato que apunte a la recuperación económica. También tendría sentido que Venezuela se acerque al Partido Comunista de China, ya que puede influir en las decisiones del gobierno chino y a veces adopta un enfoque más solidario en las relaciones internacionales.

Contrarrestar las sanciones ilegales (tanto en derecho estadounidense como internacional) de Trump beneficiaría a todos los venezolanos. Evidentemente, en cuanto a efectos inmediatos, cualquier ayuda que logre aliviar la escasez de alimentos y medicinas sería importante, y podría contrarrestar el impacto de las sanciones sobre la recuperación económica. Por otra parte, los préstamos y la ayuda china también podrían coadyuvar a una solución negociada. Aunque ni la oposición venezolana ni el gobierno hicieron concesiones significativas durante las negociaciones a finales del año pasado, hay poco incentivo para que la oposición negocie siempre que puedan contar con un deterioro económico continuo. Una recuperación de la economía haría que dicho incentivo reaparezca para la oposición.

China tiene intereses nacionales propios en no querer que toda Suramérica vuelva a estar dominada por el gobierno de EE.UU., como lo estuvo el siglo pasado, sobre todo con un presidente cada vez más agresivo, volátil, y perturbado al mando. Pero en este caso, sus intereses coinciden con el interés del mundo en general, en el que la soberanía nacional y el derecho a la autodeterminación son de vital importancia, habiéndose conseguido con mucho esfuerzo. Mientras que Trump busca posibles escenarios de acción militar en todo el mundo, a modo de salvar su fracasada presidencia, el pueblo estadounidense también tiene interés en cualquier cosa que ayude a resolver un conflicto que él ya ha anunciado como un posible blanco militar.

La gran mayoría del establishment en materia de política exterior y los medios de comunicación de EE.UU. no logran entenderlo, ya que ven el mundo desde el prisma del poder estadounidense, como solían hacer durante la Guerra Fría; sufren de un exagerado sentido de su importancia, capacidad y benevolencia; y poco les importa la soberanía o la autodeterminación de naciones “menores”. Esto los lleva a cometer muchos errores funestos y violentamente destructivos, como en los casos de Irak, Afganistán, Siria y Libia. Su apoyo a un cambio de régimen en Venezuela está entre esos errores.

Venezuela es un país polarizado, y es casi seguro que el conflicto requerirá una solución negociada, si ha de evitarse una guerra civil. Una mediación internacional con la participación de terceros aceptados por ambos bandos podría ayudar, junto a actores neutros y éticos que pueden jugar un papel importante, como el Papa Francisco, quien ha hecho llamados al diálogo en repetidas ocasiones. Pero el futuro de Venezuela debe ser decidido por los venezolanos, preferiblemente por vía de elecciones democráticas. No es algo que Donald Trump deba decidir.

El autor es es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR) en Washington, D.C. y presidente de la organización Just Foreign Policy. También es autor del libro “Fracaso. Lo que los ‘expertos’ no entendieron de la economía global”

El tenis y la cultura deportiva

A Mónica, quien ayuda a que el tenis sea un deporte para todos y todas en Puerto Rico

