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El más grande de todos los tiempos

A Miguel, que con su amor a Brady y los Patriots me ha enseñado a apreciar un poquito el fútbol americano

El debate de quién es el deportista “más grande de todos los tiempos”, en inglés GOAT (greatest of all time), es uno que no cesa en Estados Unidos. Éste se da por deporte, quién es el mejor baloncelista, quién es el mejor boxeador de todos los tiempos, etc; pero también a nivel general, quien es el mejor atleta de todos los tiempos. Claro, en pocas ocasiones los estadounidenses tienen la honradez de señalar que se refieren a los atletas estadounidenses, cuando hablan en términos absolutos, no especificando que se refieren a los atletas de Estados Unidos. Este debate surge periódicamente, sobre todo en momentos en que hazañas particulares hagan que resurja la discusión. Por ejemplo, cuando LeBron James ha tenido unas temporadas increíbles, se discute si es mejor que Michael Jordan, o cuando Floyd Mayweather se retiró invicto, vuelve la discusión si es mejor que Muhammad Ali. En estos días, gracias a la actuación del mariscal de campo de los Patriotas de Nueva Inglaterra Tom Brady, se comenzó a ver por todas partes que era el GOAT, no sólo en fútbol americano, sino que incluso se llegó a decir que era el mejor atleta de todos los tiempos sin importar el deporte. Acá algunas notas al respecto.

Excepcionalismo estadounidense

Como decía anteriormente, esta discusión se da principalmente en al ámbito deportivo estadounidense. Claro está, quien sigue el fútbol sabrá de la constante pregunta si Maradona o Pelé ese el mejor jugador de la historia. Y cada cuatro años durante los Juegos Olímpicos se discute quién es el mejor atleta olímpico de la historia, entre Jesse Owens, Carl Lewis, y más recientemente Michael Phelps. Pero en general, esta es una discusión que se da en el marco del deporte profesional estadounidense. Y es que estas discusiones definitivamente aumentan audiencia, consumo y venta de mercancía. Desde que los Patriotas de Nueva Inglaterra aseguraron su pase al Súper Bowl hace dos semanas, gran parte de la discusión en programas deportivos era sobre el llamado GOAT, que si Tom Brady ganaba este Súper Bowl, definitivamente era el más grande de la historia. Y bueno, no lo ganó, y yo diría ¿y qué? Que a sus 40 años ha ganado cinco títulos de Súper Bowl, tres premios de Jugador Más Valioso en la temporada regular, cuatro premios de Jugador Más Valioso en el Súper Bowl, tiene un sinnúmero de récords, lo cual lo hace sin duda el mejor mariscal de campo de la historia. Honestamente, que la discusión se definiera por el resultado del último Súper Bowl me parece injusto, pues aún en la derrota, su actuación fue impresionante hasta la penúltima jugada ofensiva donde le quitan la bola antes de tirar. Esto no es un argumento a favor de que Tom Brady se considere el mejor de los todos los tiempos, sino para que se considere un gran jugador y se dejen estas comparaciones que lo que intentan es vender pautas y aumentar audiencia.

Entre lo que vi en las últimas semanas había un gran artículo comparando tema por tema a Michael Jordan y a Tom Brady. Confieso que crecí admirando a Michael Jordan y que mi amor por el baloncesto y mi desapego por el fútbol americano me hace parcial en esta discusión. Pero en realidad creo que es comparar chinas con botellas. En este tipo de comparación parte del problema son todos los factores no tangibles y los no estrictamente deportivos que están en juego. Por ejemplo el factor tiempo, que usualmente el que discute, tiende a favorecer el de su tiempo, por eso la gente que creció viendo a Maradona no concibe que Messi sea considerado el mejor del mundo, o quien vio a Simone Biles en los últimos Juegos Olímpicos le cuesta considerar a Nadia Comaneci como la mejor gimnasta de todos los tiempos. También está el factor de popularidad. Muhammad Ali fue un gran boxeador que fuera del cuadrilátero tuvo muchos detractores por su postura anti Guerra de Vietnam, su conversión al Islam y por su defensa de los derechos de los afroamericanos. En el caso de Michael Jordan, fue un jugador poco carismático fuera del tabloncillo, pero que tuvo un gran rol en la mercantilización y globalización del baloncesto y el calzado deportivo. Los billones que Jordan generó son un antes y un después en la comercialización del deporte en general, y esto provoca que a pesar de que Jordan no sea una presencia constante en los programas deportivos ni sea un activista de nada, siga siendo una figura y un referente, obviamente sumado a sus grandes proezas deportivas. Finalmente en el caso de Brady, hay un sinnúmero de factores que hacen que si se hace una encuesta actualmente en Estados Unidos, probablemente él salga como el GOAT. Aquí las razones:

