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Será otra cosa: Recorrido

Llevo ya algún tiempo viviendo acá (¿o allá?) en el país que hace más de un siglo se proclamó a sí mismo dueño del mío.  Al principio y durante un par de años, trabajo en una ciudad que no me recibe ni mal ni bien, porque es una ciudad que verdaderamente no “recibe”, punto. Una ciudad en donde se amigan los adinerados y los poderosos. Donde pasan cosas y a la vez no pasa nada. Donde coexisten, sin llegar a convivir, los importantes y los invisibles, la velocidad y la lentitud.

Mi recorrido matutino comienza saliendo de la mano de mi hijo menor por la puerta de un gran edificio de apartamentos.

A nuestro alrededor, los empleados de empresas, ONG’s y gobierno caminan rápidamente. Son muchos, y suelen ser esbeltos y blancos. Llevan audífonos en las orejas. Visten los colores claros y brillantes del verano.

A nuestro alrededor hay también jardineros. Son muchos, y suelen ser salvadoreños o bolivianos. Llevan herramientas en las manos. Visten mamelucos pardos pero siembran flores en los colores claros y brillantes del verano.

Nos subimos al tren. Llevo meses viajando en tren, pero no se me pasa la sensación de novedad: el tren me encanta. Los vecinos se burlan cariñosamente de mi entusiasmo. El tren, me dicen, anda siempre atrasado, sus escaleras siempre están averiadas, está muy lleno, a veces apesta. Pero a mí me resulta liberador. Aún en el rush hour, aún con el codo de un desconocido en mis costillas, aún escuchando las protestas de mi pequeñín, que pregunta en voz chillona y en dos idiomas dónde nos hemos dejado la miniván, aún entonces, sonrío y me regodeo por un momento en mi nueva condición de peatona.

Nos bajamos en la estación de Foggy Bottom y caminamos media milla hasta el campamento de verano. Allí suelto a mi pequeño acompañante y emprendo el camino hacia el trabajo. Todas las mañanas le paso por el lado a unos ocho homeless. Así les llaman acá a las personas sin hogar, a las personas que en Puerto Rico llamamos deambulantes.

Son una presencia familiar en esta ciudad. Suelen ser negros y por lo general muy gruesos. Se mueven, cuando se mueven, con lentitud. Las más de las veces, están más bien estacionarios. Y tiene sentido que lo estén, porque llevan su vida a cuestas: en un carrito de compra, en un coche de bebé sin bebé, sobre sus mismos cuerpos abultados, llevan los sleeping bags, los bártulos varios, los mementos de la guerra, lo que les queda de la vida que se fue, de la vida que se va.

Les rodea y les sirve de contraste la masa ágil y atractiva de tantos otros seres, tan distintos, tan blancos, tan delgados, tan bien vestidos, tan livianos, tan veloces, seres que no tienen que llevar su vida a cuestas porque la ubican, la ordenan y la decoran en otras partes: en viajes, en apartamentos, en sus agendas, en sus teléfonos “inteligentes”, en el futuro.

Uno de los hombres sin hogar suele plantarse, obstinadamente, en un banco del parque. Lleva su vida en un carrito verde de supermercado, al cual protege del clima y las miradas curiosas con una manta decorada con el águila y la bandera americanas. Abandona su banco una o dos veces a la semana, expulsado del parque por un policía desganado y mustio que suele ubicarse en una esquina cercana y cuyo mantra puedo adivinar, y en cierto modo compadecer, desde mi caminar: I’m just doing my job.

Al principio me costaba reconocer a los deambulantes en Virginia y D.C. Tal vez porque realmente no “deambulan” mucho. Los homeless más visibles en Puerto Rico suelen ser muy distintos: flacos, móviles, cargados con pocas cosas, pidiendo dinero de carro en carro en las luces rojas. Las etiquetas que usamos para nombrar a unos y otros le hacen eco a esa diferencia: una implica movimiento, la otra desamparo. Puede ser que tome, además, cierto grado de familiaridad, esto de reconocer y asignarle el nombre culturalmente adecuado a la pobreza, o a cualquier otra cosa.

