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Los 30 segundos de Natalie Jaresko

La Legislatura de Puerto Rico, en dos sesiones maratónicas que terminaron en la madrugada, aprobó la pasada semana algo que denominaron “Ley de Reforma Contributiva”. El proyecto llevaba mucho tiempo dando tumbos por el Capitolio, tanto que el funcionario público que ideó la primera versión del mismo, en Secretario de Hacienda Raúl Maldonado, ocupa desde hace meses otro cargo.

El proyecto había sido diseñado por Maldonado para que su jefe, el gobernador Ricardo Rosselló, pudiera alardear en la próxima campaña electoral de haberle reducido las contribuciones a la mayoría de la gente, mientras cuadraba la caja con un cantazo a los profesionales y empleados por cuenta propia. Como estos últimos son menos y, además, tienen fama de evasores, el efecto político para su jefe sería positivo. La propuesta de Maldonado también reducía el IVU a las comidas preparadas si se pagaba con tarjeta de débito o crédito, algo que también alegraba a muchos y, según él, servía para combatir la evasión.

No sé si Maldonado había consensuado su proyecto con la Junta de Control Fiscal (JCF), pero es probable. Los funcionarios del gobierno de Rosselló apoyan en público las bocanadas de humo de su jefe contra los gavilanes de la Junta, pero siempre se alinean antes que el depredador ataque. Maldonado, en particular, se cuida mucho de no incomodar a los procónsules. Su proyecto tal vez podía sobrevivir el escrutinio de los representantes de Roma.

Pero en estos tiempos milenarios los puertorriqueños tenemos que soportar no uno ni dos, sino hasta tres o cuatro gobiernos y, aunque ninguno de ellos responde a la mayoría del pueblo, todos insisten en mandar, aunque a la postre sólo uno lo hace. Primero está el que opera con el mandato que nació de las botas militares, aquellas que llegaron por la banda sur hace más de un siglo. Ese gobierno alega tener una “cláusula territorial” que nos aplica y basándose en ella nos impuso la junta de gavilanes. Luego está el de Rosselló, que recibió el endoso de sólo 41% de los votantes hace dos años. Finalmente, está el gobierno de la Legislatura, por el que todavía menos gente votó, pero que ante la debilidad manifiesta del ejecutivo “rossellista”, pretende erigirse como mandatario de facto dividido en dos secciones, la de la Cámara y la del Senado. Todos esos gobiernos entraron en acción en el asunto de la “reforma contributiva” y al final, como era lógico esperar, el primero prevaleció. En el proceso se malgastaron largos meses y muchísimo dinero.

Al paso de los meses la Legislatura fue amasando el proyecto de Maldonado y, tras cientos de enmiendas, decir que al final se produjo un Frankestein sería equivocado porque ese monstruo al menos tenía cuerpo. El de la reforma tributaria ni eso. Lo que llegó a la Legislatura cuadraba apenas y ya era amorfo. Lo que salió daba miedo porque al engendro que produjo Hacienda terminaron añadiéndole la legalización de 45 mil máquinas tragamonedas, que convierten al país en un gigantesco casino de apuestas.

Tal parece que, en medio del caos y ante la debilidad manifiesta de todos los gobiernos “locales”, la mafia que regentea el juego ilegal encontró abierto un camino por donde colarse y de inmediato actuaron. Esa mafia está desde hace años tratando de que le legalicen su operación que ha crecido de año en año ante los ojos negligentes o culposos de los gobiernos. Alegando que quieren contribuir al fisco pagando una “licencia”, buscan el patrocinio oficial para expandirse casi sin límites convirtiendo las gasolineras y los cafetines en casinos legales. En todas las administraciones, gracias a sus aportaciones para las campañas políticas, han contado con patrocinadores en el Capitolio. Ahora, en medio de este nuevo caos, por fin lograron el éxito porque el proyecto que los legaliza se aprobó en ambas cámaras y, de inmediato, Rosselló anunció que lo firmaría.

