Si llamamos al pan, pan y al vino, vino concluimos que la soberanía es la independencia absoluta de un país. Un país soberano utiliza sus poderes plenarios para gobernar sobre sus intereses sin la intervención ni manipulación de otro. Dejemos el eufemismo y el embriagamiento causado por ingerir pan con vino. Hablemos a calzón quita’o.
En su columna citas a Betances y Hostos quienes creyeron en la independencia absoluta para Puerto Rico. (Véase Carta Eugenio Ma. de Hostos, 7 junio de 1898, en Ramón Emeterio Betances, La Habana, Casa de las Américas, 1983, p. 372); (Luis Bonafoux. Betances. Reed. San Juan, ICP, 1970, p. LXXIV). Tampoco olvidemos que Betances junto a Segundo Ruíz Belvis, fueron los líderes del Grito de Lares; pueblo que declaró la República de Puerto Rico y que nombra su plaza pública como La Plaza de la Revolución. Tampoco olvidemos que Hostos descansa en Republica Dominicana porque Puerto Rico aun no es un país independiente.
Ser nacionalista es el deseo interno de mantener nuestras diferencias culturales a pesar de que vivamos en la luna. Tanto así que los otros partidos políticos también son nacionalistas de facto porque ellos abogaron por la excarcelación de Oscar López Rivera, por la salida de la Marina de Vieques y Culebra y ahora repugnan la junta de control fiscal. Esto pone en manifiesto que el nacionalismo es la base fundamental de la soberanía.
Pero tienes razón, ser soberanista no es ser Castrista, Chavista, Washingtonian, o Hitlista. Ser soberanista el derecho de los puertorriqueños a decidir por su propio desarrollo político, social, jurídico y económico. Por consiguiente, un país soberano tiene una libertad de comercio, libertad jurídica y libertad de gobierno para beneficio no solo de la clase privilegiada sino para todos los puertorriqueños.
Citando a Pedro Albizu Campos el cual expresó: “¡Bandera de los Estados Unidos, yo no te saludo porque, aunque sea cierto que tú eres el símbolo de una patria libre y soberana, en Puerto Rico representas la piratería y el pillaje!”. (Véase María Rosado, Las llamas de la aurora, p. 70. (1992). Por ende, Pedro Albizu Campos creyó en un país libre y soberano.
Si adoptamos las ideas de los próceres citados en su columna, ser soberanista, además de ser independentista, es ser nacionalista. El nacionalismo es tener la autoridad de crear un gobierno propio y libre sin la intervención de otro. Es inscribir “Muerte o Libertad” en La Plaza de la Revolución. Ser nacionalista es el deseo interno de mantener nuestras diferencias culturales a pesar de que vivamos en la luna. Tanto así que los otros partidos políticos también son nacionalistas de facto porque ellos abogaron por la excarcelación de Oscar López Rivera, por la salida de la Marina de Vieques y Culebra y ahora repugnan la junta de control fiscal. Esto pone en manifiesto que el nacionalismo es la base fundamental de la soberanía.
Profesor, dejemos el eufemismo y aclaremos que la soberanía es la independencia nacional absoluta de Puerto Rico.
Por Justin Agrelo, Katie Rice, Martha Bayne y Kari Lydersen
Centro de Periodismo Investigativo
Las 10 botellas de licor vacías son del color de las algas y el fango. Alguna vez fueron basura en las calles del vecindario de East Garfield Park en Chicago. Pero ahora, limpias y resplandecientes, están en exhibición a unas 2,000 millas de distancia en el Museo de Arte de Puerto Rico, parte de una obra de la artista Edra Soto.
Conchas marinas hechas de yeso rodean las bases de las botellas, recordando las playas arenosas de Puerto Rico, donde ella creció. Como si formara un altar, esta ecléctica combinación de objetos marca el tránsito de la artista desde la isla hasta la Ciudad de los Vientos, y su conexión continua con ambos lugares.
El trabajo de Soto forma parte de la exhibición “Repatriación” que destaca a artistas puertorriqueños radicados en Chicago. Hace 20 años Soto vino a Chicago a la escuela graduada del School of the Art Institute y no ha regresado a vivir a Puerto Rico, donde aún vive su madre.
“Mi familia está aquí y mi vida está aquí”, dice la artista sobre Chicago. “Así que no me puedo ir. Pero eso es muy difícil para mi”. Uno de sus trabajos recientes en Chicago explora esta fragmentación de su identidad a través de imágenes de rejas y quiebrasoles.