Fútbol Americano: El deporte acional

Tom Brady es la actual cara del fútbol americano, el cual es sin duda el deporte más popular en Estados Unidos actualmente. Es el número uno en todo, audiencia, dinero que mueve, mercancía que vende, etc. Es un deporte que va creciendo entre los jóvenes, los cuáles ven al béisbol como un deporte viejo para viejos y que no siguen el baloncesto como antes. El fútbol americano no está exento de controversias, que sin embargo, no parecen afectar su popularidad. Un sinnúmero de futbolistas ha estado en líos legales, muchos de ellos por violencia de género. Otro asunto importante es el de la violencia intrínseca del deporte y las concusiones en la cabeza, lo cual ha generado algunos cambios en el reglamento del juego para proteger la integridad física de los jugadores. Y finalmente, y más recientemente, está el asunto de los jugadores afroamericanos que se arrodillan durante el himno en protesta por los abusos policiales contra la población negra. Este acto en particular ha tenido muchos detractores, desde aficionados y seguidores del deporte, oficiales, asociaciones de policías y hasta el Presidente Trump también lo ha condenado directamente como un acto anti fuerzas armadas e incluso anti americano. Aún así, la popularidad del deporte sigue y la cara del mismo sigue siendo Tom Brady. Un jugador considerado por los estándares de belleza como guapo, casado con la exsúper modelo brasileña Giselle Bündchen, quien fue la modelo mejor pagada hasta este año. Además, no se mete en problemas ni tiene líos mayores. En fin, que considerando que es unos de los mejores jugadores (quizás el mejor) del deporte más popular, siendo además el más dominante de la última década, casado con una súper modelo, no nos extrañe que se le adjudiquen todos estos adjetivos. Un amigo argentino me comentaba una vez que a los estadounidenses les encantaba los absolutos y los superlativos, “el concurso del que coma más hot dogs”, “el pancake más grande del mundo”, “el mejor actor de la historia”; pues así, la discusión del GOAT lo que ha hecho es añadirle audiencia y ventas a un ya súper vendido, super anunciado, super esperado Súper Bowl. Y cuando me preguntan ¿Jordan o Brady?, pues, como todo es relativo a las realidades y experiencias y memorias de cada cual, me quedo con Piculín y Maradona, aunque me disfruté muchísimo a Jordan en su tiempo y con Brady, he aprendido a apreciar el fútbol americano.

Ecuador Ganó la derecha, ¿y ahora qué?

Era previsible que el bloque de la derecha que gobierna el Ecuador se saliera con la suya. Ganaron una importante batalla para reinstalar al decrépito e injusto orden social del pasado con plenos poderes en el Palacio de Carondelet. Pero, ¿cómo fue que ganaron? y, además, ¿ganaron efectivamente la guerra?

Ganaron violando la normativa vigente que exigía que la Corte Constitucional certificase que la consulta se atenía a los preceptos establecidos por la Constitución de Montecristi. El Presidente Lenín Moreno, poseído por una harto sospechosa urgencia, no quiso esperar los tiempos constitucionales y, así, manu militari, convocó a una consulta ilegal e inconstitucional que, además, nunca estuvo entre sus planes. Durante su campaña presidencial de Febrero del 2017 y en el balotaje del 2 de Abril Moreno jamás mencionó la necesidad de convocar a esta consulta, ni manifestó interés alguno en profundizar en algunos de los temas que ayer fueron motivo de consulta. Por lo tanto hay una ilegitimidad de origen que será fuente de duras disputas en los años por venir.