Voy llegando a la acera frente a la Casa Blanca. Una masa de hombres sonrientes que identifico, por su apariencia y lenguaje, como provenientes de algún país del este de Asia (primero pienso “chinos”, pero me corrijo rápidamente), surge de un lujoso autobús. El hormiguero en movimiento se bifurca y me rodea al enfrentar el inofensivo obstáculo que representa mi cuerpo, este cuerpo (¿exiliado/ migrante?) que a veces me pesa y otras flota. Me imagino una cámara filmando la escena desde arriba; ellos (turistas, muchos, cargando con mochilas y cámaras) caminando rápidamente en dirección norte, y yo (residente, sola, cargando con carpetas y nostalgias) caminando lentamente en dirección sur. Me sorprendo preguntándome si el tour bus será una suerte de diáspora artificial, pasajera, cómoda, densa. Si la escena será un agüero, o la metáfora torpe, escurridiza, de alguna cosa relativa a mi vida, a este extraño país, a la historia, o al mundo.

Y es que cuando una empieza con esto de la escritura distante (¿exiliada?¿migrante?), comienza también a atisbar significado en todas partes. Es una especie de paranoia tristona y gentil, la del escritor perseguido por todo lo que se asoma pero no se deja ver. Por una idea, por un recuerdo, por un dolor, por un color, por un olor. Por una isla, por un paisaje, por un amor, por un fantasma.

CRUCIGRAMA: Marta Lynch

Horizontales

2. Marta _______; escritora suramericana. Autora de La alfombra roja; Cuentos tristes; La señora Ordóñez; y, No te duermas, no me dejes.

5. Altar.

7. Quiero.

10. Ansia.

11. Repollo.

12. Estrujé.

13. Época.

15. Tener límites uno con otro.

18. Lengua de la serpiente.

21. De esta manera.

22. Buenos _______; ciudad donde nació Lynch en 1925.

25. Doce meses.

26. La nota do antiguamente.

27. La que confecciona pasteles.

31. Lengua provenzal.

32. No te duermas, no me _______; (1985) libro de Lynch.

34. Soase.

35. Olfatearé.

37. _______ Ana; cantón de Costa Rica.

38. Fase.

41. Dios del Sol.

43. Patria de Lynch.

45. Nota musical.

46. Leopoldo _______; escritor español.

48. Persia.

50. _______ Lynch; en su narrativa combina la realidad política argentina con temas femeninos y la frustración sentimental.

52. Donde.

53. La alfombra _______; (1962) libro de Lynch.

54. Túpac _______; José Gabriel Condorcanqui; dirigió la rebelión de los indígenas de Perú.

55. Contracción.

56. Tiempo vivido.

57. Sabio de Grecia.

58. Voz para arrullar.

59. Cinco en romanos.

60. Desabrido.

Verticales

1. Del verbo casar.

2. Declives de las montañas.

3. Fingirse.

4. Rabo.

6. Pieza del arado.

8. Residí.

9. Cuentos _______;(1967) libro de Lynch.

14. La _______ Ordóñez; (1968) libro de Lynch.

15. Instrumento musical.

16. Conjunción.

17. Cediéndolo.

19. Apócope de papá.

20. Docena.

23. Ciudad de Paraguay.

24. Nombre de consonante.

27. _______ Club; entidad literaria.

28. Asturiano.

29. Giren.

30. Parte del ave.

33. Piedra pómez.

36. Sobre, prefijo.

39. Urdes.

40. Cuerpo legislativo.

42. Fuerte de EUA atacado por los mexicanos en 1836.

43. Cuerpo celeste.

44. Buenos _______; allí murió Lynch en 1985.

45. Hendeduras.

47. Lago salado de Asia.

49. José Enrique _______; escritor uruguayo autor de Ariel.

51. Todavía.

52. Otorgar.

El deporte universitario rescata a Puerto Rico

Puerto Rico después de María

La naturaleza sigue invicta ante los seres humanos. Varios fenómenos atmosféricos se encargaron de poner a Puerto Rico en conteo de protección, y finalmente, al nocaut.