La exhibición del MAPR es coauspiciada por el Museo Nacional de Arte y Cultura Puertorriqueña de Chicago, una de muchas organizaciones boricuas en esta ciudad, que sirven de anfitriones en eventos culturales, proveen servicios sociales y participan en asuntos políticos relacionados a la Isla y a la diáspora puertorriqueña. Ese trabajo se ha tornado más crucial a partir de la crisis de la deuda de la Isla y los efectos de los huracanes Irma y María, que han causado un aumento en la emigración hacia EE. UU..
Los puertorriqueños en Chicago y en otras ciudades de los Estados Unidos tienen índices más altos de ingreso y empleo, así como menores tasas de pobreza que los de la Isla, según números del Censo federal y el Hunter College, los cuales fueron analizados por el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y Northwestern University.
Los puertorriqueños en Chicago además, tienen índices de ingreso y empleo más altos y menores tasas de pobreza que los puertorriqueños en el resto de los Estados Unidos.
Pero vivir en una ciudad como Chicago – que tiene escasez de vivienda asequible, escuelas públicas en problemas, una infame segregación e inviernos terribles – presenta nuevos retos para aquellos que vienen de la Isla. Los puertorriqueños en Chicago son menos propensos a conseguir empleos que personas nacidas en Chicago, y la mediana del ingreso del hogar para puertorriqueños recién llegados es menor que el de las personas nacidas en Chicago.
En la mayoría de los indicadores, los puertorriqueños en Chicago resultaron similares a aquellos en la zona metropolitana de Orlando y en la ciudad de Nueva York, pero la tasa de pobreza en Nueva York es mucho más alta y el índice de titularidad de propiedades más bajo, probablemente porque la vivienda citadina es aún menos asequible en Nueva York que en Chicago.
Las luchas que enfrentan los puertorriqueños que recientemente han llegado a Chicago no son nuevas para la comunidad de la diáspora, que por más de 50 años han enfrentado obstáculos y disparidades en la llamada Ciudad de los Vientos. Y año y medio después de los huracanes los puertorriqueños residentes en Chicago y las instituciones comunitarias todavía están ayudando a los últimos que llegaron después de Irma y María para que rehagan sus vidas y contribuyan – a corto o largo plazo – al futuro de la ciudad.
Una historia de resistencia
Chicago es el hogar de una de las comunidades de puertorriqueños más grandes y organizadas en los Estados Unidos. Con casi 97,000 residentes puertorriqueños, es más pequeña que la de Nueva York, Filadelfia y Orlando. En la ola de migración a los Estados, que siguió al huracán María, Illinois fue el décimo destino más popular, de acuerdo con un estudio del 2018.
Chicago tiene una presencia cultural y política significativa y una profunda historia que puede trazarse hasta la transformación de Puerto Rico a mitad del siglo 20.
En los años cincuenta, unos 450,000 puertorriqueños salieron de la Isla huyendo del desempleo y como resultado de los esfuerzos de industrialización de la Operación manos a la obra. Además, iniciaron programas que incentivaban el mudarse a los Estados. Muchos se fueron a Chicago, que entonces era un centro de empleos en fábricas, industrias y servicios. Para los años sesenta, ya Chicago era el hogar de más de 32,000 puertorriqueños.
Ahí los puertorriqueños encontraron una ciudad racialmente segregada, plagada con los mismos problemas sociales de los cuales habían huido. Igual a otras minorías, los puertorriqueños enfrentaron pobres condiciones de vivienda, brutalidad policiaca, educación desigual, cuidado de salud ineficaz, condiciones de trabajo inhumanas y otros problemas sociales. El racismo sistemático en Chicago unido a los movimientos estadounidenses de derechos humanos de los años 60 llevó a los puertorriqueños a organizarse políticamente. Por tener la ciudadanía americana, los puertorriqueños que se mudaron a Chicago podían votar en las elecciones y, de esa forma, ejercer una fuerza política que desde Puerto Rico no tenían.
Un momento crucial en la historia de la comunidad ocurrió el 12 de junio de 1966, después de la primera Parada Puertorriqueña de Chicago, cuando un oficial de la policía de la ciudad le disparó en una pierna al puertorriqueño Aracelis Cruz. El incidente provocó la indignación de la comunidad y causó un levantamiento en el vecindario de West Town en Chicago, que se extendió durante tres días. Esto, a su vez, llevó a la creación de importantes organizaciones comunitarias como el Puerto Rican Cultural Center y los Young Lords Organization, quienes pasaron de ser una ganga callejera de puertorriqueños a un grupo de base por los derechos civiles, moldeada al estilo de los Black Panthers.
