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AEE y su reestructuración

Para la directora de Investigación del Proyecto ReFund America (RFA), Carrie Sloan, el retiro del acuerdo de reestructuración (RSA) de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) con un grupo de bonistas, es considerado positivo siempre y cuando el acuerdo que lo reemplaze ponga los intereses del pueblo de Puerto Rico primero.

“El acuerdo de reestructuración actualmente bajo consideración es terrible para Puerto Rico y para los usuarios de electricidad puertorriqueños. Este acuerdo, de ser aprobado, pagaría casi por completo la inversión de los acreedores, y al mismo tiempo agobiaría a los consumidores con unos aumentos altísimos automáticos a sus tarifas. Así que si se retira un acuerdo tan terrible, lo consideramos como algo positivo, siempre y cuando el acuerdo que lo reemplaze ponga los intereses del pueblo primero”, declaró en exclusiva a CLARIDAD.

El hecho es que luego de tres años de “negociación” y la AEE haber gastado alrededor de $47 millones en la síndico Liza Donahoue, impuesta por los bonistas, ahora resulta que la Junta de Control Fiscal (JCF) se encuentra dividida sobre si aprobar o no el RSA e incluso hay políticos de Washington y otros grupos de interés que presionan a favor y en contra del acuerdo, según informó en un artículo la colega Joanisbel González, en El Nuevo Día.

Si algo confirman estas divisiones son las denuncias que tanto el Proyecto ReFund America, como el Instituto de Economía de la Energía y Análisis Financiero (IEEFA, siglas en inglés), y economistas del patio como Martha Quiñones, todos han denunciado que el RSA conlleva el alza en tarifas hasta de 55%(un aumento de 21 centavos por kilovatio hora para los próximos cinco años), para asegurar el pago de la deuda de $11,400 de la AEE.

La directora de RFA apuntó a que debido a que muchas de las deliberaciones de los miembros de la JCF sobre los diversos acuerdos de reestructuración de deudas han ocurrido tras puertas cerradas, es muy difícil saber cuáles discusiones se han dado entre los miembros de la Junta o los congresistas involucrados con el tema para rechazar ahora el acuerdo. De paso denunció que la falta de transparencia de la JCF “es una de las razones que consideramos de que la Junta es una entidad antidemocrática”.

La situación con el RSA es otro argumento para continuar reclamando que se haga una auditoría completa de la deuda pública, incluyendo la de la AEE, la cual afirmó que fue adquirida sin legitimidad. “No podremos llegar a un acuerdo justo cuando partimos de la premisa que hay que pagar la deuda completa tal cual. Por eso consideramos que hacer una auditoría es indispensable antes de que se haga un nuevo acuerdo”, reiteró.

Los límites superiores de lo insoportable

En tiempos recientes se ha repetido una y otra vez. Por más de 20 años los gobiernos tomaron préstamos de cantidades astronómicas cuyas cuotas de pago eran imposibles de pagar. De cuatrienio en cuatrienio, la tendencia fue acrecentándose. Los altos funcionarios ignoraron las voces de alerta y estuvieron dispuestos a endeudar aún más al país.

Sin embargo, no se sabe adónde fue a parar esa ingente cantidad de millones de dólares. Mientras eran depositados en las arcas del gobierno, en al menos los últimos 15 años, la gente se empobrecía, la infraestructura se deterioraba, la fisonomía de pueblos y ciudades se oxidaba, agrietaba y abandonaba hasta adquirir el rostro de las ruinas.

Cualquier ciudadano de alguna edad recorre el país y hurga en su memoria. Vuelve a ver en su mente el mundo anterior a la catástrofe. Lo que son hoy centros comerciales sin tiendas, grandes estructuras dejadas a la intemperie, que hasta sólo unos años ocuparon cadenas de ferreterías, mueblerías, tiendas de materiales de oficina, ropa o electrodomésticos, subsisten en los recuerdos como fotos de la infancia que van empalideciendo sus colores.

