Especial para CLARIDAD
Puerto Rico ha seguido históricamente un modelo económico dependiente, caracterizado por la subordinación de su economía a decisiones externas (colonial), de los Estados Unidos. Este modelo ofrecía ventajas iniciales, como el acceso a capital y mercados, pero presentaba límites estructurales que restringen el desarrollo autónomo y sostenible de la isla, llevándola a una economía de dependencia.
Actualmente, Puerto Rico enfrenta un escenario económico cargado de incertidumbre. Factores como la deuda pública, la dependencia fiscal de Estados Unidos, los desastres naturales y antrópicos, la situación demográfica y migratoria, el cambio climático, los problemas energéticos (apagones y altos costos), y la falta de diversificación económica se han convertido en ejes críticos de inestabilidad. La migración de jóvenes profesionales agrava la situación, generando desafíos en términos de inversión y retención de talento. A esto se suma una población envejecida que requiere servicios especializados y atención ante emergencias. Todo esto ocurre en un contexto de altos costos energéticos y el debilitamiento del Estado como actor principal, reemplazado por la Junta de Control Fiscal, que define la política económica y de gasto. Además, la corrupción y la cacería de rentas se han convertido en un negocio institucionalizado. Sin embargo, estos desafíos también abren ventanas de oportunidad en sectores emergentes que podrían transformar la isla en un polo de innovación y sostenibilidad, contribuyendo a diversificar la economía.
Para enfrentar esta incertidumbre, es fundamental implementar estrategias integradas, escalables y adaptables, que combinen la diversificación productiva con el fortalecimiento comunitario. Es indispensable superar el modelo económico impuesto, diseñado en función de intereses externos (primero militares, luego corporativos), sin haber establecido nunca un modelo de producción nacional ni de autosuficiencia. Aunque la política de reshoring (el regreso de empresas estadounidenses a Puerto Rico, especialmente bajo contratos militares) puede parecer una oportunidad, en realidad representa más de lo mismo: un modelo carente de visión soberana, que corre el riesgo de profundizar la dependencia económica en lugar de fomentar un modelo productivo autónomo.
Puerto Rico debe decidir entre continuar con el fracaso de las políticas que buscan “crear las condiciones para los mercados” (supply-side policies), caracterizadas por una permisología deficiente, altos impuestos a los trabajadores, falta de servicios básicos y costos elevados en alimentos, transporte (gasolina y peajes) y vivienda; o construir un nuevo camino que garantice el “derecho a quedarnos” a los puertorriqueños y puertorriqueñas.
Ningún país se ha desarrollado exclusivamente creando condiciones para los mercados. El desarrollo requiere una permisología efectiva, impuestos razonables, infraestructura de calidad y una planificación económica estatal. Los llamados “cuatro tigres asiáticos” demostraron que la planificación económica indicativa desde el Estado, proactiva y enfocada en la innovación, es clave. Esto implica guiar el capital nativo hacia sectores estratégicos emergentes —como las industrias creativas, los servicios digitales, el turismo regenerativo y cultural, y la industria médica— mediante una Política Industrial clara para el Plan de Desarrollo. Hasta ahora, se sigue apostando a lo mismo de siempre, sin presentar un proyecto verdaderamente innovador que represente una nueva visión de país. Esta nueva economía debe tener principios transversales que guíen todas las estrategias. La participación comunitaria (incluyendo todos los niveles de gobierno, academia y sociedad civil) debe ser parte integral del proceso de planificación y ejecución. Los planes deben ser ajustables frente a cambios climáticos, políticos o financieros, con métricas claras de impacto e indicadores de producción, empleo y sostenibilidad ambiental. La inversión pública y privada debe generar beneficios sociales, ambientales y económicos duraderos.
Puerto Rico necesita un plan de desarrollo económico con metas concretas, métricas claras y estrategias para enfrentar los problemas estructurales de su economía. Es necesaria una política industrial para superar la dependencia del modelo de atracción de empresas extranjeras, orientándose en cambio hacia la innovación, el fortalecimiento del capital nativo en sectores estratégicos y la construcción de una economía más resiliente.
