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Un nuevo escenario político

Especial para CLARIDAD

Durante las últimas semanas se ha dado un cambio significativo en la atmósfera política de Puerto Rico. El lunes 11 de marzo, en el Teatro Tapia, se dio a conocer de manera formal el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC). Mientras cientos de personas llenaron el teatro, otra cantidad semejante quedó fuera y escuchó los mensajes de la actividad por medio de micrófonos colocados en el exterior. La presentación pública del MVC fue exitosa: allí se sintió un poderoso imán, con mensajes cargados de esperanza. Se esbozó un programa de oposición a la política neoliberal de los dos partidos de gobierno que nos ha traído, sin ningún tipo de autocrítica, a la monumental crisis actual. El acto comenzó con una expresión visceral: la mayoría de nuestra población está harta de la política bipartidista. 

Carmen Yulín ha recogido, entre otras cosas, punto por punto, el programa del MVC. Incluso ha utilizado el concepto de movimiento de alianzas al interior y exterior del PPD. Hay que meditar con mucho cuidado el alcance de sus nuevas propuestas dentro de un partido apolillado y plagado de corrupción.

El MVC destacó tres aspectos claves de su programa: el ataque sistemático e implacable a la corrupción, la necesidad de ponerle fin a la política de austeridad, y la urgencia de descolonizar a Puerto Rico por medio de una Asamblea Constitucional de Status. En la breve y contundente actividad se destacó la importancia de definir los servicios esenciales, de auditar la deuda y señalar responsabilidades, de detener las políticas de privatización, de respetar la fórmula del 9.6% de la Universidad de Puerto Rico y proteger también los fondos del Departamento de Educación, de adelantar una verdadera reforma educativa y desmantelar las formas opresivas de la sociedad patriarcal. No fue una casualidad que figuras destacadas de los dos partidos de gobierno reaccionaran con críticas directas o con expresiones calculadas y pensadas para minimizar el impacto del MVC. Basta recordar los comentarios expresados durante varios días por figuras como Luis Dávila Colón, con su estilo maniqueo mucho más inclinado al insulto que al análisis, o los comentarios pintorescos de Thomas Rivera Schatz, por parte del Partido Nuevo Progresista(PNP), o de figuras destacadas del Partido Popular Democrático(PPD), como su presidente Aníbal José Torres, hasta supuestos soberanistas como Cox Alomar. La variedad de los comentarios, desde el insulto a la subestimación, manifestaron algo no muy difícil de verificar: el miedo y la intensa preocupación del bipartidismo ante el nacimiento de una nueva formación política surgida de la discusión, el esfuerzo y la voluntad de acción conjunta de diferentes grupos que se han movido poniendo de relieve sus espacios de convergencia.

Las motivaciones del miedo son múltiples aunque todas se anudan con la violencia de la política que nos ha llevado a la crisis económica y social. Una violencia que se agudiza con la política de austeridad que han impuesto los dos partidos de gobierno. Si se habla de bipartidismo es porque tanto el PNP como el PPD le han atosigado al país la misma medicina amarga, con un tinte agudo de corrupción y desvergüenza, que lejos de mejorar la situación, la empeora. La coronación de esa política irresponsable bipartidista se dio con la imposición federal de una Junta de Control Fiscal. La dictadura de la Junta ha impuesto con mayor intensidad la misma política de austeridad bipartidista que nos ha traído a la crisis actual. Precisamente porque la JCF es una prolongación, bajo la forma descarnada de la tiranía, de la política bipartidista, el MVC ha declarado su oposición radical a ese vergonzoso cuerpo.

Ahora bien, la preocupación y el miedo no es producto de palabras. Lo que asusta son hechos innegables y dramáticos, como resultado de la política de austeridad. Veamos solo algunos. En las elecciones de 1996 y en las del 2008, el PNP sacó más del 50% de los votantes y superó el millón de votos. Pedro Rosselló con 1,006,331 votos (51.1%) y Luis Fortuño con 1025,965 (52.8%). Héctor Luis Acevedo perdió en 1996 frente a Rosselló por 130,879 votos (44.5%), mientras Aníbal Acevedo Vilá perdió ante Luis Fortuño por 224,894 (41.3%). En el Puerto Rico moderno la derrota de Acevedo Vilá ha sido la más aplastante. Sin embargo, la victoria de García Padilla sobre Fortuño por apenas 11,285 votos esconde una situación dramática: la erosión de los 224,894 votos de ventaja en apenas cuatro años. Nunca se había visto algo parecido en la historia del bipartidismo local. Pero hay algo todavía más significativo. Fortuño bajó de 52.8% de los votos en 2008 a 47.7% en 2012. Cuando se compara el por ciento de votos de la derrota de Fortuño en 2012 con 41.8% obtenido por Ricardo Rosselló en su victoria en 2016, lo que se observa es un descenso alarmante de más del 10 porciento. Algo parecido, pero más acentuado, le ha ocurrido al PPD: Acevedo Vilá obtuvo 41.3% en 2008, García Padilla subió a 47.7% en 2012, para luego David Bernier descender a 38.8% en 2016. Ninguna de las dos piezas del bipartidismo había caído por debajo del 40%. 

