CLARIDAD
Días antes de que se hallara causa contra Eduardo Meléndez Velázquez, enfermero que presuntamente asesinó a su vecino, el biólogo Robert Viqueira, el equipo de abogados del occiso afirmó que el tribunal no consideró todos los elementos de acecho y vigilancia que han quedado, a través de los años, evidenciado en el caso.
Para el licenciado Martín González Vélez, abogado y amigo del difunto, las recientes vistas en el tribunal de Ponce muestran que “le estaban grabando las conversaciones y le tenían una cámara mirando la residencia” de Viqueira, y que el ahora acusado de asesinato atenuado “tenía un sistema sofisticado de vigilancia” alrededor de la casa del biólogo.
“(Meléndez Velázquez) lo está espiando para provocar, como lo hizo, un incidente o situación que altere la paz de la familia. Lo atrae, cucaron al toro, como dicen por ahí, hasta que logra que Robert llegue al portón del patio, y ahí lo estaba esperando para salir inmediatamente”, expresó el licenciado en entrevista con CLARIDAD.
No obstante, González Vélez reconoció el argumento de la defensa del acusado de que Viqueira, durante el altercado, tenía un 0.19 % de alcohol en la sangre, dato que González Vélez consideró “inconsecuente” para fines del caso y que, además, busca descontextualizar el panorama completo de la situación.
“Quiere circunscribir este asunto como si hubiera sido un evento que salió allí, en ese momento. Por eso es que el abogado de defensa objeta los hechos de por la mañana y todas las cosas que pasaron anteriormente. Pero todas esas cosas que sucedieron antes van a la mentalidad del asesinato, van al ejercicio mental de conocimiento y premeditación de los actos”, elaboró el abogado.En ese sentido, González Vélez hizo énfasis en la Ley 140 (que facilita la intervención de un juez municipal en una controversia) que Viqueira sometió, entre 2019 y 2020, para que se removiera el equipo de cámaras del acusado y le entregaran una copia de lo grabado al biólogo. “Por lo menos, lleva cinco años grabándole las conversaciones”
Además, el acusado también colocó, en repetidas ocasiones, una bocina que emitía sonidos de coquíes desde el techo de su casa, sin otro propósito que “no fuera alterar la paz”, de acuerdo con González Vélez. Del mismo modo, el licenciado recordó que Meléndez Velázquez tenía, al momento del arresto, más de diez armas de fuego y una licencia de portación revocada.
“¿Cuál fue la investigación que hizo la Policía de Puerto Rico para darle las armas de fuego a este individuo? ¿Fue a donde los vecinos a preguntar? Todos los vecinos son testigos de estas situaciones desde el primer día. Todos estaban listos para hablar en la vista para del injunction, que no se celebró ¿Dónde está esa investigación? Eso no ha salido”, continuó González Vélez.
Trasfondo de las tensiones
Con 90 días de audio guardados, un sistema de vigilancia elaborado y una cámara mirando fijamente a la piscina del hogar de Viqueira, la situación entre el biólogo y el enfermero se remonta a cuando Viqueira se enteró de la amalgama de acechanza que Meléndez Velázquez tenía sobre su hogar. Para entonces, los hijos de la familia Viqueira apenas tenían entre 10 a 13 años.
“Cuando lo mangaron, cambió las versiones del asunto. Radicó un pleito de construcción en el tribunal, pero era para opacar las acusaciones de espionaje que hizo Robert. En ese pleito se continuó hasta que no se comprobaron las alegaciones frívolas (del enfermero), y se iba a terminar el pleito mediante Robert y Moshayra (su esposa) comprando la propiedad de Arlene (la vecina) y el asesino”, explicó González Vélez.
Poco antes, confirmó el licenciado, la vecina Arlene vivía sola en su casa hasta establecer una relación con Meléndez Velázquez. Cuando se suscitan las polémicas de las cámaras y otros encontronazos –como la bocina con sonidos de coquíes– la familia Viqueira resolvió comprar la casa para desahuciar al ahora acusado.
“El abogado de la otra parte ofreció vender la casa, y Robert dijo que lo estudiaría, que le mandaran la tasación de la casa para evaluarla. Robert y Mosha le iban a comprar la propiedad a Arlene para que el asesino se fuera. Era un gasto para lograr la justicia que no obtenían en los tribunales”, prosiguió el abogado.
Pero al regresar de una vacación, la familia Viqueira volvió a toparse con otro inconveniente sumado a las cámaras: una horda de coquíes croaba a toda hora, en todo momento. Tras dos o tres averiguaciones, cuenta González Vélez, Viqueira descubrió que se trataba de una bocina puesta por el vecino. Confundido, el biólogo contacta al abogado de los vecinos para indicarle lo que estaba haciendo su cliente
“El pleito empezó de una manera, pero el transcurso de los años lo llevó a otro final, que era que le vendieran la casa para que el muchacho se fuera. Por eso es que llama a su abogado (el del acusado), para decirle que se podía caer la transacción, y apagan la bocina para después prenderla de nuevo. Demuestra que no tenía interés en resolver el asunto”, detalló el amigo del biólogo.
Suspicacia de fondo
De acuerdo con González Vélez, el acusado estaba “ofuscado” con Robert Viqueira desde que lo conoció y surgió la controversia. De hecho, el abogado reveló que, para acceder al sistema elaborado de cámaras que tenía, Meléndez Velázquez ingresaba “EnvidiaViqueira2016” como contraseña. Pero para el licenciado, lo evidente resulta demasiado obvio.
“El compañero Viqueira, para el 2006 o 2008, fue intervenido por agentes del FBI, saliendo del Bosque Seco de Guánica. Se diligenció una orden de registro sobre él, se llevaron su teléfono, que hasta no se ha devuelto, e igual se desarrollaron otros allanamientos con un sinnúmero de compañeros”, recordó el abogado sobre su amigo, en el marco de las detenciones relacionadas con el arresto de Filiberto Ojeda Ríos.
Durante esa época, afirmó González Vélez, la persecución contra Los Macheteros produjo muchas intimidaciones y hostigamientos por parte del gobierno federal, como cuando un helicóptero “Apache” del Negociado Federal de Investigaciones (FBI, en inglés) lleno de agentes con armas largas aguardó por Viqueira frente a unas oficinas donde entonces trabajaba.
“Robert participó de la campaña Fuera FBI de mi país y de Rompiendo el perímetro. También, organizamos la Mesa Unitaria Independentista del Sur. A Robert Viqueira, al igual que un sinnúmero de personas, lo detenían en los puertos de abordaje. Siempre lo mandaban a una fila de seguridad extrema y se pasaban hostigándolo, como a muchos independentistas”, manifestó el licenciado.
Por tales razones, González Vélez estima apropiado cuestionarle al FBI y otras agencias si conocían, al igual que en otros casos de asesinato político, que el vecino de Viqueira tenía intenciones de agredirle, lastimarlo o asesinarlo. De ejemplo, González Vélez mencionó cuando el FBI conoció, sin intervenir, que Carlos Muñiz Varela sería asesinado.
“El viernes, se supone que termina el contrainterrogatorio de la esposa, después viene el redirecto de la fiscal y, finalmente, el contrainterrogatorio de la defensa. Si no hay testigos, el viernes debe haber una determinación de causa probable”, concluyó González Vélez sobre el caso que actualmente pasó a siguiente etapa judicial
“Esto es un caso serio. No debe haber otra determinación que no sea causa. Hay casos con menos pruebas que tienen causa, imagínate en este. Que lo único que hay que demostrar que pasó fue que él (Meléndez) vino, se paró frente a mi casa y tú me tiras de allá p’acá”.



