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Los divertidos misterios de Knives Out, Glass Onion y Wake Up Dead Man

 

 

Especial para En Rojo

 

Entre los primeros libros que leí y que realmente disfruté estaban los comics de Astérix y Obélix y las novelas de Agatha Christie, que habían llegado a la biblioteca de mi casa de manera inexplicable. En casa, nadie leía a Christie. Escondidas entre las novelas latinoamericanas de mi mamá, recuerdo haber encontrado y leído de Christie And Then There Were None, donde diez personas son invitadas a una isla y cada uno va muriendo por accidentes muy sospechosos, y Murder on the Orient Express traducida al español. Por esta última, cuando tenía 10 años, siempre me imaginé como el detective belga, Hercule Poirot, resolviendo algún asesinato misterioso en un tren que recorría un mundo de fantasías. De chiquito me crié con la fascinación orientalista (y bastante problemática) de Agatha Christie y del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. De hecho, esas fantasías tomaron dimensiones visuales cuando di con Death on the Nile (dir. John Guillermin, Reino Unido, 1978) e Evil under the Sun (dir. Guy Hamilton, Reino Unido y EE.UU., 1982), donde Poirot asumió unas cualidades algo cómicas muy diferentes a la seriedad del personaje. Las afectaciones del personaje de Poirot, actuado por Peter Ustinov, lo hacían ver como un tipo de payaso exquisito. Esta personificación es muy diferente a la seriedad del Poirot de Albert Finney, que luego en mi adultez pasaría a ser parte de mi adaptación favorita de una novela de Agatha Christie, Murder on the Orient Express (dir. Sidney Lumet, Reino Unido, 1974). No soy fanático de las adaptaciones de Kenneth Branagh porque encuentro su Murder on the Orient Express (EE.UU., Reino Unido y Malta, 2017) y Death on the Nile (EE.UU., 2022) algo vacías e innecesarias ante las sólidas adaptaciones previas de la obra de Christie. La oscuridad de A Haunting in Venice (dir. Kenneth Branagh; Reino Unido, Italia y EE.UU., 2023) es algo más interesante, pero nada como los misterios escritos y dirigidos por Rian Johnson, Knives Out (EE.UU., 2019), Glass Onion (EE.UU., 2022), y su más reciente Wake Up Dead Man (EE.UU., 2025), que es mi favorita de las tres. Estos tres misterios, que comparten al excéntrico detective Benoit Blanc (Daniel Craig), cuestionan los mundos privilegiados de Agatha Christie y no fallan en recalcar lo divertido de un misterio bien construido.

En su trilogía de Benoit Blanc, Rian Johnson demuestra sus claras influencias dentro del género del misterio. En una de mis películas favoritas de Robert Altman, Gosford Park (Reino Unido, Italia y EE.UU.; 2002), el director usa el ambiente aristocrático que tradicionalmente asociamos con la literatura de Agatha Christie. Sus personajes transitan burbujas de privilegio donde “los de abajo” son tan solo sombras que pululan mientras les sirven a sus amos. He aquí la razón por la que el asesinato de Sir William McCordle (Michael Gambon) en su propiedad de Gosford Park, acto que transgrede las divisiones sociales, confunde a Thompson (Stephen Fry), el torpe detective a cargo del caso y que no puede ver más allá del sistema de clases británico. Cada una de las películas de Johnson cuestiona las estructuras de privilegio en los Estados Unidos. En Knives Out, Marta Cabrera (Ana de Armas) es la sirvienta privada del escritor millonario, Harlan Thrombey (Christopher Plummer). Ella es la sospechosa principal del asesinato del escritor. Marta es inmigrante y su madre es indocumentada, detalles que la familia Thrombey utiliza para recuperar la fortuna que el fenecido escritor le dejó a su sirvienta. La historia gira en torno al asesinato de Thrombey, que Blanc (Daniel Craig) y el detective de la policía (Lakeith Stanfield) luchan por esclarecer. Pero esta también revela la hipocresía de una familia que, aunque alardea de su liberalismo, está dispuesta a aplastar al marginado cuando su fortuna se ve amenazada.