Antes del anuncio de Rosselló, un miembro de su gabinete, el Secretario de Desarrollo Económico Manuel Laboy, había calificado como “nefasto” el proyecto aprobado porque, según el funcionario, atentaba contra la economía turística. Pero a Laboy lo mandaron a callar (el propio Maldonado dio la orden) y el proyecto salió para la Fortaleza donde ya estaba planeada la ceremonia para su firma.

Entonces fue que apareció con aires de salvadora Natalie Jaresko, la ex ministra de la lejana Ucrania y directora ejecutiva de la JCF. Luego de que en la Legislatura se amanecieron durante dos noches consecutivas para aprobar la medida; luego de que brotara y se silenciara el descontento entre los funcionarios del Ejecutivo; luego de cientos de horas en vistas públicas y de que se invirtieran muchos miles de dólares en consultores; luego de que la prensa se entretuviera por meses entrevistando a funcionarios y legisladores sobre los supuestos diferendos, la señora Jaresko, con acento ucraniano, liquidó el asunto en 30 segundos.

Ese lapso de tiempo fue lo le tomó a Jaresko decir que la “reforma” aprobada “es inconsistente con el plan fiscal” que certificó la JFC. No era necesario nada más. El plan fiscal fue aprobado por la junta de procónsules y, por tanto, está escrito en piedra. Y si la sacerdotisa oficial interpreta que existe alguna inconsistencia entre lo aprobado y ese plan, hasta ahí llega el asunto porque su anuncio nace de la ley de la tierra.

Todos los que conocemos un poquito, al menos, la realidad puertorriqueña sabíamos que ese sería el final. Pero los legisladores querían aparentar que todavía tienen poder para legislar y, además, justificar sus sueldos, mientras el Gobernador necesitaba soñar con ganar una futura elección. Jaresko los dejó entretenerse un rato y luego actuó.

Jane, la puertorriqueña

Llevo semanas preguntándome cuándo los y las puertorriqueñas nos representaremos a nosotras mismas en la pantalla grande y chica.

Siempre que encuentro películas y series de televisión en que participan puertorriqueños y puertorriqueñas trato de verlas. Y no solo es para apoyarlas, sino porque quiero descubrir cómo somos representados en la pantalla.

No obstante, la mayoría de las ocasiones –en el caso específico de actores y actrices de televisión– me frustro porque usualmente encarnan a alguna otra nacionalidad. Está sobre entendido que así es el trabajo actoral, “hacer de otro”. Sin embargo, sería chévere verlos hacer de boricuas.

Hace un tiempo a instancias de una amiga comencé a ver la serie “Jane the Virgin”. El programa navega la vida de las mujeres Villanueva, con Jane como su protagonista. Es un tipo de telenovela moderna, que incluye comedia, suspenso, drama, romance y situaciones ‘telenovelescas’ como hermanas gemelas malvadas, parapléjicos que pueden caminar y asesinatos misteriosos. La serie está protagonizada por la puertorriqueña Gina Rodríguez, como Jane. A ella la acompañan en el elenco estelar, las puertorriqueñas Andrea Navedo e Ivonne Coll. Ellas, que son hija, madre y abuela respectivamente, son las “Villanueva”, una familia venezolana.

También me encanta la nueva versión de la serie ‘One Day at the Time’, sobre una madre soltera latina que cría a su hija e hijo con la ayuda de su mamá. El programa está protagonizado por la puertorriqueña Justina Machado (‘Penélope Álvarez’), el puertorriqueño Marcel Ruiz (‘Alex Álvarez’), la colombiana Isabella Gómez (‘Elena Álvarez’) y la brillante y distinguida puertorriqueña Rita Moreno (‘Lydia Riera’), una de las pocas ganadoras EGOT: que han recibido premios Emmy, Grammy, Oscar y Tony. La familia ‘Álvarez-Riera’ es cubana.