Ralph Cintrón es un profesor asociado de estudios latinos y latinoamericanos en la Universidad de Illinois en Chicago, donde ha estudiado a la comunidad puertorriqueña. Cintrón dice que desde finales de los años sesenta, la comunidad puertorriqueña de Chicago se ha “organizado tremendamente”.
“La fuerza organizativa viene del liderato puertorriqueño de la ciudad, que está muy orientado hacia una especie de renacer cultural, una afirmación cultural, independencia política para la Isla, y así por el estilo”, dijo.
Cintrón describe la organización de la comunidad puertorriqueña en Chicago como “excepcional”. Dice que el liderato del Puerto Rican Cultural Center unido a varias instituciones de servicio social y de agencias de vivienda asequible han creado “una concentración de esfuerzo y devoción hacia la propia comunidad que es completamente inusual, especial. No se parece a nada que hayas visto en Nueva York, Miami, Orlando” o en ningún otro sitio en el país.
De acuerdo a Cintrón, los puertorriqueños de Chicago lograron su forma tan excepcional de organización debido a que comparten una misma visión de mundo en cuanto a la independencia de Puerto Rico.
“Los puertorriqueños de Nueva York, históricamente han sido muy disímiles en términos de sus orientaciones políticas”, dice. “Pero Chicago ha estado muy específica e ideológicamente orientada hacia el movimiento independentista y hacia ciertos programas de justicia social, tanto locales como en la Isla”. Los puertorriqueños en Chicago han tenido sus propias experiencias con la marginación y el desplazamiento de las comunidades y, por muchos años, han sido muy articulados en su análisis del régimen colonial de Estados Unidos sobre Puerto Rico, dijo Cintrón, quien asegura que ese sentimiento incluye el manejo de la reciente crisis financiera y el huracán María.
“Si uno añade a todo esto el hecho de que la comunidad puertorriqueña es más pequeña en Chicago y no está tan dispersa como en la costa este, entonces se entiende la concentración del activismo político durante tanto tiempo”, dijo.
Para finales del siglo 20 y después de haber sido obligados a salir de varios otros vecindarios por causa de una renovación y desarrollo urbano, los puertorriqueños se organizaron mayormente en el vecindario de Humboldt Park, en el lado oeste, determinados a preservar su comunidad. Aunque los puertorriqueños viven en toda la ciudad y los suburbios circundantes, Humboldt Park se mantiene como el centro cultural y simbólico de los puertorriqueños en la región del medio oeste estadounidense. Negocios, artes, centros comunitarios, organizaciones sin fines de lucro, escuelas, música y banderas puertorriqueñas, todo esto está presente en el vecindario, especialmente en el sector de la calle Division conocido como Paseo Boricua.
En años recientes, la comunidad ha sido instrumental en mantener en el radar de los administradores de la ciudad a la comunidad puertorriqueña y sus reclamos. Chicago fue instrumental en lograr la liberación de los prisioneros políticos pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), la mayoría de los cuales provenían del mismo vecindario. Las sentencias de los primeros 12 fueron conmutadas por el Presidente Clinton en 1999 y luego Oscar López fue indultado por el Presidente Obama en 2017. Cintrón apunta a la organización ocurrida alrededor del caso de López, en particular, como emblemático en cuanto al tipo de poder que los activistas en Chicago han ejercido en servicio de la causa.
Chicago también fue un bastión de apoyo al movimiento que puso fin al bombardeo militar en Vieques. Y buena parte de la comunidad puertorriqueña también ha establecido fuertes vínculos y se ha convertido en parte del Partido Demócrata en Chicago, incluyendo al excongresista Luis Gutiérrez, al ex asambleísta de la ciudad Billy Ocasio – quien organizó la exhibición Repatriación – y otros numerosos oficiales electos locamente.
La comunidad de puertorriqueños en Chicago también se ha convertido en un sólido recurso para boricuas impactados por la crisis de la deuda y, más recientemente, por los huracanes Irma y María.
Un éxodo y una afluencia
El 25 de septiembre de 2017, un avión de carga de la compañía United lleno de suministros de emergencia aterrizó en San Juan procedente de Chicago. Fue el primer vuelo privado de ayuda que llegó a la Isla después del huracán María; regresó a Chicago ese mismo día con 300 pasajeros que se habían quedado varados en la Isla. En los próximos meses, otros vuelos cargados de suministros fueron enviados desde Chicago a Puerto Rico.