En cualquier urbanización hay casas arropadas por la maleza. En muchos años, nadie ha entrado a ellas o se ha ocupado de su mantenimiento. Ya ni siquiera alguien sueña con venderlas. Pertenecen a dueños que partieron y las olvidaron como un juego de cuarto intransportable o son de un banco que las relega a una lista demasiado larga de propiedades reposeídas. Aun en zonas prósperas, como la avenida Ramírez de Arellano de Guaynabo, conté recientemente 32 estructuras abandonadas o en venta. Es imposible saber, más allá de los controles de acceso, cuántas hay en este barrio en similar situación. Si la avenida sirve de muestra para una estadística, se podría calcular que entre el 10 y el 15 por ciento de las residencias albergan fantasmas.

Este panorama conduce a una pregunta: ¿qué se hizo con el dinero? La respuesta resulta evidente, pero es parte de una especulación, porque el asunto no se ha vinculado con una investigación que merezca ese nombre: las decenas de miles de millones de dólares se robaron o mal invirtieron; los recursos se utilizaron para apuntalar un precario estado colonial constreñido por una camisa de once varas en un mundo de transacciones globalizadas.

No se ha indagado suficientemente en esta debacle que ha traído al país hasta la imposición por Washington de la Junta de Control Fiscal. El cabro sigue cuidando de las lechugas y ha gozado y lo continúa haciendo de una impunidad negociada por políticos, empresarios, desarrollistas y profesionales. En el proceso se puede aludir a un logro o, acaso a una victoria, pero estos son historias personales: individuos o grupos que se habrán enriquecido a costa del endeudamiento del Estado.

La deuda que nos irá empobreciendo sin tregua puede convertirse también en un espejismo. Se puede llegar a pensar, que antes de ella, las cosas marchaban bien o, al menos, sustancialmente mejor. Pero si la edad del ciudadano se lo permite, puede recurrir a su memoria y percatarse que en los presuntos tiempos de vacas gordas, el país no disfrutó de sólidos proyectos de desarrollo económico, educativo y de salud. En esos tiempos, si bien mejor que ahora, tampoco se vivía holgadamente. Algo ocurría también entonces que no permitía a esta sociedad salir de sus estrechos límites.

Los que tenían el poder para hacerlo, diseñaron un país no para que fuera eficiente o próspero, no para que se destacara y mucho menos para que fuera sobresaliente. El poder de Washington y el más restricto de la colonia, diseñaron una sociedad para que sus ciudadanos, consumidores y electores no cambiaran de estación ni de partido. Los hacedores de esta sociedad no pretendieron el desarrollo ni el bienestar sustentables y duraderos. Les bastó la creación de una sociedad que habitara el límite superior de lo insoportable. Un país en que era más importante la construcción de una imagen plácida y autocomplaciente, que la realidad de una situación personal y colectiva perennemente colindando con lo intolerable.

En la historia de Puerto Rico no hay arcadias. Sólo periodos en los que se figuró estar del otro lado de la guardarraya de lo insufrible. Puerto Rico ha estado, bajo España y Estados Unidos, en las garras del denominador común más bajo. Se ha gobernado suponiendo que sólo era necesario asegurar los mínimos: mínima educación posible, mínima salud, mínima cultura, mínimo bienestar. Lo que baste, como dijera antes, para que no se cambie de estación o de partido.

Esta estrategia ha resultado insuficiente para afrontar los tiempos de la deuda. Cada año decenas de miles de puertorriqueños no solamente cambian de estación, sino que abandonan el país. Miles de ciudadanos dejan de votar o lo hacen buscando alternativas. El actual partido de gobierno obtuvo su triunfo electoral con sólo 42% en una elección lastrada por una abstención sin precedentes. Hace unos días, un plebiscito en el que probablemente hubo irregularidades en el conteo de votos, logró una participación que apenas pudo rebasar el 20%.

