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“Hoy día cualquier persona puede quedarse sin hogar”

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Edwin Otero Cuevas. Foto Alina Luciano Ryes

 

Entrevista a Edwin Otero Cuevas, director de la Fondita de  Jesús

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El director de Desarrollo y Planificación Programática (DPP) de la Fondita de Jesús, Edwin Otero Cuevas, exhortó a que las organizaciones que ofrecen servicios a las personas sin techo  sean más  creativas en estos momentos ante el hecho de que la nueva política del presidente, Donald Trump no ve la situación del sinhogarismo  como una situación social, sino como un crimen.

Se refiere a la nueva política Ending Crime and Disorder on America’s Streets ,  que pone fin a la política de Housing First.  Según el presidente, la anterior política no promueve el tratamiento y recuperación de las personas sin hogar.

CLARIDAD entrevistó a Otero Cuevas sobre la situación del sinhogarismo y la misión de la Fondita de Jesús para con  dicha población. En tono crítico, el activista denunció que esta nueva  política del presidente lo que hace es criminalizar la pobreza. “La manifestación ulterior, más grande de lo que es la pobreza en la sociedad es el  sinhogarismo. A lo último que puede llegar una persona que ya no tiene recursos a donde acudir, que no tiene apoyo, es llegar a vivir en la calle, y esta política del presidente Trump lo que hace  es criminalizar a la persona que está viviendo en la calle por las razones que sean”.

En la Fondita de Jesús no utilizan la palabra deambulante  por  entender que es un término  despectivo hacia  la dignidad del ser humano. La Fondita fue  la primera  organización que se fundó en Puerto Rico para atender a la población de personas sin hogar, por lo que este año están cumpliendo sus primeros 40 años de estar ofreciendo servicios de manera ininterrumpida. También ofrecen ayuda a personas de comunidades vulneradas, que se encuentran en riesgo inminente de perder su vivienda.

“Así que se trabaja con el que está en la calle y  también para evitar el sin hogarismo. Nosotros hemos visto una transformación en el perfil de las personas sin hogar. Antes se veía mayormente personas con problemas de uso de sustancias o trastornos, problemas de salud mental. Pero hoy día vemos una diversidad de situaciones que han llevado a las personas a vivir sin hogar”, describió Otero Cuevas.

En esa línea, explicó que el desempleo, situaciones de violencia doméstica, los desastres naturales, como Irma y María y la pandemia puso a muchas personas en un riesgo inminente de perder su vivienda. “No estamos trabajando con lo que tradicionalmente se veía antes, sino con toda una serie de situaciones socioeconómicas, políticas que afectan de manera directa a la comunidad”. De acuerdo con el conteo de personas sin hogar del 2024, en ese momento específico se contaron 2,990 personas sin hogar. Ese número era mayor en años anteriores, sin embargo, reclamó que el trabajo de las organizaciones que atienden  a esta población ha hecho que muchas personas sin hogar hoy día tengan una vivienda.

Otero Cuevas comentó que cuando surgió la Fondita de Jesús no pasaba por la cabeza de nadie que existiera la posibilidad de vivienda para las personas sin hogar, pero que gracias a los esfuerzos de la Fondita y otros grupos y organizaciones, así como de algunos municipios que ofrecen servicios, hoy día es una realidad. La Fondita provee  un sistema de cuidado continuo con servicios de apoyo que  permite darle a las personas un seguimiento y la oportunidad de desarrollar destrezas de vida que le permitan mantener una  vivienda y evitar que regresen a la calle.

“No es solo la comida, no es solo proveer las duchas,  la ropa, que es un servicio básico y esencial, no le restamos importancia. Ahí es que comienza el proceso, pero también va a lo que son cuidado de salud, servicios psicosociales, desarrollo espiritual para el crecimiento espiritual. Tenemos también desarrollo social y de autocapacitación para la autosuficiencia. Así que impactamos muchas áreas que necesita el ser humano para desarrollarse y reintegrarse de manera productiva a la comunidad”.

En ese aspecto de la vivienda, la Fondita tiene  sobre 200 unidades de vivienda, un edificio con 29 unidades,  otro con 13 unidades  y administra sobre 200 vales de vivienda para personas sin hogar. Las personas que asisten físicamente a diario  a la Fondita son del Área Metro, pero luego del huracán Irma y María, narró Otero Cuevas, se dieron a la tarea de ir a las comunidades, precisamente para prevenir que las personas llegaran a la organización sin hogar, en especial, adultos mayores. “Si  vieras la cantidad de adultos mayores que vimos en comunidades vulnerables que aun teniendo un techo sobre sus cabezas viven como si fueran personas sin hogar”, recordó.

