Especial para En Rojo
Estoy en Madrid en Café del Art en Plaza de Cascorro, al lado de mi casa, trabajando con un café en mi computadora. Acá no hay tanta cultura de trabajar en computadoras en los cafés. Hay que buscar sitios que lo permitan con sus mesas designadas para eso.
Al lado mío está mi hija, por un rato jugando en su Nintendo Switch (portátil).
Escribo estos pensamientos porque veo la tendencia de padres y madres de rendirse ante los electrónicos con sus hijos e hijas. Me imagino que esto lleva muchos años, pero ahora lo veo bien de cerca. Y veo como las tendencias sobre las cuales vengo leyendo hace años se hacen poco a poco realidad.
En filosofía de la tecnología, al igual que en ciencia ficción, hace muchos años que se discute el asunto de las nuevas vidas dentro del mundo virtual, y de nuestra nueva vida afuera junto al mundo virtual. Maternar en tiempos de electrónicos es fuerte. Mi hija me pregunta si en mis tiempos existían los celulares. En realidad lo que me está preguntando es si existían las computadoras con el internet y el mundo virtual “para llevar”. El electrónico ahora es una TV portátil, un teléfono portátil, un sistema de juego de video portátil, un mundo virtual de encontrar lo que sea, portátil. El propósito del mundo virtual es acaparar la atención de las personas. A los que no lo han visto, les recomiendo el documental The Social Dilemma (2020). El negocio de acaparar la atención de las personas es tal vez el negocio más lucrativo actualmente. El negocio logra su propósito tanto en adultos como en peques. Ya hay montones de libros y estudios sobre los efectos del uso prologando de electrónicos. Que si reduce la memoria. Que si reduce destrezas. Sobre todo en niños y niñas en crecimiento o criados con uso significativo de electrónicos. La tendencia predecible es a volverse anti-social, a-social, o como le quieran llamar a querer estar más en los electrónicos que interactuando con otros seres humanos. Los niños y niñas que se pasan mucho tiempo en electrónicos desarrollan menos destrezas para interactuar con seres humanos; tal vez lo más difícil que existe. Destrezas como empezar una conversación, seguir una conversación, encontrar temas de conversación, tomar la iniciativa de hablar con otra persona, mirar a otra persona a los ojos, poder tener paciencia, poder manejar conflictos, discusiones, temas difíciles, y conversaciones en las cuales no están de acuerdo con los demás. Me parece que los adultos también están perdiendo esas destrezas. Supongo que por eso ahora tenemos bodas con hologramas, relaciones con chatbots, y personas que deciden interactuar lo mínimo posible con otros humanos y vivir lo más posible en el mundo virtual. La novia virtual no les discute. El novio virtual siempre les apoya. Se especula que eventualmente los seres humanos ni podrán, ni querrán, relacionarse unos con otros. He visto anuncios del futuro que se vislumbra; un futuro en el cual los humanos van a escoger comprar robots (con apariencia humana) para tener de pareja. ¿Quién no quiere la pareja perfecta?
Veo madres y padres alrededor mío rindiéndose ante los electrónicos. Lo veo con peques de seis años, de nueve años, de once años, de trece años. En algún punto las mamás y papás “deciden” dejar de supervisar o de limitar los electrónicos. Papás y mamás con vidas ocupadas (ocupadísimas, ¿y quién no?) que se rinden ante el ímpetu y la insistencia de les peques a usarlos. Que se rinden antes sus vidas ocupadas. Es muy difícil limitarles el uso a 30 minutos, a 1 hora, a 2 horas al día. Si les quitan el electrónico de su preferencia lloran, se quejan, se enfogonan, forman un tantrum y una pataleta. Hay que darles otra cosa que hacer. Y ya la vida de les progenitores está llena de cosas que ocupan su tiempo.
La guerra contra los electrónicos es eso, una guerra. No es cuestión de separar una hora como adres (madres o padres) para entretener a los peques. Es algo serio. Es cuestión de tener que dejar una investigación académica. Dejar un proyecto que ha estado años gestándose. Dejar hobbies que uno ama. Es cuestión, a veces, de tener que cambiar los propios hábitos de uno. Lograr que los peques no usen los electrónicos, o los usen menos si ya los usan, es algo grande. Grande como un océano. Es tan y tan fácil dejar que los usen. Sobre todo cuando uno los está usando. Sobre todo cuando todo el mundo los está usando. (“¿Con qué cara se los quito si yo los uso?”). Sobre todo cuando piensan que “no son tan malos”. («Mis peques interactúan con otros peques en la virtualidad de los juegos.»). Sobre todo si piensan que ahora son indispensables (“mi hijo tendrá desventaja si no usa chatgpt” o el nuevo equivalente). Entiendo perfectamente por qué los progenitores se rinden ante los electrónicos.
Pero es bueno pensar (ese es el propósito de la filosofía, al fin y al cabo) y darse cuenta que los efectos a largo plazo de los electrónicos no se ven (como bien dice Sócrates, los efectos a largo plazo no se ven claramente en ningún ámbito). Se puede pensar simplemente que “mi hijo es a-social o anti-social o tímido” y que no es un efecto del uso de un electrónico. Y tal vez es así. Pero hay que pensar que estos efectos no son aislados ni individuales, las tendencias de peques que se criaron con, o viven en, el mundo virtual, a ser menos sociales se están documentando en muchos sitios.
Hay muchas fuerzas que se interrelacionan para promover un mundo de seres humanos más aislados a largo plazo. Hoy leí una noticia de que Francia están cerrando discotecas porque los jóvenes ya no salen a bailar y prefieren quedarse en las casas con sus amistades o en sus mundos virtuales. En Puerto Rico me dicen que muchos chicos y chicas de escuela superior ya no bailan. Este nuevo mundo se viene gestando hace tiempo. La medicina ha triunfado, poco a poco, como método de control social, remplazando la religión. Antes la religión se utilizaba para reducir el uso de alcohol y el baile, pero ahora hasta los jóvenes no religiosos dicen que no beben y no bailan porque prefieren cosas más “tranquilas y seguras”. Estoy leyendo sobre la nueva religión de la medicina hace años. Ahora que el cannabis se ha medicalizado, el alcohol se ha vuelto el nuevo enemigo para la medicina. (La medicina quiere el monopolio sobre el control y la distribución de las drogas/medicinas/sustancias en la sociedad.) También, como se viene diciendo hace más de 30 años en filosofía de la tecnología, a las personas que manejan el mundo (el 5%) les conviene tener humanos aislados que no se juntan y luchan por su florecimiento (ahora se diría por sus derechos) y sus localidades. Lo que quiero decir con todo esto es que estos asuntos no son temas nuevos. Ahora veo los frutos de las cosas que llevo leyendo y discutiendo hace años.
Creo que queremos un futuro en el que existan destrezas de interacción con otros seres humanos. (Y ahora parece que, como dice la canción, “You gotta fight for your right to party!”) Yo sigo en mi guerra con los electrónicos con mi cría, y me cuesta (no tanto porque he criado a mi hija con electrónicos bien limitados). Pero igual me cuesta criarla feminista en el mundo sexista en el cual vivimos. El esfuerzo me vale la pena. (Mi hija notó una instancia de sexismo en la película infantil IF –-Imaginary Friends— que me voló la cabeza.) Mi hija es súper social, una líder, y tiene unas destrezas maravillosas de conversación hasta con adultos. No necesariamente una cosa tiene que ver con la otra. Pero quizás hay conexiones.
La autora es profesora de filosofía en la UPR, Mayagüez, y autora de libros infantiles