La población ya no habita el límite superior de lo insoportable sino que ve cómo las ruinas la cercan y la invaden. En pocas semanas decenas de miles de trabajadores verán sus sueldos reducirse en 20%, miles de hipotecas caerán en el impago, miles de ciudadanos perderán la tarjeta de salud, miles de empleados en edad productiva serán puestos contra la pared al aceptar una jubilación obligatoria.

La deuda puertorriqueña no es simplemente el resultado de la irresponsabilidad de los gobiernos y de las insuficiencias de la colonia. Este periodo ruin se forjó por el diseño que nos ha determinado a lo largo de nuestra historia. Probablemente constituirá un hecho inevitable debido a la edificación de una sociedad cuyo tope, cuyo cielo, era el límite superior de lo insoportable. En este tipo de sociedad no hay destinos colectivos, sino divisiones nítidas. Un grupo de pocos se siente desconectado de los muchos. Dos países conviven en un solo territorio. Existen dos nosotros y dos ellos. Las muchas docenas de miles de millones que debemos se dedicaron al país de los pocos y permitieron por un periodo que ahora sabemos restricto, el límite superior de lo insoportable para los muchos. Hoy los vicios de construcción nos atrapan, pero los desarrollistas y constructores de la estructura han muerto o se fueron a la quiebra. Los inquilinos no tienen a quién recurrir sino a ellos mismos.

Las ruinas tienen únicamente dos posibilidades: su abandono o reconstrucción, la renuncia a ellas o su rediseño. En esta coyuntura, la pregunta clave es quién se ocupará de decidir, qué porción del país determinará lo que serán los nuevos límites de lo insoportable.

El momento en que vivimos: Hipótesis y retos

Pasado ya el evento plebiscitario que ocupó la atención en días recientes, quiero compartir unas observaciones que entiendo deben tomarse en consideración para trazar una hoja de ruta hacia la verdadera descolonización.

Les planteo las siguientes hipótesis en torno al momento político en que vivimos. No entro en lo económico porque esa reflexión merece una consideración de muchos detalles en un escrito dedicado a ello:

1. El apoyo a la estadidad está en una fase decreciente;

2. En Estados Unidos (EE UU) no hay ánimo político de alentar, y mucho menos, conceder, la estadidad;

3. La movida del Secretario de Justicia de EEUU al:
• desmentir a Rosselló en cuanto a la ciudadanía de EEUU como únicamente accesible bajo la estadidad;
• favorecer la inclusión del estatus territorial actual;
• pedir la posposición del plebiscito; son todas señales de que EEUU no quiere atender una petición de estadidad y quiere mantener la colonia por consentimiento que es el ELA

4. EEUU reaccionó a la conformación de una alianza soberanista incluyendo al ELA para detener y dividir el movimiento que se estaba formando.

5. Los puertorriqueños en su gran mayoría han perdido la confianza en la forma de organización política tradicional.

6. Hay un sector, mayormente sexagenario y subiendo, que clama con nostalgia porque surja “un líder” (nunca lo ponen en femenino) que los inspire, y por lo tanto una organización vertical centralizada en una persona con poder.

7. A la misma vez, las generaciones jóvenes entre 20 y 40 años no aceptan ese mismo tipo de “verticalismo político” y exigen organizaciones flexibles, horizontales y ampliamente democráticas

8. En la calle hay un gran sector desesperanzado, decepcionado e indiferente a todo lo que tenga que ver con el estatus y la política en general, de difícil movilización

9. En la calle también se palpa un crecimiento en el interés de otros sectores de conocer y educarse sobre las alternativas soberanistas. Esto se ha demostrado en las actividades patrocinadas por el Junte Soberanista y sus organizaciones.

