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Oigo trenes en mi cabeza

En 1948, mientras esperaba con las valijas hechas el permiso para irse de Hungría para siempre, Sándor Márai se pasaba las horas en un sótano de la Biblioteca Pública de Budapest, leyendo diarios viejos que aguardaban la hora de ir al fuego. “Como buscan el agua subterránea los animales y las plantas en épocas de sequía, así buscaba yo, en las crónicas de poetas perdidos en las tabernas y redacciones, aquello que me quería llevar de mi país.” Siempre quise saber quiénes eran esos autores de los cuales Márai se nutría y despedía en secreto en aquel subsuelo. Descubrí a uno de ellos gracias a la generosidad de un librero que me regaló un viejo y desvencijado ejemplar de Viaje alrededor de mi cráneo, de Frigyes Karinthy.

Frigyes es la manera húngara de decir Federico, pero a Karinthy todo el mundo lo conocía por Fritzi o Frik. No había autor más popular en Budapest en los años 20 y 30: escribía tres columnas semanales, divertía y se divertía por igual, de todo sabía y de todo opinaba: pregonaba el esperanto aunque se negaba a aprender una sola palabra en ese idioma; era capaz de escribir un gran poema y convertirlo después en copla publicitaria para un aviso de pasta de dientes; fue el inventor de la famosa teoría de los seis grados de separación con su cuento “Cadenas” (en el que sostenía que no había persona en el mundo a más de seis amistades de distancia de él) e igualmente famosa era su perpetua precariedad económica.

Un día, en el Café Central, Karinthy estaba haciendo un crucigrama y delineando mentalmente una de sus parodias teatrales cuando oyó ruido de locomotoras. “En Budapest ya no hay tranvías y la estación de tren está lejos, ¿qué es esto?”

Como la trepidación ferroviaria cesó a los pocos minutos, Karinthy siguió con su vida cotidiana. Pero la tarde siguiente, a su paso por el Café Central, notó que las figuras ondulaban en el gran espejo de la sala, y cuando llevó a su hijo a la escuela éste le dijo: “¿Por qué te desvías a la derecha todo el tiempo?” Y por la noche recibió una carta de su esposa Aranka que decía: “¿Y a ti qué te pasa? Has cambiado tu caligrafía, no puedo descifrar tu letra”.

Lo que le pasaba a Karinthy era que tenía un tumor cerebral, en una época en que el ochenta por ciento de los tumores en el cerebro eran mortales. Lo que inicialmente sólo parecía una molestia en el oído o una vulgar presbicia en los ojos (“Es sólo una intoxicación de nicotina y vida de café, no debes confundir enfermedad con malas costumbres”), va mutando en algo inconfesable para los médicos amigos de Karinthy, hasta que el eminente neurólogo Otto Pötzl le confirma en Viena lo que nadie se atreve a decirle en Budapest: que si no se opera en forma urgente va a quedar ciego, y que ése será sólo el primero de los terribles síntomas que le esperan.

La única persona en toda Europa capacitada para salvarlo es un cirujano sueco, el profesor Herbert Olivecrona, quien lo espera con el quirófano listo en su clínica de Estocolmo. Por haber estudiado en su juventud un año de la carrera de medicina, Karinthy cree que Olivecrona debe tratarlo como un igual. A la vez, no puede con su genio y se ofende cuando nadie a su alrededor valora sus chistes, su necesidad de inyectar humor al pánico que lo carcome. Todo esto es relatado en tiempo real porque Karinthy ha comenzado a contar en su columna semanal lo que le sucede desde que oyó por primera vez los trenes fantasmas. Sus amigos inician una colecta para pagar viaje y operación: sobres anónimos con billetes arrugados llegan desde todos los rincones de Hungría. Los lectores siguen paso a paso el trayecto del coche cama que parte rumbo a Viena y cruza luego Alemania rumbo a Escandinavia. Aranka, la esposa médica de Karinthy, es la encargada de tomar al dictado el folletín de su marido y repetirlo después por teléfono al diario de Budapest. “No van a dormirte durante la operación porque eso aumenta los riesgos. Pero no temas, el cerebro no siente dolor”, le dice. “Ojalá doliera”, nos dirá Karinthy, acostado boca abajo en el quirófano mientras oye sordos ruidos en la parte trasera de su cráneo. “Porque si doliera significaría que estoy vivo. Esto no es natural, no es normal, es casi de mala educación”.