Por consiguiente, el miedo, el verdadero temblor interno de las dos horribles piezas del bipartidismo, es resultado de su pronunciado descenso histórico. La política neoliberal de estos dos partidos acentuó violentamente la crisis económica y para atenderla han querido imponer más de la misma política neoliberal. La explicación no es difícil para entender lo que parece ser una irracionalidad: mientras ocurre este cruel proceso, se enriquecen unos cuantos empresarios que asaltan el dinero público combinados con políticos-empresarios que se valen de sus puestos presentes o pasados para enriquecerse. Por esta razón, el MVC impacta y asusta por un lado, mientras por otro, tiene fuerza de imán e irradia esperanza. 

En este contexto político-económico, ha surgido también la candidatura de Carmen Yulín Cruz en el interior del PPD. Si ha provocado una conmoción interna, especialmente en su sector conservador, es porque esta candidatura intenta introducir la política anti-neoliberal y contra la corrupción en un terreno abiertamente hostil. La candidatura de Carmen Yulín debe verse como una expansión poderosa de la influencia del MVC en el interior del PPD. Y podría tener credibilidad fuera y dentro del PPD porque es la persona menos identificada con el neoliberalismo en el interior del bipartidismo. Ni Ricardo Rosselló en el PNP y mucho menos Rivera Schatz o Jeniffer González podrían hacer algo parecido, como tampoco cabilderos y privatizadores al estilo de Roberto Prats o Eduardo Bhatia. Tratarán de atacar a Carmen Yulín por su inclinación soberanista. Pero esa será la cortina de humo. La razón principal no se alinea tanto con el estatus como con la cuestión social. 

Carmen Yulín ha recogido, entre otras cosas, punto por punto, el programa del MVC. Incluso ha utilizado el concepto de movimiento de alianzas al interior y exterior del PPD. Hay que meditar con mucho cuidado el alcance de sus nuevas propuestas dentro de un partido apolillado y plagado de corrupción. No tardaremos en saber si podrá cambiarle el curso a una vieja organización que desde hace décadas camina, con diferentes ritmos, hacia su muerte. Tenga éxito o no, hay algo indudable. Con el surgimiento del MVC y de la candidatura de Carmen Yulín Cruz, se ha transformado de forma cualitativa la política puertorriqueña. Ahora sobre la mesa hay dos proyectos que postulan con amplia credibilidad una alternativa a la podredumbre neoliberal. Más temprano que tarde caerán las dos piezas del bipartidismo. Si una de ellas cambia de piel, sin lugar a dudas, la fuerza le vino del exterior. El MVC tiene ahora una tarea delicada: precisar y adelantar su programa de forma consecuente. Fortalecer su diálogo interior y extenderlo hacia todo el país, incorporando las voces de los más oprimidos, golpeados y maltratados.

Sobreviviendo al enemigo

Por Alana V. Álvarez Valle

Especial para CLARIAD

Una fría mañana invernal en la parada de la guagua escolar, después de despedir a los chiquillos, me disponía a conversar con las mamás cuando una de mis nuevas amigas se me abalanzó sollozando. No entendía que le pasaba. Entre llanto le alcancé a comprender que su esposo le había pedido el divorcio.

No estaba preparada emocionalmente para procesar todo lo que me contó después…

Desde el comienzo del año escolar tengo un nuevo corillo. Somos un diverso grupo de cuatro mamás y un papá que esperamos la guagua con nuestros críos. Cuatro inmigrantes, una de la India, otra de Sri Lanka, de Perú, la boricua (moi), una de Michigan y un papá de Tennessee. Nos vemos todas las mañanas, nos seguimos en las redes sociales, intercambiando recetas, historias de los chicos, compartimos en familia tanto en cumpleaños como en actividades del complejo donde vivimos; es refrescante tener vecinos amigables. Pero desde ese día que la muchacha de la India me confesó su historia, nuestra relación creció: somos amigas.