Por otro lado, Johnson no pierde de vista lo divertido que puede ser una película de misterio. La primera secuela de Knives Out, Glass Onion, tiene ecos del clásico de misterio, The Last of Sheila (dir. Herbert Ross, EE.UU., 1973). En esta joya detectivesca setentosa, un grupo de artistas de cine se juntan en un yate para participar de un juego que Clinton (James Coburn) ha creado. Siguiendo la estructura de un juego de mesa parecido a Clue, Clinton asigna una identidad criminal a cada uno de sus invitados, entre los que está Alice (Raquel Welch), una estrella de cine; Philip (James Mason), un director reducido a dirigir comerciales de televisión; y Tom (Richard Benjamin), un libretista en busca de un nuevo proyecto, entre otros. En el yate está el asesino de su compañera, Sheila, una chismóloga que sabía demasiado y que fue atropellada una noche de fiesta. Clinton juega morbosamente con cada uno de sus invitados y el humor, que cuenta con destellos queer muy bien logrados, no pierde el ritmo y refleja el toque de Stephen Sondheim, que fue uno de los libretistas. En Glass Onion, Johnson critica la idealización de “genios” a lo Elon Musk con el personaje de Miles Bron (Edward Norton), el manipulador carismático que se apropia de las invenciones de los demás. Jonson pone en evidencia el ambiente idóneo creado por personajes como Birdie Jay (Kate Hudson), la influencer tontita cegada por la fama, y Lionel Toussaint (Leslie Odom Jr.), un brillante científico fiel a Bron, para que depredadores como Musk y Mark Zuckerberg ejerzan su poder sobre el mundo. Bron usa un juego de mesa que él ha concebido para controlar a sus invitados, dándole un toque divertido a la trama. Sin embargo, al final, el juego tan aparentemente complicado se viene abajo demostrando el intelecto vacuo de su inventor. Tanto como The Last of Sheila, que se burla del privilegio de la industria del cine sin perder de vista lo divertido del juego, Glass Onion demuestra lo irracional del juego en el que seguimos participando sin afectar lo entretenido del misterio.

La más reciente película de Johnson, Wake Up Dead Man, se enfoca en la manipulación de la iglesia y de las políticas reaccionarias conservadoras que llevaron al triunfo de la derecha en los Estados Unidos. En la historia, Jud (Josh O’Connor en una excelente actuación) es un joven cura cuya volatilidad en contra de la injusticia lo mete en problemas. Por esto, es asignado a una pequeña parroquia dirigida por el terrible monseñor Jefferson Wicks (Josh Brolin). Wicks manipula a los pocos feligreses con los que cuenta su iglesia con promesas vacías de milagros que nunca ocurren y con sermones fogosos que condenan todo aquel que es diferente. Jud no solo enfrenta el puño bajo el que mantiene Wicks a sus seguidores, sino que también es acusado de un asesinato que nadie más pudo haber cometido. Siguiendo un tropo del género detectivesco, Wicks fue apuñalado en un cuarto pequeño entre paredes de piedra al cual Jud tuvo primer acceso. He aquí el desafío de la investigación para Benoit Blanc, que por fortuna se interesa en el caso y sabe que Jud es inocente. Blanc está seguro que el asesino se esconde en la iglesia, entre los que cuentan Martha (Glenn Close, tan fabulosa como tiene que ser), la devota secretaria de la iglesia; Lee (Andrew Scott), el escritor venido a menos que está trabajando un libro sobre las ideas reaccionarias de Wick; y Samson (Thomas Haden Church), el encargado de mantenimiento de la iglesia. Como misterio, la película sigue un ritmo excelente con cada nuevo giro en la investigación y con las complicaciones que surgen a través del camino. Johnson también dirige una crítica pertinente a la derecha cristiana que justifica los horrores del gobierno y la manera en la que el poder define un sistema opresivo del cual nadie tiene escapatoria. Dentro de este ambiente, Jud lucha como buen boxeador por curar a la humanidad. Su prueba de fe, tan fundamental para la historia como la del padre Karras (Jason Miller) en The Exorcist (dir. William Friedkin, EE.UU., 1973), es la acusación de asesinato que lleva sobre sus hombros. Pero a través de la experiencia más terrible o “de su camino a Damasco,” Jud siente una profunda misericordia por sus enemigos y su afirmación de servir a todos los que lo necesitan. Como ateo, quisiera conocer un Jud, con la sensibilidad hermosa que le da Josh O’Connor.

