Regresa “Sobre la mesa” (edición 15) y esta vez presencial

Foto: Julio Morales

 

Especial para En Rojo

Se podría escribir la historia de por lo menos setenta y cinco por ciento de los logros mayores del teatro puertorriqueños de los últimos treinta años a través de la contribución femenina –directoras, dramaturgas, actoras, performeras y maestras como Teresa Hernández, Rosa Luisa Márquez, Idalia Pérez Garay y Maritza Pérez Otero, entre muchas otras.

Entre ellas, anda la titiritera, mascarera, y performera Deborah Hunt. Nacida y criada en Nueva Zelandia, estudiante de las técnicas de la escuela de Jacques LeCoq y experimentada en el teatro callejero y experimental en América Latina y Estados Unidos, la trayectoria creativa de su residencia en Puerto Rico desde los principios de los 1990 ha resultado en la transformación de las nociones de teatro de títeres, teatro de máscaras y teatro del objeto. Se ve una influencia lateral sobre los montajes teatrales de su contemporáneo/as inmediata/os y mas interesante, una secuela de artistas mas jóvenes que incluye los/las de Papel Machete, Y no había luz, AgitArte y otros grupos de títeres y máscaras.

Una de las contribuciones de Deborah ha sido “Sobre la mesa”, comenzada en el teatro estudio Yerba Bruja en el casco de Río Piedras en 2007, y mas reciente en su edición no. 15 durante el fin de semana de 27 – 29 de enero, 2023. El montaje consiste de obras de títeres y objetos, frecuentemente en miniatura, de un/a titiritera/o sobre una mesa como escenario y con una duración de solamente seis minutos para un público de 5 o 6 personas. Presentan múltiples –edición 15 incluía nueve—obras simultáneas dentro de un laberinto de telas en que los públicos cambian de escenario en escenario hasta que todo el mundo ha visto todas las obras.

El proceso puede sonar caótico –nueve escenarios, nueve públicos de seis personas, nueve titiriteros que repiten sus obras nueve veces en un laberinto en que todo comienza a la misma hora y entonces termina a la misma hora—pero existe un formidable sentido de orden mientras los públicos están guiados de espacio en espacio, de obra en obra. Edición 15 de “Sobre la mesa” se realizó en la nueva cede de AgitArte/Papel Machete en la avenida Sagrado Corazón en Santurce.

Fotos: Julio Morales

Cada obra ofrece algo innovador, diferente y cautivante. Cada titiritera/o muestra destrezas artesanales de un nivel impresionante. Cada miembro del público tendría sus propios favoritos según el estilo y tema de las piezas, pero en términos estéticos, yo diría que es la edición de “Sobre la mesa” más distinguida por su precisión y meticulosidad tanto artística como temática.

El objeto en común para esta versión es una peinilla grande de madera. Ésta puede ser central o incidental a la acción y el movimiento de cada pieza. Por ejemplo, no recuerdo en las “Sobre la Mesa” anteriores una pieza tan interactiva como el concierto musical creado por Carlos “Gandul” Torres. Fue el último escenario de mi público de seis y el único que requería la participación de cada miembro al tocar un instrumento diferente bajo la dirección de un maestro cabezudo demoníaco y alegre –The Blue Devil. Yo toqué violín con una peinilla de madera.

Nuestro primer escenario, diseñado por Brenda Plumey Morales, sí incluía una peinilla, pero los objetos de mas interés fueron los zapatos en una variedad de estilos, tamaños y colores que sirven como los cuerpos de las cabecitas de sus variados personajes. El balance entre el objeto encontrado –los zapatos—y el objeto creado o esculpido –las cabezas—fascina tanto como la manera en que la titiritera orquestra el flujo de zapatos encabezados que circula y parece inundar el escenario.

El reconocido actor Yussef Soto Villarini explora temas existencialistas a través de un ojo telescópico, vestidos pequeños de hombre y mujer que quedan enganchados como si fueran personajes, ojos, corazón y cerebro dibujados, y cabezas esculpidas con lo que parece algodón por dentro –un mundo distópico tanto como absurdista creado a través de abstracciones visuales relacionadas, pero de manera aleatoria. Da la impresión de estar en una obra de Jarry, Ionesco o Arrabal.