10. La Libre Asociación es la opción de estatus con más crecimiento en el pueblo.

11. La opción de independencia, aunque estancada en las últimas décadas está demostrando crecimiento en los sectores jóvenes de estudiantes, en los pequeños empresarios, artesanos, agricultores, pero no así en el sector de clase trabajadora asalariada. (Los jóvenes me pueden corregir si mi percepción es errónea)

12. El Junte Soberanista ha demostrado que existe hambre y necesidad de formar un movimiento amplio de pueblo que favorece la soberanía, aunque pueda haber diferencias marcadas en la visión de un Puerto Rico soberano que va desde un proyecto independentista socialista radical hasta una libre asociación neoliberal.

Ante el complejo panorama político que he tratado de resumir, y pueden añadir otros elementos que no haya tocado, ante el clamor de amplios sectores de que se forme una gran alianza de pueblo capaz de llevarnos a obtener la soberanía para Puerto Rico, necesitamos que todos y todas quitemos el foco de las diferencias, enfoquemos en lo que nos une, que no es poco, como enumero a continuación, sin pretender que sea una lista exhaustiva:

• La soberanía

• La lucha contra la Junta de Control Fiscal

• Los derechos humanos en su dimensión más amplia (individuales, colectivos, sociales, sindicales, religiosos, económicos, de género, de orientación sexual, culturales, salud, educación)

• Un proyecto de desarrollo económico sostenible que incluya: protección del comercio y empresarismo local frente a las multinacionales; derogación de las leyes de cabotaje; atención a la seguridad alimentaria a través del impulso de los desarrollos agrícolas; desarrollo del turismo; desarrollo de la industria de pesca, desarrollo de industrias innovadoras como son la robótica, las fuentes alternas de energía, las comunicaciones virtuales y de redes.

• La protección del medio ambiente incluyendo, bosques, ríos, mares, costas

Estoy segura que cada lector puede seguir añadiendo puntos sobre los cuales existe un gran consenso nacional.

¿Qué procede entonces? Sentarnos a dialogar sobre la convocatoria de una asamblea soberanista o anticolonialista para:

• Identificar la forma en que nos organizamos;

• desarrollar una agresiva campaña de educación sobre lo que significaría para Puerto Rico ser soberano y por qué es la única y verdadera opción para impulsar un desarrollo económico sostenible y salir de la crisis económica en que nos encontramos;

• identificar un proceso hacia la descolonización como lo sería una Asamblea Constitucional de Estatus depositaria de nuestra soberanía.

Podemos lograr esa gran hazaña de organizarnos como pueblo y conquistar nuestra soberanía si partimos de una agenda amplia e incluyente donde prevalezca en el trato la confianza de unos a otros, la generosidad y el amor patrio.

CRUCIGRAMA: Juan Bosch

Horizontales

1. Juan _____ Bosch Gaviño; cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, educador y político dominicano.

7. _____ el sembrador (1939); ensayo de Bosch sobre el prócer puertorriqueño.

13. 30 de _____ de 1909; nacimiento de Bosch. Hijo de José Bosch, catalán y Ángela Gaviño, puertorriqueña.

14. El _____ y la paz; novela de Bosch.

16. Severa en el semblante, en el modo de mirar o hablar.

17. Dirá necedades.

20. Símbolo del cobalto.

21. Apócope de mamá.

23. _____ Emilio Bosch; fue electo presidente de la República Dominicana en 1962; fue derrocado el 25 de septiembre de 1963 en un golpe de Estado. Líder de la oposición dominicana en el exilio contra el régimen de Rafael Leónidas Trujillo.

25. El _____ Manuel Sicuri; cuento de Bosch.

26. Orden de _____ Martí; otorgada a Bosch en 1988 por el presidente Fidel Castro.

28. La Revolución de _____; libro de Bosch.

30. Sal de boro, cristal blanco y suave que se disuelve fácilmente en agua.

31. Dios egipcio.

32. Mamífero rumiante africano de la familia de los antílopes.

33. Forma de pronombre.

34. Afirmación.

35. _____ pesos de agua; cuento de Bosch.

