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Llamadas perdidas de Gaza

 

Especial para En Rojo

 

¿Cuánto puede un cuerpo?
Resulta que mucho.

 

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Hoy es 7 de octubre de 2025 y un hombre en Grecia me espera. Luce una incipiente barba espartana y tiene los ojos almendrados color de olivos. Olivos como los de su país, Palestina, bajo casi ochenta años de asecho estadoisraelí y dos años de holocausto donde su hermano, Raed, y su hermana, Doaa, residen en diferentes puntos de la minúscula mas poderosa franja sufriendo los estragos de la guerra junto con sus hijos, cuyos nombres conozco y recito cual plegaria y oración: los de Raed, Mohammed, Jude, Hussam; los de Doaa: Tariq, Yasmina, Selina.

A veces envían vídeos y fotos, sobre todo el esposo de Doaa, mi querido amigo Bassem, y reconozco ya la cadencia de mi nombre en sus labios. Intento escribirlo «أريانا» en el aire, con el dedo. Me hablan en árabe y yo en inglés, a veces yo en español entrecortado y ellos en inglés, y nos entendemos con el gesto, la mirada y la traducción automatizada en redes. Con H., son más bien audios en WhatsApp a fuerza del huso horario entre Creta – San Juan.

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«Si algún día Alá me regala una hija, le pondré tu nombre, Aryana».

De momento entra una llamada de trabajo, o alguien toca bocina fuerte y me espabilo y mi cuerpo regresa a San Juan, pero todos los días, desde hace año y medio, una parte de mí está difusa cual cirrocúmulo entre Gaza y Egipto con las familias que conforman el tejido de mi vida extraoficial. Nunca fui de familias grandes, ni de muchos primos conocidos. No obstante, y en tiempos recientes, cuento con una constelación de seres a quienes cuento visitar cuando se acabe esta pesadilla.

«No digas eso, H., que voy a llorar».

«Continuemos. ¿Qué podemos hacer hoy? ¿Cómo nos movemos?»

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Empecé a notar su nombre en los diferentes enlaces GoFundMe a familias gazatíes y me decía a mí misma: «este tipo es un héroe». Recién me unía a esto de poner mi propio nombre, apellido y cuenta bancaria a los enlaces para aportar mi granito de arena con la recaudación directa a familias palestinas a lo largo y ancho de la Franja.

Nada de intermediarios; ningún lugar a dudas: con pruebas de órdenes médicas, fotos, vídeos, audios, números de teléfono, cuentas bancarias y videollamadas ―como si ello realmente hiciera falta a estas alturas― y a un año ya de recorrido hablando y siento testigo del genocidio desde este aparato y desde la cercanía-lejanía con algunas familias (como las de Mohamoud, Maryam y Rawan, a quien he mencionado en escritos anteriores en esta columna), sabía que debía hacer más. Cada vez más desde aquella primera protesta ante el Capitolio en 2023.

Lo que nunca supe es que se lo debería al engendro de aplicación de Instagram que me ha permitido fungir de puente, portavoz y escuchar de aquellos que padecen de la barbarie de bombas, desplazamiento, hambruna y desidia y que, a la vez, sigue siendo portal de risas, a veces, entre todos, fotografías del día a día, pero sobre todo puente para conocer, escuchar y recaudar fondos para familias de Gaza a pesar de la letanía e intentos de censura del algoritmo.

¿Cómo?

* Contestando los DM (mensajes directos) de las familias gazatíes con la misma dedicación con la que abría las cartas de mis penpals en sexto grado.

  • Compartiendo el contenido de las familias: fotos, vídeos, ocurrencias y súplicas junto con sus enlaces de recaudación.
  • Grabándome cual influencer recordando a diario, con o sin filtros, vía stories de que atestiguamos un genocidio en vivo y abogando cada día por donaciones (¿hasta el momento? $3 mil que van de $5, en $10, en $50, a veces más).
  • Creando enlaces vinculados con mis cuentas bancarias con destino directo a las familias (vía transferencia bancaria o vía PayPal). Hay muchas a las que le hace falta esta gente puente (¿ése, eres tú? Hazlo.)
  • Fungiendo de puente siempre: contando historias, inventando reels, y simplemente escuchando y leyéndoles a diario y al margen de las noticias, las columnas y el bullicio geopolítico.

Las palabras lo pueden todo; el dinero, sí, también, pero… las palabras. Las palabras siempre pueden.