De manera similar Francisco Iglesias, veterano titiritero de “Sobre la mesa”, explora todo el espacio alrededor de su escenario a través de aves y colores. Crea un ambiente de volar: el vuelo de múltiples y variados pájaros, sus alas y plumas formadas por peinillas de tamaños diferentes pasando alrededor del público, pero también del soñar humano de remontarse en el aire.

El medio de Mary Anne Hopgood Santaella muestra una visualidad similar pero dentro de un marco fijo en que monta imágenes bellas y traslucientes en un “cranky” –rolo encuadernado que mueve de pintura en pintura—que permite el uso de sombras “chinescas” como personajes. Basado en un texto de poblaciones originarias americanas, lo visual ilustra y amplía el mensaje ecológico-ambiental de vivir en balance con la naturaleza sin destruirla.

Los títeres de Agustín Muñoz Ríos nos recuerdan de la importancia de la risa para poder comunicarnos y de vivir en armonía social. Un monstruito alegre explora, juega y sonríe solo para estar enfrentado por otro monstruito gruñón –extrovertido contra introvertido–. Conversan a través de un idioma de sonidos alegres por un lado y gruñidos por el otro. El gruñón falla su primer intento de imitar la acrobacia –caminar por la peinilla grande de madera– del tipito alegre, pero finalmente logra balancearse.

Jorge Díaz, director de Papel Machete y AgitArte y veterano de “Sobre la mesa”, crea un deleite de relato cómico-cortante de la familia “Fosforito”, que también es un discurso político sofisticado que cuenta la historia de la puertorriqueñidad dentro del colonialismo clásico y el capitalismo neoliberal actual. Quedo maravillado por la compresión y claridad narrativa, el trabajo artesanal detallado de miniaturas de palillos de fósforos y el sentido de humor del titiritero-cuentero maestro.

Deborah Hunt es la inspiración detrás de “Sobre la mesa” y tantos otros proyectos que han hecho de Puerto Rico un centro creativo de títeres y máscaras teatrales. En esta 15ta edición, la caja de arena de Deborah muestra todas las características de los otros escenarios. Hay una figura mítica que representa la continuidad y el destino de la vida, tal vez, después del desastre humano: es el cuervo cuyo cinismo vela todo el desarrollo social de la caja de arena. Allí entran figuras minúsculas en detalles impecables: un botecito con figuras humanas, pequeñas casitas, un pueblito, personas mas grandes, otras mas grandes ya en gradas y banco, edificios, mas gente, pero todo será enterrado, cubierto por la arena que empuja una peinilla grande de madera actuando como la puerca (bulldozer) de la historia, mientras el cuervo, siempre reposicionándose, sigue presente, listo para picar, citando a Brecht, ”los ojos de los muertos”.

Termino con Sugeily Rodríguez porque su obra presenta una joya visual que comienza con su vestuario de cara velada como titiritera –una maga envuelta en tela y soga— y continúa con sus títeres, sus pelos de fibra de soga, a los pequeños óleos o pergaminos pintados en que se enrollan los personajes y sus acciones al final de cada secuencia. El impacto visual-sensual con sus colores y texturas es asombroso y deja una imagen imborrable grabada en la mente, una pintura viva, huellas grabadas en vidrio. En las llamadas Bellas Artes, la belleza es una condición difícil de lograr y describir. Capté su presencia en esta pieza.

¿Es esta edición 15 la mejor “Sobre la mesa”? No sé. Tiene balance, un alto nivel de dramaturgia en sus breves tramas, un manejo sin precedente de destrezas artesanales y titiritera/os de talento excepcional. Después de la sequía creada por la pandemia, la renovación de este estilo de teatro intenso, íntimo e impactante nos deja con una sensación de sanación y alegría a través del arte.

 

 

 

 

 

 

 

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