El huracán Irma fue como aquella boxeadora estudiosa y cautelosa en los primeros asaltos de un combate. Impuso su jab para dejarnos sin servicio de agua potable, cortó el cuadrilátero para dejarnos sin luz eléctrica y nos debilitó a tal punto que nos dejó frágil y vulnerables, aún, cuando no pudo dar el golpe final.

Sin embargo, el huracán María, que atacó unas tres semanas después, fue despiadada y voraz para noquear a Puerto Rico de un golpe fulminante. Nos tiró a la lona, nos dejó sin servicios esenciales, la fragilidad del sistema quedó en ruinas y nos sometió a una realidad que hace años debíamos enfrentar, pero la naturaleza se encargó de someternos a un país que ha sido saqueado desde distintos flancos en las últimas décadas.

Ante esta nueva realidad de Puerto Rico, el deporte fue afectado con contundencia. Los destrozos en estructuras deportivas causados por las intensas lluvias y fuertes vientos se convirtieron en obstáculos adicionales en el preocupante estado del deporte puertorriqueño en todos sus niveles.

Reitero el preocupante estado del deporte puertorriqueño, haciendo énfasis en el universitario, pues antes del cruento ataque de la naturaleza, este sufrió una embestida criminal por parte de la Junta de Control Fiscal (JCF) –una imposición del Gobierno de los Estados Unidos–, como ente rector en la política económica de Puerto Rico, que a su vez, realizó unos ‘’ajustes’’ presupuestarios en el sistema universitario del estado, entiéndase, la Universidad de Puerto Rico (UPR) sin consultar ni auscultar la realidad de la institución con los protagonistas hasta que el estudiantado asumió el control de la situación y realizó una huelga sistémica que tuvo una duración de dos meses.

Esta acción obligó a la JCF a mostrar su plan económico ante la comunidad universitaria donde se reveló el aumento en el costo de la matrícula, la no renovación de contratos de profesores y profesoras, el recorte de múltiples programas académicos y la reducción de becas deportivas en los recintos de la UPR. Destruyendo sueños y posibilidades a jóvenes que tenían la oportunidad mediante el deporte y otras vías que ofrecen las instituciones a echar hacia adelante a sus familias.

Situación Ana G. Méndez

También, enmarcando el deporte como símbolo de resistencia y lucha en momentos de dificultad, los estudiantes-atletas, entrenadores y personal administrativo de los programas deportivos del Sistema Universitario Ana G. Méndez (SUAGM) se organizaron y realizaron un bloque común de resistencia en defensa de sus becas deportivas y sus trabajos tras la devastación del huracán. ¿Por qué? Por una decisión desacertada de la administración del SUAGM, que pretendía recortar de golpe y porrazo los programas deportivos de sus instituciones sin previo aviso a su matrícula. Lo que provocó una conmoción en las redes sociales, y más que eso, en el accionar de los afectados, pues sus trabajos corrían peligro y como consecuencia directa, el sustento para sus familias.

Esta reacción provocó un frenazo en la decisión de SUAGM, donde reconsideraron sus posturas, aunque algunos ya sufrieron el mal rato y otros sus despidos en medio de una crisis humanitaria en Puerto Rico.

La esperanza

Han pasado dos meses tras la devastación de María y Puerto Rico se mantiene en una lenta recuperación, la energía eléctrica es una incógnita, la economía no se mueve y el Gobierno de Puerto Rico se ha visto incapaz de tomar decisiones correctas y efectivas para solucionar los problemas ocasionados por los fenómenos, todo esto, ante los ojos de los puertorriqueños y el Mundo. Una lamentable situación, que ha contrastado grandemente con los esfuerzos del ciudadano común y corriente en forma de solidaridad, empatía, y como no, amor al prójimo para salir del hoyo.

A pesar de todas las penurias causadas por los fenómenos atmosféricos, la JCF junto al gobierno colonial y algunas decisiones de entidades universitarias, el deporte representa una esperanza para miles de puertorriqueños, puertorriqueñas y ciudadanos de otras nacionalidades para salir hacia adelante. Especialmente, el deporte universitario puertorriqueño que desde hace 89 años ha sido pilar fundamental en la formación de jóvenes valerosos/as para nuestra nación.

¿Por qué el deporte universitario es una herramienta para levantar a Puerto Rico?

