Inicio Blog Página 1918

Más allá del huracán

Mi gente, siguen apareciendo cosas que hacen más grande la sospecha de que hay un plan detrás de esta crisis creada, no tanto por el huracán, y si por la negligencia criminal de FEMA y del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, las humillantes expresiones del señor Trump, la dictatorial Junta  de Control Fiscal y el gobiernito colonial.

Hace unos días soldados de la Guardia Nacional de Puerto Rico denunciaron que se estaba botando agua y alimentos almacenados en el centro de acopio de la organización Unidos por Puerto Rico, entidad patrocinada por el gobierno colonial.

Ayer vi la fotografía de una plataforma para exploración petrolera en el mar, cerca de la costa del municipio de Ceiba, actividad que había sido mantenida en secreto. Al publicarse la foto en las redes sociales, un abogado se preguntó si sería ese el motivo por el cual se está despoblando a Puerto Rico.

También me enteré de la posición asumida por la American Public Power Association (APPA), organización que agrupa unas 2,000 compañías públicas de electricidad en Estados Unidos,
en contra de la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico. Su presidenta evidenció claramente cómo el costo del servicio eléctrico aumenta significativamente al privatizar el servicio. Me pregunto si sería por eso que el pseudo gobernador no recabó la ayuda de la APPA  cuando debió haberlo hecho.

¿Recuerdan el escándalo de los materiales supuestamente escondidos en un almacén de la AEE, noticia cubierta por la prensa internacional?  ¿Por qué los ofíciales de FEMA y del Cuerpo de Ingenieros llegaron al almacén acompañados de agentes del FBI armados con armas largas?  ¿Acaso esperaban algún encuentro? ¿Con quién? Luego de ese espectáculo, tanto FEMA como el Cuerpo de Ingenieros tuvieron que admitir que conocían de antemano la existencia del almacén e incluso lo habían visitado y conocían el inventario de piezas que contenía.

Saben que últimamente salió a relucir que los dueños de la empresa Whitefish, con la cual el gobierno colonial hizo un contrato multimillonario para la restauración de la red eléctrica sin tener capacidad alguna para la gigantesca tarea, estuvo cabildeando en el Congreso estadounidense previo a la firma del contrato. Ante el clamor público en Puerto Rico y el inicio de una investigación congressional, el contrato fue cancelado.

Ya sabemos que los dos dueños de esta empresa fantasma son republicanos y donantes a la campaña de Trump.

FEMA también otorgó un contrato multimillonario para la instalación de toldos a otra empresa fantasma, contrato que tuvo que ser anulado rápidamente por incumplimiento.

Y ahora están vendiendo a nuestro presos -como si fueran una mercancía- a prisiones privadas en los Estados Unidos, cuyos dueños obtienen grandes ganancias.

Mi gente, la mafia se queda corta. ¿Cuándo aceptará la Junta y el gobernito colonial una auditoría independiente de la llamada deuda?

Me solidarizo con todos aquellos que dentro de sus circunstancias protestan contra estos abusos.

¡Pa’lante siempre, mi gente!

Cartas de esperanza y solidaridad

Si ha habido un importante proyecto social luego del paso del huracán María por Puerto Rico, ha sido el de entregarles a los niños(as) y jóvenes, estudiantes de escuelas públicas de la isla, cartas de esperanza escritas por niños(as) y jóvenes como ellos, pero de otros países y residentes de la comunidad de Long Island en Nueva York.

La iniciativa estuvo a cargo de Margarita Espada, teatrera y gestora cultura que creó –junto a otros artistas del patio– el desaparecido teatro riopedrense Yerbabruja y que por más de una década ha continuado la labor social, comunitaria y cultural en la diáspora nuyorkina.

La esencia de Cartas de esperanza, como le ha denominado Espada al proyecto, era que estudiantes de todos los niveles escolares – la mayoría inmigrantes en Estados Unidos, provenientes de países centroamericanos – de escuelas como Patchogue Scpenor, Smith Town, Sachen School y Central Islip vertieran su solidaridad con los de Puerto Rico tras el paso del devastador fenómeno natural.