Quien frecuente eventos deportivos se dará cuenta de que cada deporte tiene una cultura deportiva propia. Esto incluye lo que venden en los concesionarios, la actitud de las personas en las gradas, su vestimenta, la jerga y cómo animan a los atletas, y la dinámica en general en el estadio o cancha. Reconozco que me crie yendo a juegos de baloncesto en Puerto Rico y de adulta lo más que hago es asistir a juegos de béisbol en Estados Unidos y de fútbol en otros países. Hace unos años fui por primera vez al Abierto de Tenis de los Estados Unidos (US Open) y la experiencia me impactó. Todo era diferente a lo que había experimentado previamente, los olores, colores y sonidos eran prácticamente desconocidos para mí. Lo primero que me chocó fue lo que vendían en los concesionarios, yo buscaba hotdogs y lo que vendían era nachos de langosta y tragos, recuerdo la gente bebiendo Martinis. También recuerdo la gran cantidad de gente vestida de blanco, con polos como de jugar golf y con unos bronceados artificiales o de estar expuestos al sol durante largas horas practicando el deporte. Pero de todo, lo más que me impresionó fue la actitud del público, esas reglas no escritas que tienen todos los deportes y sus aficiones. Por ejemplo, al igual que en atletismo se hace silencio cuando se da la salida, acá hay que hacer silencio mientras la bola está en juego, sobre todo cuando se saca. Pero el público mismo es muy estricto al respecto, mandando a callar incluso a niños que estaban hablando o llorando. Si por casualidad hay ruido, el árbitro, que tiene un micrófono, manda a hacer silencio. También las muestras de apoyo de la afición son bastante reservadas y se mantienen dentro de un código de lo aceptable, siempre cuando la bola está muerta y se siente cómo esos aplausos o gritos van disminuyendo hasta el silencio del próximo saque.

Imagino que el que creció yendo al tenis y lee esto no le sorprende nada de lo que aquí describo, y probablemente aterriza a la cancha de los Piratas de Quebradillas Raymond Dalmau y se inspira a escribir un artículo sobre la comida que venden y cómo la gente no para de gritar. Igual, las personas que conozco que han ido a ver juegos de fútbol en Europa o América Latina, aún viniendo de Puerto Rico donde los dos deportes principales, el béisbol y el baloncesto se animan constantemente y con cánticos e incluso instrumentos musicales, se sorprenden del ruido ensordecedor y la animación constante, a veces durante los 90 minutos del partido. Con el tenis hay un elemento de clase e incluso racial. No quiero decir que todo el que practique el deporte es blanco y rico, pero sí es un deporte que históricamente practicó la aristocracia europea, de ahí provienen muchas de estas reglas no escritas, (por ejemplo, en Wimbledon los atletas tienen que vestirse exclusivamente de blanco y esta regla viene del siglo XIX). En Estados Unidos la Asociación de Tenis (USTA) ha hecho un gran trabajo masificando el deporte, pero no deja de ser un deporte de carácter individual que requiere raquetas y bolas particulares y una cancha específica para practicarlo, lo que hace más difícil su difusión. El que las hermanas afroamericanas Williams, Venus y Serena, hayan estado en la cúspide del deporte durante la última década, ha ayudado a impulsar el deporte en esta comunidad, pero no deja de ser una excepción. Hay también muchos tenistas famosos que no vienen de familia adinerada. Aún así, la afición, sobre todo por los altos costos para asistir al evento, es de clase media para arriba y no muy diversa en términos raciales. Cabe señalar que con el alza del costo de boletos en Estados Unidos, incluso deportes más masivos e inclusivos históricamente como el béisbol y el baloncesto, también ha ido cambiando la composición de sus gradas.

¡Vamos Rafa!