Resulta que mi amiga es sobreviviente de violencia doméstica. Lleva casada ocho años con un hombre abusivo, física, verbal, emocional y financieramente. Es así desde que se casaron. El agresor controla todo lo relacionado con su esposa y su hijito de seis años. Y ahora decidió radicar la demanda de divorcio desde la India para poder decir que ella es una loca y así no tener que pagarle ni un centavo ni al niño, ni a ella, y poder dejarla sin nada.

Ella no tiene familia que viva cerca, no tiene empleo, no tiene dinero, no tiene las tarjetas del plan médico, ni del nene ni de ella. No sabe dónde trabaja el hombre, ni a qué se dedica exactamente, ni donde pasa tres o cuatro días y noches de la semana, ni porqué a veces sale unas horas en la madrugada. El hombre ni siquiera le dejó su joyería de oro sólido, la que le regaló su familia el día de su boda, a la usanza hindi.

Su familia, excepto un hermano solidario, vive en la India. Hace casi nueve años su padre seleccionó de uno de los muchos clasificados del periódico al individuo, sin saber que se trataba de un monstruo. Luego de la boda, se mudaron a Nueva Inglaterra. Lo primero fue la violencia verbal. Pasaron los años, tuvieron un niño, ella consiguió un buen empleo en su profesión como maestra de preescolar y tenía un buen grupo de amistades.

Fue entonces cuando por fin sacó fuerzas y contactó una organización de apoyo a mujeres indias sobrevivientes de violencia machista. Cuando se preparaba para dejar al agresor, él decidió que se mudarían al estado vecino. Sus compañeras le aconsejaron que no se mudara, que sería peor. Se mudaron el 12 de agosto. El 19 de agosto la vecina del piso de arriba llamó a la policía por primera vez, por los terribles gritos y golpes provenientes del apartamento.

Cinco meses más tarde, fue que me enteré de todo esto. 

Tuve que insistir para que fuéramos a la policía. Nos acompañó la vecina del piso de arriba, que resultó ser la más joven del grupo, la mamá peruana. Nos trataron muy mal. “¿Qué usted quiere que hagamos?”, preguntaron con desdén. “Ella quiere denunciar a su marido y enmendar su declaración de cuando fueron a su apartamento en agosto”, expresé indignada. “Pues siéntese a esperar que no tengo a nadie que le tome su declaración ahora”.

Por fin nos atendieron, después de mencionar el nombre de un capitán que me refirió un amigo. Acompañé a la chica para darle apoyo. Del miedo, apenas podía hablar. Le tomé la mano y la miré a los ojos y le dije “solo cuenta tu historia”.

Me di cuenta que ese hombre le quitó mucho más que dinero. Le robó su autoestima, le arrebató su seguridad, su confianza en sí misma, le laceró su espíritu. Frente a mi había una mujer buena, hermosa, inteligente, preparada y trabajadora, completamente devastada, sin amor propio. Estaba destruida por no saber qué hacer, qué sería de su vida, si le quitarían a su niño, si tendría que regresar a su país, en donde sería vejada por ser divorciada.

La policía tomó notas, pero no hizo mucho más. Días más tarde, solicitamos copias de los informes y nos dimos cuenta que no estaba la declaración que hizo aquella tarde, y en ninguno había mención de posible violencia doméstica.

En los días que siguieron nos enteramos de más cosas nefastas. Este hombre lo planificó todo: la aisló de su familia, la mudó de la ciudad donde ella tenía trabajo y grupo de apoyo, hizo un contrato de arrendamiento de solo tres meses, inusual cuando se tiene niños en edad escolar, contrató un abogado para sí mismo, no le dio las tarjetas del plan médico, fue poco a poco quedándose más días fuera del apartamento y llevándose sus pertenencias, ocultó su lugar de empleo, y la comenzó a drogar sutilmente.

La situación legal es complicada: el caso de divorcio es en la India, donde se casaron, pero el niño es ciudadano americano por haber nacido en los Estados Unidos y cada estado tiene políticas públicas diferentes para bregar con estas situaciones.