Karinthy narra los hechos de manera extraordinaria: es testigo, víctima y narrador de lo que le va sucediendo. Utiliza primero todas las argucias posibles para negar la gravedad de su caso y luego se abisma en él para que su testimonio llegue lo más hondo posible. Meticuloso y alucinatorio, burlón y emocionante, egocéntrico y universal, hace de su libro una novela de intriga, un caso clínico, un viaje al fondo del miedo y una bitácora de la resistencia, el chisporroteo de un espíritu brillante y el anticipo del derrumbe del humanismo que Europa padecería poco después.

Luego de la operación en Estocolmo, una comitiva de amigos de Karinthy rodea a Olivecrona y comienza a hacerle reverencias: “En nombre de Hungría, gracias”. El cirujano se vuelve hacia su paciente y le dice: “¿Pero quién diablos es usted en su tierra?”. Sándor Márai podría habérselo explicado. No es casualidad que Viaje alrededor de mi cráneo fuera admirado por dos escritores tan disímiles como Márai y Oliver Sacks.

El gran neurólogo-escritor descubrió el libro de Karinthy cuando era estudiante secundario en el Londres de posguerra, en una ajada edición popular de divulgación comprada a precio de saldo, y por ese libro decidió a los quince años que dedicaría su vida al estudio del cerebro, y décadas más tarde lo usó de modelo para escribir todos sus libros porque, a ochenta años de su publicación original, Viaje alrededor de mi cráneo sigue siendo el mejor relato autobiográfico que existe de un viaje al interior del cerebro humano.

Nacido de familia judía, Karinthy había estudiado medicina, ciencias naturales y matemática antes de saltar a la fama en su país en 1912 con sus inimitables columnas. Se opuso toda su vida a la guerra y a los políticos conservadores de su país. Su pluma fue celebrada y defendida por los mejores escritores húngaros de su tiempo: Dezsó Kosztolanyi, Mihaly Babits y Sándor Márai. Luego de la operación, volvió a Budapest, publicó su libro, retomó su gozosa rutina y,dos años más tarde, cayó muerto de golpe mientras se ataba los cordones de sus zapatos, y así se ahorró misericordiosamente la suerte que correrían todos los judíos cuando empezó, pocos meses más tarde, la Segunda Guerra Mundial.

* Viaje alrededor de mi cráneo acaba de publicarse en nuestro país, en la colección Rara Avis de la editorial Tusquets.

Tomado de www.pagina12.com.ar

Las Pantaletas de Guayaba: una comedia del arte

He visto comedia del arte en varias ocasiones, todas las veces dramatizadas por jóvenes actores que se van formando en la disciplina teatral.

Recuerdo que uno de los montajes que aprecié –en el recinto riopedrense de la UPR– llevaba por título Junta de Comedia, en intencional alusión a la imposición de la Junta de Control Fiscal en Puerto Rico. Y es que la comedia del arte como género tiene la particularidad de que puede acoplarse a cualquier época y lugar porque está basada mayormente en improvisación y porque los personajes siempre son los mismos, ésos que pueden burlarse de cualquier individuo o situación de la actualidad que se ejecuta en escena.

Un vistazo a la historia nos informará que la comedia del arte es un tipo de teatro popular nacido a mediados del siglo XVI en Italia y conservado hasta comienzos del siglo XIX. Como género, mezcla elementos del teatro literario del Renacimiento italiano con tradiciones carnavalescas (máscaras y vestuario), recursos mímicos y pequeñas habilidades acrobáticas. Entre los argumentos más típicos,  suelen relatar con tramas muy sencillas las aventuras y vicisitudes de una pareja de enamorados ante la oposición familiar (Ej. Pantaleone o Il Dottore) o personajes del entorno social como Il Capitano. Las acrobacias del montaje están a cargo de los criados, que encarnan personajes tipo como Arlequín y su novia Colombina.