Esos vuelos fueron una de las múltiples formas en que los puertorriqueños de Chicago contribuyeron – con la ayuda inmediata y en la reconstrucción a largo plazo – después de los huracanes Irma y María. Entre otras cosas, la organización Puerto Rican Agenda ha otorgado micro-donativos de algunos miles de dólares cada uno, a 40 municipios distintos. El Puerto Rican Cultural Center ha otorgado donativos a instituciones que incluyen una escuela de arte y diseño en San Juan, mientras que el Segundo Ruiz Belvis Cultural Center y el Puerto Rican Arts Alliance también han ayudado a que artistas puertorriqueños se presenten en los Estados Unidos, después de Irma y María.
Inmediatamente después de los huracanes del 2017, los puertorriqueños en Chicago también vieron la necesidad de coordinar ayuda para los puertorriqueños que fueron evacuados y que llegaron a Chicago, muchos de ellos con niños y algunos con poco más de una maleta llena de ropa de verano.
El 2 de noviembre de 2017, la ciudad abrió un centro temporero de recursos en el pabellón del Humboldt Park, parque que le da su nombre al vecindario. El centro ayudó a las personas a llenar solicitudes de asistencia individual de FEMA y a lograr acceso a servicios, desde vacunas hasta vivienda temporera. Este centro permaneció abierto hasta principios de mayo de 2018 y la ayuda a los damnificados continuó hasta aún después del cierre del local. Encontrar vivienda asequible ha sido una lucha continua y muchos descubrieron que las promesas de las autoridades de vivienda pública de la ciudad no fueron cumplidas.
Roberto Maldonado, asambleísta del distrito 26 de Chicago, que incluye Humboldt Park, dijo que los migrantes post-María todavía, en diciembre de 2018, acudían a su oficina buscando ayuda.
“Algunas personas siguen viniendo solamente para socializar”, dijo, “pero otros vienen por que necesitan mejor acomodo de vivienda. Ese es el problema principal. Las personas quieren vivir cerca de su familia y de la comunidad – quieren escuchar el idioma español hablado y la música de salsa – pero la mayor parte de la vivienda que se les ha provisto está al sur o al norte, en las zonas más lejanas. Vienen a nosotros pidiendo nuestra intervención, pero la vivienda es muy limitada en Humboldt Park – simplemente no hay espacios vacantes”.
De octubre a diciembre de 2018, el Puerto Rican Cultural Center (PRCC por sus siglas en inglés) llevó a cabo contacto a 978 personas que permanecían en Chicago y que pasaron por el pabellón en los meses siguientes al huracán María. La organización habló con 403 de ellos sobre vivienda, empleo, salud y otros temas. Natasha Brown del Centro, indicó que mucha gente todavía necesitaba ayuda con los beneficios básicos de Medicaid y cupones de alimentos, confirmando lo dicho por Maldonado.
“Vemos mucha inestabilidad de vivienda. Ha pasado más de un año y todavía hay personas en refugios. Pueden haber firmado un contrato de arrendamiento, pero no han podido mudarse a un apartamento”.
El PRCC continúa trabajando con los recién llegados a base de su necesidad. Estos esfuerzos pueden ayudar a determinar el futuro de la comunidad de puertorriqueños en Chicago – una diáspora con profundas raíces y un flujo y reflujo constante entre el medio oeste estadounidense y la Isla que queda a 2,000 millas.
La reestructuración de los municipios es un asunto que lleva mucho tiempo en discusión. Es uno en el que no se ha profundizado lo suficiente y para el que no hay propuestas concretas.
La fusión de municipios podría redundar en costos menores y más ahorros. Sin embargo, una pregunta fundamental que el gobierno ha pasado por alto es si con esto se mantendrán los servicios que actualmente se ofrecen a la población o si conllevarían su sacrificio.
Un paso trascendental para que esta reorganización sea verdaderamente viable es eliminar el partidismo. De otra manera, no serviría de nada que la nueva estructura se fundamentara en los mismos principios que han llevado a la inviabilidad económica de los municipios.
La única justificación considerada por la administración de Ricardo Rosselló para llevar a cabo este proceso es las insuficiencias presupuestarias de los municipios, que según la última versión del plan fiscal de octubre de 2018 operan con déficits. Al éstas ser consolidadas rondan los $260 millones anuales. Entiéndase, que hay que ahorrar para pagarles a los bonistas.
El profesor y economista Waldemiro Vélez sostuvo en entrevista con CLARIDAD que un paso trascendental para que esta reorganización sea verdaderamente viable es eliminar el partidismo. De otra manera, no serviría de nada que la nueva estructura se fundamentara en los mismos principios que han llevado a la inviabilidad económica de los municipios.