Como la ley que más conozco, por razones obvias, es la de Puerto Rico, no entendía por qué era tan difícil conseguir ayuda. Aunque nos quejamos de las barbaridades que comete el gobierno colonial del Estado Libre Asociado (ELA), hay que reconocer que La Ley 54 del 15 de agosto de 1989 es una legislación de avanzada. Es cierto que ha sido cuesta arriba implementarla y que hay gente que se aprovecha de ella, pero eso es otro asunto. 

La Ley 54 conocida como la “Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica” provee remedios civiles y penales; establece qué es un delito y lo define como un patrón de conducta constante de empleo de fuerza física o violencia psicológica, intimidación o persecución en contra de su pareja o expareja. Si te encuentras en una situación de violencia solo tienes que llamar a la policía y denunciar a la persona que te maltrató. Para esto, no hace falta tener una orden de protección vigente. La orden de protección la puede solicitar la víctima, su representante legal o un agente del orden público y en ese momento se le puede adjudicar la custodia provisional de los niños y niñas menores de edad a la parte peticionaria. Además, hay varias Salas Especializadas en Violencia Doméstica. O sea que en mi patria hay muchas cosas jodidas, pero esta ley -que existe gracias a la lucha continua de las feministas-, es excelente.

Mi amiga no es ciudadana –tiene ‘green card’–, no es blanca, no es de una clase social pudiente, se casó en su país y vive en una nación en tiempos de un “Trumpismo” rampante y desmedido, con todo lo que eso significa.

Con dificultad, pero apoyada por su familia y por nosotras, el “corillo de la guagua”, mi amiga india navega las burocracias y construye su caso con suma dificultad.

Porque si bien es cierto que este agresor lo planificó todo y parece siempre estar un paso adelante, no previó una sola cosa: jamás imaginó que su esposa pudiera hacer amistades solidarias –y feministas– en tan pocos meses. No sabemos qué pasará, pero lo que sea estaremos a su lado. Como diría mi Dude de cinco años, esta historia continuará…

Editorial: La huella profunda del colonialismo electoral

En los últimos tiempos, y especialmente desde la catástrofe provocada por el huracán María, los políticos estadounidenses liberales –específicamente los candidatos a puestos electivos por el Partido Demócrata– han descubierto que apoyar a Puerto Rico les gana simpatías entre el amplio espectro electoral de Estados Unidos, sobre todo entre las crecientes comunidades boricuas allá. Por eso, no solo apoyan la reconstrucción, sino también la asignación de más fondos federales para Puerto Rico. Otros han ido un paso más allá y abiertamente apoyan la fórmula de estatus que ellos creen es la más favorecida por el pueblo puertorriqueño: la estadidad. En la última semana, dos políticos demócratas se han lanzado por esa ruta. Uno es el representante Raúl Grijalva, presidente del poderoso Comité de Recursos Naturales de la Cámara de Representantes–con jurisdicción sobre los asuntos de los llamados territorios, incluyendo a Puerto Rico. Tras su breve visita a Puerto Rico la semana pasada, este político liberal expresó su percepción de que la estadidad es la fórmula de estatus mayoritariamente favorecida en Puerto Rico. El otro es el más reciente entre los declarados pre candidatos presidenciales demócratas para las elecciones de 2020, el texano Beto O´Rourke, quien abiertamente se expresó a favor del derecho de Puerto Rico a la estadidad.

En su ofensiva a favor de la unión permanente entre Puerto Rico y Estados Unidos, los dos partidos colonialistas –PNP y PPD– han creado el germen de su propia destrucción. Ninguno tendría razón de ser en el Puerto Rico soberano e independiente del futuro. La independencia –destino natural de nuestro pueblo– les cortará de cuajo el oxígeno del colonialismo que necesitan para sobrevivir.

En otros momentos, los senadores y pre candidatos presidenciales Bernie Sanders y Elizabeth Warren, así como la novel congresista por un distrito de Nueva York, la boricua Alexandria Ocasio Cortés, también han expresado su apoyo a la estadidad para Puerto Rico, aunque Warren y Sanders han sido menos vocales últimamente. 

Por su parte, los políticos Republicanos le huyen a la estadidad para Puerto Rico como “el diablo a la cruz”. Esto, principalmente desde que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le cerró estrepitosamente la puerta, con un rotundo NO, a cualquier posibilidad de avance a dicha fórmula bajo su administración. 

