Especial para CLARIDAD
1.
“Banquete total” es como algunos analistas han descrito el proyecto de Reforma Judicial del Presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz. “Banquete total”, sin embargo, es lo que ya existe en la Universidad de Puerto Rico para el Partido Nuevo Progresista.
No es falso decir que la actual ley universitaria abre la puerta a la intromisión político-partidista. En efecto, la autonomía universitaria ha sido, desde las bocas de los políticos, un eufemismo para encubrir su intromisión, y, para la comunidad universitaria, una aspiración. Pero también hay que reconocer que nunca antes la intromisión político-partidista se había dado de manera tan vulgar y descarada.
2.
La política pública neoliberal simultáneamente promueve el desmantelamiento del Estado y la centralización en la toma de decisiones. Ambos procesos se acentúan con el objetivo de enriquecer al sector privado. Ambos procesos estimulan el desvío de fondos públicos a bolsillos privados. Se desmantela el Estado para privatizar servicios públicos y convertirlos en mercancía para la ganancia; se centraliza la toma de decisiones para asegurar que los fondos destinados al sector privado recaigan sobre algunas manos particulares, que a su vez favorecerán al sector político que les enriqueció. No en balde, el neoliberalismo profundiza, cada vez más, el autoritarismo y la corrupción.
3.
Desde el punto de vista de la toma de decisiones, la Universidad de Puerto Rico ya no parece universidad. Estamos ante el despotismo de la fábrica tradicional, pero en un espacio cuyo fin se supone que sea el desarrollo colectivo del conocimiento y, por tanto, un espacio de diálogo y discusión.
La universidad es rehén del Partido Nuevo Progresista.
Zayira Jordán Conde, tan reciente como el 19 de marzo, recibió a la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios con los portones y las puertas cerradas de Administración Central. Quizás no sea mal símbolo del estado actual de la gerencia universitaria – la Presidenta, encerrada en su oficina, sola.
La Junta de Gobierno, tan reciente como el 26 de marzo, votó en contra de darle audiencia a los rectores destituidos. Les negó la voz. Acto seguido, votó, ilegalmente, para que la discusión sobre las destituciones ocurriera fuera de la transmisión en vivo, para que todo se ocultara detrás de las tinieblas. La Junta de Gobierno restringe el diálogo con sectores y apuesta por la toma de decisiones secretas. Los símbolos salen por sí solos – la Junta de Gobierno, en la oscuridad, más por maldad que por vergüenza.
4.
Repasemos la periodización de los sucesos recientes:
- El 21 de junio de 2025, Zayira Jordán Conde es elegida Presidenta de la UPR por la Junta de Gobierno, sin contar con el aval de ningún cuerpo universitario. La Junta necesitó dos rondas de votación para tomar la decisión. En la primera, ninguno de los candidatos obtuvo una mayoría. Luego de la intervención de Francisco Domenech, quien llamó a miembros de la Junta de Gobierno para que cambiaran su voto, Jordán Conde salió corruptamente triunfante en la segunda votación.
- El 29 de enero del 2026, por dos votos no se aprobó una moción en la Junta de Gobierno de la Universidad de Puerto Rico para destituir a la Presidenta Zayira Jordán Conde.
- El 6 de febrero, Jenniffer González nomina a Vanessa Santo Domingo para ocupar una vacante en la Junta de Gobierno. Al cuestionarle por qué nomina a Santo Domingo, Jenniffer González contestó: “porque hay una vacante”.
- El 23 de febrero, Vanessa Santo Domingo es confirmada por el Senado de Puerto Rico, con los votos del Partido Nuevo Progresista, del Partido Popular Democrático y del senador independiente Eliezer Molina.
- El 24 de marzo, el mismo día de la Comisión Total del Senado con Francisco Domenech, Zayira Jordán Conde destituye a cinco rectores de la UPR.
- El 26 de marzo, Gonzalo Córdova Santini nomina y la Junta de Gobierno elige a Vanessa Santo Domingo como su vicepresidenta. Además, ratifica la destitución arbitraria de cinco rectores de la UPR, hecha por la Presidenta Zayira Jordán Conde.