Vélez criticó la extrema politización del sistema organizacional de los municipios, que ha tenido como consecuencia la bancarrota. Destacó que no importa cuál de los modelos propuestos por el gobierno vaya a aplicarse debe responderse una pregunta básica: ¿Cómo se llegó a ese problema?
“Se está diciendo que la estructura es el problema y que por eso hay que cambiarla; pero más allá de eso, el problema es la partidización, los contratos a allegados, los empleados fantasmas”, añadió.
Las tres posibilidades que ha estado barajando la administración de Rosselló son: la creación de condados o regiones, la consolidación de gobiernos municipales y la fundación de consorcios intermunicipales.
La consolidación implicaría la desaparición de los municipios, que en efecto se convertirían en barrios; algo similar a lo que fueron en el pasado. Con los consorcios, las alcaldías se unirían para acordar la contratación de unos servicios y unas labores en conjunto. Los condados, por su parte, son otra forma de consorcios donde la figura del municipio también se debilita; semejante al modelo que hay en los EE.UU., en los que igualmente se contratarían servicios conjuntamente.
El economista puso atención sobre este asunto destacando la importancia de que, además de eliminar la partidización, se investigue sobre la reestructuración. También hizo énfasis en que antes de tomar cualquier determinación se debería discutir cómo llegamos a los 78 municipios actuales. “¿Cómo se crearon? ¿Qué necesidades tenían que no se estaban atendiendo? ¿Qué estaba pasando en ese momento que dio lugar a que se crearan municipios?”
También sugirió que para decidir si en estos momentos los municipios deben transformarse, se tiene que hacer una evaluación en términos de servicios a la población ¿Qué se está cumpliendo al momento? ¿Qué se dejaría de cumplir? ¿Qué es necesario para la gente?
Pero estas preguntas, con mucha probabilidad, han quedado en el tintero, y el asunto se mide en dólares y centavos. El servicio a la gente, la razón pública, ha quedado como última prioridad cuando debería ser la primera.
“No es suficiente considerar meramente los ahorros, sino que el gobierno debe explicar cómo eso va a ser más ágil y eficiente; que no basta con el discurso de que si somos menos, somos más eficientes y se quita la burocracia. ¿Se va a quitar también la partidización o el partidismo? ¿O va a haber una consolidación de fuerzas sin que desaparezca ese aspecto, que es el más relativo del proceso?”, cuestionó.
Vélez criticó que para llevar a cabo esta fusión se parta de la premisa de que todo el mundo está en las mejores condiciones para ir a distintos lugares a reclamar servicios. Eso representa un problema, sobre todo para personas de escasos recursos, de edad avanzada, que tienen problemas de transportación, entre otros.
El gobernador plantea que mediante la fusión de municipios se podrían ahorrar anualmente entre $600 millones a $1 billón. Pero el análisis realizado por la firma Estudios Técnicos, citado en la última versión del plan fiscal de octubre de 2018, estima entre $150 y $450 millones los posibles ahorros, es decir, la mitad o menos de lo que Rosselló plantea.
“El gobernador tiene una idea, pero no tiene una propuesta concreta de cómo va a hacerlo ni de cuáles son los criterios que se van a utilizar para esa consolidación. Se tienen unos números de ahorros posibles que yo no sé como los obtuvieron”, concluyó Vélez.
Además de establecer la consolidación de servicios municipales como una medida para mitigar las insuficiencias presupuestarias, el plan fiscal también sugiere una reforma al impuesto sobre la propiedad.
Durante las últimas semanas se ha dado un cambio significativo en la atmósfera política de Puerto Rico. El lunes 11 de marzo, en el Teatro Tapia, se dio a conocer de manera formal el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC). Mientras cientos de personas llenaron el teatro, otra cantidad semejante quedó fuera y escuchó los mensajes de la actividad por medio de micrófonos colocados en el exterior. La presentación pública del MVC fue exitosa: allí se sintió un poderoso imán, con mensajes cargados de esperanza. Se esbozó un programa de oposición a la política neoliberal de los dos partidos de gobierno que nos ha traído, sin ningún tipo de autocrítica, a la monumental crisis actual. El acto comenzó con una expresión visceral: la mayoría de nuestra población está harta de la política bipartidista.
Carmen Yulín ha recogido, entre otras cosas, punto por punto, el programa del MVC. Incluso ha utilizado el concepto de movimiento de alianzas al interior y exterior del PPD. Hay que meditar con mucho cuidado el alcance de sus nuevas propuestas dentro de un partido apolillado y plagado de corrupción.