Recientemente, la compañía de teatro Polimnia, dirigida por el experimentado actor y profesor Iván Olmo, llevó a escena la comedia del arte Las pantaletas de guayaba, una puesta divertida, refrescante, llena de picardía y muy a tono con lo que padece Puerto Rico tras el paso del huracán María. Sin alejarse de la trama ni de los personajes tradicionales del género, los jóvenes de Polimnia entretuvieron al público presente en el Arsenal de la Marina en la Puntilla. Viejo San Juan, reflejando muchas de las instancias que hemos vivido los y las puertorriqueñas durante los más de dos meses del paso del devastador temporal. En ese sentido, vivencias como las kilométricas filas para conseguir hielo o gasolina, las noches sin energía eléctrica, el ingerir comida enlatada como primera opción quedaron retratadas en los diálogos.

“Como estamos atravesando por momentos históricos en nuestro país, les pedí y les di libertad a los actores de incluir una que otra oración o frase que estuviese relacionada a los eventos actuales para enriquecer su momento en escena y para que fuese más jocoso para la audiencia”, expresó Iván Olmo, quien encarnó el personaje de Tufano.

Polimnia celebró con esta puesta en escena al aire libre sus 22 años de labor cultural y educativa. “Ésta es la primera vez que hacemos comedia del arte como compañía. Nuestros trabajos son completamente corporales; integramos varias técnicas de lenguaje corporal y lo han demostrado piezas como El hilo de la memoria, La Metamorfosis, El guardagujas, entre otras”, continuó.

“Esta obra no está basada en ninguna historia, es un texto original que sigue un patrón de la comedia de enredos. Investigué para crearla y utilicé algunas frases que se hicieron famosas durante ese periodo donde la comedia del arte estuvo en su apogeo para darle más fuerza al libreto y conectar con esa época”, dijo el director artístico de Polimnia.

Destacan de esta producción el vestuario (Gloria Sáez y Polimnia), el diseño de máscaras (Gabriel Soto), y la actuación de todos, especialmente la de Kamyr Pérez, quien interpretó a Pretalina Lambe Mella Gostosha y a Pasquella la bruja, la de Gregory Preck, quien fungió como Arlequino, y la de Manuel Jun Figueroa, el Capitano Spavento della Valle del Inferno.

El resto del repertorio de actores y actrices estuvo compuesto por Harvey González (Il Dottore Gratiano y Pasquella la bruja), Héctor Matos (Oratio/Amet), Andrés Pacheco (Pantalone), Chris Martínez (Cristiano), Belkis Colón (Colombina), Janyl Rodríguez (Isabella).

Vayan los créditos de montaje, libreto y utilería para Iván Olmo; de música  para Robert Lepre y Rosemary Biraldi; de luces para el equipo de Polimnia; de arte promocional para Yamil Ortiz; de sonido para Ángel Rufín; y de grabación de vídeos y fotos para Wilfred Lugo y Harvey González. Aunque esta producción no contó con ningún auspiciador, Iván Olmo agradeció el apoyo de Nicole Soto y el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) por prestar el Arsenal de la Marina en la Puntilla.

La intención de Polimnia es llevar esta comedia del arte a festivales en el extranjero. “Si se nos da la oportunidad de llevarla a cualquier festival de afuera, la tendremos que ajustar a sucesos que estén pasando a nivel internacional y que sean actuales para que el público se conecte con la broma, chiste o burla. Es importante conectar al público desde el principio con lo que estamos haciendo”, finalizó Olmo satisfecho con la labor cultural y artística que ha emprendido con jóvenes del patio.

Saber contar una historia: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

(director y guionista Martin McDonagh; cinematógrafo Ben Davis; elenco Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, Abbie Cornish, Lucas Hedges, Zeljko Ivanek, Peter Dinklage, John Hawkes, Samara Weaving, Clarke Peters, Sandy Martin, Malaya Rivera Drew)

Quizá es un título que no tiene sentido en español pero Three Billboards Outside Ebbing, Missouri es un filme extraordinario que nos conmueve con sus personajes de pueblo tan parecidos a los nuestros, los tropiezos personales y familiares que se vuelven público de manera distorsionada, los prejuicios, enemistades y actitudes de personas cercanas y lejanas a nosotros, la valentía de enfrentar los problemas siempre de frente aunque nos llamen locas y se rían a nuestras espaldas. Y todo esto produce sonrisas, carcajadas, llantos y una mezcla de todo en los momentos menos esperados.