Esto no siempre fue así. En otras épocas, los Republicanos apoyaban, al menos de boca, la estadidad, mientras los Demócratas despachaban el asunto ofreciendo un tácito apoyo genérico a la autodeterminación del pueblo puertorriqueño. Este cambio significativo se debe a varias razones. Primero, a que la nueva cepa de congresistas Demócratas es novata y desconoce las entretelas de la política puertorriqueña y cuán divisivo es el asunto del estatus en este país. 

Además, desde la victoria de Trump en las elecciones del 2016, la estrategia de todos los políticos Demócratas es la de llevarle la contraria a cualquier cosa que diga o haga el Presidente. Por eso, si Trump ha dicho NO a la estadidad para Puerto Rico, los Demócratas sienten que tienen que apoyarla, aunque no sepan de qué hablan, o cuánto peso negativo pueda tener una expresión suya a favor de la estadidad en el universo amplio y diverso de la política electoral puertorriqueña. 

Como en todo asunto novel, que se adopta más por conveniencia que por convencimiento, los políticos Demócratas que favorecen la estadidad para Puerto Rico lo hacen porque les resulta fácil. Apoyar que todos los ciudadanos estadounidenses disfruten de los mismos derechos, en igualdad de condiciones y sin discrimen, es un principio básico de la política liberal estadounidense, especialmente en este tiempo en que el Partido Demócrata se decanta por una política de identidades y “political correctness”. 

Lo que resultaría difícil para ellos y ellas, no importa lo liberales, democráticos o avanzados que sean, es tropezar de frente con la realidad de que Estados Unidos –la nación de su orgullo y a la que consideran excepcional entre todas las naciones del mundo– es realmente un imperio agresivo y opresivo, que invadió militarmente a Puerto Rico en 1898, que lo ocupa desde entonces, y que, desde entonces, lo convirtió en su colonia bajo la Cláusula Territorial de su Constitución. Desde entonces también dispone de este dominio colonial a su antojo, negándose reiteradamente a considerar cualquier proceso que transforme la naturaleza colonial de la relación.

 Los políticos Demócratas que respaldan la estadidad para Puerto Rico, son los mismos que no se inmutan ante las Leyes de Cabotaje que estrangulan la competitividad del mercado puertorriqueño, porque las poderosas uniones estadounidenses que agrupan a los trabajadores mercantes están entre sus donantes más copiosos. Si de verdad se opusieran al trato colonial que Estados Unidos le da a Puerto Rico, estarían utilizando su poder y sus puestos para liberar a nuestro país de dichas oprobiosas leyes. Esto es un dato y no una mera percepción. 

Esta tendencia de vincular la política electoral de Estados Unidos con la de Puerto Rico viene desde la década de los años 60 del siglo pasado, cuando el Partido Popular Democrático (PPD) incorporó a su ya declarado nuevo rumbo asimilista, su participación en la política electoral de Estados Unidos, para utilizar la misma como herramienta de anclaje político allá, y así lograr el compromiso y apoyo entre los políticos del Partido Demócrata de Estados Unidos para los proyectos y objetivos del entonces flamante Estado Libre Asociado (ELA) y del PPD. En esa coyuntura, era necesario convencer al pueblo puertorriqueño de que la participación electoral, tanto aquí como allá, era necesaria para la estrategia de “pacificación” y “progreso” emprendida por Muñoz Marín y el PPD por órdenes del Gobierno de Estados Unidos. Así ha seguido hasta el momento actual, cuando los sectores conservadores del PPD aún viven la fantasía de un “ELA mejorado”, fantasía que se destrozó tras la decisión del Tribunal Supremo en el caso Sánchez Valle, y en la aprobación por el Congreso de la colonialísima Ley PROMESA y su corolario, la Junta de Control Fiscal. 

El Partido Nuevo Progresista (PNP), por su parte, persiste en su desatino de la estadidad. El primer gobernador del PNP, Luis Ferré, se ganó el apodo de “Mr. Republican” por su cercanía a dicho partido estadounidense. Poco le valió esa cercanía a él y a los gobiernos anexionistas subsiguientes en cuanto a adelantar la estadidad. La posibilidad de la anexión suena aún más demencial en este momento bajo el manto ominoso del gobierno de Trump, y el giro más a la derecha del Partido Republicano.

En su ofensiva a favor de la unión permanente entre Puerto Rico y Estados Unidos, los dos partidos colonialistas –PNP y PPD– han creado el germen de su propia destrucción. Ninguno tendría razón de ser en el Puerto Rico soberano e independiente del futuro. La independencia –destino natural de nuestro pueblo– les cortará de cuajo el oxígeno del colonialismo que necesitan para sobrevivir. Por su parte, muy bien le vendría a la clase política estadounidense una lección de la historia entre nuestros dos países para calmar su entusiasmo por una estadidad que nunca llegará. 