Al principio, con mis dudas, y con síndrome de impostora, como casi toda mujer milenial, me abalancé y caí en sus brazos. Jamás lo sospeché, caer a tantos brazos. No toqué el suelo. No lo toqué. Cada día siento un peso terrible, y una esperanza.

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  1. un día me pidió mi número de teléfono, y confié. De eso se trata en muchas ocasiones esto: de confiar en mí a pesar de lo insólito de la situación, posible gracias a la tecnología; de confiar en H. y de él confiar en mí. Que las familias cuenten con que las aportaciones y los mensajes llegarán siempre a buen puerto, desde el respeto y con las mejores intenciones.

Y llegan. Llevamos meses en ello; a cuentagotas, a veces muy lentamente, pero la ayuda llega desde los rincones más inhóspitos e inesperados. Los días pasan: los eventos, las reuniones de trabajo, los encuentros sociales, la vida simplemente. Siempre, entre tanto, envío y recibo mensajes, acompaño, escucho, aprendo, intento enseñar; lo intento, se le digo a H. casi todos los días. Intento ayudar a cuantas más familias posibles a diario. Y me preocupo por Raed, por Doaa, por Bassem, y mucho por él, por H., con sus dolores repentinos en el corazón, con la gran ancla que tiene sumergida en su pecho y que él arrastra e intenta elevar para seguir con su trabajo como cocinero de contrato temporero.

A veces lo imagino de espaldas con la humareda en la cocina y el olor de las especies rodeándolo. Ante sus ojos, y a nuestro alrededor, el caos, los gritos, el fuego a los que están sometidos los que siguen en la Franja. El fuego interno de quienes lo viven un poco más lejos, en exilio en Egipto, como es el caso de muchos. Conozco a cinco hermanas a quienes le he cogido un cariño especial (Samar, Afnan, Hanine, Ansam, Aseel, en orden de edad), cuyas historias merecen otro escrito y quienes aguardan la apertura de la frontera de Rafa para recibir a sus lánguidos y afectados maridos relegados en Gaza.

«Muchas veces, H., no sé cómo lo haces».

«Pensando, pensando, pensando…. Hasta reventar».

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La joven esposa de H., Hala, sigue en Gaza. Se casaron antes de la guerra y no pudieron disfrutarse. Allí aguarda ella nerviosa y atenta noticias de su esposo, quien apoya a varias familias y a la vez es fuente de ingreso principal para los suyos desde la isla. Tiene una foto suya con su keffiyeh. Ella también tiene los ojos color de olivos y los labios redondos, perfectos.

«No puedo con todo, Ariana». «Por supuesto que no, H. No debes cargar todo esto solo».

Hay días de risas y otros de lágrimas en nuestros intentos de engendrar ideas, contenidos de redes y contactos para ayudar. Necesitamos dinero, mucho. Una nueva casa de campaña, por ejemplo, cuesta alrededor de $1.000 USD, y se avecina nuevamente el invierno en Gaza. El regreso a los hogares para los del sur de Gaza ya comenzó con el recién cese al fuego, ¿pero por dónde empezar cuando tu hogar es un montículo, o escombros, o cablería suelta, o una suerte de bloques que alguna vez te acogió y protegió de la tempestad?

Cruzar la frontera, encontrar auspicio, o visado, fuera de Gaza es asunto complejo y caro: son casi $10.000 – $12.000 por familiar, y la gran mayoría no ha logrado ejercer su oficio en estos pasados dos años de genocidio, sin contar el papeleo y ristra de requisitos burocráticos. En el Oeste, de momento, podemos aportar directo al asunto financiero.

Yo sobrellevo los fondos de cuatro familias, pero H. carga a sus espaldas a más de 10 miembros de su familia, los gastos de estudio de su esposa, y su propio quehacer y alquiler griego.

Como yo, también tiene la edad de Cristo, y la vida lo crucificó.

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De vez en cuando se excusa para el rezo en regla, y luego retomamos la conversación; yo me excuso para lo anodino: y me quedo pensando en maneras de ayudar. Le insisto que soy una sola mujer, una sola persona. Que no sé muy bien qué estoy haciendo, pero que lo intento, lo intento. Lo repito, y lo repito.

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Le cuento a H. que soy editora e intento escribir. Le prometo que mi próxima columna será dedicada a él. En una ocasión pensé simplemente en incluir los nombres de todos los hermanos y hermanas de Palestina que me acompañan casi a diario: Safaa, Tariq, Iman; Mohamed; Shahd; Saba, Tasneem, entre tantos otros, sin más. Con sólo eso ya bastaba.

