Inicio Blog Página 1682

La conciencia subjetiva del ser

Zahira M. Cruz / Especial para En Rojo

En el capítulo 6 del libro Mind, Searle discute varios aspectos sobre el yo y su relación con la identidad personal partiendo de la postura de que el dualismo cartesiano ha sido incapaz de dar cuenta suficiente sobre la mente o el yo, pues propone la existencia de una separación radical entre el cuerpo y la mente (alma), lo que propicia una concepción dualista del ser. Esta concepción dualista fue rebatida por David Hume, quien aseguraba que no existía tal cosa como un yo, sino una secuencia de experiencias psicológicas teniendo lugar en un cuerpo. Entiéndase que, para Hume solo había materia; un cuerpo teniendo experiencias empíricas y del cual no se podía predicar nada más. Entonces, Searle, quien afirma que en un momento dado simpatizó con esta postura humeana, decide que era necesario afirmar la existencia de algo además del cuerpo y sus experiencias; este algo más, sería “la noción formal del ser”. Ese ser o ese yo es un constructo, una creación de la mente que ha de acompañar todas nuestras representaciones, como diría Inmanuel Kant en Crítica de la razón pura (1781). De acuerdo a Searle, “la noción formal del ser” es producto de la capacidad que tenemos de razonar y actuar voluntaria, libre e intencionalmente de acuerdo a nuestros deseos. Ese yo se manifiesta a través de nuestra actividad mental y los actos volitivos, intencionales, que llevamos a cabo y que entendemos como nuestros porque la memoria nos da el sentido de continuidad que permite que sintamos ser uno y el mismo a lo largo del tiempo. Entonces, ese yo, esa subjetividad, lo conozco, lo experimento mediante la conciencia. Me doy cuenta de mi y de mi entorno porque tengo consciencia o momentos de conciencia; una consciencia que depende del proceso neuronal llevado a cabo en el cerebro y, de un sentido de individualidad, de cuerpo único. El fenómeno de la conciencia se constituye de unos atributos ligados entre sí y mediante los cuales podemos caracterizarla. Ramos nos señala que estos atributos son la discreción, la intencionalidad y lo momentáneo (206). De la discreción resulta que tengamos la sensación de que esos actos de conciencia pertenecen a un yo; poder decir que son míos. Esto significa tener autoconciencia, y decir que se tiene autoconciencia es decir que se da una reflexión de la conciencia mediante la cual uno se da cuenta de su propia actividad consciente. Este proceso se encuentra vinculado al lenguaje, pues, somos animales hablantes y esta reflexión la hacemos “en virtud de la articulación que el lenguaje lleva a cabo de ese aspecto de la actividad mental que le permite a la consciencia identificarse como sujeto hablante” (207). Podría decirse que esto es así porque pensamos en palabras. El segundo atributo destacado y definido por Ramos es la intencionalidad. Este atributo puede ser explicado como la “pulsión aprehensiva del deseo”; esto quiere decir que la consciencia responde al anhelo de aprehender lo que se desea, responde a nuestra condición humana, pues somos seres deseantes y la consciencia, por lo tanto, también se encuentra afectada por este hecho. La consciencia se dirige hacia aquello que anhelamos y en este sentido, dependerá de la individualidad de cada cual. Importante es recordar que eso que deseamos tiene una dimensión inconsciente. No siempre estamos conscientes de lo que deseamos.

Para explicar el proceso que es la consciencia, es necesario considerar y entender su tercer atributo; lo momentáneo que hay en ella. La consciencia es un fenómeno en fuga del que se dice podemos ser conscientes de las consecuencias de su aparecer y desaparecer (210). Como fenómeno en fuga, es un proceso que se da en fragmentos y que al igual que el yo se encuentra en constante regeneración. “La invención de sí mismo” es lo que permite, entonces, que los actos de conciencia se entiendan como un todo. Estar consciente de sí mismo es darse cuenta de un cuerpo singular y de lo que sucede en ese cuerpo a nivel de pensamiento. Los actos de consciencia se dan en ese cuerpo que, gracias a la invención de sí mismo, entiendo y experimento de acuerdo a mi particularidad.