Las más de 500 cartas se han distribuido poco a poco por escuelas de Aibonito, Guayama, Caguas, Carolina, Salinas y Trujillo Alto. Muchas de ellas han sido entregadas a los estudiantes de estas escuelas de la mano de la contadora de cuentos Tere Marichal. Los maestros que se han interesado en el proyecto y que creen en la integración de la comunidad con la escuela también se han unido a la hermosa gestión de distribuir cartas. Como parte del proyecto, se creará un lazo entre estos estudiantes, pues los puertorriqueños contestarán las cartas y las harán llegar a Nueva York.

Según contaron Margarita Espada y Tere Marichal, cuando los estudiantes puertorriqueños reciben las palabras que leen es mucha la emoción que se siente en el salón. A juzgar por ellas, la grandiosidad de este ejercicio solidario consiste en varios aspectos. En primer lugar, “es importante visibilizar a los niños y humanizar su experiencia con el huracán”, dijo Espada en entrevista con este medio.

“Lo que está pasando en Puerto Rico con las escuelas públicas es una cosa bien dura, así que mi misión es ver de qué manera una organización comunitaria puede impactarlas, así como a los niños de las diversas comunidades y barrios”, continuó la artista.

Por otro lado, el proyecto se tornó más interesante porque, el ser inmigrantes ha dotado a esos niños y jóvenes entre las edades de 12 a 20 años de experiencias dolorosas, y a la hora de redactar las cartas le han regalado esperanza a los de acá. “Muchos vienen cruzando la frontera. Ahí es que está la belleza, en que precisamente por ese trasfondo es que pueden sentirse humanos y pueden solidarizarse”, comentó Espada.

Asimismo, ha sido beneficioso para todos los estudiantes porque han podido integrar al ejercicio destrezas de redacción y escritura creativa. Según Margarita Espada, luego de entregar las cartas, los maestros puertorriqueños han incorporado al plan de enseñanza el objetivo de “conectar con Latinoamérica, que aquí se pierde por el coloniaje”.

“Hoy quiero regalarte un inmenso abrazo para cuando necesites recibir una esperanza para superar todos los problemas”, le escribió a algún estudiante puertorriqueño Josué Ramírez, un joven salvadoreño salvadoreño estudiante de la escuela Patchogue Scpenor.

Y es que los niños de acá se han impresionado al notar que los remitentes de las cartas son estudiantes de otros países. Leí en una de las cartas, “hermano centroamericano, estamos con ustedes”. Son esas palabras las que encierran el verdadero significado del ejercicio de redacción: la hermandad y solidaridad expresada entre niños, niñas y jóvenes.

Crucigrama: Awilda Palau

Horizontales

1. Ciudad natal de Awilda Paláu Suárez, autora de Veinticinco años del periódico independentista Claridad y su visión de 68 problemas sociales puertorriqueños.

5. Se inclina y tuerce hacia un lado.

8. Embistió.

11. Artículo gramatical, fem. pl.

14. Anillo.

15. Inflar.

16. Leva, moneda búlgara.

18. Awilda _____ Suárez; Socióloga y Trabajadora Social. dirigió el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

19. _____ Poniatowska; escritora, activista y periodista. Ganadora del Premio Cervantes.

20. Proyectos exploratorios sobre el problema de la delincuencia _____; publicado por Paláu en 1963.

25. Universidad de Puerto _____; Paláu fue catedrática de la institución educativa.

28. _____ Bolívar; Libertador de América.

29. _____ Campeche; pintor puertorriqueño.

31. Lengua provenzal.

32. Pájaro.

33. Onda.

34. Ciudad de Caldea.

35. Astro.

37. Labré.

39. Sabana.

40. Dos modelos de instrumentos para el diagnóstico y tratamiento de la _____ y el maltrato de menores; ensayo de Paláu.

45. Alga verde que se cría en el mar o en los ríos y estanques.

46. Asolee.

47. Personaje bíblico.

48. _____ de la historia legal de las instituciones y tribunales de menores de Puerto Rico; publicado por Paláu en 1970.