Pero pensé en nosotros, los editores, las manos e hilos invisibles detrás de los libros. Y luego en nosotros, los varios facilitadores que, a través de las redes e internet, conformamos la humilde legión que acoge, apunta, recibe, distribuye y organiza para familias palestinas. Una, dos, tres familias a la vez. Las que hagan falta.

Hay días en que logro que toda una familia coma, compre medicamentos, ropa. Envío audios y pregunto quién está y quién no está bien. Embriagada por el alivio de ver resultados en un mundo descerebrado, continúo, continúo, continúo.

Hubiese sido mucho más fácil, quizá, anotar los nombres en una lista con sus respectivos enlaces, pero los escritores somos visores y cargamos este gran peso y responsabilidad de contar historias, las que importan. Y cada una de ellas importan.

A H. quise dibujarlo con lujo de detalle (dentro de lo que puedo en este humilde espacio): con dimensión, con sensualidad, y con respeto. Porque el Sino quiso que me encontrase con un héroe en la modernidad, porque me he hecho cada vez más humana de sangre y hueso a su lado. Porque cada día que le pregunto qué tal está, contesta tajante y honesto.

H., Raed, Lamis, Doaa y Bassem nos necesitan.

Antes pensaba en cómo era posible que ocurriesen los genocidios bajo nuestras propias narices. Durante mi primera juventud, hojeé varios libros de la Segunda Guerra Mundial. Hace poco, pensé en esos héroes, personas del día a día que no figuran en libros de texto ni en los anales más importantes. Cada día es una decisión, cada día una oportunidad para hacer algo. Cada cual en su trinchera.

H., sudoroso y a veces malhumorado, mantiene la suya trabajando para sus familias y distribuyendo fondos. Yo, en las redes, contesto, observo, grabo vídeos absurdos en búsqueda de donantes y donaciones. Y escribo.

Y tú, ¿qué harás?

Con un sólo dedo, puedes contestar las llamadas. Las llamadas perdidas de Gaza.

Para donaciones directas: @husamabujami (hossamjami8@gmail.com, PayPal).

Ariana Rosado Fernández (arosado@gm.slc.edu, PayPal). Correo de contacto: arianarosadofndz@gmail.com.

Osiris Delgado según la Niña de la Cuerda

 

 

Especial para en Rojo

Como si se desenredara el tiempo, abre con sus manos una ventana a la niñez, “Nosotros vivíamos en una casa grande en la urbanización Pérez Morris. Había un pasillo largo que en un punto se usó como la sala de la casa.” La Niña de la Cuerda se ilumina, como si aprendiera en ese preciso instante el olor a trementina, al aceite de linaza, a Osiris Delgado frente al lienzo. Circulaba por la casa, – no podían acercarse a él si estaba pintando. “De momento, miraba, y había un nuevo personaje, se había materializado en la casa… mi papá siempre trabajaba esos lienzos grandes.”

Gianina Delgado busca por el apartamento su abanico de mano. Es energética, vivaz, su cabello castaño enmarca su rostro y sus ojos expresivos y claros. Me pareció curioso su nombre, “Me salvé, porque mi mamá me hubiera puesto María de los Dolores o algo así. En casa me decían Coca.” El espacio es cálido, vivo, movido por el “horror vacui”. Las paredes se llenan de obras, de libros. Hay unas estatuillas egipcias en el estante, instantes que atestiguan el tiempo. En una pequeña repisa, se posan dos santos de la colección de su padre. “Hay, también, un crucifijo español en la biblioteca, y otro en el cuarto. El que está en el cuarto era el que mis papás también tenían en su cuarto.” nos dice. Al entrar, a la izquierda, hay un óleo sobre masonite: es un retrato de su madre, frente a su escritorio. “Cuando ella murió, mi papá lo arregló y me lo dio.”

Gianina fue profesora de Literatura en la Universidad de Puerto Rico, y es allí donde, como invitado a una clase, lleva a su padre a relatar el mito egipcio de Osiris, de quien obtiene su nombre. Osiris, dios nacido de Nut, el cielo, encarna el bien, las tierras del Nilo, la enseñanza de la ley, el uso del trigo. Su hermano, Seth, polariza el otro espectro: el mal, la furia, la destrucción. Es este quien, en un gran banquete, engaña a su hermano y comete el fratricidio sagrado, para luego desmembrar a Osiris y esparcir su cuerpo por las tierras de Egipto. Isis, su esposa, busca sus fragmentos, recomponiéndolos, momificándolos, devolviéndole el soplo de vida. Osiris resucita, renace. Está vivo, pero ha muerto. Ya no pertenece a este mundo cotidiano, sino que reinara el inframundo, la vida después de la muerte, el señor del corazón detenido. Un día, Gianina llegó a la casa, destruida por una relación fallida. El día siguiente, su padre tocó a la puerta de su cuarto: «Recuerda,» le dijo «que nosotros venimos de una estirpe que se rehace cada cinco años.»