No dejen de ver estas tres maravillas de Rian Johnson. Les aseguro que se las disfrutaran de principio a fin, especialmente Wake Up Dead Man, que pueden encontrar en Netflix.

Huracán Melissa dejó en Cuba devastación pero también profundas muestras de solidaridad

 

 

 

Corresponsal de CLARIDAD

La Habana, Cuba-A dos meses del paso del Huracán Melissa, Cuba aún se recupera de los desastres causados por el fenómeno en la zona oriental del país, donde tuvo un impacto directo en cinco provincias.

Melissa, que tocó tierra como huracán categoría 3, dejó más de 116 mil viviendas destruidas, según cifras oficiales, y todavía hoy cerca de 3,000 damnificados reciben asistencia de las autoridades.

En la provincia de Santiago de Cuba, la más afectada de todas –las otras provincias afectadas fueron Holguín, Guantánamo, Las Tunas y Camagüey–, quienes vivieron de cerca el paso de la tormenta afirman fue una experiencia que nunca olvidarán.

“No pensé que esto iba a estar así porque el ciclón Sandy [que impactó la zona oriental de Cuba en 2012] había pasado por aquí, bastante cerca, y no me había devastado como en este momento. Ahora es una pérdida grande y sentimentalmente me siento afligido. Me siento muy mal”, expresó a CLARIDAD Raúl Duverjel, vecino de la localidad de Guamá en Santiago de Cuba, donde tocó tierra Melissa en octubre pasado, y con quien conversamos apenas un día después del paso del ciclón.

Igual sentimiento manifestó a este rotativo Nuvia Rivera, también vecina de Guamá y decidió pasar la tormenta en su hogar, a escasos metros de la costa, junto a otros integrantes de su familia. Una experiencia que pudo haberle costado la vida.

“Fue algo terrible. Fue realmente fuerte. El mar entró por todas partes. Si te digo la verdad, en un momento pensamos que no lo íbamos a lograr”, sostuvo Rivera.

Pero además de grandes afectaciones, el Huracán Melissa dejó tras de sí profundas muestras de unidad y solidaridad en la población cubana.

Desde La Habana y otras provincias, a menudo de forma espontánea, las personas se han organizado para enviar a sus vecinos y parientes afectados donaciones y ayuda humanitaria, con la que paliar, al menos de forma temporal, las grandes pérdidas.

Para Amado Riol, activista cubano y líder de la organización A Cuba hay que quererla, si algo destaparon los vientos de Melissa fue el carácter profundamente humanitario y empático del pueblo cubano.

“Yo creo que hay una expresión de solidaridad enorme que se ha desbordado y sigue creciendo en estos momentos. Y en relación al proyecto, yo veo que la gente se sigue sumando. Es hermoso. Yo nunca pensé que el proyecto iba a tener estas dimensiones”, dijo a este medio.

Riol ha recibido toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo donaciones de alimentos, medicamentos y ropa, que luego, junto a su equipo, se ha encargado de llevar y entregar a los damnificados en las provincias orientales.

En la capital cubana, uno de los puntos de encuentro y acopio para quienes desean ayudar a sus compatriotas es una escuela primaria. Allí, maestros y estudiantes recolectan tanto artículos de primera necesidad como juguetes para los más pequeños en el otro extremo de la isla.

“Pusimos a los niños en la piel de esos que lo habían perdido todo. Si a ustedes les hubiera pasado, ¿qué hubieran querido? Los niños se sensibilizaron muy pronto y las familias también. Si las familias no lo hubieran hecho, no hubieran llegado a nosotros tantas cosas hermosas”, sostuvo Vilma Cartaya, directora de la escuela elemental, para quien promover actos como este entre sus estudiantes se vuelve hoy más importante que nunca, debido a la compleja situación económica que atraviesa Cuba.

