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“Yo no huelo a nada” El rastro de los sentidos en la comunicación del desastre (Puerto Rico 2017-2018)

Por Silvia Álvarez Curbelo

“You can block out all the senses except smell”. Barbara Hyett, In Evidence: Poems of the Liberation of Nazi Concentration Camps, 1986

“Una sociedad no puede sonreír al futuro con los muertos escondidos”. Papa Francisco, 31 de marzo de 2019

Esta reflexión nace de la figura de la anosmia – “la enfermedad de no oler nada”- a la que me condujo el titular de la agencia EFE del 25 de julio de 2018, nueves meses después del paso del huracán María por Puerto Rico y que rezaba así: Gobernador de P. Rico afirma que no sintió hedor en morgue ante reclamos. 

La nota ofrece los detalles mínimos, tanto fácticos como metafóricos, y cito:

“El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, afirmó hoy que no sintió ningún hedor en el Negociado de Ciencias Forenses (NCF) en San Juan cuando visitó sus instalaciones, por sorpresa, el pasado sábado ante alegaciones de los vecinos de que emanaba mal olor de alguno de sus furgones e instalaciones.

“Mi observación, no técnica, era que, en consideración de los olores, entre otras cosas, los vagones tenían el olor natural de esos vagones”, sostuvo Rosselló en rueda de prensa, donde presentó una nueva herramienta que facilita los trámites de negocios para todos los que quieran hacer negocios en la isla”. 

Ciertamente, una puesta en escena significante: Puerto Rico está abierta para hacer negocios, sin olores perturbadores.

El persistente olor de la memoria

Como todos los sentidos, el olfato es cultural, transformado por la historia y por la estructura social. En esa línea, Classen et al advierten en su libro Aroma: the cultural history of smell (1994) que, a partir del siglo 18, el rango del olfato en Occidente se ha degradado. Mientras el ver se asocia a la razón y a la civilización, el oler remite a lo salvaje y a la locura (4). 

Marta Tafalla (2015) propone que la concepción de dos naturalezas distintas en el ser humano, un organismo biológico y un alma o mente no material, se tradujo en un dualismo sensorial entre placeres intelectuales y pasiones sensuales (123). Pero no hay estabilidad en esa jerarquía: los olores no pueden ser contenidos, cruzan los límites sobre todo entre lo público y lo privado, entre las clases, retando la inodoridad del poder. “The olfatory challenge for those in power is how to preserve their inodorateness from the onslaught of odours which always seem to be pressing in towards the centre” (161). 

No abundan las referencias a la anosmia en la comunicación contemporánea. Una de ellas, con motivo de la contienda electoral de 2016 en España, reincide en el arriba y abajo representados por los sentidos de la vista y el olfato: “El resultado, una vez más, es que el PP es inmune a la corrupción y sacaría el doble de votos que el PSOE de celebrarse unas nuevas elecciones. Lo que prueba la anosmia del votante del PP, incapaz de detectar la putrefacción ética de su partido… (2016)”

A pesar de los intentos de cancelarla, la memoria olfativa es constitutiva de una de las narrativas centrales del mundo contemporáneo: la del Holocausto y la de muchos otros eventos de carácter eliminacionista. David García Cames (2016) remarca la memoria olfativa en uno de los más entrañables testimonios sobre la vida en los campamentos de exterminio. Para Jorge Semprún, español miembro de la Resistencia francesa enviado a Buchenwald en 1943, el olor resume y contiene lo más íntimo de la existencia. En particular, el olor produce el sentido de la diferencia. 

Semprún afirma en su memoria La escritura o la vida (1995) que:

1. el olor señala a los vencidos, pero también a los culpables (García Cames, 60)

2. es preciso “hurgar en las entrañas de ese ‘extraño olor’ para alcanzar en su evocación la memoria, el relato y quizá la verdad de quienes lo habitaron.” (García Cames, 62) 

3. el olor pervive en la memoria “dando lugar a imágenes que reviven de 

forma obsesiva en el recuerdo, que hacen imposible el olvido.” (Ibid.)

Esta ponencia transita desde el olor suprimido a quienes habitaron el olor, es decir, hacia los desaparecidos y hacia los perpetradores de esa desaparición en el caso del huracán María. 

El gobierno de Puerto Rico reprobó en su comunicación de riesgo antes, durante y después de María. Durante cerca de dos años hemos enfrentado operativos de silenciamiento, de indiferencia, de eufemismos y evanescencias en torno a los desaparecidos del huracán. Acuerparlos públicamente fue tarea insistente y a menudo frustrante para familiares y ciudadanos. Acuerparlos mediante la palabra periodística fue un propósito social que asumió el CPI. Agradezco al periodista Joel Cintrón Arbasetti por habilitarme el acceso a un corpus admirable de 51 piezas. Le dedico la ponencia a la periodista del Centro de Periodismo Investigativo, Omaya Sosa Pascual.