Mientras fungía como profesora, hubo una reunión de facultad en la que, al llegar al aula, comenzaron a sentarse, acomodando los asientos en un círculo. Quien se encontraba frente a ella levantó la mano, le apunto y gritó: “¡La niña de la cuerda!”. “Es hermosamente fuerte.” Ella medita “Estoy convencida de que nací para ser la musa de mi padre.”

Es ella en Cántico a Santiago de las Mujeres (1966), en Cosiendo (1966), en La suerte de la cuerda (1965), en Antígona (1990). “Ya nosotros sabíamos: cuando había un día libre, y venía papi a mirarnos desde lejos, haciendo un cuadradito con las manos, – encuadrándonos-. De momento nos llamaba, y siéntate ahí.” Así surge La suerte de la cuerda. Una de las obras más emblemáticas y representativas del arte puertorriqueño. “Me senté frente a él, las manos enredadas en la cuerda, – Levanta la mano izquierda, no, la otra, la derecha, La cabeza un poco más hacia arriba. No, más abajo.” Ya de edad avanzada, Osiris vivió junto a ella sus últimos cuatro años de vida. “Nunca dejó de guiar. Esa era su independencia. Recuerdo que una vez, yo iba guiando, por poco paso una entrada, y me dijo: Tu siempre has tenido problemas con eso de la izquierda y la derecha.”

Fotos suministradas por el autor

Lo recuerda en sus facetas más íntimas, en su curiosidad, su ser “como un niño”, su profunda espiritualidad. El guardaba todos los dibujos de sus hijos, pues pensaba que los niños venían con un conocimiento superior. En la escuela, le asignaron a Gianina traer un libro de colorear. “Nunca me enteré, me lo dijo mi mamá mucho después,” que Osiris envió una carta en la que se rehusaba rotundamente a enviarle el libro de colorear “no creo que les haya explicado a las monjas (de la escuela) lo del conocimiento Alfa de los niños.” Se ríe mientras se abanica rápidamente.

En la pared central, a la derecha en la sala, está ella, con sus manos enredadas en la cuerda. Es una obra de gran tamaño, un gliceé trabajado en el 2016, retocado por la mano de Osiris casi por completo. El trazo del rostro, los ojos, son los suyos. “Él me decía: ya le tengo título a esta, esta es La niña no está cuerda.” Jugando con las palabras mientras reía.

Al salir, noto en la entrada del apartamento, fijada a la pared junto a una gran bandera monoestrellada, Cosiendo. Gianina apunta a la mano que tiene la aguja, que va bordando, su mano, “Y esa aguja, eso fue otra cosa. Súbela,- bájala,- al lado,- no,- ahí.”

 

 

«ihuman» de Roberto Ramos-Perea

 

 

Especial para En Rojo

 

El teatro es intimidad colectiva. Es sentir lo propio a través del otro. Existimos a partir de una representación “temporal” que nos interpela. Aunque esa representación temporal propia de la dramaturgia, sin duda, permanece en el espectador a la vez que lo trasciende. Esas imágenes o ideas incluso penetran en otros espacios. La permanencia y trascendencia son características propias del arte. Y si lo son de las artes, pues, también de la humanidad. En escritos previos he reflexionado al respecto y ahora tiene su continuidad en el ámbito de la dramaturgia puertorriqueña.

La trascendencia del teatro puertorriqueño permanece; es perenne. Pienso en el teatro decimonónico y su capacidad de problematizar su entorno. La pertinencia del teatro en Puerto Rico es precisamente su capacidad de interpelar. Ha sido así desde figuras como Alejandro Tapia y Rivera y Eleuterio Derkes Martinó. Una interpelación tan personal como colectiva. Hay obras que desde su inicio nos cautiva y en el transcurso de su puesta en escena nos transforma.  ihuman  de Roberto Ramos-Perea transforma desde el cuestionamiento. Se cuestiona a la humanidad a partir de su natural “capacidad dialéctica”. Nuestras más grandes contradicciones humanas se exponen por medio de ocho personajes –magistralmente interpretados– y un escenario suntuosamente simple de tres planos que recrea a una sociedad del futuro.