Ya es tarde para pasar manguera

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

A Carmen Yulín Cruz le resultará más difícil la victoria en la primaria dentro del Partido Popular (PPD), en una confrontación entre dos o tres candidatos, que en la contienda por la gobernación. Lo anterior no quiere decir que si gana la primera prueba tiene asegurada la segunda, sino que en el difícil camino que le espera el primer reto es donde lo tiene más complicado. Y si gana la primaria porque la oposición se fragmenta entre tres o cuatro candidatos, entonces se enfrentaría a una campaña electoral con buena parte de su partido en contra. 

Decir que la actual alcaldesa de San Juan puede prevalecer en la lucha interna que enfrenta sería creer que el PPD tiene capacidad de renovación, tanto en su estructura como en su ideología, algo que ya no es posible. Porque al abrazar los lineamientos programáticos que Carmen Yulín esbozó al anunciar su candidatura en Caguas, y abrirse a los sectores ideológicos que estuvieron representados en su audiencia, el viejo partido se estaría convirtiendo en una fuerza nueva, una especie de frente amplio contra el colonialismo, por el buen gobierno y la justicia social, algo demasiado lejano a lo que ha sido en las últimas décadas. 

Después de muchos años en el PPD y de unas
cuantas derrotas en sus cuerpos de dirección, la alcaldesa de San Juan debiera saber que hay estructuras que, debido a su avanzado estado de deterioro, no se pueden renovar. Ella, con
conocimiento de causa, ha decidido intentarlo. 

Buena suerte.

Quienes hemos estado atentos a la realidad política puertorriqueña de, al menos, los últimos veinte años no creemos que el PPD pueda transformarse en esa fuerza nueva que la alcaldesa propone. 

Si los fundadores del PPD estuvieran vivos hubieran visto como el muñeco que elaboraron a partir de 1944 (cuando renunciaron a la independencia para buscar esa otra cosa) fue desnudándose poco a poco en los últimos años hasta quedar en el puro hueso colonial. Uno de esos jalones llegó con la ley PROMESA, aprobada por el Congreso al amparo de los poderes omnímodos de la Cláusula Territorial, que desmanteló toda ilusión de gobierno propio. A ese tirón se añadió la decisión del Tribunal Supremo federal en Sánchez Valle, que a la altura del nuevo milenio reafirmó esos poderes diciendo que nada ha cambiado desde los casos insulares en tiempos de la Ley Foraker. Ante esa dramática realidad tal vez alguno de aquellos fundadores hubiese aceptado lo evidente recurriendo a aquel “refugio de nuestro derecho y nuestro honor” del que una vez habló Muñoz Rivera, pero el actual liderato del PPD, llegado el momento, esquivó esa reserva digna. Todos ellos, con mínimas excepciones, siguen creyendo en el Santa Clos que llaman ELA, repitiendo frasecitas huecas como “autonomía fiscal” y “gobierno propio”. Lo que resulta evidente para la mayoría a ellos no les hace mella. 

En ese estado de negación frente a lo obvio continúa prácticamente todo el liderato del PPD: los que integran y controlan las delegaciones de Cámara y Senado, la gran mayoría de la Junta de Gobierno, los que controlan la maquinaria electoral, la mayoría de los alcaldes y buena parte de la estructura partidaria. Por la misma línea caminan los llamados líderes “históricos” – Victoria Muñoz, Héctor Luis Acevedo, Hernández Colón, etc. – quienes conservan bastante influencia sobre lo que decide el partido. El colonialismo, defendido sin asomo de pudor por todo ese liderato, el histórico y el presente, está entronizado en el PPD. 

Para triunfar Carmen Yulín tendría que superar a toda esa nomenclatura que controla las instancias de poder. En el proceso cambiaría la colectividad de arriba abajo, construyendo de paso otro partido totalmente distinto al que existe. Sólo ante ese escenario el programa que esbozó en Caguas podría convertirse en el del partido de Puerta de Tierra. 