El deporte transmite unos valores esenciales que necesita nuestro país a la mayor escala posible como el respeto, la tolerancia, el trabajo en equipo, el liderazgo, entre otros muy importantes. Pues la universidad, también nos ofrece esos valores, y más que eso, nos brinda las herramientas mediante la educación para ponerlas en práctica tanto en el presente como en el futuro.

Por tanto, cada beca deportiva que se brinda es una oportunidad de mejorar las condiciones de vida del estudiante-atleta y de su familia. Quizás sea el primer miembro de la familia que consigue llegar a la universidad para recibir educación superior. Existe la posibilidad que esa exención de matrícula pueda sacar a los suyos de la pobreza económica, pero también ayuda a potenciar el aspecto social y cultural. Hay muchas otras vertientes dentro del espacio donde se desenvuelve un individuo, pero el lado humano del deporte universitario y escolar trasciende el aspecto competitivo para ponerlo en función del bien común de una sociedad en problemas. ¡Ahí está la diferencia! El deporte nos brinda ese espacio donde convergen todas las clases sociales y nos enseña que no existen barreras raciales, culturales y económicas para creer en un mejor país.

Por tanto, es importante reconocer el esfuerzo gigantesco de lo Directores Atléticos de las universidades y a la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI). Han salvaguardado la oportunidad de mantener a miles de jóvenes forjando su futuro en un momento histórico. ¡Así se levanta a Puerto Rico! Al menos, tenemos esa esperanza.

La LAI comenzará el jueves, 7 de diciembre con un calendario modificado debido al retraso forzado por el huracán María.

Disciplinas activas para el año 2017-2018: fútbol, tenis, voleibol, campo traviesa, halterofilia, lucha olímpica, taekwondo, atletismo (Justas LAI), baloncesto, béisbol, judo, natación, porrismo, baile, tenis de mesa, voleibol playa y sóftbol.

Breves poshuracanados 2: The Snowman, Battle of the Sexes, Stronger

Tanto en el Fine Arts de Hato Rey y Miramar (que acaba de abrir nuevamente) como en las salas comerciales abiertas de Caribbean Cinemas la cartelera no ha cambiado mucho a pesar de haber añadido los estrenos de la época navideña que comienzan la semana antes de Acción de Gracias: muchas salas con el mismo ofrecimiento. Por eso algunos filmes que comenté anteriormente siguen en cartelera aunque sea en una sola sala de Plaza las Américas o en una tanda nocturna. Aquí comento tres filmes que se presentaron en Fine Arts, dos de los cuales siguen en cartelera (escribo el 29 de noviembre).

The Snowman

(director Tomas Alfredson; guionistas Peter Straughan, Hossein Amini, Søren Sveistrup; autor Jo Nesbø; cinematógrafo Dion Beebe; elenco Michael Fassbender, Rebecca Ferguson, Charlotte Gainsbourg, Jonas Karlsson, Michael Yates, Ronan Vibert, J.K. Simmons, Val Kilmer, David Dencik, Toby Jones, Chloë Sevigny)

Es una pena que este filme se promoviera como historia de horror para la época de Halloween porque es un excelente filme de suspenso sobre una investigación policial de crímenes que tienen en común que son anunciados con la aparición de un muñeco de nieve. Por su desarrollo y profundidad de personajes nos recuerda los filmes suecos basados en las novelas de Stieg Larsson: The Girl with the Dragon Tattoo, The Girl Who Played with Fire y The Girl Who Kicked the Hornet’s Nest (todas de 2009). Harry Hole es uno de estos detectives geniales—como Kurt Wallander de la serie de TV de 2008-2015—que viven vidas solitarias con demonios que destruyen su capacidad de socializar y llevar una vida normalizada con familia y amigos. Su capacidad de conectar los detalles y llegar a conclusiones es privilegiada pero exteriormente se ahogan en alcohol y en memorias distorsionadas. Solamente el proceso de solucionar un caso los hace revivir y conectar nuevamente con esa sociedad que conocen pero de la que no se sienten parte.