36. Ente.

38. Campo, tierra de labranza, pl.

40. Cavidad.

42. De Cristóbal Colón a _____ Castro; libro de Bosch.

45. Consuelo _____ Tapia; educadora y escritora puertorriqueña.

46. Época.

48. Puerto _____; Bosch vivió exiliado en este país.

49. _____ Domingo; ciudad donde Bosch falleció.

50. _____ Pie; cuento de Bosch.

51. Primero de _____ de 2001; defunción de Bosch. Sus restos están sepultados en el Cementerio Ornamental de La Vega, su ciudad natal.

Verticales

1. Barra, varilla o pieza similar que atraviesa un cuerpo giratorio.

2. Mugido.

3. Comenzar algo, llevar a cabo los primeros trámites de un proceso.

4. Símbolo del litio.

5. Átomo con carga eléctrica.

6. Producid algo de la nada.

8. Hembra del oso.

9. Conozco.

10. Escalofrío.

11. Escuché.

12. Colegio _____ Sebastián de La Vega; Bosch estudió allí.

14. Lengua provenzal.

15. Juego infantil hondureño.

18. Prefijo usado en palabras científicas con el significado de sobre.

19. El _____ y su enemigo; cuento de Bosch.

20. País caribeño donde Bosch vivió exiliado y dirigió la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos para la conmemoración de su Centenario.

22. Soasas.

23. Diversión bulliciosa y alborotada.

24. Un _____; cuento de Bosch.

26. Premio _____ Martí a la Excelencia del Periodismo Dominicano, en su mención Escritor Destacado del Siglo; otorgado a Bosch por la Asociación de Periodistas Profesionales de la República Dominicana.

27. Cuentos escritos en el _____; libro de Bosch.

29. Portugueses.

30. Juan Emilio _____ Gaviño; sus cuentos tienen un hondo contenido social, por ejemplo: “Luis Pie”, “Los maestros” y “El indio Manuel Sicuri”, “Un niño”, El río y su enemigo, descritos por la crítica como obras maestras del género.

35. Entregar.

37. Sonríe.

39. Juan Bosch _____; se desarrolló como un agudo analista político e internacional y formó parte en las luchas liberadoras de nuestros países.

41. El _____: frontera imperial; libro de Bosch.

42. Virtud teologal, pl.

43. _____ Alighieri; poeta italiano.

44. Paso la vista por lo escrito.

45. Alaben.

47. Sábila.

Gracias UPR Recuerdos de un viaje a Ghana

Visitar cualquier país del continente africano pudiera no ser tan atractivo para muchas personas. Menos cuando la imagen de África que ha imperado a nivel mundial es que es toda selva y animales salvajes, toda barbarie y enfermedad. ¡Qué carga histórica sostiene este continente, asociado con pobreza, falta de civilización, tinieblas, rayos y centellas!

“Si ves un león en el camino, me llamas en video call”, recuerdo que me dijo un familiar muy querido el día antes de que partiera hacia Accra, Ghana con un grupo de estudiantes graduados(as) y profesores del recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Aunque me resultó gracioso el comentario, evidenció el sinnúmero de estereotipos que damos por ciertos sin más.

Hace tres años exactamente –6 al 25 de junio de 2014– viví junto a ese grupo una de las experiencias más provechosas que puede tener cualquier estudiante universitaria: viajar a otro país para intercambiar conocimientos en un encuentro académico y, de paso, agregarle instancias al bagaje que la va formando como individuo.

Fernando, Lara, Jonatan, Alexandre, Jessica, Steven, Isabel, Xavier, Javier, Lucas, mi tocaya Gabriela y yo partimos llenos y llenas de entusiasmo, pues participaríamos del Seminar Series on the Languages, Literatures, and Cultures of Africa and the Diaspora en la Universidad de Ghana en Legón. Nos acompañaron los profesores César Solá, Nicholas Faraclas, Dannabang kuwabong (nacido en Ghana) y la profesora Rosa Guzzardo, todos activos en diferentes departamentos de la Facultad de Humanidades de la IUPI.