Searle se acerca al fenómeno de la consciencia desde una postura “biológica naturalista”(78), enfatizando el carácter biológico de los estados mentales, a diferencia de Llinás que, parecería reducir estos procesos únicamente a su base neurobiológica. Los estados mentales tienen lugar en el cerebro, pero no es solamente cerebro lo que hay, sino que debemos considerar, además, la unión que existe entre el mundo externo y el interno, y que por lo tanto, los estados de consciencia se referirán tanto a objetos del mundo físico real como a imágenes psíquicas. En este sentido se puede decir que la conciencia es causal, puesto que es el resultado de un proceso neurobiológico de causa y efecto; tan pronto percibo por medio de las sensaciones, reacciono. En los capítulos 4 y 5 de su libro, Searle discute el problema de la consciencia en términos de los acercamientos reduccionistas del materialismo y el dualismo. El materialismo reduce los estados de consciencia al proceso neurobiológico alegando que la consciencia no es más que un proceso del cerebro. De esta forma dejan fuera el elemento de la experiencia consciente, el elemento subjetivo sin el que no se puede ofrecer una explicación completa sobre el fenómeno de la consciencia. Hablar de la conciencia únicamente en términos neuronales es eliminar la consideración necesaria de la experiencia subjetiva. Sin esa experiencia no daríamos cuenta real de la consciencia, pues, para ello hay que reconocer que existe porque la experimentamos, porque tiene una dimensión causal y cualitativa que se experimenta a través de nuestro cuerpo (81-82). Hablar de ella solo en términos neurobiológicos es reducirla a términos objetivos de tercera persona cuando realmente se debe explicar considerándola tanto a nivel subjetivo (primera persona), como a nivel objetivo, puesto que realmente no hablamos de dos cosas diferentes (89). La conciencia de acuerdo a Searle es un aspecto del cerebro compuesto de experiencias ontológicamente subjetivas. Se trata del mismo sistema a diferentes niveles. La postura dualista por su parte, tal como la explica Searle, afirma que existen dos niveles metafísico ontológicos, uno mental y otro físico. Pero para él esto es innecesario y conduce a dificultades puesto que se puede dar cuenta de los hechos de la primera persona tanto como los de la tercera persona sin la postulación de la existencia de los dos dominios.

El neurofisiólogo Rodolfo Llinás en su libro The I of the Vortex, ha querido explicar el proceso evolutivo de la conciencia en términos neurobiológicos, en donde el movimiento de los organismos es la condición de evolución del sistema nervioso y la conciencia. Esto es así porque considera que los procesos mentales son los encargados de realizar las predicciones de los resultados que tendrá cada movimiento realizado. La predicción, de acuerdo a Llinás, es la función última y más penetrante de todas las funciones del cerebro, y debido a su proceso, aquél en el que se interrelaciona el cerebro con el mundo exterior para establecer la predicción, es que surge el ser (“the self”). “El ser”, en este proceso, es el constructo que une los componentes fracturados de la realidad interna y externa como un uno. Queda “el ser” definido por Llinás entonces, como un evento temporal coherente que une la realidad interna con la externa (126). “It is a covenient and exceedingly useful invention on the part of the brain” (126). “It is just a particular mental state, a generated abstract entity we refer to as “I” or “self” (127). Ante estas afirmaciones, para efectos de lo discutido en clase, encontramos una objeción, y es que en ellas no se considera el hecho de que el cerebro es una estructura del organismo, pero no es todo el organismo. En este sentido, hace falta reconocer que, tanto el cerebro como el organismo son responsables de que se genere lo que llamamos mente, y que la mente a su vez, genera la idea del cuerpo. Entonces el ser, el sí mismo, es un individuo compuesto de mente y cuerpo (Nama-Rupa). Decir que el ser es una construcción del cerebro nada más, es una postura materialista, por lo tanto, reduccionista.