A Hole se le asigna un caso muy misterioso que tendrá antecedentes y que contará con múltiples crímenes y sospechosos probables pero no definitivos: maridos que recelan la independencia de sus esposas, un médico que recluta jovencitas para satisfacer la perversidad de un multimillonario que parece tenerlo todo y una conexión entre el pasado y el presente a través de su nueva ayudante, Katrine Bratt. Como es de esperarse Michael Fassbender carga el filme en sus hombros para llevarnos a dimensiones que solo un Kenneth Branagh es capaz de hacer y cuenta con breves pero brillantes intervenciones de Val Kilmer, J.K. Simmons, Charlotte Gainsbourgh, Chloë Sevigny y Toby Jones.

Battle of the Sexes

(directores Jonathan Dayton y Valerie Faris; guionista Simon Beaufoy; cinematógrafo Linis Sandgren; elenco Emma Stone, Steve Carell, Andrea Riseborough, Natalie Morales, Sarah Silverman, Bill Pullman, Alan Cumming, Elisabeth Shue, Eric Christian Olsen, Martha MacIsaac, Austin Stowell, Mickey Sumner, Jessica McNamee)

Como la promoción del filme nos indica esta es la historia tras bastidores del juego en 1973 entre Billy Jean King, la tenista rankiada entre las dos primeras en mujeres (Margaret Court era la otra) y de Bobby Riggs, ya retirado del circuito de tenis masculino (el que sí dejaba dinero) pero que vivía de sus glorias como campeón amateur (1939) y luego profesional (1946) y su dominio de los medios de comunicación donde mantenía su nombre siempre como noticia. Aunque el momento que escogen dramatizar es precisamente ese juego del 20 de septiembre en Houston con una bolsa de $100,000 a/la ganador/a que llenó a capacidad el aeródromo y que tuvo 90 millones de televidentes, Battle of the Sexes recoge el sentir de las mujeres en lo que se conoce como la 2nda Ola Feminista (la 1era fue la lucha por el sufragio desde el siglo 19 hasta la obtención del derecho al voto en 1920).

El juego se promocionó como “la batalla de los sexos” para determinar si un tenista profesional de 55 años podía vencer a una mujer de 30 que había probado su conocimiento y fuerza en la cancha pero su género la clasificaba como inferior al hombre no importa las diferencias en edad o estilo del match. El filme comienza con el desafío que le hacen las mujeres tenistas a la USTA para que su paga fuera la misma de los hombres. El rechazo a este pedido impulsa a un grupo de tenistas lideriadas por King y representadas por Gladys Heldman para que formen su propio circuito y desafíen el control de Jack Kramer. Así que una parte importante de la historia es cómo las mujeres tenistas desarrollan su propia asociación, se insertan en ese movimiento feminista que valoraba, sacaba de la oscuridad y rompía los mitos de la sociedad patriarcal. Como parte de este desafío también estaba el reconocimiento de su propia sexualidad que para una figura pública era casi aislarla si no seguía el modelo de “familia”.

Stronger

(director David Gordon Green; guionista John Pollono; autores Jeff Bauman y Bret Witter; cinematógrafo Sean Bobbitt; elenco Jake Gyllenhaal, Tatiana Maslany, Miranda Richardson, Richard Lane, Nate Richman, Lenny Clarke, Patty O’Neil, Clancy Brown, Carlos Sanz)

Con otra sólida actuación de Jake Gyllenhaal—quien parece estar dedicado a darle múltiples facetas a personajes conflictivos como los excelentes Brokeback Mountain (2005), Rendition (2007) y Zodiac (2007) y luego Jarhead (2005), Nightcrawler (2014), Southpaw (2015), Nocturnal Animals (2016)—para interpretar a Jeff Bauman, el joven que aunque sobrevivió el ataque terrorista del maratón de Boston de 2013 quedó sin piernas y sin dirección en su vida. Es una historia muy personal que director y guionista agrandan para utilizar su historia de recuperación como ejemplo de patriotismo (al igual que otros lo han hecho con las guerras no declaradas en el Oriente Medio). El tratar de encontrar ese “happy ending” que une a todos por el bien de la patria es la parte más floja de un mar de buenas actuaciones en situaciones cotidianas.