La desaparición de los desaparecidos

Al igual que la conservación de su inodoridad, el poder debe controlar lo que se ve. Para ello, como apunta Lucrecia Escudero Chauvel en su trabajo sobre los desaparecidos argentinos (2001), se vale de una red de complicidades labrada por el silencio y el secreto. Dando por descontado las diferencias en escala entre nuestros desaparecidos de 2017 y los desaparecidos en la Argentina de la “guerra sucia” recurro al texto de Escudero Chauvel para apuntar a varias tangencias insoslayables.

1. Se trata del conflicto entre dos regímenes de producción de verdad: el del secreto “que consideraba las declaraciones de los familiares como una palabra básicamente privada que no debía acceder a la superficie social y sobre todo no debía circular” y el del “régimen de certeza, la convicción del cuerpo vivido, privado, que puede hacerse público porque se vuelve colectivo.” (545).

2. En los dos, se transforman los sujetos sociales en objetos. Se tornan una estadística, una ficha carcelaria, material vegetativo o un código de las Naciones Unidas.

3. También, en ambos casos los sujetos desaparecidos quedan instalados en una tercera dimensión de la realidad: ni muertos, ni vivos. 

Esta tercera dimensión se describe, de manera sobrecogedora, en un artículo de María José Sarrabayrouse Oliveira (2017) sobre la “morgue judicial” y el circuito de manejo de cadáveres en la Argentina de la dictadura. Una de sus planteamientos más importantes tiene que ver con cómo se naturaliza burocráticamente un “estado de excepcionalidad” sobre los desaparecidos. 

Ni en aire, ni en agua. Con María sólo pienso en tierra. En deslizamientos de terrenos, en caminos socavados, interrumpidos y sepultados por trece millones de árboles y arbustos. Con apenas siete días, mientras el país se sumía en tinieblas energéticas y emocionales, Eliván Martínez Mercado recoge la descripción del nuevo paisaje que hace un vecino de Utuado: “Las montañas de cerca de mi casa se derritieron” (CPI, 27 de septiembre de 2017). 

Sobre todo, para los habitantes del espinazo montañoso y para familiares y amigos, aunque estén fuera del perímetro fatal, las sospechas afloran pronto. Al día siguiente, Omaya Sosa Pascual (CPI, 28 de septiembre de 2017) pregunta: “¿Dónde están los muertos?” En ese momento nadie imaginaba que un umbral mortuorio que databa desde 1899, cuando asoló el huracán Ciriaco, habría de rebasarse. La nota de la periodista prefigura los lugares y los sujetos del desastre- siguiendo la nomenclatura de Mark D. Anderson (2011)- en una narrativa de enterramiento -tanto de los cuerpos como del saber sobre los cuerpos- que se entramará en los próximos meses. Las morgues rebosadas, el desconocimiento familiar, las fosas comunes, los furgones refrigerados.

Sobre el primer furgón, la pre-tumba de muchos de los muertos de María, Sosa Pascual escribe en la misma nota: “… el ICF (Instituto de Ciencias Forenses) informó que había aumentado su capacidad de almacenaje con un furgón que les fue entregado por el programa federal DMORT” (Disaster Mortuary Operational Response Team). Son demasiados los cuerpos que llegan al ICF. El diesel escasea; como en otros operativos históricos de manejo de cuerpos, el combustible es, en cruel ironía, vital. 

En los momentos iniciales, cuando la realidad de los desaparecidos compite con las largas colas para obtener gasolina, la falta de alimentos en los supermercados y el colapso de los celulares, la voz del Secretario de Salud es inapelable: No habrá entrega de cuerpos sin que se expida un certificado demográfico. La razón burocrática se impone y con ella el lenguaje que codifica y reglamenta a los muertos: Admite el funcionario que mucha gente ha enterrado a sus familiares en “fosas comunes” porque están en sitios aislados y se descomponen rápidamente. Para inmunizarse, el secretario transforma a esos enterrados “fuera de la ley” en un tipo de material biológico que cae bajo una jurisdicción que no es la de su departamento: “el protocolo actual para la disposición de cuerpos y material vegetativo en situaciones de emergencia lo maneja la Junta de Calidad Ambiental”. 

La visita del presidente Trump el 3 de octubre, coreografiada hasta el último detalle, dura menos de cinco horas. Su momento más icónico es cuando lanza a un grupo de fieles escogidos rollos de papel toalla estableciendo los lindes antropológicos entre lo limpio y lo sucio; la vida y lo desechable. En la conferencia de prensa, ubicado entre dos esfinges – su mujer y el gobernador-, minimiza la tragedia comparándola con Katrina “una verdadera catástrofe”. La cifra de 16 muertos, a la que asiente el gobernador, debe ser orgullo para Puerto Rico (Pagán, 2018). En efecto, se convierte en pauta para el operativo de desaparición.