Pero además el bloque de la derecha, al cual se ha plegado Moreno vaya uno a saber a cambio de qué, atentó contra las condiciones más elementales que requiere una elección democrática. Durante el mes de campaña el expresidente Correa no fue invitado a ningún programa de la televisión privada o pública, ni a una radio de alcance nacional ni entrevistado por periódico alguno. El del gobierno nacional, El Telégrafo, lo excluyó por completo en un alarde de irrespetuosidad quien hasta hacía menos de un año había sido presidente de la república. Sí le hizo lugar en sus columnas al corrupto usurpador de la presidencia brasileña, Michel Temer. No es un misterio para nadie que sin democracia en el espacio público, en especial en los medios de comunicación, no puede haber democracia electoral. Bajo esas condiciones lo que hay es un simulacro de democracia pero nada más. Y eso es lo que hubo ayer en Ecuador, pese a que el gobierno apela al pomposo título de “consulta ciudadana”. Si Correa fue escondido por todos los medios nacionales era casi un milagro que pudiera revertir esa situación en el plano electoral. No sólo eso: la oligarquía mediática y la derecha no ahorraron palabras para difamar la figura del ex presidente, privándolo del derecho a réplica. De hecho, la opinión pública fue bombardeada con toda clase de calumnias e infamias contra Correa, para complacencia del gobierno y sus mandantes.

¿Qué tan sólido es el triunfo de la derecha? Y decimos la derecha porque todo el aparato propagandístico de la reacción le atribuirá el triunfo a los enemigos de Correa, a quienes éste derrotara constantemente a lo largo de diez años, y no a Moreno, relegado a un merecido segundo plano y a quien difícilmente le dejen subirse al podio de los vencedores. Se le encargó una tarea sucia, la hizo pero de ninguna manera esto lo convertirá en el líder del bloque restaurador. Si se hace un ejercicio aritmético muy simple, por ejemplo en la crucial pregunta dos -que impide la re-elección más de una vez- y se restan a los votos por el NO (65 %, con casi la mitad de los votos escrutados al cerrar esta nota) el porcentaje obtenido por Guillermo Lasso, el candidato de la derecha en el balotaje de Abril (49 %), el resultado es que el NO de Moreno apenas alcanza a un 16 % contra el 35 % del SI de Correa. Por eso la derecha reclamará de modo intransigente que la del referendo fue su victoria y no la del gobierno.

Dicho todo esto, ¿se encaminará Ecuador hacia el “pos-correísmo”? Difícil de pronosticar, pero la historia reciente de ese país nos recuerda que los diez años de estabilidad política y social de época de Correa fueron un intervalo virtuoso en una historia reciente signada por más de una década de insurgencias plebeyas e insurrecciones populares. Impedir que el expresidente pueda ejercer su derecho ciudadano a presentarse como candidato a elecciones puede ser el detonante de nuevas conmociones. Porque no sólo se condena al ostracismo a una figura de dimensiones continentales como Correa sino que se proscribe, indirectamente, a una fuerza política que individualmente considerada es mayoritaria pues controla en soledad por lo menos un tercio de los votos válidos, lo cual arroja serias dudas acerca de futura estabilidad del sistema político.

Cumplida su labor Moreno, que no cuenta con una mayoría parlamentaria, quedará prisionero del chantaje de la derecha. Los banqueros, la oligarquía empresarial, la “embajada” y el corrupto poder mediático impondrán su programa restaurador y contra-reformista a sangre y fuego, y el actual presidente podría correr la suerte de Jamil Mahuad que por aplicar el programa de los banqueros tuvo que huir raudamente de Carondelet y buscar refugio en la embajada de Estados Unidos. En suma, Moreno y sus patrones han decidido jugar con fuego. Ganaron una batalla pero no hace falta ser muy perspicaz para ver que un pueblo que en un plazo de diez años tumbó a tres presidentes y provocó el derrocamiento de otros más podría llegar a recordar sus hazañas de antaño y, ante la salvajada que se avecina: una dictadura desembozada del capital, decidir que una vez más tiene que tomar el destino en sus manos y sacudirse de encima el yugo de sus opresores y de los que traicionaron al proyecto emancipatorio de la Revolución Ciudadana.