Este año tuve la dicha de ver al tenista mallorquí Rafael Nadal en los cuartos de final del Abierto de Estados Unidos. Luego de varios años sin asistir, de nuevo me sorprendió todo lo que no tiene que ver con el deporte en sí. Esta vez, gracias a un primo que colabora con la institución, tenía unos asientos privilegiados abajo muy cerca de la cancha. Me fui a darle la vuelta al estadio para buscar algo de comer, las opciones variaban entre un bar de almejas (Oyster Bar), un lugar exclusivamente para beber vinos y tapas, un lugar con cortes de carnes exclusivos, y otro de sándwiches gourmet con una variada selección de aceitunas. Sin haber visto aún el azul de la cancha, ya los olores me indican que estoy en otra parte. Adentro, me deslumbro con el estadio precioso cubierto con el techo que costó 100 millones de dólares, que garantiza que las inclemencias del tiempo no alteren el itinerario establecido, sobre todo para la televisión. Mis vecinos de asiento aplauden a la jugadora estadounidense Coco Vandeweghe que si ganaba, aseguraba que las cuatro semifinalistas serían de Estados Unidos-lo que terminó ocurriendo, pero sus gritos se limitaban a “Go Coco” y siempre, tan pronto ella seleccionaba la bola que utilizaría para el saque, ese silencio absoluto. Hay algo en el ambiente que me recuerda al teatro, y estando allí vi que incluso, como en los conciertos no puedes entrar en medio de una canción, acá tienes que esperar el final de un punto para poder entrar a la cancha, y en varias ocasiones el árbitro pidió a la gente que estaba entrando que se sentaran antes de permitir el saque. Luego vino el partido de Rafa Nadal, quien llegó al torneo clasificado número 1 y quien está jugando en gran forma, luego de algunas temporadas con lesiones. El grito de guerra de sus seguidores es “Vamos Rafa!” y es agradable escuchar voces en otros idiomas. Al ser un evento internacional, también escuché checo y ruso. El público del Abierto estadounidense, además de apoyar a los tenistas del patio, tienen algunos internacionales predilectos, como el suizo Roger Federer, quien esta vez salió derrotado por el argentino Juan Martín del Potro. Y, aunque no vi ese partido en persona, lo vi en la televisión y me sorprendió escuchar gente cantando. Hablando de cultura deportiva, ésta no solo varía por deporte, sino por nacionalidades y de las más fuertes que he podido presenciar es la argentina. Debido a que el fútbol es el deporte rey en ese país, los argentinos han trasladado los cánticos de fútbol, e incluso las camisas de la selección nacional de este deporte, a todos los demás. Así, si está jugando la selección de baloncesto, los aficionados van con las camisas de Messi o incluso de Diego Maradona y cantan las mismas canciones. Pues así andaban en el tenis, e incluso en la tele reconocí las canciones del fútbol, cuando Del Potro eliminó a Federer las cámaras enfocaban a los argentinos cantando, gesticulando y gritando y hasta el comentarista mencionó el ruido y lo peculiar de la afición y su apoyo. Al final, Nadal derrotó al argentino en semifinales y se coronó, ganando su tercer abierto estadounidense y su décimo sexto torneo grande.

Mónica y el tenis en Puerto Rico

En este torneo, la medallista olímpica boricua Mónica Puig quedó eliminada en la primera ronda. A pesar de que en este año posterior a su gesta olímpica tiene un balance negativo en términos deportivos, con más derrotas que victorias, su impacto en el deporte puertorriqueño ha sido más que positivo. Mónica no solo ha dejado una huella en el deporte olímpico, sino que en su deporte, el tenis, ha contribuído a su difusión en la Isla. Como decía previamente el tenis es un deporte que requiere herramientas e infraestructura que es más costosa que muchos de los deportes masivos y que, además, como mucho, lo más que lo pueden jugar simultáneamente son cuatro personas en un partido doble, lo cual dificulta su masificación. Aún así se están haciendo los esfuerzos y, al igual que el tenis de mesa, se va difundiendo más en la Isla y se van diluyendo los estereotipos de que es un deporte asociado con una clase acomodada.

Sin duda el deporte va más allá de lo que sucede dentro de la cancha, el estadio, la pista o el cuadrilátero; la afición, lo que se vende y lo que sucede en las gradas tiene mucha relevancia en cómo vemos un deporte en particular. Las culturas deportivas se van transformando con los años y nos son estáticas, pero hay algunos aspectos que se mantienen y es interesante ver cómo se diferencian entre deportes. Así el tenis intenta masificarse y hacerse más inclusivo mientras mantiene un vínculo estrecho con sus raíces a través de sus códigos y reglas no escritas.

El negro Yuyú y el Grito de Lares

La cuestión de la esclavitud se venía debatiendo en Puerto Rico desde comienzos del siglo 19. En las Instrucciones del Ayuntamiento de San Juan al diputado Ramón Power, del 27 de octubre de 1809, se expone: “El mayor de los males que padece esta isla es la servidumbre de la esclavitud. El miserable esclavo padece cuanta miseria produce la naturaleza…” (Texto en Aída R. Caro Costas, Ramón Power y Giralt, 2012).