Lo que atrae de Bauman es su falta de heroicidad en términos de sacrificio, honestidad y sentido de colectividad. Jeff es un empleado no diestro en COSTCO (interesante lo que se aprende de esta empresa en su compromiso con sus empleados) que aunque cumple con sus responsabilidades hasta cierto punto también trata de zafarse para ver un juego de su equipo de hockey o pelota. Erin es su exnovia porque por más afectivo y simpático que pueda ser, sigue siendo irresponsable y sin seriedad en su relación. Todo esto lo captamos en los primeros 15 minutos de la historia. Otro aspecto que se enfatiza es la unión familiar entre este grupo de antepasados irlandeses que incluye familia cercana y distante y los amigos y vecinos con quien crecieron. Esta cercanía es crucial para el reestablecimiento de Jeff pero también sirve para excluir. Esto es precisamente lo que aprende Jeff en su camino a aceptar quién es, lo que puede o no hacer físicamente y entender que existen otros que han perdido igual o más que él (una excelente escena entre Jeff y Carlos sobre este significado).

La revolución posible: En respuesta a Byung-Chul Han.

a Gabriela Quijano, por la complicidad

Durante el último mes en Puerto Rico, ha circulado por las redes sociales un ensayo de Byung-Chul Han titulado ¿Por qué hoy no es posible la revolución? [1]. Aunque originalmente traducido al español y publicado a finales del 2014 en el periódico El País, parece que no fue hasta ahora que circula ampliamente por la isla. Han es uno de los filósofos contemporáneos más conocidos y leídos en la actualidad, por lo que no es de sorprender la difusión que ha tenido este ensayo. En momentos en que se ha visto una creciente polarización política a lo largo del mundo, y en que fuerzas conservadoras han retomado el poder en no pocos países, la idea de la imposibilidad de la revolución parece haber captivado e inmovilizado a muchos.

Veamos con cuidado lo que plantea Han. Pongamos a un lado algunos elementos contextuales que de todos modos no debieran pasar por desapercibidos: el que la traducción al español se haya publicado en un periódico, El País, que hace décadas se va acercando a la derecha, y en un contexto nacional de tremendos conflictos y grandes movilizaciones, expresadas, por ejemplo, en el 15-M, el surgimiento de PODEMOS y la lucha por la independencia de Cataluña. Aunque nos podríamos preguntar bajo qué lógica se ubica este escrito dentro del proyecto editorial de El País, centrémonos en el texto. Y en él, Han se pregunta: “¿Por qué el régimen de dominación neoliberal es tan estable? ¿Por qué hay tan poca resistencia? ¿Por qué toda resistencia se desvanece tan rápido? ¿Por qué ya no es posible la revolución a pesar del creciente abismo entre ricos y pobres?”

Empecemos, pues, por los principios, por esta serie de premisas que Han da por sentadas y que están implícitas en las preguntas que se hace. ¿Dónde se percibe la estabilidad del neoliberalismo? ¿La estabilidad de la crisis mundial del 2008 (“La gran recesión”)? ¿De la caída de las acciones chinas pocos años después? ¿De la nueva burbuja financiera que economistas como Michel Roberts advierten que puede estallar pronto, tanto en el mercado europeo como en el norteamericano? Si bien es cierto que Han parece interesarse más por “cómo funciona el poder y la dominación” que por el aspecto económico del neoliberalismo, todavía hay varias preguntas que nos debiéramos hacer al respecto. ¿Será tan fácil separar el sistema neoliberal de dominación del sistema económico neoliberal como parece hacer Han? Si fuéramos a tomar al sistema neoliberal en su conjunto, las crisis cíclicas del sistema económico, ¿no podrían ser vistas como aperturas posibles de resistencia y (¿por qué no?) revolución? Además, ¿realmente la conclusión a la que debiéramos llegar después del movimiento 15-M, de la Primavera Árabe, de Occupy Wall-Street, es que bajo el neoliberalismo se hace imposible la revolución?

