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Organizaciones civiles denuncian violación de derechos humanos

Un sinnúmero de organizaciones cívicas se expresaron en conferencia de prensa en rechazo a la forma en que fueron arrestados dos jóvenes universitarios por agentes encubiertos el pasado domingo en los predios del Capitolio durante una marcha a favor de la auditoria de la deuda y la educación pública.

Amnistía Internacional de Puerto Rico, el Movimiento Amplio de Mujeres, el Instituto Caribeño de Derechos Humanos, Taller Salud, Coordinadora Paz para la Mujer, Proyecto Matria, Comuna Caribe, entre otras organizaciones convocaron a la prensa al Colegio de Abogados y Abogadas en Miramar.

“La principal denuncia es la preocupación de que haya más arrestos de esta índole, que como se ejecutan por policías encubiertos, hace más difícil que las personas reconozcan quién realiza la detención”, indicó Liza Gallardo Martín, directora ejecutiva de Amnistía.

La licenciada Mariana Nogales Molinelli  expresó: “Nosotros no queremos que se repitan los escenarios de represión de movimientos políticos y de libertad de expresión que se dieron en los años ’70 y ’80, pero nos parece que la utilización de estos encubiertos y de tácticas de amedrentar a las personas que ejercen la libertad de expresión van esa dirección”.

Por su parte, la profesora Annette Martínez dijo que se sentían preocupados ante “la continuación de prácticas ilegales de la policía de Puerto Rico y ante las acciones de apoyo por parte de altos funcionarios de estado con el fin de castigar las actividades de protesta social de aquellas personas que exigen la reivindicación legítima de sus derechos humanos”.

“Para Amnistía Internacional esto es un caso de terrorismo del estado.  Nos preocupa mucho que se den estas prácticas de violencia a la mujer para amedrentar el movimiento estudiantil y las personas que protestan en Puerto Rico”, dijo Gallardo Martín en repudio a la situación que, particularmente, entienden como una de violación a los derechos de la mujer.

En ese sentido, “es inadmisible que desde la gerencia del Departamento de Justicia o de cualquier área relacionada se apruebe la intervención hacia las y los estudiantes de esta manera y más que se esté enviando un mensaje de intimidación hacia las mujeres, que son la mayoría en la lucha estudiantil”, expresó la doctora Irma Lugo, coordinadora del Comité de Género de AIPR.

Del mismo modo, Sarah Benítez, del Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico, añadió que “este tipo de detención perpetúa la violencia que viven las mujeres en nuestro país y ataca el trabajo realizado por los movimientos de mujeres encaminados al empoderamiento y a la denuncia de las violaciones de sus derechos”.

“Las defensoras de derechos humanos nos encontramos en una situación acentuada de vulnerabilidad a nuestros derechos por la manera en que la policía utiliza tácticas más militares que policiales”, continuó Annette Martínez.

“Queremos hacer un llamado, no solamente a los activistas que están en la calle, sino a los familiares y a la comunidad general de que tenemos que educarnos sobre nuestros derechos civiles y humanos, de que tenemos derecho a la protesta, de que es una violación institucional completamente ilegal”, sentenció Gallardo Martín.

Exhortaron a los y las manifestantes a que, en situaciones como la del pasado domingo, denuncien los actos de inmediato ante cualquiera de esas organizaciones. Asimismo, la profesora Martínez indicó que “la sociedad civil no se quedará callada y que acudirá a los foros nacionales e internacionales que sean necesarios para denunciar la violación del derecho a la protesta en Puerto Rico”.

Nuevo acento del español boricua

Tengo claro que el idioma es una parte integral de la cultura de cada ser humano. Para los boricuas en la diáspora más que parte de tu puertorriqueñidad, es tu arma de resistencia y lucha.

Y la lucha es constante, cotidiana y ¡ardua!

