CDC recomiendan acortar intervalos de tiempo de inoculaciones de refuerzos al COVID-19

Por Rafael Santiago Medina

La recomendación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a través de dos medidas para aumentar el acceso a dosis adicionales de las vacunas contra el Covid-19 refuerza la idea de que las inoculaciones inyectables aprobadas hasta ahora ofrecen una inmunidad efímera.

El martes, los CDC recomendaron acortar de seis a cinco meses el intervalo de tiempo recomendado entre el momento en que las personas que se sometieron a una serie inicial de vacunas Pfizer y el momento en que pueden recibir la inoculación de refuerzo de esa vacuna contra el COVID-19.

No obstante, la agencia no ha cambiado el intervalo de refuerzo recomendado para las personas que recibieron otras vacunas. El intervalo de refuerzo de Johnson & Johnson es de dos meses y la vacuna Moderna puede administrarse seis meses después de las dosis iniciales.

Los CDC también recomiendan que los niños de 5 a 11 años con sistemas inmunitarios moderada o gravemente debilitados reciban una dosis adicional 28 días después de su segunda vacuna Pfizer.

Actualmente, solo se recomienda la vacuna Pfizer para ese grupo de edad.

Las decisiones de los CDC surgen tras las medidas adoptadas el lunes por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), que también aprobó las vacunas de refuerzo de Pfizer para los niños de 12 a 15 años.

Una alta tasa de positividad al Covid-19 por motivo de la propagación descontrolada de la variante Ómicron, como nunca antes se había visto desde el inicio de la pandemia ―aun entre los vacunados― está levantando interrogantes sobre la durabilidad efectiva de las vacunas contra este virus.

No parece haber duda científica mayoritaria alguna de que las vacunas contra el COVID-19 lograron detener por un tiempo la ola de contagios y atenuar la gravedad de la enfermedad viral, reduciendo notablemente las hospitalizaciones y muertes. Empero, la interrogante sigue siendo cuán cortoplacista y pasajera fue esta solución ante la crisis.

Al principio de la pandemia se hablaba de una inmunidad comunitaria o de rebaño cuando estuviera inmunizada al menos el 70% de la población y que la vacuna ayudaría a ello. En Puerto Rico se vacunó contra el virus a más del 80% de la población, y la pandemia continuó su embate de infecciones con las variantes Delta y Ómicron, aun entre los ya previamente infectados y vacunados

La gente comenzó a pensar que vacunarse era una licencia para echar a un lado la rigurosidad sanitaria del uso de mascarillas y el distanciamiento físico interpersonal. Se comenzaron a flexibilizar las restricciones sanitarias de control cuando ya había una gran parte de la población vacunada contra el Covid-19. La apertura a las actividades económicas y gregarias llegaron a casi cero durante el presente mes de diciembre, con conciertos masivos, entre ellos uno celebrado en el Hiram Bithorn, que desataron grandes contagios posteriores.

Con el transcurso del tiempo ha quedado demostrado que la inmunidad que ofrecen las vacunas contra el COVID-19 es pasajera y pierde su efectividad al cabo de algunos meses y el ciclo de las dos vacunas originales ya no son suficientes y que hacen falta inoculaciones de refuerzos.

Partidarios de la medicina naturista temen que tantas vacunas en tan corto tiempo terminarán siendo nocivas para el sistema inmunológico inherente de forma natural en las personas. Según ellos, forzar al cuerpo a tanta inmunidad artificial y en tan corto plazo tiene, sin dudas, efectos adversos en la salud.

Una fe ciega en la vacunación contra el COVID-19 ha tenido el efecto de quebrar la disciplina férrea y rigurosidad de las restricciones sanitarias a la población, que ahora en medio de la crisis creada por la propagación descontrolada de la variante Ómicron, vuelven a ponerse en vigor con más fuerza de las autoridades gubernativas.

Al ritmo que vamos, tendremos que acostumbrarnos a vivir por algunos años más con el COVID-19 y habrá en el futuro inmediato continuas inoculaciones de refuerzos para sostener la inmunidad efectiva de las vacunas contra el virus.

 

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