En  ihuman,  el derkiano Ramos-Perea crea un espacio distópico de apertura en el que nuestras decisiones y acciones del pasado trascienden la “tangibilidad” del recuerdo –a la vez que su ambigüedad– y se proponen otras realidades que podrían transformar el presente e incluso el futuro. La historicidad del ser humano –a través de la memoria– se muestra de manera excepcional. El talento dramático demostrado por este grupo de actores y actrices del Instituto Alejandro Tapia y Rivera y su Compañía Nacional de Teatro enmarcados en un escenario dinámico donde se alternan los espacios del escenario casi simultáneamente –recuerden los tres planos mencionados y ello a modo de una composición pictórica o fotográfica– muy bien retratan esa excepcionalidad. Los actores Willie Denton y Ugoh se complementan magistralmente precisamente para recrear las contradicciones humanas a las que nos remite Ramos-Perea. Este binomio actoral  Willie–Ugoh  encarnan a Mario Casanova y a Bruno respectivamente y es preciso ver cómo humano y androide se desplazan por todo el escenario con total seguridad y contundencia para plasmar en la conciencia del público la necesidad de pensar y repensar el propósito de nuestra existencia y cómo nuestras decisiones y acciones influyen en las experiencias y expectativas de otros. Conviene destacar que el androide interpretado por Ugoh nos convence de su naturaleza mecánica. Una actuación refrescante y persuasiva.

Un filósofo Roberto Ramos-Perea expone en su trabajo una infinidad de temas que son parte de la historicidad humana aludida. La dramaturgia es su método infalible. ¿Qué es la belleza? ¿Existe tal belleza? ¿Es justo lo correcto o correcto lo justo? ¿Cómo ser lógicos? ¿Nos rige alguna ética? ¿Cómo permanecemos a pesar de la muerte? En  ihuman  se honra a nuestros ancestros africanos esclavizados a la vez que se denuncia el genocidio del que hemos sido testigos todos desde este presente. Se medita en torno a la paternidad y la maternidad al igual que se argumenta con relación a la existencia o no existencia de Dios. Las ideas políticas se cuestionan mientras se dilucida el sentido de la cultura. Todo a la vez acontece en  ihuman.  Mientras se escucha un fragmento de la Sinfonía Novena de Beethoven, Ramos-Perea apela a la «sensibilidad suprema». A todo ello y más nos remite esta puesta en escena. Cada espectador se sentirá aludido. La introspección ocupará su lugar como es debido. Es una obra que debe contemplarse y vivirse una y otra vez.

En palabras del dramaturgo artífice de esta pieza maestra:

«Nuestra historia ha demostrado que carecemos de lógica y de ética en muchos de nuestros actos, y que hemos descargado sobre nuestra humanidad errores que debieron haberse evitado con algo de inteligencia. Se hace urgente un llamado al equilibrio, un ajuste de cuentas entre nuestra inteligencia y nuestra madurez emocional. Ya es tiempo de terminar con la sobrevaloración de nuestra inteligencia incultivada, y aplacar la amplificación viciosa de nuestro individualismo fogoso».

Gracias, Maestro Roberto Ramos Perea, por la belleza del teatro que nos recuerda la «sensibilidad suprema» y la «inevitable humanidad» a la que todos hemos sido convidados desde nuestra propia historicidad. La significación de la cultura en la sociedad puertorriqueña está más que documentada y validada.

ihuman  estrenó el pasado fin de semana en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce. Sus funciones se extienden hasta el próximo fin de semana: viernes 17 y sábado 18 a las 8:00 p.m. y domingo 19 a las 4:00 p.m. Para ser partícipe de esta puesta en escena no se requiere pagar boleto. Es importante llegar temprano para asegurar su “intimidad colectiva”.

 

 

 

Muchas gracias, Papa León XIV

 

 

Especial para En Rojo

 

Muchas gracias por su hermosa y oportuna exhortación, Dilexi te, sobre el cuidado de los pobres. Su exhortación cobra especial importancia en el mundo actual, donde el Capitalismo ha perdido cualquiera pretensión de ser un sistema mínimamente humanitario. Multitudes de migrantes y continentes enteros como África se han vuelto desechables.

Esta exhortación también es urgente en una Iglesia donde muchos grupos considerados católicos y la mayoría de la jerarquía y el clero mantienen posturas conservadoras, poco dialogantes, atrapados en una concepción de Iglesia clerical, autorreferencial y nostálgica de los viejos tiempos de la Cristianidad colonial. Quizás obispos y sacerdotes que no se han molestado en leer las encíclicas del Papa Francisco, tomen en serio sus exhortaciones.