Aunque el foco de la historia es Mildred Hayes (la increíble Frances McDormand), cada personaje tiene un vasto escenario para presentarse gracias a la cámara e iluminación de Ben Davis con tomas de muy cerca muchas veces en silencio o pausa, la importancia que da a las palabras a través de cartas, confrontaciones con vocabulario violento entre madre e hija y esposa y marido, violencia física como expresión de odios mal fundados, pequeños detalles que borran divisiones sentimentales. Mildred vive con su hijo Robbie después de su hija haber sido asesinada y ocho meses después todavía no hay pista alguna. Charlie, su ex ahora viviendo con una chica casi de la edad de su hija, no puede mantener ni una corta conversación con ella antes de violentarse. Mildred decide pagar tres vallas publicitarias en el estrecho camino de su casa al pueblo: precisamente donde su hija fue secuestrada. Los anuncios son muy sencillos y van dirigidos al jefe de policía, alguien muy respetado en la comunidad. Leen así: “Raped while dying/Violada mientras moría”, “And still no arrests/Y todavía sin arrestos”, “How come, Chief Willoughby?/¿Por qué Jefe Willoughby?”

Y así conocemos a William Willoughby (Woody Harrelson cuya voz nos persigue a través de todo el filme) quien trata de ser el balance en una sociedad con sus miedos y prejuicios contra todo lo nuevo o distinto, que creen en la fuerza y “sabiduría” del patriarcado, en la ley, el orden y la verdad representados por los alguaciles y los sacerdotes/ministros. Por eso lo primero que hace el joven Red Welby cuando Mildred pide el uso de las vallas es revisar las ordenanzas públicas del condado. Willoughby podrá sentirse ofendido por las acusaciones de Mildred pero nunca la amenazaría por cuestionar su investigación ya que está en su pleno derecho. Por eso su carta a Mildred es una reflexión muy importante de lo que son las relaciones humanas y cómo las leyes pueden servir, en sus mejores momentos, para proteger a los desprovistos.

Jason Dixon (Sam Rockwell más revelador que nunca), el agente que parece una bala perdida en su comportamiento cuando no está supervisado por Willoughby, parece exponer los peores prejuicios y la violencia “controlada” de sus compueblanos. Odia, sin aparente razón que él mismo pueda explicar, a los pocos negros e hispanos que viven en su pueblo y no le importa insultarlos. Igualmente cree que cualquiera que no esté de acuerdo con la manera que ellos ejercen la autoridad tiene que ser un comunista/liberal/izquierdoso que es todo lo mismo. Pero a pesar de todo esto cuando no actúa impulsivamente, Dixon atiende y razona gracias a la confianza que Willoughby ha depositado en él.

Cada personaje, no importa el poco tiempo que permanezca en escena nos da una gran profundidad de quién es: Anne (Abbie Cornish), la esposa de Willoughby que viene de otro país; Robbie (Lucas Hedges), el único hijo ahora de Mildred; Angela (Kathryn Newton), la hija desaparecida cuya memoria persigue y abruma a Mildred; Penélope (Samara Weaving), la joven acompañante de Charlie quien tiene la habilidad de moldearse para siempre tener un empleo que le satisface; James (Peter Dinklage: The Station Agent de 2003 y por supuesto, “Game of Thrones”), hombre interesado en Mildred a quien ella desprecia y utiliza sin darse cuenta cuánto le hiere.

Martin McDonagh es el director y guionista británico de una pequeña joya de 2008, In Bruges, y de una comedia negra con un elenco exquisito (Sam Rockwell, Colin Farrell, Christopher Walken, Michael Pitt, Michael Stuhlbarg, Harry Dean Stanton, Woody Harrelson, Tom Waits, Zeljko Ivanek), Seven Psychopaths, de 2012. Ahora nos regala este hermoso filme que nos hace mirarnos como seres humanos en vez de las etiquetas que nos han puesto y nos ponemos para sobrevivir en esta vida.

