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Cuarta carta de la más pequeña

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Especial para En Rojo

Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. La primera es perfección, es decir, inacción; la segunda, comienzo, es decir, acción.

Franz Kafka, Aforismos

Dr. Alonso
Psiquiatra

Estimado doctor:

Hoy llegué antes que mi tamaño a la consulta. Me senté igual. Nadie pareció notarlo.

Le escribo desde una condición que no coincide con el espacio. Mi cuerpo no ocupadonde debería estar. No me refiero a lugares sociales, o quizá también. Me refiero a la
geometría misma de estar en el mundo. Hay días en que la sincronía es mucho más que un trámite lento.

Entro en las habitaciones y la materia se queda rezagada en el umbral. Se detiene a sopesar la entrada. Soy un rastro que se adelanta a su propio peso.

Entro sin entrar. He intentado corregirlo.

Pájaros de papel —¿recuerda, doctor?—. Doblaba para ajustarme a los bordes. El ángulo absoluto. El doblez que no admite la duda. Si el ángulo es de noventa grados, el universose detiene ahí. Intenté coincidir con los marcos: puertas, sillas, turnos.

Pero la coincidencia no se deja aprender. Soy un error de cálculo en el inventario.Usted me habló alguna vez de integración. Yo la reconstruí como pude, con restos de frases. Integrarse era ocupar el lugar que se corresponde.

El problema no es el lugar. Es la correspondencia.

No hay correspondencia posible entre lo que se mide y lo que se mueve en mí. Eficiencia como camuflaje. Dos trabajos. Dedos cada vez más mínimos tecleando una urgencia que era mía. He trabajado para estabilizar esa diferencia. Para que no se note.Producir volumen para comprar mi derecho a ser vista.

En ambos, el reloj se adelantaba dos minutos. Dos minutos.
Abren. Empieza a aparecer un espacio donde no debería haberlo. Eso que llaman interior se vuelve exterior. El aire atraviesa sin permiso. He llegado a pensar que el cuerpo no es un objeto. Es una negociación.

A veces soy demasiado pequeña para los bordes del mundo. Otras el mundo se encoge alrededor de mí e intenta devolverme una forma que no reconozco. Ni crecimiento ni reducción. La unidad falla.Como si el metro se olvidara de sí mismo mientras mide. También he probado dormir para volver a una medida coherente con el mundo. Pero el sueño es un desastre, doctor. Aún sin el vodka, me sueño sin bordes.

No tengo contorno. ¿Recuerda mis sueños, Alonso?
En ellos la lluvia cae con la soberbia de lo grande. Pero las gotas no logran dar conmigo; masas lentas que aterrizan siempre a destiempo.No me atraviesan. El mundo falla el tiro. Soy el blanco entre el agua. El intervalo donde la gravedad no tiene registro. No soy obstáculo. Tampoco apoyo. No puedo prestarme a la carga para dar fe de mi existencia.

Para despertar: arquitectura forzada. Dibujo mis límites con la punta de los dedos. Pared, mesa, sábana. Tanteo la materia buscando anclaje. Pero la materia grosa perdió interés en retenerme. El suelo me sostiene por inercia. Un hábito físico que se desgasta. Da igual.

No es que sea invisible. La visibilidad requiere una superficie de fijación y la mía se queda corta. Usted dirá: síntoma. Yo digo: fuga.

Como el mono de aquel informe, no busco libertad; busco una salida. Desistir no es retirarse. Es dejar de producir forma, tamaño válido, Alonso.

El cuerpo deja de actuar como evidencia, como objeto medible en la escala de los rotundos. Creen que proyectar dimensión es un mérito. No me gano la estrellita.No la quiero.

Ya no hay forma de ser caso. Ni caso perdido.
Ni caso posible. Solo no-caso.

Llega el momento en que la pequeñez no es una condición. Es un desplazamiento. No hacia abajo. Fuera del eje donde las cosas se comparan para existir. Y ese fuera no es un lugar. Es una suspensión. Átomos.

Allí donde la regla de tres no resuelve. A veces no es el cuerpo el que se desajusta, sino la mirada de los otros la que intenta ubicarlo y falla. Aprendí a anticipar esa diferencia. No desaparece. Se acumula como cansancio. El cansancio de ser traducida constantemente a un idioma de magnitudes que no hablo. El lenguaje también participa del error. Las palabras llegan; el orden es otro.

Respondo cuando los demás ya no están en el mismo sitio de la frase. Eco. Fisura.Todo funciona. Pero yo opero en el intervalo. Ya no espero respuesta. El silencio es la única métrica en la que entallo.

Dijeron: falta de ambición. Entré en esa forma. La gente grande cabe. “El cielo es el límite”, dicen. Acepté, más por necesidad que por no incomodar.

Grande pero pequeña. Pequeña pero funcional Pequeña pero legible.

Lo suficiente como para no romper la escala. Un precio desmedido. No alcanzó. No bastaba con coincidir a ratos para habitar mis dimensiones en su justa e inconmensurable medida.

Entonces, ¿qué decirle? Le escribo desde ahí. Desde un cuerpo que ya no sabe si está dentro de su propia escala. O si la escala lo abandonó primero.

No hay mano que pueda cerrarse sobre mi tamaño. Si esto tiene cura, no la quiero en forma de ajuste. Porque ajustar es volver. Forzar en encaje. Y yo ya no sé si eso es una forma de vivir.Hasta que se pueda, Alonso.
Espere sentado. Yo, la más pequeña

 

 

 

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