Hay como un patrón, ¿verdad? Claro, en tiempos en los que el presidente Donald Trump amenaza con quitar mas derechos a los latinos e inmigrantes, en los que se valida y se normaliza el racismo, es siempre una buena idea denunciar y resistir a través de todas las plataformas disponibles.

Por eso cuando la ‘Abuela Alba’ (Ivonne Coll) y la ‘Abuela Lydia’ (Rita Moreno) se ven amenazadas por ser ‘ilegales’, a pesar de que llevan viviendo en los Estados Unidos toda la vida, fue el momento perfecto para hablar sobre el tema de la inmigración y denunciar las injusticias cometidas a diario contra los latinos e inmigrantes en este país.

Pero entonces… ¿cuándo veremos las problemáticas de los oriundos de La Isla del Encanto, y su descendencia, en la pantalla? ¿Cuándo se discutirá el estatus de la colonia mas antigua del mundo? ¿Cuándo le presentaremos a los mismos estadounidenses y demás poblaciones que consumen sus productos mediáticos la falta de derechos y la represión por la que pasamos a diario solo por el hecho de ser puertorriqueños?

Hay múltiples ejemplos de actores y actrices puertorriqueñas, reconocidos como boricuas, que siempre interpretan otras nacionalidades, como la super estrella Ricky Martin cuando hizo del maestro de español chileno ‘David Martínez’ en Glee (2012) o del italiano ‘Antonio D’Amico’ en ‘American Crime Story’ (2018).

Y es que la historia de cómo se representan los boricuas en el cine y la tv anglo no es la más favorable. A pesar de que siempre hubo racismo en Hollywood, a principios del siglo 20 la situación era tolerable y artistas tuvieron la oportunidad de brillar y hasta de ser galardonados. Este es el caso de José Ferrer, quien recibió un premio Oscar en 1951 por su actuación en ‘Cyrano De Bergerac’. Después con el macartismo la represión se recrudeció. Diez años más tarde llegó el musical ‘West Side Story’ y todo cambió.

La historia de amor entre ‘María’ y ‘Tony’, y la rivalidad entre los ‘Jets’ y los ‘Sharks’, labró unos profundos estereotipos de que los puertorriqueños eran maleantes que pertenecían a gangas violentas y de que las mujeres lo único que querían era parir y vivir de gratis en ‘América’. La letra de la canción ‘America’ pone en voz de Rita Moreno todos los supuestos males de Puerto Rico: los huracanes, las enfermedades, la sobrepoblación, la falta de luz eléctrica o de carreteras, que las balas vuelan por el aire, entre otros.

Se puede hablar de un antes y un después de este musical.

Por eso tenemos a los boricuas que encarnan a puertorriqueños, pero en personajes que perpetúan los estereotipos negativos. Como por ejemplo los que hacen de convictos, como Amaury Nolasco ‘Fernando Sucre’ en ‘Prison Break’, las chicas de ‘Orange is the New Black’, de las cuales solo Elizabeth Rodríguez (‘Aleida Díaz’) es boricua, o de sirvientas como Roselyn Sánchez en ‘Devious Maids’. La cantante y actriz Jennifer López ha encarnado a muchas mujeres diferentes, pero cuando hace de puertorriqueña es sirvienta (‘Maid in Manhattan’) o policía corrupta (‘Shades of Blue’).

Claro, en la televisión hay puertorriqueños en otro tipo de rol, más positivo, pero estos casi nunca son explícitamente boricuas, usualmente son de latinos genéricos. Algunos ejemplos son Jimmy Smits, Esaí Morales, Ana Ortiz, Rosario Dawson, Carlos Ponce y Yara Martínez, para mencionar algunos. Nolasco y Sánchez también han tenido roles como estos. Además tienes a un Luis Guzmán y a una Rosie Pérez que son puertorriqueños pero que casi siempre hacen papeles estereotípicos de boricuas o latinos de clase baja.