49. Cincuenta en números romanos.

50. _____ Paláu Suárez; autora de Bolívar y Hatuey en Puerto Rico: la participación puertorriqueña en la expedición en canoa del Amazonas al Caribe.

Verticales

1. Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, siglas.

2. Estruja.

3. Levé la bandera.

4. Veinticinco _____ del periódico independentista Claridad y su visión de 68 problemas sociales puertorriqueños; libro de Paláu publicado en 1992.

5. Alabe.

6. 10 de _____ de 1931; nacimiento de Paláu.

7. _____ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

8. Altar.

9. Lengua de los tolupanes, pueblo amerindio de Honduras.

10. Pueblo amerindio de la familia maya de Guatemala.

12. Criba grande para limpiar el trigo en la era.

13. Moneda japonesa de cobre.

14. Conjunto de instrumentos y demás cosas necesarias para la labranza, pl.

16. Dativo de pronombre.

17. Antonio _____ de Bernabe; general puertorriqueño que luchó junto a Bolívar.

21. Utilicé.

22. Observa, mira.

23. Negación.

24. En la mitología griega, una de las hijas de Cadmo y Harmonía.

26. Representación religiosa de pincel o relieve, usada en las Iglesias cristianas orientales, pl.

27. Juego infantil hondureño.

29. Interjección para indicar la risa, la burla o la incredulidad.

30. Awilda Paláu _____; autora de Esbozo de la historia legal de las instituciones y tribunales de menores de Puerto Rico.

36. Elevó.

37. Símbolo de la plata.

38. Preposición.

41. Ave de corral.

42. Sano, sin heridas.

43. Bolívar y Hatuey en Puerto Rico: la participación puertorriqueña en la expedición en _____ del Amazonas al Caribe; publicación de Paláu.

44. Alhelí.

Bailar la vida, la fe y la lucha

Ya en esa semana, por muchas ciudades de nuestro continente, bloques carnavalescos hacen ensayos para la fiesta. Las personas preparan fantasías y empiezan a preparar los bailes de Carnaval. Algunos grupos religiosos ven en eso pura alienación, o misma tentación del diablo. Sin duda, ocurren abusos, sea en la explotación de un erotismo meramente comercial, sea en el uso indebido de bebidas y drogas. También, como en diversos fenómenos de masa, puede haber en esos días, un aumento de la violencia. Sin embargo, sea como sea, toda fiesta, incluso la más aparentemente mundana, reúne las personas en una expresión de alegría. Por eso, tiene una dimensión noble y, podemos decir: espiritual. De un modo u otro, todas las culturas valoran la fiesta como signo y anticipación del pleno y definitivo encuentro con la divinidad. Conforme al cuarto evangelio, Jesús mismo anticipó su hora de actuar y su Pascua. Transformó agua en vino simplemente para que no faltara alegría en una fiesta de bodas (Jn 2). Jesús dijo también que los tiempos del reinado divino vienen al mundo y por eso todos deben alegrarse. El Espíritu Divino hace de nuestra vida, incluso sufrida, una fiesta de amor. Lo que caracteriza a la fiesta es la libertad de jugar, el derecho de subvertir la rutina y de expresar alegría y comunión, a través de una comida deliciosa, una música contagiosa y una danza que unifique cuerpo y espíritu.

En la Biblia judía, los salmos aluden à la danza como forma de oración. A pesar de eso, parece que la danza no siempre ha sido muy valorada en las liturgias. En las sinagogas, el uso varió mucho. En épocas más recientes, principalmente en fiestas como la de la Simchá Torá, la fiesta de la “alegría de la Ley”, la danza es el rito central. Nilton Bonder, rabino brasileño explica: “Bailamos con la Torá y no nos damos cuenta cómo bailamos con la vida y de que la danza revela mucho de nuestro ser más profundo”.

La danza es más que un método. Es camino de meditación interior y comunitaria. Indica apertura del ser humano à la trascendencia. Un derviche dijo al escritor griego Nikos Kazantzakis: “Bendecimos al Señor, bailando. La danza mata al ego y una vez que el ego es muerto no hay más obstáculos que le impidan unirse a Dios “.