Pero la lucha para renovar la estructura y el liderato no sería la única que tendría que dar. Además de ser un partido abiertamente colonialista, sin ninguna hoja de parra que le tape, el PPD, igual que el PNP, es desde hace décadas un campo fértil donde florece tanto la corrupción descarnada como la que se encubre entre asesores, contratistas y cabilderos. De lo primero vimos en el cuatrienio pasado los casos de Anaudi Hernández y el de la ganga que operaba desde el Departamento de Recreación y Deportes (DRD) protegida por el jefe de la agencia. Tanto Anaudi como la ganga del DRD comenzaron en el partido, ayudando a montar y financiar la campaña, y desde allí saltaron a la administración a pasar la factura por la victoria. Como ellos hay muchos que no han sido descubiertos. 

Todo un pequeño ejército de inversionistas políticos se ha entronizado en el binomio partidista que se ha repartido el poder colonial a lo largo del tiempo. Es parte de lo que hemos importado de Estados Unidos donde el el “inversionismo político” ya es parte de su cultura. Recientemente en el PPD se produjo un intento por detenerlos protagonizado por el exgobernador Acevedo Vilá, que quedó en nada cuando la Junta de Gobierno, de forma abrumadora, apoyó al presidente en funciones y sus prácticas organizativas. 

En ese PPD, que según Acevedo Vilá carga con la “mugre” que representan los inversionistas políticos y los cabilderos, es donde Carmen Yulín ha decidido quedarse para buscar la candidatura a la gobernación. Para logarlo tendrá que “limpiar la mugre con manguera de presión”, como decía Acevedo. Ojalá lo logre, pero me huele que igual como ocurrió con el intento del exgobernador, ya es un poco tarde para pasar manguera. 

Después de muchos años en el PPD y de unas cuantas derrotas en sus cuerpos de dirección, la alcaldesa de San Juan debiera saber que hay estructuras que, debido a su avanzado estado de deterioro, no se pueden renovar. Ella, con conocimiento de causa, ha decidido intentarlo. Buena suerte.

Haití contra el gobierno de Moïse y el sistema capitalista opresor- Entrevista a la periodista haitiana Lilianne Pierre-Paul

Por Gabriela Ortiz Díaz

Especial para Claridad

Con motivo de la celebración de una jornada de actividades que pretende educar – y acercar – al pueblo puertorriqueño sobre la situación política que enfrenta Haití en la actualidad, la destacada periodista haitiana Lilianne Pierre-Paul estuvo presente en varios foros en Puerto Rico durante la semana pasada. La jornada, organizada por el Comité Solidaridad con el pueblo de Haití y otras agrupaciones y entidades, se extenderá hasta el próximo 28 de abril de 2019. 

Antes de que Pierre-Paul comenzara su itinerario de conversatorios y entrevistas, CLARIDAD tuvo un encuentro con ella para profundizar en esos problemas sociopolíticos y económicos que atraviesa Haití y que son la razón de ser de las recientes revueltas sociales que han tenido presencia en la prensa internacional. 

Según el recuento ofrecido por la veterana periodista, las manifestaciones del pueblo haitiano tomaron otra dimensión contestataria a partir de julio pasado, mes en el que se inició un movimiento popular contra el actual gobierno del presidente Jovenel Moïse. “La gente exige la caída del presidente. Esta crisis es la consecuencia de una decisión del gobierno del aumento del precio del petróleo. La vida está muy cara. La gente no puede acumular más el desastre de este gobierno. No hay trabajo, ninguna política pública para el desarrollo del país, no hay inversiones extranjeras ni nacionales”, puntualizó Pierre-Paul con un español pausado y con temor de que no se entendieran sus ideas. 

De hecho, esta periodista por más de 30 años, diariamente, comunica e informa al pueblo haitiano en creole desde la emisora que creó en los ’90: Radio Kiskeya. Debido a ese acto de defensa de su lengua nativa sobre el francés, fue despreciada por los grandes dueños de medios. El programa radial que conduce es escuchado por miles de personas, sobre todo las más pobres del país. 

A modo de repasar las jornadas de protestas de estos últimos meses, indicó que otra manifestación ocurrió el 17 de octubre de 2018, día en que de paso conmemoraron el 213 aniversario de la muerte del “padre de la patria”, Jean-Jacques Dessalines. Asimismo, fueron días de revueltas los pasados 18 de noviembre (día en que anualmente conmemoran en Haití la última batalla sobre las fuerzas francesas de Napoleón por la liberación de la isla), y 7 de febrero (fecha de recordación de la caída de la dictadura de François Duvalier en 1986). 