Sin embargo, aunque los ilustrados criollos no proponían el cese inmediato del tráfico de esclavos ni la abolición de la esclavitud, favorecían importar trabajadores rurales libres para ir formando la “clase de jornalero, que es lo que se necesita en esta isla”. Así mismo se quejaban del “sin número de agregados” que vivían desparramados por el país sin aplicación adecuada al trabajo.

Las condiciones económicas y sociales de Puerto Rico en el primer tercio del siglo 19, basadas en relaciones esclavistas (amos y esclavos) y relaciones semi-feudales (campesinos sin tierras dependientes en estancias y haciendas agrícolas) retrasaron el desarrollo del capitalismo. Lo mismo sucedía en el resto de los países colonizados o neo-colonizados del planeta. Frente al feudalismo y esclavismo o sus vestigios históricos, en el siglo 19 el capitalismo era el camino a seguir. Los obreros iban aprendiendo lo que eso significaba contradictoriamente, y desde los inicios lucharon contra ello, pero aun no era su momento histórico En el Tomo II de Memorias geográficas, históricas, económicas y estadísticas de la Isla de Puerto Rico, de 1831(2da edición 1968), el Secretario de Gobierno Pedro Tomás de Córdova constató la realidad esclava-agregada que resumimos en el cuadro que sigue:

Cuadro: Población de Puerto Rico, 1828

Castas y clases Cantidad Por ciento

Blancos 133,100 45%

Pardos 78,870 26%

Morenos y

negros libres 14,470 5%

Agregados de

todas castas 38,397 13%

Esclavos 31,874 11%

Totales 296,711 100%

Sirva el cuadro y la ficha bibliográfica, además, para subrayar la importancia de que el Gobierno mantenga un acopio y disponibilidad de información económica y estadística completo y fiable, que es uno de los asuntos importantes exigidos por la ciudadanía y bajo el escrutinio público en el presente. Hay que defender y dotar plenamente al Instituto de Estadísticas, libre de injerencia partidista, y Federal. La manera de exponer las categorías sociales, mezclando criterios de castas (diferenciaciones por racismo en este caso) y de clases (las relaciones de producción) solo permiten indicar que las clases trabajadoras reunían campesinos agregados y esclavos en 24% de la fuerza laboral básica. Los demás sectores libres estarían distribuidos en las clases de los comerciantes, hacendados, pequeños y medianos agricultores, artesanos, y empleados asalariados del gobierno y otros oficios.

De hecho, por su utilización principal en el ramo azucarero el número de esclavos casi triplicó de 18,600 en 1815 a sobre 51,000 en 1846. Pero desde la década de 1840, precisamente, bajo una ordenanza del gobernador Miguel López Baños se formalizó la categoría de jornalero como trabajador a base de salario y se estigmatizó de vago a todo el que no pudiera probar una ocupación. Los decretos sobre la vagancia y la existencia de una masa campesina sin tierras propias fueron medios de estimular (y forzar) la formación de la clase de los jornaleros.

El crecimiento de la agricultura comercial (de haciendas azucareras y cafetaleras, especialmente) y la interconexión de Puerto Rico con el mercado capitalista mundial, a la vez que se experimentaba el desarrollo tecnológico industrial, fueron impulsando la transformación de las relaciones pre-capitalistas en la dirección visualizada desde comienzos del siglo 19. Hacia mediados del siglo, Inglaterra capitalista industrial le impuso tratados a España para cortar el tráfico de esclavos de África y sus números comenzaron a disminuir. Interconectado a ello dentro de Puerto Rico la masa de trabajadores fue incrementando y nutriendo a los jornaleros. Entonces otro gobernador, Juan de la Pezuela, dio cuenta de esta realidad estableciendo la Libreta de Jornaleros de 1849. Los trabajadores estaban encauzados por el camino semi-capitalista, de asalariados con muchas restricciones y coacciones patronales. Teóricamente, como sistema socioeconómico el capitalismo se predica sobre la base de la existencia de una relación contractual entre empresarios libres y obreros libres. Claro, en esa ecuación desde el comienzo la minoritaria clase propietaria ha sido (y continua siendo) más libre que la mayoritaria empleada subordinada. Nos estamos acercando al negro Yuyú.