Es obvio que no se puede pedir que todo el tiempo haya representación de cada una de las nacionalidades, ni de todos los grupos étnicos que conviven en los Estados Unidos. Pero nos guste o no, somos la colonia del imperio desde 1898, somos ciudadanos americanos –lo que pagamos con sangre–, peleamos en sus guerras y pagamos sus contribuciones.

Y sin embargo, no existe un personaje, interpretado por un o una puertorriqueña, que hable de lo que es ser boricua, que plantee el colonialismo o la discriminación de la que somos sujeto por parte de anglos y latinos, que sea profesional, que no tenga un acento ‘mascao’ del inglés y que sea un buen modelo a seguir.

Eso nos hace falta. Es más que merecido, justo y necesario.

Escuchar a Rojo Chiringa: Ejercicio: Métodos de montaje: Cine y literatura

0. Rojo Chiringa a hecho muchas cosas. El videoclip de iLe, Triángulo, que es casi un cortometraje de fina factura. Quizás han visto ¡Sonó sonó, Tite Curet! un documental que historia parte de nuestra música popular a través del eje fundamental del autor de Juan Albañil. El colectivo;Gabriel Coss, Leandro Fabrizzi, Ray Figueroa, Yara Nazario y Patricia Beato ha ganado varios premios: 2 SunCoast Emmy Awards, 2 Latin Grammy Awards, 3 Francisco Paco Oller Awards, DocTV Latinoamérica Fund, y un Premio Especial: Excelencia en el Periodismo sobre Ecología del Overseas Press Club, entre otros.

1. El asunto es que si usted ha visto el trabajo de Rojo Chiringa sabrá que es de calidad. Y si no lo ha visto esta oración es una invitación a que lo haga. La razón para escribir el resto de las oraciones de esta nota es personal. A mí me gustan los videoclips, como iLe: Triángulo, del que Nazario fue directora de arte; me gustó el documental de Tite, en el que se muestra un Puerto Rico que se parece a otras ciudades del Caribe y Latinoamérica, y me pareció importante que hayan hecho Desagravio, un cortometraje de ficción en base a el cuento de Emilio S. Belaval, Un desagravio al cabrón del barrio Juan Domingo.

Lo que pasa es que me gusta mucho la literatura. Y el cine. Cuando entré a la universidad cayó en mis manos, literalmente, un libro que se titulaba Ways of Seeing, de John Berger. Mirar establece nuestro lugar en el mundo que nos rodea. Mirar es algo muy similar a leer. Miras un libro y lo lees. Entonces, ahí estaba Cuentos para fomentar el turismo, de Emilio S. Belaval. Por pura casualidad la poeta Zaira Pacheco está mirando un cortometraje, Desagravio, aquí, a mi lado. Me intereso. Lo veo, lo miro, otra vez. Hace poco más de un año, el corto participó en el octavo Festival de Cine Europeo de la Alianza Francesa. Arrasó. Cargó con cuatro premios: mejor cortometraje, mejor guión, mejor director y mejor cinematografía, para Willie Berríos. No voy a escribir una reseña. Me gustaría algo mejor. Escuchar a la gente que lo hizo. Rojo Chiringa.

2. Hablo con Gabriel Coss, Yara Nazario y Ray Figueroa. Los primeros dos son conocidos en el ámbito del periódico Claridad. Se criaron prácticamente en aquel edificio de la parada 26 1/2 donde estaba hace unos años el semanario. Los respectivos padres trabajaban en ese proyecto. Ahora, en la calle Borinqueña de Santa Rita, están como parte de un equipo de trabajo al que quiero escuchar. Ray no andaba por aquel edificio de dos pisos. Más bien andaba por Cuba estudiando cine, redacción de guiones, aprendiendo, viajando. Guatemala, Nicaragua. Honduras. Y de vuelta a Puerto Rico.