Pero estas acciones del pueblo cubano o este ejemplo de enseñanza de solidaridad entre niños no son un hecho aislado. En Cuba, la empatía y la solidaridad, los más grandes valores de la Revolución, se aprenden desde pequeño.

Asegura Cartaya que la idea es enseñar a sus estudiantes que “hay que tener empatía y lo más importante es pensar justamente, si a mí me pasa, como yo lo sufriría, qué yo quisiera, cómo yo hubiera querido que me ayudaran”.

Cuba enfrenta hoy un enrevesado panorama económico que entorpece los esfuerzos de las autoridades en la recuperación tras el paso del Huracán Melissa. Un férreo bloqueo económico y una política sumamente hostil por parte de Estados Unidos, se unen a intrincados errores en la política económica interna que dificultan las condiciones de vida en la isla.

Pero en medio de este escenario, los cubanos y cubanas insisten en sus muestras de solidaridad como el mecanismo justo y necesario para apoyarse los unos a los otros.

“Imagínate, qué podemos hacer los cubanos, dentro de todas las medidas del bloqueo, que [no sea] poder ayudarnos unos a los otros”, aseveró Carlos Valdés, uno de los miembros del proyecto que dirige Riol.

Reconoce Valdés que, “independientemente del bloqueo, tenemos que resolver los problemas internos que tenemos”, como única alternativa para sacar el país adelante.

Por su parte, Nuria Rivera, hace varias semanas atrás vaticinaba: “los cubanos estamos acostumbrados a recuperarnos de todo. Porque así es el cubano. El cubano es fuerte, muy fuerte y resiste bastante.

México se ofrece como sede para diálogo – Venezuela goza de apoyo internacional

Reproducida del ortal de Al Jaazera

 

Especial para CLARIDAD

 

 

Ante las amenazas y gigantesca movilización militar de Estados Unidos al Caribe para hostigar y amenazar a la República Bolivariana de Venezuela, esta semana el país fue objeto de declaraciones internacionales importantes de apoyo incluyendo la oferta de la presidenta Claudia Sheinbaum de México como sede neutral para el diálogo si las partes optan por esa vía. Además, Venezuela tuvo conversaciones directas con altos representantes de algunos gobiernos.

Según Prensa Latina, la presidenta Sheinbaum reafirmó la oposición de México a la intervención foránea en los asuntos de Venezuela enfatizando los principios de no intervención, la diplomacia y la solución pacífica a los conflictos. Al instar a las Naciones Unidas (ONU) a asumir su papel para evitar el derramamiento de sangre en Venezuela enfatizó que México quiere evitar el conflicto en la región y que la diplomacia debe prevalecer sobre la fuerza.

A principios de diciembre conversaron por teléfono el presidente de Brasil Luis Inacio Lula da Silva y el presidente venezolano Nicolás Maduro para tratar la situación en el Caribe y América Latina. Luego Lula expresó preocupación por las acciones de Estados Unidos hacia Venezuela y llamó a la calma y el diálogo entre Caracas y Washington. Dijo que las conversaciones y la diplomacia deben prevalecer por encima de las acciones militares. Por su parte en voz de su Secretario General Antonio Guterres Naciones Unidas (ONU) instó a la cordura entre Estados Unidos y Venezuela.

Apoyo a Venezuela contra el bloqueo estadounidense, oposición al acoso unilateral, y respaldo a la soberanía de Caracas fueron las declaraciones más recientes de la República Popular China sobre Venezuela, según Reuters, agencia de noticias británica. El miércoles su Ministro del Exterior Wang Yi y su homólogo venezolano Ministro Yván Gil conversaron por teléfono.

Cuba denunció la incautación de un tanquero petrolero por Estados Unidos como piratería y apoyó a Venezuela ante las posibles agresiones militares de Estados Unidos.

En sus declaraciones más recientes sobre el tema la Federación Rusa expresó que espera que Estados Unidos no cometa un grave error en Venezuela. Instó a la cordura a la vez que advirtió sobre una escalada en la región.