Reproducido de www.rebelion.org

“Fons Sapientiae”

Hace pocos días tomé conocimiento de la existencia de una escultura construida en bronce cuyo nombre en latín significa “la fuente de la sabiduría”. Hemos utilizado como título de esta columna el nombre de esa obra de arte pues, incidentalmente, supe de ella poco tiempo después de haber leído y evaluado el propuesto Plan Fiscal que sometiera el gobierno de Puerto Rico a la Junta de Control Fiscal (JCF). Este Plan Fiscal se fundamenta en una increíble transición, en dos años fiscales, del cese de la recesión prevalente por más de diez años a un crecimiento sin precedentes en muchas décadas de la actividad económica de Puerto Rico. Este señalamiento y otros fueron levantados por la JCF que vetó el documento y ha requerido cambios y ajustes significativos, tanto en el enfoque como el contenido sustantivo de políticas fiscales y laborales. La discusión y reflexión técnica y política de ese llamado Plan no lo consideraremos en este escrito. Lo que me llama la atención es saber el fundamento del conocimiento de los actores (profesionales, especialistas, consultores) que elaboraron dicho documento que, parece, se apoya en una percepción que ignora la realidad del colapso estructural y funcional, tanto físico como socio-económico que abruma a nuestro Pueblo, antes y después del impacto de los huracanes Irma y María.

La estatua a la que aludimos ubica cerca de una universidad en Leuven, Bélgica y fue trabajada por el escultor Jef Claerhout en 1975 para conmemorar la existencia de más de 500 años de esa institución. La obra presenta a un estudiante leyendo un libro mientras vierte agua sobre su cabeza la cual simboliza el ‘conocimiento, la sabiduría, fluyendo dentro de su cerebro’. El libro en la estatua muestra una fórmula matemática con la palabra “Geluk”, palabra que significa felicidad. En conjunto, la obra simboliza el que, a través del estudio riguroso y la reflexión, se logra la sabiduría necesaria para alcanzar la aspiración fundamental de la existencia humana: la felicidad. Cuando miramos el Puerto Rico actual y las actuaciones de sus gobernantes, vemos que hacemos todo lo contrario a lo que propone el escultor de Bélgica pues los procesos de análisis de la realidad, de búsqueda de estrategias y soluciones para superar la crisis, la toma de decisiones sobre política pública de desarrollo y otras actuaciones, se hacen negando el conocimiento, obviando la sabiduría que el Pueblo ha acumulado en su devenir histórico. Bastaría con ponderar las propuestas de recortes fiscales y de reestructuración administrativa que el llamado Plan Fiscal propone para la Universidad de Puerto Rico y para el sistema de educación pública de nuestros niños para tener una idea del incierto derrotero que se nos propone.

Además de los desaciertos de las proyecciones del crecimiento económico contenidas en el Plan Fiscal, la gestión del gobierno muestra una carencia de propuestas concretas y viables para activar sectores productivos de la economía y una ausencia de medidas o gestiones que estimulen la producción de bienes y servicios, así como la creación de empleos. El gobierno sigue dando prioridad a unos proyectos que ellos catalogan “emblemáticos de alto impacto” como el desarrollo de la antigua base naval Roosevelt Roads y el Puerto de las Américas. Estos dos proyectos llevan décadas en su propuesta y no parecen tener viabilidad alguna de activarse en una operación que rinda beneficios concretos al País. Nos parece que se insiste con un énfasis bien marcado en mega proyectos cuando probablemente la estrategia debiera orientarse a múltiples proyectos de menos escala en términos de inversión de capital y de requerimientos de infraestructura, pero orientado a la sustitución de importaciones de bienes y servicios y de productos terminados que podrían elaborarse en el País.