Lo primero que pregunto es cómo, cuándo y por qué, un cortometraje sobre ese cuento de Belaval. Ray Figueroa es el guionista. Un amigo le habla del relato. Le presta el libro. Se lee ese cuento y los demás. Le gustó y escribió la versión en imágenes. Déjenme decirles a ustedes que no están al día en la comunidad del cine puertorriqueño, que Figueroa tiene a su haber varios trabajos como director y como escritor. Pueblo Chico (corto)  2017; Desagravio (corto) 2016; Irresistible (para la tv) 2016; The Sword and the Hairpin (corto) 2014.

12:16 (corto) 2013; Encuentros (corto documental) 2011 Toque de Queda, 2010 y así, poco más de una década de trabajo. De modo que el guión de Desagravio es parte de una larga trayectoria.

Tanto Gabriel, Yara como Ray reconocen la gran cantidad de material literario que se produce en Puerto Rico como una cantera enorme para la producción de cine de ficción. Eso aparte de la creatividad de los cineastas del país. Escoger a Belaval, que no es un escritor del momento, que aún entre estudiosos de la literatura puertorriqueña no es el más comentado, es un riesgo. Pero a los tres les bastó una lectura para reconocer la genialidad de su acercamiento a una realidad social que resiste la prueba del tiempo y a un tono que lo hermana a otros modos de escribir cercanos a Latinoamérica y el Caribe. Aparte de que sus temas son universales, a pesar de la búsqueda de ese lenguaje oral específico. Figueroa intuyó la necesidad de conservar esa búsqueda de la oralidad popular junto a la posibilidad de adecuarlo a un oído contemporáneo.

3. No existe en el colectivo Rojo Chiringa la idea de que exista una polémica entre la literatura, concebida como un arte, y el cine, calificado de espectáculo. El arte puede ser espectáculo. Lo es cuando es bueno. A la larga o a la corta. La distinción sobre la que se podría polemizar es tan antigua como es de viejo el cine. Piense en Artaud, en los hermanos Lumiere, quienes adaptaron Fausto en 1896 y posteriormente George Méliès en 1899 presenta la primera versión de La Cenicienta basada en la historia de Los Hermanos Grimm y King John basada en la obra de Shakespeare.En las versiones al cine de relatos de García Márquez, en Lo que el viento se llevó. Pero no piense que esa polémica existe en las mentes de los miembros de Rojo Chiringa. Coss, Nazario y Figueroa están de acuerdo conmigo cuando digo que, a fin de cuentas, ambas disciplinas tienen el mismo fin: contar historias. La preeminencia de lo visual en el cine no significa que no tenga el mismo objetivo que un relato. Ahora bien, está claro también que es un reto creativo narrar una historia en un tiempo determinado. ¿Cuántos minutos de film son equivalentes a ocho páginas de un cuento? ¿Cuántas páginas tiene el guión a partir de esas ocho páginas? Es un delicioso reto que se asume con el hambre de hacer cine.

4. Estoy parafraseando. No hago entrevistas con grabadora. Apenas tomo notas. Les aseguro que ésto fue lo que me iban comentando.

5. No todo es literatura, por supuesto. Hay guiones originales y el documental es quizás el género más importante de nuestra producción cinematográfica. Ahí esta El Antillano (de la que Figueroa fue co-guionista), Filiberto (en la que colaboraron), 1950, por dar tres ejemplos recientes. Hace catorce años Gabriel y Freddie Marrero dirigieron Aljuriya, filmada en Palestina. Y como ven, y es motivo de orgullo, hay un trabajo colaborativo que se ha ido enriqueciendo desde que esta generación de trabajadores del cine comenzó a realizar sus obras. Ray trabaja ahora en una serie en la que la figura central es Nicky Jam. Pronto. En Netflix.