El MVC destacó tres aspectos claves de su programa: el ataque sistemático e implacable a la corrupción, la necesidad de ponerle fin a la política de austeridad, y la urgencia de descolonizar a Puerto Rico por medio de una Asamblea Constitucional de Status. En la breve y contundente actividad se destacó la importancia de definir los servicios esenciales, de auditar la deuda y señalar responsabilidades, de detener las políticas de privatización, de respetar la fórmula del 9.6% de la Universidad de Puerto Rico y proteger también los fondos del Departamento de Educación, de adelantar una verdadera reforma educativa y desmantelar las formas opresivas de la sociedad patriarcal. No fue una casualidad que figuras destacadas de los dos partidos de gobierno reaccionaran con críticas directas o con expresiones calculadas y pensadas para minimizar el impacto del MVC. Basta recordar los comentarios expresados durante varios días por figuras como Luis Dávila Colón, con su estilo maniqueo mucho más inclinado al insulto que al análisis, o los comentarios pintorescos de Thomas Rivera Schatz, por parte del Partido Nuevo Progresista(PNP), o de figuras destacadas del Partido Popular Democrático(PPD), como su presidente Aníbal José Torres, hasta supuestos soberanistas como Cox Alomar. La variedad de los comentarios, desde el insulto a la subestimación, manifestaron algo no muy difícil de verificar: el miedo y la intensa preocupación del bipartidismo ante el nacimiento de una nueva formación política surgida de la discusión, el esfuerzo y la voluntad de acción conjunta de diferentes grupos que se han movido poniendo de relieve sus espacios de convergencia.
Las motivaciones del miedo son múltiples aunque todas se anudan con la violencia de la política que nos ha llevado a la crisis económica y social. Una violencia que se agudiza con la política de austeridad que han impuesto los dos partidos de gobierno. Si se habla de bipartidismo es porque tanto el PNP como el PPD le han atosigado al país la misma medicina amarga, con un tinte agudo de corrupción y desvergüenza, que lejos de mejorar la situación, la empeora. La coronación de esa política irresponsable bipartidista se dio con la imposición federal de una Junta de Control Fiscal. La dictadura de la Junta ha impuesto con mayor intensidad la misma política de austeridad bipartidista que nos ha traído a la crisis actual. Precisamente porque la JCF es una prolongación, bajo la forma descarnada de la tiranía, de la política bipartidista, el MVC ha declarado su oposición radical a ese vergonzoso cuerpo.
Ahora bien, la preocupación y el miedo no es producto de palabras. Lo que asusta son hechos innegables y dramáticos, como resultado de la política de austeridad. Veamos solo algunos. En las elecciones de 1996 y en las del 2008, el PNP sacó más del 50% de los votantes y superó el millón de votos. Pedro Rosselló con 1,006,331 votos (51.1%) y Luis Fortuño con 1025,965 (52.8%). Héctor Luis Acevedo perdió en 1996 frente a Rosselló por 130,879 votos (44.5%), mientras Aníbal Acevedo Vilá perdió ante Luis Fortuño por 224,894 (41.3%). En el Puerto Rico moderno la derrota de Acevedo Vilá ha sido la más aplastante. Sin embargo, la victoria de García Padilla sobre Fortuño por apenas 11,285 votos esconde una situación dramática: la erosión de los 224,894 votos de ventaja en apenas cuatro años. Nunca se había visto algo parecido en la historia del bipartidismo local. Pero hay algo todavía más significativo. Fortuño bajó de 52.8% de los votos en 2008 a 47.7% en 2012. Cuando se compara el por ciento de votos de la derrota de Fortuño en 2012 con 41.8% obtenido por Ricardo Rosselló en su victoria en 2016, lo que se observa es un descenso alarmante de más del 10 porciento. Algo parecido, pero más acentuado, le ha ocurrido al PPD: Acevedo Vilá obtuvo 41.3% en 2008, García Padilla subió a 47.7% en 2012, para luego David Bernier descender a 38.8% en 2016. Ninguna de las dos piezas del bipartidismo había caído por debajo del 40%.
Por consiguiente, el miedo, el verdadero temblor interno de las dos horribles piezas del bipartidismo, es resultado de su pronunciado descenso histórico. La política neoliberal de estos dos partidos acentuó violentamente la crisis económica y para atenderla han querido imponer más de la misma política neoliberal. La explicación no es difícil para entender lo que parece ser una irracionalidad: mientras ocurre este cruel proceso, se enriquecen unos cuantos empresarios que asaltan el dinero público combinados con políticos-empresarios que se valen de sus puestos presentes o pasados para enriquecerse. Por esta razón, el MVC impacta y asusta por un lado, mientras por otro, tiene fuerza de imán e irradia esperanza.