 Como en otros procesos de represión o control la adscripción a una lógica burocrática se acompaña con un proceso de militarización. Salvando las distancias debidas, si el secretario de salud habla en el lenguaje funcional de Adolf Eichmann -inspiración de Hannah Arendt para acuñar el concepto de la banalidad del mal- el lenguaje militar del jefe de Seguridad Pública de Puerto Rico, Héctor Pesquera, se acomoda al de Heinrich Himmler. Asigna tropas de la Guardia Nacional para custodiar las instalaciones del ICF a donde acampan cientos de familiares que desconocen la suerte de los suyos. El secretario Pesquera también es terminante en la pulsión clasificatoria: hay que determinar qué muertes fueron naturales y cuáles pueden adjudicarse a la emergencia. Cuando Sosa Pascual pregunta por los criterios de clasificación, dice que no sabe. (CPI, 12 de octubre de 2017)

En la medida en que el sistema de desaparición toma forma, se enfatiza el uso de códigos para manejar la información. El Registro Demográfico, que tuvo que recurrir a un sistema manual “propio del siglo pasado”, ya tiene luz y exige que los informes de muertes se inscriban en el libro oficial bajo la categoría ICD10 (International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems (CPI, 16 de octubre de 2017). Mientras tanto, al Secretario de Salud le han amordazado desde que habló de “fosas comunes”. 

A un mes del desastre, Omaya Sosa Pascual del CPI y Patricia Mazzel del Miami Herald publican un resumen de la resaca dejada por María titulado “Huracán María: dónde falló el operativo de respuesta” (CPI 22 de octubre de 2017). Uno de los gráficos del reportaje “Los responsables tras María” ilustra un colapso fatal en las líneas de mando. Algunos de los funcionarios implicados en Puerto Rico han salido ya de cuadro, entre ellos el Administrador de Emergencias que se fue de vacaciones a las dos semanas del siniestro. Lo importante ahora es confeccionar los pretextos y negar, negar, que hayan desaparecidos. El gobierno se mantiene aferrado al clavo ardiente de 64 muertos, estadística que ha sustituido a los triunfales 16 de la visita de Trump.

Una conferencia de prensa en la que figuran varios funcionarios, encabezados por el secretario Pesquera quien controla con la mirada el flujo de información, alcanza paroxismos surreales. Lleno de galimatías, eufemismos y entrelíneas inevitables, el testimonio del demógrafo José López recuerda el de los expertos que intentaron explicar el desastre de la explosión del gasoducto en Guadalajara en 1992 que analiza en su siniestralidad Rossana Reguillo en La construcción simbólica de la ciudad. A los reclamos insistentes de los periodistas por una investigación sobre los desaparecidos, Pesquera riposta: “¿Por qué investigar?” (CPI 8 de noviembre de 2017). 

Es claro ya para estas fechas que la desaparición de los desaparecidos, es un objetivo prioritario de la administración Rosselló. Se trata de un sistema de desaparición, como señala Escudero. Las culpas se desplazan a los médicos que no han registrado bien las defunciones y a los familiares que los han enterrado sin permiso o no han dado la información mortuoria necesaria. Los periodistas acopian los testimonios de familiares cargando cuerpos descompuestos o manteniendo en habitaciones refrigeradas a fuerza de generadores cuerpos que nadie quiere aceptar. El 16 de noviembre Sosa Pascual y Jennifer Wiscovitch relatan el caso de don Teodoro Colón cuyos familiares desafiaron derrumbes y crecida de ríos hasta poder llegar a una de los pocos crematorios que funcionaban en la región. Fue una de las 911 cremaciones autorizadas por el ICF a la fecha que, según Pesquera, “no tuvieron vinculación alguna con el huracán”.

La reaparición de los desaparecidos

Dos noticias confluyentes publicadas el 17 de diciembre de 2017 constituyen el momento de inflexión en el entramado de los desaparecidos. Por un lado, habiendo recibido por fin datos -fragmentados ciertamente- del Registro Demográfico, el CPI anuncia que las muertes rebasan la cifra de mil tras un sencillo ejercicio comparativo con las muertes acaecidas el año anterior para la misma época; por el otro, la Policía admite que el plan de búsqueda y recuperación de desaparecidos no ha rendido frutos por falta de recursos. Reminiscente de la experiencia de las guerras sucias, la nota del CPI acota que “la búsqueda prácticamente ha estado en manos de los familiares…” .