En este contexto, leía con interés una reseña del periódico El País del 8 de febrero de 2018 donde destacaba la solvencia económica del futbolista francés Mathieu Flamini al que se le atribuye ser el futbolista “más rico del mundo”, a pesar que no es el de mayores destrezas deportivas. Flamini no posee una riqueza que deriva de su salario e ingresos como futbolista, sino que el joven atleta de 33 años que declara poseer desde hace varios años una preocupación por el estado del clima y la destrucción ambiental, es co-propietario desde el 2009 de una empresa llamada GF Biochemicals. Esta empresa se dedica a producir ácido levulínico a partir de biomasa (de restos y residuos de plantas). Flamini y su socio contrataron unos expertos y se asociaron con un centro de investigación universitario en Italia para desarrollar la técnica para la producción comercial de esta sustancia. Este ácido levulínico está constituido por una molécula que sirve de plataforma o producto intermedio para múltiples otros productos de alto valor comercial, incluyendo bio-combustible. La molécula del ácido levulínico es una de doce que el Departamento de Energía de los EE.UU. ha catalogado como un Biobloque Químico Fundamental (en inglés, Biobase Chemical Building Block). El valor y significado del ácido levulínico es que permite, a través de su transformación química en múltiples productos, la sustitución del uso del petróleo y otros hidrocarburos fósiles cuya combustión están calentando el Planeta y cambiando el clima. De esta molécula se preparan aditivos de combustible que mejoran la eficiencia de los motores y reducen la emisión de gases de invernadero y gases contaminantes; se producen disolventes químicos de gran utilidad en la industria farmacéuticas; se producen sustancias para el cuidado personal como cosméticos orgánicos, perfumes, acondicionadores de piel y otros; y se producen sustancias para la industria alimentaria que incrementan el sabor y fragancia de algunos alimentos. Se calcula que la valoración monetaria de la empresa de Flamini y su socio, es de alrededor de 30 billones de euros.

El ácido levulínico, como otros Biobloques, se utilizan para construir lo que se conoce como “Plataformas de Azúcar”, y de éstos se producen los biocombustibles y los otros productos bioquímicos. Las “Plataformas de Azúcar” se desarrollan a partir de residuos o productos de la silvicultura (producción de madera), de residuos agrícolas, de macro algas, de desperdicios orgánicos, de pastizales de “energía” (energy grasses), de la caña de azúcar y de desperdicios sólidos orgánicos (“basura”). La viabilidad de producción de este Biobloque y otros ha sido probada en la práctica en cientos de proyectos en múltiples países (p. ej., la experiencia de Flamini) y documentada en la literatura técnica sobre la misma (ver “From the Sugar Platform to Biofuels and Biochemicals. Final Report for The European Commission Directorate-General Energy”, April 2015).

Puerto Rico importa anualmente miles de millones de dólares en combustibles fósiles para la generación de electricidad y para la transportación terrestre y aérea. Una parte sustancial de esos combustibles se pueden producir en Puerto Rico a través de moléculas como del ácido levulínico y otras relacionadas. Esa actividad industrial podría generar una riqueza nacional, crearía una gran cantidad de empleos, sustituiría la importación de productos que enriquecen a otras jurisdicciones del mundo y ayudaría a manejar residuos sólidos orgánicos que hoy descartamos como “basura” en vertederos y rellenos sanitarios o incinerados como se hace con muchos de los cienos de las plantas de tratamiento de aguas usadas operadas por la AAA. Cuando miro el inmenso volumen de materia orgánica almacenada en los depósitos de material vegetativo que se han establecido, como consecuencia del huracán María, pienso en el potencial de convertir esos residuos en productos de alta necesidad, útiles, ambientalmente seguros y de gran valor monetario. Entonces pienso en la estatua de Bélgica, en el “Fons Sapientiae” y me pregunto quién suple el conocimiento a nuestros dirigentes gubernamentales para orientar la toma de decisiones; en qué están pensando para sacar al País de la grave crisis social y económica que nos abruma. Entonces pienso en el éxito del futbolista Flamini y la oportunidad que esa experiencia nos provee para un nuevo paradigma de desarrollo económico para Puerto Rico. Y en esta reflexión me pregunto para qué sirve el Plan Fiscal y qué haremos con el sistema educativo disminuido y privatizado. ¿En qué está pensando este gobierno? ¿Cómo lograremos ser un País que alcance la Felicidad plena?