Uno de mis temores más grandes como madre inmigrante en un país anglo es que mi chiquito no hablara español. He sufrido con mis amistades y sus cuentos trágicos de como sus hijos se niegan a hablar la lengua de su familia una vez comienzan en la escuela, a pesar de que solo se habla español en la casa. “Por lo menos lo entiende, aunque conteste en inglés”, es la frase que me repiten como consuelo, para mí y para sí mismas.

Para las personas migrantes, el idioma del país de origen es muy importante. No solo por las frases idiomáticas, también porque te da los vocablos de la gastronomía, de la música, de la fe, de las palabras de cariño y afecto. Por eso los chinos tienen escuelas de mandarín los fines de semana, así como las comunidades musulmanas tienen las suyas, para mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, con el español es diferente. En especial el español en los Estados Unidos y en Puerto Rico. En los Estados Unidos nunca se ha visto bien que las personas hablen español. El racismo y la xenofobia que muchos estadounidenses tienen en las entrañas se convierte en un odio visceral cuando se trata de los latinoamericanos y sobre todo de los puertorriqueños. No solo es así por las obvias razones de racismo y xenofobia, también por la mentalidad imperialista y colonialista.

Y duele y mortifica más que en otras circunstancias porque no solo somos discriminados por los anglos blancos, sino por muchos negros y hasta por ciertos migrantes pobres, que por el hecho de que los boricuas tenemos la ciudadanía americana (estadounidense) intentan humillarnos a la primera oportunidad.

Luego de ser vejados, muchos puertorriqueños y puertorriqueñas de las primeras olas de migración a los Estados Unidos, allá desde principios y hasta mediados del siglo XX (20), no le fomentaron a su descendencia que hablaran español. Se les hizo muy difícil. No tenían ni las herramientas ni el tiempo y la presión de la sociedad en ese momento histórico era brutal. También, porque querían que se adaptaran, que pasaran como ‘americanos’ y así no sufrieran ni fueran agredidos.

No obstante, eso ha cambiado. Tal vez por la globalización o por la representación boricua en el Congreso, pero principalmente porque los boricuas migrantes de los pasados 20 años estamos en una situación diferente. El nivel de la clase social, de escolaridad y de experiencia de trabajo profesional hace que queramos que nuestros niños y niñas sean bilingües (o más). Reconocemos las ventajas y la importancia de saber más de un idioma, y sobre todo porque atesoramos nuestro terruño y valoramos los lazos afectivos, culturales y económicos que tenemos con nuestra bella isla.

Por eso, a pesar de que vivimos en tiempos en que el racismo se torna rampante con el aval del presidente Donald Trump, la diáspora boricua sigue hablando español llena de orgullo.

Me propuse que haría todo lo que estuviera dentro de mí para que mi crío tuviera una base sólida de español una vez comenzara su preescolar. Lo principal es tratar de limitar el bombardeo constante del inglés, por lo menos en el hogar.

Como lograr esa tarea es casi una misión imposible, los boricuas aceptamos todo tipo de herramientas existentes para lograrlo. Eso incluye consumir solo medios de comunicación en español, juguetes didácticos en español, entre otras.

Por casi tres años, guardé a Michael Jackson, a Los Beatles, a Bob Marley para darle rienda suelta a El Gran Combo, a Maelo, Lavoe, Cultura Profética, Vico C y Grupomanía (¡hay que enseñarles de todo!); y también Juanes, Juan Luis Guerra, Aterciopelados y Buena Vista Social Club y muchos artistas más.

Nos pulimos en sinónimos (y acentos) latinoamericanos y castellanos para hablar con naturalidad de que naranjas y chinas son lo mismo, al igual que guineo, banana y plátano; chorrera, resbaladilla y tobogán, violeta, púrpura, morado y malva… Hemos descubierto grupos infantiles fabulosos como el español Pica Pica, que le da apoyo a los ya gastados DVDs de Atención Atención. Cultivo técnicas de búsqueda en las plataformas digitales para encontrar películas, vídeos y series habladas en el idioma que comparten cerca de 590 millones de personas en el mundo.