En este contexto político-económico, ha surgido también la candidatura de Carmen Yulín Cruz en el interior del PPD. Si ha provocado una conmoción interna, especialmente en su sector conservador, es porque esta candidatura intenta introducir la política anti-neoliberal y contra la corrupción en un terreno abiertamente hostil. La candidatura de Carmen Yulín debe verse como una expansión poderosa de la influencia del MVC en el interior del PPD. Y podría tener credibilidad fuera y dentro del PPD porque es la persona menos identificada con el neoliberalismo en el interior del bipartidismo. Ni Ricardo Rosselló en el PNP y mucho menos Rivera Schatz o Jeniffer González podrían hacer algo parecido, como tampoco cabilderos y privatizadores al estilo de Roberto Prats o Eduardo Bhatia. Tratarán de atacar a Carmen Yulín por su inclinación soberanista. Pero esa será la cortina de humo. La razón principal no se alinea tanto con el estatus como con la cuestión social.
Carmen Yulín ha recogido, entre otras cosas, punto por punto, el programa del MVC. Incluso ha utilizado el concepto de movimiento de alianzas al interior y exterior del PPD. Hay que meditar con mucho cuidado el alcance de sus nuevas propuestas dentro de un partido apolillado y plagado de corrupción. No tardaremos en saber si podrá cambiarle el curso a una vieja organización que desde hace décadas camina, con diferentes ritmos, hacia su muerte. Tenga éxito o no, hay algo indudable. Con el surgimiento del MVC y de la candidatura de Carmen Yulín Cruz, se ha transformado de forma cualitativa la política puertorriqueña. Ahora sobre la mesa hay dos proyectos que postulan con amplia credibilidad una alternativa a la podredumbre neoliberal. Más temprano que tarde caerán las dos piezas del bipartidismo. Si una de ellas cambia de piel, sin lugar a dudas, la fuerza le vino del exterior. El MVC tiene ahora una tarea delicada: precisar y adelantar su programa de forma consecuente. Fortalecer su diálogo interior y extenderlo hacia todo el país, incorporando las voces de los más oprimidos, golpeados y maltratados.
Una fría mañana invernal en la parada de la guagua escolar, después de despedir a los chiquillos, me disponía a conversar con las mamás cuando una de mis nuevas amigas se me abalanzó sollozando. No entendía que le pasaba. Entre llanto le alcancé a comprender que su esposo le había pedido el divorcio.
No estaba preparada emocionalmente para procesar todo lo que me contó después…
Desde el comienzo del año escolar tengo un nuevo corillo. Somos un diverso grupo de cuatro mamás y un papá que esperamos la guagua con nuestros críos. Cuatro inmigrantes, una de la India, otra de Sri Lanka, de Perú, la boricua (moi), una de Michigan y un papá de Tennessee. Nos vemos todas las mañanas, nos seguimos en las redes sociales, intercambiando recetas, historias de los chicos, compartimos en familia tanto en cumpleaños como en actividades del complejo donde vivimos; es refrescante tener vecinos amigables. Pero desde ese día que la muchacha de la India me confesó su historia, nuestra relación creció: somos amigas.
Resulta que mi amiga es sobreviviente de violencia doméstica. Lleva casada ocho años con un hombre abusivo, física, verbal, emocional y financieramente. Es así desde que se casaron. El agresor controla todo lo relacionado con su esposa y su hijito de seis años. Y ahora decidió radicar la demanda de divorcio desde la India para poder decir que ella es una loca y así no tener que pagarle ni un centavo ni al niño, ni a ella, y poder dejarla sin nada.
Ella no tiene familia que viva cerca, no tiene empleo, no tiene dinero, no tiene las tarjetas del plan médico, ni del nene ni de ella. No sabe dónde trabaja el hombre, ni a qué se dedica exactamente, ni donde pasa tres o cuatro días y noches de la semana, ni porqué a veces sale unas horas en la madrugada. El hombre ni siquiera le dejó su joyería de oro sólido, la que le regaló su familia el día de su boda, a la usanza hindi.
Su familia, excepto un hermano solidario, vive en la India. Hace casi nueve años su padre seleccionó de uno de los muchos clasificados del periódico al individuo, sin saber que se trataba de un monstruo. Luego de la boda, se mudaron a Nueva Inglaterra. Lo primero fue la violencia verbal. Pasaron los años, tuvieron un niño, ella consiguió un buen empleo en su profesión como maestra de preescolar y tenía un buen grupo de amistades.