La exhortación también beneficiará a otras Iglesias hermanas. Es un útil resumen de todo lo que una buena enciclopedia podría ofrecer sobre la ayuda a los pobres en los textos bíblicos, en documentos de Patrología y en toda la tradición de los institutos de vida religiosa en la Iglesia.

Uno de los fundamentos del argumento de esta exhortación viene de las palabras de Jesús: «Siempre tendréis pobres entre vosotros» (Mateo 26:11). En la cena en Betania (nombre que significa casa de los pobres), Jesús cita el capítulo 15 del Deuteronomio, que legisla sobre el año sabático, la amnistía de las deudas y la liberación de los esclavos, para que ya no haya pobres en la comunidad. Sin embargo, como la sociedad siempre encuentra maneras de mantener desigualdades injustas, es necesario ayudar a los pobres, porque entre ustedes (el acusa), siempre habrá pobres (Dt 15:11).

Eso significa que lo que Dios quiere, más aun que ayudemos a los pobres, es que organicemos el mundo de manera que no exista pobreza, o al menos la pobreza jamás sea algo naturalizado como si fuera una enfermedad inevitable.

De hecho, el vocabulario bíblico contiene tres términos hebreos para designar pobre. En la mayoría de los textos, como en el libro del Éxodo, los términos anaw o anawin se traducen mejor como empobrecido que como pobre. Los libros sapienciales hablan de los anawin de Yahvé. Esta es la categoría social y política del pueblo oprimido. El término ebion significa necesitado, mientras que dal designa a una persona que, estructuralmente, necesita cuidados especiales.

De hecho, en el mundo actual hay personas pobres, pero hay pueblos enteros de personas empobrecidas. Por eso, más que a personas pobres aisladas, la solidaridad tiene de ser organizada a las comunidades de familias víctimas de la agroindustria en el campo de nuestros países. Necesita ser dirigida a las comunidades indígenas que siguen sofriendo amenazas de exterminio físico y cultural. Debe denunciar a las políticas genocidas en contra el pueblo palestino y en contra la multitud de migrantes que el Capitalismo y las políticas neocoloniales producen en el mundo. Los empobrecidos por las estructuras de esta sociedad no necesitan de limosna y si de justicia. Pedir ayuda à los pobres sin priorizar esas cuestiones estructurales que provocan la pobreza sería como dejar que enfermedades mortales se propaguen por el mundo y después proponer: vamos dar alguna cosa à las víctimas para aliviar sus dolores. Y sin dejar claro que lo más urgente es una política de sanación de la enfermedad que provoca los dolores.

Esta exhortación papal me recordó las palabras de Helder Camara,  obispo brasileño profeta de los pobres. Una de sus afirmaciones más conocidas fue: «Cuando ayudo a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, dicen que soy comunista».

Una vez, en una de sus entrevistas, el Papa Francisco citó esas palabras. Desde la época de Helder Camara hasta hoy, el mundo ha empeorado tanto que quizás incluso esta exhortación papal, que se centra más en la atención a los pobres y solo alude a las causas estructurales de la pobreza, podría ser acusada de comunista.

Gracias, Papa León, por la mención honorífica de los movimientos populares y por haber manifestado el deseo de que la Iglesia se comprometa en la solidaridad concreta y en la lucha pacífica para superar las causas estructurales de la pobreza.

A propósito, su carta contiene una larga lista de las buenas obras que la Iglesia Católica ha hecho por los pobres a lo largo de la historia. Recordó la propuesta evangélica y franciscana de una Iglesia de los pobres y para los pobres. Sin embargo, todos sabemos que, si bien todos esos textos están correctos y dicen la verdad, lamentablemente, en la práctica, la jerarquía eclesiástica no siempre ha actuado conforme a esos principios. A lo largo de la historia, los representantes de la Iglesia, casi en su totalidad, se han aliado con imperios colonizadores y han legitimado la violencia de la conquista, la organización de la esclavitud y, por ende, el origen de la pobreza estructural de la mayoría de los pueblos de América Latina y África.

En 1992, al celebrar el 5º centenario de la conquista, el Papa Juan Pablo II pidió perdón por los pecados de algunos hijos de la Iglesia en relación à los pueblos indígenas y a las comunidades afrodescendientes. Sin embargo, todos sabemos que esos clérigos actuaron como representantes de la Iglesia y respaldados por documentos oficiales que, hasta la época del Papa León XIII, condenaban todos los movimientos sociales, sindicatos y organizaciones obreras.