La red de apoyo, la familia escogida en el exilio, nos ayuda a solidificar que el chiquito escuche y converse el idioma de la patria. Los maravillosos libros de cuentos que estimulan la imaginación y la creatividad, también juegan un papel importante, al igual que las periódicas visitas de las abuelas y las navidades en el terruño.

De este modo, el chico entró en su preescolar sabiendo decir ‘Buenos días’ y nada de ‘Good morning’. Y aunque siempre supe que era lo mejor para el tipito, y en más de una ocasión tuve que respirar profundo cuando me decían ‘pero y ¿cuándo le vas a enseñar inglés?’ a modo de crítica disimulada, tengo que confesar que me dio temor de que mi experto en Los Mulatos del Sabor fuera discriminado o tuviera dificultades de socialización en el idioma de John Lennon.

Siete meses más tarde con orgullo puedo decir que ahora añadimos ‘seashell’ como sinónimo de caracol, caracola y concha y cantamos tanto ‘Cumpleaños feliz’ como ‘Happy Birthday’ y ‘Las Mañanitas’. Tenemos un acento boricua nuevo… ese que es mezclado con español de España, mexicano y de otras naciones latinoamericanas, y además con el ya aceptado spanglish.

Porque gracias a la literatura de Pedro Pietri y otros escritores, y a las nuevas generaciones de boricuas orgullosos criados en la diáspora, las Jennifer López, los Lin-Manuel Miranda, los Larry Ayuso y los Víctor Cruz de la vida, se ha abrazado el uso cotidiano del spanglish y del español con acento del inglés.

Como explicó el doctor José Luis Vega, director de la Academia de la Lengua Española en Puerto Rico, en entrevista en el programa Agenda de Hoy, los idiomas están en constante evolución y no son los académicos los que lo deciden, si no los hablantes.

Por eso si mi Dude cuando sea mayor continúa con sus palabras boricuas, mezcladas con las de España, El Salvador, México y con su acento de ‘español neutro’, no sentiré nada más que orgullo.

Porque nada más emocionante y hermoso que escuchar a la bella, medallista de oro, Mónica Puig, agradecer en su buen español, con acento del inglés, a su pueblo por todo el amor y atenciones.

Sé que aún no puedo cantar victoria, que la enseñanza del español boricua será una dura batalla diaria por el resto de la vida o por el tiempo que nos quede en el exilio. De igual modo, ahora me siento segura y comprometida con que se puede lograr, que hay que dar la lucha y resistir.

La Universidad: un curso de resistencia

Un golpe sobre otro golpe. Sin explicación. Nunca antes en su historia, la Universidad de Puerto Rico se había enfrentado a una crisis más complicada que la actual. Cuando se supo que la Junta de Control Fiscal exigía un recorte de 300 millones de dólares en el presupuesto de la institución, nadie supo decir cómo se había llegado a esa cifra, con qué criterios, por cuáles razones. No hubo el más mínimo intento, ni de la Junta ni del gobierno, por aclarar ante la sociedad o la comunidad universitaria de dónde salían tales cifras. En lugar de abrir un diálogo racional, el ritmo de la agresión daba otro paso y destapaba un recorte mayor. Entonces se habló de 450 millones. Tampoco hubo ningún intento de explicación. Pero la borrachera de poder siguió su curso: ahora se ha establecido una reducción escalonada hasta alcanzar la cifra de 512 millones para el 2025.

No hace falta mucho análisis para captar que con una agresión así la UPR no quedará de pie tal como la hemos conocido. Por esta razón no es una exageración decir que se ha puesto en marcha un plan de destrucción de la Universidad como institución pública. Este proceso de destrucción, debe entenderse, conlleva eliminar o transformar cualitativamente unos espacios imprescindibles para la libertad de pensamiento, para la disidencia y para el desarrollo de la imaginación creativa, a todos los niveles. Cuando se pretende golpear con tanta saña una institución de educación pública de la magnitud de la Universidad de Puerto Rico, las consecuencias serán enormes, tanto a nivel económico como cultural, si este ataque no se detiene.