Cercado por las dudas públicas, el gobernador ordena una investigación (Orden Ejecutiva 2018-01) la cual pone en manos de Pesquera y de la directora del Registro Demográfico. El objeto de la misma no son los desaparecidos, sin embargo. Es el proceso de “contabilización”. Si es necesario -acota- debe rehacerse (CPI 18 de diciembre de 2017). 

En rápida sucesión, el CPI demanda al Registro Demográfico por ocultar información pública y lanza un cuestionario en red para acopiar información sobre los desaparecidos. El 22 de febrero de 2018, Rosselló anuncia que ha comisionado “el recuento de las muertes” al Instituto Millken de la Universidad de George Washington, cancelando la investigación hecha en casa. Los dos objetivos de la nueva investigación son evaluar los procesos de documentación de las muertes y producir nuevos estimados “a tono con los estándares modernos”. Pesquera descarta la investigación del CPI y otras llevadas a cabo por medios internacionales. Son ficciones, asegura.

A punto de concluir mayo, el país se conmueve con la publicación en el New England Journal of Medicine de un informe titulado Mortality in Puerto Rico after Hurricane María (2018). La etnografía profunda, sobre una muestra de 3,299 hogares y 9, 522 personas, tiene un nivel de confiabilidad de 93%. 

El Estado les negó a los científicos de Harvard y de Puerto Rico acceso a la documentación demográfica. Entonces, armados de una metodología censal y etnográfica científicamente válida, ellos empezaron a tocar puertas. Los muertos, sujetos de un sistema de desaparición, reaparecen en los testimonios de familiares y amigos. Entre el 20 de septiembre de 2017 al 31 de diciembre de 2018 hubo un exceso de muerte en Puerto Rico de 62%. (P.5) 4,645, quizás más dice el estudio de Harvard, sobre todo sujetos vulnerables que no tuvieron acceso a servicios médicos, a medicinas, muchos de ellos colapsados por el dolor y la turbación. La tildada ficción de Pesquera superaba la realidad. 

El rastro se vuelve huella

El 1 de junio, apenas cuatro días después de conocerse las conclusiones del estudio de Harvard/Puerto Rico, empiezan a depositarse pares de zapatos en las escalinatas del Capitolio de Puerto Rico. Están documentados en su mayoría con descripciones breves de los desaparecidos que alguna vez los lucieron y por otros mementos. Según el registro del semanario Claridad, se instalan 2, 886 pares. 

El 28 de agosto de 2018, el gobierno de Puerto Rico recibió el informe comisionado al Instituto Millken de la Universidad de George Washington (2018) . La historia oficial, pagada a $305,000 en su primera entrega, no tocó puerta alguna. Es un análisis a base de estadísticas vitales a las que tuvieron acceso y de entrevistas a funcionarios en el “circuito burocrático” del que habla Sarrabayrouse Oliveira. Concluye el informe con la cifra de 2,975 muertes en exceso, aunque admite que hubo un colapso sistémico en el proceso de registro y definición de causa de muerte. El Informe anuncia una segunda entrega donde entonces tocarán a las puertas. Hasta ahora no se ha comisionado.

Coda: 

En abril de 2019, en su tercer mensaje de situación de estado del país, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares, habló sobre los muertos de María:

“Me duele ver cómo familiares tienen que esperar demasiado tiempo por los cuerpos de sus seres queridos. Aunque ha sido un problema crónico, asumo responsabilidad por ello y estoy comprometido a resolver ese problema. Bajo la dirección de la nueva comisionada, la doctora Zayas, ya se han hecho cambios, reduciendo la cantidad de cadáveres en espera del trámite correspondiente.”

“Todos recordamos que el proceso de contabilidad de muertes ocasionadas por el huracán María no fue adecuado. Asumo responsabilidad por ello. De la misma forma, la recuperación energética con el Cuerpo de Ingenieros fue lenta y sin urgencia. En ambos casos —y aprendiendo de los errores— ya hemos implementado cambios importantes en beneficio del Pueblo.” (ENDI, 25 de abril de 2019).

El poder pide perdón, aunque no sea a los desaparecidos que permanecen hasta hoy escamoteados por un sistema de desaparición del saber, y aunque todavía no huela sus muertes y su memoria.

La autora es profesora de la Universidad de Puerto Rico; Historiadora afiliada a la Fundación Luis Muñoz Marín, San Juan, Puerto Rico. salvarezcurbelo@gmail.com

Auxilio en la UPR

Por Vanessa Vilches Norat/Especial para En Rojo

 

“Hope is a gift you don’t have to surrender, a power you don’t have to throw away.” Rebecca Solnit

Auxilio Lacouture, la de Bolaños, está encerrada en un baño de Luis Palés Matos. Me enteré por Jean, un estudiante poeta que fue a visitar a la madre de la poesía mexicana. Con la ilusión de aparecer en alguna de sus profecías, Jean, se asomó al baño de mujeres del primer piso del edificio, pero la conserje lo desalentó con la amenaza de llamar a la guardia universitaria si se atrevía a pasar del umbral. Entonces, nervioso, fue a buscarme a la oficina para darme la noticia. 