En las vísperas del Grito de Lares, según el censo de 1867 se registraron un total 43,347 esclavos (de todas edades y sexos), por un lado. Y, 66,079 jornaleros varones portadores de libretas de trabajo, por otro lado. Lo que esa cifra esconde es que si le asociamos mujeres e hijos e hijas, en realidad la clase jornalera fácilmente alcanzaba los 400,000 habitantes, constituyendo probablemente dos terceras partes de la población. Visto desde esta perspectiva la revolución de 1868 exigía un cambio drástico de dirección económica. No más servidumbre feudal ni esclavitud, históricamente anacrónicos.

Los esclavos venían luchando por su libertad desde que fueron cautivados en sus hogares africanos en el siglo 16. A lo largo del siglo 19 resistieron en Puerto Rico mediante fugas incesantes (esclavos cimarrones), intentos de rebelión armada y homicidios de capataces, por ejemplo. En la década de 1860 contaron con unos aliados propietarios y profesionales, partidarios del liberalismo y favorecedores de la abolición de la esclavitud, por razones económicas, humanitarias o religiosas, o una combinación de ellas. Eso es lo que se constata con la participación de los comisionados puertorriqueños ante la Junta de Información de Ultramar, entre octubre de 1866 y abril de 1867.

Formando un frente liberal por Puerto Rico, José Julián Acosta (asimilista), Francisco Mariano Quiñones (autonomista) y Segundo Ruiz Belvis (independentista), denunciaron el despotismo colonial, y exigieron libertad de comercio, gobierno propio y la abolición radical de la esclavitud y del régimen de libreta de jornaleros. Sabido es que el gobierno de España se burló de Puerto Rico e impuso un nuevo esquema de impuestos. Remito a los libros de Olga Jiménez de Wagenheim, “El grito de Lares” (1986) y el mío si se me permite, “La Revolución Puertorriqueña de 1868” (2003).

Terminar con la esclavitud en Puerto Rico no fue tarea fácil. Eso el negro Yuyú, y tantos otros, lo vivieron en carne propia. Sobre el fin de la libreta de jornaleros como de la esclavitud hubo perspectivas encontradas: (a) mantenerlo eternamente, (b) transformación gradual, (c) abolición radical. Un sector revolucionario de avanzada, con el Doctor Ramón Emeterio Betances a la cabeza, promovió la abolición inmediata de la esclavitud. Betances lo consagró en su famosa proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres, de 1867. Un Betances hubiese decretado la abolición incondicionalmente.

Pero a la hora del Grito de Lares, concretamente, para propiciar la acción de los esclavos, hacendados revolucionarios dueños de esclavos proclamaron su libertad con su participación directa, es decir, empujándolos a conquistarla junto a la independencia nacional. A los ancianos y desvalidos no le plantearon esa condición. Se la dieron sin más discusión.

Aquí es que entra en acción Yuyú. Tarde en el artículo, pero sin el trasfondo histórico previo no se comprende bien. Agradezco la paciencia y su atención. Digo, también hay que provocarles agua en la boca antes de saborear el manjar. Así sabe mejor. Drama y cine en Puerto Rico tienen en nuestra historia, empezando con esta de los de más abajo, sobrada tela por donde cortar y guiones solo esperando creatividad, voluntad y, claro lo entiendo, respaldo financiero de la cualidad que ni a la Junta de Control Fiscal (“Federal” de Estados Unidos) ni al gobierno anexionista del Plan y la Ruta (de lo que nunca nos enteramos) les interesa respaldar. Pero, no nos engañemos, tampoco interesaba al Gobierno de la Transparencia del status quo colonial previo.