En toda América Latina y Caribe, las danzas son ancestralmente practicadas por las religiones originales (indígenas y afrodescendientes). Muchas veces, además de ser una forma de orar con el cuerpo, sirven también como instrumentos de sanación y equilibrio para la vida. El Carnaval y sus bailes pueden ayudarnos a hacer de nuestra vida un baile de comunión, ensayo de un mundo nuevo posible.

Lo que nos salva: Respuestas de Nelson Sambolín

Nydia Fernández / Especial para En Rojo

Albizu

Don Pedro Albizu Campos. La primera vez que yo oí de ese personaje fue porque estuvo apoyando a los obreros de la Central Aguirre, en una huelga. Mi papá trabajaba en la Central Aguirre. Nosotros vivíamos en el barrio El Coquí, un barrio compuesto por la capa más bajita de la clase trabajadora de la Central, y ésos eran los huelguistas. Yo oí mencionar a Albizu porque los trabajadores lo llamaron. Creo que Albizu tuvo que cruzar una verja de alambre de púas [ríe] para poder llegar. Recuerdo de mi niñez que, había un comité del PIP y era lo que quedaba [del tiempo de la huelga]. Recuerdo que el local estaba hecho de palmas de coco; las pencas de las palmas se entrelazan y crean como unas paredes, con un tejido de las hojas de la penca bien bonito. Y ése era el local, que le decían “la Casa de los Pipiolos”.

Cuando llegué a Río Piedras a estudiar en la Universidad [1963], yo no tenía esa experiencia de ver una ciudad, una universidad. Todo era bien nuevo para mí. Y recuerdo que en el recinto había una asociación de estudiantes nacionalistas. Recuerdo una persona —Jorge Nogales—, que era el presidente de la Asociación de Estudiantes Nacionalistas (sí, ése es el nombre). Él escribió una cosa, no recuerdo dónde fue publicada, pero en el título, o en algún punto importante del escrito, decía: Albizu está muerto. Bien muerto”. Tomando eso como base es que él desarrolla su escrito. Además había otra persona, Benjamín, no recuerdo el nombre, que organizó una exposición [colectiva] que se llamaba “La imagen de Albizu”. Yo empecé a conocer sobre ese personaje y a leer cosas que se decían sobre él, o cosas que él decía, a ver imágenes de Albizu y del Nacionalismo. Nosotros, en el Taller Bija [1970-1987], hicimos un portfolio de fotografías del Nacionalismo, que se utilizó para recaudar fondos para el taller. También se hizo un cartel, que lo hizo Rafa, Rafael Rivera Rosa, sobre don Pedro. Nosotros éramos un taller, que lo componíamos Rafa y yo, y René Pietri, que era como el administrador, y, contrario a lo que se decía, no éramos un taller del MPI. Nosotros éramos un taller independiente en el que colindábamos ideológicamente con el MPI. Por lo tanto, nos poníamos en esa línea y hacíamos imágenes sobre asuntos culturales, asuntos políticos, asuntos artísticos. Hicimos mucho trabajo, ¡mucho trabajo! Increíble. Yo lo pienso y me canso [ríe].

Entonces, cuando se cumplen los 50 años de la muerte de Albizu [2015], que no se hizo nada, yo tenía eso en mente. En el 1965 murieron dos personajes bien importantes para mí: Albizu —que yo me enteré de la muerte de Albizu porque un compañero de hospedaje, Carmelo Rodríguez, llegó llorando al hospedaje porque Albizu había muerto— y Rafael Hernández. Los dos murieron en el 1965. Así es que en el 2015 se cumplían 50 años de ambos personajes y no se atendió, a ninguno de los dos. Lamentablemente. Y yo pensé en, de alguna manera, aportar algo a la memoria y escribí como una pequeñita obra de teatro en la que se encuentran Albizu y Rafael Hernández. Y hablan. Hablan de boleros, de canciones, de música, algunas cosas ideológicas; Albizu le cuestiona a Rafael Hernández si es “destino” o es “tirano”. Y Rafael Hernández le contesta, en la obra, le dice: “tirano”. Ahí Albizu también destaca el aspecto poético, literario, de la obra de Rafael Hernández y le declama una canción; no la canta porque [mi] Albizu no sabía cantar pero sí podía declamar y le habla a Rafael Hernández de esta canción que empieza: “Desmayo de una lágrima / que inútilmente clama”. ¡Wow! Qué forma de empezar una canción.