– Está allí, profesora, la mismísima Auxilio Lacouture. Dicen que hace unas horas la encontró Miriam, cuando entró al lavabo a las seis de la mañana.

–Deja el cuento, Jean. Mira que lo tuyo es la poesía.

–Es cierto, profe. 

Alterado, me contó que Miriam, otra de mis estudiantes, también poeta, la reconoció por su acento uruguayo y su pinta de bohemia trasnochada. Altísima, delgadísima, está encerrada en el baño del edificio de la Facultad de Humanidades esperando a que la Junta le dé a la Universidad lo que le corresponde. ¡Eso decía que decía! Indignadísima –son inevitables los superlativos cuando se habla de semejante personaje, dijo que vociferaba: ¡es inaudito que este país no salga apertrechado a exigir lo que le roban! “Yo no puedo olvidar nada. Dicen que ese es mi problema”, explicaba la autoproclamada madre de la poesía mexicana.1 

Cuenta Jean que Miriam le avisó por un text. Se la describió así: una viejita uruguaya, vestida con blusita blanca y una falda plisada celeste. Le faltan cuatro dientes. Me habla tapándose la mella. No te mando foto porque me da pena retratarla, después de todo es la famosa Auxilio de Roberto Bolaño. ES ELLA, SIN DUDA. 

Jean no supo qué hacer. La Universidad está aún más vacía en el verano. Recorrió los pasillos y al no ver gente, desesperado se acordó de mi horario madrugador y fue a buscarme. 

– Es surreal. Imposible. Miriam bromea. ¿Qué se están fumando?

–Venga a verla, a lo mejor a usted la dejan pasar y puede hablar con ella.

–¿Cómo que me dejarán pasar? ¿No podrá tener a Miriam de rehén? ¿Qué pretende, Jean? Debe ser una ancianita indefensa, imagínate, ya en los noventa. Inverosímil, el cuento es totalmente inverosímil.

Sin hacer caso a mi descreimiento, continuó Jean. Refirió que mientras venía por mí, le contaron, esta vez Roberto, también poeta, que Auxilio amaneció allí, acostada en las sucias baldosas. Que la encontró Miriam, pero que luego se sumaron otras. Que cerraron el baño. Que no han dejado pasar a nadie y que se juraron confidencialidad. Nada de mensajes, muchachas. Aprovechemos la oportunidad, exigían. Así que una, creo que Amanda, según Roberto, recogió los celulares. Hicieron silencio y se sentaron a escuchar a la aparecida. Auxilio les relató: “Yo soy la madre de los poetas de México. Yo soy la única que aguantó en la Universidad en 1968, cuando los granaderos y el Ejército entraron. Yo me quedé sola en la Facultad, encerrada en un baño, sin comer durante más de diez días, durante más de quince días el 18 de septiembre al 30 de septiembre. Soy la leyenda, la mujer que permaneció en la Universidad cuando fue violada la autonomía en aquel hermoso y aciago año. Hubo un momento en que perdí la cuenta de los días que llevaba encerrada allí, en el lavabo de las dependencias de la Facultad de Filosofía y Leras de UNAM. Tomé agua. Escribí en papel higiénico. Pensé: porque escribí, resistí. Veía los pájaros desde la ventana. Pensé que estaba perdida. Esto no hay quien lo aguante. Sin embargo, yo sabía que podía aguantarlo. Así que bauticé a mi pierna derecha con el nombre de voluntad y a la izquierda con el nombre de necesidad. Y aguanté. Comí papel higiénico.” Entonces las miró algo aturdida. “Pero aquí no hay ni papel higiénico, muchachas. ¿Cómo lo hacen?”

Dijo Roberto que en ese momento todas se echaron a reír. 

– ¿Soñaste con algún poeta?, le preguntó la Miriam, tan buena lectora.

–Aquí parece que hay muchos. (Como se comprenderá, un personaje de los setenta no puede usar lenguaje inclusivo). Se me llenaron los sueños de versos. Pero no conozco los nombres. Acaso Mara o Nicole, Cindy o Raquel. También un Jean, o un Xavier. Tampoco recuerdo los versos. Pero eran buenos, muchachas, muy buenos.

–¿A qué has venido?

–“Vine a observarlos, inmersos en un silencio sin fin, pues pienso que no es normal que se queden callados durante tanto tiempo”.

– No ha sido así. Lo hemos hecho todo. Hicimos huelga. Intentamos hablar, negociar, marchar, denunciar, gritar y llorar, le explicó una de las estudiantes en el baño, pero han cerrado las escuelas y tememos que cerrarán la Universidad.