Como tanta otra información, importante y secundaria (toda merece atención) la del esclavo Yuyú figura en el “Expediente sobre la insurrección de Lares, de 1868-1869”. Ajustado al estado actual de investigaciones, de una muestra de 490 presos (indicado por Olga Jiménez) figuran 49 esclavos o 10% de ese total; por otras investigaciones los presos ya rondan los 600. Fueron muchos más los esclavos y paisanos de las demás clases sociales que participaron, mas, no los atraparon. Varios esclavos fueron sometidos a interrogatorios por las autoridades españolas.

De la “Declaración del negro Yuyú al Fiscal, del 29 de septiembre de 1868” (Pieza 5) obtenemos lo que sigue. Dijo que se llamaba Cándido, conocido por Yuyú. Creía tener “sobre 25 años”, de donde podemos inferir que nació como mínimo hacia 1843. Es decir, en pleno apogeo de la hacienda azucarera. No se indica si era criollo o llegó como bozal (importado) joven a la isla. Es uno de los tantos ejemplos de la ecuación azúcar y esclavitud en su apogeo. Era esclavo de don Pedro Beauchamp; sí, un revolucionario esclavista. ¿Acaso George Washington, jefe militar de la revolución “americana” (la de las Trece Colonias del Norte) y tantos otros revolucionarios de Virginia, North Carolina, etc., no eran dueños de esclavos? Busquen a ver cuántos de aquellos patriotas les dieron la libertad a sus esclavos. Algunos no podían prescindir de los “pancakes” de Aunt Jemima, ni de los placeres de algunas de sus negras oprimidas.

La familia Beauchamp (sobre la que hay que escribir un libro) pertenecía a la organización revolucionaria del Barrio Furnias, ubicada en la zona de la altura montañosa (¿suena redundante lo de “altura”?) de Mayagüez, en el oeste de Puerto Rico; es que muchos no saben que la ciudad-puerto de Mayagüez se extiende territorialmente desde la costa de Guanajibo hacia uno de los cielos de Puerto Rico. Hay que educar hasta en geografía básica, y mejor sería si todos conocieran los recursos naturales y potencial alimenticio de cada área. En el presente Puerto Rico se honra con sus descendientes, varios todavía viviendo en Mayagüez. Seis miembros de los Beauchamp de 1868 figuran entre los presos: Dionisio, Elías, Francisco Dorval, Pablo Antonio, Zoilo, y Pedro. Sobrevivieron y fueron liberados en la Amnistía de enero de 1869, pero ahora no es ocasión de extendernos en ello.

Yuyú quería ser libre como todo ser humano. Jean Jacques Rousseau y otros filósofos de la Era de la Ilustración de la Europa civilizada en el siglo 18 lo enunciaron en sus obras clásicas. La Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano de la revolución francesa lo proclamó en 1789. “Todos los hombres nacen libres” y así deben permanecer durante sus existencias. Solo falta añadir, ¡y las mujeres también! Así lo proclamó en otra osada Declaración de los Derechos de la Mujer, Olympia de Gouges, quien pagó su atrevimiento en la guillotina. Pues entonces ni los más radicales de los hombres de izquierda admitían la emancipación de las mujeres. Algunos de ellos, como el jefe de la Comuna de París Maximilien Robespierre, por otras contradicciones y torpezas políticas también pagaron con sus cabezas. No hay que adular a ningún ídolo; hay que estudiar y entender, apreciar sus virtudes y criticar y corregir sus defectos, a los seres humanos.

El negro Yuyú fue uno de los revolucionarios del Grito de Lares. Admitió su participación. Dijo que el 23 de septiembre de 1868 fue con Eleuterio Soto y con Pascasio, esclavo de don Pablo Beauchamp, “y mandó a los cogedores de café que le siguieran a Lares”. El día del Grito de Lares se estaba recogiendo café. Eso hay que saborearlo, incluso desde mucho antes.