Carlos López-Dzur, oi

Cuando trabajaba con Carlos López-Dzur en su libro Sarnas de la ira parda (QeAse,1980) me preocupaba sobretodo la represión qe la legtura crítica operatiba para una rescritura estrugtural -es desir la edisión- pudiera ejerser sobre el autor. De echo creo qe en una ocasión Carlos desperdisió sierto material crudo en su sobrescritura. Siempre qe edito, material propio o de otro, tengo la misma preocupasión; pero no me combense la teoría narsisística emanatiba de qe una siqe -incluida la del artista- sea orijen sufisiente de Realidá: —El produgto simbólico está trabado por todos los milenios de la cultura. Una obra literaria, antes de ser ofresida al aserbo para su asimilasión o su rechaso, deberá madurar en los continentes formales experimentalmente efegtibos de expresión. Presentar el material crudo de la rebelasión podrá nutrir a otros artistas qe artisen con él, pero no es todabía arte sino talento, capasidá i promesa de obra. (Buena parte de mi teorisasión la e dedicado a estos temas conqe puede expandirse si se qiere lo qe aqí.)

Ago esta reflexión ante las 10,000 pájinas qe a publicado López-Dzur durante la última década. I me parese qe su inasimilasión de aqeya primaria experiensia de ‘orden’ nos a pribado de una obra majestuosa. En las diesmil pájinas de López-Dzur cresen piedras presiosas como en una mina, qisá más bisibles ya predescubiertas. Pero se me ocurre compararlas con otras 10,000 pájinas digamos de Dickens, Balzac o Dostoiefsqi. O si se qiere pensar qe la nobela es un continente formal demasiado serrado para este chorro lópezdzuriano, podríamos compararlas con las otras diesmil pájinas ‘marjinales’ de la prosa corretjeriana o ‘susedáneas’ de Alfonso Reyes:

En cualqiera de los casos qe consideremos nos da en la cara una preocupasión por la construxión orgánica, la lima del capricho i una ética desidida –qe en Carlos faltan. Consideremos un momento la acumulasión de la escritura de Unamuno, tan desatado. En el basco se be la presisión de una idea, ‘apesar’ del desestilo –deliberado saboteador de sierta formalidá autoritaria, o el ‘sistema’.

Pero leyendo a López-Dzur aora resonaba otra bos qe merese mejor apareársela: la catarata de Matos-Paoli. Espriritismo i mistisismo consuelan en ambos la confesada indefensión. El temblor de la frajilidá se dugtilisa en la insistente dolensia qe acoje como cuerda. «Llorón de la nada» inscribe López-Dzur en un momento alto de su Lamentasión: Traduse aqel «Quetzal de la nada» ‘pobre de rocío’ -oxímoron por ‘rico’ [empapado] –cf. Canto de la locura, b165-[IV]39: ‘y rico de pobreza’- se sabe qe de yanto del planeta acumulado en el sudor sufrido. En uno de los momentos resentidos de su Diario, FMP yama a César Vallejo «patético». Ni Vallejo ni Matos Paoli lo son, siendo su qeja la misma de Kierkegaard: ya objetiba, para el otro, rebelasión i denunsia de la angustia ontolójica de ser. Qejas nesesarias para la consiensia trasindibidual de la espesie.

El Jeremías qe arpejia en López-Dzur se parese más al de Léon Bloy: su yo i su ego trascurren incólumes entre-tenidos en las notas de su melopea. ¿Desautorisa esta ‘caída’ -regresiba sicolojista- la entrada de una corporisasión textual al aserbo de la Literatura? Qe Léon Bloy fuera importante para Borges es sufisiente justificasión. Qisá al contrario el desoyamiento de Carlos López-Dzur de cualqier decoro escriturario profesional anunsie una poética del futuro, como es síntoma presente de la desbalorasión de ‘beículos’:

El desate sibernético a jeneralisado la ‘publicasión’ de una manera exponensial. Si Gutenberg constituyó un paleolítico de la ‘Langue’ -lengua escritural organisada culta-, la dijitalidá puede constituir un neolítico de la ‘Parole’ -oralidá-; ibridando la liqidés del abla con la ortopedia de la escritura, dándole un esqeleto, o qisá urdiendo una crisálida escrita para la liqidasión de la siqe en la palabra biba.