Otero continuó relatando que ha notado un aumento significativo de personas  mayores o personas que han envejecido viviendo sin  hogar, que acuden a recibir servicios, incluso personas despedidas del gobierno con la Ley 7, que dejó a miles sin empleo.

“Personas que jamás en la vida pensaron que iban a vivir en la calle. Por eso nosotros siempre llevamos este mensaje: que nos puede pasar a  cualquiera. Hoy día cualquier persona puede quedarse sin hogar, no importa el estatus social, no importa el género, no importa la edad. Cualquier persona pudiera estar en riesgo de quedarse sin vivienda”.

El director de Desarrollo y Planificación de la Fondita destacó el sentimiento de la misión de la organización de promover la vida y ser la familia de las personas sin hogar que atienden; de ser el espacio donde estas personas adquieren visibilidad. En ese sentido dio el dato de que antes de que naciera la Fondita de Jesús ser una persona sin hogar era en la práctica, “ser nadie, era no existir”, debido a que las personas sin hogar no tenían derecho a una identificación ni al voto porque no tenían una dirección física. No fue hasta que la Fondita, junto a otras organizaciones, comenzaran a hacer esfuerzos en pro de las personas sin hogar, que en el 2007 se logró que se aprobara la Ley 130 del 2007 de Apoyo a las Personas sin Hogar y la Carta de Derechos

“En  ese momento fue como si hubiese nacido la luz y se dijera mira las personas sin hogar tienen derechos, cuando siempre los tuvieron, pero no eran reconocidos. Hubo que abogar para que surgiera esta ley y se reconocieran estos derechos”. En la actualidad, las personas sin hogar que reciben  servicios de la Fondita pueden usar la dirección como suya, con la cual pueden tener acceso a una  identificación con fotos, derecho a plan médico del Estado, al voto y recién se aprobó la Ley 98 2025, que les permite acceder a estos y otros documentos como del CRIM y certificado de nacimiento, sin costo.

Una situación que representa un momento difícil para todos en las organizaciones que ofrecen servicios a las personas sin hogar es cuando muere uno de sus participantes y no hay familiares que reclamen su cuerpo. Otero Cuevas compartió que en el 2023 tuvieron la experiencia de que una  persona que acudía a la Fondita y era miembro de la Junta Directiva murió y sus familiares no lo reclamaron, pero por ley la organización, en este caso la Fondita, no se  le permite reclamar el cuerpo para disponer de este.

Por otra parte, Otero Cuevas denunció que la  nueva política de Trump, que criminaliza a las personas sin hogar es discriminatoria y pone el estigma de que todas las personas sin hogar tienen problemas de uso de sustancia, por lo que la persona o va a tratamiento o va a la cárcel.  Reiteró que esta política deja sin efecto la anterior política de Housing First,   en que la persona era ubicada primero en una vivienda para promover su estabilización, ya que se ha demostrado que en la medida en que la persona  tiene una vivienda, un hogar seguro donde vivir, puede acceder a unos servicios básicos de salud y  tiene más posibilidades de estabilizarse y de no regresar a la calle.

Al respecto, se cuestionó qué ocurrirá con las personas sin hogar en Estados Unidos y aquí, “porque es la misma dignidad de las personas. Allá es la misma que la de las personas acá. Es la misma situación, es un derecho inalienable de las personas, un derecho a la vivienda, a la educación… Estamos diciendo que si una persona hoy está ubicada en una vivienda con un vale de vivienda, pero esa persona sale de esa unidad y regresa a la calle, no puede volver. Tendría que ir a tratamiento o la cárcel”, recalcó, al tiempo que advirtió de que lo que pase en EE. UU. va a reflejarse aquí en la isla, si no es que ya se está reflejando.

Foto por Alina Luciano Reyes/CLARDIAD

El director de Desarrollo y Planificación Programática de la Fondita de Jesús trajo a la atención que  en Puerto Rico no es fácil conseguir un vale de vivienda, a lo que se le suma la crisis de vivienda que hay en el país con el fenómeno de los alquileres a corto plazo (ACP), lo que tiene un peso muy grande. “La Fondita de Jesús  está rodeada de espacios que se han convertido en ACP, no hay acceso para alquiler a largo plazo y  las rentas se han disparado”. Indicó que la asistencia del Gobierno federal para vivienda bajo el Supporting Housing Program a personas sin hogar no es la misma cantidad que se da para Sección 8. La  cantidad es menor y es un reto mayor la oportunidad de que un casero disponga de una  vivienda para una persona sin hogar.