Recapitulando, debemos tener claro para acercarnos a la idea del yo y a la invención de sí mismo, que el cerebro está todo el tiempo autorregulándose, por eso no podemos identificar a un yo tangible en ninguna parte del cerebro, tampoco podemos hacerlo con la conciencia o la inconciencia. El yo es la imagen que cada cual se hace de sí mismo en función de un cuerpo, a diferencia del sí mismo, que es una invención hecha a partir de la singularidad o particularidad de cada cual. Importante es recordar también a Heráclito y su devenir, puesto que todo lo que ocurre, ocurre en medio del devenir; ese constante aparecer y desaparecer de todo lo que hay; lo que está siempre. Entonces, el devenir entendido de esta forma, tal como lo discutimos en clase, es la categoría ontológica que permitirá el surgir y el desaparecer de los fenómenos, tanto físicos (objetos) como mentales (imágenes), puesto que, son fugaces. Así mismo hay que entender la idea del yo como algo que está constantemente construyéndose por el cerebro; algo que surge, persiste y cesa.

Mediante nuestras experiencias, obtenemos percepciones que se van generando en el cerebro como imágenes, y a cada imagen le corresponde una idea creada por la mente. Esa idea va cargada de afectos, entendidos estos como una emoción o algo que nos mueve, una fuerza vital (Spinoza). A esta dimensión afectiva de la experiencia la conocemos por pathema. De acuerdo al psicoanálisis hay una dimensión del pensamiento de la que el yo no se percata, por eso se puede decir que hay una dimensión inconsciente del deseo. Dado el caso que para Spinoza el deseo (cupiditas) es la esencia del hombre, habría que añadir el hecho de que para Lacan, la esencia del deseo es el lenguaje. El lenguaje figura como un principio de organización afectiva ya que mediante él se orienta lo que sentimos, lo que queremos, las cualidades primarias de la experiencia (afectos) y que tienen como referente al deseo.

De acuerdo a El estadio del espejo, la formación del inconsciente dura hasta los 18 meses de edad, y es durante esa etapa denominada el estadio del espejo, que comienza a formarse la idea del yo y se desarrollará totalmente con el lenguaje. Con el desarrollo del lenguaje el infante se irá estructurando y desarrollando su sentido de identidad, y a su vez, la idea del yo y su relación con la realidad, puesto que el lenguaje atañe a todo lo que aparece, y la estructura ontológica del ser humano está vinculada a la posibilidad de nombrar lo que hago e imagino (lo que aparece o se me presenta).

Para concluir, debemos vincular esto a las enseñanzas de Buda, partiendo de lo que implica el pathema: los afectos. La dimensión de los afectos es parte de nuestra condición humana y lo propio de ella es la crisis. Se trata de una insatisfacción existencial cuya causa proviene de lo que ya dije: somos seres deseantes, y la ley del deseo es seguir deseando, aún cuando nunca se encontrará aquello que nos satisfaga completamente. Entonces surge la pregunta: ¿Qué hacer con lo que padecemos? ¿Cómo no quedar presos de nuestros deseos? Buda, mediante la constatación de lo real (la vida y la muerte) y en función de ello, propone la ética del óctuple sendero y una doctrina en dos dimensiones que pretende explicar lo que es un individuo y el por qué surgen las cosas. Destaca cinco agregados que constituyen al individuo y que en psicología nos conducen a hablar de personalidad: sensaciones, percepciones, consciencia, formaciones mentales y materia. El entramado de ellos hacen posible al individuo en general y al individuo en particular. De acuerdo a esto, el psicoanálisis, la neurociencia y el budismo, coinciden en que eso que llamamos yo, no tiene un referente real, ni material ni inmaterial, sino que es una construcción de la mente. El yo no tiene una realidad propia independiente del cuerpo y de la mente, sino que es una simple función del psiquismo. No existe una identidad personal permanente e idéntica a sí. Para el Buda lo que hay es el devenir: vivir, morir y renacer. No hay una entidad permanente en este proceso.

En esta nota reseño los capítulos 4, 5 y 6 del libro Mind (2004) de John R. Searle, el capítulo 6 del libro The I of the Vortex (2001) de Rodolfo Llinás y los fragmentos 2.73 al 2.97 del libro La invención de sí mismo (2008) de Francisco José Ramos. Si está un poco pesado, aguanten presión. Que no todo es liviano.