Pero debemos tener las cosas claras. El ataque a la Universidad se manifestó temprano y no es algo aislado. Forma parte de una estrategia dictatorial, encarnada por la Junta de Control Fiscal. La política agresiva de austeridad, que será abarcadora e implacable contra todo el pueblo, se ha destapado primero contra la Universidad. ¿Por qué? Derrotada temprano su resistencia, el camino de la Junta se hará más fácil en el resto del país. Es evidente que este episodio de confrontación tendrá una repercusión de gran alcance. Su resultado se dejará sentir por todo el tejido de la sociedad.

Ante una situación tan compleja no tiene sentido la pasividad. Frente a la imposición, sin asomo de diálogo, tampoco tiene sentido no reconocer que la situación impone audacia. La Universidad pública nunca había estado frente a un peligro de esta naturaleza en toda su historia, así como el pueblo de Puerto Rico, en su historia moderna, no se había enfrentado a una crisis de esta envergadura. Si entendemos la complejidad de esta situación, cuando se manifestó abiertamente la agresión contra la Universidad, era imprescindible actuar. Hubo varias semanas para ponderar a fondo la dimensión del ataque. Sin embargo, hay que decir con honestidad el resultado: la única fuerza que desde el comienzo manifestó su disposición de poner en marcha acciones de resistencia fueron los estudiantes. Y debo destacar un hecho evidente: esa lucha efectiva ha tenido, en gran medida, un rostro femenino. Para comprender la dificultad que enfrentaron debemos empezar por el interior de la institución. El personal docente estuvo dividido ante la posibilidad de una huelga estudiantil. Un sector considerable atacó la huelga insistiendo en que era un error cerrar la Universidad porque se colaboraba con las intenciones de la Junta.

Muchos exponentes de esta posición encontraron terreno fértil y acogedor en los medios masivos de comunicación. Algunos de ellos, contra toda la evidencia histórica mintieron con la afirmación de que ninguna huelga había rendido resultados positivos. Durante los primeros días y semanas, los estudiantes enfrentaron dos fuerzas adversas: 1) un gobierno insensible que manifestó una docilidad vergonzosa ante las imposiciones de la Junta, y 2) unos medios de comunicación (radio, televisión y periódicos) que pretendieron aislar la huelga de la opinión pública y derrotarla. Mientras esto sucedía, los estudiantes manifestaron una idea que fue ganando terreno: el cierre de la Universidad era el proyecto de la Junta y del gobierno, de ambos, y la huelga inicial del Recinto de Río Piedras lo que hizo fue comenzar a abrir el debate de la Universidad en todo el país. Frente a una embestida hostil de los medios, apostaron a la democracia en una asamblea nacional de todos los recintos que tuvo una asistencia de más de 10,800 estudiantes. El resultado fue un voto que amplió la huelga a ocho recintos. Después de esta concurrida asamblea nacional, el Recinto Universitario de Mayagüez tuvo otra asamblea con una asistencia impresionante y también se unió a la huelga.

La extraordinaria ampliación de la huelga, las movilizaciones estudiantiles, la protesta llevada a diferentes lugares del poder financiero que pretende destruir la Universidad, ha tenido efectos de notable alcance. El estudiantado en acción, presente en la calle y en los medios, ha logrado un cambio considerable en la opinión pública. Un aspecto significativo de esta transformación se relaciona con la amplitud de miras del movimiento estudiantil. Con su presencia y su militancia han penetrado la opinión pública exigiendo la auditoría de la deuda. El país cada día entiende mejor la necesidad de saber cómo se obtuvo el dinero adeudado y cómo se gastó. Los estudiantes no han cerrado la Universidad pública. La han llevado a la calle con una energía extraordinaria. En varias ocasiones han manifestado su protesta frente a un Capitolio podrido que legisló para eliminar la posibilidad de hacer una auditoría de la deuda y trabaja en cuartos oscuros contra el pueblo.