– “Parece que nadie los quiere, nadie los toma en serio. Esto es también una historia de terror, una historia de un crimen atroz.”

Ante tanto detalle y precisión, no pude hacer otra cosa que entregarme al cuento de Miriam en voz de Jean. Así que, apresurada, me dirigí al edificio Luis Palés Matos, para también escuchar a la madre de la poesía mexicana. Al llegar a la Placita Antonia Martínez, descubrí una multitud de jóvenes que se dirigía a alguna parte. Había niños, incluso infantes. Venían de todas partes del país. Estaban desparramados por la placita y el vestíbulo del teatro. Las caras de algunos dibujaban desolación. Otros más furiosos, gritaban. Parecían esperar alguna señal mientras cantaban. Un canto raro, quizás graznido, o mejor, llanto. Eran muchos, tantos, que no pude acercarme al pasillo del primer piso de Palés Matos. No alcancé a Auxilio, pero recordé sus palabras: “Y supe que la sombra que se deslizaba por el gran prado era una multitud de jóvenes, una inacabable legión de jóvenes que se dirigía a alguna parte. Los vi. Estaba demasiado lejos para distinguir sus rostros. Pero los vi. No sé si eran jóvenes de carne y hueso o fantasmas. Pero los vi. Caminaban y no volaban…Los unía solo su generosidad y su valentía…Y los oí cantar”

Yo también los vi, era cierto, los unía solo su generosidad y su valentía. Ahora comprendo, ese canto es nuestro amuleto.

1La mayor parte de los parlamentos de Auxilio Lacouture provienen de Amuleto (1999).

Dile No a la masculinidad

Por Edwin Barry Fernández/Especial para En Rojo

La organización social que dio origen y reproduce la desigualdad entre los hombres y las mujeres se conoce como patriarcado. Desde su inicio en la Antigüedad, a través de las diferentes épocas históricas, el patriarcado ha demostrado tener la capacidad de camuflajearse para lograr lo que persigue. Actualmente estamos viviendo en la época de la Modernidad tardía. La masculinidad es la manifestación de hombría exigida, fomentada, respaldada y recompensada por el patriarcado en la Modernidad. La masculinidad es el conjunto de características que la sociedad patriarcal establece que definen la forma en que deben ser los hombres. Te pido que le prestes mayor atención a esa afirmación: La masculinidad es la manifestación de hombría exigida, respaldada y recompensada por el patriarcado en la Modernidad. Por esta razón a los hombres se les hace difícil aceptar la invitación a decirlo No a la masculinidad. Aunque reconozco esta dificultad, he decidido invitarte a decirle No a la masculinidad. Dile No a la Masculinidad. ¿Qué piensas acerca de esta invitación? ¿Qué sientes al recibir esta invitación? En este momento, ¿cuál es tu contestación a esta invitación?

Te propongo decir No a la masculinidad. Dile No a la masculinidad patriarcal; dile No a la masculinidad tradicional, dile No a la masculinidad hegemónica. Te sugiero decirle No a la masculinidad subordinada y a la masculinidad cómplice. Te exhorto a decirle No a la masculinidad alternativa y a la masculinidad igualitaria. Te invito a decir NO a cualquier tipo de masculinidad. ¿Cuál es tu respuesta a esta invitación?

Cuando comencé a estudiar el primer grado de la escuela elemental ya sabía que era un varoncito y que tenía que vivir como tal. Entre otras cosas, ya sabía que tenía que vestirme con pantalones, que mi pipí era para las nenas, que debía tener muchas novias y que debía casarme cuando fuera grande para formar una familia. Todo eso lo sabía y lo aceptaba.

Una mirada retrospectiva me ha permitido reconocer que en la Escuela Patriarcal de la vida se ofrecen clases obligatorias de masculinidad y de machismo (entendido como actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres). Aunque me esforzaba para sacar A y B en esas clases, solo sacaba D y F. Durante mi niñez estuve acompañado por la frustración de saber que yo no daba el grado. El sentimiento de frustración y de inadecuación estuvo conmigo hasta los cuarentainueve años aproximadamente. La mirada retrospectiva también me ha permitido darme cuenta de que quienes aprobaron las clases de masculinidad y de machismo con A y B, aprendieron a relacionarse con las mujeres y con los otros hombres de una manera indudablemente masculina. Me ha permitido pensar que al igual que yo he vivido las consecuencias de haber sacado D y F en las clases de masculinidad y de machismo, ellos también han vivido las consecuencias de haber sacado A y B en esas clases y de haber vivido como un hombre netamente masculino.

Desde mi punto de vista, haber vivido la dolorosa experiencia de sacar D y F en las clases de masculinidad y de machismo, en unión a otras experiencias de vida que he tenido, hizo posible que me iniciara en el proceso que me ha llevado a invitarte a decirlo No a la masculinidad. ¿Qué se necesita para decirle No a la masculinidad?

