Para no conformarnos con el nuevo libro de Nelson Rivera

 

Una reseña de Inconformes & disidentes arte puertorriqueño del siglo XXI

Hace rato la historiografía del arte puertorriqueño necesita una revisión y actualización y el nuevo libro de Nelson Rivera, Inconformes & Disidentes: arte puertorriqueño del siglo XXI (Isla Negra 2023) viene a ser un abrebocas con el propósito de abrirnos el apetito. En este sentido, es un libro absolutamente necesario en el que el autor le toma la temperatura a la producción artística contemporánea; pero lo que no escribe quizás habla más del panorama actual del ecosistema del arte en Puerto Rico. En general, el proyecto se siente como una publicación impresa con mayor urgencia que aquella que Rivera publicara en 2009. Sin embargo, este nuevo libro –que viene a conformar una especie de trilogía de publicaciones sobre las artes puertorriqueñas junto a Con urgencia (2009) e Hinca por ahí (2016)– es mucho más corto que sus proyectos anteriores, tanto como una tercera parte de la extensión de sus publicaciones anteriores. Aunque no menos importante, definitivamente Inconformes & Disidentes deja a los lectores de Rivera con las ganas de leer más, lo cual personalmente, he tomado como una invitación, una llamada a la acción, más que como agotamiento.

A diferencia de sus libros anteriores, la nueva publicación no recoge textos previamente publicados, lo cual hace gravitar inmediatamente hacia la situación actual de los espacios de publicación disponibles para las artes. Diálogo fue uno de los portales en los que Rivera publicó varios textos que luego fueron impresos en sus libros y esa plataforma ya no existe. Claridad, otro de los rotativos que publican su trabajo –aunque continúa dando la buena batalla–, actualmente confronta problemas económicos que le han dificultado muchísimo el imprimir nuevos números, por lo que se ha visto obligado a permanecer en línea y modificar su periodicidad (algo que no es nuevo para este periódico, pero que definitivamente se ha empeorado con la inflación y el desastre económico-político de Puerto Rico). Otro portal cibernético en el que Rivera ha publicado bastante en el pasado es 80 Grados y también ha sufrido bajas en sus filas que le dificulta publicar artículos con la premura que requieren, por ejemplo, las críticas de exposiciones. Ni hablar de los diarios que solían publicar columnas sobre arte con regularidad. De modo que Inconformes & Disidentes parece nacer de la propia inconformidad del autor y como respuesta a la situación actual.

El propósito del libro es demostrar que la escena artística puertorriqueña continúa firme, contra viento y marea, en este nuevo siglo, lo cual ciertamente demuestra sin problema alguno. Irónicamente, aunque recoge un listado bastante completo de publicaciones sobre arte que han nacido durante las últimas dos décadas, este mismo ejercicio acusa la escasez de publicaciones impresas en Puerto Rico. Por esta razón, aunque acaba de salir, esta lectura se siente vieja, ya que Rivera habla en tiempo presente sobre espacios digitales y físicos que existían a finales de 2020, pero que ya en los últimos tres años han desaparecido. La introducción confirma que el texto está listo desde 2021 y el rigor académico le convidó a limitarse a esas primeras dos décadas del nuevo milenio; el atraso en la impresión es comprensible con la crisis general que ocasionó el COVID 19 y los altos costos del papel. Sin embargo, este detalle pone de relieve el hecho de que en Puerto Rico no se ha publicado un libro de historia del arte por lo menos desde el año 1998.

Es cierto que se han publicado gran cantidad de catálogos de exposiciones, libros monográficos y textos temáticos. Los libros anteriores de Rivera son compilaciones de ensayos, conferencias y críticas de arte (Hinca por ahí, se expande a otros temas, pero incluye varios textos sobre artes visuales). Pero hace más de veinte años que no se imprime una historia del arte que revise el trabajo anterior a la luz de los nuevos hallazgos y que actualice el trabajo de la Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico cuando publicaron Puerto Rico: arte e identidad (1998). La situación empeora al tomar en consideración el argumentado que hemos hecho algunos sobre este último libro: que no constituye propiamente una historia del arte, puesto que omite casi toda la producción artística previa a la pintura de Campeche y tampoco incluye arquitectura, fotografía, ni los nuevos medios que ya a finales de los 80s comenzaban a desarrollarse en el archipiélago borinqueño. Para hacerle justicia, hay que aclarar que este libro nunca afirma ser una historia del arte; si lo tomamos como una publicación temática, cuyo fin es el demostrar que el gran tema de nuestro arte a la altura de finales del siglo XX es la afirmación de la identidad nacional, hay que aceptar que, con sus luces y sombras, ha sido exitoso. No obstante, esto implica que no se ha publicado una historia del arte de Puerto Rico desde 1994: la Historia General de Artes Plásticas en Puerto Rico, Tomo 1 de Osiris Delgado. Pero “a falta de pan cazabe”, así que hemos hecho de Puerto Rico: arte e identidad la biblia de la historia del arte puertorriqueño, y esto convierte a quienes ha desmontado los argumentos que ahí se esgrimen, entre los que se encuentra Nelson Rivera, en herejes. Un título que, al autor en su disidencia, no parece molestarle en absoluto y que reafirma en Inconformes & disidentes al crear una especie de glosario del arte contemporáneo puertorriqueño en el que consolida los argumentos que había estipulado anteriormente.