Otero Cuevas avisó de que esta política apenas está comenzando y todavía no hemos visto la magnitud. “Mientras la Fondita de Jesús  exista, aquí vamos a estar para hacer frente, denunciar lo que haya que denunciar y hacer frente a lo que haya que hacer frente. Pero hay personas que no quieren ver esa realidad, no la quieren ver; saben, la ven, pero se tapan los ojos porque al final del día quien lo paga es el pueblo, el que siempre está pisao, esa persona sin hogar que también votó por ellos”, manifestó.

 

Experiencias de vida

 

El huracán me hizo sentar cabeza

Tomas Rivera Rivera. Foto por Alina Lucano Reyes/CLARIDAD

A Tomás Rivera Rivera, asistente a la Fondita y quien ahora trabaja como voluntario, los huracanes, primero, Hugo y luego, María, lo llevaron a la Fondita. “Fue con el huracán María que vine a coger cabeza, como dice la gente, aunque venía a la Fondita desde el 89 cuando el huracán Hugo”. No fue hasta la experiencia del paso del huracán María, en el 2017, que se dijo “esto no es para mí”. Se refiere a seguir en las calles.

Natural de Santurce, criado en la comunidad Las Monjas, el hombre de 62 años viene de una familia de seis hermanos varones y dos mujeres. “Estuve en la escuela, aunque me  colgué en noveno grado y cogí el cuarto año en estudios libres. Pero la vida conmigo no fue tan fácil; estuve en lo malo, me pude superar gracias a Dios y a mí mismo”. Se casó dos veces. El uso de cocaína lo llevó a perder a su familia.

Estando en la calle, compartió que  vivir el desastre del huracán María le hizo sentar cabeza. Luego de siete años, ahora tiene vivienda y hace trabajo voluntario en la Fondita, nos compartió.

Le preguntamos qué les diría a las personas que se encuentran en una situación sin hogar.  “Que busquen ayuda. Hay muchos que estuvieron aquí que no tienen interés por na, pero con el tiempo se van a dar cuenta que la vida no es un relajo. Como la mía, les diría que echen pa’ lante, que aquí sí van encontrar ayuda, los ayudan de verdad”.

Reynaldo Soto
Foto por Alina Luciano

Mientras, Reynaldo Soto, natural de Bayamón, llegó a la Fondita luego de la muerte de su madre, a la que cuidó por siete años. Tuvo que abandonar la casa por presiones familiares. Estudió hasta cuarto año, y tomó cursos de Barbería y Cosmetología, pero al momento de tomar la licencia tuvo que dedicarse a cuidar a su madre.  Antes,  trabajó en mantenimiento y fue incapacitado en un 48 % por el Fondo Seguro del Estado, tras una operación en la rodilla izquierda que le dejó sin movilidad en la pierna.

Al abandonar la casa familiar, Soto estuvo un tiempo sin hogar por San Juan y allí le recomendaron que fuera a la Fondita. Dice que llegó preguntando a los choferes de las guaguas dónde quedaba la Fondita. Al igual que Rivera Rivera, llegó en el 2017 y ahora, además de participante y voluntario, es miembro de la Junta de Directores, en la que hay tres representantes de los participantes.

“Estoy aquí, es un amor, me gusta, ya voy para 20 años. El día que me muera, me muero aquí”, afirmó Antonio Díaz Rivera, satisfecho y sonriente.

Antonio Díaz Rivera. Foto Alina Luciano Reyes/CLARIDAD

El hombre, natural de Las Monjas, contó que hace más de 20 años que llegó a la Fondita, “por  un muchacho buena gente que me quedaba con él en la calle. Me recogió y me dijo,  vamos a la Fondita de Jesús para que te ayuden”.

Díaz Rivera narró que estuvo en la calle por más de 17 años, ahora tiene 72.  Tuvo una pareja que le dio dos hijos. Con una sonrisa en su rostro admite que vivir en la calle no es fácil,   “hasta me podían matar, hoy en día no respetan a nadie”. Sobre qué lo llevó a estar en la calle, vuelve a sonreír y reconoce: “Yo era incorregible, yo era de hacer maldades. Me junté con una juntilla que hacía cosas malas, y al hacer cosas malas, mi hermana me echó a la calle. Ella era demasiado malamañosa”.

Antonio proviene de una familia de 14 hermanos, de los cuales solo quedan él, su hermana y otros dos varones que viven en Estados Unidos. Desde que llegó a la Fondita, dice que no ha  vuelto a Las Monjas.

 

 

 

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