6. Rojo Chiringa se mueve haciendo su trabajo en el clima huracanado de Puerto Rico. Esta no es la URSS del 34 invirtiendo millones en la producción de cine. No tendría por qué serlo. El dinero, el capital privado, es el que provee las finanzas para hacer filme, documental o de ficción. ¿Esa inversión determina el contenido del trabajo? Esa es una pregunta que hago y la respuesta de Coss, Nazario y Figueroa es inteligente y sin evasivas. Probablemente la intención de algún inversionista es determinar el contenido. Queda de los realizadores hacer el trabajo con la mayor libertad posible, asumiendo los riesgos, pugnando cuando es necesario. Reconociendo que los espacios de libertad creativa hay que ganárselos peleando, los tres asumen que una de las peleas principales de quienes hacen cine, de quienes hacen arte, es presentar un producto de calidad que les haga sentirse satisfechos de la labor cumplida. ¿Tienen libertad cuando el inversionista es, por ejemplo, el Banco Popular? Coss y Nazario lo enfrentan con plena conciencia de los riesgos. Pero esos riesgos son iguales para todos los artistas. ¿Quién financia el arte en Puerto Rico? Si fuera el estado, ¿lo asumimos como una aceptación tácita de las políticas del estado? Si fuera la Fundación Hernández Colón ¿es una firma a favor de todas las propuestas ideológicas del fundador? ¿Quién hace arte libre en Puerto Rico? ¿En el mundo, quién está libre de la mano larga del capital financiero? Parafraseo. Son preguntas válidas, importantes, necesarias.

7. Eisenstein, uno de los genios fundadores del cine moderno, nos explicaba en su ensayo “Imagen y palabra” que el montaje es el modo en el que los cineastas se enfrentan a la tarea de presentar no solo una narración lógicamente coordinada sino con el máximo de emoción y poder estimulante. Explicaba que jugando con trozos de película los “izquierdistas” del montaje habrían descubierto una propiedad: dos trozos de película de cualquier clase, colocados juntos, se combinan inevitablemente en un nuevo concepto que surge de la yuxtaposición.

El realizador de El acorazado Potiomkin utiliza como ejemplos del proceso de trasladar la literatura a la imagen cinematográfica algún poema de Pushkin, otro de Machado (¡Sorpresa!) y nada más y nada menos que unas notas de Leonardo Da Vinci como “guión cinematográfico”.

En otro de sus ensayos, el profesor y teórico del Instituto de Cine de Moscú, lanza una admonición:

Nuestros grandes maestros de la literatura de Pushkin y Gogol a Mayakovski y Gorki han sido valorados por nosotros no solo como maestros narradores. Hemos valorado en ellos la cultura de los maestros del discurso y la palabra.

Es hora de que con toda agudeza nos planteemos el problema de la cultura del lenguaje fílmico. Es importante que todos los cineastas hablen por esta causa. Y antes que nada, que lo hagan en el lenguaje del montaje y las tomas de sus propias películas. (“El lenguaje fílmico”, 1934)

Claro, no estamos en tiempos de lanzar advertencias sobre asuntos relacionados a cultura y/o espectáculos. Más bien quisiera señalar que veo con buenos ojos el interés de los realizadores de cine en Puerto Rico, como Ray Figueroa, de apropiarse de ejemplos del discurso y la palabra literaria nacional para, con agudeza, ir añadiéndolo al lenguaje fílmico como apoyo importante y fundamental.

No puedo terminar esta conversación, esta escucha, sin pensar en que sería una maravilla tener un espacio en los medios para escuchar a los artistas, cineastas, escritores, charlar sobre sus trabajos en progreso, problemas, producciones, triunfos y fracasos. Escucharlos es un aprendizaje divertido. Les agradezco que me dejaran escucharlos un rato. Quisiera que mucha gente pudiera hacerlo. Es que afuera se escucha tanto ruido.

Historias de las comidas y y bebidas de la isla* (fragmento)

0.