Fue entonces cuando por fin sacó fuerzas y contactó una organización de apoyo a mujeres indias sobrevivientes de violencia machista. Cuando se preparaba para dejar al agresor, él decidió que se mudarían al estado vecino. Sus compañeras le aconsejaron que no se mudara, que sería peor. Se mudaron el 12 de agosto. El 19 de agosto la vecina del piso de arriba llamó a la policía por primera vez, por los terribles gritos y golpes provenientes del apartamento.
Cinco meses más tarde, fue que me enteré de todo esto.
Tuve que insistir para que fuéramos a la policía. Nos acompañó la vecina del piso de arriba, que resultó ser la más joven del grupo, la mamá peruana. Nos trataron muy mal. “¿Qué usted quiere que hagamos?”, preguntaron con desdén. “Ella quiere denunciar a su marido y enmendar su declaración de cuando fueron a su apartamento en agosto”, expresé indignada. “Pues siéntese a esperar que no tengo a nadie que le tome su declaración ahora”.
Por fin nos atendieron, después de mencionar el nombre de un capitán que me refirió un amigo. Acompañé a la chica para darle apoyo. Del miedo, apenas podía hablar. Le tomé la mano y la miré a los ojos y le dije “solo cuenta tu historia”.
Me di cuenta que ese hombre le quitó mucho más que dinero. Le robó su autoestima, le arrebató su seguridad, su confianza en sí misma, le laceró su espíritu. Frente a mi había una mujer buena, hermosa, inteligente, preparada y trabajadora, completamente devastada, sin amor propio. Estaba destruida por no saber qué hacer, qué sería de su vida, si le quitarían a su niño, si tendría que regresar a su país, en donde sería vejada por ser divorciada.
La policía tomó notas, pero no hizo mucho más. Días más tarde, solicitamos copias de los informes y nos dimos cuenta que no estaba la declaración que hizo aquella tarde, y en ninguno había mención de posible violencia doméstica.
En los días que siguieron nos enteramos de más cosas nefastas. Este hombre lo planificó todo: la aisló de su familia, la mudó de la ciudad donde ella tenía trabajo y grupo de apoyo, hizo un contrato de arrendamiento de solo tres meses, inusual cuando se tiene niños en edad escolar, contrató un abogado para sí mismo, no le dio las tarjetas del plan médico, fue poco a poco quedándose más días fuera del apartamento y llevándose sus pertenencias, ocultó su lugar de empleo, y la comenzó a drogar sutilmente.
La situación legal es complicada: el caso de divorcio es en la India, donde se casaron, pero el niño es ciudadano americano por haber nacido en los Estados Unidos y cada estado tiene políticas públicas diferentes para bregar con estas situaciones.
Como la ley que más conozco, por razones obvias, es la de Puerto Rico, no entendía por qué era tan difícil conseguir ayuda. Aunque nos quejamos de las barbaridades que comete el gobierno colonial del Estado Libre Asociado (ELA), hay que reconocer que La Ley 54 del 15 de agosto de 1989 es una legislación de avanzada. Es cierto que ha sido cuesta arriba implementarla y que hay gente que se aprovecha de ella, pero eso es otro asunto.
La Ley 54 conocida como la “Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica” provee remedios civiles y penales; establece qué es un delito y lo define como un patrón de conducta constante de empleo de fuerza física o violencia psicológica, intimidación o persecución en contra de su pareja o expareja. Si te encuentras en una situación de violencia solo tienes que llamar a la policía y denunciar a la persona que te maltrató. Para esto, no hace falta tener una orden de protección vigente. La orden de protección la puede solicitar la víctima, su representante legal o un agente del orden público y en ese momento se le puede adjudicar la custodia provisional de los niños y niñas menores de edad a la parte peticionaria. Además, hay varias Salas Especializadas en Violencia Doméstica. O sea que en mi patria hay muchas cosas jodidas, pero esta ley -que existe gracias a la lucha continua de las feministas-, es excelente.
Mi amiga no es ciudadana –tiene ‘green card’–, no es blanca, no es de una clase social pudiente, se casó en su país y vive en una nación en tiempos de un “Trumpismo” rampante y desmedido, con todo lo que eso significa.
Con dificultad, pero apoyada por su familia y por nosotras, el “corillo de la guagua”, mi amiga india navega las burocracias y construye su caso con suma dificultad.
Porque si bien es cierto que este agresor lo planificó todo y parece siempre estar un paso adelante, no previó una sola cosa: jamás imaginó que su esposa pudiera hacer amistades solidarias –y feministas– en tan pocos meses. No sabemos qué pasará, pero lo que sea estaremos a su lado. Como diría mi Dude de cinco años, esta historia continuará…