Para Lilianne, la prensa internacional resalta las manifestaciones violentas del pueblo, pero no cubre nada de las prácticas violentas del cuerpo policiaco y del gobierno de Moïse, que se han apuntado, según afirmó, más de 60 muertes y 250 heridos en estos últimos tiempos. “La gran prensa internacional es la defensora del sistema”, dijo. 

Precisamente, Pierre-Paul aseguró que este actual ciclo de protestas no se debe sólo a la intención de la caída del gobierno en el poder, sino a la idea de erradicar el sistema capitalista que impera en Haití y en el mundo porque “aumenta la pobreza y el subdesarrollo, el analfabetismo; porque es una destrucción masiva de los potenciales del país”, reconoció. 

“Cambiar el sistema es una necesidad para sobrevivir porque no podemos caminar con eso, no podemos más. Un 80 por ciento de la población no puede pagar la salud, la educación”, continuó quien tuvo que vivir en el exilio por amenazas de muerte debido a que siempre ha utilizado su profesión para denunciar los problemas sociales, y de corrupción y las injusticias de su país. 

Ante los ojos del mundo, esta nación caribeña es siempre victima de desastres naturales, de mala gobernanza, de malversación de fondos. Sin embargo, también es cierto que es el único país del Caribe que hace más de dos siglos se independizó de Francia. A juzgar por Lilianne, la gran mayoría de la prensa internacional no profundiza en la situación de Haití porque, desde la óptica de los intereses a los que responde la industria mediática, la historia de este país es “un mal ejemplo que los otros pueblos de la región no deben seguir”. 

“El sistema capitalista, neoliberalista e imperialista ha castigado a Haití por ser ejemplo de liberación […]La abolición haitiana fue contra la esclavitud, contra la dominación de los europeos en el Caribe y América Latina y contra el racismo”, explicó la periodista radial. 

Aunque el pueblo haitiano es consciente de que las revueltas afectan la economía del país “porque la gente trabaja en las calles”, también sabe que es necesario combatir contra el sistema, “que no tiene ninguna compasión con la mayoría que vive en la pobreza, que tiene hambre, que no tiene salud, educación, agua, luz, vivienda”. 

Haití y Venezuela en la actualidad 

“El gobierno de Haití está a favor del gobierno norteamericano y de Trump. Haití y el pueblo venezolano tienen más de dos siglos de asociación. [Sin embargo], desde el gobierno actual de Haití se apoya a Estados Unidos y al imperialismo, y no a Venezuela. Es una desilusión para el pueblo haitiano”, comento Pierre- Paul sobre la relación que sostiene con Venezuela en la actualidad. 

Además, reconoció que el único que se beneficia de la alianza con Estados Unidos es Jovenel Moïse porque, continuar con el apoyo de la empajada norteamericana y de Trump, le asegura la permanencia en el Palacio Nacional. “Moise hace la política de los Estados Unidos en Haití […]Por los últimos diez años, los gobiernos han defendido más a Estados Unidos [que lo que han atendido] las situaciones de Haití”. 

Propuestas del pueblo para revertir el régimen

Diálogo amplio entre todas las clases y sectores. Tanto en el interior, como en la diáspora “porque hay haitianos en Estados Unidos, Canadá, Europa y en países de América Latina”. 

Conferencia nacional para la redefinición de la Constitución de Haití, y para abogar por la integración de la diáspora y de todas las partes del territorio haitiano. 

Debate público sobre qué hacer para movilizar las energías positivas del pueblo, y los inventos de todos los sectores para cambiar definitivamente la situación del país, “que no es fácil porque las tendencias de izquierdas y derechas al interior mismo de la oposición no tienen una visión unitaria de la situación”, 

Concertación para reforzar la legitimidad de las futuras autoridades, “que deben salir después de una consulta popular a través de las elecciones”.

En fin, Lilianne Pierre-Paul culminó la entrevista comentando la imagen que le gustaría que el pueblo de Puerto Rico tenga de su país: “Haití es un país que puede llorar y bailar al mismo tiempo. Tiene un corazón grande, generoso. Da su apoyo a cualquier persona. Pero es muy dura la vida cotidiana: no hay trabajo, no hay dinero, no hay comida, no hay agua, no hay electricidad para la mayoría. [Sin embargo], siempre existe la esperanza de un cambio, un sueño de una vida mejor”. 

Liliana junto a Magali Millán del Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haitíen la charla que ofreció en el Colegio de Abogados y Abogadas. Foto Cheo Martí