Nada más ayer en la isla el hambre

se hacía siempre de féculas, agua y leche y my poca sal.

El sol a fuego lento y luego alto, alto, quedando su calor

aderezando las noches entre los cantos del animalito aquel.

Nada más un poco del pasado, ayer, decía,

el hambre hacía de la yuca harina, flor de trigo,

arroz.

Poco a poco la harina desleída agitándose con cucharón de madera

como el olvido se cuece y se espesa

igual que un domingo en la mañana.

El recuerdo se aparta y se sirve.

1.

Al enfermo, quién será,

se le dará la carne del ave

majada en un almirez con un pedazo de pan y caldo,

¿quién será el que acerque el bocado?

A quien sufre, ¿por qué no el drama

de vivir en la orilla y lavar los cangrejos

que luchan a muerte en la olla con agua y sal?

Los jueyes huelen a historia  y a marea baja

que huele a manteca

donde los ajos y los ajíes dulces suenan a aguaceros.

Los jueyes caminan como el sabor de los tiempos.

Al enfermo, ¿por qué no se le ofrece pescado a la parrilla

con el agrio sanador de dos limones?

2.

El lechón se coge

se mata y se pela

como en tiempos lejanos hacían los celtas,

como en tiempos aún más lejanos hizo

el distraído carnicero chino

según cuenta el aún más distraído

Charles Lamb.

Y así como hubo una ruta de la seda,

hay una ruta de la grasa

que nos define de alguna forma

atravesados por una vara

asados con leña.

* El poeta chileno, Pablo de Rohka, ofreció al mundo su Epopeya de las comidas y bebidas de Chile. En Puerto Rico, Salvador Brau historió sin decirnos que comía el hambre. Quizás Palés Matos es el único poeta puertorriqueño que pensó en eso. En 1859 se publicó un “formulario para confeccionar toda clase de alimentos” que pretendía atender “las circunstancias especiales del clima y de las costumbres puertorriqueñas” (El cocinero puerto-riqueño ó Formuario para confeccionar toda clase de alimentos, dulces y pasteles, conforme a los preceptos de la química y la higiene y a las circunstancias especiales del clima y de las costumbres puerto-riqueñas. Ediciones Puerto. 2004)

Las mujeres debemos contar que la vida y sus trampas se desafían (Para algo deben servir las palabras)

Cegados por el presente perpetuo, padecemos de lo que llamo la ilusión de igualdad. Creemos que nuestros derechos son naturales y lógicos. Como si las prácticas cotidianas, individuales o sociales, no tuvieran que ver con un lugar en el mundo, con un contexto que las posibilita.

Esa falsa ilusión de igualdad supone que la agenda feminista está agotada. Marean las feministas, son unas lloronas, aquí vienen las aguafiestas… Pues lamento recordarles: los derechos civiles no son universales ni ahistóricos, se juegan todos los días. Estudiar, votar o tener autonomía sobre nuestros cuerpos ha costado largas luchas en un extenso proceso histórico que no cesa. Aterra el retroceso de nuestros derechos hoy. Como muestra, el Proyecto de Ley 950 del Senado de PR Ley para la protección de la mujer y la preservación de la vida que se discute en la legislatura.

El derecho de las mujeres puertorriqueñas a decidir sobre la terminación o continuación de un embarazo es fundamental para nuestro desarrollo emocional, psicológico, laboral, profesional y económico. Decidir es central para la igualdad. Un estado que no garantice el derecho a la intimidad, la autonomía y al control sobre el cuerpo perpetúa una sociedad de inequidad. No le corresponde al Estado tomar la decisión al respecto. El interés de legislar el control sobre la reproducción femenina la sostiene una ideología religiosa, social y cultural que mitifica la maternidad como el estado supremo de la mujer. Como si ser mujer fuera ser madre. Según esa mirada conservadora, el Estado debería controlar las decisiones de las mujeres sobre sus cuerpos. Incluso, se pierde de perspectiva que el aborto es parte de una maternidad y paternidad responsables. En el campo constitucional es un retroceso de por lo menos cuarenta y cinco años, cuando el Tribunal Supremo de EE.UU., decidió a partir del caso Roe vs Wade en 1973 que el acceso al aborto legal y seguro está amparado por la Constitución. Los derechos constitucionales de la autonomía, la integridad sobre el cuerpo y la igualdad son centrales a nuestra noción de libertad.