Este viaje estudiantil –coordinado por Faraclas y Kuwabong– se realiza cada dos años, forma parte de un curso graduado del Departamento de Inglés de Humanidades y permite que estudiantes de diferentes disciplinas exploren (para luego presentar allá) temas concernientes a la relación innegable que existe entre África y Puerto Rico: religión, música, fenómenos lingüísticos, esclavitud, entre otros.

A tres años del viaje, ¿qué es lo que más recuerdo de esos días? De inicio, me impresionaron los colores y patrones de las telas con que los ghaneses confeccionan camisas, trajes, pantalones, turbantes, saquitos para cargar bebés. También, me impresionaron los cuerpos negros que portaban las telas. En la mayoría de los casos, eran cuerpos ejercitados, de hombres y mujeres que necesitan mantenerse activos para ganarse la vida. En ese sentido, fue la norma durante la estadía toparme con mujeres que cargaban en la cabeza canastas con agua o frutas a la vez que llevaban un bebé amarrado a la espalda y un(a) niño(a) de la mano, que bien podía estar cargando más paquetes.

Recuerdo el aire denso, la falta de alcantarillados y desagües en las carreteras sin pavimentar, la niña que me pidió que le regalara un bolígrafo, la cerveza Star, lo bien que los africanos bailaban salsa, lo picante del arroz jollof (popular en todo el oeste de África), el Kelewele o plátanos maduros fritos, el fufu y la manera de comerlo, las pocas raciones de pollo que servían, las muchas de pescado o camarones, la vacuna contra la fiebre amarilla que tuvimos que ponernos previo al viaje, las veces que aclaramos que no éramos de Costa Rica, sino de Puerto Rico…

También, la excursión de horas en transporte público junto a los africanos hacia Kumasi, Tamale y Wa, tres ciudades cada una más al norte de Accra, la capital de Ghana, primera nación del África subsahariana en conseguir su independencia. Fue muy interesante visitar la represa hidroeléctrica de Akosombo, cuya producción permite satisfacer la demanda energética local, además de exportar electricidad a los países contiguos, Togo y Benín.

Por otro lado, me estremeció sobremanera la visita al Elmina Castle, ubicado en la comunidad pesquera de Cape Cost. Este castillo data del siglo XV y fue utilizado por los colonos europeos para encerrar y torturar a más de 30 mil esclavos africanos por año, esos que serían enviados al “Nuevo Mundo”.

Y de la Universidad de Ghana, ¿qué guardo en mis memorias? Ante todo, la grandeza del campus. Es una universidad tan grande que dentro de su perímetro hay una estación de bomberos, otra de policías, un correo, varios edificios altos que sirven de residencias para estudiantes, colmados y mercados, iglesias católicas y protestantes –existe el sincretismo religioso– museos, restaurantes. No exagero cuando cuento que vimos taxis transitando el campus de lado a lado.

Recuerdo con una sonrisa en los labios el día en que caminando por el recinto con dos de los compañeros, al escucharnos hablar español, un estudiante africano del Departamento de Lenguas de la Universidad se acercó para preguntarnos de dónde éramos. Al identificarnos como puertorriqueños, se alegró, pues había aprendido español en un intercambio estudiantil que hizo a Cuba. Demás está escribir que nos llevó al Departamento y nos presentó a algunos de los estudiantes que habían aprendido español en la isla vecina para sumarlo al inglés y a las lenguas africanas que conocen.

Precisamente, por oportunidades y experiencias de vida como esta que tuvimos –y que han tenido los y las que han representado la UPR en el extranjero– es que nuestra universidad debe continuar siendo accesible y pública. De este viaje, conservo fotos, que siempre son como el rostro de las memorias. Además, varias pulseras con cuentas pintadas a mano. Hace tres años, me pongo a diario aunque sea una de ellas. Son mi conexión con esa inolvidable vivencia.

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