Se trata con López-Dzur como con León Bloy de intelijensias extraordinarias. «Soi el yunqe de Dios en el abismo» de Bloy, no es menor a los imborrables categoremas de Kk. Pero, como para la literatura en jeneral, también para la filosofía espesíficamente se nesesita claridá de expresión conqe compartir su encontransa. Existe una biblioteca entera de ‘oscuridades’ -abeses oscuresensias- pariente sangínea de la biblioteca filosófica, catalogada mística, intuitiba, májica, relijiosa, taxatibamente rebelada –cuya redaxión se considera superstisiosamente (al fondo narsisismo o incultura) incorrejible: Literatura qe se qiere sagrada. Algún filósofo popular cayó en la corrubtela. I ai otra biblioteca ‘oscura’ por densidá: La claridá de SanJuanDeLaCruz rebela su no intensión de ebadido ni ambiguo en la expresión, la re-produxión orijinaria del lenguaje mallarmeano asebta el sacrifisio de la comunicasión en pago de su luminisensia empaqetada; dos erensias de qe Lezama iso un birtuoso alarde de eqilibrio. De manera qe en esos anaqeles oscuros están desde la afasia aterrorisada de iluminasión de Eckhardt asta las falsificasiones mistagójicas.

Entre eyos Matos Paoli parese un balbuseador de la paradoja esensial de la existensia sicoespesímen insufisiente a penetrar su destino cósmico. Su intuisión de ‘la nasión’ como cuerpo colegtibo lo salba ‘rielo instantáneo’ en su naufrajio jeneral de incomprender la espesie i susesibos contornos encarnados como pliegos de la ‘Realidá’. El platanismo (telúrico) matospaoliano lo cuelga del platonismo (arqetipante).

López-Dzur más bien parese rodear la solusión nasional con un mosaico de identidades qe no acaba de cuajar como retrato -colegtisio o estadístico- de la espesie. Un miedo a ser (solo) lo qe (se) es, le dispara a qerer ser muchas cosas. Pero como el primo poeta de Borges qe poseyó el Aleph ya abía despachado unas cuadras de un barrio i otras egtáreas del campo para su pretensioso poema unibersal: no nos enamora la acumulasión eteróclita e inprofunda lopezdzuriana de judería-árabe-méjico-caribeña con algún toqe édnico negro o jitano. Ese cogtel alqímico de jenes es demasiado mecánico i superfisial –o fenojénico. Se nota en la comparesensia bolátil de los idiomas. Se nota en una irresponsable carensia de sitas orijinarias culturales, sustituidas por otras casuales o tópicas.

Por lo menos en la muestra de sus publicasiones en lo qe ba de siglo, no es López-Dzur un filósofo, no es un místico, ni tampoco un poeta. Carlos López-Dzur sige siendo el cuentista extraordinario de sus Sarnas, ¿qe no se abiene a (re)conoserse? Qiere ser lo qe no es. Lo qe implicaría, aunqe no se diera cuenta, qe no qiere ser lo qe es.

Es una lástima atrós –otro préstamo de Borges- qe los filojenetas medianos de la espesie no sean los únicos qe sustituyan su ‘bocasión’ por el ‘deseo’ de lo carente. Adler yamaba ‘complejo de inferioridá’ presisamente a ese bibir en la carensia relatiba qe todos padesemos –desatendiendo dolorosamente la yenura relatiba qe también todos cumplimos: No soi bedét, jinete, piloto; i eso me distrae de bibir plenamente qe nado, canto, medito.

No es Carlos López-Dzur el único escritor ni artista, ni muchas otras cosas más a qien la colonia a maltratado, qe no a podido conformarse con su potensia también (i qisás sobretodo) aplastada. Al colonial lo desrealisan para qe no amenase con su realisasión las alternatibas simulacro qe le injertan para ser lo qe no es. No nos qieren como somos sino como eyos qieren qe seamos.

Qisá sí Carlos López-Dzur sea un abatar del neoumano sibernetisado corriendo en una red algarete de identidá trasjénica diseñada por los jáqers de un Pentágono nada místico. Yo, obsoleto, lamentaré abernos perdido en la íntima isla natiba, los cuentos del mejor escritor del mundo –para toda la espesie.