Por qué ahora

Es una emergencia. Puerto Rico necesita pegarse de las raíces más fuertes, las que tengan más salud. Y la gente, en lo más profundo y en lo más íntimo, sigue recordando a Albizu de diferentes maneras. En los diálogos cotidianos y ante situaciones de falta de integridad, sacan ese ejemplo y esa bandera como lo que nos puede sacar adelante y lo que nos puede salvar. Igualmente, además de la cosa cotidiana, cualquier, digamos feria de arte o fiesta popular donde salen a relucir imágenes de personajes puertorriqueños, la imagen que sale es la de Albizu. Yo no he visto que hagan camisetas con la imagen de Muñoz Marín. No he visto que un artesano haga un grabado de Muñoz Marín o qué sé yo. Esos son personajes pasajeros. Cuando se aspira a algo firme, se va a lo incuestionable, a lo que es seguro.

En el jardín

Soy una persona de patio, una persona de jardín. En mi casa, la mayor parte del tiempo la paso en el patio, y si puedo cocinar ahí mismo, mucho mejor. Y si voy a pasar un buen rato de solaz, como dicen, me voy al jardín. Yo siempre tengo muebles de jardín y siempre cuido mi jardín. Y yo me imagino que don Pedro también cuidaba su jardín [ríe, bella metáfora]. Y, como si fuera un sueño, yo, que soy dulce para esas cosas, me imaginé, sentado en aquel asiento en el patio de mi casa, que yo pudiera hablarle. Estoy seguro que él me sonreiría.

Imaginé a Albizu al lado de un sillón que yo tengo, un sillón de metal, de éstos como de terraza, de los años 50, que yo rescaté de un vertedero y lo restauré. Ahí yo me siento en mi patio, en mi sillón y al lado de un jarrón bien grande con trinitarias de cinco colores— son un espectáculo de luz. Y yo quería, también, estudiar el fenómeno de la luz: cómo cae, cómo altera el color, el color de la piel y el color de todo. La luz es como una sonrisa. La luz puede reirse. Tiene eso. Tiene eso. Yo tengo plantas en mi balcón, plantas dondequiera. Cuando una planta florece, yo sé que está feliz.

Gracias, Quique

Hay una señora, de nombre —si mal no recuerdo—, Nereida Sambolín. De Ponce. Me la presentó Quique Ayoroa Santaliz. Y yo hablé con ella de Albizu porque ella era bien cercana a Albizu; era persona de confianza. Siendo pariente mía también, pudimos hablar desde una distancia bien cortita. Las cosas que me habló me dieron a conocer a un Albizu bien agradable, coloquial, persona conversadora. Y empecé a hacer la comparación con cierta imagen que se propagó de personas estridentes, beligerantes. Mucha gente compró esa imagen. Mucha gente compró esa imagen y la reprodujo. Y ésa es una idea, la idea de “Patria o Muerte”, que… yo creo que Albizu estaba un poco más arriba de eso. No es Patria o Muerte, es Patria y Vida.

Año 2015

Me interesaba, en esa efeméride, que se hubiera hecho cine, que se hubiera hecho poesía, que se hubiera hecho música, que se hubiera hecho convocatorias a la juventud para estudiar y entender mejor el Nacionalismo y las figuras relacionadas con el Nacionalismo. Pensé que, el granito de arena, como dice mucha gente, que yo podía poner era una imagen de cómo yo lo pensaba, de cómo yo lo veía. Y yo lo veía al lado de mi trinitaria, con todo ese color ponceño, porque las trinitarias son del Sur, les gusta el sol. Les gusta el sol fuerte. Yo cultivo trinitarias, las colecciono y tengo de todos los colores, colores en la hoja, colores en la flor. Veo a Albizu como un componente de ese paisaje. El Sur es eso.