La isla cuenta con ventajas importantes en sectores emergentes que combinan innovación, creatividad y sostenibilidad. Tenemos universidades e investigadores comprometidos, preparados para aportar soluciones. Existen oportunidades en industrias como:
Industrias creativas
El cine, la música, las artes visuales, el diseño, los videojuegos y la producción audiovisual se perfilan como motores clave de empleo y exportación de servicios, con menor dependencia de infraestructura física o energía tradicional. Esta llamada economía naranja también incluye artes escénicas (teatro, danza, música, cine, televisión, fotografía), patrimonio cultural (fiestas patronales, festivales como Loíza, Hatillo, carnavales, gastronomía, turismo cultural), patrimonio material (museos e infraestructura histórica), diseño de modas, música popular (bomba, plena y otros géneros), literatura (poesía, ensayo, cuentos, novelas, cómics), medios digitales y publicidad.
Las plataformas digitales y la tecnología permiten a los emprendedores conectar con mercados globales desde Puerto Rico. La isla tiene el potencial para convertirse en un hub creativo-cultural y digital en el Caribe. Pero para ello, se requiere una articulación entre esfuerzos comunitarios, académicos y de política pública, de modo que el valor generado permanezca en la isla y no se fugue hacia capital externo.
Servicios digitales
Áreas como programación, tecnología de información, desarrollo de software y aplicaciones móviles, servicios en la nube, ciberseguridad, consultoría digital, fintech, educación en línea, análisis de datos, comercio en línea y machine learning o aprendizaje automático aplicado a salud, comercio y gobierno, son esenciales. Estas industrias permiten la inserción de Puerto Rico en la economía global sin necesidad de relocalización. Se debe aprovechar el talento local y la diáspora, y fomentar la creación de plataformas tecnológicas propias y de uso de energía alternativa.
Turismo regenerativo y cultural
Este enfoque turístico combina ecoturismo, turismo comunitario y experiencias culturales inmersivas, promoviendo la sostenibilidad ambiental y la conservación del patrimonio. A diferencia del turismo tradicional basado en cruceros o mega-hoteles, este modelo impulsa experiencias auténticas ligadas a comunidades locales, gastronomía, patrimonio y medio ambiente.
La participación de las universidades es clave, especialmente en investigación sobre regeneración de ecosistemas ante daños naturales y antrópicos. Además, se puede desarrollar una economía azul que reconozca el potencial de los mares. Este turismo no solo genera ingresos, sino que también educa al visitante, empodera a las comunidades y ayuda a restaurar ecosistemas.
Industria médica emergente
Puerto Rico puede convertirse en un hub regional para la biotecnología, salud digital, ensayos clínicos y dispositivos médicos inteligentes. Ya se producen dispositivos médicos en la isla, lo cual representa una base sólida. Se debe invertir en investigación y desarrollo para diversificar la producción médica y aprovechar el talento local, especialmente en salud mental. La proximidad con Estados Unidos, los laboratorios existentes y el talento bilingüe son activos clave para desarrollar este sector.
Para concluir, transformar la incertidumbre en oportunidades. Se requiere activar a los actores clave —gobierno, universidades, hospitales, cooperativas, ONG, sector privado e inversionistas, incluyendo la diáspora— para coordinar esfuerzos hacia un desarrollo económico sostenible. Puerto Rico debe convertir la incertidumbre en una oportunidad para generar empleo de alto valor agregado, fortalecer su resiliencia y proteger su entorno.
La educación y la investigación deben estar en el centro de esta transformación, ya que forman a los ciudadanos en áreas clave como programación, servicios creativos, investigación médica, regeneración de ecosistemas y más. No se puede desvincular el rescate de nuestras instituciones públicas de la estrategia de desarrollo.
Puerto Rico necesita un plan económico con metas claras, métricas verificables y énfasis en la reducción de desigualdades sociales. El combate a la pobreza debe ser un eje central, junto con el fortalecimiento institucional del Estado. Solo un gobierno con capacidad de implementación podrá lograr una transformación real.
Por último, la Asociación de Economista en su Asamblea el 17 de octubre estará tratando el tema de la incertidumbre con más aportaciones sobre las oportunidades que existen. Puede llegar a la Asamblea en la Universidad Sagrado Corazón y participar.