El estudiantado ha hecho generosamente su tarea. Ha logrado mover a muchos administradores a oponerse y resistir los designios de la Junta. Ha recibido el apoyo de amplios sectores docentes y de otros sectores de la comunidad universitaria. La Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) y otros sectores docentes organizados, la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) y otras organizaciones se han sumado al esfuerzo estudiantil. También lo han hecho múltiples organizaciones externas a la Universidad.

Pero hace falta más, mucho más, para detener la Junta de Control Fiscal y al gobierno. El ataque a la Universidad no es algo aislado. Viene unido a la reforma laboral ya aprobada por la legislatura para eliminar derechos adquiridos, viene unido a la imposición del empleador único, a los recortes en los sistemas de retiro, a todos los intentos de dejar totalmente desarmado al pueblo trabajador y al establecimiento de la incineradora en Arecibo. La lucha universitaria, hoy por hoy, encarna la vida de resistencia de Puerto Rico. No debe existir en torno a ella ni un vacío laboral ni un vacío de pueblo. La Junta de Control Fiscal y el gobierno que la apoya, se pueden derrotar. Pero exigirá una amplia unidad para lograrlo. Un buen momento para comenzar a dar pasos en esta dirección podría ser el primero de mayo. Por encima de cualquier división interna, debe estar la convergencia de fuerzas, el llamado a todo el pueblo que ahora sufre y sufrirá mañana, para establecer una unidad de propósito: derrotar la Junta de Control Fiscal y al gobierno de conducta colonial a su servicio. Solamente unidos el éxito es posible.

Será otra cosa: Si no cabe el país, no cabe nadie

Beatriz Llenín Figueroa / Especial para En Rojo

¡Que vivan los estudiantes,

jardín de las alegrías!

Son aves que no se asustan

de animal ni policía,

y no le asustan las balas

ni el ladrar de la jauría.

Caramba y zamba la cosa,

¡que viva la astronomía!

Lo que no puedo entender, por más que lo intente, es que no se entienda al movimiento estudiantil desde el interior de la universidad, desde la docencia. Que se le reproche su arrojo. Que se le ningunee su agenda. Que se le cuestione su proceso político. ¿Qué umbral tendría la docencia que cruzar para solidarizarse con la extraordinaria virtud de un colectivo de gente joven que ha decidido echarse al país a cuestas?

¡Que vivan los estudiantes

que rugen como los vientos

cuando les meten al oído

sotanas o regimientos.

Pajarillos libertarios,

igual que los elementos.

Caramba y zamba la cosa

¡vivan los experimentos!

Dejar de cobrar, me han dicho varias amigas. Pero, cada vez que lo escucho, se me derrumban los cuatro, cinco, seis, quinientos veinticinco pisos de nuestra historia en la coronilla. La idea me aplasta de dolor y desconcierto. ¿Así de básicos nos ha vuelto el capital, la colonia? ¿Tanto y tan profundo han logrado?

Me gustan los estudiantes

porque son la levadura

del pan que saldrá del horno

con toda su sabrosura,

para la boca del pobre

que come con amargura.

Caramba y zamba la cosa

¡viva la literatura!