Veamos qué más nos dice Han al respecto. Para Han, hay una serie de elementos importantes que distinguen la “sociedad industrial” y la “sociedad neoliberal”. Así, mientras en la sociedad industrial el poder se ejercía de manera represiva –ejemplificado a través de las fábricas que “explotan de manera brutal a los trabajadores industriales”–, el sistema neoliberal “ya no es represor, sino seductor”. El enemigo de hoy día “no es tan visible como en el régimen disciplinario. No hay un oponente, un enemigo que oprime la libertad ante el que fuera posible la resistencia”. Aquí, nuevamente, surgen todo una serie de dudas alrededor del análisis de Han. ¿Habrá un enemigo más obvio en nuestros tiempos que el capital financiero del sistema neoliberal? A lo largo y ancho del globo, y con especial furor en los países subdesarrollados, lo que se ha visto es la imposición violenta de medidas de austeridad posterior a la crisis mundial, con la complicidad, muchas veces, de los estados nacionales; medidas que buscan reducir las ya limitadas intervenciones estatales en la economía y en la sociedad (ayudas económicas, impuestos a las ganancias, reducciones a los planes de pensión y de salud) y que ponen el peso de la crisis sobre los hombros de aquellos que menos pueden sostenerse, que en no pocos casos intentan resistir. Partiendo de estos ejemplos, ¿dónde queda el aspecto seductor del neoliberalismo? ¿No se puede apreciar una continuación de la lógica represiva anterior? Nuevamente, además, se ve difícil justificar la separación implícita en Han entre el sistema de dominación y la economía. ¿No ha sido el cuadro descrito anteriormente precisamente la razón detrás de muchos de los levantamientos populares que se mencionaron?

Hasta ahora, varios de los señalamientos hechos por Han parecen contrastar con toda una serie de eventos ocurridos en los últimos años. Pero parece que lo más que ha intrigado a los lectores de este ensayo tiene que ver con los cambios en la manera de trabajar y de entenderse como trabajadores. En el neoliberalismo, según Han, a diferencia del trabajador industrial de la época previa, nos encontramos al “autoempleado”, sin duda relacionado a la moda de los “start-ups”, de “do-it-yourself” y del “be your own boss”. Dice Han: “El neoliberalismo convierte al trabajador oprimido en empresario, en empleador de sí mismo. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se convierte en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo y se avergüenza. Uno se cuestiona a sí mismo, no a la sociedad”. El neoliberalismo es tan radicalmente distinto a la sociedad industrial que, según Han, “no es posible explicar el neoliberalismo de un modo marxista” [¡!], pues ahora ni siquiera existe la enajenación respecto del trabajo [¡!]: “Hoy nos volcamos con euforia en el trabajo hasta el síndrome de Burnout”.

Dejemos a un lado el que, aunque la ideología del autoempleo predomine en muchas naciones, el autoempleo no compone una parte mayoritaria de la fuerza de trabajo; que lo que se ha visto en los países cuyos trabajos industriales han disminuido es el aumento de los trabajos en el sector del servicio, con sus sueldos paupérrimos y su dependencia de la propina; que el trabajo a tiempo completo hace rato dejó de ser una realidad para las generaciones jóvenes, y que el “autoempleo” apenas puede captar a una porción mínima de estos individuos; que las disparidades económicas (como muy bien señala Han) no han cesado de aumentar; en síntesis, que lo que se ha visto en los últimos años es una agudización de la explotación capitalista en su fase más cruda. Pongamos todo esto a un lado pues a lo que Han quiere llegar es a la autoexplotación. Aquí yace, para él, el poder del neoliberalismo, pues “es esencialmente más eficiente la técnica del poder que se preocupa de que los hombres por sí mismos se sometan al entramado de dominación… El sujeto sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento. Se cree libre. Esta técnica de dominación neutraliza la resistencia de una forma muy efectiva… Por ello el régimen neoliberal es tan estable”. Para ejemplificar lo expuesto, nos dice que las protestas que ocurrieron en Corea del Sur a finales de los 1990s son impensables en el presente ya que en su país “apenas hay resistencia”. (Recordemos que este artículo es del año 2014, previo a las protestas masivas del 2016 y el 2017 que lograron la destitución de la presidenta de Corea del Sur. Centenares de miles de manifestantes, a lo largo de dos años, se mantuvieron en las calles hasta lograr su objetivo. La lectura que hace Han de la sociedad neoliberal, pues, no pudo sostenerce ni en su país de origen.)