La crítica a las destituciones de los rectores, hay que aclarar, no necesariamente conlleva un apoyo a la gestión de estas personas. Todos estos rectores fueron, también, avalados por estos mismos cuerpos despóticos de gobierno universitario. Pero la acción no deja de ser perjudicial, independientemente de las personas que ocupaban esas sillas. Las destituciones ocurren en medio del semestre, durante el proceso de admisión estudiantil para la UPR, y en momentos apremiantes para la retención estudiantil. La salida de los rectores puede implicar, en varios de estos casos, un cambio en el equipo gerencial del recinto, como los Decanatos de Asuntos Académicos y los Decanatos de Asuntos Estudiantiles. Dan una imagen de inestabilidad en el sistema. En efecto, inestabilizan al sistema. Las destituciones arbitrarias, políticas, fueron refrendadas por la Junta de Gobierno de la UPR, que, a estas alturas, pudiéramos sencillamente llamar la Junta de Gobierno del PNP. A la Presidenta y la Junta de Gobierno, por tanto, no les importa aumentar la cantidad de estudiantes en el sistema.
Hace algunos meses, las pugnas internas del Partido Nuevo Progresista se expresaban de manera clara al interior de la UPR. Ahora, queda demostrado que quien controla es el sector de Jenniffer González. Parece que la “guerra” de facciones del PNP produjo, en la UPR, la victoria de una de las partes, en lo que simultáneamente exacerba la derrota de la universidad. Ni la Presidenta ni la Junta valoran el diálogo. No son democráticos, y tampoco son universitarios.
En una columna titulada “La universidad acéfala”, publicada en la revista digital La Propuesta el 23 de enero, escribí lo siguiente: “El neoliberalismo, bien entendido, impulsa un plan negativo. ‘Que el mercado decida’ implica retirar los controles sociales o estatales de toda institución. Implica, por tanto, no tener que pensar. Todo valor, toda categoría, se subordina al principio del mercado. […]
Así es, por extensión, la universidad neoliberal. La universidad neoliberal es una universidad acéfala. Implica no pensar la universidad, sino subordinarla al mercado. Implica no poner énfasis en el desarrollo del conocimiento, sino en atraer clientes que se desarrollen para la fuerza laboral. Carece de afán democratizador y de accesibilidad, pues, ¿qué visión sobre lo accesible promueve el mercado?
La presidencia de Zayira Jordán Conde parecería ser la coronación – hasta ahora – de la universidad acéfala.
No son palabras menores: Jorge Haddock, Luis A. Ferrao y Miguel Muñoz hicieron un tremendo esfuerzo para pensar tan poco. Con gran brío lograron no hacer nada con respecto a los recortes presupuestarios. Llevaron a cabo un gesto titánico en aras de reducir la propuesta académica a una cuestión de oferta de mercado. Pero solo Zayira ha puesto a los intereses de la Asociación de Constructores por encima del debate académico, solo ella ha pulverizado totalmente el diálogo para reemplazarlo por personalismos, micromanejos. Nadie antes había gobernado la institución conociendo tan poco de ella, de su historia, de su forma de organizarse. Con Zayira queda de manifiesto, también, que nadie en la Junta de Gobierno piensa la universidad. Aunque eso, hay que decirlo, era evidente desde mucho antes”.
6.
El problema de la UPR no se limita al despotismo de la fábrica, ni a la incapacidad de la gerencia en crear un horizonte hacia el que dirigir la universidad. No es solo la centralización despótica del poder, sino también la destrucción de la universidad a través de los recortes. A la Universidad de Puerto Rico la han lentamente desmantelado. Aunque el trasfondo es más amplio, empecemos desde que estalló la crisis de la deuda en Puerto Rico. La Ley 66-2014, del gobierno de Alejandro García Padilla, congeló el presupuesto de la UPR en $834 millones. Por el aumento en el Fondo General, se supone que creciera el presupuesto de la UPR en unos $70 millones (por tanto, a $904 millones). Sin embargo, estos fondos se destinaron, en su lugar, al pago de la deuda impagable.
Con la llegada de la Junta de Control Fiscal en el 2016, hace ya 10 años, lo que en un momento fue un presupuesto congelado llevó a un proceso de continuo recorte: año tras año, el presupuesto, ya insuficiente, se reducía, haciendo a la universidad inoperante.