Las mujeres mayores debemos contar nuestras historias a las más jóvenes. Ellas deben saber que la vida y sus trampas se desafían. El futuro comienza con decisiones que parecen temerarias, difíciles, arduas y solitarias. Abortar puede ser una decisión espinosa porque, aunque en la mayoría de los casos las consecuencias físicas son inocuas, supone derribar farallones de creencias, murallas de ideología cristalizada en una cultura sustentada por la ignorancia. Para algo deben servir las palabras.

Debemos señalar que detrás del debate y la legislación del derecho al aborto, lo que prima es el derecho constitucional a decidir sobre nuestro cuerpo y futuro; consignar que la experiencia del aborto es común e inofensiva, en la mayoría de los casos. La extracción de una muela o una colonoscopia puede ser más arriesgado que una terminación de embarazo en el primer trimestre. Un parto supone más riesgo que un aborto en el primer trimestre. Habría que recordar aquí que el parto fue una de las razones principales de muerte femenina hasta el siglo XX.

Tenemos que contar que, por ejemplo, en décadas anteriores había más clínicas de aborto; hoy solo existen seis centros en todo Puerto Rico. Relatarles que algunas decidimos utilizar nuestro derecho a terminar un embarazo a los diecinueve o veinte años sin el consentimiento de los padres, porque así lo garantizaba la Constitución. Otras lo hicieron muchísimo más tarde en sus vidas, a los treinta o los cuarenta, sin necesitar el consentimiento del esposo, ni del Estado. Un día, luego de sopesar la decisión sobre el control de nuestro cuerpo y nuestro futuro asistimos a una clínica de Planificación Familiar y pudimos confiar, porque así nos lo garantizaba la ley, en excelentes servicios médicos de primera que velaban por nuestra salud. Nuestra experiencia no fue traumática ni terrorífica. Nuestra decisión no fue irresponsable, ni a la ligera. Tomamos las riendas de nuestra vida, asumimos nuestra responsabilidad con nosotras mismas, utilizando nuestro derecho a la intimidad, a la autonomía, al control sobre nuestro cuerpo que el estado garantiza y con ello, diseñamos un futuro para nosotras más humano y liberador. No hay melodrama, tragedia, cuento de horror en esta historia. El aborto es un procedimiento de salud femenina al cual se tiene y debe tener derecho.

Hay que contar también que otras, mayores que nosotras, cuando antes del caso Roe vs Wade no se les garantizaba su derecho a la intimidad, tuvieron que ir a clínicas clandestinas, salir del país a terminar sus embarazos o tener hijos indeseados, como les ocurre hoy a las mujeres que viven en países donde todavía esa práctica médica es ilegal o en estados de EE.UU., donde se restringe a las mujeres el derecho a decidir sobre su cuerpo. Retroceder constitucionalmente, como propone el proyecto de Ley 950, no evitará los abortos sino que aumentará la cifra de muerte de mujeres y perpetuará la inequidad en nuestra sociedad.

Hay que construir y apoyar una retórica liberadora de las terminaciones del embarazo. Debe saberse que muchas así lo hicimos y lo hacemos, a diferentes edades, por múltiples razones, garantizadas por nuestro derecho a la autonomía y la intimidad. Y aquí estamos, dispuestas a organizar nuestras palabras como redes que apoyen a esas mujeres jóvenes autónomas en este presente y en el devenir.