• En primer lugar, se necesita pensar, reflexionar detenidamente y cuestionar lo que significa ser hombre en nuestra sociedad. Te pregunto: ¿Qué sería lo opuesto a ser hombre? ¿Qué significa para ti vivir como hombre en Puerto Rico? ¿Cuáles han sido los beneficios y las ventajas de vivir como hombre en nuestra sociedad? ¿Cuáles han sido las desventajas de vivir como hombre?

• En segundo lugar, para decirle No a la masculinidad se necesita reconsiderar, pregunto: ¿Existe una alternativa igualmente legítima a la normativa social de ser un hombre masculino? ¿De qué manera eres un hombre masculino? ¿Cómo te sientes con tu masculinidad? ¿En qué medida los actos de violencia que has llevado a cabo en tu relación de pareja reflejan una afirmación de tu masculinidad? ¿Qué quieres hacer con tu masculinidad?

• En tercer lugar, para decirle No a la masculinidad es necesario reconocer el potencial y la capacidad que tenemos los hombres de pensar, hablar y actuar con malevolencia (entendida como mala intención, como mala voluntad). La malevolencia tiene que ver con la actitud y el sentimiento hostil, con el resentimiento, el enfado, el enojo y el odio. Tiene que ver con la discordia, la rivalidad, con el agravio, la ofensa, la contienda, la arbitrariedad, la maldad, la crueldad, la injusticia y la enemistad. La malevolencia tiene que ver con las nociones socialmente construidas por el patriarcado acerca de la masculinidad, tiene que ver con la tendencia, el deseo y la necesidad de dominar. Desde mi punto de vita la noción de dominar está vinculada con el temor. Para decirle No a la masculinidad es menester reconocer nuestros temores, inseguridades, flaquezas, miedos, fragilidad, deficiencias, vulnerabilidad e impotencia ya que estas fuerzas nos inducen a controlar, exigir, imponer, dominar, someter y agredir. Para decirle No a la masculinidad resulta necesario alejarse de la malevolencia.

• En cuarto lugar, para decirle No a la masculinidad es necesario acercarnos a la benevolencia (entendida como buena intención, como buena voluntad). La benevolencia tiene que ver con la actitud y el sentimiento de bondad y afabilidad; tiene que ver con la generosidad, con el desprendimiento, la honradez, la mansedumbre, el altruismo, la benignidad, la amistad y la solidaridad. La benevolencia tiene que ver con la sensibilidad humana y con la compasión de las desgracias de nuestros semejantes.

Finalmente, te propongo decirle No a la masculinidad. Dile No a la masculinidad patriarcal, dile No a la masculinidad tradicional, dile No a la masculinidad hegemónica. Te exhorto a decirle No a la masculinidad subordinada. Te invito a decirle No a la masculinidad alternativa y a la masculinidad igualitaria. Dile No a cualquier tipo de masculinidad. ¿Cuál es tu respuesta a esta invitación?

Crucigrama: Gilberto Concepción de Gracia

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales
1. Gilberto Concepción de _____; abogado, escritor, periodista, profesor de literatura latinoamericana y político puertorriqueño. Fundador del Partido Independentista Puertorriqueño.
5. En nombre de la _____; libro de discursos y escritos de Concepción de Gracia.
7. 9 de _____ de 1909; nacimiento de Concepción de Gracia.
8. Impar.
9. Instrumento de labranza de los taínos.
11. Nombre de la letra g.
12. Quia, interjección.
14. Océano.
16. Contracción gramatical.
17. Sexta nota musical.
19. Partido _____ Puertorriqueño; fue presidido por Concepción de Gracia hasta 1968.
20. Dativo de pronombre.
21. Decimosexta letra del alfabeto griego que corresponde a la p del latino.
22. Algún.
23. Símbolo del argón.
24. Vuestra merced.
25. _____ Juan; ciudad donde falleció Concepción de Gracia.
26. Asistir.
27. Carta de la baraja.
28. _____ Emeterio Betances; Padre de la Patria puertorriqueña.
29. Del verbo rendir.
30. Apócope de nada.
31. Existe.
33. _____ Panamericana; Concepción de Gracia trabajó en Washington, D.C. para esta organización precursora de la Organización de Estados Americanos.
38. Tisana.
39. Cólera.
40. Tratamiento de respeto que se antepone a los nombres de pila, masc.
42. Río de Galicia.
44. 15 de _____ de 1968; fallecimiento de Concepción de Gracia.
45. Municipio italiano de la Provincia de L’Aquila, en Abruzos.
47. Los días con mi _____; (2010) libro de Gilberto Concepción Suárez sobre su progenitor don Gilberto Concepción de Gracia.
49. _____ Lydia Vega; escritora puertorriqueña.
50. Señora, abrev.
51. Igualdad en la superficie o la altura de las cosas.
52. Nueva _____; ciudad donde vivió Concepción de Gracia. Allí ayudó y defendió a los emigrantes boricuas, escribió para “La Voz” y colaboró con el congresista Vito Marcantonio por los derechos de las minorías.
53. The Land Authority of Puerto ____; tesis doctoral de Concepción de Gracia para la Universidad de George Washington, en Washington, D.C.; obtuvo allí grados de maestría en Derecho y de doctor en Derecho con especialidades en Derecho de Patentes y Derecho Administrativo.