El Ministro de Relaciones Exteriores y Cooperación de Sudáfrica Ronald Ozzy Lamola declaró que en medio de las crecientes tensiones con Estados Unidos Sudáfrica está de parte de Venezuela. Describió al país latinoamericano como socio y se expresó preocupado por acciones de Estados Unidos que puedan llevar a un conflicto. Innumerables organizaciones y movimientos sociales africanos también han expresado su solidaridad. Estas incluyen organizaciones de la República Democrática del Congo y Sudáfrica. La República Arabe Saharaui Democrática liderada por el Frente Polisario en lucha por la independencia del Sáhara Occidental hizo lo propio.

En escritos recientes incluyendo sobre el corolario actual de la Doctrina Monroe del presidente de Estados Unidos Donald Trump, el analista internacional venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein destaca una situación internacional actual en que gobiernos, figuras y los pueblos de numerosos países incluyendo Brasil, Colombia, Cuba, Chile, China, España y otros países europeos, Honduras, Irán, México, Rusia y Turquía rechazan la guerra y el control de antes.

Los activistas se movilizan

Del 10 – 12 de diciembre aproximadamente mil activistas arribaron a Caracas desde más de 50 países para fundar la Asamblea de los Pueblos por la Soberanía y la Paz de Nuestra América y expresar su solidaridad con Venezuela.

El manifiesto adoptado por la Asamblea reafirma el derecho de los pueblos a la soberanía política, económica y cultural, y denuncia las formas de dominación imperial, las sanciones unilaterales, y las injerencias extranjeras. Llama a fortalecer la integración regional solidaria y la defensa de la paz como condición indispensable para el desarrollo. Además, rechaza la militarización, el bloqueo económico y la guerra mediática. Insta a un nuevo orden mundial basado en la justicia a diferencia del orden actual favorecido por los países desarrollados occidentales.

Las delegaciones incluyeron movimientos sociales pueblos indígenas, sindicatos jóvenes, académicos, parlamentarios(as), y organizaciones culturales y de índole religiosa. Las más numerosas fueron las de Cuba, cuya delegación incluyó a Abel Prieto, presidente de Casa las Américas, antes ministro de Cultura de Cuba, y Fernando González Llort, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, y la delegación de Venezuela propiamente. La vice-presidenta Delcy Rodríguez, también Ministra de Hidrocarburos encabezó la delegación de Venezuela la cual representó un perfil del Revolución Bolivariana. También llegaron representantes de Argentina, Barbados, Chile, Ecuador, España, Haití, Honduras, Italia, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y hasta desde tan lejos como países africanos.

Puerto Rico estuvo representado por siete independentistas incluyendo Emily Blais de la dirección del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano; Juan Camacho, Madelin Colón y Solimar Ortiz Jusino todos del Comité de Solidaridad con Cuba. La también poeta y activista Solimar Ortiz Jusino declamó durante el evento; Jocelyn Velazquez y Rogelio Maldonado de la Jornada se Acabaron las Promesas también integraron la delegación de Puerto Rico a la Asamblea.

Para los 500 participantes del exterior el viaje a Caracas se alargó por las rutas alternas a que obligó la situación actual referente al espacio aéreo venezolano y la cancelación de numerosas líneas aéreas de sus rutas con Venezuela. Además, la situación afecto la asistencia al evento que se estimaba originalmente sería de 2,000 personas. En los últimos meses Venezuela también celebró eventos internacionales de intelectuales y juristas donde se reflejó la voluntad de lucha por un nuevo orden internacional y se expresó amplia solidaridad ante su situación actual de acoso, amenazas y sanciones contra Venezuela.

Editorial-Trump, Venezuela, la doctrina Monroe y el caos imperialista  

 

 

Al cierre de este editorial, se supo que el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela acudió al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), pidiendo una reunión de emergencia en torno a las acciones de Estados Unidos en Venezuela. » El Presidente de Estados Unidos viola con impunidad y ante el mundo entero nuestra soberanía nacional y la integridad e independencia política de nuestro territorio», afirma la carta del Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela al organismo internacional, donde reclama la intervención de los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Ya la presidenta de México, Claudia Sheimbaum había pedido a la ONU intervenir ante las amenazas de Trump a Venezuela. El presidente de Brasil, Lula Da Silva también llamó a la desescalada del conflicto. El presidente Trump había lanzado a través de su red social Truth Social, una diatriba muy confusa contra el gobierno de Venezuela donde lo acusó del «robo de petróleo, tierras y activos de Estados Unidos», lo designó como una «Organización Terrorista Extranjera» y ordenó «el completo y total bloqueo de todos los buques cargueros de petróleo sancionados que naveguen hacia o desde Venezuela.» Además, amenazó con mantener Venezuela sitiada hasta que las «propiedades» de Estados Unidos les sean devueltas. El principal asesor de política exterior del mandatario estadounidense, Stephen Miller, repitió las mismas acusaciones a medios de prensa de Estados Unidos e internacionales.