La diversidad en el cine reciente

No hay duda que estamos en momentos de cambios de actitudes, de maneras de percibir al otro, de tener una mirada que ve a todxs por igual y que este es el camino a seguir. Lxs que creíamos que la segunda ola/etapa de la liberación femenina de los 1970 era la continuación de la primera ola del sufragio femenino y que los logros legales (derecho al aborto, divorcio por mutuo consentimiento, custodia compartida de los hijos, acceso a universidades de exclusividad masculina, opción y derechos de madres solteras y jefas de familia, leyes contra maltrato, hostigamiento y discrimen por género, etc) eran un indicio de un verdadero camino hacia la igualdad, no acertamos lo que estaba por venir. Aunque la tercera ola feminista (las millenials) escogía dejar a un lado la militancia en las calles (denuncias, marchas, protestas, celebraciones, publicaciones) para concentrarse en cambiar prácticas sexuales, liberar los cuerpos y ver las relaciones como algo siempre en construcción, esta visión privada e individual no detuvo las viejas prácticas de los hombres de poder que seguían poniendo trabas para que la mujer volviera a su sitio: esposa, madre, ama de casa. Tampoco detuvo el uso del poder por los hombres jefes/directores/supervisores aunque muchas mujeres aseguraban que habían adquirido agencia para lidiar a su modo con estas agresiones e imposiciones. Entonces en 2017 surge la denuncia como un arma para desenmascarar a los poderosos tras bastidores y en el escenario público. El primer gran ejemplo lo dan las mujeres que denunciaron la práctica del ahora Presidente de los EU de hostigar, manosear, amenazar y manipular a las mujeres.  Y entonces llega #MeToo.

Casi por azar, esas historias fílmicas que comenzaron en 2016 y se desarrollaron y exhibieron en 2017 reúnen esa denuncia e inclusión que tanto hacía falta en el cine de ahora. Sin duda, Star Wars: Last of the Jedi es el más inclusive ya que Leia Organa es la comandante a cargo de la Resistencia (término que prefiere Naomi Klein para la lucha de las comunidades por sus derechos en vez de resilience que sí es levantarse pero no necesariamente forjar nuevos caminos) y sus sub-comandantes son mayoritariamente mujeres determinadas a proteger a su población y a la vez tomar decisiones militares que favorezcan a la mayoría. En cada generación representada las mujeres demuestran liderato, inconformidad con el status, destrezas e inteligencia igualitarias y comprometidas a hacer todo a su alcance para la supervivencia de la Resistencia. Igualmente la diversidad de etnias está representada por Finn (John Boyega), Poe (Oscar Isaac), DJ (Benicio del Toro), Maz (Lupita Nyong’o), Rose (Kelly Marie Tran) y, por supuesto, su interacción con los robots, androides, animales: C-3PD, Chewbacca, R2-D2, BB-8.

The Greatest Showman reúne como elenco a los diferentes y raros por no ser parte de la normalidad (hombre blanco): el gigante, el enano, la mujer barbuda, los trapecistas negros, los siameses, etc. Lo que primero es una casa de horrores para contemplar a estos fenómenos se convierte en un teatro donde dominan la escena y atraen al público por sus talentos. Nada más que ver moverse, bailar y cantar a Keala Settle como la mujer barbuda es un verdadero espectáculo. Y aunque Phineas Taylor Barnum es el maestro de ceremonias (ringmaster) —que domina el movimiento y baile colectivo con el talento de Hugh Jackman— el espectáculo es de todos.

En Downsizing de Alexander Payne esa sociedad de clase media blanca se complica cuando todos se achican y salen a relucir las diferencias de clase, etnia y raza. A distancia de las mansiones y de los apartamentos lujosos con poblaciones escasas (accesibles por ellos ser pequeños y poder tener más por menos) están los laberintos donde conviven, en lo que parecen ser cuevas, cientos de personas no blancas que en nada se parecen a Paul (Matt Damon). Son hispanos como Gladys y Sr. Cárdenas o asiáticos como Ngoc. Aquí, a pesar de su diminuto tamaño, no hay suficiente comida ni medicinas para vivir cómodamente como Paul.

Phantom Thread de Paul Thomas Anderson tiene como centro a Reynolds Woodcock, un compendio de los diseñadores y modistos más influyentes del Londres de 1950: Cristóbal Balenciaga (con estudios en Barcelona y París), Victor Stiebel y Charles James. Daniel Day-Lewis interpreta su papel con el cuidado y detalle fastidioso de alguien que consideraba sus diseños piezas de arte que reflejaban su propio ser. Pero para que su estudio/casa fuera tan celebrado tenía una hermana (Cyril) que le ordenaba la vida y resolvía el más mínimo detalle que pudiera entorpecer su trabajo; modelos/amantes que moldeaba a su satisfacción y, lo más importante, un ejército de costureras —Biddy, Nana, Pippa, Elsa, Irma, Winn, Elli, Mabel, Amber— que hacían que su sueño se convirtiera en realidad.