Aun así, tampoco estoy tan segura, porque la virulencia contra las de más abajo es tal, que temo responsabilizarían a las estudiantes de tal eventualidad. También. El vociferante grupo de docentes –de norte a sur, de este a oeste– utiliza su minúsculo poder para culpar a muchachas con mochilas de lo que sea que ocurra en la universidad, del mismo modo en que tiende a razonar que al país lo ha desfalcado en especial la pobreza, las “mantenías” del caserío. ¡Se trata de una lógica impecable! Veamos: las estudiantes seguramente echaron números con la Junta allá en sus reuniones privadas para decidir los 450 millones (como lo estamos auditando, es cuestión de días para que nos enteremos del esquema), al tiempo que el descomunal desfalco al país que han perpetrado las “mantenías” del caserío explica que vivan bajo el nivel de la pobreza en cualquier cálculo que hagan los economistas doctorados (como lo estamos auditando, es cuestión de días para que nos enteremos del esquema). Ante el panorama que enfrentamos, este grupo de docentes procura convencernos de que es preferible, aconsejable, inteligente, razonable, maduro, consciente, democrático, hacer la genuflexión ante todas las autoridades universitarias, gubernamentales, federales; exculparlas; escucharlas; creerles; removerles de la selección múltiple que conteste la pregunta, ¿quiénes son responsables de esta debacle, de este fraude descomunal, que atenta hacer desaparecer un país entero?

Me gustan los estudiantes

porque levantan el pecho

cuando le dicen harina

sabiéndose que es afrecho,

y no hacen el sordomudo

cuando se presenta el hecho.

Caramba y zamba la cosa

¡el código del derecho!

Quizá el umbral que tendría que cruzar ese grupo de docentes es mucho, muchísimo, más aparatoso que dejar de cobrar sus salarios. Quizá sea perder la universidad que han conocido, en pleno. Y en ese momento, cuando crucen ese umbral, será trágicamente tarde.

¿Cuántos puestos con sueldo seguro, plaza permanente, fondos adicionales para investigación y creación podrá ofrecer la “universidad” de la Junta y sus subalternas locales? Ojalá que ese grupo de colegas eche un ojito al devenir de las universidades en el imperio que nos impuso la Junta, así como al devenir de las universidades en Puerto Rico, que han hecho fiesta de marquesina con la paulatina destrucción de la UPR. Hay material y referencias a tutiplén para dicha investigación, allá y acá. Solo hacen falta unas cuantas palabras clave en su buscador de internet y otros tantos botoncitos que pulsar.

En el proceso, descubrirá por todas partes el verbo “recortar.” Por ninguna, estará “pegar.” Esa es la versión de “universidad” al estilo neoliberal que se pretende ahondar en la UPR. No creo que en esa versión de universidad quepan todas mis colegas enojadísimas con las estudiantes, quienes, por otra parte, llevan como escudo la iniciativa, el arrojo y el empuje que buena parte de la docencia no ha demostrado. Son también las estudiantes en huelga las que hacen posible, justamente por su determinación, que podamos crear otros nódulos de poder desde donde accionar algunos de los, al parecer, tan anhelados métodos distintos de lucha en Puerto Rico.

Me gustan los estudiantes

que marchan sobre la ruina.

Con las banderas en alto

va toda la estudiantina:

son químicos y doctores,

cirujanos y dentistas.

Caramba y zamba la cosa

¡vivan los especialistas!

Me gustan los estudiantes

que van al laboratorio,

descubren lo que se esconde

adentro del confesorio.

Ya tienen un gran carrito

que llegó hasta el Purgatorio

Caramba y zamba la cosa

¡los libros explicatorios!

Mientras tanto, y porque me niego a cruzar tales umbrales, me regocijo con otras apariciones docentes –de norte a sur, de este a oeste–, tales como PAReS (UPR-Río Piedras), DeMoS (UPR-Cayey) y PROTESTAmos (UPR-Mayagüez). Son aquellas que defienden la universidad pública (es decir, la universidad aun para el grupo anterior). Aquellas que se solidarizan con quienes, a sazón de mochilas, cartelones, pencas secas de palma, latitas de atún y una que otra carpa, defienden la universidad pública. Aquellas que se apuntan a estar bajo agua, sol y sereno. Aquellas que, en lugar de encontrar siempre, primero, razones para ningunear, encuentran siempre, primero, razones para respetar e, incluso, admirar. Aquellas que comprenden que, si no cabe el país, no cabe nadie.

Me gustan los estudiantes

que con muy clara elocuencia

a la bolsa negra sacra

le bajó las indulgencias.