Aunque en CLARIDAD no comprendemos a qué se refieren estas últimas acusaciones de la administración Trump sobre el gobierno actual de Venezuela, sí podemos aclarar el récord histórico de la industria petrolera venezolana, cuya operación nacionalizada comenzó el 1ero de enero de 1976, durante la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez. Meses antes, en agosto de 1975 se había aprobado la ley orgánica que creó la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), cuando el estado venezolano asumió el control de todas las fases de la industria petrolera y reemplazó a las compañías extranjeras que antes lo controlaban. O sea, que Venezuela defendió sus recursos petroleros, como ahora Trump dice defender los intereses de Estados Unidos.

Mas allá de intentar presionar y amedrentar, este despliegue de fuerza bélica tiene visos de ensayo imperial. Una prueba de fuego del imperio estadounidense, hoy en manos del presidente Donald Trump, y un Congreso y Tribunal Supremo firmemente afincados en el Movimiento «Make America Great Again» (MAGA), para medir cuán alto sería el precio a pagar por provocar un caos generalizado en la región de América Latina y el Caribe, con el objetivo de reinstalar su  hegemonía en nuestra región, luego de décadas de guerras fallidas en Asia y el Medio Oriente, acumular un alto nivel de deuda pública que se cuenta en trillones de dólares, y el declive marcado de la imagen, estatura e influencia de Estados Unidos en el resto del mundo.

Aunque el foco principal en este momento es Venezuela, sitiada militarmente por aire y por mar, y bajo amenaza de invasión terrestre, y cuyas enormes reservas petroleras y minerales  ahora Trump reclama como «pertenencias» de Estados Unidos, no debe quedarle duda a nadie de que el objetivo final es reconquistar la región completa, desde México hasta la Patagonia, y todas las Islas y países que pueblan nuestras aguas del Caribe.

El pasado 5 de diciembre, la administración Trump dio a conocer su «Estrategia para la seguridad nacional de Estados Unidos», en la cual revive con un nuevo aire la fatigada doctrina Monroe, instaurada por el presidente que llevó ese apellido a principios del Siglo Veinte, y que se resume en el lema: «América para los «americanos». Por supuesto,  «América» y «americanos» son sinónimos de Estados Unidos y sus «dueños» estadounidenses.

El documento oficial de la administración Trump parte de la visión de que «tras años de descuido y abandono, Estados Unidos reafirma y reactiva la doctrina Monroe para reinstalar su preeminencia en el hemisferio occidental, y proteger nuestra patria ( «homeland») y nuestro acceso a geografías claves en nuestra región.»

Es el retorno expreso y sin disimulo de una ofensiva política, económica y militar agresiva para imponer su control sobre nuestra región y hemisferio como un espacio estratégico que les pertenece, y el cual se proponen utilizar a su antojo para fortalecerse en todos los órdenes, y bloquear el avance de China, su principal adversario económico, militar y comercial. En otras palabras, es regresar a exprimir los recursos no sustentables de nuestros países, en aras de preservar los suyos para seguir siendo » los más poderosos».

En esas «geografías claves» que persiguen en sus cálculos económicos y geopolíticos, la apropiación y extracción de los  recursos petroleros y minerales de Venezuela son solo un primer paso. Luego vendrían la plata de México, el oro de Perú, el cobre de Chile, el triángulo del litio de Argentina, el níquel de Cuba, las esmeraldas de Colombia, la ruta estratégica para el tráfico comercial y marítimo que les provee el Caribe y los abundantes  recursos minerales y agrícolas de todos nuestros países de Sur y Centroamérica. Estos serían el botín y la reserva de los sueños recalentados para una nueva «era dorada» en Estados Unidos. Todo eso, a costa de la soberanía e integridad de nuestras naciones y del estancamiento, la pobreza y la dependencia de nuestros pueblos.