Wind River de Taylor Sheridan, filme destacado en Cannes pero ignorado por los Golden Globes, Oscares y premios gremiales (quizá por sus lazos con Weinstein para su distribución), aunque tiene como protagonista a Jeremy Renner como Cory Lambert todo su elenco y su localización geográfica y cultural es en una reservación amerindia. El crimen lo investigan Ben, la autoridad dentro de la reservación junto a una mujer agente del F.B.I. Cory no es un forastero ya que su ex esposa es amerindia y tiene un hijo que le permite tener contacto directo con los padres de Wilma. Su identificación con la familia afectada, los Hanson, va más allá de conocerlos por muchos años ya que su hija mayor y Natalie fueron amigas y ambas desaparecen de las vidas de sus familias.

El personaje principal de Molly’s Game de Aaron Sorkin parece sacado de las narrativas de #MeToo. Se presenta el trato casi brutal de palabra e intención aunque no físicamente del padre; los insultos y la humillación que recibe de su primer jefe; los acercamientos sexuales que recibe de los jugadores a pesar de siempre decir no; el rechazo de los jugadores a que ella sea la persona más poderosa del juego; y el overkill del FBI para apresar a una sola persona que no tiene un arma ni defensa posible.

The Florida Project de Sean Baker es un filme que requiere mucha paciencia y control para ver. Por un lado la historia se cuenta como si fuera en tiempo real y por otro los personajes son tan frágiles que tan solo esperamos el cuándo todo se va a desmoronar. En este sector de vivienda en Orlando, a pasos de Disney World, viven en cuartos de moteles venidos a menos mujeres solteras con hijos o nietos, padres solteros con hijos y hombres y mujeres que parecen estancados en este lugar y tiempo. Con la excepción de Bobby (Willem Dafoe), administrador y handyman del motel Magic Castle, y de Halley (Bria Vinaite), madre de Moonee, tanto los niños como lxs adultxs no pertenecen a la supuesta mayoría blanca que eligió al actual Presidente. Casi todos los niños que inventan juegos y travesuras para entretenerse en este verano—Moonee, Scooty, Dicky, Jancey —y los adultos a su alrededor— Ashley y Gloria, representan la diversidad poblacional en lugares como Orlando donde tantos puertorriqueños residen ahora.

Admiración por lo monstruoso: Reseña de Phantom Thread y The Shape of Water

Lo monstruoso es un elemento constitutivo de nuestra humanidad. Aunque lo aceptemos o lo rechacemos, el monstruo en nosotros revela nuestras contradicciones y muchas veces manifiesta la belleza misma. La exploración de lo monstruoso define Phantom Thread (dir. Paul Thomas Anderson, EEUU, 2017) y The Shape of Water (dir. Guillermo del Toro, EEUU/Canadá, 2017). Ambas son películas muy diferentes que expresan la visión única de cada director. Sin embargo, éstas presentan personajes que afirman su monstruosidad en todo su esplendor desafiando de esta manera la moralidad convencional. Aunque ambas son películas románticas, su concepto del amor no tiene nada del sentimiento pulido y algo vacío del cine comercial de Hollywood. Cuando se reconoce y se ama al monstruo, el amor se torna en un sentimiento que brilla precisamente por su oscuridad.

En Phantom Thread, Anderson nos cuenta la historia de Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), un reconocido diseñador en el mundo imaginado de la moda británica durante los años 50. Cada uno de sus diseños es una obra única que esconde en sus dobleces algún corto mensaje que Woodcock añade. De esta manera, sus construcciones enuncian sus sentimientos más profundos. Woodcock lleva su casa de modas junto a su hermana, Cyril (Leslie Manville), que lo conoce a la perfección y que lo mantiene enfocado con una severidad maternal. Una mañana, mientras Woodcock desayuna en un restaurante, queda cautivado por Alma (Vicky Krieps), una joven mesera que lo atiende. Ambos comienzan una relación amorosa donde Alma se tiene que adaptar a las necesidades y a las rutinas de Woodcock, que Cyril protege con tesón. Tratando de hacerse un espacio en la casa de los Woodcock, Alma se redefine a sí misma en función de las necesidades del diseñador. Sin embargo, ella no es un personaje pasivo, pues Alma también lo reconstruye a él como si fuera un niño. La relación entre Alma y Reynolds llega a unas proporciones monstruosas que desafían todo romance convencional y devela una fascinante profundidad emocional.