Sería bueno reconocer que, por desgracia, esta indiferencia social y política ante la manifestación del reino de Dios en el mundo aún permanece en el ADN de muchos clérigos. Por eso, espero que esa exhortación papal provoque verdadera conversión estructural y comunitaria.

Ruego a Dios para que superemos la época en que un Papa necesite escribir una exhortación sobre la necesaria solidaridad con los pobres, porque tengamos logrado organizar el mundo de forma que la pobreza sea una enfermedad erradicada por la sociedad. Al mismo tiempo que, en nuestra Iglesia, cartas como esas, cuando necesarias, puedan venir de los obispos, curas y pastores, non de áreas territoriales como si estuviéramos en la Edad Media y si de cuidadores y curadoras que se dedican a situaciones humanas de emergencia que ya ocurren en todos los continentes.

Que las Iglesias locales puedan tener más autonomía y, como pidieron los obispos católicos en la Conferencia de Medellín (1968): «en América Latina, la Iglesia asuma cada vez más el rostro de una Iglesia pobre, despojada de los medios del poder, comprometida con la liberación de toda la humanidad y de todo ser humano en su totalidad» (Med 5,15).

Para mí, Papá León, esa su exhortación me interpela a intensificar la solidaridad con los más pobres, pero también a denunciar las causas estructurales de la pobreza y luchar contra el sistema que la produce y, cotidianamente la multiplica.

Robert Redford: actor, director y activista

Robert Redford

 

 

En Rojo

Su porte, su voz, su mirada asustadiza, su timidez al enfrentar públicos y su valentía para defender los derechos humanos y denunciar las leyes y la gente que no entienden que a la naturaleza le debemos la vida. Este es el Robert Redford que conocí a través de su cine como protagonista o coprotagonista y director de historias íntimas (Ordinary People, A River Runs Through It, The Horse Whisperer), comunitarias (The Milagro Beanfield War), históricas (The Legend of Bagger Vance, The Conspirator), realistas (The Quiz Show) y políticas (Lions for Lambs, The Company You Keep). Después de hacer mucha televisión (1960-64), llega al cine como el hombre guapo que cautiva a las mujeres y desafía las leyes y el decoro (Inside Daisy Clover, The Chase, This Property Is Condemned, Tell Them Willie Boy Is Here) y desarrolla una amistad y trabajo colectivo con Jane Fonda desde Tall Story (en un papel casi de trasfondo), Barefoot in the Park, The Chase, en los 1970 con The Electric Horseman y en 2017 Our Souls at Night. La popularidad casi mitológica de Butch Cassidy and the Sundance Kid (1969) junto a Paul Newman lo convierte en un actor taquillero que ya podía escoger las historias que quería contar. En los 1980 resplandeció y rompió corazones junto a Barbra Streisand (The Way We Were), Mia Farrow (The Great Gastby), Glenn Close (The Natural), Meryl Streep (Out of Africa). Dos joyas que siguen siendo un deleite ver cada tantas veces (aparte de The Way We Were, por supuesto) son Three Days of the Condor (1975) y All the President’s Men (1976). Y filmes importantes por su crítica al aparato militar/gubernamental: Spy Game (2001) con Brad Pitt y The Candidate (1972).

Con su proyecto del Sundance Institute fundado en 1981y la celebración de su Festival de cine, Redford estableció un espacio para cine independiente tanto dentro de los Estados Unidos como en el plano internacional. En enero de 1995, se presentó Fresa y chocolate (ganador de los premios Coral en el Festival Internacional de cine latinoamericano de La Habana de 1993) que ya en Berlín había conquistado los 1eros premios.  Con su nombre como productor (en escritos, pero no en el filme), Redford y Miramax facilitaron la exhibición de este filme cubano que fue nominado a Mejor Filme Extranjero de los Oscares en 1995. Y a pesar de cartas amenazantes y presiones de todo tipo, Fresa y chocolate estuvo presente la noche de los Oscares con la presencia de Tomás Gutiérrez Alea, Juan Carlos Tabío y Mirta Ibarra. Aunque no ganó, fue la 1era vez que un filme cubano era escogido para este premio. En cubanartnewsarchive.org pueden leer todos estos y + detalles redactados por Juan Antonio García Borrero en “Fresa y chocolate y el Oscar”.

 Rescate del pasado

Incluyo en esta sección dos filmes muy importantes en la carrera de Redford como director (Lions for Lambs) y un proyecto unipersonal de 2013 (All Is Lost).