El proceso de la imagen

La primera parte fue estudiar las fotografías, y dibujar. Yo no quería un Albizu enfermo. Ni enfermo, ni ‘encojonao’. Estudié bien todas las imágenes. Son imágenes en blanco y negro, imagino que muchas de ellas hechas por el enemigo. Estudié toda la fotografía. Esto por consejo de Lorenzo Homar: “cuando quieres hacer un retrato, tienes que dibujar. Y tienes que aprendértelo de memoria, que lo puedas dibujar sin la presencia del modelo o de la fotografía”. De ese momento para atrás, son bocetos y de ese momento para alante, son retratos. Los bocetos capturan atributos físicos, hasta ahí puedes llegar; el retrato es otra cosa.

A la hora de empezar a acercarme a la pintura, llamo a Alonso, mi hijo, y le digo que vamos a hacer unas fotografías donde yo me voy a disfrazar de Albizu. Y así fue: conseguí el lazo, conseguí el traje. Me vestí de Albizu, asumí la pose del conversador, de la persona que está en el patio con un grupo de amigos; un patio con un aire como de patio interior, con una luz especial. Estaba pensando en un patio interior en una de esas casas de Ponce. Ahí tomamos muchas fotos, todas en pose de conversador, con un grupo de personas pero sin el trago porque lo importante era la atmósfera, la situación la luz; cualquier otra cosa podría distraer.

Conozco bien esa luz, ¡vivo en ella!

Ya en el proceso de pintar, trabajé mucho con la piel, con tratar de ver la piel de Albizu. Cómo la luz se refleja, no solo en la piel, sino en todo el rectángulo, en todo el microcosmos. Eso lo incluye todo— los ojos y los dientes, y el blanco del mueble. Cómo la luz rebota del blanco del mueble y lo toca todo. Yo quería eso. Estudié a Rembrandt. Rembrandt, que era un pintor bastante oscuro, sabía dónde tirar el relámpago, el azote. El tipo… sabía mucho. Hay un rojo que yo llamo Rojo de Rembrandt —no sé cómo lo hacía. Pero yo juego con conseguir esas cosas. Soy un estudioso de la pintura, de verdad.

Tú mencionas los cuadritos de luz bajo el sillón en el cuadro. Sí, estoy bien consciente de cosas que surgen [en la obra], que no es que uno las esté pensando, es que uno las tiene adentro ya. Hay unas esquinitas por ahí que son pinturas de por sí. Eso me recuerda a Carlos Raquel Rivera. Estudié mucho a Carlos Raquel y hay esquinitas de Carlos Raquel que son pinturas de por sí. Porque hay que atenderlo todo. Una pintura es un espacio que Dios no hizo y que delegó en uno. Así es que uno es responsable de todo lo que suceda en ese mundo. En ese rectángulo, uno tiene que atenderlo todo, cuanta esquinita hay, cuanto color hay, cuanta línea hay, cuanta micro-escena hay.

Cruzado el mar

Yo veo lo mismo nuestro, pero con más importancia para la gente que ha tenido que estar fuera de Puerto Rico, que han hecho su vida fuera del País. ¿Qué otra cosa puede darle carne, darle sentido a ser lo que nosotros somos, que no sean los pilares de la nacionalidad? Los que se inventaron esto de ser puertorriqueño. ¡Esta palabra no la inventó la Real Academia! Inventamos esto porque, ¿qué podía ser esta isla para el imperio español? Un sitio que era “propiedad de nosotros” [España], como un terreno; también para los norteamericanos es lo mismo, un terreno, una finca, una propiedad. El resto lo inventamos nosotros. Nosotros tuvimos que inventarnos a nosotros mismos. Y nosotros somos lo que somos porque nosotros lo decidimos. Y, ¿quiénes lo decidieron? Nosotros. Lo que se llama el Pueblo de Puerto Rico. Y sus mentes más claras le dieron sentido a una cosa que es intuitiva. La nacionalidad es intuitiva, alguien tiene que pensarla. Pero el origen es del corazón.