Verticales
2. Gilberto _____ de Gracia; en su juventud militó en el Partido Nacionalista de Puerto Rico que dirigía Pedro Albizu Campos.
3. Estruja.
4. Elevad.
5. La _____; Concepción de Gracia se destacó como periodista y editorialista de ese periódico en Nueva York.
6. Inclinases, recostases.
8. Niño.
10. Vega _____; ciudad natal de Concepción de Gracia.
11. _____ Concepción de Gracia; sus escritos y discursos fueron recogidos en el libro “En nombre de la verdad”.
13. Dicho de un perro: agarra por las piernas alguna res.
14. Símbolo del manganeso.
15. Segunda nota musical.
16. Recortaré e igualaré el pelo con tijeras.
18. Perteneciente o relativo a Aarón, hermano de Moisés.
32. Amaury _____; compositor puertorriqueño. Compuso una pieza musical para orquesta y piano en honor a Concepción de Gracia.
33. Antigua ciudad del sur de Mesopotamia.
34. Naves.
35. Detesta.
36. Negación.
37. _____ Albizu Campos; Concepción de Gracia fue su abogado y del grupo de nacionalistas arrestados por el gobierno de EEUU.
38. Apócope de tanto.
39. Sacerdotisa de Hera que fue amada por Zeus.
41. Símbolo del neptunio.
43. Reza.
44. Lo contrario al bien.
46. Segundo Congreso _____ Independencia; fue dirigido por Concepción de Gracia.
48. Adjetivo demostrativo.

El Sínodo para la Amazonia y la espiritualidad lascasiana

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En los círculos católicos, uno de los temas más en evidencia es el próximo Sínodo de los Obispos que el Papa Francisco convocó para Roma en octubre. Desde 2017, la Red Eclesial Panazónica (REPAM) reúne misioneros/as de los nueve países que componen la región: Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Peru, Bolivia, Suriname, Guyana e Guyana Francesa. Esa red realizó consultas y diálogos con muchas comunidades y grupos locales. Como resultado, el documento de trabajo propuesto para el Sínodo propone que misioneros y pastores se pongan en permanente escucha y actitud de acogida amorosa de las tradiciones culturales y espirituales de los pueblos amazónicos. Eso es nuevo porque, desde los tiempos de la colonización, la Iglesia Católica y otras denominaciones han confundido la misión con la legitimación de la conquista y de los imperios. Las principales víctimas de ese sistema fueron los pueblos originarios. Ahora, el Papa Francisco y buena parte de la Iglesia proponen una evangelización basada en el diálogo respetuoso y en el reconocimiento de la presencia divina en todas las religiones y culturas. De hecho, eso es nuevo como toma de posición de un papa y de misioneros/as que trabajan en la región. Sin embargo, desde los tiempos coloniales, algunos pocos misioneros, incomprendidos por la jerarquía, insistieron: la misión cristiana no puede estar vinculada a colonización dominadora. Debe existir inserción amorosa en la vida de las comunidades indígenas. 

En América Latina, el 17 de julio recuerda la muerte de la figura más conocida que defendió estas posiciones. Fue Bartolomé de las Casas, primer obispo de Chiapas, en el sur de México. El defendió la dignidad de los indios contra el sistema de colonización y esclavitud. Venido de España a América en 1530, como propietario de tierras y de indios, cuando vio el sufrimiento de las comunidades originarias, se convirtió en misionero para luchar contra la esclavitud. Defendió la dignidad de los indios frente al rey de España y enseñó: en los cuerpos de los indios esclavizados, es el mismo Jesucristo quien es explotado por aquellos que se llaman cristianos. 

Hasta hoy, en los proyectos misioneros de las Iglesias, sigue el riesgo de cierto colonialismo cultural. En diálogo con los indios, en Puerto Maldonado, en la Amazonia peruana, en enero de 2018, el papa Francisco pidió a los jefes indígenas que ayudaran la Iglesia a superar esa trampa y a formar una Iglesia con rostro amazónico e indio. Esperamos que, en el Sínodo para la Amazonia, los obispos allí reunidos, sigan ese camino.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.