ROBERT REDFORD in LIONS FOR LAMBS, 2007, directed by ROBERT REDFORD.

Lions for Lambs (Robert Redford 2007)

Robert Redford, en este punto de su vida– después de haber tenido una carrera exitosa como actor, director, productor y creador de un festival de cine independiente– tiene la plena libertad (y, por supuesto, el dinero) de ir a los medios y oponerse abiertamente a la política irracional del gobierno en el poder y de hacer el filme que quiera. Y eso es precisamente lo que Redford ha hecho: un filme que pone la política de la guerra sobre la mesa de discusión. Para atraer a un público amplio tiene la colaboración de Meryl Streep y Tom Cruise aparte de los jóvenes talentosos Michael Peña y Derek Luke. La guerra entonces se convierte en una experiencia percibida desde varios puntos de vista: el político que busca maneras– las que sean– de “ganar” la guerra dentro de una política conservadora; la veterana periodista que quiere seguir indagando en los grandes planes de los políticos de supuestamente encontrar una solución a la guerra; el profesor que busca formas de acercarse a sus estudiantes jóvenes para que piensen y se involucren en los problemas actuales de su sociedad; el joven inteligente y privilegiado que ve la educación universitaria como una transición y continuidad de su vida cómoda, privada y extremadamente individualista; los jóvenes cuyas opciones son menos cada día por ser negros, hispanos, de comunidades pobres donde la educación y los servicios de salud parecen ser privilegios con que ellos no cuentan. Y a través de todos los pensamientos, preocupaciones y decisiones de estos personajes, la guerra es la presencia virtual, imaginada y presencial.

Cada personaje se acerca a la guerra desde esa perspectiva muy particular; cada forma de pensar tiene su espacio; cada uno asume la responsabilidad de sus decisiones. Lo importante es nunca caer en el cinismo porque eso significa inacción; lo importante es nunca aceptar las mentiras de los políticos cuyo único fin en la vida parece ser mantenerse en el poder no importa el costo de las vidas en su camino; lo importante es dialogar, indagar, no quedarse callado, manifestarse públicamente, ejercer el poder que cada persona pensante tiene en esta supuesta democracia llamada Estados Unidos de América. Eso es lo que Redford hace en este excelente filme.

All Is Lost (J.C. Chandor 2013)

Como estamos acostumbrados a contemplar una pantalla llena de actores, extras, escenografía variada, sonidos de voces y música es difícil aceptar que nuestros sentidos pueden llenarse con solo dos personas—y luego una sola—flotando en el espacio como en Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). El caso de All Is Lost es más radical porque de principio a fin hay una sola persona en pantalla en altamar donde nunca se ve tierra excepto la inmensidad de ese cuerpo de agua que no tiene fronteras ni orillas. “Our Man/Nuestro hombre” (Robert Redford)—de quien sabemos muy poco pero que tampoco hace falta y resultaría en una distracción—es un excelente navegante con un bote/yate de 39 pies, equipado con todo lo necesario para navegar por buen tiempo y estar preparado para afrontar y resolver cualquier percance. Aunque lo primero que escuchamos es su voz (en voiceover) en el presente, apenas emite palabras en los ocho días anteriores de su travesía: una comunicación fallida por radio, gritos de ayuda a una embarcación que pasa cerca pero no puede verlo y el “fuck” de la frustración de no poder hacer nada más.

El resto del tiempo la cámara nos obliga a movernos y a pensar como él al buscar maneras de salvar su embarcación averiada, recoger o soltar las velas, sacar agua para poder secar su radio, mapas, cojines, ropa y así poder seguir su travesía adonde sea. Seguimos su meticulosidad para volver a la normalidad de vivir en altamar sin depender de nadie. Subimos y bajamos a cubierta todas las veces necesarias para poder proteger los abastecimientos y objetos cuando la embarcación se enfrenta a una tormenta. El mar no perdona y casi parece que se enfurece contra cualquier objeto extraño que navegue en sus aguas. Estas escenas son tan aterradoras como fascinantes para unxs espectadorxs que ya son parte de esta aventura no-heroica.

Al centro de todo está este hombre de 70 y pico de años que por tener destrezas, conocimiento y equipo de navegación puede sobrevivir donde otros ya hubieran sucumbido. Por ser la única persona en pantalla que la cámara acompaña en cada momento se establece un eslabón muy particular con lxs espectadorxs que observan y a veces sienten que pueden ayudarlo, aunque solamente sea siendo testigos de lo que sucede. Robert Redford carga todo el peso del filme con la naturalidad de un gran actor.