Siempre el Sur

Vuelvo a lo original. Que la primera vez que oigo de Albizu es en mi barrio. Pero si dices Ponce, yo pienso en Ponce y Guayama. De hecho, hay una canción de Lucecita, se llama De Ponce a Guayama: [cantando] “De Ponce a Guayama siete días yo te hablaré…” Y luego dice, “y en El Coquí una plena yo cantaré”. Entre esos pueblos tan importantes que son Ponce y Guayama, dos grandes ciudades, está El Coquí. Como barrio, satélite digamos, de la Central Aguirre, que era el centro de empleo más importante, El Coquí se convirtió en punto de encuentro. Y así está en los programas de las Fiestas de El Coquí, que están ahí, impresos en blanco y negro, cómo la gente de Ponce, de San Antón, de La Playa, y otros barrios, venían a El Coquí para encontrarse con los de Guayama. ¿A qué? A bailar y a cantar. En El Coquí había varias plazas de baile. Las más importantes eran La Gallera y La Plaza de los Cabros. Yo iba a los bailes de bomba, pero iba por la madrugada, porque Mami no me dejaba salir de noche. Si me iba temprano, parecía que iba a la gallera. Ahí estaban todavía los bailadores. Nosotros íbamos, la muchachería, porque había desayuno. Que era vianda con bacalao. Nosotros nos poníamos por la orillita, tú sabes, y las mujeres que estaban sirviendo, después que les servían a los músicos y a los bailadores —es lo principal—, nos daban la señal.

Mami nos llevaba en Semana Santa a la procesión de Ponce, que era la más grande, a verla. Fletaba un carro, el carro de Sondico, que tenía un carro público, y nos llevaba. Era en la Plaza de las Delicias donde terminaba todo y ahí esperábamos la llegada de la procesión. Eso era, para un niño, ¡imagínate! Exacerba la imaginación, es como teatro. Ver esas mujeres y esos hombres cargando con las imágenes, con esa devoción. Yo me fijé en todo eso, de hecho, quería ser sacerdote. Con eso era que yo soñaba. Porque a mi barrio llegó el Padre Delfín Vecilla de las Heras, un español que se metía a los bares de El Coquí. El Padre Vecilla me enseñó a nadar. Porque uno de los premios, como yo servía como monaguillo, era ir a la casa de los González, una quinta en la playa. Me enseñó a jugar billar. Era un maestro. ¡Me regaló un billar! De juguete pero bastante grande. Yo lo ponía por las tardes al frente de mi casa, que había como una acerita, y yo lo ponía ahí, bien chévere, bien nivelaíto, como tiene que ser, y venían los chamacos a jugar billar, apostando. Era a un chavo. El que perdía, tenía que pagar dos chavos: uno al ganador y uno a la Casa, que era yo. Y, como yo jugaba y era ganador [ríe], los dos chavos eran para mí. Como yo tenía el billar en mi casa, yo practicaba más. Además, tengo que admitir que siempre he tenido mucha habilidad manual.

Guayama. Era el pueblo más cercano, una gran ciudad. ¡Bella! Y Mami, que era quincallera, compraba su mercancía en Guayama, que era un pueblo de mallorquines. Los Fontané, los Nieves, eran grandes almacenes porque el puerto de Arroyo estaba activo todavía. Mi mamá me llevaba, ella compraba para revender. Ponce y Guayama eran, y todavía lo son, esos dos grandes polos que miden el Sur, desde el este que es Guayama, hasta el centro-oeste, que es Ponce. Ahí sucede todo. Esa es la cuna de la Danza y de la Plena. Era el verdadero Caribe. Fue a donde llegaron todas esas familias que hablaban “Dutch” —holandés—, francés, inglés. Hay unos cuentos bien interesantes, de Rafael Aponte Ledée, el gran músico, de que mucha música que él oía, la oía en francés, en Guayama.