 

Luego de la reflexión sobre la situación de la historiografía del arte en Puerto Rico, y la utilidad de este texto, los estándares del autor de “Picarse las patas, esto es, hacer crítica de arte en Puerto Rico” (2009) me convidan a hacer algunas críticas de Inconformes & disidentes. La metodología, por ejemplo, resulta curiosa por su hibridez; se entiende que Rivera se formó en la academia del siglo pasado, aunque su enfoque sea el arte contemporáneo. Me refiero, por ejemplo, a su insistencia en marcar cada siglo con un genio artístico que sobresale de entre sus contemporáneos. Yo creo en las palabras de Max Ernst cuando afirmó que “El arte no lo no produce un artista, sino varios. Es, en gran medida, producto del intercambio de ideas entre ellos”. Por otro lado, las categorías en las que divide a los artistas cada vez funcionan menos y el propio autor lo reconoce al mencionar que a algunos lectores les sorprenderá encontrar a una artista particular dentro de una sección en la que no parece encajar, pero inmediatamente defiende su decisión de catalogarla en bajo esa etiqueta. Con algo de ironía, al final del libro se ve obligado a incluir una sección titulada “Medios interdisciplinarios”, por lo que impera la pregunta: ¿existe algún artista vivo que no sea interdisciplinario? Amén a que usualmente hay uno o dos medios que cada artista maneja mejor que los otros y que suelen marcar su carrera. Empero, incluso quienes practican la pintura, cual devotos de una antigua fe, también practican el dibujo, por lo que no le veo la utilidad al pasar juicio sobre si es mejor pintor o dibujante, pues estas dos disciplinas son complementarias. Las categorías contempladas en el libro son: Pintura, Dibujo, Escultura, Grabado, Fotografía, Cerámica, Video, Performance y Medios Interdisciplinarios, por lo que me pregunto en cuál de estas deberíamos clasificar la pieza sonora del propio Nelson Rivera que consiste en una guagua “tumba cocos” que repite “este es un ruido innecesario”. Claro está, este sistema de clasificación no es una invención de Rivera y si algo nos demuestra este disloque es la necesidad de que las metodologías de la historia del arte se adapten a los tiempos. (Un tema de moda en la academia, la cual actualmente cuestiona desde las etiquetas que arrastramos desde los escritos de Johann Joachim Winkelmann, hasta si es necesario o no el ofrecer cursos introductorios de “arte occidental”, entre otras cosas.) Se entiende que el resolver estos asuntos es una tarea para la que no hay espacio en Inconformes & disidentes, sin embargo, Rivera sí podría haber consolidado la cerámica con la escultura, ya que menciona que ha sido aceptado el barro como un medio más dentro de las artes visuales.

La introducción del nuevo libro de Rivera da la impresión de que basó su investigación en un trabajo de archivo, realizado principalmente en el Centro de Documentación de Arte Puertorriqueño del Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, por lo que supongo que los artistas que omite son aquellos que no han sido bien documentados. Se sabe también que Puerto Rico cuenta con una gran cantidad de artistas y que este trabajo no pretendía ser una publicación tipo Las vidas de Giorgio Vasari, aunque Rivera lo cite en su epígrafe. No obstante, sorprende no encontrar nombres como los de Enoc Pérez y Brenda Torres, así como los de artistas más jóvenes con carreras bien definidas que nos han representado en foros internacionales como lo son Tari Beroszi y Natalia Lasalle. Se excusarían las omisiones de no ser por el estilo de glosario que se le imprimió al texto al colocar en negritas los nombres de los artistas que se discuten y porque se incluye, con justicia, a artistas jóvenes que tienen carreras más cortas.

Con todo, como historiador del arte, no puedo tomar esta publicación de otra manera que no sea como una provocación hacia mi gremio, en especial a los historiadores de las últimas generaciones. Supongo que toda crítica puede ser contestada con un simple: hazlo tú, es tu turno. Por lo cual tomo Inconformes & disidentes: arte puertorriqueño en el siglo XXI como un pase de batón; y como tarea pendiente: el incluir a los que Rivera ha dejado fuera de su dramática lista de cuatro páginas de extensión en la que recoge a la mayoría de nuestros artistas y el rescatar a los que han sido olvidados por el discurso oficial del “arte en Puerto Rico”. El proyecto que nos propone Rivera es claro: una historia del arte puertorriqueño. Huelgan las preguntas, ¿qué estamos esperando? ¿Acaso a que una fundación estadounidense nos ofrezca una beca para desmontar su propio colonialismo?

 

 

Artículo anteriorGala Pro-fondos del Carromato del Teatro Universitario y presentación de El Gran Circo Eucraniano de Myrna Casas
Artículo siguienteCrucigrama Mario E. Velázquez Rivera