La desigualdad juega en la cancha

Es mucho lo que se habla en estos días del deporte femenino puertorriqueño y sus logros. Las hazañas recientes han sido muchas, desde las pioneras clasificaciones mundialistas de las selecciones de baloncesto y béisbol, hasta los éxitos de nuestra delegación femenina en los recién concluidos Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla, Colombia. Y la semana pasada el oro logrado por el seleccionado nacional en el Centrobasket femenino celebrado en Manatí. Para mi alegría, los logros en la cancha se han celebrado y éstos se han acompañado de reclamos para una mayor equidad en la financiación del deporte femenino, más visibilidad en la prensa y mayor apoyo gubernamental y de la empresa privada. Estos reclamos son reflejos de que, aún si deportivamente hablando han habido muchísimos avances, no necesariamente va a la par el desarrollo institucional del deporte femenino. Estas últimas semanas vimos algunos ejemplos, en Francia, Estados Unidos y en Puerto Rico, que demuestran cómo la desigualdad sigue jugando en la cancha.

El vestido de Serena

El tenis es sin duda de los deportes con más reglas que no necesariamente se limitan al aspecto deportivo. Su carácter y tradición aristócrata contribuyen a cuán estricto son los códigos de vestimenta. Por ejemplo, en Wimbeldon es requerido vestirse exclusivamente de blanco, esto incluye además de la ropa, los accesorios, zapatos, etc. Esta regla se remonta a la época victoriana en los 1870’s donde se veía que el sudor era algo negativo y se pensaba que el blanco no solo era un color más fresco y que por ende provocaba menos sudor, sino que también la ropa blanca enseñaba menos el sudor. Así, más de cien años después, todavía hay jugadores y jugadoras que son regañados en Wimbeldon si, por ejemplo, llevan la suela del zapato no blanca, como le sucedió a Roger Federer cuando usó unos tenis blancos con suela naranja, o ambas hermanas Williams por usar ropa de colores llamativos debajo de la ropa de jugar blanca. Incluso, Andre Agassi, quien siempre resaltó por lo llamativo de su vestimenta, boicoteó el torneo del 1988 al 1990 por la regla de la vestimenta, aunque luego decidió jugarlo y en el 1992 lo ganó.

Así, este año, Serena Williams regresó a las canchas luego de dar a luz a su primera hija. En el torneo francés Roland Garros se puso un conjunto completo que le cubría todo el cuerpo e incluía pantalones. Luego de concluido el torneo, el Presidente de la Federación Francesa de Tenis, Bernard Giudicelli dijo que ese modelo (“catsuit”) no se permitiría nuevamente en el Roland Garros. Y añadió que aunque no pretenden ser tan estrictos como Wimbeldon, que el torneo francés institucionará un código de vestimenta, “porque a veces van demasiado lejos”, y específicamente refiriéndose al unitardo de Serena dijo “ya no se aceptará más, hay que respetar el juego y el lugar”. Serena explicó que luego de un parto muy complicado, ella usa esa vestimenta para ayudarla con los coágulos que fueron parte de la complicación al dar a luz.

Las críticas no se han hecho esperar, desde otros jugadores y jugadoras, como Andy Roddick, hasta el público en general. La mítica jugadora estadounidense y defensora de los derechos de las mujeres y de la igualdad de la mujer, Billy Jean King salió en su defensa argumentando que “la vigilancia de los cuerpos de las mujeres debe terminar, el ‘respeto’ que se necesita es para el talento excepcional que Serena Williams trae al juego; criticar lo que se pone para trabajar es donde radica la verdadera falta de respeto”.

Alizé Cornet y el cambio de camisa

Alizé Cornet, jugadora francesa de tenis, se tomó un receso de diez minutos como parte del reglamento del US Open de tenis, donde si está más de ciertos grados, o sea, súper caliente, las jugadoras se pueden tomar un receso e incluso cambiarse de ropa. Cuando la jugadora regresó tenía la nueva camisa puesta al revés, al darse cuenta se retiró al fondo de la cancha y se la cambió. Acto seguido el árbitro la amonestó (le dio un “warning”). Esto creó un gran escándalo, pues salieron a relucir numerosas imágenes, incluso de este mismo torneo este año, de jugadores masculinos sin camisa, tomando recesos entre sets y sin recibir ni amonestaciones por partes de los oficiales, ni reacciones de los medios ni las redes sociales, ya que era visto como “algo normal”.