Esa es la ruta del resurgir imperial que se ha trazado la administración Trump. Un vórtice de caos que los gobiernos y pueblos de América Latina y el Caribe deben rechazar y resistir, más allá de ideologías y partidos, porque les va la vida y el futuro.

 

 

Vicios y virtudes de las listas de libros

En Rojo

Las listas de los mejores libros del año florecen al final de cada vuelta al sol como los hongos tras la lluvia. Me he esforzado construyendo esta imagen literaria para hacer énfasis en esto. Las listas, como las imágenes literarias, tienen tanto vicios como virtudes.

Hablemos primero de las virtudes para dejar lo mejor para el final.

Esas listas de mejores libros del año podrían ayudar a los lectores a descubrir nuevos títulos y autores que podrían interesarles. En términos generales, se espera que ofrezcan una selección de obras destacadas, lo que puede facilitar la elección en un mercado saturado.

Por otro lado, uno tiene la confianza en que reflejan las tendencias literarias y culturales actuales, permitiendo a los lectores estar al tanto de lo que se está discutiendo. Eso en el caso de comunidades y países en los que se discuten esos asuntos de manera diaria y apacible.

No es loquito pensar que pueden dar reconocimiento a autores y obras que merecen atención porque quien hace la lista tiene un criterio literario, digamos, a través de experiencia lectora.

Ah, pero los vicios… empecemos por una verdad de Perogrullo: las listas suelen basarse en opiniones personales de críticos o publicaciones corporativas, lo que puede excluir obras valiosas. Además, pueden crear una presión social para leer ciertos libros solo por su inclusión en la lista, independientemente de los gustos personales o parámetros artísticos.

Nadie puede negar que, a menudo, las listas presentan una visión limitada y homogénea, favoreciendo ciertos géneros o autores. Lo de “nadie puede negar” es un recurso retórico. Una revista o periódico que depende de ventas y criterios estrictamente económicos va a negar esa visión cerrada. Entonces, como una cuestión de ejercitarme en vicios -la lectura es uno de ellos- y en deformación profesional -el vicio me llevó a estudiar literatura- hago mi lista.

Aclaro que estudiar literatura y amar la literatura como se desvive uno por un vicio son cosas distintas. Cuando comencé a leer de niño confieso que me involucré con indulgencia en placeres inmediatos. Y sí, leer tanto afectó mi relación con el mundo, con la escuela y con el bienestar personal. Entonces, ya en edad de decidir cosas de adulto, en vez de renunciar, convertí ese mal en un esfuerzo sacrificado en pos de un objetivo, en una disciplina que me permitió administrar mi obsesión.

Esta es mi lista -sin orden de preferencia- de los libros publicados este año que leí. Por supuesto, hay excepciones. Advierto que son quince libros y he dividio la lista en dos entregas para que los lectores puedan pensar bien en cómo atacar mi selección.

La alquimia del laberinto. Rubén Dávila. Luscinia. San Juan.
Si bien es un libro académico, cuyo centro es la discusión y explicación de varios seminarios de semiología, puede servir como una suerte de manual introductorio para estudiantes, para refrescar la memoria de profesores, y como está escrito con buen estilo, para cualquiera que se interese en el estudio de los signos y símbolos de cualquier sistema de comunicación.

 

Fotos de portadas cortesía Tari Beroszi

Comadronas. Historia de l medicalización del embarazo y parto en Puerto Rico, 1930-1970. Sylvia Casillas Olivieri. Luscinia. San Juan.
Se trata de una extensa investigación sobre el modo en el que desde la práctica médica institucionalizada del colonialismo norteamericano se reglamenta el ejercicio de las comadronas. El libro, claro, es una reflexión sobre el proceso de modernización del país

Las trenzas coloradas y otros cuentos. Kalman Barsy. Ediciones Callejón. San Juan.
Son 22 relatos, en general breves, cuyo núcleo significativo es la senectud. Dos relatos llaman mi atención inicial: Original Don Vereda (p.16) y Don Vereda (p.76) porque los leo escuchando la voz del autor. Ya sabemos, las obras literarias son universos autónomos, mundos con sus leyes propias. A veces, por las malas costumbres de nuestra educación formal, exigimos que en los textos queden excluidos autor y lector, que ninguno interfiera en el desarrollo de los sucesos que configuran la obra. Pero en esos cuentos a los que aludo hay una manifestación explícita en la cual el autor nos habla como creador de un universo de ficción que reflexiona acerca de él mismo y de ese universo. Divertida lectura.