Llevaba a los esclavos cogedores de café a casa de don Bruno Chabrier, otro hacendado involucrado. Vio en casa de Chabrier a don Pablo “armado con un revólver y un sable”, y de allí junto a otros esclavos armados con machetes se encaminaron al pueblo (cafetalero por excelencia) de Lares a proclamar la República de Puerto Rico. Lares sabe a revolucionario café. Es la cuna de la lucha de Puerto Rico por su libertad. No es un pueblo de “los cielos abiertos” de cierto alcalde anexionista ignorante del revolucionario tabaco de Virginia.

En Lares, dijo Yuyú, “se les unió más gente que había allí”. Al tomar exitosamente al pueblo por asalto, de lo que recordaba creyó “que pusieron preso al alcalde de Lares”. El puertorriqueño Pablo Mediavilla era funcionario al servicio de los españoles.

Los carceleros españoles le preguntaron “si su amo le mandó se metiera con los armados”. ¿Si usted fuera un negro o una negra esclavo y esclava de 1868 qué les diría a las autoridades que podían mandarlo a ejecutar en el acto? Yuyú, “dijo que sí, se lo mandó diciéndole que como vendría la libertad vendría también para el declarante, y lo mismo dijo a los demás negros”. Es que con la abolición revolucionaria de la esclavitud, de ella iban a quedar libres tanto esclavos como amos.

Otros dos esclavos de don Pedro Beauchamp también participaron y fueron presos. Pascasio y Timoteo “iban cuidando mulas” cargadas de pertrechos necesarios. Incluso menciona otros protagonistas de los del trabajo explotado de más abajo que iban con la esperanza de verse emancipados en la república de Puerto Rico libre. El negro Yuyú figura entre los beneficiados de la amnistía general de finales de enero de 1869, pero continuó siendo esclavo hasta la abolición definitiva en 1873. Su decisión así como la de otros esclavos y patriotas rebeldes en general contribuyeron decisivamente a abonar esa culminación.

El autor es Historiador, Departamento de Historia UPR-RP. fmoscoso48@gmail.com.

México llora las cicatrices de su tierra

Un panorama desolador se percibía este sábado 9 de septiembre en las zonas más devastadas por el terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter que sacudió el centro y sudeste de México, el más poderoso en un siglo, mientras la cifra oficial de víctimas se elevó a 64 muertos y 300 lesionados.

Las imágenes, sobre todo de Juchitán, en el llamado Istmo de Tehuantepec, del estado de Oaxaca, muestran un amasijo de ruinas de lo que fue el histórico Palacio Municipal, construido en 1860.

En Juchitán, donde 36 personas murieron –de un total de 45 solo en Oaxaca, el estado más pobre y con más población indígena del país–, se derrumbó parcialmente una iglesia y numerosas viviendas, reportó la agencia ANSA.

Restos de cercas metálicas, láminas, fragmentos de concreto, tierra y yeso se mezclaban sobre el suelo con tejas de barro, rodeando la maquinaria pesada que intentaba remover escombros en la devastada Juchitán.

El presidente Enrique Peña Nieto, que ordenó tres días de luto nacional, visitó Juchitán pero no pudo cumplir su plan de ir a Chiapas, por el mal tiempo, y dijo a la cadena Televisa que el Gobierno ayudará a reconstruir las casas destruidas.

En Juchitán, la alcaldesa Gloria Sánchez informó que hubo 7 000 inmuebles dañados, de los cuales al menos mil quedaron destruidos por completo, entre ellos el único hospital público, cuyos pacientes debieron ser evacuados y las consultas se realizaban al aire libre.

Otros municipios castigados fueron Matías Romero, donde se vino abajo un hotel; Unión Hidalgo, Ciudad Ixtepec y Tehuantepec, mientras que una refinería del puerto de Salina Cruz tuvo que cancelar operaciones temporalmente por una explosión.

En Chiapas, punto del epicentro, fueron dañados unos 3 000 inmuebles, entre ellos 428 casas colapsadas, 792 escuelas, 18 edificios, un puente y 9 segmentos de carreteras. Peña Nieto fue abordado por decenas de personas que le pidieron ayuda: agua, comida, servicio eléctrico y reparación doméstica.