Por otro lado, en The Shape of Water, Eliza (Sally Hawkins) es una empleada de limpieza muda que trabaja en una instalación militar secreta del gobierno de los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Ella vive algo aislada del resto del mundo por su condición y sólo se relaciona con Zelda (Octavia Spencer), una empleada de mantenimiento negra que trabaja junto a Eliza; y su vecino, Giles (Richard Jenkins), un artista homosexual que perdió su trabajo en el mundo de la publicidad. Por sus identidades, Eliza, Zelda y Giles representan la otredad en los Estados Unidos de los 50 y 60. Ellos son los monstruos que simbolizan todo lo opuesto al personaje de Strickland (Michael Shannon), el administrador de la instalación militar. Strickland personifica la masculinidad blanca, heterosexual, y depredadora que asociamos con la época. Su visión sobre la diferencia se ve en cómo trata a la criatura anfibia (Doug Jones), que el gobierno capturó en el Amazonas donde lo veneraban como a un dios. Strickland somete a su prisionero monstruoso a unas constantes torturas físicas en un esfuerzo por examinar sus capacidades, pero que delatan el asco que el hombre siente ante lo que identifica como diferente. La única que logra entablar una relación con la criatura es Eliza, cuyos acercamientos con música y comida expresan su fantástica atracción al dios anfibio del Amazonas. La conexión entre ambos personajes pasa desapercibida por casi todos en la instalación, hasta que Eliza decide ayudar a escapar a la criatura de su prisión. Ella se sacrifica ya que se da cuenta que el monstruo marino es el único que reconoce su humanidad. Esto también lleva al espectador a descubrir la profunda sensibilidad de estas dos criaturas que a través de su monstruosidad desafían el estándar social de la época.

Ambos filmes tratan los márgenes de diferentes maneras. En Phantom Thread, Anderson nos cuenta otra historia donde las obsesiones de sus personajes los convierten en monstruos, pero cuyas acciones logramos entender y hasta humanizar. Sus protagonistas se desdoblan, tanto como podemos ver en There Will Be Blood (EEUU, 2007) con Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) y Sunday (Paul Dano); y en The Master (EEUU, 2012) con Freddie Quell (Joaquin Phoenix) y Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman). Anderson utiliza las interacciones entre cada una de estas parejas para subrayar sus vulnerabilidades y así llevarnos a conectar con personas que consideraríamos deplorables. Idealmente, Phantom Thread se debe de ver en un cine preparado para proyectar el formato de 70 milímetros para apreciar las proporciones épicas de los sentimientos de estos personajes, que también se reflejan en el mundo majestuoso retratado por el mismo Anderson, que funge como director de fotografía, y la música de Jonny Greenwood.

Al igual que Anderson, Guillermo del Toro utiliza en The Shape of Water la pareja de la criatura anfibia y Eliza para dejarnos ver su belleza emocional. El dios del Amazonas de del Toro es una clara referencia al monstruo de Creature from the Black Lagoon (dir. Jack Arnold, EEUU, 1954). Sin embargo, mientras que en Creature from the Black Lagoon, la criatura es un salvaje al que se silencia porque el filme responde a las sensibilidades dominantes de la sociedad estadounidense de los 50; en The Shape of Water, del Toro posiciona al anfibio como uno de los héroes y la sociedad es el antagonista que obstaculiza su amor. The Shape of Water es una bellísima fábula para adultos donde una mujer fuerte mueve la acción. El filme se puede considerar un musical no solo porque la música conecta a la pareja principal, sino también porque las actuaciones físicas de Sally Hawkins y Doug Jones son tan hermosas como los bailes de Ginger Rogers y Fred Astaire.

Phantom Thread y The Shape of Water son para mí las dos mejores películas del 2017 en un año que nos ha brindado producciones excelentes. Ambas obras cuestionan nuestra propia humanidad a través de la delicada sensibilidad del monstruo.