Posteriormente, y ante numerosas críticas, la USTA (Federación de Tenis de Estados Unidos) se disculpó con la jugadora y aclaró que en el futuro esto no se amonestaría. Pero ya la doble vara era evidente y este incidente, justo una semana después del de Serena, demuestra no solo cómo los códigos son diferentes para las mujeres y para los hombres, sino que en un sinnúmero de ocasiones, en el deporte femenino se acaban discutiendo asuntos que no tienen que ver con el rendimiento de las atletas, sino su vestimenta, su comportamiento fuera de la cancha, etc.

Protesta de las futbolistas puertorriqueñas

La semana pasada el fútbol femenino puertorriqueño tuvo gran presencia en las redes sociales, incluso fuera de la Isla, y fue noticia en los medios de los cuales usualmente está ausente. Y es que la selección femenina tuvo dos amistosos en la Isla contra la selección argentina y las jugadoras utilizaron ambos como plataforma para presentar una protesta contra la Federación Puertorriqueña de Fútbol exigiendo mayores fogueos y más recursos para poder subir su nivel internacional.  La selección femenina está en la posición 99 en el ránking mundial de la FIFA y tiene mayores posibilidades del combinado masculino de llegar a un Mundial debido a su posición en la región. Pero para esto, necesitan mayores recursos, fogueos con buenas selecciones, entrenamientos, y esto es lo que le exigen a la Federación. Antes de comenzar el primer partido ante Argentina que se celebró en Mayagüez antes unas 3,000 personas-de las mayores asistencias a un juego de fútbol femenino en la Isla-cuando las jugadoras argentinas sacaron la bola, las boricuas se pusieron en el centro del campo y se taparon los oídos, como una petición a ser escuchadas. Esta es la imagen que se regó como pólvora y que ha tenido mucha repercusión internacional y mucho apoyo, tanto en la Isla como afuera. En el segundo partido salieron al campo con una pancarta que leía “FPF queremos acción y continuidad”.

En un periodo en que tantas atletas están representándonos dignamente, sería positivo que la noticia del fútbol femenino sea de cómo jugaron, enfrentando a una selección argentina que está entre las primeras 35 del mundo, etc, pero desafortunadamente dada las condiciones, el enfoque ha sido en otros aspectos. Esperamos que el saldo sea positivo y que logren sus reclamos. Curiosamente el seleccionado argentino está envuelto en su propia pelea con la AFA exigiendo equidad salarial, un tema que cada vez es más recurrente en las selecciones de fútbol en el mundo, dada las gran brecha entres los salarios de las selecciones masculinas y femeninas.

Sin duda el deporte femenino ha tenido grandes avances pero falta muchísimo, ya no en términos estrictamente deportivos, sino en todo lo estructural, lo que refleja las desigualdades latentes en la sociedad.

Excelentes documentales puertorriqueños: Vietnam, Puerto Rico y La cultura de la ignorancia

Conversando con el cineasta Monchy Almodóvar de un proyecto que nos requiere revisitar el cine puertorriqueño desde sus comienzos hasta el presente ambos estuvimos de acuerdo de la excelente producción de documentales en esta década y sorprendentemente en los últimos dos años. Pensemos tan solo en los más recientes que han tenido acceso a los cines de Fine Arts: 1950 La insurrección nacionalista de José Manuel Dávila Marichal y Nuyorican Básquet de César Torres y Ricardo Olivero Lara, y anteriormente dos de los mejores ecodocumentales en manos de Sonia Fritz: 15 Faros y Mona, tesoro del Caribe. A este caudal se suman Vietnam, Puerto Rico de Gabriel Miranda y La cultura de la ignorancia de Francisco “Paco” Vázquez.

Tanto Vietnam, Puerto Rico como La cultura de la ignorancia son proyectos personalizados ya que tanto Miranda como Vázquez dirigen, escriben y producen su documental lo que les da el control que necesitan para presentar su temática en el estilo que escojan. Son proyectos que pudieron tardar de dos a cuatro años con fondos (“crowdfunding”) que consiguieron poco a poco y sin ataduras. Esto les da una gran libertad para decir y hacer lo que quieran. Por eso pueden abiertamente culpabilizar a los políticos de turno —que la mayoría de las veces llevan años en su poltrona política— criticar sus acciones y favorecer una solución en particular.