Los ahogados de Adál

Adál Maldonado me habla de su nuevo proyecto y no puedo dejar de pensar en un hermoso libro que leí hace muchos años: El agua y los sueños, de Gastón Bachelard. Ahí el filósofo francés intenta convencer al lector de que bajo las imágenes superfi- ciales del agua, existe una serie de imágenes más profundas, más tenaces. El buen observador no tardará en sentir, en sus propias contemplaciones, simpatía por esta profundización. Reconocerá en el agua un tipo de intimidad muy diferente de las sugeridas por las “profundidades” del fuego. El lector de Bachelard comprenderá por último que el agua es también un tipo de destino, un destino esencial que sin cesar transforma la sustancia de quien la observa.

Sin embargo, hoy me convoca el proyecto del fotógrafo puertorriqueño. Adál Maldonado trabaja siempre. Hace pocos meses publicó Cuerpo del poema, un libro no es otra cosa que un espacio en el que conviven materias primas. Si, en palabras de la poeta Irizelma Robles, la palabra es al poema lo que la luz a la foto, usted tiene en ese libro los retratos de esa verdad. Ella hace una selección de poesía y Adál escribe con luz los rostros de los poetas.

Para darles más señas, entre las obras más delirantes de Adál está Mambo Madness, una novela que se transforma en un musical La Mambópera, que espera por una sala para ser representada.

Ahora, lo que nos ocupa es Puerto Ricans Underwater/Los ahogados, el más reciente libro de Adál, con prólogo de Mercedes Trelles y diseño de Bold Destrou.

ER- Adál, sé que este proyecto no comenzó hace poco, pero fue profético. Estuvimos bajo agua en septiembre, y tenemos el agua al cuello hace décadas.

Adál- La idea para Los ahogados surgió en 1987. Hace 30 annos. Estaba buscando la manera de expresarme sobre el sentido de impotencia y falta de control personal que afectaba al nuyorican como resultado de la marginalización y el prejuicio. Por extensión eso es pensar en la colonización mental.

ER- he visto que produces mucho, y que tienes activada la máquina de intuición todo el tiempo. Sin embargo, me gustaría que me dijeras algo sobre procesos conceptuales en tus proyectos.

Adál- Bueno, para aquel momento, 1987 estaba leyendo dos libros que son importantes en ese proceso conceptual. Uno era Invisible Man de Ralph Ellison y el otro The Teachings of Don Juan: A  Yaqui way of Knowledge de Carlos Castañeda.

ER- El de Castañeda es un clásico. Un escritor que es un personaje en sí mismo.

Adál- Yeah! Invisible Man habla sobre la inhabilidad del hombre blanco en poder ver al Afroamericano y sus contribuciones a la sociedad Norteamericana o al mundo en general. Por eso siguen en una condición invisible. En The Teachings of Don Juan el Shaman o Brujo Don Juan le habla a su discípulo Carlos Castañeda sobre el concepto del Assemblage Point y su dislocation.

ER- Hold your horses. Explícame.

Adál- Según Don Juan, cada persona tiene en su cuerpo un punto de energía cósmica donde está fijado, pegado a este mundo físico o a los objetos duros. En el punto donde se cruza esa energía entrando al cuerpo determina tus características físicas, emocionales y psicológicas. Entonces según la teoría de Don Juan si por alguna razón ese Assemblage Point se mueve de su sitio por causa de algún trauma psicológico o emocional la persona cesa de estar presente en esta realidad y hasta se puede percibir como que están locos. [Tú sabes, muchos hospitales psiquiátricos tienen pacientes que simplemente han sufrido un cambio de posición del Assemblage Point].

ER- Deep.

Adál- A base de esa teoría empecé a imaginar que posiblemente el Nuyorican había experimentando este cambio de posición de su assemblage point causado por esa serie de traumas psicológicas/emocionales que estaba experimentando viviendo fuera de su país, en un ambiente diferente y ajeno que lo margina neutralizándolo y su poder personal.

ER- ¿Cómo pasó esa iluminación a un proyecto fotográfico?