Porque, ¿hasta cuándo nos dura

señores, la penitencia?

Caramba y zamba la cosa

¡Qué viva toda la ciencia!

(VIOLETA PARRA, Me gustan los estudiantes)

De cómo la música sirve para protestar

Cuarenta y ocho horas son más que esas. Son una voz que se suma al repertorio que va gestando el pueblo en lucha y resistencia. Las manos sobre el barril, el aire de los pulmones que hace sonar la trompeta, las gargantas del Coro, exceden ese límite de tiempo porque son música para el pueblo, son alto clamor ante las injusticias, son la consigna que protege lo que nos quieren arrebatar.

Los panderos siempre dicen presente: frente a la torre de la Universidad de Puerto Rico y en los portones de los recintos en huelga, en las marchas de estudiantes hasta la Fortaleza o el Centro de Convenciones, en la Asamblea Nacional de Estudiantes, frente al Capitolio, en los distintos piquetes a favor del ambiente, los derechos laborales, la auditoría de la deuda y la educación pública accesible. Es que la música se nos hace indispensable tanto para las protestas por una mejor calidad de vida, como para la vida misma.

“Somos nada sin las artes”. “Un maestro me hizo músico: bellas artes en las escuelas”. Dos estudiantes del Conservatorio de Música de Puerto Rico sujetan carteles con esos mensajes frente a la institución de educación superior localizada en la avenida Ponce de León a la altura de Miramar. Lo hacen en el marco del paro que denominaron ‘48 horas por las artes’.

Durante el pasado martes y miércoles hubo música en ese tramo de la avenida. La proveyeron los estudiantes del Conservatorio como método de resistencia. Allí, con su talento y una guagua de sonido auspiciada por la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER), se presentaron el Cuarteto de Cuerdas, el Conjunto de Trompas, la Coralia, el Orlando Jazz Quartet, por mencionar solo algunos artistas presentes. Otros que amenizaron el paro fueron Sayonara Señorita Ska Band y Misa e’ Gallo.

La paralización por dos días provino de los reclamos del estudiantado del Conservatorio: rechazo a todo tipo de recortes presupuestarios contra esta institución, a la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico y a la Corporación de las Artes Musicales; oposición a la eliminación de las Bellas Artes en las escuelas del país; apoyo a la realización de una auditoría a la deuda pública del país y a la renuncia de Rafael Irizarry Cuebas como vicepresidente de la Junta de Directores del Conservatorio.

“Toca bocina por las artes”, leía otro cartel. Y en efecto, fueron muchos los ciudadanos y ciudadanas que durante los dos días respondieron a esa noble petición. Incluso, la noche del miércoles un señor pasó frente a la manifestación en su Harley Davidson y levantó el puño solidario. El apoyo al paro del Conservatorio y a las artes de Puerto Rico también se manifestó en la celebración de un concierto en la UPR Cayey a cargo de la Banda y el Coro del mencionado recinto.

“Una escena que para mí fue bien emotiva fue cuando hoy (miércoles) se sumaron a un plenazo profesores, exalumnos, músicos de la comunidad que por diferentes razones no han tenido la oportunidad de estudiar aquí, pero que sí entienden el valor de esto. Todo ese conglomerado de personas se reunió aquí a ofrecer música a favor de lo que significa la institución”, comentó a En Rojo Jeren Luis Guzmán, representante estudiantil ante la Junta de Directores de esta institución.

“En números más concretos, el año fiscal pasado 2015-2016, la partida gubernamental al presupuesto del Conservatorio era de $6.0 millones. Eso es una cantidad ínfima para una institución de calidad mundial. Esa cantidad constituía en aquel momento el 65% del presupuesto del Conservatorio. Para este año fiscal, la partida gubernamental bajó a $5.3 millones que, tomando en consideración lo chico que es el presupuesto del Conservatorio, prontamente vamos a ver cómo los planes de austeridad que se avecinan nos pueden afectar más”, explicó Guzmán.