Vietnam, Puerto Rico, para los que no conocen este sector geográfico, puede dar la impresión que se trata de historias de veteranos y opositores de esa guerra de reclutamiento obligatorio. Lo que descubrimos de inmediato es que la historia gira alrededor de los todavía residentes de la barriada Vietnam en un sector colindante con los manglares de Cataño y Guaynabo. Y aunque desde el principio conocemos a algunos de sus residentes quienes ellos o sus padres llevan ahí desde el rescate de estos terrenos que se hizo en la década de 1950, la lucha que los une es el empeño del alcalde de Guaynabo de expropiarlos para dar paso a su proyecto “The Guaynabo City Waterfront”. Siempre hemos conocido a Héctor O’Neill como un adversario confrontacional que a través de sus 24 años en la alcaldía ha hecho y deshecho lo que le viene en gana. Gracias a que una mujer no se dejó amedrentar y lo denunció como agresor sexual, O’Neill tuvo que renunciar en junio pasado y será enjuiciado próximamente.

Cualquier puertorriqueño pobre que tenga una pequeña vivienda cerca del mar, rio, bahía, playa o mangle están en peligro de que los especuladores descubran el lugar y decidan desarrollarlo para el uso y disfrute de los adinerados. A pesar de que los residentes de Vietnam tienen su título de propiedad y de que su sector es protegido por la Ley de Comunidades Especiales creada bajo la gobernación de Sila Calderón, los jueces, alcaldes, legisladores pueden engañar, amedrentar, amenazar abiertamente y cambiar las leyes para que ellos sean los favorecidos. Y eso es precisamente lo que sucede aquí. Por eso de las casi 900 familias que una vez habitaron Vietnam, ahora quedan 200 entre casas destruidas, escombros que nadie recoge, utilidades y caminos que no reparan y el continuo acoso de las autoridades municipales y estatales.

El director ha escogido un impresionante grupo de abogados, planificadores, sociólogos, economistas (Lilliana Cotto, Linda Colón, Argeo Quiñones) para contextualizar las luchas de comunidades como Vietnam. Traza de manera clara y precisa la secuencia del caso jurídico, las consecuencias del traslado de los residentes de esta y otras barriadas y el sentido de comunidad de vecinos y familiares.

La cultura de la ignorancia aborda los temas que están presentes en la discusión de Puerto Rico como colonia de los Estados Unidos con una deuda al parecer insuperable en documentales anteriores como Bancarrota de José Umpierre, Jurakán: Nación en Resistencia de Gonzalo Mazzini y Puerto Rico: The Last Colony de Juan Agustín Martínez. En este caso, Vázquez va más allá al explorar lo que él llama “la cultura de la ignorancia” lo que hace que los votantes de Puerto Rico sigan fieles al mismo partido, reelijan a los gobernantes, legisladores y alcaldes que no cumplen con sus promesas electorales, que no cuestionen las causas y razones por las que estamos en esta situación económica, y vayan en busca de otras alternativas que no sean la estadidad o el status presente.

Vázquez es contundente en cuanto a quiénes son los responsables de la deuda—no solamente nombra a cada uno de los gobernantes comenzando con Rafael Hernández Colón sino que además identifica las cantidades que cada uno le debe al pueblo de Puerto Rico. También identifica a los miembros de la Junta Fiscal Promesa con nombre, apellido y lazos fraternales, políticos y económicos con los gobiernos de Rosselló y Fortuño. En otras palabras, comienza el proceso de auditoría de la deuda que tanto hemos pedido. También incluye excelentes intervenciones del economista José Alameda, Alejandro Torres, Manuel Cidre, Aleida Centeno del Partido Nacionalista y el mejor testigo y locutor de nuestros tiempos: Rafael Cancel Miranda.

Tanto Vietnam, Puerto Rico como La cultura de la ignorancia y los antes mencionados documentales son ejemplos del desarrollo de este género en Puerto Rico pero además, por su enfoque, temática y estilo, motivan a iniciar discusiones para que nunca nos conformemos y siempre demos la batalla.