Adál- Se me ocurrieron dos maneras que podía representar ese concepto dentro mi arte fotográfico. Uno fue sumergir al sujeto debajo del agua en mi bañera donde experimentaría esta falta de poder causándole sentido de impotencia mientras le tiraba fotos. La otra fue hacer una serie de fotos de ellos mismos pero desenfocados.

Esta segunda me pareció interesante. Soy fotógrafo. Pienso en esas imágenes. Como en el caso del assemblage point, el sitio donde se cruza la energía cósmica entrando al cuerpo fija a la persona en su sitio físico, pues, así mismo la luz entra por el lente de la cámara. Entonces, la luz cruza entrando al plano donde está localizado el film. Este punto determina que la imagen está enfocada: si ese punto se mueve la imagen se desenfoca. Entonces concebí la imagen desenfocada como metáfora para la condición causada por el trauma a la psique del nuyorican.

ER- A Pedro Pietri, uno de los modelos, le gustaba mucho ese proyecto.

Adál- Claro, mira. Sucede que mientras trabajaba los dos proyectos llega a mi casa Pedro Pietri, mi colaborador en el Puerto Rican Embassy. Se queda mirando las imágenes y me pregunta “¿estas imágenes, de qué se tratan?” Y le contesto “esos son mis nuyoricans fuera de foco, algo nuevo para hablar sobre esa falta de control que estamos viviendo en Nueva York”. Y me dice “¡Ay que alivio! Mañana me van a hacer una operación de cataratas en los dos ojos y creía que estaba empeorando”.

ER- Ése era Pedro.

Adál- Nos reímos y me dijo “con tu permiso me interesa escribir un texto para estas imágenes”. El resultado fue el libro Out of Focus Nuyoricans [una colaboracion] publicado por Harvard University Press.

ER- Y las imágenes de la bañera seguían ahí, como proyecto.

Adál- Entonces las imágenes que había hecho en la bañera debajo del agua las dejé en una gaveta y me olvidé de ellas. Ahí estuvieron casi 30 años. En el 2015 estoy mirando mis archivos y me encuentro con ellas. Al mirarlas me digo “pero si esto es lo que está pasando en Puerto Rico ahora”. Nos estamos ahogando por el colapso de la economía y otros problemas causados por la colonización y falta de autodeterminación. Llamé dos o tres colegas y los metí en mi bañera aquí en Santurce. Les hice retratos como ahogados. Les dije, pretendan que se están ahogando y que sus repuestas a esta condición puede ser una de tres. Pueden aceptar la condición e irse con la corriente. Pueden pelear contra esta condición. O pueden asumir la postura de Fuck it!  a mí no me importa la política. Yo lo que quiero es to have a good time/pasarla bien y pal carajo con el gobierno. Así que les pedí que vinieran preparados a representarse como una de esas tres o cualquier otra que se les ocurriera.

ER- Los fuiste colgando en las redes sociales.

Adál- Right. Puse los resultados en mi página de Facebook y en unas horas estaba el público escribiendo “Adál está cabrona la serie, es exactamente lo que está pasando, quiero ser parte de eso”. Y, pues, el resto es historia.

ER- Fue una profecía.

Adál- Lo que no me imaginé fue eso, que también fue profético sobre el desastre que nos trajo Maria con sus aguas y viento.

ER- Usas las redes sociales en tus recientes proyectos.

Adál- La serie Puerto Ricans Underwater/Los ahogados fue concebida con el internet en mente y para existir en un espacio virtual. Esta circulación ha sido esencial para el éxito de la serie. Las imágenes se pueden ver desde cualquier sitio con el cell en mano. Este es el medio de comunicación de hoy y le llega a la mayor cantidad de público. Por este medio pueden seguir la evolución de la serie donde pueden interactuar con ellas y comentar.

El buen observador no tardará en sentir, en sus propias contemplaciones, simpatía por esta profundización. Reconocerá en el agua un tipo de intimidad muy diferente de las sugeridas por las “profundidades” del fuego. Si no han visto las fotos de Adál Maldonado pueden acceder a sus páginas en Facebook. Pero, además, hay una invitación a la presentación del libro que recoge ese trabajo el miércoles 13 de diciembre, a las 7:00 de la noche en Libros AC, en Santurce.