Luego, con la aprobación de la Ley 53-2021, del Partido Popular Democrático, y con el apoyo del Partido Nuevo Progresista, se limitó el presupuesto de la UPR proveniente del Fondo General a un máximo de $500 millones de dólares. Sin contar las partidas adicionales no-recurrentes, ese número ha tendido a ser $440 millones.
Del 2014 al 2026, el Fondo General de Puerto Rico ha aumentado en un 35.8%, de $9,640 millones a $13,095 millones. Del 2014 al 2016, los recursos del presupuesto de la Universidad de Puerto Rico que provienen del Fondo General han disminuido en un 47.2%, de $834 millones (que implicaban, ya, un recorte) a $440 millones.
La universidad ha dejado de devengar más de 3 mil millones de dólares en este proceso. En lugar de sostener de darle mantenimiento a las residencias estudiantiles, estos fondos han sido destinados a los bonistas; en lugar de reducir los costos de estudio, estos fondos han ido a LUMA; en lugar de llegar al salón de clase, estos fondos se han paseado por la Junta de Control Fiscal; en lugar de aprovecharse para la educación, han enriquecido a inescrupulosos.
El efecto en la universidad de estos recortes ha sido, ya no el deterioro, sino el abandono de la estructura física. A eso se le suma la creciente precarización de la fuerza laboral. Por supuesto, en esta versión neoliberal y bizarra del Titanic, mientras se hunde el barco, hay todavía recursos suficientes para el derroche y para el desvío a bolsillos privados.
7.
La UPR no enfrenta una crisis académica. No enfrenta una escasez de propuestas o ideas provenientes de la comunidad universitaria, a pesar de que los espacios de diálogo no son promovidos por la gerencia. Enfrenta una agresión política. Por lo tanto, la respuesta debería necesariamente ser política. Es decir, la respuesta debería incluir una visión de la universidad y pasos para materializar esa visión.Ya hay propuestas que buscan atender los dos problemas centrales de la UPR, el de su gobierno interno (el vocabulario neoliberal diría gobernanza) y el presupuestario. Con respecto al de su gobierno interno, existe una propuesta de cambio de Ley Universitaria, promovido por la Comisión Multisectorial de Reforma Universitaria, que cuenta con sectores estudiantiles, docentes, no docentes y de las comunidades aledañas. La misma busca aprobar una verdadera autonomía universitaria, para que sea la comunidad universitaria quien gobierne su espacio. En este cuatrienio, se presentó este proyecto como el Proyecto de la Cámara 880.
Existe, también, una propuesta para aumentar los fondos que recibe la UPR del Fondo General. El Proyecto de la Cámara 1201, de la autoría de Denis Márquez Lebrón, del Partido Independentista Puertorriqueño, se propone aumentar, por dos años consecutivos, el presupuesto de la UPR en un 33%. El tercer año, y de acuerdo al tamaño de la economía, o se haría un aumento de la misma magnitud, o se reestablecería la fórmula presupuestaria que establece la Ley 2-1966, según enmendada.
Las propuestas, sin embargo, por sí solas son insuficientes. No nos encontramos, como se ha dicho, en un espacio de debate de ideas, ni en la universidad ni en el gobierno. No es que las mejores ideas se apoyan. El despotismo no dialoga. Solo la autoorganización de la comunidad universitaria y la presión política pueden impulsar estos proyectos, para devolverle un propósito y una visión al quehacer universitario.
Los estudiantes en distintos recintos han impulsado paralizaciones para trastocar el día a día de la universidad neoliberal. En todos estos recintos, además de la exigencia de la renuncia a la Presidenta Zayira Jordán, empieza a resonar el reclamo de reforma universitaria, de presupuesto adecuado. Estos reclamos, poco a poco, se van moviendo, correctamente, al centro: la inmediatez de la vulgaridad de Zayira y de la Junta de Gobierno no puede llevarnos a olvidar que el problema está más allá de los individuos que toman estas decisiones, sino de la propia estructura que permitr que asuman estas sillas. Quizás los estudiantes puedan ser, como en otras ocasiones, guía de accionar para el resto de la comunidad universitaria.
Este articulo se publico originalmente en la revista impresa de CLARIDAD del mes de marzo.