El abaratamiento no es la clave para el traslado de confinados fuera del país

Por Milagros Rivera Watterson

Especial para CLARIDAD

El Secretario de la Administración de Corrección y Rehabilitación indicó en julio que había finalizado el proceso de evaluación de la institución penal La Palma, en el estado de Arizona, donde planifica trasladar unos 1,200.00 confinados. Se está negociando con esa institución abaratar los costos por servicios, hasta llegar a unos $55.00 diarios, en lugar de los $63.00, que hasta ahora han indicado que aceptarán los proponentes. Más tarde, señaló que habían preparado el contrato con la empresa que corre ese penal, por unos $10.5 millones, y que estaban negociando su aprobación. El 12 de agosto anunció que ya no trasladará los confinados a esa institución porque hay otra en Mississippi, que sale más barata, y que el martes 14 de agosto enviará un equipo a visitarla. Ante todos estos movimientos, tal  parece que todo ha quedado mayormente reducido a una transacción económica. Los servicios, el proceso de rehabilitación, el seguimiento a los planes de salida y de reinserción a la comunidad cuando los confinados finalicen sus condenas, se ha quedado en un tercer plano.

Es difícil entender cómo si  el costo por confinado es de unos $200 dólares en nuestro país, en Estados Unidos se consiga una institución penal por $63 y, luego de la negociación, quizás por menos, y que además se asegure que los confinados van a tener por esa cantidad buenos servicios y calidad de vida. Suponiendo que sea así, este plan sigue sin considerar el significado y el efecto emocional que sufrirán nuestros confinados al ser separados de sus familias y su cultura, enfrentados a otro contexto institucional con el consabido rechazo, discrimen por origen étnico y problemas de comunicación por falta de dominio del inglés, entre otros.

Este plan, tiene una sola vía y, a pesar de las recomendaciones específicas  hechas por diversos sectores de hacer economías por otros medios, estas caen en el vacío porque solamente se ha considerado y se sigue insistiendo en impulsar y hacer realidad unos traslados que significan la expatriación de nuestros confinados.

Tampoco hacen claro que esta es únicamente una decisión de política pública del gobierno, ya que la Junta de Supervisión Fiscal, ha clarificado en una declaración oficial por medio de la Sra. Jaresko, que ellos no han recomendado  esos traslados. Así que la determinación ha sido solo del poder ejecutivo.

Ante esta situación, hacemos un llamado a nuestra Legislatura a que proceda a hacer una investigación de esa Administración que incluye entre sus planes los traslados, dispuestos en resoluciones ya aprobadas, y a que evite la implantación de una política pública que viola el principio establecido en nuestra Constitución de rehabilitación de nuestros confinados y confinadas, al delegar  su custodia a otra jurisdicción. El abaratamiento del servicio no es la clave porque no es la solución.

La autora es Portavoz del Comité de amigos y familiares del confinado

Oleadas migratorias desde 1903

«No debe ser sorpresa para nadie que haya una corriente migratoria puertorriqueña hacia el extranjero y que se vayan todos los que tienen oportunidad de salir de la Isla… Eso lo que significa es que no pueden ganarse el pan en su propia patria.”

¿Cuándo se escribieron esas palabras? Pudo haber sido en cualquiera de los días de este año 2018 en que se redacta este artículo, pero el texto pronto cumplirá 115 años de haberse publicado. La cita proviene de un artículo del diario Brooklyn Eagle del 7 de noviembre de 1903. Como vemos, ya en ese momento se hablaba de una “corriente migratoria” y se daba por sentado que cualquiera que tuviera los medios disponibles para abandonar el país así lo haría.

La misma información, con leves variantes, podemos encontrarla en cualquier diario o revista de los años posteriores a 1945, los de la posguerra, cuando también se advertía que nuestro país “se vaciaba” hacia Estados Unidos. Aquí va otra cita: “(Y)a para abril de 1947, en esos cuatro meses solamente, han arribado a Nueva York 26,000 puertorriqueños”. Sería bueno recordar que en 1947, igual que en 1903, todavía se viajaba mayormente en barco (entonces en el legendario Marine Tiger) y, según lo citado, en sólo 4 meses 26 mil boricuas abandonaron nuestro país rumbo a Nueva York. (Durante mi niñez, entre los muchachos del apartado sector rural donde me crie –nací, precisamente, en 1947– no se hablaba de otra cosa que de “embarcarse”. Los niños crecían hasta que les llegaba el momento de irse detrás del hermano, el tío o el primo que ya se había “embarcado”.)