Estoi escribiendo para ustedes -Antolojía Poética-. Joserramón Melendes. Sal en coro. Corozal. Digamos que este libro reúne cuatro décadas de una obra monumental en cantidad y calidad. Desde Desimos desimas a Pandemarium (2023), pasando por la Casa de la Forma, que es el Black Hole del soneto llevado a todas sus posibilidades. El trabajo de edición, diseño y selección de Alejandro Medina es excepcional porque muestra rigor en el análisis y el modo en el que se presentan los textos de manera cronológica, y en los poemas sueltos de manera temática dando una visión completa de una obra extensa que aún se expande, como el universo. Por tor lado, el ensayo historiográfico de Raúl Romero con el que cierra el libro es de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Lo digo porque presta atención a ese canon clandestino que es el fundamento de la poesía actual. Preciso, claro, inteligencia crítica. Y puede servirle a quienes hoy crean un canon auspiciado por intereses extraliterarios.

La historia de la bandera de Puerto Rico. Del conflicto a la certeza. Joseph Harrison Flores. Archivo Nacional Digital de Puerto Rico.
Si bien de los trabajos de Harrison Flores se ha comentado que en ocasiones parece intentar desmerecer el discurso nacional tradicional esto se zanja de este modo: los símbolos nacionales se reconocen como cambiantes y contingentes. Harrison Flores ha publicado libros de profunda investigación que aclaran asuntos y controversias entre historiadores. En este libro-bellamente diseñado e ilustrado- se adentra en las tres controversias principales con respecto a la creación de la bandera. El diseño y el estilo de Harrison permiten una lectura refrescante. Aquí la erudición se entrega en síntesis, sin ripios ni obstáculos académicos. Es decir, este es un libro apropiado para historiadores profesionales como para lecturas interesados en el tema particular.

¡Viva la juventud rebelde! La bandera y la revuelta estudiantil de mayo de 1936. Gran Sempié. San Juan
Rafael Rodríguez Cruz saca a la luz un proceso de lucha estudiantil en el marco de la más dura represión colonial que se hallaba escondido en los archivos periodísticos. Rodríguez rescata los partes noticiosos en los que se detalla cómo se organizó el estudiantado en la defensa del emblema nacional en el contexto de la masacre de Río Piedras y la ejecución del coronel Riggs.
Quiénes fueron los líderes de esa juventud rebelde, cómo se organizaron, cómo respondió el estado, es un libro fascinante de unos hechos que hasta hoy estaban en el olvido.

Fotos de portadas cortesía Tari Beroszi

Diálogo con dos mujeres libres ante la historia: Blanca Canales Torresola e Isabel Rosado Morales. Blanca Hernández Sierra, Nilsa Burgos Ortiz, Francisco Javier González Parés, Salvador González Zayas, Doris Pizarro Claudio, Ileana Parés Rivera, Carlos Aguirre Flores
En esta publicación tenemos el placer de escuchar -porque se transcriben entrevistas- a Isabel Rosado y Blanca Canales. Pero aparte de eso que de por sí es un banquete, hay una historia del desarrollo del trabajo social en Puerto Rico al modo de la disciplina historiográfica como complemento a las experiencias y recuerdos de dos patriotas puertorriqueñas. Pero es su hermosa humanidad, la narración oral cercana y honesta, lo que nos da una visión profunda de las transformaciones que sufrió Puerto Rico en la primera mitad de siglo XX. Este trabajo es una aportación a la memoria histórica nacional y una invitación a seguir investigando esos espacios de la memoria del trabajo y el sacrificio de mujeres como Blanca e Isabel.