Pero toda la elaboración de Han deja a uno insatisfecho, y llega el momento en que no podemos continuar dejando a un lado todos los factores que contradicen su argumento. En esencia, el problema principal de Han – aparte de las múltiples cegueras que hemos ido señalando a lo largo de este texto – es su ansiedad de querer ver en el neoliberalismo algo profundamente distinto al “sistema industrial” previo. Lo que hace Han no es nada nuevo; el “capitalismo tardío” de los 1970s ya llevó a muchos pensadores a concluir que estábamos en una nueva fase social y económica que cambiaba radicalmente las reglas del juego, incluyendo la lucha de clases y la viabilidad de la revolución como hasta entonces se conocía. Lo mismo se llegó a decir en la década de los 1990 ante la globalización y la apertura de nuevos mercados; era la época del “fin de la historia” y el vencedor era la democracia liberal. Ahora, Han, uno de los intelectuales del momento, perdiendo de vista el conjunto del sistema económico y social en el que vivimos, “redescubre” que estamos en un momento tan distinto que hace la revolución imposible. Ante nuestros ojos nos encontramos con un presente estático, asfixiante.

Pero la vida social nunca es tan cerrada como lo han pintado estos pensadores y como hace Han ahora. Los últimos años han demostrado un sistema neoliberal profundamente inestable. El que sea el sistema dominante no tiene que ver con su alegada estabilidad, sino con el hecho de que dentro de la inestabilidad reinante, de las luchas locales, regionales y mundiales, de conflictos con el estado y el capital, el neoliberalismo ha logrado imponerse a la fuerza, y ha logrado mantenerse a la fuerza. No estamos en un momento de paz; estamos en medio de una guerra, y la estamos perdiendo.

Por supuesto, decir que la revolución es imposible hoy día es tan errado y mecánico como decir que la revolución está a la vuelta de la esquina. Estamos todavía lejos de un salto mundial cualitativo. Los ejemplos que se vienen señalando a lo largo de este escrito son muestras de importantes desafíos y rebeliones, todavía no revoluciones. Pero las grietas del neoliberalismo se encuentran por todas partes, se multiplican, crecen. Continúan siendo espacios que igual pueden significar nuevos retrocesos o grandes esperanzas, que demuestran que lo que predomina no es lo estático sino el movimiento: en la economía y las crisis cíclicas; en los conflictos con el capital financiero global (y con los estados nacionales cuando estos son sus cómplices); en los intentos de superar métodos agrícolas y ambientales dañinos; en los conflictos por la soberanía nacional, todavía vivos y coleando en pleno siglo XXI; en todos estos espacios queda viva la chispa de profundas transformaciones sociales.

Si en algo concuerdo con Han es con el final de su ensayo. Dentro de las “novedades” de estos años (nunca muy nuevas, por cierto), podemos apreciar lo que se conoce como el “sharing economy” (“la economía del compartir”, “economía solidaria”, etc.), distintos intentos por superar la lógica de la competencia económica a través de modelos más sociales, cooperativos, locales. Estoy de acuerdo con Han cuando advierte que sería “un error pensar que la economía del compartir… anuncia el fin del capitalismo”. Pero no porque estos esfuerzos sean insignificantes; en muchos casos, son pasos positivos en el camino hacia un mundo más justo. Eso sí, son insuficientes, porque la lógica que ha guíado a la economía – bajo su fase “fordista” o industrial”, bajo el capitalismo tardío, bajo el neoliberalismo – continúa siendo la lógica de la ganancia a partir de la propiedad privada sobre los medios de producción. La economía solidaria convive con ella, no la cambia por completo. Un cambio de la lógica de competencia y ganancia privada requiere cambios sociales y económicos profundos, estructurales. Por esto se hace necesario aspirar a la revolución, y por fin poder terminar con un sistema económico – el capitalista – que, a la vez que se amplía, empobrece y destruye las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el ser humano. Nada más el hecho de que esta aspiración se mantiene viva, que sigue animando a miles, millones de personas alrededor del mundo, debiera ser razón suficiente para reconocer que aún hoy es posible el movimiento.

[1]https://elpais.com/elpais/2014/09/22/opinion/1411396771_691913.html