¿Por qué se da este trasiego interminable, tan constante, que durante 115 años ha provocado el mismo comentario? La segunda oración del artículo del Brooklyn Eagle que cité al principio nos da la explicación: la gente emigra “porque no puede ganarse el pan en su propia patria”. Eso explicaba la “corriente migratoria” de 1903 y también explica la de 2018. La gran mayoría de los emigrantes no asume su partida con la alegría del que se va de vacaciones sabiendo la fecha de regreso, sino con la tristeza o la rabia del que se siente expulsado del lugar que ha sido su hogar. (De ahí la injusticia de la comentada campaña del “yo no me quito”, que supone la emigración como un acto voluntario.)

El artículo del diario de Brooklyn de noviembre de 1903 también señalaba a los que, a juicio de los editores, eran responsables del ambiente social que promovía la “corriente migratoria” de puertorriqueños hacia Nueva York. Decía el artículo: “Y eso quiere decir que Estados Unidos, a pesar de haberse comprometido a desarrollar la economía de ese pobre pueblo, no ha cumplido su compromiso ni se ve en la necesidad de hacerlo.”

Cuando se publicó ese artículo tan sólo había trascurrido cinco años de la invasión militar que convirtió a Puerto Rico en colonia de Estados Unidos. El articulista debió tener muy fresca en la memoria la proclama difundida por el general invasor, Nelson Miles, advirtiendo que las tropas no venían a “hacer la guerra”, sino a darnos “protección y prosperidad”. Por eso, tan temprano como en el 1903, el diario de Brooklyn le imputaba a Estados Unidos no haber cumplido el compromiso contraído.

¿Y qué pasó con aquella promesa de “protección y prosperidad? Cuando se produjo la corriente migratoria de 1903, que expulsó a miles de boricuas a Nueva York y Hawaii, entre otros lugares, Puerto Rico vivía las consecuencias del cambio monetario impuesto por el invasor, que empobreció a muchos y facilitó la compra de tierras por parte de corporaciones absentistas. A partir de ese momento, poco a poco nos convirtieron en la gran plantación azucarera que interesaba el capital monopolista que instigó la invasión militar. Mientras los boricuas emigraban porque no podían “ganarse el pan en su propia tierra”, los dueños de las centrales azucareras se enriquecían.

Un intercambio similar ocurrió a mitad del siglo XX, cuando ocurrió la otra gran ola migratoria de que hablamos. Mientras 26 mil boricuas desembarcaban en Nueva York en los primeros cuatro meses de 1947, en dirección contraria venía el excedente de capital que había producido el final de la guerra, a invertirse y multiplicarse en la misma tierra que expulsaba a aquellos 26 mil y a muchísimos más.

La historia de ahora, cuando se vuelve a hablar de una nueva oleada migratoria, no es distinta. Se van los que no tienen otra alternativa que “quitarse”, porque no pueden ganarse el pan en su tierra, mientras el capital comercial y financiero sigue llegando junto con los abogados, consultores y asesores que vienen a enseñarnos cómo pagar las deudas.

La actual corriente migratoria, igual que la de 1903 y la de 1947, dramatiza, sobre todo, el fracaso del colonialismo como régimen económico. Pero como ocurre en toda explotación colonial, el fracaso lo viven los colonizados, no los colonizadores. La misma economía que, al decir de aquel diario neoyorquino, no permite que sus hijos se ganen el pan en su tierra produce ganancias obscenas primero al capital azucarero, luego al industrial y ahora a todos juntos, incluyendo los nuevos especuladores financieros.

La “promesa” que el general Miles hizo en 1898 finalmente llegó ciento veinte años después, aunque no con la “protección y prosperidad” que el militar anunció. Llegó con la envoltura de una legislación, precisamente llamada “PROMESA”, que reproduce el mismo tipo de gobierno por decreto que aquel general instaló en la isla recién conquistada.

Las citas del Brooklyn Eagle y la que comenta la emigración de 1947 fueron tomadas de Memorias de Bernardo Vega, editadas por César Andréu Iglesias y publicadas por Ediciones Huracán.